Capítulo 9: La cuarta carta

Hinata giró sobre sí misma, esquivando por unos escasos centímetros el puño de Toneri. Concentró su chacra en sus puños, todavía no había terminado de formar los puños dobles de león por lo que necesitaba ganar algo de tiempo. Se agachó, pero no fue lo suficientemente rápida y los puños de Toneri rozaron su hombro.

El dolor hacía que Hinata tuviera problemas para controlar el chacra por el dolor que sentía, pero no perdió el control en ningún momento e incluso pudo terminar la técnica. Se preparó para golpear, sin embargo no tuvo la oportunidad de hacerlo. Su puño rozó el hombro de Toneri y su muñeca fue capturada por el príncipe de la luna.

Hinata deshizo su técnica, sabía que la batalla estaba perdida.

—Buen trabajo —la elogió Toneri y le mostró su hombro. No estaba tan lastimado como el de Hinata, pero tenía marcas que mostraban que el ataque no había sido en vano —, solo te falta ser más agresiva y no pensarlo tanto. En una batalla real el enemigo estará dispuesto a matarte.

Hinata asintió. Se dirigió hasta el lugar en el que estaba su mochila. Sacó dos botellas de agua y una crema que había preparado especialmente para el entrenamiento.

—Deja que cuide de ti —Hinata se acercó a Toneri y, después de que el príncipe aceptara, comenzó a tratar las heridas que le habían provocado. Hinata asintió y continuó tratando las heridas de Toneri. Estaba vendado su hombro cuando emitió un quejido que delató las heridas que ella tenía.

—Déjame ver eso —le dijo Toneri, su voz delataba preocupación y culpa —, debiste haberme dicho.

—No es nada —le dijo Hinata —, he tenido peores heridas durante mis entrenamientos.

Sus compañeros no solían ser crueles, pero sí exigentes, pues sabían la seriedad con la que solía tomarse sus entrenamientos. Ellos la habían visto entrenar hasta desfallecer, especialmente Neji quien se había comprometido a entrenarla. Pensar en Neji hizo que Hinata se sintiera afligida.

—Lamento eso.

—No lo hagas, al contrario, me hace feliz que no me subestimes. Yo —Hinata calló, no creyó que fuera una buena idea decirle a Toneri que el motivo de su tristeza era el recuerdo de la guerra —, pensaba en mi hermana, la extraño.

—Podrías traerla.

—Pero también extraño a mis amigos y creo que es muy pronto para tomar una decisión.

Toneri tomó la crema de Hinata y comenzó a vendar el hombro de su prometida. La poca habilidad que mostraba delataba que era la primera vez que realizaba ese tipo de tareas y eso hizo que Hinata se sintiera conmovida. Si bien era cierto que en ocasiones se sentía atrapada y con deseos de volver a casa también lo era que había descubierto cualidades agradables en Toneri y que a veces sentía algo de pena por él, un hombre aferrado a un legado confundido y que por años solo contó con la compañía de marionetas.

—Le escribiré una carta a Hanabi, apuesto a que ella debe estar preocupada por mí.

...

"Estoy enamorada", pensó Hanabi con desconsuelo. Había intentando negar lo durante mucho tiempo, sin embargo no le quedaban ni fuerzas ni deseos de hacerlo. Hanabi había escuchado que estar enamorada era un sentimiento maravilloso y, aunque Hinata no se lo había dicho, podía notar lo que el amor le había hecho. Le había dado las fuerzas para seguir luchando y esperanzas para no desfallecer. Hinata se había hecho más fuerte y segura de sí misma, pero Hanabi no se sentía así.

Hanabi no sabía si el amor debía sentirse de ese modo. Ella no se sentía con ganas de ser más fuerte ni se sentía optimista. Durante muchos años se había sentido orgullosa de quien era, había estado segura de ser una buena hija, alguien digno del apellido Hyuuga, pero amar a Naruto la hacía sentir culpable. Entre más lo pensaba, más motivos encontraba para reprocharse por lo que sentía.

