FIC

Regresa a Mi

Por Mayra Exitosa

Johnson ahora sabía que William había sido enviado a américa en barco y estaba en un hospital, se mencionaba que estaba brutalmente herido y que su golpe en la cabeza lo había dejado inconsciente, más al viajar de nuevo, el viaje llegaba hasta una serie de hospitales, mismos que aun no reportaban a nadie sin nombre por completo, leer en uno de ellos el nombre de Albert Andreas, lo hizo recordar las cartas que le enviaba la señorita Candy, y ahí todo volvía atener sentido. Contento confirmaba que estaba lastimado de la cabeza y que había estado en un hospital del cual ya había sido dado de alta, con amnesia temporal, lo cual lo haría pasar en unos meses y estaría recordando todo,

- ¿Está usted seguro doctor? - Por supuesto, una enfermera descubrió su nombre, y ella lo ayudo, luego se dio de alta y lo seguro es que lo hayan orientado para ir a su hogar, el hombre esta completamente bien, no muestra heridas en su cuerpo, solo ese golpe tan fuerte al ser lanzado brutalmente, pero todo lo demás está perfectamente bien. - Me alegra saberlo, ¿Albert Andreas? - Si, gracias a ese nombre y a una enfermera que por fin se lo saco en su información, pudimos dejarlo aquí, se había pensado que era un enemigo y que estaba infiltrado, ¿Comprende? La enfermera lo salvo y lo ayudo. - Gracias. ¿Se debe algo de él? - La enfermera lo pago, dijo que recibió el dinero de su familia. -¿De su familia? - Me puede dar el nombre de la enfermera, para darle las gracias. - Ella fue trasladada a otro hospital, desconozco en cual, su nombre es Candice White.

Jonhson se cubría la boca, sin hacer ninguna expresión salía y hablaba con los socios, quienes lo habían mandado por meses a buscarlo a Francia e Inglaterra, saberlo con vida, era un milagro, y tenía que confesar lo que sabía de William y la relación de amistad que sostenía haciéndose pasar por un amigo de este mismo, ya que Candy no lo había reconocido.

En las oficinas, los estragos de la guerra y las inversiones en el aire tenían a todos temiendo por su seguridad, recibir noticias de la seguridad del patriarca del clan, les daba un respiro. Uno de los hombres el más reacio de ellos, llegaba tarde, enterándose de muy poco, solo que William estaba bien y que su hija adoptiva aun no regresaba pero que ya se encontraba en américa.

- Me da gusto saberlo, disculpen mi tardanza, he estado un poco enfermo. En cuanto llegue mi hija, quiero que la trasladen a mi casa, he mandado hacer una habitación preciosa, y ya los registros de su nombre están en mis documentos Candy Analy Mc Carson, le puse Analy como la hija que perdí cuando se fue con ese hombre y que después apareció enferma y la encontré agonizando, pidiéndome perdón. Johnson sonreía y comentaba, - La señorita Candy salvo y pago con su trabajo a William, señor Mc Carson. - ¿Cómo has dicho? ¿Trabajó? - Así es señor, es lo que estábamos hablando, ella encontró y salvo a William, y lo seguro es que lo esta protegiendo, aunque me apena decirlo, investigue con una enfermera que… la reputación de ella se vio lastimada, por defender a un hombre y protegerlo, cuando una mujer soltera no debería hacer esas cosas, usted sabe cómo es la sociedad. - ¡Pero se trata de William! - Si señor, ya por fin hemos dado con él, esta aquí, y gracias a ella, lo salvaron, recibió un golpe en la cabeza y padece de amnesia temporal, pero no hay duda de que se trata de él, las descripciones y todo encaja perfectamente con él. Estatura, color de ojos y si no ha sido por la intervención e la señorita Candy, ahora estuviera siendo devuelto a Europa como un espía del gobierno, al estar hablando en francés en sus delirios, ya que William sabe hablar en varios idiomas, es comprensible, su herida fue en el trayecto en el que regresaba de Francia, por lo que su ultima vez, fue hablar en ese idioma. -¡Sorprendente! Estoy extasiado por lo que me entero.

Para Elroy ver como los tres volvían a su rutina de estar leyendo las cartas de Candy y soñarla como la mujer que amaban, la dejaba agradecida de que Candy no hubiese regresado aun, los tes continuaban con su frase de que eran su preferido y que ella les correspondería, tenía que ver que podía hacer antes de que Candy se diera cuenta que no era más hija de ella y que regresara a casa, para ser llevada de nuevo con su nueva familia.

Johnson llegaba con ella, para informar que ya en américa se encontraba William y que estaba siendo atendido directamente por los socios, debido a un padecimiento de una herida, tal como le habían dicho que no les informaran nada, solo que ya estaba cerca y que no se le dieran detalles de nada ni a ella ni a sus sobrinos, para que no estuvieran preocupados mientras lo encontraban, al saber que la reputación de Candy estaba entre dicho.

- Si madame, ha regresado a américa, es todo lo que sé. - Me da gusto. ¿De Candy se sabe algo? - Que también se encuentra en américa. - Johnson tenemos que hacer algo, los jóvenes continúan prendados de ella, leen sus cartas y aun la esperan, Candy y yo tramamos la idea de falsificar su origen para que no la siguieran, por no tener familia y orígenes dignos, pero ahora solo esperan el invierno para volver a verla.

