VIII
Quinn Fabray:
Me paseaba nerviosamente por la cocina mientras esperaba a que llegara Rachel.
— ¿Por qué caminas de un lado a otro? ¿Qué diablos te pasa rubia? —Marley me miró por encima de su libro.
—No lo sé. Estoy perdiendo los estribos —admití tomando un trago de mi vaso de agua.
— ¿Sobre qué? En serio, Quinn, no he visto a la chica ni siquiera tocar a otra desde tu loca cita de esa noche—Marley trató de atrapar mi mirada con sus cejas levantadas.
Negué con la cabeza y continué degastando el suelo de la cocina.
—No es eso.
— ¿Entonces qué es? —Ella se sentó derecha, poniendo su lápiz entre las páginas de su libro y lo cerró bruscamente.
Dejé de caminar, tomé otro trago, y tragué con fuerza.
—Simplemente no entiendo por qué Ryder no puede llevarla al autobús mañana. ¿Por qué quiere que lo haga yo? ¿Y por qué ella me dejó su máquina de la muerte?
Marley suspiró pesadamente.
—Demonios, Quinn. ¿No puede hacer Rachel algo agradable por ti?
— ¿Cómo que cosa?
—La última vez que comprobé, genio, tu carro estaba de nuevo en casa —Sonrió ella, girando la cabeza hacia atrás y adelante por la incredulidad de mi estupidez.
— ¿Y?
—Así que Rae está dejándote el suyo. Es una acción agradable por parte de ella.
—Puede ser—Marley tenía razón, pero mis defensas aún estaban levantadas—. Pero ¿por qué quiere quedarse en nuestro departamento hoy?
La boca de Marley se abrió mientras inclinaba su cabeza hacia atrás.
—Soy una idiota —admitió, antes de golpear su frente con su palma—. Esta es tu primera "pijamada" con Rachel. Tienes miedo de pasar la noche con ella. De eso se trata.
Mi estómago se volcó y rodó con sus palabras. Me quedé mirando la encimera de azulejos blancos y negros de la cocina, y mis ojos se desenfocaron hasta que el patrón que se convirtió en un irreconocible remolino nebuloso de tonos claros y oscuros.
—Tierra llamando a Quinnie, ¿hola? —Marley chasqueó sus dedos en mi dirección y mis ojos se alzaron hasta encontrarse con los de ella.
—No tengo miedo—Mi estúpida voz tembló ligeramente—. Sólo no… estoy lista.
— ¿Por qué demonios no?
—Porque una vez que le das tu cuerpo a una chica como ella, no hay vuelta atrás. Y una vez que hayas hecho eso se abren los sentimientos, las emociones y las vulnerabilidades que no sabías que eras capaz de tener. No estoy lista para darle mi corazón. ¿Qué pasa si lo rompe?
— ¿Y qué pasa si no lo hace? —refutó Marley.
El golpe rápido en la puerta nos sobresaltó pero Marley se recuperó más rápido que yo.
—Adelante —gritó a sus espaldas.
La puerta se abrió y Rachel entró, estaba llevando una bolsa de softball en una mano y una bolsa de viaje en la otra. Vi como ella dejó el bolso a un lado de la puerta y luego desapareció con su bolsa de viaje hacia mi dormitorio.
Rápidamente miré a Marley con los ojos bien abiertos antes de que Rachel comenzara a moverse a su antojo por la habitación. Ella ahogó una risa.
—Hola Beauty —Acarició sus labios contra mi cuello y sentí que mis rodillas comenzaron a temblar.
Forcé una sonrisa nerviosa.
—¿Hambre?
—Muerta de hambre —respondió, antes de que sus labios encontraran los míos.
Todos mis pensamientos se mezclaron dentro de mi cabeza mientras me liberaba de ellos y me perdía en su boca. La caliente fresa envolvió mis sentidos así como su respiración y su tacto me consumía. No importa lo duro que traté de luchar contra esto, Rachel Berry siempre me convertía en una loca.
Eso fue demasiado para ti, Quinn. Bésala y apártala.
Cuando ella se apartó, puse mi mano sobre la encimera para estabilizar mi cuerpo que temblaba. Una vez que estaba segura de que mis piernas no me harían caer, me dirigí hacia el refrigerador y abrí la puerta, sacando cada bandeja del gabinete.
