Pareja: YuixShu

Rating: "M"

Advertencia: Contenido para adultos con chocolate incluido.


Capitulo XX

¿Has visto a Mike Hunt?

Oh santo infierno. ¿Dónde está el mono que me pateó en la cabeza y se cagó en mi boca?

—Creo que me estoy muriendo —dije con voz ronca.

La risa de Shu sacudió la cama y forzó un poco de vómito en mi garganta. Apreté la mano sobre mi boca y empecé a respirar por la nariz para hacer que se detenga.

—Por favor, no vuelvas con eso de: "Me estoy meriendo". Es muy temprano y no estoy lo suficientemente despierto como para decir algo reconfortante —respondió Shu mientras frotaba lentamente círculos en mi espalda.

Empecé a preguntarle de qué demonios hablaba cuando los golpes en mi cabeza se convirtieron en destellos de recuerdos de la noche anterior.

—Oh, Dios mío, envié una foto de mis tetas a Jim —gemí cuando una nueva oleada de náuseas me invadió.

—También te lanzaste en al estacionamiento de la sala emergencia, llamaste a Drew y le dijiste que eras la Reina Mona Golpea Pollas y después firmaste un Testamento en una servilleta del Burger King y luego le pediste al trabajador del autoservicio que lo validara.

Nunca beberé otra vez. Nunca beberé otra vez.

— ¿Por qué no puedo ser una de esas personas que cuando beben se olvidan de todo? Sería muy bueno en este momento si no tuviera que recordar estas cosas —murmuré.

Sentí la cama moverse detrás de mí y unos segundos más tarde, el brazo de Shu me rodeó y sostuvo una servilleta delante de mi cara.

—Lo siento, cariño, incluso si te olvidaras, todavía tengo la prueba de tu estupidez —dijo con una risa. Tomé la servilleta y miré la escritura desordenada mientras él se escabullía bajo las sábanas detrás de mí.

—No quiero estar muer... Morir. Muerta. Esa servigeta de Burger Doble sólo sirvió como mi testamento, ¡Arg! Por cierto, las patatas fritas aquí apestan. Si muero, no alimenten a mi hijo con esa mierda de papas fritas. Tampoco le den a mi hijo el rey espeluznante abusador que está en sus comerciales. ¿Qué diablos está mal con ese tipo? Tiene un cuerpo normal y una cara de plástico que siempre está sonriente. No está bien, hombre. No es correcto. Mis oídos se sienten divertidos.

Me pregunté si anoche alguien me dio drogas. Esta fue la única vez en mi vida que esperaba estar drogada, así podría echarle la culpa a algo que no sea yo siendo una borracha horrible.

—Guau, está bien, si tuviste la intención de sacar el tema de tener un testamento redactado por un abogado y sacar un nuevo certificado de nacimiento de Takumi en el que esté tu nombre. Probablemente deberías haber hecho eso antes de que me bebiera todo el vino —le expliqué.

—Bueno, por suerte para ti, soy influyente en ciertos lugares para borrachos. A pesar de que apenas sabía lo que decías anoche, me di cuenta de que esto es importante para ti. También es importante para mí. Dios prohíba que algo nos pase, pero me haría sentir mejor saber que Takumi va a estar bien. Quiero decir, sé que tenemos a tu padre y, aunque no los conoces bien, mis padres son totalmente consientes con todo lo que tiene que ver con Takumi, pero estoy de acuerdo en que deberíamos tener a alguien más joven como un plan B por si acaso. Sé que vamos a estar terriblemente ocupados para el próximo mes más o menos una vez que la tienda se inaugure mañana, y no tendremos tiempo para sentarnos y hablar de esto, así que pensé que tal vez podíamos traer a nuestros amigos en los próximos días y ver cómo les va con Takumi. Ya sabes, algo así como una entrevista secreta.

Tenía muchas ganas de vomitar en este momento, pero tuve que contenerlo de nuevo porque Shu merecía mi completa y no-vomitiva atención.

—No puedo creer que tomes en serio lo de anoche.

Shu se deslizó a mi lado de la cama, apretando su cuerpo contra el mío mientras envolvía los brazos alrededor de mi cintura.

—Tomo todo lo que dices en serio. Incluso cuando estás enviando mensajes sexuales a nuestros amigos y gritando en la ventana de servicio que quien sea que haga tu hamburguesa no escupa en ella — dijo Shu, dándome un beso en mi sien.

Levanté la mano delante de mi cara y me di cuenta del vendaje en vuelto alrededor de mi dedo medio por primera vez.

—Supongo que al montarme casi me corté el dedo medio. Será divertido sacarle el dedo a todos cuando me pregunten qué pasó — dije con un suspiro—. ¿Sabes lo que acabo de recordar? Hoy Liz y Jim están de niñeros de su primita durante unas horas. Planeaba ir allí para que ella y Takumi pudieran jugar mientras Liz llena lo último de nuestra documentación. Podrías venir con nosotros y podríamos hacer nuestra primera entrevista espía súper secreta.

