Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es tufano79, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is tufano79, I'm just translating her amazing words.
Thank you tufano79 for giving me the chance to share your story in another language!
Figura Ocho
Capítulo Diez: Beisbol y Vegas
BPOV
Edward y yo subimos al mirador. Nos paramos en la plataforma con sus brazos rodeando mi cintura mientras mirábamos hacia Mount Rainier a la distancia. Pasó su nariz a lo largo de mi mandíbula y dejó besos suaves en mi cuello.
—Tengo algo para ti, amor —dijo—. Algo así como una muestra de mi aprecio por todo lo que has hecho por mí este último mes. Es el primero de los muchos regalos que espero darte.
—Edward, no tenías que hacerlo —me sonrojé. Me dio la vuelta y me miró a los ojos—. Hice todo porque me importas y quería que tu transición a los Estados Unidos fuera lo más fácil posible.
—Y lo has hecho. Me he sentido increíblemente acogido y quería expresar lo mucho que lo aprecio. Por favor, acéptalo —dijo Edward al entregarme una pequeña caja negra. La abrí y dentro estaban el collar y los aretes Helenite. El verde de la gema hacía juego con los ojos de Edward. Jadeé.
—Son hermosos, Edward —murmuré.
—Tú eres mucho más hermosa, Bell —dijo, besando mi frente—. Te los pondría, pero no quiero que tires tu collar por el Space Needle.
—En cuanto regresemos al apartamento, me los pondré y los usaré con orgullo —dije—. Gracias, Edward. De verdad no tenías que hacer esto.
—Sí tenía. Y prepárate para ser muy consentida, amor. Soy conocido por acurrucarme, acariciar y darle regalos al azar a la gente que am… que me importa.
¿Dijo que nos amaba? O sea, ¿casi lo dijo? O sea, amor, ¿AMOR?
Creo que necesitaba sentarme… ¿alguien tiene una bolsa de papel café? ¡Estaba hiperventilando!
EPOV
—¿Bell? —pregunté. Sus ojos se habían empañado y estaba temblando—. ¿Bella? ¿Nena? —parpadeó unas cuantas veces y me miró—. ¿Amor? ¿Estás bien?
Sonrió y me besó los labios con dulzura.
—Estoy bien. Sólo me quede pensando un poco —dijo con voz entrecortada—. ¿Quieres quedarte aquí o regresar al apartamento?
—Me gusta estar aquí arriba y el día está precioso —dije mientras la sostenía contra mi cuerpo—. ¿Sabías que tu cabello tiene una tonalidad rojiza?
—Una observación muy astuta, Edward —se rio—. Tu cabello tiene diferentes colores. La mayoría de las mujeres pagarían un chingo de dinero para tener ese tipo de luces.
—Um, ¿gracias? —resoplé—. Mi cabello es un desastre. Sin importar lo que le haga, siempre se alza como si estuviera loco. O como si acabara de meter el dedo en un tomacorriente.
—Creo que te ves sexy —dijo Bella con una sonrisita. Me besó los labios dulcemente y se acomodó en mis brazos. Cree que soy sexy. ¡Sí! *puño al aire*.
El resto de la tarde la pasamos paseando alrededor del parque que estaba cerca del Space Needle. Bella quería que fuéramos al museo de música, pero le dije que podríamos hacer eso en otra cita por diversión. Sólo quería llevarla de regreso a mi apartamento y acurrucarme con ella. Era tan increíblemente hermosa e inteligente, y mi corazón se aceleraba cuando estaba cerca de ella.
Definitivamente me estaba enamorando de Isabella Swan.
Y casi le suelto la sopa cuando le di la joyería. Pero quería hacerlo. Con desesperación. Quería gritar desde los techos que amaba a Bella. Cuando tuve mi pequeña metida de pata, ella se asustó. No estaba lista.
Pero nosotros sí. Di que la amas para poder follarla. ¡Queremos a Bella!
Patanes. Cállense. No llevan el control de esto.
Todavía…
Bella nos llevó de regreso al edificio de nuestros apartamentos. Nos tomamos de la mano durante todo el viaje y yo estaba casi risueño. Subimos a mi apartamento ya que yo vivía solo. Pasamos el resto de la tarde y noche acurrucados en mi sofá viendo películas y platicando. También pasamos una buena cantidad de tiempo enrollándonos. Y, que me jodan, Bella besaba de forma fenomenal. Sabía exactamente qué hacer para volverme completamente loco. Quería levantarla del sofá y hacerle perversidades en la habitación.
Hazla gritar tu nombre, Eddie. "¡Oh, Edward! Más duro, bebé".
¿Dónde habrá un objeto filoso? Sus días están contados, amigos.
¡Nooooooooooo! Quieres tener bebés, ¿cierto? Nos necesitas para tener hijos con la ardiente castaña que te está chupando la cara.
Me comporté como un caballero a pesar de las perversas mentes de mis gónadas. Ella nos llevó hasta donde quería llegar. Me sorprendí, por decir lo menos, cuando se sentó a horcajadas en mi cintura. Agarré su cadera mientras nos besábamos. Su cuerpo se estaba frotando contra mi erección que estaba estirándose debajo de mis pantalones de vestir. Si ella seguía así, me correría en mi ropa interior. Se sentó de nuevo en mi regazo, recargando su frente en la mía.
—Vaya —exhaló.
Tragué en seco y asentí, no tenía mucho flujo sanguíneo en mi cerebro justo ahora. Se levantó de mi regazo y fue por su abrigo.
—¿A dónde vas?
—Alice se está quejando de que paso todo mi tiempo contigo —dijo con el ceño fruncido—. Así que pasaré la noche en mi cama y tendremos un día de chicas en el spa mañana. Creo que los chicos vendrán para llevarte a pasar tiempo con ellos o algo así.
—Si eso incluye eructos y pedos, me negaré amablemente —dije arrugando la nariz.
—Diviértete con los chicos, Edward. Te veré el lunes. Iremos a correr —dijo al salir de mi apartamento.
xx FO xx
La mañana siguiente me desperté por unos golpes en mi puerta. Gemí y me tapé la cara con la almohada. Los golpes se detuvieron. Tal vez ya se fueron. Lo siguiente que escuché fue el tintineó de unas llaves. Miré sobre mi hombro y gemí en voz baja. Jasper y Emmett aparecieron en mi apartamento.
—¡Eddie! ¡Despierta! Despierta —gritó Emmett.
Me enterré en la cama. Me arrancaron las cobijas del cuerpo y me acurruqué en posición fetal. Estaba usando un par de bóxeres y se sentía jodidamente frío.
—¡Hombre! —rugí.
—Liiiiiiiiiiiiinda tinta, Eddie —dijo Emmett al pasar un dedo por mis costillas.
—Vete al carajo —dije apartando su mano de golpe.
—¿Qué demonios le pasó a tu espalda, Edward? —preguntó Jasper que estaba recargado en el marco de la puerta.
—Tu novia —dije al sentarme—. Me golpeó con fuerza después de compartir mi primer beso con Bella. Mi espalda se familiarizó con su puerta principal.
