26 DE JUNIO DE 2013. 08:56 P.M. NUEVA YORK, NUEVA YORK. CALLE 45th Y 322 W. CERCA DE TIMES SQUARE.

El Capitán Rogers se remueve en la fría silla de la recepción. Holmes lo dejó ahí antes de ir al camerino de chicas para cambiarse y entrar a clase. También le dio instrucciones de no llamar la atención, lo cual no es difícil porque la mayoría de los alumnos mayores están en clase, así que espera no tener acosadores de nuevo.

Se vuelve acomodar en la silla intentando encontrar una posición cómoda. Las sillas más cómodas se encuentran en la sección de espera de las clases de niños. Aunque no ha ido porque observar esas clases sólo lo harían parecer un pervertido, o podría ser acosado por todas las madres jóvenes.

Steve nunca había visto completa una clase de ballet, y aunque no se arrepiente de haber ido (sobretodo porque estar tan rodeado de personas y movimiento hace que sus demonios se distraigan), desea haber traído su libreta de dibujo para entretenerse. Es muy diferente ver una presentación pensada para el público a ver una hora de chicas sufriendo en apuntar sus pies y estirar sus piernas

Revisa su reloj, pero se detiene cuando se da cuenta de lo inútil de la acción. No tiene la menor idea del horario de la chica. Ni siquiera sabe su horario de trabajo, aunque siempre parece ocupada con algo, ya sea trabajo, clases o alguna locura que Tony la convence de hacer. Así que la clase podría durar unos cuantos minutos o una hora más.

El rubio se rinde finalmente, levantándose de la incómoda silla y acercándose al cristal de la clase para mirar con mayor atención a Sophia. A pesar de que ella no está en el escenario y su cara está concentrada en los movimientos, está presenta el brillo de alegría en su mirada.

Al ver la cara tan sería y concentrada de la castaña se sorprende un poco que sea la misma chica que hace unas horas lo colmaba de bromas. Aunque ya no le parece tan extraño, ha pasado tanto tiempo con ella para saber que sus máscaras en realidad son pequeñas partes de ella.

– La gran chica dorada – lo sorprende la voz de una chica a su lado.

Se voltea sobresaltado, encontrando a una chica con el cabello negro recogido en una apretada coleta y piel ligeramente bronceada. Todo en ella denota gracia y arrogancia, aunque de una manera muy distinta que la agente.

El soldado mira confundido a la chica pensando que habla de él, pero nota que su mirada se encuentra fija en Holmes.

– ¿Eh? – es lo que único que puede decir.

– Lo siento, eres su amigo ¿no? – inquiere con una ceja, aunque su mirada deja claro que en realidad no es una pregunta – Soy Elise – se presenta extendiendo su mano.

– Steve – responde estrechándola.

El silencio los rodea, la mente del rubio busca desesperado una escusa para alejarse de ella. Desde lo sucedido en la tienda de ropa, tiene la sensación de que cada vez que hable con una chica Holmes lo va a obligar a invitarla a salir.

– ¿Trabajas con Sophia? – pregunta la chica.

Él asiente regresando su mirada a la mencionada, que ahora está haciendo una combinación de saltos.

– Vaya, el ejército. Como si ella no pudiera ser más perfecta – resopla Elise ocultando terriblemente su irritación.

– ¿Disculpa? – regresa su mirada confundido, luego entiende que el ejército es la forma en que Sophia oculta su trabajo de SHIELD.

– Oh, no quiero ofenderla. Pero siempre es tan perfecta. Su técnica perfecta, al igual que sus expresiones y aunque varias veces se lastima, su cuerpo parece estar perfecto antes de lo humanamente posible. Aparte siempre es amable con todos – despotrica la pelinegra.

Steve conoce a Sophia lo suficiente para saber que esa es la idea que quiere que la gente tenga de ella, alguien fuerte sin errores. Alguien que tendrían miedo de enfrentar, alguien que nunca enseña sus lados débiles a nadie, quizás excepto a él. Aunque, las primeras veces hayan sido por accidente. Sin embargo, el hecho que la consideren alguien amable le sorprende un poco.

Aun así, deja hablar a Elise sobre lo perfecta que es Sophia y lo inconveniente que es para el resto del mundo. Luego de unos minutos comienza a centrar la conversación en sí misma y por qué merece todas las cosas buenas. Él se queda callado con una sonrisa incómoda sin saber verdaderamente como responder.

Para alivio del rubio la conversación se termina cuando comienzan a salir del salón. Sophia camina hacia ellos interrogando con la mirada a Steve cuando este le mira pidiendo ayuda. Sus ojos se oscurecen cuando reconoce quien tiene a lado.

– Elisa – saluda con frialdad.

– Sophia, es una pena que te hayas retrasado y te quedaras en el grupo de Ballet intermedio. Nos divertimos mucho en el de avanzados – responde la mencionada con una sonrisa que muestra todo excepto pena.

– No realmente, el grupo es mejor preparado – responde con aburrimiento Sophia.

La otra bailarina cierra la boca de golpe y le lanza miradas de muerte que la castaña ignora con fría indiferencia.

– Gusto en conocerte, Elisa. Creo que es hora de irnos, Holmes – interrumpe Steve tratando de cortar la tensión.

– ¿Holmes? – pregunta burlona Elisa.

– No espero que lo entiendas es de un libro– explica Sophia.

– Oh, siempre tan nerd – ríe la pelinegra como si hubiera contado el mejor chiste.

– Si, nos vemos – la corta Sophia con poca atención.