Shu se apoyó en un codo para poder mirarme.

— ¿Tendré que usar un anillo decodificador secreto y tener un nombre en clave de espionaje, como "IchybonSnagglewhip" o"Bonanza Challywag"?

Volví la cabeza y lo miré a los ojos.

— ¿Voy a tener que decir esos nombres en voz alta, delante de la gente que conocemos? —pregunté.

—Sólo si nuestra cobertura es descubierta.

Apoyó la cabeza en la almohada detrás de mí y en cuestión de segundos, podía sentir su pene duro contra mi culo.

— ¿En serio? ¿Hablar de "Bonanza Challywag" te excita?— pregunté con una sonrisa, tratando de no hacer una mueca cuando la acción me revolvió el estómago.

Su mano, que descansaba en mi estómago, se coló debajo de mi camiseta y se deslizó por el frente de mi cuerpo hasta que entró en contacto con mi pecho desnudo.

—Cualquier cosa que diga, haga o piense contigo me excita — dijo en voz baja mientras su palma estaba sobre mi pezón. Empujé mis caderas y froté mi culo contra su longitud, mientras amasaba mi pecho y me besó a un lado de mi cuello. Su cabeza se apartó bruscamente de mí y su mano detuvo la exploración de mi carne.

—Vas a vomitar, ¿no es así? —preguntó mi entras apreté los ojos pensando en arcoíris y los gatitos y otras cosas que no me daban ganas de vomitar.

No funcionó. El arcoíris me hizo pensar en "Prueba el arcoíris", lo que me hizo pensar en chocolates y la bolsa del cuarto de kilo que comí anoche antes de acostarme. Los gatitos me hicieron pensar en las pulgas y las cajas de arena con pequeños trocitos que parecían rollitos de chocolate cubiertos de rocas y...

Salté de la cama y corrí al baño, apenas llegué a tiempo antes de que vaciara el contenido de mi estómago —que coincidentemente se parecía un poco a un arcoíris.

—Está bien, mi pene no se siente ofendido en lo más mínimo por lo que acabas de hacer —gritó Shu desde el dormitorio.

Shu consiguió que Takumi se levantara, se vistió y le dio de comer el desayuno mientras yo tomaba una ducha y traté de sentirme humana. Por mucho que no me gustaba hacerlo, vomitar ayudaba. Tranquilizaba mis demonios.

Cuando salí de la ducha, me di cuenta que no tenía nada de ropa... bueno, aparte de la camiseta que llevaba para dormir y la ropa interior. ¿Dónde diablos estaba mi ropa?

Pasé por el armario de Shu y encontré una de sus camisas y entonces busqué en su cajón de ropa interior por un par de bóxers. En su lugar, en la parte de atrás, me encontré con una tanga masculina roja.

Los dioses de la venganza me sonreían, mis amigos. Me dirigí a la cocina, donde Shu limpiaba el desayuno y Takumi le daba un plazo para su dinero.

—Mamá siempre me deja tener dulces después del desayuno.

Me puse de pie en las afueras de la puerta para que pudiera ver, pero ellos no a mí. Takumi se encontraba sentado a la mesa de la cocina y Shu estaba de espaldas a él, cargando cosas en el lavavajillas.

—Correcto, dulces después del desayuno. Y yo soy Santa Claus — murmuró Shu en voz baja.

— ¡¿Eres Santa Claus?! —preguntó Takumi con entusiasmo, levantándose de su silla.

Shu dio la vuelta para enfrentarse a él con una mirada de pánico en su rostro.

— ¿Qué? No. Bueno, técnicamente... Espera, no. No, no, no. No soy Santa Claus. Era sólo una expresión figurada —explicó.

— ¿Qué es una expresión figurada?

— ¡Mierda! —murmuró Shu.

Takumi lo señaló.

—Oooooohhh, dijiste mierda —acusó, asegurándose de susurrar la palabra mala.

— ¿Y qué? — Argumentó Shu—. No se lo digas a tu madre.

— ¿No decirme qué? —pregunté, atravesando la puerta con una sonrisa.

Shu suspiró. — ¿Ya lo has oído, no?

Me acerqué a Takumi y lo levanté en mis brazos para un abrazo.

—No tengo idea de qué estás hablando —dije mientras besaba ambas mejillas de Takumi.

— ¿Cómo dormiste anoche, hombrecito?

Me apretó tan fuerte como pudo hasta que tuve que sacarle los brazos de mi cuello para poder respirar.

—Dormí bien. Pero anoche te arrastraste en mi cama conmigo y me dijiste que nunca hablara con los reyes con caras sonrientes —me dijo.

Shu se echó a reír, mientras yo gemía.

Le di a Takumi un último apretón y luego lo puse en sus pies.

—Corre a tu habitación y busca tus zapatos, ¿de acuerdo? Vamos a ver a la tía Liz y al tío Jim en un rato.

Dejó escapar un grito de emoción y salió corriendo de la habitación.

