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DIA 11

BALLROOM DANCES

(O bailes de salón)

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Los capítulos que voy subiendo, todos, tienen relación entre sí y forman parte de una misma historia.

Ésta la podríamos situar unos tres de meses antes de su boda.

Continua al dia 8: Cita a ciegas.


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Era el cumpleaños de Gabriel Agreste, y como siempre, se celebró la fiesta más bizarra en todo Paris. Era de etiqueta, de salón. Muchísimos invitados, muchísima comida, alcohol... pero a pesar de todo, de ninguna manera Gabriel Agreste asistiría. Sin embargo, Amelie lo había enviado como todos los años, a inmolarse en nombre de los Graham. Cada año lo llevaba peor que el anterior, pero este año en particular, lo llevó súper bien, porque había invitado a Marinette, y lo más importante, ella por fin había dicho que sí.

Lamentablemente, el encargado de los postres y los bocaditos dulces, así como de las bebidas, correspondía como todos los años a la panadería y patisserie "Dupain- Cheng, maestros panaderos". Los mejores de París. Se había acercado a saludar a los padres de Marinette, con su frac negro con camisa blanca impoluta, y zapatos acharolados aunque no nuevos. Y Tom Dupain lo había recibido lanzándole una cerecita con algo de almíbar que se le había quedado pegada en la chaqueta del frac.

- ¡Tom!-

- ¡Papá!-

- ¡Se me cayó de la mano!-

Tom Dupain giró y les dio la espalda a todos, para fingir que colocaba bandejas o arreglaba los pastelitos. Félix sonrió, cogió la cereza despegándola fácilmente y de un bocado, se la comió. Marinette cogió una servilleta y limpió la chaqueta con prontitud, no dejando mancha.

- Ya está, no se nota.-

- Lo sé, cielo.-

Habían entrado juntos sin cogerse de la mano, Marinette se había demorado, porque ayudó a sus padres hasta el último minuto antes de vestirse, así que habían llegado cuando todo empezó. Nadie los recibió, ni los vio entrar, porque iban tarde. Le dio un beso en la mejilla a Marinette, y le dijo que buscaría a Adrien para decirle que había llegado, que estaban ahí. Marinette asintió y fue a saludar a los pocos que conocía y luego se pasó a ver a sus padres, para que admiraran su vestido y poder comprobar que no tenían ningún problema con los pastelitos.

- Es hermoso, cariño- le dijo su madre, orgullosa de ella.

Su padre asintió y le advirtió mirando a su hija muy seriamente:

- ¡No te acerques a él, Marinette!-

Marinette suspiró fuerte, y mientras alisaba su hermoso vestido de gasa gris en capas con corsé plateado y mangas de igual color que la falda, decidió que no contestaría a su padre, ni diría nada. Fue entonces cuando se acercó Félix, luego de hablar con Adrien. Aunque se casaría con Marinette en unos tres meses, aún sus amigos no sabían nada de su relación, así que les darían una sorpresa.

De esta manera, fue como comenzó el ataque certero de Tom Dupain. A lo largo de la noche, Félix había logrado esquivar dos macarons, tres cerecitas, y una mini-tartaleta de fresa, ésta última la había esquivado por pura suerte, porque si le llegaba a tocar definitivamente, le arruinaría el traje. Tom Dupain le miraba con ojos asesinos, cruzando los brazos, en un duelo eterno. Félix le miraba, le sonreía y si lograba pillar lo que le lanzara, se lo zampaba directamente. Lo que caía al suelo, lo recogía y lo tiraba a alguna papelera. No se alejaba mucho de sus suegros, por si necesitaban ayuda en lo que fuera. Marinette, en cambio, se había encontrado con Alya Cesaire y Nino Lahiffe y ya llevaba un buen rato, hablando y riendo con ellos.

