CAPÍTULO 12

―¡Señoraaa…! ―¡Sakuraaaaa…! ―¡Aquí estoy! No los veo. ―¡Señoraaa…! ―¿Lissa? ¿Dónde estás? ¿Por qué apagaron las luces? Sasuke se va a molestar.

―¡Maldita! ¡La voy a matar!

―¿Eva? ¡Eva! ¿Qué pasa? ¿Dónde están todos?

―Sakura, no… Mi amor, no…

―Sasuke, ¿por qué lloras? Me están asustando. Sasuke, ¡háblame!

―Saku, mi princesita, no me dejes.

―Naruto, no te voy a dejar. Estoy bien. ¿Qué les pasa a…? ¿Qué es esto? ¡El suelo se está hundiendo! ¡Naruto! ¡Sasuke! ¡Auxilio! ¡Dios mío, me estoy hundiendo! Es el mismo sueño del mar… pero siento el agua cubriéndome… Me falta el aire. ¡Sasuke, ayúdame! El mar me está tragando. Es real y está muy oscuro. ¡Me estoy ahogando! ¡Sasuke!… ¿Qué es eso? ¿Qué es esa luz? ¿Sasuke, eres tú? ¿De dónde viene esa luz tan intensa? ¿Quién anda ahí? ¡Respóndame, es una orden! ¿Quién…? ¿Papá? ¡Papá! ¡Papi! ¡Papi!

―Dame la mano, Sakura.

―Sácame de aquí, papi. No me sueltes.

―Nunca, mi niña.

―Tenía tanto miedo. Creí que me ahogaría. Tenía tantas ganas de abrazarte otra vez.

―Y yo a ti. Estoy orgulloso de ti, Beth. Te has convertido en toda una mujer a tan corta edad.

―A veces quisiera seguir siendo tu pequeña niña.

―Siempre lo serás. No lo olvides nunca.

―Qué luz tan intensa ¿De dónde proviene?

―De la presencia de Dios…

Tienes que regresar, hija. ―¡No! No quiero hacerlo. Quiero quedarme aquí, contigo.

―Mi pequeña testaruda, tu hora no ha llegado todavía. Tienes que volver con tu familia, con tu esposo. Me gusta, ¿sabes? Es un buen hombre, aunque ha actuado muy mal por temor a perderte. Se ha merecido los golpes de Naruto. Ese también es un buen muchacho. Saku, Sasuke tiene un secreto que contarte.

―Siempre he sabido que algo me oculta.

―No te pongas triste, mi niña. Él te ama. Sé que hizo muy mal en ocultarte la verdad, pero trataba de protegerte.

Cometió un error al no prevenirte del peligro, y ahora está pagando las consecuencias. ―Yo lo amo, papá, aunque tengo miedo de ese secreto. ―Sakura, no debes dudar de tu marido. Él ha sido una víctima más, de la maldad y la envidia, que habita en…

―En ella… En Sarolta.

―Así es. Ahora debes irte y escucharlo. Está listo para decirte la verdad.

―No quiero dejarte, papi. ―Debes hacerlo. Solo ten siempre presente que yo nunca te dejaré. Siempre estaré a tu lado.

―Papi, no te alejes. ¡Regresa!

―Tengo que irme. Ya debo volver a mi recién otorgado cuerpo.

―¿Cuerpo? ¿Cuál cuerpo?

―Un cuerpo pequeñito y muy hermoso que me espera. Te veré pronto, hija. Ahora ve. ¡Ah! Dile a tu madre que siempre la amaré, y que nada me haría más feliz que se casara con Jason. No quiero que me llore más.

―Papi, no te vayas… Papi… ¡Papi! «Papi… Papá… Papi…». Saku abrió los ojos, y lo primero que atisbó fue un techo blanco. Parpadeó varias veces, y observó las luces empotradas. Supo que no estaba en su casa, pues ningún techo era así en toda la mansión Gillemot.

Miró a su alrededor, y se encontró con un gran sofá de cuero en color negro, dos sillones del mismo color, y una silla plástica junto a la cama; al otro lado, una base con una bolsa de suero colgando de ella, y unas máquinas que tenían números y letras parpadeando. Cerró los ojos unos segundos, tratando de recordar algo.

La frase petulante de Hannah; su rabia y decisión de sacarla a patadas de la casa, al no aguantar una falta de respeto más, justificada o no; la voz furiosa de Sasuke, y él apareciendo en su campo de visión; todas las emociones que pasaron por su rostro, y al final… al final unas manos empujándola por la espalda. «¡Mi bebé!», exclamó mentalmente, cuando asumió que había rodado por las escaleras, y por ese motivo se encontraba en un hospital. Se apresuró a llevar las manos a su abdomen, y aunque lo sintió levemente hinchado, era obvio que ya no contenía a un bebé… Su bebé.