Me acerqué a Shu e incliné mi cuerpo al suyo mientras descansaba contra el mostrador de la cocina.

—Te ves bien usando mi camisa —dijo mientras envolvía los brazos alrededor de mí.

Besé su barbilla y lo miré.

—Luzco incluso mejor usando tus calzoncillos ajustados —dije con una sonrisa cuando llevé el brazo a mi espalda y alcé una esquina de su camisa para que pudiera ver.

Sacudió la cabeza y suspiró.

—No puedo creer que hayas encontrado estos. Mis bóxers me irritaban en el trabajo, así que pensé en probar...

—No te preocupes —le interrumpí—. Me aseguraré de que todo el mundo sepa que te pones ropa interior de chico grande.

Me reí y envolví los brazos alrededor de su cuello. Se inclinó y me dio un beso dulce, chupando el labio superior en su boca y haciendo que los dedos de mis pies se doblen.

— ¿Dónde está mi ropa? —pregunté entre besos.

—Tu camisa está en la basura. La arrojaste allí anoche cuando llegamos aquí y viste la sangre por todas partes. Dijiste que no podrías nunca llevar algo que te recuerde cómo casi mueres en un terrible accidente. Te quité los pantalones antes de que hicieras lo mismo con ellos. Están en la secadora.

Negué con la cabeza y suspiré mientras Shu apretó su agarre sobre mí y puso otro beso en mis labios.

—Múdate conmigo —dijo de pronto.

Sus labios se quedaron contra los míos y mis ojos se abrieron para poder verlo. Me miró con tanta intensidad que no había manera de que lo escuchara mal.

—Te amo —continuó rápidamente—. Amo a Takumi. Me encanta despertarme con los dos en esta casa. No quiero perderme verlo atarse los zapatos por primera vez, o escribir su nombre. No quiero despertar en la mañana y no verte babear en la almohada a mi lado.

Me reí y le di un golpe en el brazo, la conversación se volvió inmediatamente más ligera.

—Además, necesito a una mujer que esté descalza y embarazada en la cocina haciendo pasteles de pollo cada noche — dijo con una sonrisa.

—Bueno, entonces obviamente nunca nos conocimos, si quieres que asuma ese papel.

Nos quedamos allí en la cocina, envueltos en los brazos del otro con el pequeño jinete de Shu subiendo por mi trasero, y me di cuenta que nunca había sido más feliz.

—Sí —dije.

Sus cejas se levantaron y su rostro se iluminó con una gran sonrisa.

— ¿Sí? ¿En serio? —preguntó—. Estaba seguro de que tendría que recurrir al soborno o la extorsión.

Asentí y se rió. —Sí, vamos a vivir contigo para que pueda supervisar las estupideces que dices y darte un puñetazo en el riñón cuando sugieras de nuevo que debería estar descalza y embarazada en la cocina.

Unas horas más tarde, Liz y yo terminábamos nuestra documentación en su mesa de la cocina. Jim y Shu estaban sentados a la mesa teniendo su propia conversación, mientras que Takumi y Melissa, la primita de ocho años de Jim, jugaban.

Takumi se encontraba en este momento en la sala viendo una película, pero Melissa había estado corriendo por la cocina a toda velocidad, gritando lo más fuerte que pudo durante los últimos quince minutos. Shu y yo nos pasamos entre nosotros miradas secretas de vez en cuando acerca de la conversación que tuvimos en el coche de camino hacia aquí. No íbamos a disciplinar a Takumi en absoluto en todo el tiempo en su casa. Dejaríamos que Liz y Jim se encargaran y ver lo que hacían. Tenía experiencia de primera mano del tipo de cuidadores que eran, ya que eran mis mejores amigos, así que esto fue, sobre todo, para el beneficio de Shu. Sabía a ciencia cierta que Liz y Jim eran maravillosos con los niños y después de hoy, Shu estaría más que dispuesto a asignarlos como tutores de respaldo de Takumi.

Sorprendentemente, no tendríamos necesidad de disciplinar a Takumi de todos modos. Se comportaba muy bien. Melissa, por otro lado, me recordó una vez más, que algunos animales en la naturaleza se comen a sus crías. Era un terror. Después de su vigésima séptima vuelta a la cocina, agitando las manos sobre su cabeza y gritando, Liz finalmente tuvo suficiente.

— ¡Melissa! Basta ya —dijo con severidad.

El pequeño terror, efectivamente se detuvo. Durante dos segundos. Entonces comenzó de nuevo y salió corriendo de la habitación gritando como si su culo estuviera en llamas. Su culo estaría en llamas pronto si no cerraba la puta boca.

— ¿Eso es todo lo que vas a hacer? —pregunté.

—No —respondió Liz mientras levantaba la vista del papel que firmaba—. La próxima vez que corra le voy a dar una patada.

Poco convencional, pero me parecía bien. Soñaba con empujar una vela romana en sus pantalones y rociarla con líquido para encendedores.

—Por lo tanto, Melissa parece un poco... muy nerviosa —le dijo Shu a Jim.