—Tus opciones son sándwich de queso, macarrones con queso o una quesadilla –anuncié un tanto avergonzada por nuestra falta de opciones de comida.
— ¿Solo puedo elegir uno? —Bromeó Rachel—. ¿Y si quiero todos?
—Entonces dilo—Sonreí mientras mantenía la puerta abierta con un brazo—. ¡Rachel, dime qué quieres!
—En cierto modo quiero todos. ¿Eso es malo? Te ayudaré—Su cara se arrugó mientras se preparaba para mi reacción. Yo no podía dejar de reír.
—Está bien. Tú haces los macarrones con queso y yo haré el resto. ¿Trato?
Vi como la tensión se alejaba de sus mejillas y esos irresistibles hoyuelos aparecieron.
— ¡Trato!
—Mírense ustedes dos. Cocinando como un viejo matrimonio de ancianas— comentó Marley desde una distancia prudente.
Me volví hacia ella deseando de repente poder disparar dardos de mis ojos.
—Viejo matrimonio de ancianas, mi trasero. Ni siquiera hemos hablado de eso.
Rachel dejó el sartén que sostenía y llegó a mí. Envolvió sus brazos alrededor de mi cintura y se aferró a mí con fuerza.
—Beauty, ¿estás preocupada de eso? No voy a arruinarlo… Lo prometo.
Evité sus ojos, mirando más allá de ella hacia la pared blanca en la distancia. Sus dedos estaban de repente acariciando mi mejilla antes de que estos me obligaran a levantar la barbilla.
—Mírame, Quinn—suplicó suavemente.
Cerré mis ojos con fuerza antes de abrirlos y centrarlos en ella. Era tan difícil poner mis sentimientos en palabras, todas mis inseguridades y miedos se enroscaban dentro de mí corroyendo la confianza que habíamos construido.
—No quiero a ninguna otra chica. —Llevó mi mano hacia sus labios y la besó suavemente—. ¿Entiendes?
—Lo entiendo —fue todo lo que pude decir en un susurro.
—Pero ¿me crees? —Ella inclinó la cabeza hacia un lado y levantó una ceja. Me encogí de hombros.
—Supongo que es algo que veremos.
— ¡Maldita sea! claro que lo veremos—Hizo un gesto con la cabeza alegremente—. Te lo demostraré, amor.
Puse los ojos en blanco y ella presionó su caliente boca contra la mía separando mis labios con su lengua. Me alejé.
—Si esta es tu manera de demostrarlo…
Su boca se encontró al instante con la mía de nuevo, el calor entre nosotras calentaba lo suficiente para empezar el fuego. Los músculos tensos de sus abdominales se presionaron fuertes contra mi estómago. Me encontré de pronto consciente de sus dedos y su ubicación en la parte baja de mi espalda, empujándome contra ella. Su cuerpo se volvía más duro con cada segundo que pasaba y mis defensas bajaban.
Maniobré mis manos debajo de su camisa y pasé mis dedos a lo largo de las curvas de su espalda. Su piel era tersa y suave, pero fuerte y musculosa. Me encontré incapaz de dejar la exploración mientras acariciaba cada centímetro que podía llegar de su ardiente piel. Sentir su cuerpo de esta manera envió un hormigueo de excitación a través de mi cuerpo. Presionó la dureza de sus jeans contra mí y me esforcé por recuperar mi aliento.
Y aunque no estaba lista para ser una de las conquistas de Rachel Berry, me resultaba difícil resistirme a ella cuando yo estaba así de extasiada.
Marley se aclaró la garganta.
—Ustedes dos me hacen sentir como si tuviera que dejar una propina después de ver esto.
Despegó mi cuerpo que hormigueaba lejos de ella y limpió mi labio superior, la lujuria borraba mi visión.
—Aceptamos cuartos—Sonrió Rachel antes de inclinarse para darme un último pequeño beso.
El rostro de Marley se contorsionó con la confusión de la broma y me di cuenta de que nunca se lo había contado.
—Como sea, tengo que terminar mi tarea, apúrense y háganme algo de comer.
Rachel me sorprendió no solo porque me ayudó a preparar la cena, sino también porque me ayudó en la limpieza. Ella trató de pegarme con el paño de la cocina un total de doce veces. Esto me molesta mucho, pero tengo que admitir que también lo encuentro adorable. Negué con la cabeza distraídamente, absorta en mis pensamientos.