—Mierda. Tú y Bella sí que son un par. A ambos les salen moretones con mucha facilidad —dijo Jasper—. Como sea, iremos a un juego de beisbol. Mariners contra los Astros. Vístete, Masen. Y asegúrate de vestirte con algo cálido. Está helado.
Los miré, ambos llevaban jerséis de beisbol. Emmett estaba usando el jersey de los Mariners de Seattle y Jasper llevaba el de los Astros de Houston.
—Andando, Eddo —dijo Emmett. Levanté mi cuerpo de la cama y les dije que comieran lo que quisieran de mi refrigerador. Me bañé rápidamente y me vestí con unos jeans y una chamarra. Salí a mi cocina y me dejé caer en uno de los taburetes de la barra de la cocina. Jasper puso un bollo frente a mí con un guiño.
—¿Cómo entraron a mi apartamento? —pregunté mientras le untaba un poco de crema a mi bollo.
—Bajé y convencí a tu novia de prestarnos sus llaves para entrar a este lugar —dijo Jasper con una sonrisa malévola.
—Oh —dije mientras bebía mi café.
—Edward, quiero disculparme por aquella noche en el bar —dijo Emmett—. Me siento muy protector con Bella. Es como mi hermanita.
—También mía —intervino Jasper.
—Lo entiendo —dije con una sonrisa—. Sólo quieren protegerla.
—Sí —respondieron ambos.
—Especialmente ahora —musité.
—¿A qué te refieres? —preguntó Jasper.
—Les contaré en el carro —respondí, terminándome mi desayuno—. Si recuerdo bien, el juego comienza a la 1:05 y ya casi es medio día—. Ambos me miraron boquiabiertos—. ¿Qué? Sí veo Sportscenter, cabrones. Que sea un patinador artístico de Inglaterra no significa que odie el beisbol, fútbol y demás. —Agarré las llaves de mi auto e insistí en manejar. Emmett hizo un puchero, quería manejar su Jeep. Qué pena, qué triste. Nos metimos a mi carro y nos llevé hacia el estadio.
—Bien, escúpelo, Edward —dijo Jasper desde el asiento trasero—. ¿Por qué necesitamos proteger a Bella?
—No se alteren —suspiré—, pero Jacob está totalmente loco. Van en un tren sin retorno hacia la locura. Además, está el cabrón de James que la está siguiendo.
—Espera, Masen. Regresa a Jacob —espetó Emmett.
—Al parecer, ha estado llamando a Carlisle y le pregunta cuándo vamos a practicar. En una de nuestras prácticas, Carlisle le contó a Bella sobre los comentarios que solía hacer sobre su cuerpo.
—¿Qué decía el perro? —Jasper hizo una mueca.
—¿Te lo suavizo o te cuento la verdad de Dios? —pregunté.
—Verdad —respondieron ambos.
—Mierda. Hacía comentarios sobre su cuerpo y decía que le gustaría follarse su coñito caliente —palidecí. Odiaba hablar así de mi chica—. Estaba determinado en hacer suya a Bella.
—Le voy a patear el culo —explotó Emmett—. Siempre supe que era un jodido patán. Nunca decía esas cosas en mi presencia porque sabía que le podría cortar la polla en un parpadeo.
—Y luego está James —suspiré.
—James. ¿James Hunter? —preguntó Jasper—. ¿No patinó Bella con él? ¿Para una audición?
—Sí. El día que la conocí. Dijo que él fue muy agresivo con ella. La lanzó en un salchow triple y no fue nada gentil. Ella cayó mal y se lastimó la espalda. Luego, el día que fuimos a La Gallinita Roja, él la acorraló en el parque que está cerca de su apartamento mientras estaba corriendo. La alcancé y pudo escaparse. Pero él tenía una mirada muy rara que decía "voy-a-atraparte". También dijo ciertas cosas que no tenían sentido. Sabía que ella nunca entrenaba o corría con Jacob. ¿Cómo podría saberlo?
Entré a un estacionamiento alejado y le pagué al encargado. Nos bajamos del carro y le puse seguro. Caminamos hacia Safeco Field en silencio. Sus rostros eran máscaras gemelas de sorpresa, enojo y protección. Estaba seguro que tenía una expresión similar en el rostro. Si alguno de esos hombres tocaba a mi chica, a mi AMOR, les pasaría mis cuchillas por toda la espina dorsal. Me estarían rogando por piedad con todo lo que tenía planeado para ellos.
Jasper sacó las entradas y nos dirigimos al estadio. Miré el boleto y noté que estábamos detrás de la banca de los Mariners. Emmett se sorprendió de que yo supiera eso.
—Emmett, viví en Inglaterra. No en un agujero negro. Conozco de beisbol. Soy un ávido fan de los Cachorros —dije.
—¿Los Cachorros? Ewwwww —gruñó Jasper—. Son malísimos.
—Son perdedores adorables —me encogí de hombros.
—Bella es fan de los Mariners —dijo Emmett—. Ella y su papá vienen todas las veces que pueden.
Asentí y nos formamos para comprar comida. O más bien ellos lo hicieron. Yo seguía lleno por el desayuno. Les dije que los vería en nuestros asientos. Quería visitar la tienda de regalos. Tal vez comprar una gorra o algo para no verme como un completo idiota sentado detrás de su trinchera. Encontré un gorro que me gustó y caminé por la tienda. En la repisa había un oso de peluche vestido con uniforme de los Mariners. Lo agarré y sonreí. Agarrando el oso y la gorra, fui a pagar por mis compras. Los pagué con efectivo, me puse el gorro en la cabeza y tomé la bolsa que me ofrecían con el oso. Parecía algo infantil, pero le gustaría a Bella. Tal vez le pondría un poco de mi colonia para que ella tuviera algo mío que abrazar cuando no estuviera durmiendo conmigo.
Nosotros no queremos DORMIR con ella…
No va a pasar, chicos. No por un tiempo. Llamen a Manuela.
Jodido imbécil.
Agarré mi bolsa y fui a mi asiento. Emmett y Jasper ya estaban sentados ahí, cada uno sostenía un vaso de cerveza e intentaban meterse un perro caliente por la garganta.
—Qué asqueroso, chicos —dije.
—¿Quieres uno? —preguntó Emmett, entregándome un perro caliente a la mitad.
—Creo que paso. Gracias —dije, arrugando la nariz. Compré un agua de uno de los vendedores y me senté. En cuanto mi trasero tocó el asiento, el anunciador nos pidió que nos pusiéramos de pie para el Himno Nacional. Me quité la gorra y me paré mientras un grupo de estudiantes de una secundaria local cantaban el himno.
Eso podría ser una cita por diversión. Invita a algunos niños a la pista y dales lecciones. ¡Punto para Masen!
El juego se pasó volando. Seattle hizo papilla a Houston. Emmett y Jasper terminaron muy borrachos y estaban actuando como imbéciles. Deseé tener una cadena para controlarlos. Los empujé a mi carro y recé para que no se vomitaran en mis asientos. Mis asientos nuevecitos en mi carro nuevecito. No quería que el olor a carro nuevo fuera reemplazado con el olor a vomito de borracho. Eso era asqueroso.