Jim asintió en acuerdo. —Es una niña linda, pero sólo puedo soportarla en pequeñas dosis. Una vez nos la llevamos a cenar con nosotros y estaba siendo una pesadilla, así que Liz la hizo sentarse en el coche mientras pagamos la factura. Llegamos a la mitad de camino a casa cuando nos dimos cuenta de que no se encontraba en el coche —dijo riendo—. ¿Recuerdas Liz? ¡Comiquísimo!

Shu me miró con horror y traté de no hacer contacto visual.

Todo el camino hasta aquí todo lo que hice fue presumir lo buenos que eran Liz y Jim con Takumi y cómo estaban hecho para ser padres. Ups.

Me había olvidado de esa historia. En su defensa, Melissa era Satanás. Yo también la habría olvidado.

Melissa hizo otra vuelta por la cocina y fiel a su palabra, Liz asomó su pie. La niña molesta de tercer grado cayó de bruces en el suelo.

— ¡NO MÁS PERCHAS DE ALAMBRES! —le gritó Liz.

—Eres extraña —dijo Melissa mientras se levantaba y se fue corriendo de la habitación.

—Buen trabajo, mamita querida —dije.

—Por lo tanto, Liz, cuando tengas hijos, ¿cómo vas a disciplinarlos? —preguntó Shu.

Le di una mirada mordaz. No tenía que llamar la atención. Hacer preguntas contundentes enviaría una señal de alerta.

Liz se encogió de hombros. —Eh, no soy buena con la disciplina. Si es divertido y nadie está sangrando, no estás en problemas. Esa es mi filosofía.

Entonces Takumi entró y apoyó la cabeza en mi brazo.

—Melissa me dijo que nadie puede acercarse a su zona prohibida. ¿Qué significa eso? No me agrada. Es gritona. Le dije que mi mamá no tenía miedo de golpear a un niño —dijo con un suspiro.

Escuchamos a Melissa gritar en la otra habitación y algunos golpes fuertes.

— ¿Qué demonios está haciendo ahí? —preguntó Liz.

—El gato está siendo malo —dijo Takumi.

El gato de Liz y Jim era conocido por ser una pequeña bola de terror, causando estragos en las personas inocentes cuando menos lo esperaban. Una vez, cuando le hacía cosquillas a Takumi en el suelo, saltó desde Dios sabe dónde y aterrizó de espaldas con sus dientes y garras insertados a dos pulgadas de profundidad en mi piel. Odiaba a ese gato, pero creo que odiaba más a Melissa. Esperemos que el gato la estuviera poniendo en su lugar.

— ¿El gato los arañó? —pregunté, mirando sus brazos en busca de marcas de garras.

—No, no se quedó en la maleta —explicó.

Todos los adultos en la mesa nos miramos en silencio. Ante el sonido de otro golpe de la sala, todos saltamos y salimos corriendo de la cocina.

Después de asegurarnos de que Melissa no iba a entrar en el territorio de asesina en serie por asfixiar a un gato, nos dirigimos a casa.

—Esa no fue la mejor representación de sus habilidades como padres —traté de explicar mientras Shu sacaba el coche de su camino de entrada.

—Oye, Takumi —dijo Shu mientras miraba en el espejo retrovisor—. ¿Qué palabra nueva te enseñó hoy la tía Liz?

—Ladyboner *—dijo Takumi mientras miraba por la ventana.

Shu me dio una mirada mordaz.

—La tía Liz dijo que tienes una Ladyboner para papi. ¿Le compraste un regalo? Yo también quiero uno —se quejó Takumi.

Después de parar en mi casa para recoger algunas cosas, regresamos a donde Shu y dormimos a Takumi para una siesta. Shu por fin dejó de intentar convencerme de que Liz y Jim estaban fuera de la lista cuando me dijo una sola palabra.

Drew.

Si yo estaba dispuesta a dar a ese niño gigante una oportunidad, tenía que tener la mente abierta con mis amigos. Por lo menos acordamos esperar hasta después de la apertura de la tienda para decirle a Takumi que nos íbamos a mudar. Si le decíamos ahora, estaría fastidiándonos cada minuto a partir de ahora hasta que lo hagamos, preguntando si ya era el momento. No tenía necesidad de luchar contra el impulso de dejarlo fuera de la casa mientras me ocupaba con la tienda. Una persona no puede tratar con tanto.

Después de la siesta de Takumi, el papá de Yui se detuvo para recogerlo para una pijamada. Él entró sin tocar y procedió a pasar cada habitación. Una vez que vio todo lo que había que ver, me dijo que la casa era "suficientemente buena". Extrañamente, eso era lo más agradable que me dijo desde que nos conocimos así que sentí como si hubiésemos tenido un momento.

Me incliné para darle un abrazo y me detuvo con su mano.

—No quieres hacer eso, hijo.

Di un paso atrás y le di una mirada simpática.

— ¿Vietnam, eh? ¿Sigue siendo difícil para usted acercarse a las personas? —pregunté.

