Subi dos seguidos, porq es necesario jajajajaja aquí se resuelven algunas dudas, espero que les guste :D

Los días siguientes en la escuela sufrí con el estatus de pseudo-celebridad que mi afortunada atajada me hizo ganar. Kaien lo consideró hilarante y no se perdió nunca la oportunidad de sacar el mejor provecho de mi notoriedad.

-¡Abran paso, ciudadanos de Wrickenridge, para la más flamante nueva adquisición en el fútbol femenino!- trotó en reversa frente a mí mientras Miyako, Lin Lin y yo nos dirigíamos a clase de Ciencias.

-Kaien, por favor- dije entre dientes, conciente de las risas a nuestro alrededor.

Miyako lo hizo mejor: le pegó en las costillas con una de sus garras.

-Dale un respiro, Kaien.

-¿Eres su agente, Miko?

-Seeh, y no te dará una entrevista.

-Eres una mujer difícil.

-Tienes razón en eso. Ahora apártate.

-Ya me fui- Kaien se giró y corrió hacia su clase.

-Ese chico está en las ligas mayores de los pesados- anunció Miyako.

-Él piensa que es gracioso- ofrecí.

-Lo es, la mitad del tiempo- dijo Lin Lin, enroscando un mechón de su pelo súper lacio alrededor de uno de los dedos, pensativamente- Siempre supuse que se la pega con Miyako porque le gusta tanto.

-Repite eso y te mueres- le advirtió Miyako.

-Él siente algo por ti desde que estaban en el cuarto grado y lo sabes.

-No quiero escuchar esto. No estoy escuchando- Miyako cortó a Lin Lin con la mano.

Lin Lin consideró que había ganado esa discusión así que dejó el tema.

-Y dime, Rukia, ¿vas a venir y mirar al equipo de béisbol hoy? Estaremos jugando contra Aspen.

-Si lo hago, ¿una de ustedes me explicará qué es lo que está pasando?

Lin Lin gimoteó.

-No me digas, no te sabes las reglas del béisbol. ¿Dónde has estado viviendo toda tu vida? ¿Bajo una roca?

Me reí.

-Nop. En Richmond.

Miyako le dio un codazo a Lin Lin para que se calmara un poco.

-Seguro, te mantendremos informada, Rukia. El béisbol es divertido.

Lin Lin miró a Miyako con una ceja arqueada.

-Ichigo está en el equipo, sabes.

Fingí interés en un folleto clavado en la pizarra de noticias fuera del laboratorio.

-Podría haberlo imaginado.

-Es una razón extra para venirte.

-¿Lo es?- contesté a la ligera.

-Eso es lo que dicen.

-Hubiera pensado que es una razón para perdérmelo.

Lin Lin echó unas risitas.

-Soy una chica más del tipo de Tochiro, esos lindos lentecitos y ese aire de estudioso me puede siempre. Es como un Harry Potter ardiente.

Me reí, como Lin Lin esperaba, pero mi mente estaba trabajando horas extra. ¿Estaba todo el mundo especulando acerca de Ichigo y de mí? ¿Por qué? Éramos la pareja menos probable de toda la escuela. Sólo porque él me ayudó frente a los de nuestro año y se me quedó mirando el resto de la tarde.

-¡Mira quien está!- se jactó Miyako, dándome un codazo en las costillas.

Enemigo a las doce en punto: Ichigo estaba justo abandonando el laboratorio,

en conversación con otro chico. Intenté mi técnica de camuflaje comando, escondiéndome tras de Miyako.

-Hola, Ichigo- dijo Lin Lin con un tono falsamente femenino.

Me encogí avergonzada. Nos hacía sonar como un puñado de sus fanáticas.

-Oh, hola- La mirada de Ichigo nos examinó al pasar, retornando luego rápidamente hacia mí, apenas visible entre Miyako y la pared. Dejando que su amigo siguiera de largo, se paró frente a nosotras- No tuve oportunidad de felicitarte, Rukia. Hiciste una atajada espectacular.

Maldito, se estaba riendo de mí.