Félix vio a la horrible Chloe Bourgeois revoloteando por ahí, haciéndose la interesante o la importante. No podía importarle menos, sólo estaba atento por si se acercaba a Marinette. La odiaba profundamente, por el trato despectivo y arrogante que siempre tenía con su Marinette, si supiera que ellos se iban a casar...quería ver su cara, su sorpresa, y aprovecharía para dejarle uno o dos insultos ocultos, sí, sonreía pensando en lo que se iba a divertir. Seguro que se perdió en sus cavilaciones, porque el siguiente pastelito que le lanzó Tom, cayó directo al blanco, pringando su chaqueta negra. Era una minitartaleta. Maldición Félix. Sacó su pañuelo y logró salvar el traje a tiempo. Miró a su suegro, le sonrió y siguió caminando.

Su relación había empeorado desde su compromiso con Marinette. Antes, cuando los pilló saliendo de su departamento, Félix tuvo que tragarse una conversación de casi una hora sobre lo irresponsable de su comportamiento, Tom menospreció su relación, su dinero, y su nombre. Y Félix recibió todo, callado, sin inmutarse, no respondió. Luego, Tom Dupain fue a por Marinette, irresponsable, le dijo. Alegó que Marinette no terminaba la Escuela de Moda por estar saliendo con Félix; no era cierto, Marinette no podía pagarse todos los cursos de cada semestre, así que se inscribía en los importantes y dejaba los pequeños hasta que fuera necesario aprobarlos.

Por supuesto, una carrera que en principio era de cuatro años, se volvió en una de seis o siete.

Marinette se defendió, Félix calló, Sabine se puso de parte de ellos, y conforme pasaba el tiempo, Tom Dupain supo que era una batalla perdida. No tenía razón en casi nada, pero aún así, durante un tiempo, prohibió a Marinette acercarse a él. Por lo tanto, Félix se acercó a ella.

Se sentaba todas las tardes que podía en la panadería, a realizar el trabajo que le quedaba pendiente. Tom no podía echarlo, Sabine en cambio, le recibía con chocolate caliente y pastitas. Marinette llegaba, se cambiaba la ropa, y se uniformaba para atender en la panadería, para atenderlo a él. Algunos días, Félix le llevaba flores a Sabine, o algún regalo para la casa, un florero, un marco de fotos digital, una campanita para colgar en la puerta de la tienda.

Cuando no estaba Tom, ayudaba él también a Sabine. Llevaba bandejas, aprendió a sacar los croissants del horno, ordenaba escaparates. Y si entraba algún cliente, se sentaba nuevamente en su mesa, abría su portátil y seguía con lo suyo. En silencio, siempre. Félix no hablaba, no intentaba hablar con nadie, sólo estaba ahí, esperando a Marinette.

Los peores días eran cuando estaba sólo Tom, él tampoco lo echaba, porque lo quería ahí para torturarlo, para derramarle cosas, para charlas unidireccionales de doble sentido. O comentarios hirientes. Nunca llegó a odiar a Tom, porque sabía que en su afán de mantener las cosas en secreto, se había olvidado que los padres de Marinette no estaban incluidos en el grupo a los que no había que contarle nada. Error. Fatal. Terrible.

Se puso en su lugar, y concluyó, que había tenido mucha suerte de no llevarse algún golpe por hacer desaparecer a la hija de alguien sin conocimiento de sus padres. Así que cuando Tom le derramaba el café, Félix sacaba pañuelitos y se limpiaba en silencio, lentamente. Por suerte, esas cosas sólo las hacía cuando realmente no había nadie más que ellos dos. Pero la tienda casi siempre estaba llena, uff. A Tom nunca le regaló nada, no tenía sentido.

