Era la primera salida a Hogsmeade de la primavera. Los días de invierno se alejaban, la hierba comenzaba a florecer y el sol calentaba más que antes. Los alumnos de Hogwarts, entre ellos una muchacha pelirroja y un joven rubio, se dirigían al pueblo. Parecía que los dos chicos eran exactamente iguales a los demás, pero no podían ser más diferentes. Porque Scorpius Malfoy y Rose Weasley no estaban ansiosos por llenarse los bolsillos de golosinas en Honeydukes, o por tomar tanta cerveza de mantequilla en Las Tres Escobas que regresarían mareados al castillo. Aquel día se encontrarían con los padres de la chica, aunque ni Hermione ni Ron Weasley supieran que la acompañaba Scorpius.
Había sido difícil tomar la decisión de escribirle a sus padres, aunque Rose logró hacerlo. Sólo el hecho de pensar en cómo la mirarían, en cómo su vida estaba por cambiar para siempre, la aterrorizaba. Pero se lo debía a su hijo. Y una madre era capaz de cualquier cosa.
Albus se despidió de sus amigos en la calle principal del pueblo, corrió para encontrarse con Cloe Thomas y los dejó atrás. Rose ignoró las miradas que los demás estudiantes les dirigían, aún sin acostumbrarse al hecho de que Rose y Scorpius de hecho no sólo se llevaban bien, sino que además tenían una relación amorosa. Los términos de ésta y las circunstancias especiales aún eran ajenos para muchos de los estudiantes, que pensaban que Rose estaba intentando engatusar a Scorpius para que no la dejara nunca. Ella no se había molestado en desmentir esos chismes, porque si había alguien a quien le debiera explicaciones era sólo su familia.
Scorpius respiró profundo para tomar la mayor cantidad de oxígeno posible antes de hiperventilar. No era que tuviera miedo, o que fuera un cobarde como muchos creían, sucedía que no quería ser causa de preocupaciones para Rose, y conocer al padre y a la madre de ella lo intimidaba hasta niveles increíbles.
—Estaremos bien —le prometió Rose, mirándolo con amor y poniendo su mano contra la fría mejilla de Scorpius—. Y si no, por lo menos estaremos juntos.
Él se inclinó para besarla con ternura.
—Eso ni lo dudes.
Armados de valor, se dirigieron al punto de encuentro. Habían quedado en un café que era poco frecuentado por los estudiantes de Hogwarts, principalmente porque Rose no quería que el resto del alumnado estuviera presente cuando su padre le gritara como un loco. No había silenciado los chismes, pero tampoco tenía por qué dar lugar a más.
Mientras se dirigían allá, pasaron justo por enfrente de la tienda donde habían comprado lo único que alguna vez comprarían para su bebé, un sombrerito de mago y un peluche de zorro diminuto, que ambos llevaban en ese momento escondidos en las túnicas. Scorpius sintió un pinchazo en el corazón, pero se dijo que estaba bien. Estaba más que bien sentir eso.
La madre de Rose, Hermione, era una mujer muy hermosa. Tenía el cabello castaño recogido en un elegante chongo y llevaba un chubasquero color café claro. Su expresión se veía suave, como si fuera una mujer habitualmente amable, pero había algo en la forma en la que los miraba que hizo que el ánimo de Rose se ensombreciera. No mostró sorpresa alguna al verla aparecer con Scorpius Malfoy, reacción totalmente diferente a la del padre de Rose. Ronald Weasley, con su cabello pelirrojo y pecas, parecía totalmente confundido al ver al muchacho ahí. Le lanzó una mirada a Rose exigiendo una explicación.
Actuando con normalidad, la pelirroja le indicó a su novio que se sentara en una de las sillas de la mesita del café y ella hizo lo mismo.
—Hola mamá, hola papá —saludó con nerviosismo.
Hermione intentó comportarse con cortesía.
—Hola, Rose. ¿Qué tal, Scorpius? —le dio un codazo mal disimulado a su esposo para que saludara, cosa que el Señor Weasley hizo a regañadientes. —¿Querías hablar con nosotros, hija?
Ella suspiró.
—Así es. Bueno, la razón por la que Scorpius está aquí es porque tenemos algo importante que decirles. —Comenzó. El corazón le martilleaba en el pecho a mil por hora —. Estamos juntos, como…eh, juntos juntos. Saliendo.