—No. Todavía no estoy seguro de que no seas gay y si tratas de jugar a agarra-culos, va a ponerse muy incómodo cuando tenga que romper tus dedos en dos.

Un día de estos iba a quebrar a este hombre, recuerda mis palabras.

Nos despedimos de Takumi y Yui salió poco tiempo después para dirigirse a la tienda y hacer algunas pocas cosas de último minuto para la apertura de mañana.

Me ofrecí para encontrarla allí, después de ducharme y hacer unos recados.

Yui me había dado una llave de repuesto para la tienda, así que me permití entrar por la puerta principal dos horas más tarde.

Afuera se hallaba oscuro y dejé las luces de la tienda apagadas mientras cuidadosamente hacía mi camino hasta la cocina en la parte trasera.

Escuché música y doblé la esquina de la cocina para ver a Yui lamiendo chocolate derretido de su dedo medio. Mi polla saltó a la vida mientras la veía girar su dedo en su boca y balancear su cuerpo a los ritmos eróticos de la canción que se reproducía.

Rodeé el borde del mostrador, donde ella trabajaba y me paré detrás, poniendo los brazos a cada lado de ella con mis manos planas sobre el mostrador. Incliné mi cuerpo cerca del suyo, levantando una mano para mover su cabello de su cuello y empujarlo detrás de su hombro. Siguió trabajando, volteando moldes de chocolate y dejando el producto final sobre toallas por lo que nada se rompería. Su cuerpo se movía al compás de la música y de vez en cuando se deslizaba contra mí. Cuando puse mi boca a un lado de su cuello, sus movimientos se entrecortaron.

— ¿Son penes y tetas de chocolate? —pregunté.

—Sí —gimió mientras la punta de mi lengua saboreara su piel—. Recuerdos para la fiesta... mierda... mmmm.

Sonreí contra su cuello cuando gimió y coloqué otro beso con la boca abierta, esta vez dejando que mis dientes rozaran su piel. Vi mientras la piel de gallina coloreaba su piel y la escuché tomar una respiración al estremecerse. Seguí mordiendo y chupando suavemente a un lado de su cuello hasta que finalmente se hartó de concentrarse en los moldes de chocolate. Los dejó caer al mostrador y golpeó sus manos a un lado de las mías, derramando un tazón de chocolate derretido en el proceso. El líquido tibio salpicó sobre su mano y corrió por el borde del mostrador, haciendo un charco en el suelo.

— ¡Mierda! —Yui se rió mientras alzaba las manos del mostrador y trataba de quitarse algo de chocolate. Agachó su cabeza para mirar el charco en el suelo y levanté mi brazo y llevé todo su cabello al frente de su otro hombro por lo que la parte trasera de su cuello quedó al descubierto y pasé mi dedo por el desastre de chocolate derretido en el mostrador y luego lo deslicé por su nuca, dejando una mancha de chocolate.

— ¿Acabas de poner chocolate en mi cabello? —preguntó distraídamente. Mi mano se deslizó alrededor de su cintura y empujé por debajo del dobladillo de su camisa hasta que toque la piel suave y cálida de su estómago. Moví la boca hacia su nuca y deslicé mi mano dentro de sus pantalones. Mis dedos se deslizaron justo dentro de su ropa interior y a trasvés del suave triangulo de rizos. Uní mis labios a su piel cubierta de chocolate y suavemente chupé mientras dos de mis dedos se deslizaban en ella, resbalando en su interior.

—Oh, Dios mío —gimió suavemente mientras yo empujaba y sacaba mis dedos de su interior, cubriéndolos con su humedad—. Olvídalo, puedes poner chocolate donde quieras.

Ella se sentía muy bien, mejor que cualquier cosa en el mundo.

Podría estar aquí toda la noche tocándola y nunca me cansaría de ello. Mordisqueaba y chupaba detrás de su cuello, asegurándome de quitar todo el chocolate que había puesto allí. Estaba feliz de descubrir que el lugar justo debajo del nacimiento de su cabello la volvía loca. Cada vez que mis dientes rozaban esa zona, ella gemía y sacudía sus caderas contra mi mano. Alcé la mano libre del mostrador y la puse debajo de su camisa, levantando la copa de su sujetador sobre uno de sus pechos. Ahuequé su plenitud en mi palma y luego moví dos dedos en círculos alrededor de su pezón. Copié los mismos movimientos con mi otra mano, dando vueltas mis dedos a través del calor entre sus piernas.

El compás de la música y el sonido de sus suaves gemidos llenaron la habitación y me encontraba a unos dos segundos de explotar en mis pantalones por sólo escucharla y sentirla deshacerse en mis manos.