Estacioné el carro y prácticamente cargué a dos hombres adultos hacia el apartamento de Bella. Usando las llaves del bolsillo de Jasper, los empujé por la puerta. Jasper se fue tambaleando hacia la habitación de Alice. Emmett colapsó en el sofá. Suspiré y sacudí la cabeza. Subí a mi apartamento y rocíe el oso con mi colonia. Bajé corriendo las escaleras, tomé la bolsa que contenía el oso y lo puse sobre la cama de Bella. Encontré una libreta en su buró y arranqué una página. Escribí una breve nota y la puse frente a su oso.
Queridísima Isabella,
Te dejo alguien con quien acurrucarte cuando no estemos juntos.
Qué afortunado oso.
Con amor, Edward.
Revisé a los dos borrachos en sus respectivos lugares y me dirigí al piso de arriba. Pase el resto de mi tarde viendo televisión y quemando una comida de microondas. Me gustaba cocinar y era bueno en ello. Pero odiaba cocinar sólo para mí. Me negaba a comer lo mismo durante toda una semana. Después de terminar mi cena, me senté y le envié un email a mi mamá. Ella me había llamado y me había enviado emails repetidamente, rogándome para que le avisara si seguía respirando o no.
Querida mamá,
Estoy vivo. Respirando y perfectamente saludable. Lamento no haberte llamado ni enviado emails. Soy un horrible hijo y deberían azotarme repetidamente por preocuparte. Respecto a las muchas preguntas que enviaste, las responderé aquí.
Mi vuelo estuvo muy bien y sin preocupaciones. Tuve toda la fila para mí y logré dormir durante la mayor parte. Bella me recogió y me llevó a su apartamento, donde me quedé hasta que pude mudarme al mío.
Mi apartamento es la onda. Te adjuntaré algunas fotos de mi nueva casa y mis muebles nuevos. Hay una habitación para ti cuando vengas a visitarme. Una cama de primera calidad sólo para ti, mamá.
Me está yendo bien en la práctica. Carlisle es un entrenador gracioso, pero estricto. Nos presiona a Bella y a mí a llegar a nuevos niveles que nunca imagine poder alcanzar. Es paciente y me hace querer ser un mejor patinador. También me recuerda mucho a papá, lo cual es doloroso a veces, pero estoy lidiando con ello.
Hablando de lidiar, hablé con el doctor ortopédico que trabaja con los patinadores de Carlisle aquí en Seattle y me dio el nombre de una terapeuta con quien trabajar por lo de mi duelo. La llamaré el lunes para agendar una cita. Sigo batallando con eso y es todo un reto.
Bella… ella merece todo un email aparte. Pero no seré tan malo. Admitimos que sentimos algo el uno por el otro y estamos saliendo. Mamá, ella es maravillosa. Brillante, grácil, atlética, hermosa, compasiva, malditamente graciosa… es todo lo que pude haber soñado en una novia. Me estoy enamorando de ella. Mucho. Pero ella tiene miedo. Soy su primera relación DE VERDAD. Casi lo arruinó y le digo que la amo ayer. Al parecer, ella entendió lo que quería decir y se congeló. ¿Cómo puedo lograr que se sienta cómoda conmigo?
Último, pero no menos importante, próximas fechas a tener en cuenta – patinaje de Exhibición en junio. El fin de semana de mi cumpleaños. Es nuestra primera presentación como pareja y me gustaría que estuvieras ahí. Es en Las Vegas. Avísame y organizaré tus boletos, tu hotel y todo lo demás.
Te amo, mamá. Te extraño muchísimo y no puedo esperar hasta que estés aquí. Pero entiendo tu decisión de quedarte en Inglaterra. Intentaré llamarte este fin de semana, o si quieres puedes contactarme al celular. El número no ha cambiado, aunque esta semana compraré un teléfono nuevo con un número de Seattle.
Además de las fotos del apartamento, te envío también una foto de Bella y de mí. Es de nuestra primera cita. Puedes agradecerle a la compañera de casa locamente hiperactiva de Bella por la foto.
Con amor, Edward.
Le envié el email a mi madre y me fui a la cama. Estaba apagando las luces cuando escuché la puerta abrirse. Alcé una ceja. Más les vale no venir a los gemelos borrachos. Bella asomó la cabeza en mi apartamento.
—Hola —dijo en voz baja.
—Hola —dije al caminar hacia la entrada. Seguía usando la ropa que lleve al juego. Ella estaba usando una pantalonera ajustada y una sudadera. Corrió desde la puerta y se lanzó a mis brazos. La atrapé con facilidad y la abracé con fuerza. Me llenó la cara de besos. Me reí y me aparté—. ¿A qué se debe esto?
—Por mi nuevo amigo —dijo, apretando su agarre en mí—. Eso fue muy dulce, Edward. ¿Qué hice para merecerte?
—Lo mismo que hice yo para merecerte a ti, amor —le dije mientras la ponía sobre la barra. Sus piernas seguían envueltas alrededor de mí. Acuné su cara y le sonreí a mi hermosa novia. Quiero decirle. Necesito decirle. Te amo, Isabella Swan.
Pero no lo dije. Ella huiría gritando de aquí.
—Incluso huele a ti —dijo con una enorme sonrisa.
—Eso se debe a que le rocíe un poco de mi colonia —dije, pellizcándole la nariz—. Cuando no podamos pasar la noche juntos, puedes acurrucarte con tu amigo. Es un oso muy afortunado.
—Es un sustituto adecuado de ti. También es más pequeño y mucho más peludo —se rio.
—¿Preferirías que yo fuera un mono peludo? —bufé—. Dios, Liam tiene más pelo en la espalda del que tiene en la cabeza. Es sucio y asqueroso. Yo nunca he sufrido de eso. Tengo mi caminito, pero eso es todo tratándose de vello en el pecho.
—¿Caminito?
Me desabroché la chamarra, la lancé al piso y me saqué la camiseta. Bajo mi vientre estaba la zona de vello color bronce que llevaba hacia mis partes masculinas.
¿Puede tocarnos? ¿POR FAVOR? Queremos las manos de Bella.
No.
¡Pfffffffffffffftp!
Mis gónadas me estaban haciendo pedorretas. Oficialmente me había vuelto loco. Que me registren en el manicomio más cercano.
—Oh, caminito —respondió Bella. Sus dedos se deslizaron a lo largo de la cintura de mis jeans y mi piel explotó en llamas. Ella también se sonrojó de un profundo color rojo—. ¿Puedo ver tu tatuaje? Pude ver un poco del final cuando te levantaste la camiseta.
—Necesito quitarme la camiseta por completo —le dije, alzando una ceja.
—Edward, no tengo experiencia, pero ya he visto hombres sin camiseta. He ido a la piscina —me dijo con ironía.
—Pero ninguno de ellos fue tu novio —comenté—. Es posible que no puedas contenerte y termines violándome en el piso de la cocina.
—Ponme a prueba —se rio. Rodé los ojos y me saqué la camiseta negra del cuerpo. El sonrojo de Bella se profundizó, pero su mirada seguía llena de determinación y confianza cuando vio mi pecho desnudo. Sus dedos se movieron de mis brazos hacia la tinta en mi torso. Contuve el aliento cuando bajó sus manos por mi tatuaje. Mi piel se puso de gallina cuando me tocó con la más suave de las caricias—. ¿Dolió?