Se mueve con rapidez hacia los camerinos. Steve maldice el hecho de no poder seguirla con tal de terminar la conversación. Sin embargo, la pelinegra parece lo suficiente molesta para alejarse.

– Un gusto conocerte – dice con mal humor para irse antes de que pueda contestar.

26 DE JUNIO DE 2013. 09:31 P.M. NUEVA YORK, ESTACIÓN DEL METRO ST PENN STATION, LINEA 2.

Regresamos al departamento en metro. Sorprendentemente ni siquiera peleamos y solo nos encaminamos en un ambiente de tranquilidad. El vagón al que nos subimos ni siquiera esta demasiado lleno así que tenemos el lujo de acomodamos en los asientos.

– ¿Por qué no le respondiste a Elise? – me pregunta Steve después de un rato en silencio escuchando la sinfonía de la ciudad.

– No vale la pena discutir – me encojo de hombros.

– Eso solías decir... luego de gritarme por media hora – insiste con media sonrisa.

– Tu eres un caso especial. Eres el único que en verdad quiero gritarle la mayor parte del tiempo – respondo haciéndolo reír – Generalmente no me engancho a discutir –

No agrego que no lo suelo hacer porque considero que las personas no son lo suficiente inteligentes para gastar mi tiempo. Sé que lo vería como que creo que todos son unos estúpidos, en lugar de entender que creo que él es bastante inteligente.

– Esas personas lo único que quieren es provocarte. Así que no caigo en su juego – explico – Algo que tu deberías aprender – agrego mirándolo con reprobación.

– ¿Yo? – se señala sorprendido.

– Nos han corrido de 3 cafés porque te peleas con gente – explico con obviedad.

He regresado del baño o de recoger los cafés para encontrar a Rogers en medio de una pelea. Generalmente me meto a ayudarlo, ya sea a parar la pelea o evitar que destruyan algo. Algunas veces, cuando determino que no va a durar mucho, simplemente me siento cerca a esperar que termine.

– Eso fue porque estaban acosando a mujeres – replica tensando su mandíbula.

Muchas citas de Tinder son en cafés, y muchas terminan en desastres donde un idiota no entiende un "no", entonces entra el poderoso Capitán América al rescate. Generalmente el staff entiende la situación e incluso nos regala un café por ayudar, aunque esas 3 veces nos corrieron junto con el acosador por "alterar la tranquilidad del local".

– No digo que hiciste mal. Sólo que pudiste haber dejado una simple amenaza verbal en lugar de golpearlos – argumento.

– El de la última vez se lo buscó – dice a la defensiva.

– Ah, sí – enarco una ceja

– Me dijo "¿Qué vas a hacer? ¿golpearme?" – explica imitando una voz grave.

Suelto una carcajada.

– Golpear a acosadores es pan comido, pero pedir una cita a una chica es impensable – lo molesto.

– Soy un soldado, no un amante – bromea.

Pasamos el resto del camino bromeando de trivialidades hasta que llegamos al departamento. Watson inmediatamente rodea a Steve para obtener su atención y afecto, a mí me ignora. Al abrir vemos el desastre de nuestras compras e inmediatamente decidimos que es el problema para los nosotros de mañana.

Parece ser nuestro gran momento de sincronización, porque también coincidimos en cenar helado. Simplemente comemos de los botes de Vainilla y Chocolate con cucharas. El momento de tranquilidad me remonta a la primera vez que convivimos sin gritarnos, cuando Tony nos encerró en la Torre.

Vaya, parece tan lejano ese momento, reflexiono.

– Creo que voy a necesitar tu ayuda para colgar las luces – dice el soldado sacándome de mis pensamientos.

– ¿Eso no tienes problema que te ayude? – pregunto medio en broma.

Mi comentario sale más serio de lo que pretendo. Steve se queda unos segundos mirándome mientas yo me recluyo en el helado.

– No me molesta que me ayuden físicamente – explica con seriedad – Durante muchos años no tuve otra opción. Ahora no es algo que me emociona, pero entiendo que a veces es necesario... Dejar que lo hagan emocionalmente, creo que el único que lo hizo fue Bucky y eso fue porque mi madre acababa de morir – explica con la mirada nostálgica que reserva para hablar de los 40's.

– Lo entiendo – suelto en un suspiro – Bueno, a mí no me gusta mucho que me ayuden en ninguna manera, pero... Mmm. El punto es que lo entiendo – balbuceo.

Asiente con la cabeza, con eso sé que no hay necesidad de seguir tratando de explicarme, él entiende lo complicado que es dejar que alguien te sostenga, aún cuando le tengas aprecio. Así que nos concentramos en seguir comiendo helado.

– Honestamente me sorprendió que te disculparás y que admitieras que no te gusta que te vean vulnerable – murmuro comiendo un poco de más helado – Irónicamente eso es mostrarte vulnerable –

– Si, no siempre uso el libro que me forzaste leer para analizarte a ti – responde con una media sonrisa.

– ¿Entonces admites que la psicología funciona? – inquiero.

– No niego que funcione. No entiendo como comprar todas estas cosas me ayudan, pero sí me siento mejor – responde señalando al desastre de las compras.

Sonrío satisfecha comiendo mi helado con renovada energía.

– Eso no significa que quiero ir a terapia – sentencia seriamente sacándome una pequeña risa.

– Oh, no espero hacerte cambiar de opinión. Eres la persona más terca que conozco – reconozco.