-Seeh, pensé que fue bastante increíble- dije con ironía.

-Le estoy diciendo a todos que tuviste suerte- Ichigo acomodó la tira de mi mochila de regreso sobre mi hombro.

Mi estómago dio un vuelco. El gesto se sintió casi territorial. ¿Y qué era todo esto? Ichigo Kurosaki siendo amable conmigo.

-Y yo diría que tuve algo de ayuda- Le di la más dura de mis miradas. ¿Cuál era su juego? ¿Me había dicho él realmente qué hacer? Me estaba volviendo loca no saber qué era real y qué había imaginado.

-Eres pendenciero, Ichigo: todos sabemos que no le diste efecto al balón como siempre lo haces- Miyako me dio una sonrisa algo preocupada. No se le había escapado la manera casual en la que él tocó la tira de mi mochila.

Ichigo alzó sus manos a modo de rendición.

-Sólo estaba apaciguando a Rukia a un falso sentido de seguridad. La próxima vez no se la dejaré tan sencilla para ella.

Lin Lin abucheó, disfrutando del coqueteo entre líneas de la conversación, aún cuando Miyako y yo no lo estábamos haciendo.

-No te la creo. Ichigo Kurosaki, construiste esta imagen del chico más malo del año y ahora sabemos que te pueden las inglesas pequeñitas luciendo con ojitos inocentones e indefensas.

-¡Lin Lin!- protesté, su comentario demasiado próximo a lo del conejito como para estar confortable- No me hagas quedar como tonta.

-¡Señorita Miss Simpatía muestra su temperamento! Sabía que debías tener uno en algún lugar- dijo Lin Lin, fascinada por mi tirante respuesta.

-Tú serías así si tuvieras que vivir luciendo como yo lo hago. Nadie me toma en serio.

Mi temperamento sólo se elevó un poco cuando los tres rompieron en risas.

-Así que soy un chiste, ¿eh?

-Lo siento Rukia- Tina alzó su mano para evitar que me fuera abruptamente- Es sólo que parecías tan feroz cuando dijiste eso…

-Seeh, realmente aterradora- acordó Lin Lin, luchando por no reírse- Como un Bambi con una Uzi.

-Y, sólo para aclarártelo, ninguno de nosotros piensa que eres tonta- dijo Miyako- ¿Verdad?

-Definitivamente que no- dijo Lin Lin alegremente.

-Pero tengo que estar de acuerdo con Lin Lin- dijo Ichigo, suprimiendo una sonrisa- No te haces la mala tan bien como lo hago yo. Tal vez debiera darte lecciones. ¿Ten cuidado, si?- Deslizó su mano ligeramente por mi brazo y se marchó, dejando mis entrañas bailando tap.

-Hombre, ése si que es un lindo culo- suspiró Lin Lin, disfrutando de la vista trasera.

-No hables de su trasero- dije malhumorada. Eso las encendió de nuevo- ¡Y dejen de reírse de mí!- ¿Me había estado él advirtiendo otra vez?

-Lo intentaremos, pero es difícil cuando dices cosas como esas- Miyako me dio unos golpecitos suaves con el codo- Dinos que es tu trasero a proteger, y entonces dejaremos de mirarlo, ¿no es cierto Lin Lin?

-Bueno, puede que lo mire pero dejaré de decirle cosas- Sonrió Lin Lin, ignorando al resto de la clase que estaba entrando al laboratorio. Hacerme bromas era mucho más placentero que cualquier cosa que el profesor de Biología pudiera ofrecer.

-No es mi trasero- protesté.

-Pero pienso que podría ser tuyo. Él definitivamente te está rondando- Lin Lin se puso su mochila al hombro.

Miyako se apartó para dejar entrar a Lin Lin, luego bajó su voz.

-Sólo estábamos bromeando Rukia, pero, en serio, tengo la impresión de que Ichigo está tramando algo. Nunca lo vi actuar tan, bueno, tan amable alrededor de una chica.

Eché un vistazo al corredor para verificar que él realmente se haya ido.