Por lo tanto, que le cayera encima una minitartaleta era un mal menor, algo pequeño e insignificante. Además, sus suegros tendrían trabajo hasta casi el amanecer. Lo cual les dejaba toda la noche libre de padres. Hacía tanto que no tocaba a su novia. Con el compromiso, Tom había perdido la razón, demasiado jóvenes, que por qué las prisas, que por qué vivir en Londres, que por qué sólo una boda civil. Sólo había una respuesta para todo: amor. Sabine miró a su marido y lo consoló diciendo que era mejor así, casarse por amor. El amor siempre sería una buena idea. Lástima que Tom estuviera tan enfadado con Félix, porque el rubio sinceramente quería llevarse bien con él, pedirle consejos, conversar cosas de hombres, Félix no había disfrutado mucho tiempo de su padre, era huérfano y necesitaba urgentemente alguien que supliera su figura. Aguantar, aguantar, él debía aguantar, quizá si tuvieran un hijo o hija, quizá cuando fuera abuelo...

Marinette se acercó a él, y lo cogió del codo para llamarle la atención.

- Félix, tocaran el vals en breve, vamos a la pista de baile.-

Sería su primer baile juntos, y lo harían porque necesitaban practicar para la boda. Habían practicado a escondidas, en su Escuela, en algunas horas libres que ella tenía. Y cuando Tom no estaba en la panadería, claro. Cuando anunciaron el vals, ellos ya estaban listos.

- Supongo que lo importante es no pisarnos.- dijo Marinette.

- O caernos- susurró Félix.

- O tropezarnos.- remató ella.

- Si te olvidas de algo, simplemente sigue girando. Paso amplio, luego corto. Y debo sujetarte bien, Marinette. No te puedes alejar. En realidad, en las monarquías europeas aún existe la costumbre de debutar en sociedad con un vals. Y la gente se prepara Marinette, mucho más tiempo que nosotros, en Austria, en Viena, cada año se celebra el debut de los jóvenes en la alta sociedad, es la más antigua y tradicional fiesta de...-

-Lo entendí, amor, en serio, lo entendí.- le cortó Marinette, nerviosa. Él asintió, un poco nervioso también. Marinette se había dado cuenta que Félix hablaba como una ametralladora cuando existía una situación verdaderamente estresante. Lo había visto pocas veces. La última, cuando fueron a contarle a sus padres que se casaban. Antes de entrar a la panadería, Félix le dio un avance de su tesis para graduarse, siete minutos de cháchara, aparentemente seria, pero que sólo enmascaraba que en ese momento, él no tenía el control.

Le cogió de la mano, mientras se acercaban a la pista de baile. Se pusieron en posición. Ella empezó a reír de lo nerviosa que estaba y Félix volvió a disertar sobre las monarquías europeas y el vals. Le puso un dedo sobre sus labios, callándolo suavemente. Y entonces, el vals empezó. Vuelta y vuelta, giro, paso adelante y atrás, al costado, paso corto, paso amplio. Sentía el brazo de Félix alrededor de su cintura, apretándola contra él. Ella era capaz de oler su colonia, y verle las pecas de la nariz. Cerquísima. Una vuelta más, y ahora, separarse para girar, caminar un poco y otra vez, juntos, brazo en la cintura, el otro sujetando su mano. Se rozaron la nariz en un paso largo, sin quererlo. Marinette sintió un escalofrío por la espalda, podría besarlo, seguro que nadie los vería. Estaban en un orilla de la pista de baile, por donde la iluminación era imperfecta. En el centro, bailando como si nada, estaban Kagami y Adrien, dando su mejor esfuerzo. No lo hacían tan bien como ellos, se dijo. Quizá les pilló por sorpresa, o quizá hayan menospreciado la técnica. En cambio, Félix había traído vídeos y tutoriales y por último, contrataron a un profesor que los preparó por videoconferencia. Se permitió sonreír y hablar: "Fé, lo estamos haciendo bien". Y él le sonrió ampliamente, como sólo lo hacía cuando ellos estaban solos: "sí, Mari, lo estamos haciendo bien". Lo harían perfecto el día de su boda, no importaba que fuera sólo una boda civil, sería la mejor boda civil de todo el mundo.

Perdida en sus pensamientos, no se dio cuenta que el vals terminaba. Félix le ofreció el brazo y Marinette se sujetó a él fuertemente, mientras se retiraban de la pista de baile. Ahora ya no importaba si alguien se daba cuenta que estaban juntos, ya no. Se miraron y ambos sonrieron, sin hablar. Su burbuja se rompió cuando Chloe les dio alcance al salir de la pista.