―Mi bebé… ¿Dónde está mi bebé? ―preguntó en un susurro, tocándose frenéticamente la barriga―. ¿Dónde está? ¡¿Mi bebé dónde está?! ¡Mi bebé! Sasuke se encontraba en el baño, acomodándose el miembro dentro de los pantalones, luego de haber evacuado, cuando escuchó los gritos de su esposa. Sin pensarlo dos veces, y con la bragueta aún baja, salió del baño de la habitación, y corrió hacia la cama de la chica. Oprimió el botón para llamar a la enfermera, y trató de calmar a Saku.

―Sakura, tranquila, él está bien. Está bien.

―Mi bebé, Sasuke. ¿Dónde está? ¡Dime! ―gritaba ella, sin parecer escucharlo. En ese momento entraron dos enfermeras, los miraron, y una ordenó a la otra administrarle un medicamento.

―¡No! ―exclamó Sasuke con firmeza―. Solo traigan al bebé. Tráiganlo, necesita verlo. Vayan por él ¡Ahora! Una de las mujeres salió corriendo de la habitación, mientras que la otra permaneció observando a la distancia, sin atreverse a interferir en la escena tan íntima que comenzaba a desarrollarse. Sasuke se sentó en la cama, y tomó a Sakura para colocarla en su regazo, no sin aplicar algo de fuerza. Cuando la tuvo aferrada entre sus brazos, comenzó a mecerla, y a repetirle una y otra vez que su bebé se encontraba bien, y que en unos segundos lo vería.

―Tranquila, nena. Nuestro hijo está bien. Es perfecto, ya lo verás. Gabriel es hermoso, Elizabeth. Es como tú.

―¿Ga…Gabriel? ―preguntó Sakura sollozando. Sus nervios se estaban calmando al saber bien a su hijo.

―Sí, mi amor. Es un varón. Es Gabriel. Sakura se aferró a él y lloró en su pecho; ya no de desesperación, sino de alivio. El hijo del hombre que amaba, en esa vida y en otras tantas, estaba bien, estaba vivo. Eso era lo más importante para ella. La puerta de la habitación se abrió, dando paso a los padres de Sasuke, seguidos rápidamente por Naruto. Sasuke al verlos, les hizo señas de que se fueran, pues sabía que Sakura no querría que la vieran en ese estado. Sophia y Jonathan asintieron y se devolvieron, impidiendo la entrada a los que iban detrás. Solo Naruto se quedó, y se aproximó a la cama por el otro lado.

―Daniel, por favor ―gruñó Sasuke. Al escucharlo, Sakura levantó la cabeza. Al ver a su amigo se separó de Sasuke, y extendió los brazos hacia él. Naruto se apresuró a sentarse junto a ella y la abrazó.

―Tranquila, mi niña. Aquí estoy. Sasuke se puso en pie y se quedó mirando a la pareja, con el ceño fruncido. Comenzó a subirse la bragueta, cuando recordó la presencia de la otra enfermera. Giró la cabeza para mirarla, y la encontró con la boca abierta, y los ojos clavados en sus manos aún en sus pantalones. Eso lo molestó aún más. Que otra mujer lo mirara con deseo, lo consideraba un insulto a su esposa; y más en su presencia. Él le pertenecía a Sakura Haruno, y cada vez que algo así sucedía, era como si quisieran arrebatarle a su mujer algo de su propiedad, como si desearan robarle.

―¡Fuera! ―bramó hacia la joven. La chica de unos veinticinco años de edad y cabello rubio, se sobresaltó por el fuerte grito, y salió corriendo de la habitación. La puerta se abrió de nuevo a los pocos segundos. Sasuke se preparó para propinar una sarta de insultos a quien osara importunarlos, cuando una pequeña caja de plástico sobre un carrito metálico entró, empujada por la otra enfermera. Sasuke se acercó a ella rápidamente.

―¿Puede cargarlo? ―Un par de minutos. La paciente no debe cargar peso, por lo que usted debe ayudarla a sostenerlo. En cuanto al bebé, es fuerte y se encuentra bien; sin embargo, es mejor que pase más tiempo en la incubadora. Sasuke asintió, tomó al bebé en brazos y se acercó a la cama. Sakura lo miró, y se desprendió del abrazo de Daniel para estirar los brazos.

―Dámelo ―exigió con nuevas lágrimas corriendo por sus mejillas. Sasuke se sentó a su lado, y pasó un brazo por los hombros de Sakura, y el otro lo mantuvo debajo del bebé, para ayudarla a sostener el peso. Sakura lo rodeó con sus brazos, y lo recibió con todo el amor que su alma podía experimentar.

