DIEZ


Invierno del '03

Mansión Greengrass

Astoria la miró sintiendo pena. Nunca había visto a su hermana así.

Cuando su familia fue parte de la guerra y luego juzgada en Wizengamot, no derramó ni una lágrima.

Cuando el Ministerio se quedó con más de la mitad del dinero que tenían en Gringotts, sus únicas palabras fueron "Con lo que queda nos alcanzará".

Cuando todo el mundo parecía darles la espalda, no se dio por vencida.

Pero cuando terminó con Theo Nott, Daphne se sintió la bruja más miserable que había pisado la tierra.

Le costaba entender que en algún momento habían sido felices de verdad.

Fue un día de invierno, el invierno luego del año siguiente a la guerra, para ser más exactos.

La vida estaba tomando su rumbo natural y todos parecían volver a brillar.

No, no parecía volver a brillar. Porque se dieron cuenta de que antes nunca había estado bien. Cuando creyó que era feliz, en quinto o sexto año de Hogwarts, en verdad estaba sumida en la ingenuidad de ser una adolescente.

Ese es el mayor problema de la adolescencia: crees que eres inmune, pero te termina afectando como a todos los demás.

Pero ese invierno las cosas estaban bien.

Recuerda haber pensado eso. Estar sentada sobre el césped del jardín de los Malfoy. Todos habían ido a pasar un rato con Draco, que estaba cumpliendo un año de prisión en su casa, y pensaron que eso podía animarlo. El rubio, sin dudas, había vuelto a ser el mismo luego de que pasó todo. Su padre se estaba pudriendo en Azkaban 'tal como lo merecía' y él no podía estar más feliz de quedarse solo con su madre. Así que allí fueron, Daphne, Pansy, Blaise y Theo.

Recuerda verlo a él.

Theodore estaba sentado junto a ella, apoyando sus manos atrás, una posicionada levemente sobre la mano de ella.

Y se sentía bien, se sentía correcto.

Las miradas sospechosas de sus amigos ya se habían transformado en algo natural. Todos se preguntaban qué diantres era lo que pasaba entre Theodore y Daphne, pero ya nadie se animaba a preguntar. O lo consideraban inútil debido a la obviedad de la situación, o sabían que era difícil que cualquiera de los dos lo admitiera.

Las sonrisas eran más grandes, los silencios más profundos, las caricias quemaban más, el corazón iba más rápido.

Cuando el sol ya se estaba poniendo, Blaise propuso pícaramente, intentando sacar algún provecho de la situación, jugar un juego muggle que había visto en una revista.

"Es así…" Comenzó. Sentados en ronda en el cuarto de Draco, sus amigos lo miraban expectantes. En el medio: una botella de whisky de fuego. "Uno debe decir 'yo nunca' y algo que en realidad si hayan hecho, los que hayan hecho eso mismo también deberán tomar. ¿Entienden?"

"No." Dijo Pansy.

"Mira, probemos: yo nunca me emborraché siendo menor de edad."

Todos tomaron.

Draco arqueó una ceja, era su turno y quería averiguar algo.

"Yo nunca me acosté con alguien que esté presente en esta habitación."

Los ojos de Pansy se abrieron y soltó una risa ante la evidente ruborización de Daphne. Draco le guiñó un ojo a quien había sido su novia y ambos bebieron de sus vasos.

Daphne miró a todos. Theo, que antes parecía bastante aburrido con el juego, no sabía qué hacer. La miraba esperando que ella actuara primero pero, por una vez en su vida, quiso verlo tomar la iniciativa. Arqueo las cejas en señal y él, dubitativo, tomó el vaso y bebió todo su contenido.

Ella hizo lo mismo.

"¡Lo sabía!" Exclamó Draco como si acabara de descubrir un secreto milenario.

"Merlin, Draco, hasta McGonagall lo sabía. No te creas tan importante."

"¿Soy el único que no estuvo con nadie de los presentes? Este juego apesta."

Blaise continuó protestando y lamentándose, mientras Pansy le aseguraba que él era, probablemente, el que se había acostado con más personas de todos. La rubia aún no entendía si eso era un consuelo, pero Blaise parecía bastante calmado.

Ella solo podía mirarlo a Theo. Desde el otro lado de la ronda le sonreía, sonreía como hacía mucho tiempo no lo hacía y fue ahí cuando lo supo: esto era de verdad, iba en serio.

Daphne Greengrass y Theodore Nott estaban saliendo.

Ahora, años después, eso parecía tan lejano.

Porque estar con Theodore se había convertido en algo tan difícil.

Entendió que hay gente que se acostumbra a lo malo. Eso apesta, si, pero también apesta quedarse a su lado soportando todos los días soleados camuflados de gris. Hay gente que no sigue adelante. No avanza, no se mueve. Hay personas a las que no llega ningún tren. Que se convierten en sus peores enemigos, porque de esa maldición imperdonable nadie se salva: la que sale de nosotros y hacia nosotros mismos.

De nada sirve pedirles que nos acepten tal como somos, si no saben aceptarse a ellos mismos.

Y con el tiempo, se transforma en otra forma de morir. Allí los vemos solos, apagados, tristes, acostumbrándose a lo malo y sin intenciones de ponerse de pie y reclamar algo mejor.

Hay que aprender a dejar ir. Pocas personas poseen la sabiduría de decir 'basta' y en verdad decirlo. Hay personas que viven apagadas, hay personas que no te llevan a ningún lado, hay personas que es mejor dejar ir.

Tal vez hacia Theodore no llegaba ningún tren, pero ella iba a hacer todo lo posible para caminar hacia su desierta estación.

O al menos, lo había hecho.

Era hora de aprender a dejar ir.

"¿Quieres que vayamos por un café? ¿O de compras?" Astoria intentaba animarla.

Daphne, acostada en su cama y dándole la espalda, negó.

"No quiero."

"Vamos, Daph, tienes que salir. Te hará bien."

"No."

"Mira, quiero ser yo quien te diga esto." Tomó aire y comenzó a hablar, girando entre sus dedos la sortija de compromiso. "Te mereces algo mejor. Eres Daphne Greengrass, por Merlín, ¿cuando habías estado así por un chico antes? Mamá y papá están cansados de esta actitud, llevas así semanas."

Directa y al punto.

"No es cualquier chico. Es Theodore."

Pero nadie lo entendía, porque, después de todo, ¿alguien se había sentido de esa forma?

Perder a Theo era como perder a una parte de ella misma.

Al caminar en la calle se sentía medio vacía.

"Pero tú eres tú. Y al final, tu eres la persona más importante en tu historia, no él."

Tenía razón.

Tienes que ser astuta, recordó.

Altanera.

Elegante.

Refinada.

Bien vestida.

Siempre con la cabeza en alto.

Bien informada.

Pero sin ser demasiado entrometida.

Las facciones serias.

Ninguna emoción.

Los Slytherins no lloran, recordó.

Ahora ella tampoco reía.


Volví después de tanto tiempo! Estuve de vacaciones y sin tiempo de actualizar.

Lamento informar que esta historia esta CASI llegando a su final. Para que se ubiquen temporalmente, el flashback de este capítulo se ubica antes del capítulo 7.

Que les pareció este capítulo?

Saludos :)