FIC

Historias de Albert y Candy

Necesito Dinero

Por Mayra Exitosa

Capítulo IX

Me importas mucho

En las oficinas Marlene recibía el aviso de detención de Harold y sus guardaespaldas, así también era llamada a que fuera a verlo, pero al llegar todos esos hombres ella estaba siendo muy vigilada, si se iba a verlo, la detectarían cómplice, por lo que meditaba su manera de responder, así mandaba un mensaje con el abogado, para que supiera que no se podía presentar porque había muchos socios de William ahí, habían llegado todos los representados de William Andrew y si ella se acercaba se delataría ante todos, lo que podía hacer era esperar para poder ella sacarlo. Pero alguien que la observaba nerviosa, la pasaba a investigar con Johnson a lo que dejaba el celular en su escritorio y este lo miraba uno de los hombres que estaba vigilándola, detectando el número del abogado de Harold y el mensaje que había dejado, antes de que se bloqueara el celular que había dejado abierto en su escritorio, el hombre tomaba fotos de la evidencia y se las enviaba a Johnson a su número.

Al ingresar Marlene coqueteaba intensamente con el administrador, quien sonreía satisfecho al verla tan solicita y tan agradable con él, pero giraba al escuchar su celular, ella se sentaba frente a él en su escritorio y George dejaba para después el celular, al ver como ella abría ambas piernas mostrando un túnel muy, pero muy obscuro, que lo dejaba atónito.

- Señor Johnson, he notado tantos hombres, ignoraba que fueran socios.

- ¿En serio? Yo también.

- ¿Usted ignoraba que fueran socios, también?

-¿Eh?

Ella le jalaba la corbata y tomaba sus labios, pasando su lengua bajo su bigote y bajando de su escritorio hasta sentarse frente a él en la silla. La falda se subía hasta su cintura dejando ver la pieza estilo hilo dental que mostraba bastante insinuante ya sin medias y jadeaba en su oído.

- ¿Creo que debemos darnos un descanso, para estar un poco más cómodos ¿No los crees?

George, se levantaba con ella en su cintura y pasaba a su privado, dejándola hacer todo lo que deseara, entre esas actividades seducirlo y desvestirlo para que le diera lo que Harold le daba antes y ahora no se encontraba, así mordisqueando su oreja, solicitaba información sentada en el lavabo del sanitario privado.

- Entonces ¿Esos hombres siempre han sido socios ocultos de William?

George, introducía enérgicamente su parte y ella gritaba emocionada y sorprendida, un jadeo de

-¿Qué escondido lo tenías? ¿Eres talla XL?

- ¿Te satisface eso?

- ¡Muchísimo!

- ¿Mejor que Harold?

- Por supuesto.

- Y que te daba él que no te pudiera dar yo.

- Ahora que lo estoy probando, creo que el era solo una botana, tu eres el platillo principal con postre incluido. George la levantaba en el viento y ahora era el quien la cuestionaba, mantenida en el vaivén de las emociones ella no coordinaba solo se dejaba llevar emocionada por lo que estaba recibiendo y él la detenía para que le respondiera al dejarla deseando que él continuara y el chantajeándola para que respondiera,

- ¿De quien fue la idea de deshacerse de William?

- ¡Oh! De Harold, era el socio único o eso pensaba él, pero que lastima, todo eran sueños que decía que haría, pero… ¡Oh! ¡Oh!

- ¿oh? ¿Tu que parte de información le dabas?

- Todo lo que el me pedía y solo lo que tenía en el computador, no puedo darle mas de lo que sé, él quería quedarse con la empresa, no le importaba que fueran familia, al final William tenía todo y el solo las sobras, o eso era lo que él decía. ¿Mas? ¡Siii! ¡Así!

- Y te daba placer aquí en la oficina y en su casa.

- Es casado, solo me daba lo que el quería, se agotaba muy rápido, no duraba mucho… ¡por favor!

- ¿Quieres más?