—Al principio, pero luego de un rato fue más bien molesto —respondí en un susurro.
—¿Te volverías a tatuar?
—Posiblemente. Si encuentro algo que quiera tener grabado permanentemente en mi piel —dije, acercándome a ella. Sus manos subieron a mis hombros y me miró a los ojos. La fecha de nuestra boda suena bien. El día que te diga que te amo es otra fecha que me gustaría añadir. Los nombres de nuestros hijos. Un retrato de tu preciosa cara—. ¿Tú te tatuarías?
—He jugueteado con la idea, pero no sé —se encogió de hombros—. Es para siempre. —Sus dedos masajeaban con gentileza mis bíceps—. Ya veremos. —Sus dedos bajaron por mi pecho y me estremecí.
—Bell, me estás volviendo loco con esas caricias —dije con tono ahogado.
—¿De verdad? —sus manos dieron otra lánguida caricia subiendo por mi pecho y bajando por mi espalda.
—Si no te detienes, perderé el control y de verdad no quiero hacerlo. Perder el control —dije, inclinándome hacia enfrente, juntando mi frente con la suya. Sus manos se movieron de mi espalda y subieron a mi cabello. Eso no mejora la situación—. Me estás matando, Swan.
—No veo sangre en ningún lado —dijo mientras dejaba suaves besos en mi mandíbula y bajaba por mi cuello—. No te veo vomitando. Aunque sí estás un poco caliente. —Su lengua lamió el punto donde estaba mi pulso y gruñí en voz baja—. Olvida eso. Estás ardiendo, Edward.
—A menos de que quieras que te viole en el piso de mi cocina, sugiero que te detengas —dije con voz ahogada.
—Perdón, Edward —dijo al apartarse, se veía increíblemente avergonzada.
—Bella, no sientas pena ni vergüenza —dije al inhalar—. Es sólo que estás haciendo todo muy bien. Así que, sí.
—¿No estás enojado?
—Demonios, no. No hiciste nada para hacerme enojar. Todo lo que hiciste me excitó —le dije mientras sacaba agua del refrigerador.
—Oh —se sonrojó—. ¿Quieres que me vaya?
No, quiero llevarte a mi cama y hacerte el amor durante toda la noche.
¡AHORA ya nos entendemos!
—Por mucho que quiera que te quedes, si lo haces, terminaré jodiendo algo —dije con honestidad—. Estoy muy inquieto y me estoy recargando en el frío refrigerador para evitar echarme sobre ti como un cavernícola. ¿Sabes lo increíblemente sexy que eres?
—Nunca me han dicho así —dijo—. Bonita. Talentosa. Atlética. Nunca sexy.
—Pues sí eres sexy —dije, bebiéndome la mitad de mi agua en un trago. Mi polla estaba tensándose contra mi cremallera y mi control se estaba debilitando.
Sonrió suavemente y se bajó de la barra. Miró brevemente mi entrepierna que lucía una gran erección.
—Me iré a acurrucar con mi oso. ¿Cuál es tu segundo nombre?
—Anthony —respondí.
—Iré a acurrucarme con Tony y a soñar con mi sexy y tatuado novio —dijo, besándome la mejilla—. Date una ducha fría. Hace maravillas. Hasta luego, guapo. —Salió de mi apartamento. Cuando la puerta se cerró, me dejé caer al piso y gemí.
—Ella será mi muerte —le dije a mi polla.
Sí. Lo será. Vamos. Nos estamos muriendo aquí.
Por primera vez, mis gónadas y yo estábamos en la misma página. Una ducha y tres erecciones después, me metí a la cama y dormí intranquilo. Soñando con Bella y su lengua, que trazaban mi tatuaje y chupaban mi polla.
Cuenta esas como erecciones número cuatro, cinco y seis.
Despertar en semen seco es jodidamente asqueroso.
xx FO xx
El mes siguiente pasó muy rápidamente. Nos acomodamos en una rutina y un horario muy apretados. Los lunes, miércoles y sábados, Bella y yo corríamos en las mañanas. Martes y viernes eran dedicados a entrenamiento de fuerza. Los jueves y domingos eran días "libres" de entrenamiento, pero ambos hacíamos algo que disfrutáramos. Bella hacía yoga y yo me inscribí en clases de kickboxing en el gimnasio con Emmett y Jasper. Queríamos estar listos para cuando James y Jacob decidieran ser patanes.
Usualmente entrenábamos en las mañanas y pasábamos las tardes en el hielo. Dominamos la rutina Fever. Rose ofreció algunas sugerencias para nuestra coreografía, pero estaba muy complacida con lo que se nos ocurrió a nosotros. Alice trabajaba sin parar en nuestros conjuntos para la rutina. Originalmente quería color rojo, pero decidió cambiarlo. Nuestros conjuntos eran de color negro con decoraciones en un profundo color rosa. El vestido de Bella era de un hombro con una cinta fucsia alrededor de la cintura. Llevaba una flor a juego ganchada en el cabello. Yo usaba pantalones negros, una camisa negra y corbata rosa. Alice estaba un poco temerosa cuando nos dijo cuál era el esquema de colores. Estaba lista para que yo me pusiera furioso por la posibilidad de tener que usar color rosa. Aunque no era mi color favorito, lo usaría. Con moderación.
Si me ponía un jodido tutu rosa, cuestionaría seriamente su salud mental.
Antes de saberlo, estábamos haciendo los últimos ensayos generales con esta exhibición para una obra de caridad. Un montón de patinadores iban a participar. Todos haríamos dos números además de un gran acto de cierre al final. Bella y yo haríamos la rutina Fever y un número lirico con una canción de cuna de una película de vampiros. O algo que se suponía que era la canción de cuna. Los conjuntos de esa rutina eran un vestido floral para Bella y una camiseta a juego para mí.
Estábamos parados en la pista de Las Vegas entre Michael Newton y su pareja, Jessica Stanley, y Victoria y James Hunter. Estábamos marcando los lugares para nuestra sección de solo para el final. Los solos básicamente serían nuestros movimientos característicos como pareja. Ya que Bella y yo todavía no habíamos encontrado un movimiento característico, haríamos un giro en pareja. Mientras esperábamos nuestro turno para marcar nuestro lugar, James miraba lascivamente a mi novia. Bella se estaba inquietando ligeramente y estaba recargada en mí. Para cualquier observador casual, éramos sólo compañeros que se abrazaban. Pero sabía que ella no estaba cómoda con las miradas que James le dedicaba. Su mano estaba aferrándose a mi camiseta negra casi hasta llegar al punto donde la rompería.
—Amor, está bien. Él no puede hacer nada aquí —murmuré en su cabello.
—Lo sé. Sólo me siento sucia —se estremeció—. Es como si supiera cómo me veo sin ropa.
—Probablemente se está imaginando lo que no puede tener, Bell. Nunca te tocará. Tendrá que matarme primero —dije en voz baja. Quería besarla para asegurarle que todo estaría bien, pero no queríamos alardear de nuestra relación. Ella suspiró y asintió. Apreté ligeramente su cadera e intenté ofrecerle tanto confort como pudiera mientras estábamos en el hielo.
