21
Las luces crepitaban por todos lados, como luciérnagas psicodélicas, la oscuridad era bienvenida en aquel ambiente lleno de baile y calor. El centro nocturno estaba atiborrado de gente bailando, platicando, bebiendo, por todos lados. Chicos y chicas enfundados de telas elegantes, divertidas, casuales y sensuales, se movían por todas partes sin ser conscientes de la guerra que se libraba alrededor de ellos. Él no sabía aún cómo es que habían pasado, de un segundo al otro, de estar bailando y manoseándose sutilmente, a un combate sin cuartel con saetas en la dimensión astral, pero así había sido. Las saetas de oro rosado de los Erotas Anteros, y las atornasoladas oscuras de los Erotas Tréla, se mezclaban en una lluvia cruzada, con las saetas plomizas platinadas de las fobias. Al chocar entre sí o al hacerse pedazos entre ellas, las saetas soltaban chispas de fuego negro, de colores neón, o de luz oro rosa.
El miedo y el amor se debatían el corazón de una pareja eterna.
—¡Necesitamos más carga al frente! —gritó Dicro mientras disparaba saetas con la ballesta en su mano derecha.
—Son demasiados, pareciera que respiran flechas —le dijo uno de sus Erotas mientras mantenían el ataque lo más posible.
En el centro, la pareja en cuestión bailaba una canción lenta, abrazados de modo encantador, ya habían logrado darle en la diana al corazón del muchacho, pero el corazón de la chica era el que faltaba, la diana seguía abierta, brillante, en medio de su pecho como una estrella, visible desde todos los puntos.
—¡¿Dónde está Elie*?!
—Viene en camino con un grupo de apoyo, no debería tardar más de unos minutos —respondió un Erota al otro costado.
—¡No vamos a durar unos minutos! ¡Necesitamos empezar a romper madres!
Habían mantenido a raya a todas las flechas del miedo, pero las fobias habían hecho lo propio con las de ellos.
—Vaya, nunca pensé que un enfrentamiento como éste sería tan dramático.
—¡¿Qué haces aquí?! —le increpó la joven de piel latte al canceriano, quien estaba sentado en una silla, sosteniendo un vaso de licor, mientras sonreía quitado de la pena. Sus ropas de fiesta, de telas elegantes y sedosas, de color obscuro, brillaban como salpicadas de estrellas por el conflicto.
—Disfrutando el partido ¿qué más?
—¡No me distraigas, Deathmask!
—No quiero distraerte, quiero hacerte una propuesta de ayuda, ¿qué te parece si yo "parto madres" por ti con ayuda de mis "perros de caza"? —le preguntó haciendo obvia alusión a usar a los espíritus que tenía capturados y que usaba a su libre voluntad.
—¡Al grano, Death! ¿Qué quieres?
El italiano de azulinos ojos sonrió de un modo placenteramente perverso, guardó un segundo de silencio, sólo para desesperarla, y luego soltó el precio:
—"Dame la llave de la puerta de atrás".
—¿Es en serio? ¿Ese es tu precio? —le decía con mirada indignada.
—Me parece justo.
—¡Muérete!
—Esa flecha estuvo muy cerca —le dijo luego de que una de las saetas de las fobias casi alcanzara la diana—. Sólo necesitas una flecha, yo puedo darte el espacio para ella.
Entonces una voz varonil habló, haciéndose cada vez más cercana, diferente a las demás, con un toque de mando más fuerte que el resto.
—¡Vaya, vaya! ¿Qué tenemos aquí? Hay un ateniense entre el público de hoy. Y no cualquier ateniense, sino la "oveja negra" del redil de Athena en persona, Deathmask de Cáncer.
—No pensé ser famoso —le saludó el canceriano estirando su vaso a modo de saludo.
—Las fobias estamos en todos lados y en ningún lugar.
—¿Y tú eres?
—Jarod de Eudaimonía*, Fobia a la felicidad —se presentó con una reverencia sutil pero sincera. Él no estaba disparando flechas, estaba presenciando todo. Deathmask observó que Dicro ponía cara de pocos amigos, como maldiciendo la presencia específica de este tipo
—Jarod ¿qué haces aquí? —reclamaba la Erota con enojo mientras seguía disparando por todos lados, a veces más de una flecha a la vez.
—Mi trabajo, igual que tú. Mis fobias me reportaron que estaban teniendo problemas para reclamar un corazón, es una lástima que justamente fueran fobias a mi cargo con las que te cruzaste.
—De hecho esto fue casualidad, nosotros nos estábamos divirtiendo mucho aquí, hasta que a esa parejita de idiotas se les ocurrió ponerse melosos —refutó el comentario el ateniense canceriano.
—¿Te quieres callar?
—Así que has diversificado tus gustos, Theía Tréla. Ahora no sólo Bacantes y Erotas, también atenienses. Debes coger muy bien para conseguir tanta variedad.
—¡Vete al infierno, Jarod!
— ¡Je!, vivo en él, querida —musitó consecuente.
—¡Humm! ese comentario se escuchó casi venenoso, ¿envidia, tal vez? —comentó para hacerlo enojar Deathmask—. Vamos Dicro, podría yo partirle la cara por ti. Acepta mi oferta.
—Lamento decirte que Dicro, aunque quiera, no puede aceptar tu complaciente oferta —comentó con ironía—, me extraña que no lo sepas todavía.
—¿Por qué no? —inquirió levantando una ceja.
—Nuestras ordenes son neutrales, nos encargamos de los asuntos humanos entre nosotros, y sólo entre nosotros peleamos. Nadie de ninguna orden no neutral tiene permitido intervenir en nuestros conflictos. Permitirlo es algo severamente castigado. Es parte del voto de neutralidad que poseen nuestras ordenes.
Deathmask le dio un trago muy lento y profundo a su vaso, como meditando en lo que le estaba diciendo
—¿Y funciona al revés? Es decir, ustedes no pueden atacar a alguien de una orden no neutral.
—Por gusto, no, del mismo modo en que no te pelearías con nadie caminando por la calle, a menos que esa persona te diera una buena razón para romperle la cara.
—Ya veo. Significa que si tú te metes conmigo tengo el derecho a patearte el trasero, y viceversa.
—Efectivamente.
Sin mediar más palabras, en un ademán que duró menos de un segundo, Jarod le disparó a Deathmask una flecha que se hubiera enterrado en medio de sus ojos de no haberla evitado. Deathmask ya se veía una agresión venir, pero admitía que, de no ser un Dorado, esa flecha le hubiera costado mínimamente una cicatriz.
—¿Quieres dejar de jugar? ¿Acaso crees que no puedo notar que me estás distrayendo para darle a ellos la ventaja? —decía Jarod aún con la ballesta oscura en el antebrazo derecho, apuntándole.
—No estoy jugando —dijo mientras sonreía y volvía a tomar un trago de su vaso—, digamos que me parece interesante que Dicro te vea como una piedra en el zapato, y me dan muchas ganas de averiguar por qué.
Jarod le devolvió la sonrisa, sus ojos dorados resplandecieron como los de una gema viva. En ese momento un estallido de gritos, vítores y aleteos se hizo presente. Por todos lados aparecieron los Erotas Anteros, con sus ágapes de formas similares a las de Tréla, pero de un color oro rosado, que brillaba con alegría y gloria, y una enorme saeta voló a los pies de Jarod, quien apenas pudo eludirla, obligándolo a apartarse un poco más.
—¡ABRAN PASO! —gritó una voz eufórica, jovial y aguerrida, proveniente de la garganta de un chico rubio, con el cabello rozando su nuca apenas, en mechones salvajes. Su ágape era oro rosada, pero resaltaba más que las demás, y soltaba fechas a diestra y siniestra junto con sus demás camaradas.
—¡Ya era hora! ¿Dónde rayos te habías metido?
—A mi también me da gusto verte Di-di*—respondió el chico con su sonrisa de superhéroe que llega a salvar el día.