Ella no quería enamorarse, menos del hombre que había conquistado el corazón de su hermana sin ser consciente de ello. Hanabi quería a su hermana, ella y Natsu habían sido las únicas en hacerle sentir lo que era el aprecio. Neji y su padre también la querían, Hanabi lo sabía, pero ambos eran muy hoscos y durante una gran parte de su infancia se habían aferrado a todo lo que implicaba ser un Hyuuga, especialmente cuando se trataba de negar los sentimientos o endurecer el corazón.

Buscó hablar con Natsu. Hablar con Hinata no era una opción, Hanabi se horrorizaba con tan solo imaginar lo que podría pasar si su hermana se enteraba de lo que sentía.

—Señorita Hanabi, debería escribirle una carta donde expreses sus sentimientos. Sería tan romántico.

—Pero eso es absurdo —se quejó Hanabi —, yo no quiero ser correspondido, quiero olvidarlo.

—A veces la mejor forma de olvidar es aceptar lo que sentimos. Puede que te resignes o que tus sentimientos logren alcanzarlo.

Hanabi pensó en Hinata y se preguntó qué hubiera pasado si ella hubiera hablado de su amor. No quería pensarlo, el imaginar a Hinata en compañía de Naruto, besando sus labios y tomando su mano era algo que le desagradaba y ella sabía el motivo, estaba celosa.

—Supongo que podría funcionar.

Hanabi intentó hacerlo pero cada vez que lo intentaba fracasaba, le daba un ataque de risa o sentía nauseas. Después de varios intentos decidió descartarlo, ser romántica era algo que no iba de acuerdo a su estilo. "No estoy enamorada, solo me gusta", pensó Hanabi. Se dijo que escribir una carta era una tontería y algo muy peligroso. Hanabi se dijo una carta podría generar malos entendidos, en Konoha los rumores se expandían con mucha rapidez.

Si hubo un momento en el que se arrepintió fue cuando Naruto pasó a buscarla a la casa, por sugerencia de Natsu. Ella le había pedido que la ayudara a entrenar, un argumento demasiado usado en las novelas rosas que eran publicadas en las revistas para kunoichis y que leyó, desesperada por información.

—Los dejo a solas, iré a traer té y onigires —les dijo Natsu antes de retirarse.

Hanabi supo las intenciones de Natsu en cuanto la vio guiñar un ojo. Sintió deseos de reclamarle por lo descarado de sus gestos, idea que descartó cuando notó que Naruto ni siquiera lo sospechaba. La kunoichi no sabía cuál de los dos era peor, Naruto por no ver lo que le parecía tan obvio o ella por sentirse atraída hacia alguien tan distraído.

—¿Entrenamos? —le preguntó Hanabi.

—Después de comer, Natsu dijo que nos traería algo.

Los primeros minutos fueron incómodos. Ninguno decía nada más no era por timidez. Aquella situación era extraña y ellos eran casi desconocidos. Hanabi dudaba que ella fuera para el joven Uzumaki algo más que la hermana menor de Hinata y ciertamente no sabía que era él para ella.

Natsu trajo el té y volvió a retirarse. La situación no se tornó incómoda nuevamente, al contrario. Hanabi se encontró disfrutando de la compañía del héroe de la cuarta guerra shinobi y sintiendo que sus inhibiciones cada vez se hacían menores.

Él le contó sobre varias de sus misiones de la infancia, especialmente sobre Sasuke. El Uchiha seguía sin regresar a Konoha pero ocasionalmente enviaba un halcón a la aldea.

—¿No te molesta que no regresara a la aldea? —preguntó Hanabi curiosa, todo lo relacionado con Sasuke era un misterio. Solo les habían informado que desde la Cuarta Guerra Ninja había dejado de ser considerado un criminal, algunos rumores incluso decían que él era uno de los héroes.

Cuando le preguntó a Hinata ella estaba demasiado afectada para responder. Durante la guerra trató de ser fuerte pero la muerte de Neji la había afectado. Todos en el clan lo estaban, Neji no solo era un Hyuuga, era como un hermano para ella.

—Un poco, pero al menos ya no se encuentra hundido en la oscuridad. Sasuke ocupa encontrar su redención y no queremos sofocarlo.