— ¿Por qué estás sacudiendo la cabeza? —preguntó Rachel, apoyando su cadera en la encimera.
—Estaba pensando en nosotras—Le dirigí una sonrisa tranquilizadora mientras puse la toalla alrededor de la manija de la estufa.
— ¿Ah, sí? ¿Qué pasa con nosotras? —Dio un paso hacia mí. Puse mi mano para detenerla.
—Solo sobre cuán diferente me siento hoy sobre ti a diferencia de cuando nos encontramos en la fiesta esa noche.
—¿Y cómo te sientes sobre mí hoy? —Ella agarró mi mano y la puso detrás de mi espalda, tirando de mi cuerpo hacia el suyo.
—Bueno, hoy no te odio, Berry —Sonreí, y mi ritmo cardiaco iba ganando velocidad.
Sus labios se movieron hacia mi cara, rozando mi mejilla sin parar.
—Tampoco me odiabas esa noche —susurró con su caliente aliento contra mi oído.
Los escalofríos excitantes reemplazaron mi voluntad de luchar de nuevo. La empujé y giré sobre mis talones lejos de su cuerpo.
—Tengo que alistarme para ir a la cama.
—Iré contigo —gritó cuando ya estaba de espaldas.
Me detuve y me volví hacia ella, entrecerrando mis ojos.
—No, hasta que yo esté lista. Ve a ver SportsCenter o Baseball Tonight o lo que sea que veas, enana.
Sus cejas se juntaron.
—¿En serio?
—En serio– Su rostro se suavizó apareciendo una media sonrisa.
—Está bien Beauty. Alistaste para ir a la cama y yo me quedaré aquí.
Supuse que ella pensaba que yo estaba tramando algo, pero la verdad era que no tenía intención de hacer nada sexual con ella esta noche. No estaba lista y antes de que terminara la noche, iba a tener que admitirlo ante ella. Era una conversación que temía hacerla. Lavé el maquillaje de mi cara, cepillé mis dientes y me puse mi camiseta rosa y mis pantalones cortos de color blanco antes de volver a entrar en la sala.
—Puedes entrar ahora —anuncié desde la puerta. La mirada de Rachel se deslizó sobre mi cuerpo entonces ella se levantó del sofá y se dirigió hacia mí, con una sonrisa estampada en sus mejillas.
—Buenas noches Marley—Golpeó mi trasero con su mano y se fue hacia mi habitación.
— ¡Basta ya, pervertida! —grité mientras Rachel corría hacia la habitación.
Vi como cerraba la puerta detrás de ella y luego metía la mano en su bolsa de viaje.
—Te traje algo—Sacó un frasco vacío de su bolsa y me lo dio. Le di la vuelta en mi mano, y mis ojos se estrecharon en confusión antes de leer la nota escrita a mano que estaba pegada en la cara opuesta: Centavos de Beauty. Me reí en voz alta antes de colocar el frasco en la parte superior de mi tocador.
—Estos también—Sacó la bolsa de centavos de nuestra primera cita mientras pude escuchar el sonido de ellos chocando entre sí y me trajo recuerdos.
—Adorable —Sonreí mientras vertía el contenido de la bolsa en el frasco.
—Me debes un montón de toques, rubia —Sus labios estaban apretados y su tono bromista.
—Eso parece. ¿Quién hubiera pensado que eras tan inteligente?
—Todos excepto tú —respondió en ese tono arrogante que lo hacía tan única.
—Oh… aquí vamos —negué mientras ponía mis ojos en blanco.
—Quinn Fabray —Las cejas de Rachel se unieron con su voz severa—. ¿Qué te dije sobre los ojos?
Dio dos pasos hacia mí y nuestras caras casi se tocaban cuando ella tuvo que ponerse de puntitas. Pasó su mano por mi mejilla antes de colocarlo detrás de mi cuello y empujar mis labios hacia los suyos. Su lengua separó mis labios y entró. Su mano siguió las líneas de mis curvas hasta detenerse en mi cadera en un firme agarre. Mis ojos se cerraron mientras me perdía a mí misma en sus caricias. Y tan pronto como empezó, se apartó con una sonrisa satisfecha que cubría todo su rostro. Se inclinó cerca de su bolsa de viaje y sacó una bolsa de cuero llena de cosas.
—¿Está bien si me doy un baño?
—Por supuesto. Hay una toalla debajo del lavabo—Sonreí tratando de recuperar mi aliento entrecortado.