- ¡Si! George la agitaba subiéndola y bajándola con mayor velocidad y mirándola como ella estaba a punto de llegar, se detenía en seco y agregaba

- ¿Cuéntamelo todo? Dame las pruebas, y considerare darte mucho más a todas horas

- ¡Siiii! George la colocaba en el lavabo y ahora empujaba con violencia, haciendo que ella se tocara sus pechos y se agitara jalando sus puntas embebida en el placer que estaba sintiendo. Pero George quería pruebas y ella tenía que dárselas is lo deseaba completo, así que se detenía y se acomodaba con una finura sin haber culminado agregaba,

- Pasemos a mi oficina, quiero todas las pruebas de lo que Harold tenía, para quedarse como socio único.

- El contrato de él decía que, si falta uno de los socios, los demás se lo repartían. Marlene quería llorar de frustración, se colocaba su tanga y acomodaba sus bustos en sus copas, para luego arreglarse la ropa y acomodarse el cabello que se había soltado.

En la cabaña, Albert estaba encima y levantaba sus piernas poseyéndola para culminar enérgicamente, ella estaba agitada por como él le daba a sentir tanto placer. Al culminar Albert se daba cuenta que no se había estado protegiendo, pero estaría a su lado y no la dejaría jamás sola, le cumpliría en todo, como lo estaba haciendo ahora que parecían estar de luna de miel, el estaba relajado y feliz con ella, parecía satisfácela en todo, porque sonreía y lo besaba con cada caricia, con cada entrega, rosando su rostro en su pecho, tomando y devolviendo beso a beso, se estaba haciendo tan suya, como él deseaba que lo fuera. Cuando le dijera que la cabaña era solo su espacio en el jardín de su casa, oculto de todos y donde se refugiaba para estar a solas y meditar, ella sería feliz teniéndolo a él cada noche en su casa, sin que nada ni nadie los separara, ni que le hiciera falta trabajar, él le proporcionaría todo lo que necesitara para vivir, mientras estuviera con él jamás le faltarían cualquier cosa que le hiciera falta.

La veía dormir, desnuda, confiada, y le daba tal ternura, porque a pesar de estar ahí solos, ella no se quejaba de las incomodidades de estar sin lujos, parecía gozar junto a él de todo cuanto había en la naturaleza, traer leños del bosque, caminar tomados de la mano, amarse como un par de fugitivos escondidos en una casa, que ella pensaba que era la suya y que ahí podían ir cuando lo desearan y pasar tiempo de calidad, como lo habían estado haciendo todos esos días, bañarse en la laguna, hacer el amor en el agua y en el bosque, en la cabaña en cada parte de la casa, la mesa, el sillón, la cama, el lavabo y hasta en el camper, cuando ambos coincidían y solo deseaban continuar con caricias y besos. Ya se estaba quedando dormido y la escuchaba agitada,

- ¡Tras de ti, Albert! ¡Albert, Cuidado!

Él la abrazaba tranquilizándola, aun recordaba cuando lo había dicho, estaba protegiéndolo y ella se tensaba y gritaba

- Espera Albert. Todo está bien. No te muevas demasiado, te abriste la cabeza. La abrazaba y besaba respondiéndole

- ¡Estoy bien! Ya me he recuperado mi vida, no te preocupes, descansa, te cuidare Candy. Ahora eres mía, ¡solo mía!

George en la oficina tomaba las pruebas y las presentaba con la declaración de Marlene, quien por haber proporcionado información privada, podía recibir una sanción, sin embargo, al ser ella quien hacía la declaración desde la oficina, eso hundía aun más a Harold, ella miraba a George de reojo, esperando que el estuviera satisfecho con la declaración que estaba proporcionando, al final los investigadores del caso, se retiraban entregando pruebas de todo cuanto Harold hizo y ella estuvo enterada, para luego se colaba en su oficina y preguntaba,

- ¿Ahora si podemos hacerlo?

- En cuanto se dicte la sentencia, podrás contar conmigo, no quiero que esto se vea como un chantaje, Marlene, ¿o te estoy chantajeando para que hagas algo?

- No, por supuesto que no, es solo que… yo… ¡Te deseo George

- Lo veremos al finalizar este asunto, por ahora lo importante es preparar la junta de socios y que salgamos librados de todo ¿cierto?

- Aunque sea una sola vez, George ¡Por favor!

Continuará…


Gracias por solicitar este fic Lorena Montalván por continuar leyendo y

comentando esta historia para el grupo Historias de Albert y Candy.

Deseando completar mas fics de esta y todas las demás historias

Un abrazo a la distancia

Mayra Exitosa