El director explicó el final una vez más antes de tener que realizarlo. La canción que iban a usar era "Blow" de Ke$ha. Era buena para un final, pero no tenía mucho mérito musical. Nos pusimos en nuestros lugares y esperamos que la canción comenzara. Tenía unas cuantas partes muy sexys y Bella estaba exagerando por completo esas. Yo ya estaba duro en mis pantalones cuando la sentí restregarse contra mí.
—Edward, me gustaría intentar algo para nuestro solo. No un giro en pareja —dijo. Nos describió haciendo un giro en ángel hasta quedar cara a cara y así entrar en un giro sentados. Esencialmente nos acercaríamos lo más posible al hacer el giro en ángel antes de golpearnos las cabezas. Acordamos tres giros ángel hasta el giro sentado. Los practicamos unas cuantas veces antes de la ronda final. La primera vez nos golpeamos el uno al otro. La segunda vez fue un poco mejor, y la tercera estuvimos muy cerca, pero lo suficientemente apartados para hacer jadear a la gente.
Terminamos el ensayo y nos fuimos a nuestras habitaciones de hotel. Estábamos quedándonos en el Wynn Hotel. Según el hotel, Emmett y yo estábamos juntos mientras que Bella y Alice compartían una habitación. Pero amablemente Alice había cambiado conmigo para poder quedarme con Bella. Aunque Alice había amenazado a los futuros hijos de Emmett si se comportaba como un chico asqueroso. Nada de pedos, eructos, ni de holgazanería.
Cuando regresamos a nuestra habitación, Bella se dejó caer en la cama.
—Odio a James Hunter —gimió sobre el edredón—. Me siento tan, tan, tan… violada. Me violó con los ojos.
—¿Te violó con los ojos? —pregunté, sentándome junto a ella.
—Follar con la mirada es algo bienvenido. Especialmente de alguien con ojos del color de las esmeraldas —dijo, guiñándome.
—¿Te refieres a mí, Srta. Swan? —pregunté.
—Sería una respuesta afirmativa, Edward —dijo—. Pero violar con la mirada es un follar con la mirada que no es bienvenido. James me estaba violando con los ojos. Además, sus ojos son de un raro color púrpura. No es natural. ¿Crees que use lentes de contacto?
—No tengo idea ni me importa. Los únicos ojos que quiero follándome son del color chocolate más profundo y delicioso —dije, besando su cuello. Ella gritó y se apartó—. ¿Qué?
—Estás barbudo, Edward. Rasúrate si quieres besarme —dijo.
—Supongo que nunca podré dejarme crecer la barba, ¿eh? —me burlé al apoyarme de nuevo en mis codos.
—¿Y tapar esa preciosa mandíbula? Carajo, no —dijo Bella montándose en mi regazo, sentándose a horcajadas en mi cintura. Nuestra relación física no había avanzado más desde esa dichosa noche en mi apartamento donde ella practicó la más deliciosa versión de follar con la mirada. Además de follarme con los dedos mi tinta. La forma en que me tocó casi me envía a una inconsciencia orgásmica y ni siquiera nos besamos. Ella sólo miró y tocó mi pecho desnudo—. ¡Edward!
—Huh —respondí ininteligible.
—Estás babeando, galán —se rio.
—Mi imaginación me hizo volar. Tengo a la mujer más hermosa de todas sentada en mi regazo justo ahora —ronroneé.
—¿Qué estás imaginando?
—A ti con menos ropa. A mí con menos ropa —sonreí.
—Tus deseos son órdenes para mí —sonrió mientras tomaba mi camiseta con sus manos.
—¿Qué? —chillé.
—No puedes ir a nadar con lo que tienes puesto, tonto —dijo con seriedad.
Qué nos jodan. Pensamos que íbamos a tener sexo con Swan.
—Provocadora —gruñí al sentarme para quedar cara a cara con mi novia—. Alzaste mis ilusiones.
—Podrás verme en traje de baño —se rio.
—¿En un bikini?
—No —frunció el ceño—. No quiero que nadie vea mis cicatrices. Usualmente uso un tankini. Todas las ventajas de un bikini, pero tapa más piel.
—Bell —dije, acunando su cara—. Lo siento.
—No es necesario. Tú no usaste mi espalda como una pista de patinaje —dijo al levantarse de mi regazo. Se metió al baño y la escuché cambiarse. Suspiré y saqué mis shorts de baño azul oscuro de la maleta. Me quité rápidamente la ropa que usé en el ensayo y me puse los shorts. Encontré un par de sandalias y me las puse. Capté mi reflejo en el espejo.
—¡Ugh! —gemí.
Bella salió usando un vestido color turquesa. El cuello halter de su tankini a juego sobresalía bajo su vestido.
—¿Qué?
—Estoy muy blanco —dije, señalando mi pálido pecho.
—Yo estoy más blanca —se rio—. De verdad espero que tengas bloqueador solar.
—Esperaba que mi inteligente y hermosa novia me prestara un poco del suyo —guiñé.
—Eres todo un chico —dijo Bella, rodando los ojos. Agarró una bolsa y metió ahí unas toallas junto con nuestros iPods, algunos libros y una bolsa llena de bloqueador solar. Me puse una camiseta blanca sin hombros y agarré nuestra llave, metiéndomela al bolsillo. Le entregué mi cartera a Bella para que la metiera a su bolsa. Ella estaba enviando un mensaje en su celular—. Emmett y Alice ya están en la piscina. Tu mamá y Carlisle están instalados en una mesa de blackjack según Alice.
—No sabía que mi mamá jugaba blackjack —resoplé. Me puse las gafas de sol y le ofrecí mi mano a Bella. Ella entrelazó sus dedos con los míos y bajamos a la piscina. Alice estaba recostada en una tumbona mientras Emmett estaba jugando voleibol de agua con otros chicos.
—Hola niños —gorjeó Alice—. ¿Cómo estuvo el ensayo?
—Jodidamente fantástico —gruñó Bella. Incluso lo dijo con mi acento—. Edward, cuéntale. Me voy a deprimir de verdad si explico otra vez mis teorías.
—Bella fue violada con la mirada —dije—. Por James.
—¿Quieres que le ponga cloro a su traje, Bells? —preguntó Alice.
—No. Sólo haz que se vaya —dijo.
—Puf, ya no está —se rio Alice. Me uní a ella y me quité la camiseta. Alice gritó—. Dios, me estás cegando con toda tu palidez, Masen.
—Discúlpame por ser pálido, Mary Alice —repliqué—. La olla le dijo al sartén. Estás igual de pálida.
—Pero estoy trabajando en eso —dijo, alzando una ceja sobre sus enormes lentes de sol—. Lindo tatuaje, por cierto.
—Oh sí. Tú no lo habías visto —dije, moviendo el cuerpo para mostrarle el tatuaje completo.
—Por alguna rara razón encaja bien contigo —dijo mientras pasaba sus dedos sobre la tinta negra—. Eres reservado y muy regio. El tatuaje es de naturaleza tribal, pero tiene un tono de hmm… ¿qué intento decir?
—El diseño es samoano. Para príncipes y reyes —respondí—. Pero me lo hice porque se veía bien.