El muchacho y sus Erotas Anteros comenzaron a hacer retroceder a las fobias, quienes no se rendían, logrando abrir una brecha entre las saetas. Jarod, al percatarse de eso, invocó sus propias flechas con su arco, sostenido a modo de ballesta, y soltó una lluvia de flechas para cerrar la brecha. No contaba con que Dicro lo había anticipado y se lanzó a él para enfrentarlo en una lucha cuerpo a cuerpo.
—¡Ahora, Elie! —gritó cuando pudo inmovilizarlo un momento.
El mencionado apareció su arco de su guantelete, pero era muy grande, tanto, que requirió apoyar un extremo en el piso, elevó su cosmos multicolor, a tal punto que el propio canceriano se impresionó de ver un cosmos tan luminoso, el rubio apuntó bien a la diana, y con una sonrisa invocó su técnica.
—¡Crece cosmos! ¡Flecha erótica, Voluntad del Destino!
La flecha que apareció era de oro rosado con detalles bronce, enorme y bella, pero cuando Elie soltó la flecha, algo pasó que Deathmask no dio crédito a que fuera posible: en su trayecto, el cosmos alrededor de la flecha tomó forma de alas, y luego Elie se desvaneció en el suelo. Por inercia corrió a salvarlo del golpe que iba a darse contra el piso, y por un momento vio que el alma del nombrado volaba en la flecha. Otras saetas de las fobias trataron de alcanzarla pero se deshicieron al instante, hechas polvo en el aire al entrar en contacto con el cosmos que irradiaba.
—¡Maldición! —exclamó Jarod haciendo una pirueta para zafarse del agarre de Dicro y arrojarla lejos, mientras que invocaba una flecha enorme casi de su altura—. ¡Terror Sangrante!
Giró el cuerpo, dejando que la memoria de sus músculos cobrara fuerza y trabajara en su favor para que el golpe saliera rotundo y veloz, pero algo lo entorpeció, haciéndolo perder micras de segundo valiosas. La flecha abandonó sus manos sin poder ya detenerla, y la trayectoria no fue certera ni veloz. Cuando giró para mirar qué era lo que le había estorbado, se encontró con brazos y manos horrendas, oscuras, que salían del piso rodeadas de humo y llamas azuladas, y antes de que la batalla se decidiera al fin, alcanzó a intercambiar una mirada con el caballero de Cáncer, quien le sonrió con burla cínica.
La flecha del líder de los Erotas Anteros penetró profundamente en el corazón de la joven en ese momento. Una explosión de luz, como la de una estrella naciendo, lo llenó todo. Los Erotas presentes sintieron el golpe de cosmos en cada célula del cuerpo, llenándolos de energía. Las fobias, al contrario, sintieron el golpe de luz como algo asfixiante y doloroso que los invadía, como ácido sobre o dentro de sus cuerpos. Todas las siluetas desaparecieron en un bello instante, donde todo fue perfectamente blanco, sin sombras. Y sólo cuando la luz se disipó el escenario fue más notorio.
Las fobias estaban en el suelo, arrastrándose con dificultad, como si les hubieran sacado el aire de los pulmones, los Erotas, aún de pie, parpadeaban y movían las manos y el cuerpo suavemente, como recordando que tenían un cuerpo y tratando de volver a él. Jarod miró de inmediato al piso, la luz había sido tan poderosa que las extremidades oscuras que lo sujetaban habían desaparecido, y dejado solamente una marca, similar a una quemadura, en el piso.
Saltó de donde estaba, y desplegando sus alas negras, mitad plumas mitad membranas, flotó frente a Deathmask, quien aún estaba en el piso, sujetando al chico rubio que apenas recobraba la conciencia.
—Eres un hijo de perra —le dijo con una voz tranquila, sólo mostrando ira con su mirada asesina, que brillaba como oro al rojo vivo.
—Seguramente —afirmó Deathmask mientras le daba un par de cachetadas ligeras al rubio para que despertase.
—¿Por qué interviniste?
—Porque me disparaste una flecha a la cabeza, según las reglas que tú mencionaste, eso me da derecho.
—Entonces, realmente no me estabas distrayendo cuando conversabas conmigo —dedujo con algo de sorpresa.
—No, si ellos aprovechaban la oportunidad era su lío. Como te dije, mi interés era conocerte y saber por qué eres una espina en la espalda de los Erotas.
—¿Por qué?—inquirió entrecerrando los ojos para poder analizar adecuadamente cada movimiento de Deathmask.
—En nuestra orden no nos hablan mucho de las suyas. Sin embargo, sus números son impresionantes, igual que sus habilidades—. Y lo miró con una determinación que brillaba en sus ojos, ávidos. —El conocimiento es poder, y el poder es justicia. Todo conocimiento que me de poder para hacer justicia es bienvenido.
Jarod lo observó por un momento infinito, como si aquellas ideas nunca le hubieran pasado por la cabeza, con la misma atención con la que se escucha una canción hermosa del todo desconocida cuya letra toca el alma. Y al final, le sonrió de modo cándido y agradable, una sonrisa tremendamente pura que al canceriano le recordó el agradable semblante de Aioros cuando los entrenaba de niños. Sin decir más se alejó con algunos aleteos, levantó la mano, comenzó a elevar su cosmo, pero no de modo agresivo, sino alcanzando a todas sus fobias que apenas y podían moverse. Miró largamente a la Erota mexicana y le sonrió con complicidad.
—Mantenlo contento, creo que vale la pena que la oveja negra de Athena esté un poco más entre nosotros.
Dicro iba a responderle con un insulto, pero antes de hacerlo, Jarod expandió su cosmos, y apareció una enorme puerta con forma de mandorla sobre ellos, con signos desconocidos rodeándola, dando el aspecto de un ojo enorme, que parecía observarlos por un momento.
—Me agradas, Deathmask de Cáncer, como buen ateniense, me has dejado algo en qué pensar.
Deathmask tomó el comentario con suspicacia y puso cara seria, no era normal que le dijeran que era un digno ateniense, de hecho había pasado su vida escuchando todo lo opuesto. Como si adivinara lo que pensaba, Jarod volvió a sonreírle mientras se acercaba a la puerta, su mano imbuida de cosmos se cerró en un puño y atrajo a todos sus soldados cerca de él.
—Hasta la siguiente ocasión.
Y luego de despedirse, todos desaparecieron junto con la puerta.
—Gracias por sostenerme —se acercó el rubio, jovial, para reunirse con Deathmask y Dicro, quienes aún observaban el punto donde se habían marchado los otros. Deathmask se fijó en el rubio, notando que tenía heterocromía; uno de sus ojos era de un azul zafiro claro muy hermoso, el otro era de un castaño rojizo muy similar a los rubíes.
—Esa última flecha —comentó—, no sólo estaba imbuida con tu cosmos elevado, tu espíritu salió junto con ella.
—Lo notaste.
—Sería difícil para mí no notarlo. Tu espíritu quedó conectado con tu cuerpo por el hilo de plata de tu destino, si algo hubiera pasado y el hilo hubiese sido cortado, habrías muerto.
—Sí, eso es cierto —le comentó tranquilamente.
—¿Por qué hacer algo como eso por un solo corazón humano?
Dicro tuvo que contener su lengua dentro de los dientes, hubo un poco de indignación que hirvió en su mente al escucharlo. Y más por el hecho de que le preguntara eso, precisamente, a Elie, quien rió amable y pacientemente, como si lo que hubiera dicho Deathmask tuviera la misma carga de inocencia que cuando un niño pregunta por qué el cielo y el mar son azules.
—Por la misma razón por la que se construyen faros a la orilla del océano.
El canceriano guardó silencio por unos segundos, en los que meditó esas palabras.
—Ya veo. Nunca pensé que funcionara de ese modo — respondió Deathmask con ánimo grato. Estar entre gente así, como ellos, no era muy común para él. Tener gente alrededor que retara su mente así y que hablara de modos similares a él, era algo que pensó imposible.
—¡Je, je! Jarod tiene razón, eres agradable. No había tenido la oportunidad de verte. Ojalá que sea más seguido.
Elie agitó las alas oro rosadas y se apartó de ellos mientras se despedía con un ademán de sus dedos desde su frente.
—Quisiera quedarme a seguir hablando pero, hay trabajo que hacer. Diviértanse.