Watson se sube a la encimadera demandando la atención del rubio con pequeños maullidos. Steve extiende su mano libre y comienza a acariciarla.

– ¿Por qué querías que "disfrutara de la luz"? – pregunta con voz queda.

– No aceptas tu oscuridad, ni tu luz. Estas en un limbo extraño dónde no sabes a donde ir – explico honestamente.

– ¿Preferirías que cayera en la oscuridad? – su voz se endurece, pero sus movimientos en Watson se mantienen igual.

– Piensas que por dejar salir un poco de tu lado malo te conviertes en la peor persona de la existencia – inicio – Debes dejar que salga de vez en cuando para evitar que salga en un estallido descontrolado. Además, ese lado te deja lograr cosas que generalmente no podrías hacer –

– ¿Cómo torturar con agua inhalable? –

– Yo soy un caso extremo, y trabajo como espía. Por lo que veo, tu oscuridad sólo sale cuando alguien lastima a tus amigos, lo cual es más respetable que dejarlo salir cuando es conveniente – murmuro lo último para mí misma – Sólo va a llegar hasta dónde tú lo permitas. ¿Así que cual es tu límite? –

Su mano se detiene en el aire mientras medita la pregunta, Watson maulla un par de veces y luego de no recibir respuesta huye al sillón de la sala.

– No lo sé – murmura finalmente el rubio.

– Bueno, ¿Quién quieres ser el soldado deslumbrante o el ser humano? – pregunto – Dudo que te conviertas en un castigador sumido de oscuridad y con música emo de fondo, pero si es lo que quieres también está bien – agrego con humor para tratar de aligerar el ambiente.

Su mirada sigue perdida en un punto indefinido del espacio.

– Tantas personas esperaban... esperan cosas de mi que a veces no sé quien se supone que debo ser – murmura melancólico.

– No puedes saber lo que los muertos querían. Eso lo aprendí con mis padres, nunca los conocí así que no tengo ni idea de lo que querían. Podrían haber querido que fuera cirujana o algo igual de normal – digo.

Me detengo un segundo imaginando lo diferente que sería mi vida con tan solo un poco de normalidad. Sacudo la cabeza.

– Pero ellos tampoco me conocieron, así que cualquier cosa que ellos desearan sería igual que la de un extraño – continuo – La gente que te conoció en los 40's no conoce realmente al Steve de ahora, creo que sabes lo mucho que han cambiado las cosas –

Cuando termino me doy cuenta de que la mirada de Steve está fija en mí, así que desvío los ojos.

– No podemos ser lo que los demás esperan de nosotros – concluyo con la mirada fija en mi bote de helado.

– Dijo la agente de SHIELD igual que su madre – dice con sorna.

– No estoy ahí por ella – respondo con brusquedad.

– No hablas de tu madre – agrega suavizando su voz.

– Eso es apropósito – farfullo llevando una enorme cucharada de helado a mi boca.

Él se queda en silencio instándome a seguir y esperando pacientemente que trague el helado.

– Toma como ejemplo a Michael, mi supuesto hermano. Seguramente el quería que lo siguiera para hablar de SHIELD y no pensó que regresaría a salvar tu trasero. Pero se equivoco, puede ser la persona viva con el ADN más parecido al mío y eso no significó nada. No me conoce – suelto.

– Debes enserio no querer hablar de tu madre para hablar de él – murmura.

– No puedes hablar mal de los muertos. Si te gusta mi lado oscuro te encantaría el de ella – bromeo secamente – Ella hacia parecer que Fury tenía sentido moral –

– ¿Es la razón de tu lado oscuro? – inquiere levantando una ceja.

– Es la razón de los límites que tengo – sentencio sajando el tema.

Es lo suficiente inteligente para no insistir.

– Mi punto es que eres un buen hombre. De vez en cuando debes mandar a la mierda lo que esperan que hagas y hacer lo que quieres – inicio.

Sus padres, Bucky, sus compañeros en el Comando, incluso Peggy y los fans que crecieron escuchando historias del gran Capitán América, no saben en que se a convertido, por más grosero que suene no les debe nada. Ellos vivieron su vida, la mayoría por lo menos, ahora él debe vivir la suya.

– Excepto cuando estamos en misiones y yo mando, ahí POR FAVOR síguelo al pie de la letra – pido haciéndolo reír.

– ¿Por qué en estos casos tienes tanta paciencia? – pregunta levantando la vista.

Su azul se encuentra con mi verde y por un segundo me pierdo en sus ojos.

– Te hicieron un arma y luego te dijeron que encontrarás paz – digo con amargura – Eres un arma sin una guerra que luchar –

Me sorprende la facilidad con lo que dije algo tan real, pero decido no romper nuestras miradas. Steve se queda callado uno segundos reflexionando mis palabras.

– Entonces te sientes similar a mí – suelta finalmente.

Parpadeo, sorprendida. Intento replicar, pero las palabras quedan atoradas en mi garganta. Todo el entrenamiento, todos los sacrificios y la tortura, también que me convirtieron en un arma y luego me dejaron ir esperando que supiera como comportarme en el mundo.

– Sí, supongo que sí – murmuro – No quiero que termines como yo –

04 DE JULIO DE 2013. 12:56 P.M. NUEVA YORK. CENTRO DE COMANDO DE SHIELD. OFICINA DE AGENTE HAYLE, NIVEL 8 (8 DÍAS DESPUÉS)

Me despierto mirando mi entorno con confusión. Tardo unos segundos en recordar dónde estoy, el sofá de mi oficina, y por qué estoy aquí, tenía que terminar unos archivos y me senté a descansar. La idea era dormitar unos minutos, ni siquiera me quité los lentes que ahora cuelgan en un ángulo raro de mi cara, supongo que estaba demasiado cansada y mi cuerpo simplemente se rindió.

