Parte 2

La joven observaba como el chico sin ningún tipo de remordimiento se aproximaba a ellos, esto le dio un sentimiento de ira hacia su persona.

- ¡Tú!, a ti si también te voy a clavar esto en el pecho, ¡déjanos salir de aquí! -

-Tienes razón, esto se ha ido de las manos, nunca me había pasado, pero aún podemos salir-

- ¿Y cómo? -

- ¿recuerdas los collares?, tal vez rompiéndolos podemos salir de aquí-

-Sí, bueno, suena sencillo, ¿pero debo suponer que ustedes tienen el otro collar? -

-Claro que lo tengo, está justo aquí- Belafonte había enseñado su mano desnuda sin pruebas...

-Me estás tomando el pelo, ¿no?, no tenemos tiempo para perderlo idiota-

-No lo estoy haciendo, juro que lo tenía aquí mismo-

-Pues ya vimos que no- reprochó la joven.

Sin dejar hablar al chico frente a ella, una extraña sensación sacudió el piso produciendo un enorme remolino de bruma roja, parecía que un ser emanaba de ella, los tres jóvenes miraban sorprendidos aquello.

- ¡Qué es eso! -

-No parece bueno Eli-

-Sino salimos de aquí nos va a matar y el ritual concluirá con nuestras vidas-

-Vaya, ahora te preocupa tu vida, ¿no?, ¿qué se siente estar del otro lado Belafonte?-

-Ya... lo entiendo-

-Eli, no es momento de recriminar, debemos salir de aquí ya-

-Pero... -

-Nada, primero lo importante-

-Vale-

Pero la inmensa niebla atacó sin aviso y cual hormigas diminutas los tres chicos salieron corriendo de sus enormes y potentes ataques, Tintín tomó la mano de Elizabeth y protegiéndola corría sin dirección para mantenerlos a salvo, por su parte, Belafonte ahora temeroso por lo que estaba pasando se odio así mismo de estar en esa posición, la tapa de remordimientos se abrió al estar viviendo todo ese lío, se sentía avergonzado, inútil y con un potencial desperdiciado y todo por hacer caso a esos estorbosos sentimientos, era estúpido que hasta entonces sentía en su corazón ese enorme vacío al percatarse que el amor entre dos personas no se origina obligando al otro, y ese pensamiento realista surcó su mente ante tal peligro. ¿Esto es a lo que se refieren sentirse solo?

Belafonte paró unos segundos y dio un vistazo detrás de él, no pudo percibir a los chicos en ningún lado, hasta toparse con una extraña figura de humo aproximarse a él. Aterrado trató de escapar, pero ahora el humo mágicamente tenía la rigidez de una pared, entonces trató por otro lado, resultó lo mismo, de nuevo a su derecha, nada. Ahora mismo se temía lo peor.

-Eres un traidor, sucia rata de alcantarilla, mentiroso- una voz gutural resaltaba en ese espacio tan reducido.

- ¡No puedes mandar en mi cabeza "A", mis sentimientos siempre son míos, puedes mandar en todo lo demás, pero no en mi-

-No te das cuenta de todo lo que hemos alcanzado?, gracias a mi tú estás en dos piernas, gracias a mi volviste a la vida y ahora sin ella... morirás-

-Lo dudo, si ella vive yo estaré mejor, no podría vivir si ella no está aquí, aunque no esté a mi lado-

- ¡Idiota! -

la entidad de humo formó en sus brazos una cuchilla y se abalanzó hacia el chico, este esquivando los movimientos de aquel ser cuidaba de no ser herido. Pensó en algo con que protegerse, pero no encontró nada, estaba realmente solo en esas circunstancias. Un nuevo ataque se dio, pero esta vez no pudo librarse, una herida algo grande comenzaba a sangrar en sus costillas, tocó su herida y con la poca energía se tiró al suelo hincado. El ser de humo comenzaba a reír, alzó el brazo con el arma y decidido dio un último golpe. Belafonte presintiendo su destino cerró los ojos, pero un sonido sordo lo sorprendió.

Enfrente de él estaba Elizabeth sosteniendo la daga, se percibía que la palma de sus manos sangraba y sin hacer gestos sostenía determinada el arma; la joven aguantando el dolor pudo retirar al agresor unos pasos atrás, no quería ver sus heridas así que las empuño, dio un vistazo menor y las gotas de sangre ahora estaban en el suelo. Trato de no estremecerse y concentrarse en lo que pudiera ocurrir ahora.

-Elizabeth, ¿por qué? -

-No dejaré que esa cosa te mate primero, eso me lo reservaré para mí después, así que ponte de pie, recuerda que unidos podemos con eso- después de escupir las palabras listas para decir se tendió en el suelo, ahora el dolor de las heridas le punzaba más intenso, que ingenua de pensar que sus manos son de hierro.