-¿Lo notaste?

-Difícil no hacerlo. La última vez que ustedes dos estuvieron juntos, tú casi derramas sangre.

-Seeh, pero él sigue siendo el Sr. Arrogante.

-Y algo más- Jaló de la tira de mi mochila para resaltar su punto- Él siempre había mantenido su distancia antes. Desearía que lo hiciera ahora. Él no es tu tipo.

Fruncí el ceño.

-¿Entonces cuál es mi tipo?

-Otro Bambi, supongo- Me sonrió ante mi gemido- Me refiero a alguien que sea gentil. Te puedo ver yendo por el romance, las largas caminatas, rosas, ese tipo de cosas.

-Y ¿Ichigo no es eso?

-No me necesitas a mí para que te diga eso. Para una chica con carcasa dura, eso estaría bien, pero tú eres más como un malvavisco, ¿no?

¿Lo era?

-Tal vez. No sé cómo soy en realidad.

-¿Tendrás cuidado?

Eso es lo que Ichigo había dicho.

-No sé qué pensar. No puede esperar que me enamore de él después de la forma en que me ha tratado.

-Sólo recuerda eso.

-No sé si él anda tras de mí.

Miyako echó un vistazo a su reloj y me empujó a clase.

-¿No lo sabes?

Estaba rápidamente aprendiendo que la Escuela Secundaria Wrickenridge estaba obsesionada por los deportes. Ni siquiera estoy pensando en lo absurdo de las porristas; iba mucho más allá de un extraño deseo por vestir faldas cortas y sacudir pompones. Para empezar, se esperaba que todos nosotros nos convirtiéramos en el apoyo de nuestro equipo incluso si no jugábamos. Era tan diferente a Inglaterra, no sabía si la colegiatura inglesa tenía siquiera un equipo.

-Ok, ¿así que el béisbol es acerca de cuán rápido logras sacar a un equipo y luego, de cuantas corridas logras anotar cuando estás dentro?- repetí, sirviéndome de un generoso puñado de palomitas de maíz. El padre de Lin Lin, el hombre del puesto de refrescos que estaba a cargo de la APM (Asociación de Padres y Maestros), nos había dado una ración extra-grande y regalado las bebidas- Y haces el intercambio una vez que tres jugadores estén fuera.

Miyako se acomodó las gafas de sol sobre sus ojos y estiró sus piernas. Hacía frío a esta altitud pero el sol estaba realmente fuerte.

-Así es.

-¿Y ellos eligen usar estos peculiares uniformes porque…?- pensé incluso Ichigo luchaba por hacer del traje a rayas de béisbol, con sus largos shorts blancos lucieran como algo genial. Se asemejaban a una reunión de adolescentes para alguna clase de pijamada bizarra.

-Tradición, supongo.

-Protección- respondió Lin Lin, resultó ser algo fanática del béisbol. Tenía su propio guante de receptor y todo- Necesitan cubrir la piel si es que te vas a barrer para tocar el home.

Los equipos estaban dando vuelta. Aspen acababa de aniquilar a nuestro bateador y estaban preparándose para su entrada.

-¿E Ichigo es nuestro mejor jugador?

-Podría serlo. Él es algo errático. Vuelve loco al entrenador- Lin Lin abrió su refresco- Todos sus hermanos, aparte de mi amado Toshiro, estuvieron en el equipo cuando estaban en Wrickenridge, pero ninguno de ellos fue por la beca deportiva. El Entrenador Ganju está tratando de persuadir a Ichigo, su última oportunidad con un Kurosaki, pero no logra hacer que Ichigo se comprometa.

-Hmm- Observé a Ichigo correr sus dedos sobre la bola. Su rostro serio en concentración pero de alguna forma distante como si estuviera oyendo alguna música que nadie más podía. Su primer lanzamiento venció al lanzador por millas. Los espectadores gritaron en aprobación.

-Está en forma- señaló Lin Lin.

-¡Hola chicas!- Kaien saltó al lado de Miyako, rozándola de pasada.