—Hmmmm —respondió Alice pensativa. Se sentó y me miró. Luego miró a Bella. Luego otra vez a mí.
—¿Qué, Ali? —preguntó Bella desde su tumbona. Se había quitado el vestido y estaba acostada sobre su estómago.
—Nada —sonrió—. ¿A qué hora empezamos mañana?
—El show comienza a las dos. Necesitamos estar ahí ya después de calentar a la 1:30. Hay un vestidor para cada pareja. Ese abrirá a las nueve —comentó Bella—. Primero haremos la canción de cuna, Fever y luego el final. Tienes nuestros trajes, ¿cierto?
—La maleta con la ropa está lista —Alice sonrió—. Tu conjunto para el final es muy sexy, Bells.
—¿Cómo es? —pregunté al sentarme en la tumbona de Bella. Me entregó una botella de bloqueador solar y le pasé el cabello sobre los hombros. Froté la loción en su piel caliente. Ahogué un gemido cuando toqué su suave piel. Masajeé sus hombros y brazos con el bloqueador solar. Ella se sentó y me hizo girarme, poniéndome bloqueador en la piel.
—Oh, Edward. Tendrás que esperar hasta mañana —Alice se rio.
—Carajo —gemí—. ¿Voy a tener problemas mañana? Mis pantalones son muy ajustados, Alice.
—Sólo imagina a tu abuela con un corsé —dijo Bella, besándome detrás de la oreja—. O a Emmett usando un slip. Mira.
Emmett se salió del agua y estaba usando un slip.
—¿En serio, Emmett? —pregunté sacudiendo la cabeza.
—¿Qué? ¿No usan estos en la vieja y alegre Inglaterra?
—No si no quiero que me pateen el culo —dije, alzando una ceja—. Que sea británico no significa que me guste usar una hamaca. Creo que lo hice una vez. Cuando tenía cuatro años. No lo recuerdo.
—Bells, tómame una foto con tu teléfono y envíasela a Rosie. Le encantará ver a su hombre en exhibición —dijo Emmett mientras posaba como un fisicoculturista.
Bella tomó unas cuantas fotos y se las envió a Rose. Casi de inmediato, el teléfono sonó. Bella lo contestó e hizo una mueca cuando Rose gritó en su oído.
—Es para ti, Em.
—¿Terroncito de azúcar? —preguntó Emmett mientras se alejaba de mal humor. Me estremecí al ver su tatuaje, un sombrío recordatorio de su horrible lesión.
—¿Cuánto tiempo llevas aquí, Ali?
—Dos horas —respondió—. Me estoy horneando hasta quedar extra suculenta y crujiente. Mi hombre amará una Alice bronceada.
—Alice, te estás quemando —dije—. Tienes un tono rosa en tu piel.
—Eh —se encogió de hombros—. Iré a refrescarme. No se lo monten aquí.
—Alice, por favor. Estamos en público —se burló Bella. Alice se rio al meterse en la piscina. Ocupé la tumbona de Alice y me acosté sobre mi espalda. Pasamos el resto de la tarde en la piscina. Bella y yo eventualmente entramos al agua y terminamos teniendo una guerra de agua muy divertida.
Ella me pateó el culo. Es una chica muy fuerte.
Aparte, nos dio un rodillazo. Estamos sufriendo aquí abajo.
Se lo merecen por pensar cosas lascivas sobre MI novia.
Pendejo, estamos pegados a ti. Somos tus bolas. Ella también es NUESTRA novia.
Carajo.
Regresamos a nuestra habitación y pedimos comida. Alice nos dijo que nos durmiéramos temprano porque nos iba a embellecer a los dos para la exhibición en televisión. Detestaba eso. Tenía que usar maquillaje. Sólo rezaba para que Alice no me hiciera parecer como una chica. El maquillaje funcionaba para las mujeres. ¿Para los hombres? No tanto.
Bella y yo dormimos pacíficamente envueltos en los brazos del otro. Aunque nuestra relación física avanzaba lentamente, nuestra relación emocional había crecido a pasos agigantados. Ella era de verdad mi mejor amiga. Me acompañó a mi primera cita con la terapeuta. O más bien me llevó ahí. No es necesario decir que yo no habría podido manejar a casa. Estaba sollozando incontrolablemente. Ella sólo me abrazó mientras yo lloraba por la muerte de mi padre.
Después de esa noche, no habíamos pasado ni una noche separados. Ella estaba ahí para mí después de cada pesadilla. Y después de cada episodio de llanto. Cada vez que me abrazaba y me dejaba desmoronarme en sus brazos, me enamoraba más y más de ella. Mi terapeuta estaba preocupada por la conexión que tenía con ella, y cuando mencionó la opción de separarnos, casi tuve un maldito paro cardiaco. Bella era mi fuerza y mi alma. No la dejaría ir.
Jamás.
La mañana siguiente Bella y yo desayunamos juntos. Ella se bañó mientras yo preparaba mi mochila para la exhibición. Metí un poco de cinta, calcetines extras y revisé mis patines. También eché un desodorante y algo de colonia extra. Bella terminó su ducha y echó su neceser dentro de su maleta de patinaje. Besé su mejilla y me di una ducha, lavando mi cuerpo. Me rasuré con mucho cuidado. Me pasé una mano por el cabello y lo sequé. Me puse un poco de gel en mis desordenados mechones para evitar que se me tapara los ojos mientras patinaba. Alice probablemente se quejaría, pero era mi cabello.
Bella regresó al baño cuando yo terminé y escuché la secadora encenderse. Me puse un par de jeans cómodos y una camiseta. Diez minutos más tarde, nos estábamos reuniendo con Alice, Emmett, Carlisle y mi madre en recepción. Los papás de Bella no pudieron venir a la exhibición. Charlie no pudo pedir el fin de semana libre del trabajo y Renee tenía que cuidar a un primo enfermo en Jacksonville. Nos fuimos hacia la pista en una limosina proporcionada por el hotel. Todos bajamos al vestidor. Alice tenía nuestros trajes en su bolsa. Sobre el hombro llevaba una enorme bolsa llena de maquillaje para nuestras presentaciones. Mientras Alice se ponía a trabajar con el cabello y el maquillaje de Bella, yo me estiré y corrí por los bastidores de la pista. Evité el vestidor de James porque si me veía o hacía algún comentario, estaría saliendo de esta pista en una bolsa para cadáveres.
Mi celular sonó en mi bolsillo. Era Alice diciendo que necesitaba embellecerme. Gruñí y corrí de regreso al vestidor. Señaló la pequeña habitación en la parte de atrás para que me cambiara primero. Me puse los pantalones para patinar y me fajé la camiseta azul clarito en cuello V. Alice me empujó hacia el asiento una vez estuve cambiado. Sus manos se movían sobre mi piel a toda velocidad. Ella estaba hablando, pero la ignoré. Bella se estaba cambiando en el cuarto que yo había usado. Cuando Alice terminó, me até mis patines. Metiendo los estribos dentro de mis botas, estuve listo. Bella salió del vestidor con el cabello cayéndole en suaves rizos por la espalda, su maquillaje se veía elegante y sutil. El vestido floreado color azul clarito que estaba usando abrazaba su cuerpo como una segunda piel.