Mis ojos se negaron a apartar la mirada de ella mientras se quitaba la camisa y la dejaba caer al suelo cerca de mi lavamanos. Sus bronceados y bien definidos brazos hicieron que mi interior vibrara. Abrió la cremallera de sus pantalones antes de salir de ellos y rápidamente apretó su cuerpo contra el mostrador mientras alcanzaba la pasta de dientes. Me obligué a mirar hacia otro lado antes de empezar de verdad a babear por verla en nada más que en un bóxer corto y ajustado. Mantenerme fuerte esta noche podría ser aún más difícil de lo que pensaba.
Cuando se cerró la ducha, abrió la puerta y mi toalla verde envuelta alrededor de su cuerpo. Las gotas de agua goteaban de su cabello castaño como espirales de vapor nebuloso que se arremolinaban a su alrededor.
—Beauty ¿me puedes tirar un par de calzoncillos?
Tiré las mantas y me deslice fuera de la cama hacia su bolsa de lona. Abrí la solapa de tela y me di cuenta de las camisas de vestir, pantalones y mascadas.
—¿Qué pasa con esta ropa elegante?
—Tenemos que vestirnos adecuadamente cuando viajamos.
— ¿En serio? ¿Por qué?
—Porque… Beauty, son las reglas. Tenemos que estar presentables. Y somos un equipo universitario de Softball profesional. Tenemos que tener una buena impresión.
—Huh, supongo que tiene sentido —asentí antes de rebuscar por sus calzoncillos.
Ella se echó a reír.
—Es un infierno un montón de chicas ruidosas en camisetas y pantalones cortos holgados.
— ¡Eso es verdad! —Hurgué en su bolso y agarre el primer par que pude encontrar—. Aquí —le dije tirando la ropa interior hacia sus pies.
—Gracias, cariño —respondió antes dejar caer la toalla al suelo.
Sentí mi mandíbula caer junto a ella mientras mis ojos se negaban a mirar hacia otro lado. Mis entrañas se sonrojaron con el calor mientras giraba la cabeza para mirarme.
Ella sonrió con confianza antes de llegar a los calzoncillos y deslizarse en ellos.
Rayos esta noche podría matarme la enana.
—¿Te gusta lo que ves? —bromeó Rachel con su ceja levantada mientras se deslizaba en la cama junto a mí.
— ¿Por qué no sales con un espejo? —le respondí, su ego forzaba a mi naturaleza defensiva a resurgir.
—Para empezar, no puedo tener sexo con un espejo—Su boca formaba una leve sonrisa que me dieron ganas de golpearla. Antes de que pudiera responder su boca estuvo en la mía con su lengua mentolada por mi pasta de dientes.
Mis duras defensas desaparecieron a medida que el calor de su piel penetro mi fina ropa y su parte inferior del cuerpo contra el mío. La sensación de su dureza contra mi causó que un leve gemido escapara de mis labios.
—Te quiero a ti, Quinn —Rachel tocó sus labios contra mi cuello. Su lengua estaba caliente en mi piel mientras lamía su camino hacia mi oído con su respiración áspera y caliente—. Te quiero —susurró con voz entrecortada antes de mordisquear mi oreja mientras la compresión entre mis piernas continuaba.
—Rach—dije su nombre entre jadeos—. Rachel, detente… —Dejo de moverse y sentí que su corazón latía rápidamente contra mi pecho. Su pulgar se apoyaba en un lado de mi cara cuando me perdí en el marrón de sus ojos—. Lo siento, sí quiero... simplemente no esta noche.
Me preparé para su reacción, sin saber en lo que consistiría. En el pasado, las chicas se enojaban si pedía que se detuvieran. Actuaban como si fuera su derecho dado por Dios a tener relaciones sexuales conmigo, si estaba lista o no. Las chicas parecían cambiar a diferentes personas cuando sus deseos estaban involucrados.
Todo el calor se fue mientras Rachel rodó sobre su costado con su cuerpo todavía enfrentado al mío.
—Está bien, Quinn. No quiero que lo hagas si no está lista —Se inclinó hacia mí con sus labios presionando contra la punta de mi nariz.
—Gracias. —Sonreí agradecida, ya que no parecía enfadada.
—Pero estarás lista pronto, ¿no? —Ella no podía contener la risa mientras las palabras salieron de sus labios—. Estoy bromeando... No hay presión. —Sonrió, con una voz tranquilizadora y calmada.