-Cielos, Kaien, ¡me hiciste derramar mis palomitas!- protestó ella.

-Te ayudo a recogerlas- se ofreció, echándole un ojo a su regazo.

-No lo harás- Se sacudió rápidamente los granos de maíz de sus piernas.

-Estás arruinando mi diversión.

-Ahora, eso me hace sentir mucho mejor.

Kaien suspiró en forma dramática, luego se acomodó para observar el partido. Desde nuestra conversación en el salón de música, sentía mucha simpatía por Kaien y esperaba que su juego a largo plazo para ganarse el afecto de Miyako, tuviera éxito. Ella no le estaba dando mucho aliento.

-Ichigo está en la zona hoy- remarcó mientras el primer bateador se iba ponchado.

-Seeh- Miyako distraídamente le ofreció un puñado de palomitas, demasiado absorta en el juego como para recordar que estaba enojada con él.

-¿Él sigue mirando a esta sección de las gradas entre un lanzamiento y otro, no les parece?- Kaien tomó un sorbo de la lata de Miyako.

-Me pregunto por qué será- dijo Lin Lin inocentemente, antes de echar a perder el efecto con unas risitas.

-Él ni siquiera sabe que estoy aquí- Me ruboricé al darme cuenta de que poco menos que había clamado ser la razón de su interés.

Kaien cruzó sus piernas junto a las de Miyako.

-Él lo sabe, dulzura, él lo sabe.

-Mantenlo por un momento- Lin Lin me tomó una foto con su teléfono celular -Quiero capturar esto para la posteridad. La chica que capturó la atención del poderoso Ichigo. Todos nosotros los locales hemos sido ponchados por él- Me mostró la imagen para mi aprobación; había utilizado una aplicación para agregarme una corona pero aún así lucía un poco mejor que la de mi identificación escolar -Él sólo sale con chicas de fuera de la ciudad. Creo que esa de allí abajo es una de sus ex, Sena algo, capitana de las porristas del equipo de Aspen.

Sentí una encrespada completamente irracional de celos. La chica tenía piernas gloriosas de aquí hasta las axilas y una sedosa melena castaña, totalmente opuesta a mí. Ser porrista, lo cual consideré completamente ridículo, era en su interpretación, algo verdaderamente sexy. Sólo esperaba que Ichigo no lo haya notado.

Por supuesto que lo había notado. Él era hombre, ¿no? Y le había dado la bienvenida.

Miyako, Kaien y Lin Lin estaban todavía debatiendo mi vida amorosa mientras yo me encontraba perdida en mi verde nebulosa de celos.

-Ser inglesa supongo que significa que ella es lo suficientemente exótica para el gusto de Ichigo. No del aburrido viejo Wrickenridge- especuló Miyako.

Esa era la primera vez que alguien implicaba que ser inglesa era una ventaja. ¿Había intentado adaptarme pero tal vez la diferenciación era algo bueno?

-Pienso que sería mejor si dejara tranquila a Rukia- dijo Kaien, revelando su costado protector. Ahora que había llegado a conocerlo mejor estaba reconsiderando re-nombrarlo como Doctor Defensa.

Miyako asintió.

-Seeh, mejor si nos amotinamos en su contra, la mantenemos fuera de su camino.

Lin Lin le pegó con su programa.

-¿Qué? ¿Y arruinar la diversión? Sólo piensen: Ichigo saliendo con una chica de Wrickenridge, sería la cosa más emocionante que suceda aquí desde la Fiebre del Oro.

-Y tú no eres propensa a la exageración- dijo Miyako, inexpresiva.

-¡Jamás!

-Perdonen chicos, estoy aquí, saben. Es lindo de su parte que planifiquen mi vida amorosa o la falta de una por mí, pero tal vez yo tenga una opinión- dije, entre divertida y exasperada por ellos.

Miyako me invitó sus palomitas.

-¿Y esa es?

-A decir verdad, no tengo idea, pero estoy trabajando en una respuesta. Como les he dicho antes, Ichigo y yo, eso no va a suceder. Él ni siquiera me gusta.