Le dirigió una última mirada a Dicro, como haciendo una pregunta pícara, a la que la Erota de cabello vinoso respondió con una mirada que mataría a cualquiera, Elie sólo se rió, y luego de llamar a sus Erotas, todos salieron volando, dejando un rastro de plumas de cosmos alrededor, que desaparecían conforme flotaban.
—¿Quién es?
— Elie, el líder de los Erotas Anteros. El más poderoso de todos los Erotas
—Yo pensé que tu maestro era el más poderoso —inquirió con una ceja levantada, el cosmos y la presencia de su maestro eran algo grandioso, sólo similar a lo que había sentido cerca de Saga como patriarca.
—Mi maestro es el segundo más poderoso, pero Elie es el líder de los Erotas Anteros, que velan por el amor correspondido. Todos lo respetan y es difícil no tenerle aprecio, se hace querer fácilmente.
—Fue muy descuidado, si alguna fobia tuviera habilidades como las mías, podrían haber cortado el hilo de plata de su vida mientras se proyectaba en la flecha, y habría muerto.
—Menos mal que sólo tú tienes esas habilidades por aquí.
—Tuve el hilo de plata de su destino a un palmo, si hubiera querido lo hubiera matado.
—Pero no lo hiciste
—¡Dioses! A veces su optimismo me saca de quicio. A lo que me refiero es que es una técnica muy arriesgada. Dices que ustedes son tan poderosos como el amor que siente y que infunden, entiendo que el propósito de hacer algo como eso es hacer la flecha imbatible, pero, ¿y si él no hubiera sido tan fuerte como pensaba? La flecha habría sido un blanco fácil mientras portaba su alma, hubiera muerto con un daño a nivel cósmico muy fuerte.
—Vaya, a veces me impresiona las habilidades tácticas que tienes —elogió ella —. Sí, tienes razón en todo lo que dices, por eso esa técnica sólo podemos hacerla nosotros, los líderes de los Erotas, y sólo cuando el amor en nuestro interior es inquebrantable. Elie ejecutó la técnica sin tener duda alguna en su fe en el amor verdadero, y si dudas de ese poder, sólo detente a sentir ese dolorcillo que te dejó su cosmos al estallar en esa flecha junto con todo el amor que generó.
El comentario había sido divertidamente cizañoso, la expresión de Deathmask trastabilló un segundo por lo inesperado. Dicro dispensó de sus deberes a sus Erotas para que se recuperaran adecuadamente de su estupor, y salió de la dimensión astral luego de desvanecer su ágape. Caminó de regreso a su mesa por entre la gente que bailaba, entre las cuales la pareja central del conflicto ni siquiera resaltaba, y sólo se veía como una pareja más. Deathmask la alcanzó con cierta prisa orgullosa, aunque no con la suficiente indignación para no reparar en lo bien que se le veían las piernas en ese vestido de cocktail liso oscuro, de tirantes, ligeramente atornasolado
—¿Y por qué crees que a mí me afectó el estallido de su cosmos? —quiso hacerse el desentendido, sentándose junto con ella en la mesa que habían tomado, pero la chica de ojos tornasol no soltó prenda,
—Por el mismo motivo por lo que afectó a las fobias. El amor es un martirio para un corazón roto, y veneno para un corazón sin lugar para él.
Deathmask sintió el instinto inmediato de contradecirle, pero se detuvo al entender que sería una necedad. Ella tenía razón. A él no le importaba el amor, no lo necesitaba en su vida y no recordaba si lo había deseado alguna vez. Si así había sido, dejó de desearlo tan pronto que ni siquiera lo recordaba.
—¡Va bene! Tienes un punto. Pero a mí sólo me provocó molestias, a las fobias las tiró al piso.
—Hasta donde sabemos las fobias también tienen sentimientos, y también pueden amar, pero ellos, al ser portadores del miedo, adquieren fuerza cuando lo provocan, por eso el amor los debilita.
—Por eso ustedes quedaron como si hubieran fumado una línea de coca pura, a ustedes el amor los fortalece —dedujo Deathmask—. Es interesante, también por eso desaparecieron las almas en pena que invoqué, en el piso. Sólo hay algo que no entiendo: ¿por qué a Jarod no le afectó?
—Claro que le afectó, pero él es más fuerte, por eso no pareciera que le hizo daño, aunque lo haya hecho, igual que contigo.
El italiano de ojos azules se detuvo a pensarlo un momento, y luego reparó en algo desconcertante.
—¿Estás diciendo que ese tal Jarod, tiene el mismo nivel que un Caballero Dorado?
—Sí —comentó ella cruzando una pierna y dando un sorbo a su vaso de líquido negro—. Jarod es uno de los 5 Tronos del Miedo, el más poderoso de todos, sin contar a su maestro: el supremo inquisidor Ásvaldur. Erotas y fobias se comunican muy poco, y aun así todos los Erotas tenemos presente que Jarod es el heredero de Ásvaldur, y que un día, será quien dirija a todas las fobias. Tuviste suerte de que no te rebanara la garganta.
—¡Hey! no es como que hubiera podido hacerlo así de fácil! —se indignó él.
—En fin, el trabajo ya está hecho aquí —dijo mientras tomaba el último trago de su cubalibre y lo miraba de modo sugerente—. Termina ya y pide la cuenta, hay que ir a buscar un sitio adecuado para que te pague el favor.
—¿En serio vas a "pagarme"? No es como que aceptaras el trato, ni tampoco lo hice realmente por ayudar.
—Aun si no fue así, lo que hiciste nos dio un tiempo precioso y nos ayudó a que una pareja eterna uniera de nuevo sus destinos, y soy una firme creyente de que ningún acto justo merece pasar desapercibido sin recompensa —al terminar de hablar ella movió su hombro sutilmente, permitiendo que el tirante del vestido cayera al costado, dejando al descubierto buena parte de su escote. Los ojos italianos relumbraron con auténtica hambre de sólo verlo, sacó un fajo de billetes y lo dejó en la mesa para luego tomarla de la mano, y salir lo más rápido posible de ahí.
—La mesera te va a adorar por eso —le dijo mientras se dejaba arrastrar por él por entre las mesas y la escalinata de la salida.
—Hay cosas por las que vale la pena pagar de más.
—¿Me estás llamando "puta"?
—Ouch, se escuchó muy mal — él no era de disculparse, pero cuando metía la pata, su modo de hacerlo era reconociéndolo.
—Algo, no es como que suela permitir a mis "clientes" dejar tan claro mi oficio en voz alta. Ya sabes, una debe mantener la categoría en ciertos lugares.
Aquella frase lo agarró desprevenido, tanto que tuvo que parar un momento su caminata en plena calle y mirarla. Ella aún tenía el tirante abajo en su hombro, la luz de neón del centro nocturno aun pintaba el ambiente y su cuerpo, que saltaba del turquesa neón al lavanda, al naranja y amarillo, dándole a su sonrisa juguetona un toque inusualmente seductor. Él regresó la sonrisa torvamente, mientras que sus ojos brillaban, si quería jugar a eso, a él no le molestaba.
Algo le brincó en la entrepierna con inusual alegría.
—¿Cuánto quieres para que me dejes llamarte como yo quiera? Te pagaré lo que gustes —y al decirlo la jaló de la mano, pegándola a su cuerpo mientras que le metía la otra por debajo de la falda, frotando el muslo, protegido por la oscuridad de la madrugada que iniciaba.
—El triple, pero a ti, que estás dotado, te lo permito a cambio de chupártela hasta hartarme.
Ella le frotó el muslo en su entrepierna, haciéndola endurecer.
—Trato hecho.