Me froto la cara mientras me levanto pesadamente. Estiro mis músculos escuchando mis articulaciones tronar en protesta de pasar la noche en mi incómodo sofá. Me enfoco nuevamente en trabajar en mi computadora sin pensarlo mucho porque ese tipo de persona soy.

Juro que a veces soy divertida.

Pasan un par de minutos y no puedo quitarme la horrible sensación que estoy olvidando algo. Lo siento como una voz susurrando en el fondo de mi mente, aunque a diferencia de las muchas voces que tengo, no la puedo callar fácilmente. Decido revisar el calendario de mi computadora por simple curiosidad. Ahí en letras mayúsculas hay una leyenda para el día de hoy.

FIESTA DE CUMPLEAÑOS DE STEVE A LAS 5

Miro el reloj: 6: 02 p.m.

– ¡Mierda! – grito para apartar todo a máxima velocidad y salir corriendo.

Llego a la Torre en tiempo record gracias un temerario taxista que aceptó el reto de 50 dólares sí me llegábamos en 15 minutos. Me meto al elevador apenas gritando un saludo a una muy asustada recepcionista. Cuando llego a mi cuarto encuentro todo un equipo de estilistas, maquillistas y a un billonario mirándome con el ceño fruncido.

– Sé que estoy tarde, lo siento – digo antes que pueda reclamarme.

Rueda los ojos ocultando una sonrisa y deja que los estilistas se hagan cargo de mi. Me siento en una silla que señala tratando de regularizar mi respiración mientras las estilistas comienzan a desenredar mi cabello.

Entonces otro pensamiento me asalta.

¿Qué hacen todas estas personas aquí?

No es inusual que olvide una fiesta y llegue una hora después de iniciada para encontrar que Tony ya tiene todo preparado para mí. Pero esto es un equipo completo de peinado y maquillaje para una alfombra roja, no para una parrillada de 4 de Julio y la celebración del cumpleaños de Rogers.

Mis ojos se encuentran con los de mi padrino en el espejo, en ellos encuentro un brillo de travesura que me confunde aún más.

Luego recuerdo la apuesta.

30 DE JUNIO DE 2013. 11:56 A.M. NUEVA YORK. TORRE STARK, GIMNASIO PRIVADO. (4 DÍAS ANTES)

Me gustaría decir algo inteligente, como que mis peleas con Rogers son actuadas para que los demás piensen que nos odiamos. Que es un complejo y bien plan para engañar a todos. Lamentablemente, nuestras peleas se deben a que somos tercos, orgullosos y casi nunca coincidimos en nuestra opinión.

Hoy decidimos entrenar para una situación con múltiples atacantes. La primera parte estuvo bien, coincidimos en poner a los atacantes en una línea para que se estorben unos a otros y no ataquen al mismo tiempo. Luego toco la parte de dividirnos los atacantes. Él cree conveniente tomar la mayoría porque "es más fuerte", pero yo repliqué que soy más letal y eso definitivamente importa más.

Así que peleamos por 30 minutos.

– Mira pedazo de bandera – digo tratando de guardar la compostura.

– Mira pedazo de... detective – me interrumpe el soldado.

– Eso no es un insulto – respondo conteniendo la risa.

– Muggle – suelta.

– Ahhh – chillo indignada – El suero realmente potenció todo. Tu estupidez se hizo 10 veces más grande – grito.

– ¿Estás compitiendo para la imbécil del año? Por que parece que vas a ganar – me pregunta con rudeza.

– Cómo el actual ganador, ¿te preocupa? – lo reto con una sonrisa de superioridad.

Nuestra pelea en interrumpida por mi padrino que decide calmar el ambiente. Sospecho que Jarvis nos vigila y le avisa cuando nuestras peleas se vuelven peligrosas para la integridad del edificio, que no ha sido el caso últimamente, pero entiendo su preocupación.

– ¿No se habían mudado los dos? – cuestiona Ironman después de volvernos a amenazar con vetarnos si destruimos algo – ¿Qué hacen aquí? –

– Entrenando – responde Rogers con obviedad.

– ¡Tu me citaste aquí! – exclamo.

– No en el gimnasio, y menos para pelearte con Rogers – responde Tony.

Ruedo los ojos fingiendo molestia. Llegamos hace un par de horas con la intención de entrenar antes de mi cita con Tony, aunque no consideramos que nuestra pelea se saliera de nuestras manos y llamara su atención.

Nos encaminamos a la puerta, mas bien, Tony me arrastra a la puerta porque supone que en cualquier momento a Rogers y vamos a retomar la pelea.

– Tengo una propuesta – empieza mi padrino cuando nos acercamos a la salida.

Me detengo mirándolo directamente a los ojos y encuentro el brillo que indica que su idea es la receta para un desastre.

– Presiento que no me va a gustar – advierto.

– Es sobre la fiesta de Rogers – continúa tratando de ocultar su sonrisa.

– Definitivamente, no – digo retomando el camino a la salida.

– Espera. Tengo un disfraz – dice alcanzándome.

– No – sentencio.

– ¡Espera! – me detiene tomándome por el hombro, pero me suelta de inmediato cuando lo encuentra mi mirada de muerte de "no me gusta que me toquen" – Hacemos una apuesta, si yo gano tú lo usas y si tú ganas, yo lo uso – propone.