―Aquí lo tienes, mi amor. Nuestro hijo. Sakura había escuchado que los bebés de pocos días, podían ver a pequeñas distancias, como la contemplada del pecho al rostro de la madre.

―Gabriel ―susurró, acercándolo a su cara. El bebé enfocó los ojos en ella, como si hubiese entendido que lo llamaba, y fue ahí cuando lo supo. «No fue un sueño», pensó, llorando nuevamente. A ese cuerpecito era al que su padre se refería. Ese pequeño niño, su hijo, su bebé, llevaba el alma reencarnada de su padre.

―Te amo ―sollozó con una gran sonrisa en el rostro, y lo besó en la frente. Dos palabras que iban dirigidas tanto al alma de su padre, como al cuerpo de su hijo. Gabriel Haruno y Gabriel Uchiha, siendo un solo ser. Naruto, al ver la escena, prefirió retirarse de la habitación. Aunque detestaba a Sasuke, debía aceptar que era él quien tenía más derecho a estar junto a la chica en ese momento.

―Es perfecto ―dijo Sakura, mirando a su esposo a los ojos.

―Es nuestro hijo. Saku rio, por el poco disimulado ego de Sasuke, y volvió a besar a Gabriel, que pasaba la vista de su madre a su padre, curioso.

―Señora, disculpe ―intervino la enfermera con voz suave―. Debemos revisarla, y el bebé debe regresar a la incubadora.

―No, por favor. Quiero tenerlo un rato más ―rogó Beth, aferrándolo a su pecho. ―Le prometo que se lo traeré de nuevo más tarde, mañana intentaremos que usted misma lo alimente. Saku asintió, apesadumbrada. Le dio un último beso a su hijo, y se lo entregó a Sasuke.

―Duele no poder darte lo que más deseas ―susurró Sasuke con los ojos brillantes por las lágrimas, sosteniendo todavía a Gabriel. Saku lo miró a los ojos, y estiró la mano para acariciarle la mejilla, brindándole una sonrisa dulce.

―Tú me lo has dado todo. Prueba de eso está en tus brazos. Sasuke bajó la vista para observar a Gabriel. Lo besó en la nariz, y se acercó a Saku para besarla en los labios. Se giró y le entregó el bebé a la enfermera. ―La partera entrará ahora a revisarla. Luego podrá ver a su familia. Sakura le agradeció, sin perder de vista a su hijo, hasta que lo sacaron de la habitación. Luego de unos minutos, mientras su partera la revisaba, Saku comenzó a sentir los dolores que había ignorado desde que se despertó, debido a la tormenta de emociones.

La herida de la cesárea, que acababa de descubrir, le ardía horriblemente, más por los movimientos bruscos que realizó. La cabeza también comenzó a dolerle, y fue ahí que se percató de que tenía una venda, que le cubría una herida al lado derecho de la frente. Encontró unos cuantos moretones en sus brazos y su rodilla derecha, además de que el catéter de la intravenosa, se había doblado un poco dentro de su piel, por lo que al sacarlo la enfermera, sangró un poco.

Por otro lado, Sasuke parecía un león enjaulado, sufriendo al ver de nuevo, las heridas en el cuerpo de la mujer que amaba. La partera le comentó que habían pasado dos días desde el incidente, y que tuvieron que hacerle cesárea de emergencia, al temer por la vida del bebé.

―¿Cómo está Lissa? ―preguntó Saku, al acordarse de la chica. ―Tiene el brazo izquierdo fracturado, y algunos moretones. Te abrazó para impedir que cayeras, solo que no pudo aguantar tu peso y… ―Sasuke cerró los ojos y sacudió la cabeza, con expresión mortificada―. Aparte del yeso, está bien. No se ha querido despegar de la ventanilla de la zona neonatal. ―Fue esa joven la que le salvó la vida a su hijo ―intervino la partera―.

De no haber estado su brazo de por medio, el golpe con el borde del escalón lo habría recibido el feto. Saku se estremeció al pensarlo, y aun así, sonrió por Lissa. Esa chica siempre le agradó; estaba enamorada de Sasuke, mas no de un modo egoísta, y lo comprobaba el hecho de que le salvó la vida a ella y a Gabriel.

Sasuke le explicó que Becca llegaría en cualquier momento, pues había salido a comer algo a la cafetería. También le comentó que para poder tenerla de nuevo en la casa a tiempo completo, él mismo decidió pagarle a la hermana de esta, tres meses de salario, para que pidiera una licencia en el trabajo, y así, poder ocuparse de su madre; de esa forma, Becca quedaba libre de la responsabilidad. El tiempo se alargaría si él lo consideraba necesario.

―Es increíble que le estés pagando un sueldo, a una mujer que ni siquiera conoces, para que cuide a su propia madre los meses que no trabaje.

―Por ti soy capaz de mantenerla de por vida si es necesario. Becca llegó a los pocos minutos, y le realizó la curación del día.