—Somos novios —dijo Scorpius.
La expresión de Hermione fue como la de quien confirma sus peores sospechas, mientras que Ron estaba igual de rojo que su cabello. Rose se venía ver aquello, así que antes de que estallara la discusión tomó valor y dijo lo que había ido a decir.
—Yo lo amo, y él me ama a mí. Confío en Scorpius, hemos pasado por muchas cosas juntos y ese es el motivo por el que les pedí que vinieran. Tengo algo muy importante que decirles, y espero de verdad que sepan que nunca haría nada que los lastimara. El año pasado… el año pasado estuve embarazada. Y yo… espera, papá. Por favor. Escucha. —Sintió la mano de Scorpius sujetar la suya con fuerza y recordó sus propias palabras. Por lo menos estaban juntos.
—¿Qué pasa contigo, jovencita? No puedes soltar algo como eso y esperar que tu padre no reaccione así… Rose, ¿qué pasa? ¿por qué no confías en nosotros? ¿estás embarazada? —inquirió su madre. Rose sintió el habitual nudo en la garganta, pero se lo tragó.
—No es eso mamá. Bueno, quizá sí. La razón por la que no les dijimos sobre lo nuestro antes fue porque teníamos miedo.
—De verdad amo a su hija —la interrumpió Scorpius, decidido. —Rose es más preciada para mí que mi propia vida. Pero sabíamos que no lo aceptarían, porque sé lo que piensan de mi padre. Sé que él hizo cosas malas cuando era joven, sé que sólo le puedo ofrecer a Rose un apellido del cual estar avergonzada. Pero también sé que la amo, y que ella me ama a mí.
—Por eso no dijimos nada, mamá. Cuando supimos que estaba embarazada, tuve mucho miedo. Pero después supe que haría lo que fuera por mi hijo. Lo que fuera. Y a él le debo esto, porque ya no está. Hubo un accidente en un partido de quidditch y lo perdí. Escondimos el secreto durante varios meses, pero no quiero seguir haciéndolo más. Durante mucho tiempo me culpé, pensando que quizá si yo se los hubiera dicho, que quizá si hubiera sido honesta… él estaría aquí.
Hermione la miraba con los ojos llenos de lágrimas, como si no reconociera a la chica que tenía enfrente. Su padre también la veía con la más profunda de las tristezas, aunque Rose sabía que era más parecida a decepción que a otra cosa.
—No puedo creer que nos hicieras esto, Rose —dijo su padre al fin. Luego miró con odio a Scorpius. —Tú tienes la culpa de esto, tú le hiciste esto a mi Rosie. La convertiste en esta persona que no conozco. Me las vas a pagar, Malfoy.
Rose sollozó.
—Papá, no es verdad. Sigo siendo la misma, soy quien siempre he sido. Por favor.
—Entiendo, Señor Weasley, que se sienta así. Yo nunca haría algo para herir a Rose. Se lo juro —contestó Scorpius.
—Ronald —rogó Hermione—, ven aquí, cielo. No digas cosas de las que te puedas arrepentir.
—¡¿Cómo me voy a arrepentir de decir esto, Hermione?! ¡Nos robó a nuestra hija, a nuestra niña! Le hizo todo eso a Rose. ¿Cómo podría arrepentirme de mis palabras?
—¡Basta! —dijo Rose con fuerza. —Él no hizo nada malo. Scorpius es una buena persona, él me ama. Me respeta. Y ha estado conmigo en todo. Hemos pasado por todo este dolor juntos. Por favor, papá. Vine a hablar de esto con ustedes porque se lo debo a alguien. Porque si no… no podré honrar su memoria. No lo manches con esto.
Hermione se limpió las lágrimas de los ojos.
—¿De cuánto estabas? —preguntó. Rose tardó un poco en darse cuenta de a qué se refería. —Rose, ¿de cuánto estabas?
Ella exhaló un suspiro que no sabía que estaba conteniendo.
—Casi tres meses.
—Siempre supe que nada bueno podía salir de un Malfoy —gritó Ron con odio saliéndole de los poros. Y entonces Rose no lo soportó más. Antes de que Scorpius pudiera defenderse, habló ella. Y sus palabras retumbaron para siempre en el corazón de Ronald Weasley.