Sus ojos azules se abrieron de golpe, estaba sudando en la cama profusamente y se sentía acalorado. Ya que estaba de costado, se giró para quedar mirando al techo y refrescarse un poco, y entonces notó la tremenda erección que tenía entre las piernas. No se detuvo en ello, sino en lo que estaba pasándole cada vez más seguido. Los sueños que más bien eran recuerdos de sus aventuras pasadas se volvían cada vez más vividos, no tenía control sobre ellos a pesar de que él era un experto en desdoblamiento astral y telequinesia. Aquello no podía ser normal, y ya estaba comenzando a preocuparle. Algo le decía que podían ser ideas suyas pero él no creía en las casualidades, no siendo un Caballero de Athena. Luego de un rato pensó que sería adecuado hablarlo con alguien más, pero no quería hacerlo con Shion, o por lo menos no todavía, y no quería preocupar ni a Zephir ni a Dicro, que ya tenían demasiados pesares en el corazón, Afrodita era la única opción.
—Iré a verlo en cuanto se vayan todos —pensó mientras que se espabilaba en la cama y comenzaba a masturbarse, esperando que la endorfina le tranquilizara un poco la cabeza. Después de eso se levantó, se arregló y salió de la habitación donde Servino ya lo esperaba para el desayuno. Justo estaba alimentando al perro en la cocina cuando Zephir entró por la misma mientras bostezaba, sólo vestido con su faldellín y su nimata.
—¿Qué tal estuvo tu noche? —le preguntó Deathmask con humor mientras que notaba la cantidad de moretones y rasguños que tenía su piel.
—Algo adolorida pero bien—. Tragó grueso un momento, necesitaba aprender a decir lo siguiente. —Desde que Enola murió yo... no había tenido sexo así de fuerte, sigues siendo muy bueno en esto.
Antes de decir nada más, Dicro apareció por la puerta de la cocina, caminando de lo más normal para disimular las piernas de gelatina que aún tenía luego de la noche anterior, mientras acariciaba al perro que se le había lanzado encima con cariño. Contrario a ellos, lucía más agotada, con los ojos con ligeras ojeras bajo los mismos, y no podía evitar sonrojarse al ver al Dorado ateniense, haciendo la mayor cantidad posible de esfuerzo para no desviarle la cara.
—¿Qué tal tu noche? —preguntó Zephir con la mayor diplomacia posible al verla en apuros.
—Agotadora, tenía mucho tiempo que no tenía sexo de esa manera, caí como un tronco —admitió ella, aunque para Zephir no pasó desapercibida la mentira al final de su repuesta, pero no iba a cuestionarle eso enfrente de Deathmask.
—Te sirvo algo de café para que despiertes bien —sugirió justamente el dueño del templo mientras iba a buscar una taza.
La chica asintió con la cabeza y aceptó la taza de café, conversaron de lo que planeaban hacer, lo que debían reportar, y prepararon todo para irse. Todas conversaciones normales, esperables entre guerreros y viejos amigos, pero algo en Dicro se mantenía aislada, no era notorio, pero para ellos, que la conocían bien, no pasaba desapercibido. El canceriano pensaba que podía ser que estaba abrumada, así que lo mejor era dejarla en paz. Aun así esa sensación de desazón no lo dejó, ni siquiera cuando la vio marchar junto con los Erotas a cargo, su espalda alejándose con sus alas negras atornasoladas, volando con los suyos hasta que se desvanecieron en la dimensión astral. Luego de eso subió y se quedó un rato con Afrodita, diciéndole que necesitaba conversar de algo importante. Les llevó un rato y al final terminaron con un par de cervezas belgas en el jardín repleto de rosas, en donde había un pequeño templete con una banca y un pedestal hermoso, pero vacío.
—¿Aún no encuentras una estatua adecuada? —preguntó el italiano
—No, he visto decenas de artistas y de opciones, y no hay nada apenas cercano a lo que quiero —comentó Afro con decepción mientras miraba el pedestal vacío con algo muy similar al dolor—. El arte clásico está muerto.
Ambos dieron un par de tragos a su cerveza, y retomaron el hilo de su conversación.
—¿Los sueños, cuando comenzaron?
—Inmediatamente después de que Enola murió, primero eran fugaces, luego se fueron haciendo más nítidos. No sé cómo llamar a esto, ni sé por qué pase.
—Opino como tú, no creo que sea coincidencia, pero realmente no se me ocurre qué podría estarlo provocando o por qué, ¿estás seguro que no quieres decirle nada a Shion?
—No le veo caso si él tampoco va a poder ayudarme, estos no son sus campos. Sólo serviría para preocuparlo en vano. Si se lo digo, quisiera primero tener una noción de qué puede ser.
—¿Y qué tal si hablas con Luna de Sextante?
—Luna es una incondicional de Shion, si ella lo considera prudente, aún si le exijo que no diga nada, se lo revelará.
—No puedes culparla, tampoco es muy responsable que lo tengas oculto mucho tiempo, aunque... —Afro se quedó un rato en silencio, desesperando un poco a Deathmask en el camino, odiaba que hiciera eso, pero no tenía caso interrumpirlo—. Creo que tenemos una opción para esto.
—¿En serio? ¿Cuál?
—Femónoe de Cráter *
Deathmask hizo una mueca de sorpresa pero no del todo de agrado. Había olvidado por completo a la Santo femenino de Cráter, y aunque era buena idea, había una razón muy poderosa para que Femónoe no hubiese venido a su mente antes.
—No sé si quiero consultarlo con ella.
—¿Por qué no? Este tipo de cosas son su territorio y hasta donde sé, siempre le fue fiel a Athena, si no, no le hubieran permitido el regreso.
Tuvo que darle la razón, y lo cierto es que su resistencia venía de una desconfianza nacida de un prejuicio, nadie sabía en realidad qué había pasado, cómo había terminado ella en los territorios de Apolo, lejos de la revuelta de Saga, por qué le habían permitido permanecer ahí para aprender sobre el oráculo, y por qué motivos había vuelto. Pero si la diosa y el Patriarca le habían dejado volver, no debía ser un peligro, sin embargo, había un problema, nadie sabía dónde encontrarla. Técnicamente había reestablecido lazos con el Santuario, pero era hermética, mantenía su distancia de todos y no salía de sus territorios (desconocidos para todos), más que por llamado del Santuario. Y eso significaba perder tiempo en buscarla, o tener de todos modos que hablar con el Patriarca y la diosa sobre sus sueños para que la llamaran, y sólo si lo consideraban adecuado, por lo que existía la posibilidad de que, si ellos decidían no hacerlo, habría hablado de la situación en vano. Justo lo que no quería. Cuando comentó todo esto con Afrodita, éste ya tenía una solución.
—Me van a congelar con una mirada por decírtelo, pero ni modo —señaló el bello hombre—. Camus fue su compañero de entrenamiento en Siberia.
—¿Cómo sabes eso?
—Camus alguna vez me habló de ella. Nos estamos haciendo amigos
—Vaya, eso no me lo esperaba. Camus y tú son muy distantes cuando se lo proponen.
—Y nos lo propusimos todo este tiempo, desde la revuelta de Saga. Igual no ayudó mucho nuestra diferencia de edad y que él luego se fue a ser maestro a Siberia. Pero, tú mismo lo has dicho, tantas muertes en nuestras almas pesan para hacer cambios en muchas cosas.
El Canceriano sonrió un momento y luego se puso a pensar. Camus era también fiel al Santuario pero tenía la suficiente cabeza para entender los motivos que lo llevaban a pedir discreción con el asunto, así que era seguro que no saldría corriendo a decirle el asunto a nadie antes que él mismo.
—¡Va bene! pero necesito que vayas conmigo o a mí me congelará en un ataúd eterno antes de que termine de hablar—. Y se levantó del piso con la cerveza en la mano, queriendo ir de inmediato.
—Espera Death, aún hay algo de lo que quiero que hablemos —le dijo sin moverse de la banca—. ¿Te has dado cuenta que en todos tus recuerdos del pasado, aparece Dicro?
—Eso no es de extrañar, son recuerdos vinculados a las órdenes neutrales.
—¿Y por qué no has visto a Enola y a Zephir tan seguido en estos sueños? —continuó el pisciano sin soltar el argumento—. Sólo hay un elemento que se repite constantemente en estos recuerdos: ella.
—¿A qué quieres llegar?