—Tenemos tiempo para discutir los problemas con la canción de cuna —dijo Carlisle—. Hay cierta torpeza casi al final. Ya pedí un poco de tiempo en el hielo para arreglarlo. Además, Renee y Charlie quieren fotos. Emmett las va a tomar mientras ustedes ensayan.
—¿Tienes la cámara, Em? —preguntó Bella.
Él alzó una enorme bolsa que tenía en el hombro y sonrió.
—Charlie me dio indicaciones de cómo usarla con poca luz. Usaré el ensayo como mi ensayo y tomaré unas fotos geniales durante la filmación.
—Vamos —dijo Carlisle. Subimos a la pista. Las luces estaban puestas con una suave tonalidad azul. Ambos nos quitamos los protectores de cuchillas y fuimos a nuestra posición sobre el hielo para un ensayo completo antes de arreglar cualquier cosa. Las suaves notas del piano se escucharon a través del sistema de sonido y comenzamos el ensayo. Corregimos las partes problemáticas y ajustamos unas cuantas cosas. Emmett insistió en tomarnos una foto en la posición final de la rutina de la canción de cuna. Aceptamos y posamos para Emmett. Él gritó luego de tomar la foto. Regresamos a nuestro vestidor para la última media hora de tiempo libre antes de tener que actuar.
La audiencia comenzó a llegar. Me estaba poniendo nervioso. Igual Bella. Estaba sentada en mi regazo, temblando como una hoja. Alice, Emmett, Carlisle y Esme se habían ido a sus asientos. Sólo estábamos nosotros dos en el vestidor.
—¿Amor? —pregunté—. ¿Estás bien?
—Siempre me pongo así antes de hacer una rutina nueva —dijo temblorosa—. Estoy bien. Es el doble de angustiante cuando vas a hacer dos rutinas nuevas con una pareja nueva. Carajo… voy a vomitar. —Se bajó de mi regazo y corrió al baño. La seguí y le aparté el cabello de la cara mientras ella tenía arcadas sobre la taza—. Edward, no tienes que…
—Bell, estamos juntos en esto —dije al arrodillarme a su lado—. Somos un equipo.
Alzó la vista hacia mí y vi que sus ojos estaban llenos de lágrimas. Acaricié su mejilla, quería decirle desesperadamente que la amaba. Que haría lo que fuera por ella. Que mi corazón era suyo por el resto de nuestras vidas. No latiría por nadie más que por ella.
—¿Un equipo? —susurró.
—Bella, juntos somos imparables —dije—. Si cometemos un error, nos levantaremos y nos apoyaremos. Dentro y fuera del hielo.
Un fuerte golpe sonó a través de nuestro vestidor.
—¡Cinco minutos! —se escuchó la voz del director de escena.
—Gracias —grité. Bella se levantó. Le ofrecí mis manos y se alzó con gracia. Cuando estuvimos de pie, tomé su cara en mis manos—. Vamos a hacerlo increíble. Lo sé porque te tendré a mi lado.
—Podemos hacer lo que sea —dijo en voz baja, tenía la mirada llena de determinación y confianza. Me agaché y presioné mis labios con los suyos, sabiendo que no podría hacerlo en el hielo. Ella suspiró y lazó sus brazos alrededor de mi cuello. Enterré la nariz en sus suaves rizos, inhalando su potente aroma. Te amo, mi Bella. Se apartó y tomó mi mano—. Vayamos a enseñarles a la audiencia quiénes serán la siguiente mejor pareja de patinaje.
—Oh sí, nena —dije al agacharla para darle un ardiente beso. Probablemente era lo más agresivo que había sido con ella hasta ahora. Gritó, pero me correspondió el abrazo con fervor. La erguí y ella se retocó rápidamente el labial antes de salir a la pista. Bella y yo llegamos a la orilla del hielo, y miramos a Victoria y James patinar con una canción de heavy metal. Era muy ruidosa. Su forma de patinar tenía un toque de violencia y enojo.
La canción terminó y se quedaron parados, gruñéndose el uno al otro. La multitud aplaudió y ambos hicieron una reverencia. James patinó frente a Victoria y la ayudó a salir del hielo, mirando lascivamente a Bella. La mirada de ella estaba pegada a mi cinturón. Tracé ligeros círculos en el interior de su brazo mientras fulminaba con la mirada a James, deseando que se fuera. James y Victoria pasaron a nuestro lado. Él pasó su dedo por la espalda de mi chica. Ella se estremeció y se acercó un paso a mí. Quería envolverla en mis brazos, pero necesitábamos hacer nuestro trabajo.
El presentador nos anunció a Bella y a mí. La ayudé a entrar a hielo. Apreté su mano antes de dar nuestra vuelta alrededor de la pista. Ella formó una sonrisa y nos posicionamos en nuestras marcas de comienzo. El piano comenzó a sonar tranquilamente. Me deslicé alrededor del hielo mientras Bella hacía su pose. Eventualmente me paré detrás de ella, pasando mis brazos alrededor de su cintura. Ella volvió a la vida y nos movimos juntos. Una mente. Un cuerpo. Un alma. Un amor.
Nuestros movimientos estaban perfectamente coreografiados y alineados. Nos giramos. Nos torcimos. Saltamos. La multitud estaban en silencioso asombro por nuestra rutina. Casi al final, levanté a Bella en una elevación estrella. Sus ojos atraparon los míos cuando bajó la vista hacia mí. Me sonrió antes de girarse para bajar. Nos preparamos para una combinación de triple flips lado a lado con loop doble. Los aterrizamos limpiamente y nos movimos hacia nuestro giro final. La música terminó y sostuve a Bella contra mi pecho en nuestra posición final.
Te amo.
La audiencia gritó, vitoreando y aplaudiendo salvajemente. Solté a Bella y la hice girar. Ambos hicimos una reverencia y salimos del hielo. Michael Newton y Jessica Stanley estaban pálidos cuando nos vieron salir. Alice estaba detrás de ellos, vibrando con emoción. Nos arrastró hacia el vestidor, hablando sin parar sobre lo increíble que fue nuestra rutina. No podía prestarle atención. Estaba demasiado sorprendido por lo perfecta que había resultado nuestra actuación.
Alice llevó a Bella al cambiador. Señaló la camisa negra y la corbata para Fever. Me quité la camisa cuando Alice cerró la puerta para ayudar a Bella a cambiarse de vestido. Me abroché la camisa con manos temblorosas y me la metí en el pantalón. No podía atar la corbata. Gemí frustrado mientras intentaba hacerlo funcionar.
—Edward, relájate —me tranquilizó Alice—. ¿Por qué estás temblando?
—¿Ella sigue cambiándose? —pregunté.
—Se está ajustando el cabello y escuchando su iPod. Eso la calma —dijo Alice, atando hábilmente mi corbata. Sus ojos atraparon los míos y sonrió—. Tú la amas.
—Muchísimo, Alice —susurré—. Tengo miedo de decirle.
—¿Por qué?
—Se volverá loca. Casi lo digo cuando fui con ella al Space Needle —respondí—. Logré arreglarlo, pero se asustó. ¿Y si no siente lo mismo?