—¡Ten cuidado con lo que dices, padre, porque estás hablando de mi familia! ¿O debería recordarte que Antares, tu nieto, es un Malfoy como su padre? Quizá él ya no esté aquí, pero voy a honrar su memoria y te pido que, si me amas o alguna vez lo hiciste, hagas lo mismo.
Ron se dejó caer en su silla, pasmado. Se tapó la cara con una mano temblorosa. Hermione y Scorpius veían sombrados a Rose.
—No te reconozco, Rose Weasley.
Scorpius vio que a ella le temblaba el labio, conteniendo las lágrimas. Pero mantenía un porte orgulloso.
—Pero yo sí sé quién soy —contestó a su padre. Miró a Hermione, la castaña suspiró con pesar.
—Quizá sea mejor si dejas que tu padre y yo procesemos todo esto. Ahora mismo podríamos decir algo de lo que después nos arrepintamos.
Rose entendió lo que quiso decir incluso sin que ella pronunciara las palabras. Era hora de irse. Asintió secamente y ella y Scorpius salieron del establecimiento.
Era la tarde cuando volvieron al castillo. Rose estaba cansada, pero extrañamente tranquila. En el viaje de vuelta se recargó en el pecho de Scorpius, que besó su cabello y suspiró contento de olerla. Le había dicho que siempre podía ir con él a la Mansión Malfoy durante el verano si sus padres se ponían pesados. Y después de séptimo, serían mayores de edad y podrían buscar un empleo.
Albus los estaba esperando en la entrada. Scorpius y Rose se acercaron a él. Albus tenía una expresión curiosa en el rostro, como si estuviera impaciente por encontrarlos. Rose se moría de hambre.
—¿Qué tal les fue?
Scorpius alzó una ceja.
—¿Cómo crees?
Albus bufó.
—Al menos sigues vivo.
—Mi papá estaba demasiado estupefacto como para estrangularlo —comentó Rose, bostezando. —Me muero de hambre.
Albus la miró, sujetándose la muñeca con nerviosismo. Se aclaró la garganta.
—Sí. Sobre eso, Hagrid nos ha invitado a cenar. —dijo.
Rose gimió.
—Tú saber que aprecio mucho a Hagrid, más después de la ayuda que nos dio. Pero no creo que sea la mejor idea aceptar su comida.
Albus se sonrojó.
—Se va a poner triste si no vamos. Anda, volveremos al Comedor antes de que la cena termine. Pero para eso tendremos que irnos ahora.
Scorpius y Rose accedieron. Los pasillos estaban bastante silenciosos y solitarios. Y entonces la somnolencia se le quitó a Rose de súbito cuando vio a lo lejos un par de figuras altas. Scorpius se detuvo en seco y miró a Albus, que parecía de repente muy interesado en el horizonte.
—¿Qué están haciendo mis padres aquí, Al? Tú no sabrás de nada de esto, ¿verdad? —le preguntó Scorpius a su mejor amigo.
—McGonagall les dio permiso para venir a verte —contestó con rapidez Albus.
Rose examinó su vestido lila. De repente parecía una elección bastante desafortunada. Si hubiera sabido que conocería por primera vez a los padres de su novio ese día, se habría peinado mejor, se habría maquillado o algo que la hiciera ver menos inadecuada. Desde lo lejos veía que Astoria Malfoy vestía un elegante vestido verde y que llevaba el ondulado cabello negro en perfecto orden. Draco Malfoy no se quedaba atrás en elegancia, con su taje negro aristocrático. Parecían haberlos visto, porque Astoria saludó con la mano a Scorpius, pero no se encaminaron hacia él.
—Esto…eh, mejor volveré al Gran Comedor —balbuceó—. Te veré más tarde, Scor.
Pero el chico, divertido ante la reacción de ella, la tomó del brazo con suavidad y le colocó una mano en la mejilla, quitándole un mechón pelirrojo de la cara.
—Lo más seguro es que quieran conocerte —le dijo, mirando con amor la expresión asustadiza de Rose—. No seas tímida. Ven.
Rose sabía que se lo estaba pidiendo. Después de todo, ya la habían visto a ella también. Si Scorpius había soportado con tanta dignidad los insultos de su padre, ella debía corresponderle y no huir.