—Tú dímelo, eres el hombre más sexoso que he conocido además de mí mismo. Ayer tuviste sexo salvaje con la amiga con la que querías volver a ser cercano, y lo hiciste luego de mucho tiempo sin tener acción de ese estilo, y llegaste aquí sin una sonrisa en la cara, y no creo que sea sólo por la preocupación de los dichosos sueños. Algo me dice que si ella no hubiera mantenido esa distancia que mantuvo después de lo pasado, las cosas serían distintas.
El canceriano caminó algunos pasos lejos de él, dándole la espalda, sosteniendo la cerveza en una mano y colocando la otra en su cadera, mirando al paisaje en la lejanía sin bajar la mirada ni parpadear.
—Ella te gusta, y mucho —fue la declaración tajante de su amigo—. Y eso es maravilloso, pero sé que puede ser difícil comenzar a sentir algo así por alguien luego de lo que pasó en Asgard —dudó en decir lo siguiente, pero decidió seguir—. Yo sé que aún vas a Asgard, a visitar su tumba —los ojos de Deathmask se movieron apenas en un rictus de sorpresa momentáneo—, y que aún llevas dinero a su familia.
Deathmask permaneció silencioso, pero era notorio en lo rígido de su espalda que no era muy de su agrado que Afrodita hubiera metido sus narices donde no le llamaban.
—Tienes 3 segundos para ir al grano —sentenció.
—Creo que los sueños te indican que lo que sientes por ella es importante, y me gustaría que lo dejaras ser, a pesar del dolor que pudiera traerte. Creo que sería bueno que te enamoraras otra vez, y ella me agrada para ti.
¡Jodido pez dorado!
A veces a Deathmask le sacaba de quicio.
Esa intuición tan mortífera que tenía para ver el corazón de otros, aun el suyo, era el principal motivo de que tuviera ciertas reservas con él en su pasado. Aunque lo cierto es que Afrodita, aun sin antes ser amigos, había sido siempre el único que se había acercado a él sin miedo, sin subestimarlo, mirándolo como a un igual. El único con el que había tenido algo muy cercano a una amistad antes de la llegada de Enola, Dicro y Zephir a su vida.
—Lo tendré en mente —fue lo último que dijo mientras regresaba al interior del templo, para dirigirse a Acuario.
Afrodita se levantó también mientras veía una vez más el pedestal vacío y suspiraba con resignación, para luego alcanzar al otro. Deathmask estuvo muy callado hasta que alcanzaron a ver el templo de Camus.
—Afro.
—¿Sí?
—Metiche.
Afrodita sonrió tranquilo al escucharlo decir eso, temía que se hubiera enojado mucho con él, pero esa era su manera de decir "está bien, ya no importa".
—Bruto.
Afortunadamente Camus se encontraba en su templo, y efectivamente, no le hizo mucha gracia que lo usara de paloma mensajera con su compañera, pero al final, como esperaban, entendió la situación y lo aceptó.
—Con las cosas como están, no voy a arriesgarme a que ella sea localizada. Vamos a hacerlo a la antigua —comentó el acuariano—, iremos a verla.
—¿Y cómo piensas que vamos a justificar la salida de 3 Caballeros Dorados, genio? —inquirió Deathmask—. Vamos a decir que vamos de vacaciones en plena crisis, ¿o qué?
Camus era una persona especialmente paciente, pero sólo con las personas que él consideraba dignas de ello, así que el comentario del canceriano le hizo fruncir el cejo muy profundamente. Él no se consideraba especialmente cercano al canceriano, pero había hecho buenas relaciones con Afrodita, y si el muchacho era el mejor amigo del italiano, valía la pena, de menos, serle tolerante, en vez de mandarlo al diablo como pensó ante su comentario.
—No es necesario, ella se encuentra en Macedonia, que está a menos de una hora en avión. Si nos vamos ahora puedes tener tus respuestas antes del anochecer.
Los tres decidieron no llevar las armaduras esta vez, pero para nadie pasó desapercibido el trío que formaban y que iba de salida sin decir palabra. Especialmente porque a Camus y a Deathmask rara vez se les veía juntos fuera de asuntos oficiales. Deathmask maldijo en su mente, eso no le había pasado por la cabeza, el Santuario a veces podía ser un sitio muy aburrido y los chismes, especialmente alrededor de ellos, estaban a la orden del día.
—Habrá que ir pensando qué decir de regreso, con este hervidero de chismosos seguro que Shion se entera que salimos —señaló Deathmask cuando estuvieron fuera del Santuario, ya en territorio civil.
Camus se mostró de acuerdo con el comentario aunque no dijo nada. La ventaja de ser de la Orden Dorada, era que tenían a su disposición casi cualquier sistema de transporte sin necesitar compra de boletos, horarios o cupos máximos, en especial los transportes privados de la fundación Graude estaban a su alcance todo el tiempo. Sólo necesitaron llegar al aeropuerto, dar la clave especial que se les había otorgado, y pronto estuvieron en una sala VIP de la fundación, en espera de su avión. En la sala, el escudo de la fundación estaba, enorme, cubriendo casi toda una pared. Deathmask no pudo evitar observarlo detenidamente, y acordarse de Mei, de su sonrisa cálida, aún detrás de la mugre y los andrajos en que terminaba su ropa luego de varios días de entrenamiento, y de su voz llamándolo "maestro" con calidez.
Solo él lo había llamado Maestro.
Se levantó abruptamente, llamando la atención de Camus sin querer, acercándose a la ventana que daba a las pistas, dando la espalda a todo para sacarse los pensamientos de la mente. Camus no dijo nada, pero no pudo evitar quedarse mirando a la espalda de su compañero de armas, y preguntarse un momento qué pasaba por sus pensamientos.
—Está recordando a su alumno —de pronto le explicó Afrodita al percatarse de lo que pasaba—, las cosas relacionadas a la Fundación Graude lo traen a su cabeza.
—Uno de los niños de la fundación, supongo.
Afrodita afirmó con la cabeza. Camus no pensó que necesitara preguntar más, era por todos sabido que excepto por los 10 caballeros de Bronce, entre los que estaba Hyoga, todos los demás niños enviados por la fundación a entrenar habían muerto, y seguramente su alumno habría sido uno de ellos.
—No sabía que había sido maestro —musitó tranquilamente el francés, aunque no sabía si lo que llamaba su atención era que lo hubiera sido, o que mostrara algún sentimiento por un alumno perdido, cuando el canceriano seguía manteniendo su fama de despiadado.
El tiempo transcurrió rápido hasta llegar a Macedonia donde ya un auto particular de la Fundación los esperaba para llevarlos a donde necesitaran, pero no tan rápido en el trayecto en el auto, donde el silencio entre los tres no podría ser más incómodo, hasta que Deathmask dio un ligero respingo en su asiento y se puso a mirar por la ventana. Pero no viendo nada en particular, sino más bien concentrado en sentir algo, pero ¿qué? Afrodita se dio cuenta pero igual mantuvo el silencio hasta que Camus paró el vehículo en un mirador de la carretera y los hizo bajar para caminar montaña adentro, fuera de todos los caminos del mapa, por cerca de 10 kilómetros. El bello sueco se arrepintió de los zapatos que llevaba, que a pesar de ser muy cómodos, no estaban pensados para caminatas de ese estilo. Hubo un momento en que se detuvo a descansar los pies un momento, Camus se adelantó algunos pasos y Deathmask se quedó al lado de su amigo.
—Ya no nos falta mucho —señaló el canceriano, ante la sorpresa de Camus.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó éste con cierta precaución ante el hecho.
—Lo sé, y ya —atajó Deathmask sin dar detalles—, no debe ser más de medio kilómetro hacia arriba.
—Bien, si es así entonces sigamos —dijo Afrodita mientras retomaba camino.
Continuaron subiendo por la montaña hasta que lograron ver algo más cercano: una construcción antigua. Podría decirse que eran ruinas, pero en excelente estado. Se trataba de un templo mediano, rodeado de olivos, construido en una saliente que daba la impresión de ser un balcón natural de la montaña. El lugar estaba muy bien cuidado, y algunas cosas, como algunas escobas, un pozo con algunos baldes, y la bella jardinería, hacía notar que el lugar estaba habitado. Se escuchaba agua fluyendo y, a pesar de hacer calor, en el interior del territorio se sentía agradablemente fresco. El italiano se quedó un momento sintiendo el ambiente del lugar, saboreándolo con familiaridad, el pisciano se acercó a él, intrigado por verle así.
