Otabek pasó nuevamente la noche en la casa de Jean, era normal entre ellos, así como había días, sobre todo en vacaciones, donde JJ prácticamente vivía en la casa de Otabek y es que como se conocían desde pequeños, sus padres también y lo bueno era que todos se llevaban de maravilla.

La conversación sobre Isabella pasó a segundo plano, comenzaron a hablar sobre la escuela, el cómo pasaba el tiempo y cuanto habían crecido a pesar de que mentalmente parecían los mismos chicos de hace años atrás que jugaban con robots, autos y una que otra muñeca infiltrada que pertenecía a la hermana de Otabek y que ellos usaban sin ningún remordimiento. Porque los niños no piensan más allá que en jugar, porque los juguetes son para eso y no importa a quien vayan dirigidos, cualquiera podía ocuparlos mientras cumplieran la función de entretener, entonces ¿Por qué no podía ser igual de fácil con el amor? Se supone que el amor era para sentirlo, sin importar quien lo haga o a quien vaya dirigido, aun si se suponía que debía ir hacia una persona del sexo contrario, la función del amor era sentirlo y expresarlo.

La noche llegó y como siempre compartieron la cama, Otabek ya se había acostumbrado a tener cerca a Jean y mantener a raya sus sentimientos, puesto que esto no era reciente y él lo sabía, aunque no podía decir el momento exacto en que comenzó a sentirlo. Era como si siempre hubiese estado ahí la sensación de quererlo cerca.

Jean se durmió rápidamente como siempre lo hacía, en cambio el otro chico esperó pacientemente a que su amigo tuviera la respiración calmada para aprovechar y hacer lo que siempre hacía desde hace poco menos de un año. Sabía que traicionaba la confianza de Jean, pero también sabía que en un futuro esa oportunidad ya no estaría a su alcance.

Una vez que se dio cuenta de que Jean dormía profundamente, se acercó a su rostro y depositó un beso en sus labios mientras murmuraba "buenas noches". Solo una pequeña presión de su boca contra la de su amigo, nada más que un inocente beso que intentaba transmitir lo que sentía al menos de esa manera.

Yuri se sentía extraño, al parecer recordaba muy poco como para enojarse con Otabek solo por un beso, su furia había sido más grande cuando este atacó a Minami, aun si el chico teñido había comenzado, Altin sabía que Kenjiro era más débil. Sabía que todo se debió al alcohol, pero estaba consciente de que él jamás hubiera golpeado a Minami, de eso estaba seguro, porque cuando sucedió aquello lo primero que sintió fue un instinto protector hacia él. Tal vez era porque últimamente pasaban mucho tiempo juntos, no lo sabía, pero si entendía que ahora lo apreciaba mucho más que antes.

El hecho de que fuera un chico quien lo besara, había sido una sorpresa, pero si lo pensaba con detenimiento, desde pequeño había tenido sentimientos por su maestro del jardín de niños y este era un hombre. Recordó cuando vio al maestro Katsuki besándose con el molesto profesor Nikiforov, en ese momento lo vio como algo asqueroso solo porque los besos lo eran para él, para su yo que era demasiado inmaduro para entender aquella muestra de afecto.

Su primer beso había sido robado, pero no era una chica como para darle importancia al asunto, solo era un beso.

Yuratchka, te buscan —le dijo su abuelo tocando a la puerta de su habitación, era el día después de todo lo acontecido y él aun permanecía acostado, siendo ya medio día.

Yuri se levantó de la cama y abrió la puerta encontrándose con Minami y su abuelo— hola —lo saludó el chico que se veía bien para aun tener una fea marca en el labio, por otro lado, llevaba el gorro que le había dado en navidad así que ahora parecía un gato callejero, de esos que se peleaban por comida.

¿No tienes a quien más molestar? —le dijo con molestia mientras volvía a la cama dejando la puerta abierta para que su amigo pasara. Se estiró como un felino antes de subir al colchón nuevamente.

Minami se sonrojó al ver como con esa acción, la camiseta del rubio se levantaba dejando ver su espalda, la piel pálida y su delgado cuerpo. Había estado pensando toda la noche en que había sentido cuando Otabek besó a su amigo y había llegado a la conclusión de que se sentía como un mal chico. Él no había ido porque quisiera proteger a Yuri o por lo menos esa no era la razón más grande, habían sido claramente celos, celos de que alguien pudiera tocar al ruso con tanta facilidad y que este se dejase.

Jean estará ocupado hoy —respondió encogiéndose de hombros mientras veía como el ceño de Yuri se fruncía tras la mención del otro chico, seguramente porque aun no le caía del todo bien.