Lin Lin hizo rodar sus ojos.

-Rukia, no necesitas que te guste un chico como ese. Sólo necesitas salir con él, una o dos veces servirá. Habrá posicionado tu reputación por el resto de tu vida.

-¿Qué?, ¿usarlo?"

-Oh, sí.

-Lin Lin, eso es enfermizo.

-Lo sé. Soy genial, ¿no?

El entusiasmo en la multitud creció al tiempo que un segundo jugador era ponchado.

Lin Lin se puso en pie e hizo un pequeño bailecito de victoria.

-¡Sin más, ese chico es ardiente, ardiente, ardiente! El entrenador se va a suicidar si no logra hacer que haga la prueba para la beca.

Kaien silbó.

-Tiene que hacerla: es demasiado bueno como para desperdiciar su talento.

Pero entonces algo cambió. Podía verlo en el cambio de expresión del rostro de Ichigo. Su apariencia distante se desvaneció, dejándolo de alguna forma más presente, más como todo el mundo. Sus lanzamientos fueron de admirables a simplemente muy buenos. El siguiente bateador se las apañó para pegarle casi fuera del diamante. Los estudiantes de Wrickenridge gimieron.

-Él siempre hace esto- se quejó Lin Lin -llega tan lejos y después se echa para atrás. ¡Había derrotado a Aspen y ahora…!

Y ahora ellos se estaban defendiendo. Ichigo se encogió de hombros y abandonó el domo de lanzamiento para dejárselo a un compañero de equipo, dejándole el honor de acabar con Aspen.

Él podría haberlo hecho. Lo sabía hasta en mis huesos. Ichigo podría haberlos freído pero optó por retirarse. Como había dicho Lin Lin, era enloquecedor.

-¿Por qué hace eso?- me pregunté en voz alta.

-¿Hacer qué?- Miyako arrugó el programa y lo tiró al cesto de basura- ¿Te refieres a retirarse de la matanza?

Asentí.

-Pierde el interés. Tal vez su corazón no está en ello. Los profesores siempre le están diciendo que es demasiado arrogante como para trabajar en su inconsistencia.

-Tal vez.

Pero no estaba tan segura. Él aún así jugó bien, pero estaba segura de que había un algo extra que no le estaba enseñando a nadie. Él estaba intencionadamente manteniendo su juego algo torpe. Quería saber por qué.

Wrickenridge venció a Aspen pero el hombre del partido fue hacia un jugador del lado de los visitantes. Ichigo se fundió en la multitud en torno a los capitanes, sin buscar ninguna clase de atención. Aceptó el abrazo entusiasta de Sena la de piernas largas pero rápidamente se apartó y siguió camino para estrechar manos con el equipo opuesto. Sabía lo que era jugar en equipo sólo para ser parte de algo, eso era de lo que se trataba ser una orquesta, no de los individuos, pero aún así, su falta de voluntad en sobresalir me parecía extraña. Podría haber sido el solista, pero se conformaba con ser la voz de apoyo.

-¿Te llevo a casa?- ofreció Miyako- Les estoy dando un aventón a Kaien y a Lin Lin.

Los otros vivían en el otro extremo del pueblo respecto a mí y ella siempre me estaba recogiendo y dejando. Y con sólo dos asientos, era más que un apretujón, era ilegal. Además, no le haría daño ya que dejaría a Lin Lin primero y luego estaría a solas con Kaien...

-No te hagas problema. Me gustaría caminar. Voy a buscar algunos víveres para Retsu.

-Bueno. Te veo mañana.

Los coches estaban haciendo fila para salir del aparcamiento. Me quedé atrás mientras el autobús de Aspen salía, tomando un amplio giro para doblar la esquina. Luego partí, dejando la multitud atrás. Cuanto más caminaba, más silencioso de volvía. La srta Shiba pasó a toda prisa, dirigiéndose colina abajo, cual Juez Despiadado en plena misión, destellando ligeramente de un justiciero color azul. Me froté los ojos y dichosamente ella volvió a la normalidad. Me saludó con la mano pero afortunadamente yo estaba al otro lado de la calle de modo que no tuve que parar y charlar.