—Yo los espero con Hagrid —dijo Albus, un poco incómodo—. No se tarden, chicos.
Y dicho eso, se fue. Saludó alegremente a los señores Malfoy a su paso antes de perderse de vista todo pelo desordenado y descuidos, tal como era Albus.
Rose respiró hondo. Tomó la mano de Scorpius y ambos se dirigieron hacia donde estaban los padres de éste.
—Mamá, papá —saludó Scorpius. De cerca, pensó Rose, eran aún más intimidantes. Scorpius tenía mucho parecido físico a su padre, pero también cosas inconfundibles de la expresión amable de su madre.
—Hola, querido —saludó su madre abrazándolo.
Su padre esperó pacientemente a que Astoria soltara al chico para abrazarlo también. En la expresión que surcaba su rostro al mirar a su hijo, Rose se dio cuenta de que probablemente Scorpius era lo más preciado que Draco Malfoy tenía en su vida.
Una vez que padre e hijo se separaron, Scorpius le ofreció la mano a Rose para que la tomara. Ella lo hizo con nerviosismo.
—Mamá, papá. Esta es Rose Weasley, mi novia —dijo Scorpius con orgullo en la voz.
Entonces Rose sintió las miradas de los Malfoy posadas en ella. De repente fue más que consciente de las pecas de su rostro y hombros, del cabello rojo y del parecido que debía tener ella misma con sus propios padres.
—Un gusto conocerlos —dijo, estrechando la mano de Astoria y de Draco.
—El gusto es nuestro, Rose —comentó la señora Malfoy. —Scorpius nos ha hablado de ti, aunque habríamos deseado que las circunstancias fueran diferentes.
—Lamentamos su pérdida —dijo Draco. Rose pensó que no se parecía en nada a las historias que solía escuchar sobre él, un niño mimado y grosero.
Rose se tocó el hombro.
—Gracias, de verdad.
—Tu madre y yo queríamos saber si estaban bien —le dijo Draco a Scorpius. —Albus nos dijo que irían a cenar con Hagrid, les acompañaremos brevemente.
Los cuatro comenzaron a caminar.
—Sobrevivimos —contestó Scorpius, haciendo una mueca.
—No está tan mal —afirmó Rose, intentando sonar optimista. Debió haberla traicionado su voz, porque Draco y Astoria se giraron a mirarla, Astoria levantando una ceja inquisitiva. Rose se detuvo. Sabía que a veces podía llegar a ser incómodo ver llorar a otras personas. Pero le parecía lejano el tiempo en que sus propios padres la habían abrazado con tanto cariño como los Malfoy a Scorpius. Después de esa mañana, no sabía si volvería a sentir ese apoyo. Su familia le había dado la espalda cuando más los necesitaba. —Yo…lo siento, quizá sea mejor si los dejo solos.
Y entonces sucedió una de las tantas cosas que dejaron estupefacta a Rose ese día. Astoria Malfoy la sujetó y la envolvió en un abrazo maternal. El abrazo transmitía tantas cosas que Rose sintió un enorme alivio, se sintió querida otra vez, se sintió protegida.
—Está bien —le dijo Astoria para tranquilizarla—. Es normal que te sientas así. A nosotros nos costó tanto trabajo encontrar a nuestro Scorpius. Durante una época casi nos rendimos, ¿cierto, Draco? Y pasamos por esto también. Sin embargo, valió toda la pena del mundo sólo para conocer a este jovencito de aquí.
—Scorpius es nuestro mayor orgullo —confirmó Draco—. Y tú eres bienvenida a la familia, Rose.
—Yo… no sé cómo agradecerles —titubeó ella. —Me he sentido tan sola. Claro que Scorpius siempre ha estado aquí, pero… mis padres… honestamente, no sé si algún día dejarán de estar decepcionados de mí.
Draco bufó.
—Ronald Weasley puede ser obstinado hasta el tuétano, pero al final el cabezota es demasiado leal. No te dará la espalda. Y Hermione Granger, bueno… en nuestro tercer año me golpeó la cara ahí —señaló un punto de los terrenos de Hogwarts, cerca del camino hacia la cabaña de Hagrid. Frunció el ceño—. Siempre luchó por lo que consideró correcto. No te va a dejar sola.
Rose suspiró.