– ¿Qué apuesta? – pregunto con la curiosidad picándome.

Si está dispuesto a usarlo entonces es un disfraz interesante.

– No le tienes que gritar a Rogers por 3 horas – anuncia con seriedad.

– Puff. Acepto. A diferencia de lo que creen puedo convivir con él sin gritarle. Así que prepárate para hacer el ridículo con el disfraz – respondo con arrogancia.

– De acuerdo, pequeña... Rogers, ¿ya le dijiste que se te cayó una gota de café sobre su libro? – grita Tony al soldado.

– ¿QUÉ? – es mi respuesta instintiva para luego ir a gritarle al rubio.

04 DE JULIO DE 2013. 03:35 P.M. NUEVA YORK. TORRE STARK. CUARTO DE SOPHIA H. (ACTUALIDAD)

Lo primero que hago es tratar de huir, antes de poder dejar por completo la silla un sistema de seguridad se activa apresando mis muñecas contra la silla.

– Stark – grito tironeando inútilmente.

– Una apuesta es una apuesta, Sophia – murmura seriamente presionando botones en su teléfono que activan unas esposas para mis piernas.

– ¿Tanto me quieres en ese disfraz? – reniego aún tratando de zafarme.

– Supuse que ibas a querer escapar – se encoge de hombros – Quiero hacer el mejor regalo de la noche y tu eres parte de mi plan –

El equipo de preparación nos mira con preocupación en una esquina del cuarto, aunque no hacen el menor intento en ayudarme.

– Aún si quieres arreglarme dudo que haya tiempo – digo triunfalmente y me alegro de haber llegado tarde.

– ¿En serio? – responde el billonario con arrogancia señalando el reloj.

Se que me ha engañado antes de mirar el reloj, todo en su postura me lo demuestra, pero no puedo evitar sentirme sorprendida al ver que son la 3: 37 de la tarde.

Inmediatamente lo fulmino con la mirada demandando una explicación. No puede hackear SHIELD sin que Fury se enteré y honestamente dudo que parchitos lo ayude a que use un estúpido disfraz.

Repaso rápidamente todas las posibles maneras en que modificó el reloj de mi oficina. En algún punto de ayer Barton llegó a traerme unos archivos y luego halagó el diseño de mi reloj. No me pareció raro porque diseño es el típico de SHIELD y pensé que estaba jugando, ahora que sé que aprovechó mi concentración en los archivos para lo adelantarlo.

– Vale, apuesta es apuesta. Usaré el disfraz – anuncio regalándole una sonrisa complaciente, me conoce lo suficiente para no relajarse – Pero nunca dije que lo haría fácil – agrego dislocando mi pulgar y sacándome de los agarres de mi brazo derecho.

Quien iba a pensar que esta habilidad no sólo me iba a ayudar en misiones.

– ¿Qué quieres? – pregunta luego de suspirar cansado.

Me atrevo a verlo y encuentro seriedad en su mirada. Sabe que no va a conseguir lo que quiere sin una negociación. Curiosamente eso fue algo que él me enseño, seguro ahora se arrepiente.

Acomodo mi pulgar para llevar mi mano libre a la barbilla fingiendo pensar. Podría pedir ayuda a Pepper aunque ella se encuentra del otro lado del mundo en una reunión importante. Nadie vendrá a detener las locuras de Tony así que debo formar un plan. No está desesperado en que use el disfraz, pero lo quiere lo suficiente para aceptar casi cualquier cosa. Una idea brilla en el fondo de mi cerebro.

– Una zona del laboratorio privada, con cerradura, vidrios polarizados, sin registros de nada y ni siquiera Jarvis puede ver dentro – demando con completa seriedad.

Eso me dará la suficiente libertad para estudiar las armas Chitauri sin temor a que SHIELD acceda a los archivos de la Torre y las vea.

– Hecho – accede al instante – Sólo dime que no vas a hacer una bomba atómica – agrega frunciendo el ceño en un gesto preocupado.

– Tranquilo es un proyecto privado, pero no quiero imitar los pasos de tu padre – le aseguro con una sonrisa.

Se encoje los hombros. Presiona un botón que me libera y dejamos al equipo de preparación haga su trabajo. Ellos caen en un ritmo tranquilo, como si estuvieran acostumbrados a contratiempos así de extraños.

Mis pensamientos vagan por varias cosas mientras dejo que mi cuerpo sea manipulado como el de una muñeca. No es hasta que me veo en el reflejo cuando noto algo extraño con mi cabello y maquillaje.

– Esto es estilo de los 40's – le digo acusadoramente a mi padrino la próxima vez que entra a revisar el progreso.

Evita mis ojos mientras saca del armario un atuendo.

– Supuse que lo ibas a divina, así que... – explica mostrando mi disfraz para la fiesta.

Mi mente se queda en blanco por lo que parece una eternidad. Pensé que el disfraz iba a ser algo ridículo, pero esto va a ser otro nivel de humillante, y mira que lo dice una chica que perdió su dignidad hace mucho tiempo.

Por fin salgo de mi ensimismamiento y me enfrento a mi padrino. Este ya esta preparando con la mano en su teléfono en caso de que intente escapar. Considero mis opciones, salir corriendo y no dejar que NADIE me vea en eso, honestamente me gusta esa idea. Aunque también puedo soportar algunas horas en esa cosa y terminar con un lugar privado con tecnología de punta para investigar las armas Chitauri...