No podía saber que, a la mente de su amigo, llegaban recuerdos de un lugar muy similar de su infancia, tan intensos que era casi como si estuviera ahí, de pie, viendo todo de nuevo en aquel templo en el que se refugió cuando escapaba de su pasado atroz, en una lejana isla griega. Casi le parecía estar viendo a Saga de nuevo, de espaldas a él, mientras sostenía un caballo pequeñito de madera tallada, que había tomado de una repisa improvisada, mientras musitaba en voz alta: "¡Vaya! Así que nuestro terrible invasor se trataba de un simple chiquillo".
—Es un lugar precioso ¿no crees? —lo sacó de su recuerdo la frase de su amigo, a un lado suyo. No giró para verlo, sino que siguió contemplando todo con nostalgia.
—Así es —dijo—. Muy hermoso.
Estaban en eso mientras Camus iba acercándose a la entrada del templo para anunciarlos y pedir permiso para entrar, hasta que una agradable brisa congelada lo saludó antes de que hiciera nada.
—Los estaba esperando, pasen por favor.
Los tres hicieron caso y entraron al lugar, que estaba prácticamente vacío, excepto en algunas alas del templo que pasaron de largo hasta llegar a la sala principal, que daba a un balcón por donde entraba de lleno la luz del sol. Ahí, sentada sobre la caja de pandora de su armadura, se encontraba una joven mujer de cabellera rubia, larga y algo ensortijada, vestida con ropas de entrenamiento casual, como las del Santuario, dejándose tocar por la luz y sintiendo su calidez.
—Hola Femónoe, lamento venir a molestarte —comentó Camus.
—No me molestas Camus, sabía que vendrían —dijo mientras se bajaba de la caja y se acercaba a ellos, su rostro estaba cubierto por una bellísima máscara plateada—. Y aun si no, siempre me alegra verte, mi amigo.
Ella lo abrazó suavemente y Camus, a la usanza francesa, le dio un simple beso en la mejilla de su máscara a modo de saludo. Después de las formalidades y las presentaciones, se dieron a la tarea de explicarle a Femónoe los pormenores de la batalla reciente. Femónoe estaba informada a grandes rasgos del conflicto, pero no conocía los detalles más específicos de la situación. Algo que les extrañó del todo a Afrodita y a Deathmask.
—El secretismo es necesario —les explicó ella—. Enviar personas, mensajes, aun con cosmos, puede señalar abiertamente esta ubicación. La armadura de Cráter tiene grandes poderes por sí misma, es necesario que no caiga en las manos equivocadas.
—¿Es por eso por lo que no estuviste presente en la rebelión de Saga? —La pregunta tajante y directa de Deathmask hizo respingar a Afrodita de vergüenza, y a Camus mirarlo con severidad casi asesina, pero Femónoe no se ofendió.
—Sí, así fue —explicó tranquilamente—. Fui enviada a entrenar con Camus por la armadura en tiempos de Shion, cuando obtuve mi armadura quise regresar, pero la propia Cráter me advirtió que era mejor ir a ver antes al antiguo maestro, en Lu Shan.
—Ya veo, Dohko te advirtió lo que estaba sucediendo —dedujo Afrodita.
—Así es, y me dijo que no era buena idea que regresara al Santuario porque si el usurpador, fuera quien fuera, obtenía la armadura de Cráter, tendría una ventaja terrible. Debía mantener a Cráter segura y lejos de la persecución, así que fui a Delfos e ingresé en el oráculo como suplicante. Pensé que por las cualidades de Cráter, el dios Apolo entendería mis motivos para mantenerme lejos y aceptaría ayudarme a resguardarme con la armadura, y me aceptó. Así fue como adquirí el don de la adivinación, aprendiendo en el oráculo. El problema fue que, como suplicante, no podía irme de Delfos sin que el dios lo permitiera, lo cual sucedió luego de su enfrentamiento con Pegaso y Athena.
—También por eso sabías que veníamos y no te sorprendió vernos —musitó el de Cáncer—. Por casualidad, ¿sabes por qué venimos hasta aquí? Me encantaría ahorrarme esa explicación.
—Lo siento, los adivinos no lo sabemos todo, sólo lo necesario.
—Qué lástima.
Sin más vueltas, el caballero de Cáncer comenzó a explicarle la situación, qué era lo que estaba sucediendo con sus sueños y cuándo habían iniciado, junto con sus temores de que aquello pudiera tener entre sí una mano divina que pudiera no ser aliada, sino enemiga. Ella le pidió entonces que le explicara algo de las capacidades especiales que poseía, como la medianidad y la telequinesia.
—A la capacidad de hacer adivinación a través de los sueños se le llama oniromancia, en el pasado la gente contaba los sueños a los adivinos y éstos les revelaban el presente o el futuro a través de ellos. Algunos médiums también tienen algo de oniromancia, pero en tu caso no me parece que sea así, los oniromantes por lo general pueden llegar a tener una noción de qué significan los sueños que tienen, lo cual no es tu caso.
—Bien, y ¿qué es entonces lo que adivinas con mis sueños?
—Nada. Lamentablemente tus sueños no son abstractos, son recuerdos de eventos pasados, no hay algo a lo que se le pueda hacer una interpretación de modo directo, pero... —se apresuró ella a señalar antes de que el otro comenzara a quejarse—, todo sueño de este estilo se tiene para algo, en especial con eventos presentes o futuros. Estos sueños los estás teniendo porque algo quiere ayudarte a entender lo que está pasando, o lo que pasará.
—¿Algo?—señaló de modo suspicaz
—O alguien, sí. Cabe la posibilidad de que alguna entidad consciente esté haciéndote revivir tus recuerdos con un propósito, o varios.
—¿Para el presente o el futuro?
—Puede que ambos. Hay un modo de averiguar quién o qué es lo que te está haciendo tener los sueños y con qué propósito.
Entonces, a una orden de su cosmos blanquecino, casi como niebla congelada, la caja de pandora se abrió y reveló la armadura en su interior. Ella se acercó y con una orden de su cosmos el aire se condensó en el interior, haciéndose agua y llenándola. Femónoe le pidió al canceriano que se acercara, pero sin mirar el interior líquido, formó en su mano una pequeña copa de hielo cristalino y la llenó del agua.
—Bébela, sujeta el borde de la armadura y cierra los ojos.
Así lo hizo y luego ella hizo igual. Quedaron los dos con los ojos cerrados, tomando con las manos en lados opuestos el borde de la armadura. Deathmask sintió entonces cómo algo entraba en el oscuro espacio de su interior. Una fuerza invisible pero tranquilizadora, el cosmos de la Santo frente a él. No era que estuviera entrando a su mente, o que estuviera comunicándose vía cosmos con él, era diferente, entraba y comenzaba a mezclarse con su cosmos, como dos acuarelas que entran en contacto, primero danzando juntas sin apenas mezclarse, y luego comenzando a integrarse un tanto. El italiano se sonrojó un poco, contactos así eran muy similares a los que podía sentir cuando tenía sexo con Bacantes y Erotas. Pero algo en esta conexión más bien le preocupaba, porque no era intensa, ni voluptuosa, ni placentera, era tranquila pero observadora, como una brisa en un lugar que arde, sentía la misma alerta que podría sentir una persona que ve a una cierva entrando, imperturbable, casi inocente, a la cueva de los lobos hambrientos.
—No es ninguna presencia divina —alcanzó a escuchar la voz de la macedonia, un dejo tranquilo, perdido en el ambiente negro—. No hay una mano enemiga aquí, pero viene de más adentro.