Sonreí aliviada cuando su comprensión llego a mí. Me abrazó con fuerza antes de poner mi cabeza en su pecho y sus ambos brazos alrededor de mí.
— ¿Ayudaría si supieras que estoy enamoranda de ti Beauty?
Me quité de su mano y mis ojos bloqueaban los suyos.
—No me mientas Rachel Barbra Berry.
Ahogó una risa cuando llegó a mí.
—No lo hago.
Me incliné para darle un beso, guardando mis emociones dentro de mí.
—Dilo de nuevo —le rogué mientras mi lengua recorrió su labio inferior.
—Esto es sin presión, rubia —bromeó Rachel, frunciendo las cejas.
—Dilo —le supliqué de nuevo.
—Yo… —Vaciló antes de mirarme a los ojos con la cabeza asintiendo— Yo te quiero maldita rubia manipuladora —Tiró de la parte trasera de mi cuello y su boca devoró cada parte de la mía.
—Rach—Aspiré su nombre mientras me fundían en ella, mis piernas estaban alrededor de su cintura. Y así, esas pequeñas palabras me habían cambiado.
El deseo me abrumó mientras anhelaba estar conectado a ella en todas las formas posibles. Deseaba que el espacio entre nosotras desapareciera a medida que avanzó a mi cuerpo más cerca al suyo.
—Te quiero Rachel.
Se apartó un poco.
—No tienes que hacer esto, no es por eso que lo dije Quinn—negó ella pasando sus dedos por mi espalda.
—Sé que no lo es, pero quiero hacerlo —Estaba realmente sorprendida de mí misma, mi pelvis estaba presionada lentamente contra la suya mientras mi deseo creció.
— ¿Estás segura? —Buscó mis ojos cuando me preguntó por última vez.
— ¿Estas tratando de convencerme de no hacerlo Rachel? —bromeé y me aparte de ella.
Sus ojos se agrandaron mientras miraba deslizarse mis pantalones, dejando al descubierto mi ropa interior escondida debajo. Tiró mis pantalones en el suelo antes de inclinarse y besar tiernamente la parte superior de mi pie. Se arrodilló y trabajó con sus manos y su boca hasta mi pantorrilla y hasta el muslo, sin dejar ningún centímetro de piel sin tocar. Prácticamente vibraba de emoción y necesidad, pero le permití seguir explorando.
Se movió hacia arriba y continuó su camino hasta mi vientre, levantando mi camiseta sin mangas en un movimiento rápido antes de besar suavemente el espacio entre mis pechos. Bajando su cuerpo por completo sobre el mío, apretó sus labios contra mi cuello antes de regresar a mi boca, donde esperé ansiosamente por ella.
Mis manos se clavaron sobre su espalda en sus músculos duros y tensos. Tiré de la cintura de su bóxer, tratando en vano de bajarlos. Ella los quitó y sentí su excitación creciendo a medida que su cuerpo presionaba contra el mío.
— ¿Tienes uno? —preguntó antes de dar el paso final.
— ¿Tú no? —le pregunté con incredulidad.
—Quise traer uno —explicó lentamente con su aliento caliente contra mi oído—. Por si acaso, ¿sabes?
Cambié mi peso, volviéndome a mirarla.
—Mmmm. Por si acaso, ¿eh?
—Bueno, no se puede culpar a una chica por tener esperanzas — Arqueó las cejas—. Pero se me olvidó en casa.
— ¿En serio?
—En serio —respondió solemnemente.
—Bueno —vacilé—, tomo la píldora desde que empezamos a salir.
— ¿En serio?
—Mmmmm. —Sonreí tímidamente, avergonzada por la revelación mientras presionaba sus labios húmedos contra los míos.
Se alejó lentamente.
—Yo nunca he... —Empezó a decir antes de detenerse brevemente.
— ¿Nunca qué? —Mi respiración se aceleró, su indecisión hizo mi confianza vacilar.
Sus ojos se encontraron con los míos con anhelo e incertidumbre.
—Nunca lo he hecho como esto antes —admitió.
— ¿En una cama? —Bromeé, sin saber su significado.
—No... —Hizo una pausa—. Quiero decir así sin nada más.
— ¿En serio? ¿Nunca? —Deslicé mi mano por la parte posterior de su cuello con sus músculos tensos contra mis dedos.