Johnson analizaba sobre su frase de que no tenía orígenes dignos y se recordaba a si mismo cuando había puesto los ojos en la joven Andrew, él tampoco tenía orígenes dignos para formar parte de la familia, lo comprendía, pero eso no era para el Clan como lo era para ella, por eso omitía su sentir y continuaba escuchándola

- Comprendo madame, - Lo mejor es invitar a sus compañeras, hijas de socios, a que pasen el verano y puedan crear simpatía con ellos. - ¿Usted lo cree, madame? - Por supuesto. Las hijas de buenas familias y socios que puedan acrecentar sus inversiones al hacer un matrimonio conveniente es lo que ha mantenido esta dinastía salir adelante, hablaré con los miembros del clan para que vean este punto de vista que compartí muchas veces con mi hermano y padre de William, ahora que lo vea para nuestros descendientes, será lo indicado. Y no una joven que solo Dios de donde proviene, por muy hija adoptiva y que le tenga cariño, es solo eso, un aprecio por los demás, mientras que la realidad debe ser algo que incremente la sociedad y más ahora con la guerra que se encuentran tan desgastado el país.

Lejos de ahí, Candy llegaba cansada, había estado trabajando arduamente y Albert ya trabajaba por horas en un restaurant, la había visto caminando rumbo a la casa que compartían, y verla tan agotada, su mirada perdida y su tristeza tan palpable, en su hermoso rostro lo hacía sufrir por ella.

El entraba antes y preparaba té y galletas, buscaba hacer algo para la cena y que ella descansara antes de continuar ayudando en la casa.

- ¡Hola Albert! - Bienvenida Candy, ya hay té y galletas. - ¡Oh Albert! Eres increíble, deja me lavo y me quito este uniforme. - Te veo muy sonriente - Por supuesto, un poco cansada, pero todo esta bien. Candy se lavaba y cambiaba quitándose el uniforme, salía para tomar el té con Albert y su mirada se perdía y él sabía que estaba agotada, intervenía sacándola de sus pensamientos, - ¿Realmente estás bien, Candy? - ¡Oh Albert! A ti no puedo mentirte, estoy muy triste, un hombre mayor y muy molesto, no quiso quedarse internado en el hospital, es un carcamán, refunfuñón, debe descansar y reponer fuerzas, pero dice que tenía una junta de negocios, él está agotado, parece que alguien se le perdió en la guerra o algo parecido y su única hija murió hace muchos años, la vida lo tiene muy azorado, su salud esta desmereciendo y estaba muy preocupada, su corazón esta estrujado y padece una arritmia cardiaca, no se escuchaba completamente sano. -Vamos Candy, se lo dijiste y el tomo la decisión. - Me dio ternura, dice que le recordaba a su hija, pero ni así se quiso quedar en el hospital, como sea me prometió guardar cama y tratar de descansar, al parecer va a llegar su otra hija y la esta esperando, espero que eso le de suficientes motivos para recuperarse. - Eso espero. Candy no debes tomar a tus pacientes tan personalmente, debes tratar de solo atenderlos, si te angustias por cada uno de ellos, terminaras mal también tu y serás quien deba quedarse en cama. - ¡Oh Albert! Contigo aquí cuidándome, es imposible, mira que me consientes mucho, no sé que haría si no estuvieras conmigo. Hace tiempo que habría desistido de continuar, y contigo parece que todo macha bien, me siento como si estuviera en familia. - ¡Soy tu marido! - ¡Albert! - Al menos todos lo creen, me siento responsable de ti, lo sabes, me has cuidado afanosamente durante meses y has tenido mucha paciencia. A pesar de no recordar aun nada. - No te preocupes, pronto lo harás, el doctor Martin dijo que ya se han desinflamado todos los golpes, veras que cuando menos lo esperes, recuerdas todo, en un descuido te olvidas de mí, y estaré gustosa de recordarte que tienes que hablar bien de mi con el Tío William, es un hombre muy importante, los Andrew son una familia imponente con mucha historia, originarios de Escocia, tienen antepasados muy importantes en su país y han pasado muchas guerras y han sido tan fuertes, saliendo adelante en todos los negocios imponiéndose contra viento y marea, esa es una familia muy importante, tiene historia, bases y origen prestigiado, por eso el Clan Andrew - ¿El Clan Andrew - Si Albert, el Clan Andrew es uno de los mas importantes de Escocia, en Glasgow, de allá es el tío William Andrew, tu amigo y al que espero recuerdes, porque no sé a quien más mencionarte de tu familia, casi no me diste referencia ni datos de ellos. Candy le acariciaba el rostro al ver como tenía el entrecejo fruncido al mencionar el Clan, pareciendo haber recordado algo y ella lo abrazaba mimosa y le ayudaba a sentarse. Tranquilo, no quiero que te esfuerces, sabes lo mucho que deseo que te cures, pero no tienes que sufrir por ello. Albert tomaba su mano y la besa, suspirando por algo que paso por su mente y ella angustiada lo volvía a revisar, tomándole el pulso y buscando que se fuera a la cama, al notarlo pálido. - Tranquilo Albert, yo te cuido, no te angusties, para mi eres parte de mi familia y sabes lo mucho que te aprecio. - ¡Candy! Ella le daba un beso en la frente le quitaba los zapatos y lo recostaba en su cama. Y él la atraía cerca, mirándola cariñoso, por el cuidado que le había dado por mucho tiempo, y sin importar ella seguía apreciándolo aun en sus delirios y habiendo hablado idiomas que desconocía y gritado angustiado, ella se levantaba y corría hasta él, en pijamas, abrazándolo, cuidando personalmente de todo cuanto había estado pasando por esos meses. - Todo va a estar bien, Albert. - Tengo miedo no recuperarme. - No importa, me tienes a mí, jamás te dejaré, lo sabes, ¿cierto? Albert besaba sus manos y no la dejaba ir, quedándose dormida a un costado en su cama, junto a él.

Continuará...


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Un abrazo a la distancia

Mayra Exitosa