Moví las manos contra su trasero y fue mi turno para gemir. Era suave contra mi dureza, húmeda contra mis dedos calientes y la piel de su cuello sabía salada y dulce, como los pretzels cubiertos de chocolate que ella hacía. Estaba a punto de decirle algo estúpido como que ella era el ying de mi yang. Pero con toda honestidad, lo era. Quería más que nada que sea mía. Siempre. Ese pensamiento debería haberme asustado. Si fuera cualquier otra mujer, probablemente lo haría. Pero no Yui. Nada sobre ella me asustaba, excepto la idea de perderla. Sus caderas empezaron a moverse más rápido y besé un camino hacia su oreja.

—Te amo mucho —susurré, deslizando mi mano más abajo y empujando dos dedos en su apretado calor. Yui gimió fuertemente mientras movía mis dedos dentro y fuera de ella y mi otra mano seguía burlándose de su pezón. Mis manos se sintieron repentinamente vacías ya que fueron arrancadas de ella y de su pecho, cuando se giró abruptamente para enfrentarme.

Los dos miramos hacia abajo, a la parte delantera de su camisa que era un lío de chocolate debido a mis manos y al estar inclinada sobre el derrame en el mostrador. Me reí hasta que puso sus manos en mis mejillas y limpió el chocolate de toda mi cara.

—Te amo más que al chocolate —dijo con una sonrisa.

Sus manos se deslizaron por enfrente de mi camisa, dejando un rastro de chocolate a su paso y fueron a trabajar en mis pantalones. Antes de darme cuenta, los había bajado hasta mis muslos. Me estiré por sus caderas pero ella apartó mis manos.

—No, no, no, es mi turno de jugar —dijo con una sonrisa perversa en sus labios.

Mi polla saltó contra mi estómago, como preparándose para hacer una danza giga. Cuando ella lamió sus labios y lo miró, gemí. Por un segundo llevó las manos detrás de su espalda, jugueteando con algo. Antes de que pudiera decirle que ahora no era momento para empezar a limpiar nuestro desorden, besó mis labios y sentí algo caliente y húmedo deslizarse alrededor de la cabeza de mi pene.

Se retiró, deslizándose por mi cuerpo y mi boca cayó abierta.

Oh, dulce Jesús, es que... es que ella va a...

Envolvió la mano alrededor de mi base y sus labios alrededor de la cabeza y me succionó en su boca. Ni siquiera supe qué tipo de palabras incoherentes salieron de mi boca. Pude haber dicho las palabras "shamhow" y "joder". Me incliné hacia ella y mis manos golpearon contra el mostrador, salpicando chocolate sobre el frente de mi camisa mientras Yui comenzaba a lamer todo, asegurándose de lamer cada gota de chocolate derretido que frotó allí con sus dedos cuando me besó.

Ella lamía el chocolate de mi polla. Sentí como si estuviera en una película porno... una muy, muy buena película porno con mejor música y un excelente argumento. No como aquella vez espeluznante con el tipo que pone mantequilla de maní en su johnson y deja que su perro...

Sus labios se deslizaron alrededor y hacia abajo de mi longitud, tomando gran parte en su boca, y me olvidé del perro lamiendo la polla. Gracias a Dios. Comenzó a un ritmo lento, moviendo su cabeza arriba y abajo, succionando duro cada vez que llegaba a la punta, antes de volver a hundir su boca sobre mí. Sentí como si debiera lanzar mis puños al aire o darle a Yui una ronda de aplausos, pero eso sería convertir rápidamente esto en un mal territorio porno. Pude sentir mis bolas endurecerse y puse las manos sobre sus hombros y la atraje hacia mí. Tan bueno como se sentía estar en su boca, necesitaba su interior ahora mismo. Deslicé las manos sobre la pretina de sus pantalones y ropa interior y los deslicé por sus caderas lo suficiente para que pudiera sacar una pierna.

Levantando a Yui, la senté en el borde del mostrador, moviéndola de lado un poco para que no estuviera sentada en el chocolate. Separé sus rodillas así podía ponerme entre ellas. Sus manos cayeron en el charco de chocolate a cada lado de sus caderas y la agarré por su cintura mientras ella empezaba a deslizarse a través del desastre. Golpeó una mano pegajosa sobre mi hombro, dejándola impresa y haciéndonos reír.

Oh, dulce Jesús, ¿era música porno lo que sonaba de fondo? ¿Protagonizaba "Penes y la fábrica de chocolate" o "Chocolate se derrite en su vagina, no en su mano?"

Me abalancé y la besé, chupando sus labios dentro de mi boca y lamiendo golosamente chocolate con mi lengua. Una vez que lo conseguí todo, ella empujó su lengua sobre la mía y la giró en mi boca. Sabía a Yui y chocolate, y tuve un momento donde quise llorar como un bebé porque mi sueño de los últimos cinco años se encontraba frente a mí. Agarré la parte trasera de sus rodillas y jalé sus piernas alrededor de mi cintura, mis manos se deslizaron por sus muslos y sobre su culo. Succioné su lengua dentro de mi boca y la atraje hacia el borde del mostrador mientras mi dureza descansaba contra su húmedo calor.

Sus brazos envolvieron mis hombros y empujé mis caderas hacia delante, hundiéndome dentro de ella lentamente hasta que mi pelvis estuvo alineada contra la de ella.