Entonces soy tu segunda opción. Qué bien —dijo con sarcasmo mientras lo asesinaba con la mirada. No le gustaba ser la segunda opción de nadie, lo que no sabía es que Minami jamás habló con Jean, solo quería que no sonara como si estuviera desesperado por ver al ruso.

El del mechón rojo soltó una risa nerviosa que el otro interpreto como burla, se sentó a su lado en la cama y se quitó el gorro quedando un poco despeinado, logrando así que el otro se riera un poco.

¿Quieres que salgamos un rato? —le preguntó directamente el chico, sabía que no sacaba nada con darse vueltas. Sentía que quería estar con Yuri incluso los días donde no tenían la obligación de estar juntos, el ruso le gustaba y de eso se había dado cuenta luego de quebrarse la cabeza la noche anterior, aunque sabía que no podrían tener nada ya que era estúpido que su amigo aceptara algo como eso. De seguro si Yuri se enteraba, lo patearía escaleras abajo.

No tengo ganas, aun siento el cuerpo pesado —respondió mientras llevaba su mano al labio herido del chico. Ya no estaba hinchado y se notaba que la herida estaba sanando— además no deberías salir así, se nota que te dieron una paliza. Piensa en tu honor —lo fastidió burlón— mejor te quedas, vemos una película y comemos pizza.

¿Puedo quedarme? —preguntó estúpidamente.

Ya estás aquí, si te echo ahora el abuelo va a regañarme —concluyó el chico para luego acostarse en la cama, quería seguir flojeando un poco más.

Minami permaneció sentado, ahora que todo estaba más claro en su mente, sentía que no podía tomarse las mismas atribuciones de antes, como acercarse más de la cuenta. Sentía que traicionaba la confianza del chico haciendo eso. Lo curioso es que en ningún momento se cuestionó de que el que le gustaba fuera un chico, después de todo él sabía que su "primer amor" había sido su maestro del jardín.

La tarde pasó con normalidad, aunque Yuri pudo notar como Kenjiro estaba un poco distante. El chico siempre era muy de piel, le gustaba estar pegado a la gente todo lo que pudiera, pero esta vez parecía tomar distancia ¿Sería por su beso con Otabek? ¿Pensaría que era asqueroso por haberse besado con un chico? Por alguna razón, ese pensamiento lejos de enojarlo, le dolió y por primera vez tuvo miedo de ser directo y preguntar. No quería saber la respuesta.

Nikolai fue invitado amablemente por Minami a unirse a su tarde de cine y el mayor aceptó con gusto, le agradaba ese chico que era tan diferente a su nieto, sentía que el joven japonés complementaba con su positivismo el mal temperamento de Yuratchka. Le agradaba ver como su nieto podía decirle mil cosas a Kenjiro y este seguía con una sonrisa, tomándose las cosas a juego porque en el fondo sabía que Yuri lo apreciaba a su manera. Aunque no de la manera que le gustaría.

Minami no paraba de preguntarse, si fuera Otabek ¿Yuri aceptaría sus sentimientos? Negó con la cabeza, era imposible. La mayoría de las personas pensaban como su padre, los chicos como él eran una aberración para la sociedad, antinaturales, pero a él no le importaba ya que siempre se dejaba guiar por lo que sentía.

Mientras veían la película, Nikolai se sentó en el sillón mientras los jóvenes se quedaban con el sofá, ambos eran muy inquietos por lo que necesitaban más espacio. Yuri cambiaba de posición a cada rato, mientras que Kenjiro solía moverse cuando se emocionaba en alguna escena de acción. Al final de la película, el joven ruso había terminado acostándose de tal manera que su cabeza quedó sobre las piernas de Minami, poniéndolo un poco nervioso. No era la primera vez que estaban en aquella posición, pero esta vez el japonés era consciente de sus sentimientos. Por su parte, Yuri necesitaba asegurarse de que su amigo no lo estuviera apartando y aquello era la prueba de fuego.

Por supuesto que el del mechón rojo no lo apartó, aprovechó el momento para posar una mano sobre los cabellos dorados de su amigo y enredar sus dedos en estos. De verdad que había crecido mucho, le quedaba bastante bien ya que su rostro era bastante delicado y no como el de una chica, sino como el de un joven príncipe, tal vez. Las chicas solían buscar un príncipe cuando hablaban de hombres, pensando que por ello los chicos debían ser educados y atentos; cuando la verdad era que los príncipes eran como Yuri: caprichosos, altivos y se creían con el derecho a decir lo que pensaban sin tomar en cuenta las consecuencias, porque nadie podía imponerse ante ellos.

Continuará…