Ugh, te maldigo sentido de la moralidad y el bien común.

– Tony – inicio en un tono de advertencia – Quiero el laboratorio en una hora –

– Tranquila, pequeña. Lo tendrás en media– me guiña el ojo.

Su semblante se relaja considerablemente cuando se da cuenta que no voy a huir, incluso tiene de confianza de dejarme con el equipo de preparación. Ellos terminan de los últimos detalles, luego de vestirme, con un labial intenso rojo y un pequeño sombrero azul.

La chica del espejo me devuelve la mirada, aunque ese ser parece sacado de una película vieja. Eso me inquieta porque, aunque no lo muestre, Steve no es la persona más estable cuando le muestran algo de los 40's.

Al dar las 5:30 Tony me acompaña a hacer mi entrada a la fiesta, aunque sospecho que es para evitar que huya. Subimos al pent-house. Al abrir las puertas el brillante Sol me recibe, las puertas de la terraza están abiertas y veo distintos puestos de parrillas con varios tipos de carne y comida chatarra.

A diferencia de mi fiesta de cumpleaños el código de vestimenta de esta es más relajado, la mayoría de las personas se pasean en ropa semi formal en distintos tonos de azul, rojo y blanco.

Distingo al cumpleañero en una mesa en medio del lugar hablando con Clint. Me armo de valor y me dirijo hacia ellos.

¿Alguna vez han visto esa escena en las películas donde la chica entra vestida extravagantemente? Dónde todos los hombres a su alrededor la siguen con la mirada sorprendidos de su belleza y se dan cuenta lo asombrosa que se ve cuando está arreglada, básicamente están babeando y ni siquiera pueden hablar.

Si bueno... esto no sucede así.

El primero en verme es Rogers, que escupe su bebida para romper en una carcajada que resuena en cada parte de la habitación. Le sigue Clint, que se tropieza hasta caer al suelo consumido en su risa. Incluso Joey aparece, comienza a llorar de la risa y tiene que sostenerse en la mesa para evitar terminar en el piso con el arquero.

Les lanzo una mirada que hace que la mayoría de los presentes no se atrevan a siquiera sonreír. Aunque la mayoría están atónicos al verme vestida como una corista de los 40's de Capitán América.

Lo peor es que ni siquiera me veo mal, es más, me veo deslumbrante en esto. La paleta de colores "patrióticos" no me hacen parecer pálida, lo que es un milagro. Además, aunque el vestuario parece ser original por la aspereza de la tela, es bastante cómodo e incluso fue adaptado para que me quede perfecto. Incluso mis casi inexistentes curvas se ven bien gracias al corte del vestido.

De hecho, si no conociera al grandioso Capitán América en realidad consideraría usar esto para Halloween.

Por fin dejan de reírse luego que le doy un golpe en la cabeza a Joey. Obviamente todos cuestionan mi elección de atuendo, así que tengo que explicarles la ridícula apuesta que hice con Tony. Lo que solo los lleva a reírse un poco más. Ruedo los ojos con fastidio y decido buscar algo que hacer aparte de soportar sus burlas.

Camino a barra atendida por algún servicio de Catering, a cada paso siento las miradas y los murmullos de todos los presentes, para mi ventaja no son muchos y me tienen el suficiente miedo para no sacar un teléfono y grabarme. Pido un vaso de agua y espero pacientemente.

La idea de escabullirme y cambiar mi ropa o tan solo irme me tienta, aunque al volver mi vista al soldado y encontrar su sonrisa relajada me detengo. Es la primera vez que lo veo reírse por tanto tiempo, de hecho, parece más feliz que cuando le regalé el departamento. Si el soldado ha aguantado mis constantes gritos y peleas y aún así ha decido seguir siendo mi amigo, creo que puedo aguantar un poco más en este disfraz.

De pronto dos personas me rodean poniéndome una botella con un líquido blanco enfrente. Reconozco la botella como la razón por la que me llamó Tony el día que hicimos la apuesta, otro regalo de cumpleaños para Steve. Aunque este fue lo suficiente complejo para necesitar a 3 científicos con más de 20 doctorados entre ellos. Una bebida alcohólica que afecte a Rogers.

– Es hora de entregarlo – deduzco incorporándome.

– Tu vas a entregarlo – indica Ironman entregándome una bandeja con un vaso.

– ¿Me ves cara de mesera o de edecán? – pregunta con desdén.

– Oye, a mí no me culpes fue idea de Banner – responde mi padrino.

– ¿Doctor? – cuestiono sorprendida encarándolo.

De nuevo, siempre son los callados.

– Sugerí conseguir alguien vestido de Capitán América. Pero, pensé que iba a contratar a alguien, no que te iba a obligar –se defiende.

Rio entre diente eso suena exactamente a algo que mi padrino haría.

– ¿Pero por qué yo? ¿Quieres que cante y baile tap mientras lo sirvo? – bromeo.

– ¿Puedes? – pregunta Tony emocionado.

Lo fulmino con la mirada como respuesta. Luego trato de balancear la bandeja en mis manos. Pasamos como 15 horas buscando la combinación perfecta de elementos y no quiero tirarlo. Nos abrimos paso hasta el soldado con ellos por delante.

– Oh no tomes esto, Capileta – dice Tony quitándole su bebida a un confundido Steve que interrumpe su conversación con el Clint y Joey – Esto es tu cumpleaños y este es tu juguito para celebrar, Soph – me señala.

Le hago una seña a Banner, o por lo menos lo trato porque me da miedo tirar la bandeja. Aunque él lo entiende, sirve la bebida y se la entrega al soldado.