Deathmask no dijo nada, pero una gota de sudor frío le recorrió la cara, comenzó a desear que no lo hiciera, que no viera más adentro. Comenzó a rogar que lo que necesitaba encontrar, lo encontrara más afuera. La presencia tranquila de Femónoe comenzó a sentir resistencias, como si estuviera acercándose a un sitio que desprendía una brisa caliente, como el aire lleno de cenizas después de un incendio. Era negro, seco, polvoso, pero siguió avanzando con tranquilidad, rastreando el origen de los sueños. Era difícil, estaba demasiado débil la fuerza que lo generaba, pero la tenía, y de apoco la seguía, como siguiendo el hilo de Ariadna a través del laberinto, hasta que comenzó a tener más resistencias, como si un fuerte viento de una tormenta que iniciaba comenzara a levantarse contra de ella. Deathmask apretó la orilla de la armadura y apretó los ojos. No, no era agradable, estaba entrando en sitios donde ni él se había aventurado hacía mucho.
—¿Cuánto más? —preguntó con voz esforzada.
—Un poco más, es muy débil.
La rubia macedonia comenzó a apretar la armadura también, comenzaba a tener que poner más esfuerzo para avanzar. Costaba trabajo, cada vez más, ahora no era sólo como si un viento la alejara, era como si una energía magnética, opuesta a su cuerpo, la empujara con rechazo vehemente. Y entonces, lo vio.
—¿Un eclipse? —se preguntó completamente anonadada.
Frente a ella un circulo perfecto, negro, con la orilla refulgente de color blanco, plateado y cobre, deslumbraba con toque místico. Notó que la energía que la repelía venia del otro lado. Y entonces entendió. Se trataba de una puerta cósmica, creada con un sólo propósito: mantener atrapado aquel poder detrás de sí misma, mantenerlo oculto de todos, igual que la luna oculta al sol.
Y lo que buscaba, estaba al otro lado de esa luna.
Se acercó más, su cosmos tocó la puerta, y entonces la energía detrás de ella se movió, como un animal herido dentro de una jaula que ve la posibilidad de salir.
—Para —una sola palabra, contundente, de parte del italiano.
—Ya casi —señaló ella sin dar su brazo a torcer.
Luchando contra las energías cósmicas que comenzaban a debatirse, una tratando de salir, la otra tratando de mantener aquel poder contenido y al mismo tiempo apartarla a ella para que dejara de estar tocando la puerta, alebrestando a ese poder ansioso de salir. Su energía estaba en medio de la vorágine, pero no cedió y comenzó a tratar de colarse un poco por la rendija de la puerta por donde se filtraba aquel poder. El agua en el interior de Cráter comenzó a desprender vaporcillo, y ambos comenzaron a sudar por el esfuerzo ante los preocupados ojos de Camus y Afrodita.
—Déjame entrar —musitó ella con esfuerzo.
—No.
—La respuesta está adentro.
—¡NO! —exigió—. Te lo advierto.
El agua del interior de Cráter comenzó a hervir. Femónoe consideró la idea de retroceder, pero la respuesta que quería estaba a un palmo de distancia, tan cerca que sólo era cuestión de un esfuerzo más. Así que hizo su último esfuerzo, y evaporó de un golpe el agua de Cráter. La nube de vapor los golpeó a ambos en el rostro, y no pudieron evitar respirar al mismo tiempo aquel sopor sagrado. Aquello bajó la resistencia cósmica de Deathmask lo suficiente y la fortaleció a ella un poco más. Entró, por menos de una milésima de segundo, un hilo minúsculo de su cosmos entró del todo. Una invasión pequeñísima, pero que provocó que ella tuviera una visión abrumadora, y al cosmos del italiano lo hizo explotar de terror.
—¡LARGATE! —rugió con una voz que nadie nunca le había escuchado.
La explosión de cosmos fue tal, que ambos salieron disparados en direcciones opuestas. Aquello logró hacer que el lazo temporal se rompiera del todo, dejando a ambos retorciéndose en el suelo. Camus fue directo a Femónoe, y Afrodita con Deathmask.
El francés tomó a su amiga, le retiró la máscara procurando que nadie excepto él la viera*, y colmó la afiebrada tez con una brisa fría, mientras la llamaba con una voz que, aunque calmada, se sentía filosa y letal.
—Estoy bien —musitó al fin, haciendo que el otro respirara imperceptiblemente de alivio.
—Yo… —la voz del canceriano era queda, mientras trataba de recuperarse—. Yo dije... que parara.
—No era necesario que la expulsaras así —reclamó Camus.
—Él tiene razón —exclamó la Santo en sus brazos mientras tanteaba el piso y buscaba su máscara.
—Femónoe...
La nombrada se puso dificultosamente de pie, y con ayuda de Camus se acercó a Cráter, condensó agua nuevamente en el interior y bebió con la copa de cristal de hielo de antes. Se puso la máscara, luego llenó la copa, y se acercó a Deathmask, quien apenas y podía mantenerse de rodillas en el piso, recargado en el gentil hombro del bello sueco. Femónoe se arrodilló frente a él y le extendió la copa llena de agua.
—Ha sido mi culpa —Deathmask tomó la copa y bebió de ella con avidez mientras ella seguía hablando—. Subestimé la fuerza de tu cosmos interior, realmente pensé que podría alcanzar la respuesta. No esperaba... no esperaba tanto poder. —El otro sólo jadeaba luego de terminar de beber el agua, sin prestarle demasiada atención a ella, hasta que siguió. —Tú no eres un médium, eres algo más grande, MUCHO más grande.
Camus y Afrodita intercambiaron miradas ¿De qué estaba hablando?
—Me mentiste.
—No te mentí, soy médium.
—No, tu don te da dotes de médium, pero no es sólo eso, es algo mayor.
—¡Yo qué iba a saber que te ibas a poner a fisgonear tan adentro! —reclamó el de ojos azul marino con molestia. Camus iba a reprenderlo pero Femónoe le detuvo.
—Es cierto, y yo no te expliqué realmente qué pretendía hacer, sólo lo hice —aceptó ella con un dejo de arrepentimiento y disculpa en la voz.
—¿Sirvió de algo al menos?
—Algo así.
—¡¿Cómo que "algo así"?!
Entonces Femónoe les explicó que no había logrado averiguar quién era la fuerza detrás de sus sueños, ni por qué los estaba motivando, sólo que era una presencia tan pequeñita y tan débil que, justamente, había tenido que recurrir al poder acumulado en su interior para poder "manifestarse" de alguna manera. Eso le permitía, siendo tan débil, hacerse presente. Lo más importante era que no había detectado una mano divina detrás, ni una fuerza invasora enemiga u hostil.
—Bueno, de menos sabemos que, sea lo que sea, lo hace para ayudar —expresó el otro mientras se ponía de pie, sintiéndose más repuesto con el paso de los minutos, gracias al agua de Cráter
—Sea quien sea, sabe que lo que viene es muy fuerte y muy importante para el mundo entero. Al momento en que pude establecer el lazo con tu fuerza interior, logré tener una visión.
—¿Presente o futuro? —inquirió su viejo compañero de entrenamiento.
—Ambas, y no sólo del de Deathmask. En realidad fueron varias visiones, todas en menos de un segundo, vinculadas a todo lo que va a pasar o podría pasar con la guerra que se viene—. Y con determinación cerró la caja de pandora y se echó la misma sobre la espalda. —Debo volver al Santuario, el destino dicta que esté cerca de Athena, para poder ser un apoyo en lo que puede venir, me iré con ustedes ahora.
Se marchó unos minutos, a guardar algo de ropa y de sus pertenencias en un morral de viaje suficientemente grande, y luego los alcanzó en la salida de su templo. En automático los tres Caballeros Dorados organizaron la marcha sin siquiera intercambiar una palabra. Camus tomó la delantera, llevando el saco de su compañera. Femónoe iba al centro y Deathmask y Afrodita iban casi a su lado, cada uno en un flanco. La Santo femenino mostró a cada paso una gran determinación, pero justo en el punto del camino en el que el templo que había sido su hogar se perdía de la vista definitivamente, ella se atrevió a voltear, sintiendo un pequeño agujero en el corazón.
Deathmask lo notó.
—Regresarás más pronto de lo que piensas—. Femónoe respingó un poco al sentirse sorprendida in fragantti, pero lo tomó con calma. —El Santuario también es territorio sagrado, no vas a tener tanta tranquilidad como en este lugar, pero estarás bien, podrás dormir por las noches, y no te saltarán visiones sin aviso.