En la tienda, la robusta asistente que había llegado a conocer en las últimas semanas, desde el incidente de la salsa de eneldo, me agarró para una repetición del evento mientras empacaba mis compras. Siempre me seguía sorprendiendo de cuánto le importaba a la gente local la suerte del equipo escolar. La trataban como al MU (Manchester United), no como un puñado de adolescentes aficionados.

-¿Cómo encuentras a la escuela?- ella empacó cuidadosamente los huevos en la parte superior de la bolsa.

-Es buena- Tomé un nuevo cómic de la estantería y lo arrojé dentro de la canasta. Mis padres habían hecho su aclaración de que las detestaban, lo cual era probablemente el por qué de que me gustaran tanto.

-He estado escuchando cosas buenas de ti, Rukia. Tienes la reputación de ser muy dulce. La srta. Shiba te ha hecho relucir.

Seeh, de un resplandor azul de acuerdo a mi chiflado cerebro.

-Oh, bueno, ella es...ella es…

-Imparable. Como un misil autodirigido. Pero es mejor estar de su lado bueno que del malo- dijo sabiamente, luego me instó a salir- Deberías regresar a casa antes de que oscurezca, ¿me oyes?

Las sombras se extendían a través de la carretera como grandes manchas de tinta filtrándose hacia el suelo. Sentí frío con mi delgada chaqueta y apresuré el paso. Wrickenridge era siempre vulnerable a los repentinos cambios de clima, la realidad de la vida en las montañas. Era como vivir en la casa de al lado de nuestro viejo vecino de Richmond, quien era un viejo particularmente cascarrabias. Nunca sabía cuando su estado de ánimo cambiaría, en un momento bañándome de alegres sonrisas de abuelito, al siguiente saltándote con una lluvia de insultos. Justo en este instante comenzó una ligera caída de aguanieve, salpicando el pavimento con manchones de nieve derretida del tamaño de una moneda, haciéndolo resbaladizo bajo los pies.

Conforme giré por una calle tranquila, escuché a alguien acercándose a las corridas detrás de mí. Probablemente fuera sólo un corredor pero aún así no pude evitar el abrupto salto de nervios en pulso. En Londres, habría estado verdaderamente preocupada; pero en Wrickenridge simplemente no se sentía como la clase de lugar donde un ladrón merodearía. Sujeté con fuerza las manijas de la bolsa de compras, en caso de tener la intensión de usarla como arma.

-¡Rukia!- una mano se posó sobre mi hombro. Bamboleé la bolsa con un grito, sólo para encontrar a Ichigo atrás mío. Atrapó la bolsa antes de que le pegara.

-¡Casi me das un infarto!- presioné una mano contra mi pecho.

-Lo siento. Creí haberte dicho que deberías cuidarte de caminar a casa sola en la noche.

-¿Te refieres a que algún chico pueda aparecerte de un brinco y pegarte el susto de tu vida?

Me dio un atisbo de sonrisa, recordándome a su alter ego, el Hombre-Lobo.

-Nunca se sabe. Hay toda clase de gente extraña en las montañas.

-Bueno, tú ciertamente has probado tu punto.

El atisbo de sonrisa se convirtió en sonrisa completa.

-Ven, déjame llevar eso- Liberó la bolsa de entre mis dedos- Te acompañaré a casa.

¿Qué era esto? ¿Acaso había tenido un transplante de carácter?

-No hace falta.

-Quiero hacerlo.

-¿Y siempre te sales con la tuya?

-Casi siempre.

Caminamos por un rato. Pensé acerca de varios tópicos seguros pero todo lo que se me venía en mente sonaba patético. Estaba incómoda en tal cercanía a él después de todas mis alocadas fantasías acerca suyo, nunca supe si me iba a mutilar o a jugar limpio.

Rompió el silencio primero.

-Así que, ¿cuando ibas a decirme que eres una savant?