Mi boca nunca dejó la suya mientras me hundía dentro de ella y giraba mis caderas, frotándome contra ella.

Gimió en mi boca y con fuerza se empujó contra mí, creando fricción donde ella lo necesitaba. Sus piernas se apretaron alrededor de mis caderas y presioné las manos sobre su culo, meciéndola con más fuerza y más rápido contra mí. Me mataba no moverme, no deslizarme dentro y fuera de su calor que apretaba a mí alrededor, pero sabía que le gustaba lo que hacía y eso era todo lo que importaba. Nuestro beso nunca paró cuando la sentí apretarse a mí alrededor.

Sus caderas se movieron más rápido y arañó mis hombros mientras me movía contra ella y giraba mis caderas, empujándola hacia el olvido.

Profundicé el beso y tragué sus gritos mientras se venía. Sus manos se aferraron a mi cabello y no podría haberme importado menos que esta noche tuviera que lavar el chocolate.

Quité una mano de su trasero y la apoyé en el mostrador junto a ella para hacer más palanca mientras salía por completo y volvía a estrellarme en su interior. Las estrellas estallaron detrás de mis ojos cerrados por las sensaciones que se dispararon a través de mí.

Los gemidos de Yui y sus maldiciones en voz baja me hicieron moverme más rápido y con más fuerza. Gracias a Dios por eso, porque no había manera de que pudiera ser suave. Necesitaba follarla en el mostrador de la cocina, simple y sencillamente. Mi mano libre se deslizó debajo de una de sus rodillas por lo que su pierna colgó sobre el pliegue del codo. Levanté su pierna más alta y empujé profundamente dentro de ella hasta que ambos gemimos.

Me hundí dentro de ella duro y rápido, moviendo mis caderas a la velocidad de la luz. El olor del chocolate llenó el aire, su caliente humedad me cubrió mientras bombeaba dentro y fuera y los sonidos de nuestros cuerpos golpeando juntos dispararon mi orgasmo como un tren de carga. Mi orgasmo me rasgó y juro que era el mejor que tuve.

Empujé dentro de ella una última vez y me quedé quieto hasta que los últimos estremecimientos de mi liberación desaparecieron.

Dejé caer mi frente sobre la suya y nos quedamos quietos, tratando de recuperar nuestro aliento. Mi brazo se deslizó de debajo de su pierna y cayó sin fuerza a mi costado. Sentí mi pulso dentro de ella mientras envolvía los brazos a su alrededor y acercaba su cuerpo.

Después de estar algunos minutos así, finalmente recuperé la capacidad para hablar.

—Va a gustarme mucho todo esto del negocio de chocolate si es así como vamos a pasar nuestras noches.

Yui se echó a reír y miró alrededor. —Parece que una bomba de chocolate explotó aquí dentro.

Había chocolate en nuestro cabello, podía sentir el chocolate seco sobre mi cara y brazos y nuestras camisas se hallaban completamente cubiertas. Miré hacia abajo y vi huellas de manos de chocolate en los muslos y caderas de Yui y la mitad de sus pantalones estaban empapadas de chocolate, que todavía goteaba del borde del mostrador. Estábamos tan ocupados con nuestro brillo post-coito y riendo del desastre que hicimos, que no oímos cuando se abrió la puerta que conectaba con la tienda de Liz.

— ¡SORPRESA! —gritaron varias voces cuando miramos hacia la puerta en estado de shock.

—Oh mi jodido Dios, ¿estás bromeando? —gritó Liz mientras se encogía y trataba de no dejar caer el pastel que tenía en su manos.

—Oh Jesús, mis ojos. ¡MIS OJOS! —chilló Jim mientras se cubría su cara con las dos manos y se giraba.

— ¿Esas son tetas de chocolate? —preguntó Drew, caminando hacia nosotros, agarrando un trozo del mostrador y haciéndolo estallar dentro de su boca.

Mi polla, ahora completamente encogida, seguía dentro de Yui. Esto era como el maldito día de los dedos en la vagina. ¿Qué diablos estaba mal con mi vida?

— ¡Siento llegar tarde! ¿Te sorprendiste? —preguntó Jenny mientras se abría paso entre Liz y Jim, deteniéndose repentinamente cuando vio la posición en la que nos encontrábamos. En el mostrador. Mostrando nuestros traseros, cubiertos en chocolate.

— ¡Je, je, Yui tiene tetas y penes de chocolate pegados a su trasero! —Rió Drew.

Así que eso explicaba los extraños golpes que sentía en su culo.

Por un minuto me preocupó un poco que ella pudiera tener forúnculos o alguna espeluznante enfermedad de la piel acerca de la que no sabía.

—Espero por Dios que limpies ese mostrador —regañó Liz.

—Y mis ojos —murmuró Jim, todavía de espaldas hacia nosotros.

Yui no se había movido o dicho una palabra y yo casi quería poner mi dedo bajo su nariz para ver si todavía respiraba.