—En realidad yo tengo muy buen control del don, puedo estar en paz en casi cualquier sitio, pero ¿cómo sabías que pensaba en eso?
El italiano de ojos azules se quedó callado un momento, sopesando si decírselo, y decidiendo hacerlo al final, porque le debía algo luego de que, básicamente, la había agarrado a patadas cósmicas.
—Cuando era niño me refugié en un templo, como este, en una isla olvidada en el mar griego, fue la primera vez en mi vida que pude dormir y vivir en paz. No quería irme, pero cuando Saga fue por mí, me prometió que estaría casi igual de bien en el Santuario que en ese lugar, y tenía razón. Así que, si funcionó para mí, para ti debe funcionar mejor.
Afrodita y Camus volvieron a intercambiar miradas, nunca habían sabido absolutamente nada del pasado de Deathmask, así que aquello era más que un milagro. Siguieron caminando hasta llegar al transporte de la fundación, que aún los esperaba. Mandaron preparar el avión a través del radio del mismo y regresaron al aeropuerto. Cualquiera hubiera esperado que Femónoe viajara con Camus a su lado, pero la chica automáticamente se sentó en el avión junto al italiano, haciendo que elevara una ceja con extrañeza, pero dejándolo ser.
—Quiero pedirte una disculpa —dijo sin más vueltas—. Fue muy desconsiderado de mi parte lo que hice, no respeté cuando me pediste que me detuviera, ignoré tus sentimientos porque pensé que valía la pena pedirte resistir un poco más, porque estaba segura que podría lograrlo. Pero, a pesar de ser un Santo femenino de Plata, de los más fuertes, no pude soportar, no esperaba tanto poder.
Sus compañeros escuchaban todo perfectamente, no intervenían por decoro pero escuchaban, aunque no es como que ella se preocupara de ocultarlo. No, ella no era así, y no iba a ocultar las manos luego de haber cometido un error. Deathmask la miraba como si fuera un alíen venido de otro planeta, pero luego sonrió, bajó el asiento tanto como se pudo, y recargó las manos bajo la cabeza.
—¡Je!, no te pongas muy solemne, no es como que no me hubiera pasado antes. Todos dicen que soy el más débil de los Caballeros Dorados. Me miran con recelo, me juzgan porque no soy lo que una persona esperaría de un ateniense, menos de mi rango. No eres la primera que me subestima, y no serás la última, así que no tienes de qué disculparte, además, de todos modos lo que hiciste sirvió, y tal vez fue bueno que lo hicieras así. Yo, voluntariamente, jamás te habría dejado llegar tan lejos.
Femónoe lo observó, y repasó las palabras tan dolorosas que había dicho como si fueran la realidad más obvia del mundo: "no eres la primera que me subestima, ni serás la última". Algo en su interior se retorció de enojo para ella misma. Porque sí, ese había sido el problema, lo había subestimado, y le dolía que, a pesar de sus conocimientos, sus estudios, su capacidad de ver más allá de lo evidente, hubiera cometido el error que TODOS cometían con él.
¡Que vergonzoso!
El italiano abrió un ojo y la miró, no podía vérsele el rostro por la máscara, pero era obvio que ella se sentía mal por lo ocurrido, así que tocaba poner las cosas en equilibrio.
—Si te sirve de consuelo, yo cometí ese error contigo también —dijo mientras la miraba de lleno—. Cuando Afrodita me sugirió preguntar por ti, y si podías ayudarme, no me encantó para nada la idea, por todo tu rollo de tu estancia con Apolo y demás. No sabía si podía confiar en ti, especialmente si era el dios el que tenía las manos metidas en mis sueños, por eso me puse muy intransigente contigo de inicio. Quería ver qué hacías, quería ver si tenías algo que esconder, y pues, aquí estamos. Me hiciste comerme mis palabras con mucha elegancia y me alegra haberme equivocado contigo. Así que, por piedad, ya quita esa cara, que si no, van a pensar que te hice algo. Vamos a decir que estamos a mano y listo.
Entonces, Camus se atrevió a hablar de algo importante.
—Deathmask, lo que Femónoe hizo puede considerarse una falta de respeto, pero no creo que sea justo que ella sea reprendida por ello.
—¿Una falta? ¿Mandarme al diablo? ¡Neeee!, si así fuera, más de la mitad del Santuario ya hubiera sido castigada. Yo no diré nada, Camus, si eso es lo que te preocupa, y Afrodita seguro que tampoco pensaba hacerlo, así que, si ella se queda callada, puede ser nuestro secreto. ¿Va bene?
—Está bien —aceptó ella.
Por su parte, el otro sólo giró la cabeza al otro lado.
—Por cierto, discúlpame por haberte tratado de ese modo—. Todos intercambiaron miradas, más que sorprendidos. —Ahora, si me permiten, voy a dormir unos minutos en lo que llegamos. Despiértenme cuando aterricemos.
Nadie dijo más y ella volvió a acomodarse en su asiento. Deathmask, efectivamente, se puso a dormir, pero no fue como las otras veces. Desde el comienzo de su sueño él fue consciente, y se hundió dentro de sí mismo profundo, muy profundo, hasta alcanzar la puerta que había rozado Femónoe. Tenía años que no se había ido a asomar a ese punto tan profundo en él, a esa puerta que le servía como fondo falso de sus habilidades. Pero en esta ocasión debía hacerlo, debía revisar si la puerta había cerrado bien. Aparentemente, luego de lo que pasó, la fuerza detrás de ella había vuelto a dormir, pero no estaba del todo tranquilo, no quería que ese poder despertara, no necesitaba esas habilidades. Él era suficientemente fuerte sin eso.
Todo parecía estar en orden.
Y esperaba que así se mantuviera.
N/A:
* Elie es un OC creado para el universo de UtaPri, por una amiga mía llamada Penélope, quien lamentablemente murió hace unos años. Esto es un homenaje a ella y a su personaje, con el que nos divertimos tanto en rol.
* Eudaimonía significa literalmente "buen espíritu", se traduce como "felicidad", "prosperidad" o "plenitud". Para Aristóteles ésta era la mayor aspiración de una persona, que es conseguir la plenitud del ser completa.
* Sí, le he puesto Di-Di en alusión a Dexter´s Lab XD
* Femónoe de Cráter no es un OC que me pertenezca, sino que me ha prestado a solicitud mía, una amiga mía a la que aprecio y valoro mucho, a quien pueden encontrar aquí como Ariesnoshaina, le pertenece del todo a ella, su historia la conté a grandes rasgos pero un día, a futuro, ella publicará el fic completo de ese personaje, así que les recomiendo buscarla y seguirla si quieren saber más de Femónoe a su tiempo, igualmente tiene excelentes materiales además de eso, súper recomendables.
* Antes de que se confunda esta escena cabe aclarar, en este fic se supone que Athena ha revocado la regla de la máscara que dictamina que, si alguien ve a un santo femenino sin ella, o lo mata o lo ama, en este universo Athena decidió que eso debía actualizarse. Las máscaras siguen siendo requisito para los santos femeninos y los varones por respeto a ellas deben valorar esa distancia emocional. Ahora a los Santos femeninos les está permitido mostrar su rostro sólo con su gente querida, como a pareja o la familia, si alguien ve el rostro de un santo femenino sin su permiso sigue siendo una falta grave, y genera una elección con el infractor, o aceptar ser castigado dependiendo la gravedad del asunto por el santuario, o adquirir una deuda de honor que la Santo podrá cobrar del modo que prefiera. Iba a explicar esto más adelante pero prefiero hacerlo ahora para dejar algo en claro: Femónoe y Camus NO VAN SER PAREJA, Si Femónoe deja que Camus vea su rostro es porque lo quiere, pero su cariño es como el que sienten Seiya y los demás chicos de bronce entre ellos. Son amigos y compañeros muy unidos, nada más.
* Por último, les recuerdo que la versión SIN CENSURA de este fic pueden encontrarla en AO3 con mi mismo nickname.