¿Qué tal eso para aniquilar cualquier conversación?

-¿Una qué?

Me detuvo bajo una farola. Ráfagas de aguanieve se deslizaban a través del pozo de luz, luego titiló en la oscuridad. Subió el cuello de mi chaqueta.

-Debes de darte cuenta de cuán increíble es- Sus ojos fijos en los míos, su color intrigante, inusual a los de alguien de apariencia asiatica. Los etiquetaría como en el límite entre castaños y dorados. Del color del Río Eyrie en un atardecer.

Aún así, no podía comprender la expresión que tenían en este momento.

-¿Cuán increíble que es qué?

Se rió; el sonido retumbando en lo profundo de su pecho.

-Ya veo. Me estás castigando por ser un imbécil. Pero tienes que entender que no sabía que eras tú. Pensé que le estaba alertando a un despistado extraño para prevenir que sea apuñalado.

Le aparté las manos de mi cuello.

-¿De qué estás hablando?

-Tuve esta premonición, un par de noches antes de que nos encontráramos en Pueblo Fantasma ¿tú también las tienes?

Esta conversación iba más allá de lo extraño. Negué con la cabeza.

-Tú estabas corriendo por la calle, en la oscuridad, un cuchillo, gritos y sangre. Tenía que advertirte, sólo en caso de que te sirviera de algo.

Bii-en. Creí que yo tenía problemas pero él estaba realmente perturbado. Tenía que alejarme de él.

-Em… Ichigo, gracias por preocuparte por mí pero será mejor que regrese ya.

-Seeh, como si eso fuera a suceder. Rukia, eres mi soulfinder, mi compañera, tú no puedes simplemente alejarte de mí.

-¿Que no puedo?

-Debes de haberlo sentido también. Lo supe tan pronto me contestaste, fue como, no sé como decir esto, como si toda la niebla se despejara. Podía verte de verdad- Deslizó su dedo por mi mejilla. Me estremecí- ¿Sabes cuáles son las probabilidades de que nos encontráramos?

-Whoa. Retrocede un poco. ¿Soulfinder?

-Seeh- Sonrió y tiró más cerca de mí- No habrá una existencia a medias para nosotros. Me ha tomado un par de días superar la conmoción y he estado queriendo hablarte para que podamos darle la noticia a mis padres.

Él tenía que estar tratando de engañarme. Puse mis manos sobre su pecho y lo empujé hacia atrás.

-Ichigo, no tengo idea de lo que me estás hablando. Pero si esperas que…a que…no sé qué es lo que esperas, pero no va a suceder. Tú no me gustas; yo no te gusto. Supéralo.

Se mostró incrédulo.

-¿Que lo supere? Los Savants esperan toda su vida para encontrar al indicado y ¿piensas que puedo superarlo?

-¿Y por qué no? ¡Ni siquiera sé lo que un Savant!

Se golpeó con una mano en el pecho.

-Yo soy uno- Me aguijoneó con el dedo- Tú eres una. Tus dones, Rukia, ellos te hacen una Savant. Debes de comprender eso al menos.

He tramado cosas estúpidas en mi cabeza, pero esta iba mucho más allá de cualquier cosa que podría haber pensado. Di un paso atrás.

-¿Podrías devolverme las bolsas, por favor?

-¿Qué? ¿Eso es todo? ¿Hicimos el descubrimiento más impresionante de nuestras vidas y tú simplemente quieres irte a casa?

Eché un vistazo rápido alrededor, con la esperanza de ver a alguien. La srta Shiba serviría. Mis padres serían aún mejor.

-Em...sí. Así parece.

-¡No puedes!

-Sólo obsérvame.

Le quité de un tirón la bolsa de entre sus dedos y me apresuré los últimos metros hasta mi casa.

-¡Rukia, no puedes ignorar esto!- Se quedó parado bajo la farola, el aguanieve posándose sobre su pelo, con las manos en puño a sus lados- Eres mía, tienes que serlo.

-No. No tengo.

Cerré la puerta del frente de un portazo.