Este le dedica una mirada insegura al vaso.

– ¿Se unieron a Holmes y ahora me quieren envenenar? – pregunta a los científicos.

Todos soltamos una carcajada.

– En realidad, si ayudé a hacer eso. Pero solo es una concentración de alcohol que hicimos para tu cumpleaños – explico con tranquilidad dejando la botella a su lado – Además, yo no mato con venenos – le guiño el ojo.

– Es broma, Capitán – lo tranquiliza Banner. Luego procede a darle explicación resumida y menos tecnificada de como hicimos el alcohol.

Todos lo miramos expectantes mientras da el primer sorbo. Para nuestra sorpresa comienza a toser como si fuera su primera vez tomando Tequila. Comparto una sonrisa orgullosa con Banner y Tony por haber logrado nuestro cometido. Tony se emociona tanto con la perspectiva de emborrachar al Capitán que propone un brindis.

– ¿Tu no vas a tomar, Sophie? – pregunta Clint al notar que no tengo vaso.

– De hecho, pedí agua. Ahora vuelvo – respondo tratando de ocultar mi decepción.

Mis riñones aún no están al 100%. Una persona común con un trasplante tendría repercusiones para toda su vida con medicinas y una dieta estricta. Yo aún tengo que tomar medicina que ayudan a no sobre cargar mis nuevos riñones, lamentablemente la deje en mi oficina. También tengo que seguir cuidando mi alimentación, así que no puedo tomar alcohol ni refresco.

Me encamino de vuelta a la barra a donde me espera mi vaso de agua. Me siento resignada en el taburete y le doy pequeños sorbos. Al poco tiempo cierto rubio se posiciona a mi lado para pedir agua.

– ¿Tu regalo de cumpleaños es demasiado fuerte? – pregunto con burla.

– La ultima vez que el alcohol me afectaba podía perderme con dos vasos – me explica Steve recogiendo su vaso – Y hoy no quiero terminar en el piso –

No puedo evitar una sonrisa.

– Tranquilo, Capitán. Es tu cumpleaños, relájate. Yo estaré sobria para idear como regresarte a tu habitación cuando caigas al piso – propongo medio en broma.

Desvía brevemente su mirada a mi vaso. Luego se cuadra, pasa su mano a su bolsillo para luego extendérmela en un gesto formal.

– Gracias por la bebida, Holmes – dice subiendo un poco el tono.

Su cambio de actitud me parecería raro si no sintiera las miradas de todos en espera de una inminente pelea. Incluso han bajado el tono de sus conversaciones para captar la nuestra.

Le dedico una media sonrisa y estrecho su mano.

– De nada, Capitán – respondo formalmente.

Suelta mi mano dejando atrás media docena de pastillas que reconozco como las medicinas de mis riñones. Controlo cuidadosamente mi expresión facial para no revelar nada a los que nos miran con curiosidad y me vuelvo a mi bebida. Steve me dedica una última mirada antes de regresar con los demás Vengadores.

Finjo tomar los cacahuates de la barra, en lugar de los cacahuates meto las pastillas en mi boca y me las trago en seco.

Ahora no puedo cambiarme de ropa, ha cuidado tanto de mí que ningún disfraz pueden compensarlo. Él me trajo mis medicinas porque no se necesita ser un genio para saber que las olvidaría. Lo mínimo que puedo hacer es intentar ser amable en su cumpleaños en lugar de una ermitaña en una esquina de la barra.

Me encamino hacia el grupo que rodea a Rogers. Joey me recibe con un brillo de travesura en su mirada y una sonrisa que me indica que no va a olvidar mi vestuario en un largo rato.

– ¿Tu no le vas a dar un regalo? – me pregunta Barton luego que Hill le entrega a Rogers un pesado libro sobre la historia de arte.

– Por supuesto que sí – repongo ofendida – Mi regalo es no pelear contigo por toda la noche, de nada – expongo acarándome a Steve.

Él rueda los ojos, pero puedo detectar el fantasma de una sonrisa en su boca.

Deduje que no podía fingir odiarlo en su cumpleaños, así que cree este falso regalo para tratarlo mejor hoy. Además, si alguien le parece raro mi cambio de actitud, siempre puedo decir que me agrada más alcoholizado.

– Eso no es un gran regalo – objeta Joey a mi lado.

– Estoy vestida como su corista y no puedo burlarme de él. Creo que es el mejor regalo que voy a dar en mi vida – argumento rápidamente.

– Bueno combinas con mis calcetas, Holmes – dice Steve calmando el ambiente.

Me da una mirada significativa presumiendo sus calcetas idénticas a la bandera Estadounidense, aquellas que compró para molestarme en el Centro Comercial. Trato de aguantar la risa, aunque no puedo evitar que mi boca se curve en una sonrisa.

– Creí que odias ese apodo – me devuelve a la realidad la voz del arquero – Holmes – agrega haciendo énfasis en cada letra.

– No me digas Holmes – replico inmediatamente.

– ¿Por qué él sí te puede decir Holmes? Yo te puse el apodo – chilla, indignado.

– ¿Has peleado contra Nazis o has estado congelado por 70 años? – inquiero con desdén.

– No... – responde confundido Clint.

– Cuando lo hagas podrás llamarme como quieras – sentencio con un guiño.

– ¿En serio es por eso? – pregunta Joey.

Siento la mirada expectante de todos. En ella siento su genuina duda de por qué dejo que alguien que no me agrada usé el apodo que odio.