―Y yo que quería tenerlo de parto natural. Ahora tendré esa horrible cicatriz.

―Eso no importa, nena. Después de todo, solo tú y yo la veremos. Y te prometo que la besaré todos los días.

―Pero cuando ya esté totalmente curada ―intervino Becca con tono de regaño―. La saliva tiene muchas bacterias, y no quiero que se le infecte la herida. Sasuke la miró con el ceño fruncido, y continuó mimando a su mujer. A ella era a la única a la que le permitía ese tipo de trato. Luego de todo el proceso, la partera se retiró, y Lissa entró con Katy para ayudar a Sakura a arreglarse, aunque la joven no pudo ayudar mucho debido a su incapacidad. Sakura lloró cuando le agradecía, haciéndola llorar también.

―Ni siquiera lo pensé, señora, solo lo hice. No tiene nada que agradecerme ―aseguró Lissa con una sonrisa en el rostro. Cuando la familia por fin pudo entrar, todos demostraron su preocupación y afecto por Sakura. Amelia y Jason habían llegado en horas de la madrugada, y Sussana la noche anterior.

Su amiga se sentó junto a ella en la cama, luego de apartar bruscamente a Sasuke, y lloró como una Magdalena; Sakura tuvo que consolarla para que no terminara ahogándose en su propio llanto. Amelia se encontraba del otro lado, y no hacía otra cosa que acariciar el brazo de su hija, como queriendo corroborar su presencia. Kendal había llamado al enterarse por el noticiero del «accidente», y avisó que llegarían en las horas de la noche de ese día.

―¿Qué dicen las noticias? ―preguntó Saku con cautela.

―La verdad, que tropezaste y caíste por las escaleras ―explicó Lara―. Fue una bendición que Lissa estuviera a tu lado. Saku asintió y apartó la mirada.

―El tío Alex quería venir, Saku ―explicó Sophia―. Está resfriado, y por eso no se lo permitimos. Vendrá apenas se recupere. Sara y Jerry llegaron luego de un rato. Todos estaban ahí, su familia y

amigos, todos menos Eva. Saku lo notó al instante, y con temor, preguntó por ella. ―Dice que tiene cosas que hacer ―respondió Sophia, desconcertada―. Ha estado actuando muy extraña desde el accidente. Llama constantemente para saber de ti, y ayer vino a verte. No sé qué puede ser más importante que estar aquí con su familia. Saku asintió, y rogó porque no cometiera alguna estupidez. Ya se imaginaba lo que podía estar haciendo, y temía por su seguridad. Lo que quedó del día fue muy ajetreado. Todos entraban y salían de la habitación para estar con ella.

La enfermera regresó con el bebé, y Sakura pudo tenerlo por media hora más. Emma y Kendal llegaron cuando el sol ya se había ocultado, y aunque nadie lo regañó verbalmente por la fuga, Sophia le propinó una fuerte palmada en el brazo, Jonathan lo miró con el ceño fruncido, sacudiendo la cabeza; y Joseph le alborotó el cabello con la mano, y le sonrió como bienvenida. Emma también necesitó consuelo de Sakura, mientras que Kendal intentó abrazarla, pero Sasuke se lo impidió.

―¡No seas salvaje! La puedes lastimar. ―Está bien, está bien ―dijo Kendal, levantando los brazos a manera de rendición―. Y ahora, ¿dónde está mi hijo?

―¡Sasuke, no! ―gritó Sakura con autoridad, antes de que Sasuke reaccionara a las palabras de su primo―. No quiero peleas aquí. El niño es tuyo, punto.

―Exacto, mío ―concordó Sasuke, mirando a Kendal de forma desafiante―. Si quieres uno ahí tienes a tu mujer. Búscalo con ella.

―¿Y qué crees que he estado haciendo todo este tiempo? ―¡Kendal! ―exclamó Emma, completamente sonrojada… Y no por el llanto.

Los últimos en irse fueron Amelia, Jason y Sussana. Se estaban alojando en el apartamento de Sasuke, por lo que prometieron llegar lo más temprano posible al día siguiente. Katy le colocó un pijama a Saku, y Sasuke se cambió en el baño. Cuando estuvieron solos, Sasuke se sentó en una silla plástica junto a la cama, y se quedó en silencio. El momento había llegado.

―Sasuke ―dijo Sakura, mirándolo con determinación―. ¿Me puedes explicar por qué mi enfermera, que asumo no se llama Hannah, me empujó por las escaleras? Sasuke se pasó una mano por el cabello y tiró de él, con frustración. Suspiró, y sin mirarla habló:

―Su verdadero nombre es Samantha Henderson, y hace varios años asesinó a su hermana Lilly, porque yo me estaba enamorando de ella.