—Edward, ella te ama. Sé que lo hace —dijo Alice al abrochar la corbata a mi camisa—. No tengas miedo de decírselo.
—Pero…
—Nada de peros —me regañó Alice—. Pero no lo hagas ahora. Esta noche. En tu fiesta de cumpleaños.
—Cómo… quién… ¿qué? —chillé.
—Le envié un email a tu madre —dijo Alice—. Me iré para verlos calentar esa pista de hielo. ¡Hasta luego, Brit!
Alice se fue y Bella salió del cambiador. Llevaba el cabello atado en una coleta baja.
—¿De qué hablaban Alice y tú?
—Sobre la rutina siguiente —mentí—. Volvamos arriba. —Asintió y echó el iPod a su bolsa. Se había cambiado el labial y había oscurecido sus ojos. Regresamos al nivel de la pista. Repasamos mentalmente la rutina Fever.
—¡Edward! —gritó Alice—. ¡Aquí! —Corrió a mí y me aplastó un sombrero en la cabeza. Con unos cuantos pasadores quedo asegurado a mi cabello—. Canaliza a tu Frank Sinatra interno. —Corrió de regreso por donde había venido.
La patinadora individual que estaba actuando terminó su rutina y ya seguíamos nosotros. Bella se posicionó en su marca y yo me escondí en las sombras. Las luces eran una combinación de rosa y morado. Las seductoras notas del bajo llenaron la arena. Bella sonrió al hacer su secuencia de apertura. Se agachó en un grácil layback spin antes de llamarme con un dedo. Hice mi secuencia de pasos hacia ella antes de alejarnos el uno del otro.
Esta rutina no era sobre saltos, sino sobre crear un sentimiento. Se componía principalmente de giros, secuencia de pasos y elevaciones. Lo tratamos mas como un baile en el hielo que como una rutina de pareja. Teníamos dos saltos en la canción. Ninguno era muy retador. Axel dobles lado a lado y triple salchow lanzado.
La rutina emanaba sexo y lujuria. Bella actúo su parte y alimentó la fiebre que sentía por ella. Me provocó y me molestó durante toda la rutina. Acercándose a mí, casi rozando sus labios con los míos. A pesar de que era parte de la rutina, quería estrellar mi boca con la suya con todas mis fuerzas. Al final de la pieza, casi logré acercarme, pero ella me empujó. Me deslicé sobre el hielo mientras ella me sonreía. Me arranqué el sombrero de la cabeza y me tapé la cara. La audiencia se rio y aplaudió.
Bella patinó hacia mí y me ayudó a salir del hielo. Hicimos otra reverencia y aceptamos los aplausos y vítores. El final era en tres minutos. Alice se reunió con nosotros en la salida de la pista. Nos metimos detrás de una cortina para cambiarnos rápidamente. Yo sólo necesitaba quitarme la camisa negra y la corbata. Debajo llevaba mi camiseta negra para el final. Bella se quitó los patines, me estaba dando la espalda. Alice le desabrochó el vestido y éste cayó formando un montón de tela a sus pies. Antes de que Bella se pusiera el top, las vi. Sus cicatrices. Eran de color rojo, se veían inflamadas y absolutamente dolorosas. Me di la vuelta. Me salí del área para cambiarnos y me tallé la cara. James estaba parado junto a la cabina de donde yo acababa de salir. Estaba intentando ver dentro.
—¿En serio? —pregunté—. Dale un poco de jodida privacidad, Hunter.
—¿Cómo tú? Sé que viste su sexy cuerpo —dijo James con un guiño.
—No lo vi. Si lo hiciera, no te lo diría. Ella es una mujer. No una cosa que puedas ver de forma morbosa —espeté—. Aléjate.
Bella salió de la cabina usando unos pantalones de cuero negro, una blusa de tirantes de lentejuelas negras y calentadores negros sobre sus patines. Se había soltado el cabello de la coleta y se había atado solo la mitad.
—¿Edward? —preguntó con voz temblorosa—. ¿Todo bien?
Sin confiar en que mi voz no sonara enojada, asentí. James siguió mirando a mi novia como si fuera un trozo de carne. Sus ojos estaban pegados a sus pechos y a los pezones que se marcaban a través de la blusa. La jalé a mi lado, poniéndome entre James y ella. Ella se acurrucó en mi abrazo lo más que podía.
El presentador anunció el final y todos ocupamos nuestros lugares. Las parejas estaban en las orillas de la pista mientras los individuales estaban en el centro. El palpitar del bajo sonó y las luces comenzaron a parpadear. Bella entrelazó sus dedos con los míos. Apreté su mano. Llegó el segundo verso y las parejas se unieron a la fiesta. Algunos de los movimientos que estábamos haciendo eran muy arriesgados. El segundo coro era cuando hacíamos el giro en ángel. La multitud jadeó como habíamos esperado cuando nuestras cabezas quedaron a centímetros de distancia y nos dejamos caer en un giro sentado.
La parte al unisonó para todos era durante el puente de la canción. Nos pidieron a los tres chicos que hiciéramos nuestros backflips. James, Ben Cheney – un patinador individual – y yo nos preparamos hacia el final del puente. Yo estaba en el centro y los dos chicos a cada lado mí. Nos preparamos y aterrizamos al principio del coro final. Me sentí un poco presumido ya que yo pude aterrizar en un pie mientras que James tuvo que bajar los dos.
La canción se aproximó a su final y nos reunimos todos. Cuando sonó la última nota, Bella quedó situada sobre mi hombro extendiendo su brazo. Todos estábamos respirando pesadamente ya que habíamos dado todo al patinar. Estaba hecho polvo y no quería nada más que cinco días en un jacuzzi con mi chica. Estaba seguro que ella se sentía igual. La multitud se puso de pie y el aplauso fue ensordecedor. Bajé a Bella sobre sus patines. Nos agarramos todos de las manos e hicimos una reverencia en grupo. Las luces se atenuaron y salimos rápidamente del hielo.
Bella y yo fuimos a nuestro vestidor. La puerta se cerró y ella saltó a mis brazos. La abracé con fuerza cuando ella me apretó casi hasta dejarme sin aliento.
—Edward —gritó—. Nunca antes me había divertido tanto patinando. Jamás.
—Tampoco yo, amor —dije en su hombro, que estaba un poco sudado.
Ella se apartó y me miró a los ojos. Sus piernas seguían enganchadas alrededor de mi cintura. Me apartó el cabello sudoroso de la cara, sonriendo con amor al hacerlo.
—Edward —susurró—. Te…
Fuimos interrumpidos cuando entraron todos al vestidor, felicitándonos. Los odié internamente por quitarme lo que pudo haber sido la cosa más importante de todas para mí. Si ella decía lo que iba a decir. Al menos, esperaba que ella fuera a decir eso…
Edward, te amo.
Te amo muchísimo, Bella. Con todo mi corazón y mi alma.
Amigo, te estás convirtiendo en una jodida chica. Danos tu tarjeta de hombre.
¡Se amaaaan! Pero claro que ya lo sabíamos, ahora sólo tienen que admitírselo entre ellos.
Mil gracias por leer, esperaré ansiosa sus comentarios ;)