– Bueno, primero pensé que iba a dejar de llamarme Holmes cuando se enterara que no es mi apellido. Luego supuse que no iba a tener que trabajar con él, después estaba demasiado ocupada peleando como para notarlo y hoy es su cumpleaños e intento no discutir – explico quitándole importancia.

La verdad es que le he tomado cariño al apodo. Claro, viviendo de Rogers es usado para compararme con un increíble detective. A diferencia de la mayoría de las personas lo usan porque piensan que mi análisis en un truco de ciencia ficción que solo había visto en libros.

Nadie tiene la intención de discutir así que dejan pasar mi explicación, incluso Natasha y Maria que llevan meses molestando con nuestra supuesta relación.

Pasamos la tarde entre conversaciones con viejas historias y la deliciosa carne de la parrilla. Cuando comienza a anochecer Tony aparece con un pastel que simula el escudo del soldado y tiene más de 90 velas encendidas, todos reímos ante esto, incluso Steve que le toma varios intentos apagarlas todas.

A diferencia de otras fiestas de Tony está es mucho más personal, todos nos conocemos por SHIELD porque lamentablemente Steve no tiene otros amigos. Reconozco algunas personas a las que me acercó a saludar, estas son lo suficientemente inteligentes para evitar decir algo de mi ropa, pero no pueden reprimir por completo sus sonrisas. Como decidí portarme bien, lo ignoro.

Tony me llama varias veces con un sonoro "SOPH" cada vez que Rogers termina su vaso y me hace servirle más de su "juguito de cumpleaños". Aunque no me convence de cantar o bailar para los fuegos artificiales el rubio tiene las mejillas sonrojadas y camino chueco.

Me pone nerviosa ver a Steve así. Verlo borracho es una variante que nunca consideré, traté de imaginarlo unas cuantas veces mientras hacíamos la fórmula, pero no pude lograrlo. No tengo ni idea si es el tipo de borracho que escucha canciones y llora, o el que se pelea con todos o el que comienza a hablar de cualquier cosa. Esta última posibilidad es la más peligrosa.

– ¿Qué creen que pasé si me lanzo de aquí con mi escudo? – pregunta Steve asomándose por la barandilla de la terraza luego de los fuegos artificiales.

– Oh, Dios. Esa idea es asombrosa – lo apremia Joey. Decidió hacer una reta de shots con Barton hace una hora y ahora arrastra las palabras y tropieza con todo – Definitivamente tenemos que probarlo – grita emocionado.

Ruedo los ojos. Creo que es el borracho que le gusta hacer cosas peligrosas, reflexiono con un poco de alivio, bueno su yo sobrio no es muy diferente. Miro a mi alrededor en busca de apoyo, pero todos se encuentran en el interior de la Torre bajo la protección del aire acondicionado.

– Sumando tu peso, con tu capacidad de regeneración, con la habilidad del vibranio de absorber vibraciones y ser increíblemente fuerte... Creo que caerías a la calle como una bala de cañón y harías un hoyo – decido explicar con tranquilidad.

Ambos hombres me miran confundidos. Me rio entre dientes porque esa fue la explicación más sencilla que pude dar y sus mentes nubladas por el alcohol luchan por entenderla.

– Está bien. Te haré caso, tu eres la científica – se resigna el soldado con una sonrisa para regresar su mirada anonada a la vista de la ciudad.

– Vaya, me agradas más cuando estás borracho – bromeo golpeando amistosamente tu hombro – Me haces caso –

– Tu me agradas más cuando no me gritas – me sonríe amablemente.

Pasamos unos minutos en los siguen sugiriendo ideas temerarias que terminarán con ambos en el hospital y yo sigo convenciéndolos de no hacerlo. Acaban sus ideas cuando la pelirroja nos llama al interior de la Torre. Al entrar noto que la mayoría de los invitados se ha ido. Quedamos los Vengadores, Hill, Joey y yo. Así que nos acomodamos en los sillones con tranquilidad.

– Sólo falta Point Break – suelta Tony.

Todos asienten con solemnidad pensando en el vengador faltante. Sin embargo, lo único que yo puedo hacer el bufar.

– Yo no conozco a Thor – gruño haciendo un puchero.

– ¿Por qué no? – pregunta mi padrino con curiosidad.

– Por tu culpa, idiota – reclamo mirándolo resentida.

– ¿Yo qué hice? – exclama sorprendido.

– Casi morir por Paladio y sumirte en un camino de autodestrucción –

– Ah, claro – murmura para sí mismo mientras el resto alterna entre verlo con preocupación o reírse entre dientes.

– Se supone que tenía que ir a Nuevo México, pero no fui por cuidar tu trasero – explico.

– Bueno, mi trasero te lo agradece – responde levantando su bebida en mi dirección.

– Incluso Sitwell fue. ¡Sitwell! – chillo, indignada.

– ¿Por qué quieres conocer a Thor? – pregunta Steve frunciendo el ceño.

Tengo que reprimir una sonrisa porque arrastra las palabras.

– Digo, el señor si un papucho, pero dudo que eso te importe – interrumpe Joey con una sonrisa sugerente.

– Es un alíen que fue alabado como dios – respondo con obviedad.

Todos asienten sin mucho interés, excepto cierto rubio.

– Yo soy un súper soldado, Stark tiene una armadura inteligente, Barton nunca falla un tiro, Romanoff... – empieza a enumerar Steve.

– Sí, sí todos somos raros – interrumpo con una sonrisa.