—Queríamos sorprenderte con un pastel de "Buena suerte con la apertura de la tienda" pero parece que comenzaron a celebrar sin nosotros. —Jenny se echó a reír—. Drew, ¿por qué todavía no hemos jugado con chocolate? Necesitamos remedial eso.

—Remediar, nena. Remediar —corrigió Drew mientras agarraba otra teta de chocolate del mostrador a pocos centímetros del trasero de Yui y se la comía.

¿Por qué mierda todo el mundo seguía de pie en esta cocina?

—Te he traído una muestra de mi nueva loción comestible. Es sabor a pastel de embudo. Me imaginé que tú y el Shu chico pondrían sabor a su vida si jugaban a ser el trabajador del carnaval y la persona inocente que asiste a la feria —dijo Liz mientras arrojaba la botella de loción sobre el mostrador. En su lugar, parece que debería haber traído un pedazo de tela para cubrirte.

—Supongo que Jim y tú ya probaron la loción, ¿verdad? ¿Pretendías ser la puta con un auto lleno de millones de enanos saliendo en manada de tu vagina? —dijo Yui sarcásticamente.

—Este es el Sistema de Radiodifusión de Butter, viniendo a ustedes en vivo desde la cocina del lado de Snacks de "Seduction and Snacks", mañana será la apertura del nuevo negocio, justo en el corazón de Butler.

Una mujer en un traje de negocios repentinamente entró por la puerta con un micrófono en su mano y un hombre con una cámara siguiéndola detrás. El gigante foco en la parte superior de la cámara nos cegó y todo el mundo comenzó a gritar, pero no antes de escuchar las palabras—: Viniendo a usted en vivo...

Esto es un sueño. Tiene que ser un jodido sueño.

La mujer perfectamente peinada con el cabello esponjado se detuvo en seco cuando vio mi culo cubierto de chocolate. Su grito de "Santa Mierda" ahora era transmitido en miles de salas de estar de Butler.

Afortunadamente, el hombre de la cámara captó la escena frente a él y reaccionó más rápido que ella. Se giró rápidamente, golpeando su cámara contra la cabeza de Jim antes de tropezar hacia atrás, deslizándose a través del chocolate derramado y derretido, y estrellándose en el suelo sobre su espalda.

—Hijo de perra eso duele. —Se podía oír a Jim gritando fuera de cámara, mientras la vista en la televisión repentinamente cambió a una toma del techo y un ruido fuerte llegó a través de los altavoces, significando el punto de la transmisión en el que el hombre de la cámara cayó sobre su trasero. Liz cayó del sofá, aterrizando sobre su costado en un ataque de risa, Jim logró mantenerse sobre el sofá, pero se dobló sobre la cintura, aferrándose a su estómago mientras se reía junto con ella.

Todo lo que Yui y yo podíamos hacer era mirar fijamente en shock a la repetición de la emisión de esta noche que Liz logró captar en su DVR. Después de la catástrofe de la cocina y un montón de disculpas del personal de BBS por decidir que una entrevista sorpresa sería divertida, volvimos a casa de Liz y Jim para limpiar y ver si por algún milagro, se produjo un apagón en el área.

No hubo suerte.

—Oh, aquí viene mi parte —dijo Drew emocionado mientras saltaba sobre su lugar en el suelo y se inclinaba para subir el volumen del televisor.

Repentinamente la cara de Drew entró en la toma mientras se inclinaba sobre el hombre derribado, y la vista de la toma del techo de la cocina de la tienda.

—Pase por Seduction and Snacks para la gran apertura de mañana, y pruebe algunas de las tetas de Yui. ¡Están deliciosas! — dijo con una sonrisa mientras mordía una de las tetas de chocolate que tenía en su mano.

La cámara giró hacia donde la presentadora se quedó atónita con Liz y Jenny, moviéndose frenéticamente en la cámara detrás de ella y Jim de lado frotándose la cabeza y murmurando—: Joder, eso duele.

—Regresamos contigo al estudio, Sam —tartamudeó mientras miraba con los ojos muy abiertos y sin parpadear hacia la cámara. La toma regresó al estudio donde inmediatamente comenzaron a hablar del tiempo.

—Bueno, la buena noticia es que el hombre de la cámara logró mostrarle a Butler que ustedes probaban el sabor del chocolate con su pene y vagina —dijo Liz desde su lugar en el suelo.

—Si esa es la buena noticia, ¿cuál demonios es la mala? — preguntó Yui.

—Bueno, ahora Drew es la imagen de Seduction and Snacks. —Liz se echó a reír.

Todos miramos a Drew mientas quitaba pelusa de la parte de enfrente de su camisa, que había sido el foco principal de la toma de cámara.

Supongo que había cosas peores, Seduction and Snacks podría ser famosa por una camiseta que decía: "¿Has visto a Mike Hunt?"

Ladyboner: Cuando una mujer está excitada por un hombre

Shamnhow: Nombre de toalla absorbente alemana.