—Gracias por sus palabras, señor y señora Malfoy. No saben la falta que me hacían.
Astoria sonrió con amabilidad.
—¿Para qué está la familia?
Se encaminaron a la cabaña de Hagrid. Y ahí estaban.
Rose no supo qué sentir, qué pensar, qué hacer en el momento en que los vio. Todos sus primos: Roxanne, Albus, Lily, Hugo, todos… Hagrid, y algunos otros alumnos de Hogwarts con los que mantenía una relación cordial o amistosa estaban reunidos afuera de la cabaña del semigigante. Había un pequeño arco de flores, como si se fuera a celebrar algo, y alguien había hechizado algunas luces para que flotaran por el lugar. El horizonte se estaba pintando de naranja, dando paso a la noche.
Rose y Scorpius miraron a Albus inquisitivamente.
—Hola —dijo él nervioso—. Bueno, Hagrid tuvo una idea y todos creímos que era buena. Así que… le pedí a tus padres que vinieran, Scorpius. También avisé a mis tíos, pero no sé si vendrán. Hicimos esto entre todos. Venga, acérquense.
Scorpius y Rose hicieron lo que Albus les pedía. Se acercaron al grupo de personas, Hagrid les sonreía con cariño, los primos de Rose intentaban lucir solemnes y en general les miraban con expresiones de simpatía. Los Malfoy tomaron también su lugar. Entonces Albus tomó una gran canasta de flores, escogió un puñado y pasó al frente.
—Está bien, me toca empezar. Yo creo que Rose habría sido buena mamá porque siempre se preocupa por los demás. A los ocho años, me curaba los raspones que me hacía jugando quidditch porque yo no quería contárselo a mi madre. Y creo que Scorpius habría sido buen papá porque es leal y paciente. Me dijo que no hiciera caso de las burlas en nuestro primer año, y desde entonces es mi mejor amigo.
Pronunció un hechizo, apuntando su varita a las flores y estas se plantaron en la tierra, de inmediato luciendo fuertes y vivas.
Hugo fue el siguiente en hablar.
—Yo creo que mi hermana habría sido buena mamá porque ella es comprensiva. Nunca ha juzgado a nadie de la familia, aunque todos nos hemos equivocado. Y creo que Scorpius habría sido buen papá porque veo el amor que le tiene a Rose, y es puro.
Realizó el mismo hechizo que Albus había hecho antes, y las flores se unieron a las otras. Uno a uno, quienes estaban ahí dijeron una razón por la que Scorpius y Rose habrían sido los mejores padres del mundo. Rose no podía hablar. Más allá de creer en todas las cosas buenas que decían sobre ella, le sorprendía que hubiesen tenido la idea de hacer un gesto así. Algo que reconociera la existencia de un seri que ella y Scorpius habían creado, habían perdido y amado. Incluso los señores Malfoy dijeron palabras amables, mientras se hacía un pequeño cúmulo de flores sembradas que crecerían ahí, que vivirían. Rose y Scorpius sabían que, durante el tiempo que les quedaba en Hogwarts, siempre que vieran aquel lugar recordarían con amor a su hijo. Como las flores, su recuerdo vivía. Y Rose sabía que aquello no cambiaría nunca en su corazón o en el de Scorpius.
Cuando las palabras terminaron, Rose tenía un nudo en la garganta tan fuerte que no pudo hablar. Pero Scorpius encontró su voz para agradecerles a todos. Miró a Rose con ternura. Merlín, cuánto la amaba.
—No lo hemos dicho en voz alta —dijo Scorpius—. Pero, aunque no lo parezca, Rose y yo tenemos un hijo.
Y entonces finalmente el nudo se deshizo. Rose vio las expresiones orgullosas de los Malfoy, el amor de todos los Weasley, y la comprensión de Hagrid y de los demás presentes. No estaba sola. No estaba olvidada, ni abandonada. Ya nunca lo estaría. Su voz también se unió a la de Scorpius, y sintió una ternura infinita en el corazón cuando habló.
—Tenemos un hijo, y se llama Antares Malfoy.
Yyyyyy… aquí termina el fic. Me ha gustado mucho el resultado, la verdad. Espero que a ustedes también les guste este pequeño fic que para mí es muy tierno. Les envío muchos saludos, buena salud y cosas positivas. ¡Gracias por leer!