—Nunca. Si no tenía uno, no lo hacía. Nunca ha habido nadie como tú, Quinn y nunca lo habrá —Su silenciosa admisión nos hundió tanto como el peso del momento.
— ¿Todavía quieres? —Temblaba mientras las palabras salieron de mi boca.
Se movió y sentí mis bragas deslizarse por mis piernas y salir de mi cuerpo en un movimiento fluido. Esa era toda la respuesta que necesitaba mientras mi respiración se incrementaba con cada beso, cada caricia, cada momento lleno de electricidad. Se detuvo y tomó mi cara con las dos manos.
—¿Sabes que esto cambia las cosas aun más Quinn?—Sus ojos buscaron los míos para la aceptación y la comprensión.
—Demuéstralo —le dije con una leve sonrisa, recordando las palabras con las que hablé después de nuestro primer beso.
—Te amo, Quinn —Su voz era tan sincera que parpadeé las lágrimas que se acumulaban en mis ojos.
—Te amo también Rach —admití y mis muros de protección estaban desmoronándose a montones alrededor de mi irregular corazón.
Tenía sus labios al instante en los míos con su lengua apasionadamente explorando el interior de mi boca. Con un empuje fácil, la sentí dentro de mí. Aspiré con rapidez y un gemido lleno de placer escapo de mis labios.
— ¿Estás bien? —preguntó ella, disminuyendo el movimiento.
—Estoy bien, sigue adelante. —Cerré mis ojos, con ganas de más.
—Oh… Dios mío, te sientes increíble, amor—Respiró pesadamente contra mi oído—. Nunca podré recuperarme de esto.
Sus manos apretadas contra mis hombros y flexionando sus músculos mientras trabajaba su cuerpo suavemente dentro y fuera del mío. Moví mis caderas al ritmo de ella, provocando un gruñido áspero escapar de su interior.
Abrí mis ojos y pasé los dedos por su cabello. Siguiendo las líneas de su cuerpo por la espalda donde las gotas de sudor se agrupaban. Los músculos de su espalda se tensaron cuando puse mis brazos alrededor de ella. Mis manos se posaron sobre su espalda y las hundí más profundo con cada embestida. Otro gemido áspero y presionó su mejilla contra la mía, su respiración era lenta mientras estaba dentro y fuera. Su aliento era caliente contra mi cuello.
—Nunca he amado a nadie antes, así que sé amable conmigo
Volví la cabeza hacia ella y presioné mi boca contra la suya.
—Rach—le susurré con un suspiro—. No te detengas.
Seguí tirando de ella hacia mí, mientras nuestros cuerpos se deslizaron el uno contra el otro. Sus embestidas provocaron un aumento de tensión dentro de mí, creciendo rápidamente mientras me sentía yo misma tratando de hacerles frente con desesperación, aferrarme a algo que nunca había experimentado tan fuertemente antes.
Mi cuerpo se estremeció en todas partes, desde el cuero cabelludo hasta el final a los pies. Una ola de sensación y emoción se apoderó de mí, envolviéndome mientras mi cuerpo se contrajo, todo con centro en mi corazón.
Aceleró sus movimientos con urgencia en respuesta a mí, y levanté mis caderas para subir y bajar a tiempo con ella.
—Beauty... —Me miró a los ojos y me sonrió con valentía, sin embargo, por un momento, me sentí completamente expuesta.
—Está bien —acepté en voz baja, y apretó mis manos íntimamente a su alrededor.
Se mordió el labio inferior y sus ojos se estrecharon cuando la sentí estallar y latir dentro de mí. Ella se estremeció antes de relajarse y permitir que su cuerpo cayera sobre el mío.
—Yo... no puedo... respirar, enana—me quejé en broma, empujando sus hombros.
—Lo siento—Se rió y rodó sobre su costado—. Eso... fue increíble —susurró entre respiraciones trabajosas. Se inclinó hacia mí, besando mi nariz antes de consolidarla en un brazo—Te amo… Lo voy a arruinar todo porque no sé qué demonios estoy haciendo. Prométeme que vas a tener paciencia conmigo. Evalúame con una curva de aprendizaje o algo así.
—Realmente deberías estar en ventas, ¿lo sabías? —bromeé rodando mis ojos.
—Prométemelo, Quinn… tenme paciencia.
—Sólo si me prometes no hacer nada que me avergüence o me haga parecer estúpida.