-¡Oye! - Belafonte se puso de pie de forma estrepitosa al verla en el suelo quejarse por el dolor, sacó un pañuelo que siempre llevaba en su saco y lo tendió en las manos de su compañera. -No hagas cosas con el sentimiento impulsivo o acabarás como yo-. La joven sólo lo observó con detenimiento, era gracioso pensar que el sujeto que la raptó le diera un vistazo a su empatía.

-Es un buen consejo, pero... ¿y tu herida?, vamos no te dejaré morir aquí, no aún- pronunció lo último con un poco de sarcasmo.

-Siempre se puede usar mi saco para eso, ayúdame-

Elizabeth asintió y entre los dos trataron de hacer un pobre torniquete con los escasos recursos que tenían, al final la chaqueta elegante del joven quedó despedazada y algo empapada de sangre en las costillas del mismo, Elizabeth parecía aliviada, pero ahora debían estar centrados en encontrar de nuevo a Tintín.

- ¡¿Profesor no podemos hacer algo más que observar todo?!- grataba Marc alterado.

-Podemos hacer algo, pero estoy no lo tenía previsto, miren los dos acérquense, necesito decirles esto-. El capitán y el chico se acercaron a donde estaba el profesor mirando una de las pantallas de monitoreo y con un dedo apuntó a una de ellas.

- ¿Ven? -

-No entiendo, sólo veo rayitas de colores- bromeó Haddock.

-Exacto, esas mismas nos dicen los pulsos de Tintín en caso de haber un problema, ellas nos lo dirán, ¿recuerdan ese sonidito de los hospitales, son exactamente lo mismo-

-Ya entiendo, pero... ¿Qué me quiere decir todo eso? - consternó Marc.

-Tintín de verdad está dormido, esto quiere decir que podemos usar eso a nuestro favor, cuando dormimos soñamos, si saben a lo que me refiero-

- ¡Entiendo, de verdad es un genio! -

-Sigo sin entender-

-Debemos decirle eso a nuestro amigo jóvenes, hacerle creer que todo lo que está viviendo es un mal sueño, una pesadilla, aunque desafortunadamente no lo es-

-Yo me encargaré de eso profesor, venga capitán debe seguirme la corriente-

-Eh, bueno-

Marc se colocó a un lado del cuerpo tendido de su amigo, lo observó preocupado rezando que todo saliera bien, ya que, la inmensa niebla había cubierto todo el campo visual de Tintín, sólo eso se podía ver.

- ¡Tintín sabemos que sigues en ese infierno, pero debes pensar que todo es un sueño, puedes usar eso a tu favor soñando lo que necesites-

- ¿Te refieres a soñar? - pronunció agitado mientras corría sin una dirección.

-Eso mismo, puedes soñar un arma, o algo que necesites contra la pesadilla-

-Espera... ¿podré soñar el collar? - Tintín cerró los ojos y como pudo se concentró entre el caos a su alrededor, rememoró las imágenes de aquel accesorio, una débil cadena de oro que adornaba a un pequeño cuarzo de cristal, muy sencillo para su gusto; como por arte de magia aquello ahora estaba en sus manos, se sorprendió así mismo, era cierto lo que Marc le comentaba.

-El collar, si estoy soñando entonces esto es una réplica- entonces una brillante idea se le ocurrió.

-Debo encontrarles, esto aún no acaba-

Elizabeth apoyaba el brazo de Jerry en su cuello, al ser él más alto se le dificultaba mover a los dos en armonía, pero agradeció tener la suficiente fuerza como para aguantarlo. Ya hace unos minutos ese ente se había ido, no comprendían por qué pues fácilmente hubiera aprovechado para matarlos, de igual forma, se alegraba que no lo hubiera hecho, sin embargo, y aquí venían de nuevo los peros, no había pista alguna de aquella daga para poner fin a su martirio y eso le preocupaba mucho, ahora estaba caminando sin rumbo por aquel enorme lugar hasta percatarse que unas extrañas líneas color rojo comenzaban a dibujarse en el suelo. Extrañada observó todo aquello con atención hasta que Jerry habló.

-El ritual, ya está comenzando, no tenemos más tiempo Elizabeth-

- ¿Qué hacemos? -

-Aún falta la daga y ese demonio sólo está jugando con nosotros, su presa, me temo que para volver a tener una chance de quitársela es provocarlo, con suerte servirá-

-Pero nos ha atacado múltiples veces, ¿cómo podemos? -

-Siempre nos ataca con algo puntiagudo, espada, dagas algo filoso, tengo la sensación que rompiendo aquello podemos empezar a eliminarlo-

- ¿Enserio apenas me dices eso? -

-Apenas se me ocurrió, puede que funcione, no sé, tampoco he estado en esta situación-

-Está bien te daré el beneficio de la duda-

Elizabeth echaba vistazos por todos lados, estaba casi segura que algo se les venía encima, hasta poder comprobarlo, ella estaría atenta, pero no del todo ya que una mano rozó su palma, y ante ellos una figura conocida los saludó.