- Panadera, por Dios, no sabía que eras capaz de bailar un vals, eso no se les enseña a los seres inferiores como tú.-

Félix sintió como le traspasaban el corazón, hiriéndolo. Sus ojos verdes se ampliaron, sorprendido del ataque tan fácil que ella le lanzaba a su novia. Furia, horror, rencor. Chloe Bourgeois se arrepentiría pronto. Ahora mismo, en este instante.

- Chloe - le dijo sin alzar la voz, en una tonalidad neutra, que, a oídos de Marinette, le avecinaban problemas- Tu vestido esta sucio.

Un vestido hermoso de blanco níveo. Chloe se había vestido como una princesa, guantes, vestido entallado y falda vaporosa.

- ¿Dónde? ¿dónde?-

- Aquí-

Y Félix levantó su pierna derecha, la apoyó en donde calculaba estaba el muslo de ella, y le pasó la suela del zapato desde ahí hasta abajo, ensuciándolo completamente. Chloe vio la acción, sorprendida, sin capacidad de respuesta. Coincidentemente, pasó un camarero llevando una bandeja con los pastelitos que hacían en la panadería. Soltó a Marinette por unos segundos, cogió un pastelito y se lo aplastó contra el pecho de la Bourgeois. Era una minitartaleta de fresa.

Oh sí, Félix había aprendido del mejor.

- Félix, ¿Qué me has hecho?- musitó atónita la rubia.

- Te haré más si no te largas de aquí, Chloe.-

Ella abrió la boca inmensamente. Marinette le vio la campanilla y hasta la última de sus muelas. Chloe dio la vuelta, y salió pitando sollozando de ahí. Dejándolos en paz.

- Fé, eso estuvo fatal, estuvo horrible, estuvo...genial.-

- Y la próxima vez, que la vea, le irá peor.- lo decía tan sinceramente, que Marinette se sintió muy querida, muy orgullosa de él. Félix no tenía ni un pelo en la boca si algo realmente no le gustaba, por supuesto que había excepciones, la única conocida hasta el momento era Tom Dupain, con el cual Félix se quedaba callado aunque le tirase una taza de café entera encima suyo.

- Mi héroe- le susurró bajito, y le dejó un beso corto en la mejilla.

- Tenemos la noche para nosotros dos, Mari. Podemos irnos ya, te llevaré a tu casa como le prometí a tu padre, directamente, sin desvíos. Luego me harás pasar, y me quedaré hasta que ellos lleguen. ¿Estás de acuerdo, cielo?-

Ella asintió. y él, al observarla no vio venir el proyectil de azúcar que Tom tenía reservado para él. El pastelillo le cayó en plena camisa blanca, ahora sí, arruinando el traje.

- ¡Papá!-

- ¡Tom!-

Era un mousse de mango. Estaba perdido, noqueado. Traje arruinado. Tom sonreía, pensando que había ganado. Pero Félix era el verdadero ganador. Se despidieron, la llevó a su casa, y subió hasta su habitación. Marinette había cubierto su vestido de novia con un cobertor negro, impidiendo que alguien más lo viera. Y ahí se quedaron los dos, hasta que Sabine les tocó la puerta y dijo bajito: Tom ya llegó.

Félix besó a su novia, que estaba desnuda en su cama, se vistió rápidamente y subió por la escotilla a la terraza. Cruzó la pared del vecino, se descolgó por las escaleras y justo cuando terminó de bajarlas, se encontró cara a cara con Tom.

No, no.

Quizá algún día se llevaría mejor con él, pero hoy definitivamente, no.

Quizá cuando tuvieran un hijo o hija, quizá si fuera abuelo...

Quizá.

Félix giró sobre sí mismo, dando la espalda, y echó a correr.

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¡20 días de felinette!

Cambio y corto

Lordthunder1000