- ¿Cómo nos encontraste tan rápido? -

-Con imaginación, Eli todo esto es un mal sueño, si estamos aquí podemos hacer lo que queramos-

- ¿SUEÑO? -

-Sí, miren- Tintín sacó de su bolsillo el falso collar, los dos jóvenes reaccionaron asombrados.

-¿¡Cómo obtuviste el collar?!-

-Exacto, no lo hice lo imaginé, esto puede usarse como un cebo, una trampa para salir de aquí-

-Exacto, no lo hice lo imaginé, esto puede usarse como un cebo, una trampa para salir de aquí-

- ¿Sólo así? - Elizabeth no parecía muy convencida, pero qué otra opción tenía, era esto o morir. Así, cerró sus ojos y decidió visualizar un arma como la del chico, color, tamaño, materiales, munición, cuando abrió de nuevo los ojos aquello estaba en su mano, curiosa y con algo de temor miró aquella arma, ¿era de verdad?, ¿acaso podrían matarle con una munición aquello sin cuerpo?... podían intentarlo.

-Es verdad, ¿qué demonios?, Tintín... ¿de verdad podemos ganar? -

-Es mejor que nunca hacerlo-

-Entiendo, ahora nos toca retarlo-

Los tres jóvenes caminaron decididos ante la enorme penumbra; una horrible sensación de opresión los llevo a estar alerta, pero aquello no parecía estar feliz de verlos de vuelta, ya que, un golpe estrepitoso tumbó a Belafonte al suelo, el chico aún herido emitió un alarido de dolor, la herida algo grave seguía ardiendo; Elizabeth trató de disparar, si ella imaginaba que las balas podían herirlo, lo demostraría en la "vida real". Por desgracia no pudo darle por los movimientos tan rápidos que hacía. Frustrada bajó el arma y fue a checar a Jerry, Tintín ya estaba con él ayudándole.

- ¿Estás bien? -

-Algo-

-Sólo necesito una venda, está algo abierta pero no podrás morir, sonará tonto, pero trata de no usar tu brazo izquierdo, jalaras aún más ese corte en tu costado- recalcó Tintín.

-Entiendo, tampoco quiero estorbarles aún más, yo, bueno- hubo un poco de silencio, aclaró su garganta y prosiguió. -Cometí un error, uno muy grave al no estar contento con todo lo que me pasó, el no cerrar un duelo me ha llevado a pactar con ese ser, a meterlos en apuros y en casi arrebatarte la vida Elizabeth, además de romper una bonita relación entre ustedes, no sé porque me siguen ayudando si soy un horrible ser humano, egoísta y.… malo, asesiné personas y no me di cuenta de ello, ahora misma mismo siento terrible, jamás me podrán perdonar y lo acepto-

-Bueno, no puedo decir que tienes mi mejor impresión, hiciste cosas terribles, pero debo agradecer que has dejado viva a Eli, no me malinterpretes no debo justificarte, eso no me toca-

-Lo mismo que Tintín, no hay una justificación, pero es bueno arrepentirse de cosas tan serias-

-Bien-

- ¡Cuidado Eli! -

Tintín tomó del brazo a su compañera y lo tiró hacia atrás, una enorme masa de nubes rojas caía en picada separada a los chicos con Belafonte. Elizabeth pegó su cuerpo al lado de su amado, y pudo distinguir que algo brillante se movía en todo ese enorme banco de niebla, ¿podría ser el collar verdadero?, sin pensarlo se lo comunicó a Tintín y con sólo mirar al otro supieron qué hacer.

Elizabeth comenzó a disparar para atraer su atención, aquella cosa enorme había crecido aún más, ahora era todo un humanoide, o, mejor dicho, un monstruo con cara de buey, con unos poderosos brazos trataba de aplastarlos como insectos, la chica pudo notar que en unos de sus ojos rojos un destello brillaba, era eso, ¡su ojo era el collar!

-Su ojo, su ojo derecho, ¡ahí está el collar! -

- ¿Estás segura? -

- ¡Míralo!, ¿qué otra cosa brilla así?, lo difícil será derribarlo-

-Lo podemos derribar-

-O podemos subir- Elizabeth terminó y salió corriendo hacia el monstruo, tenía pensado

- ¡No!, diablos esta chica impulsiva-

Elizabeth con el arma enfundada trató de captar su atención y lo logró, aquel ser enorme empuño su mano y la azotó en el suelo, su propósito era aplastarla, pero siendo ella tan pequeña era más rápida y detrás del puño comenzó a disparar, imaginó que las balas le hirieran y así fue, unas peculiares balas dieron en el blanco, ahora con todo su esfuerzo imaginó unas enormes raíces salir de suelo, Tintín se apresuró para unirse, y juntos capturaron aquel monstruo. Trataron que estas raíces fuera lo suficientemente fuertes para soportar los jalones del ser, y aparentemente lo consiguieron.