Capítulo 21
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Shikamaru había corrido tras ella, pero se libró de él al llegar a una de las intersecciones más transitadas y aprovechar una luz que se volvió roja antes de que él pudiera cruzar. Había tenido intenciones de hablar con él, antes de que aquella extraña furia se hubiera apoderado de ella.
Detrás quedaron personas, autos, árboles, edificios y lágrimas. En su cabeza retumbaban las palabras de Juugo y Suigetsu, y todas esas noches de contemplación en que ella ya había llegado a la misma conclusión que ellos. En varias ocasiones tuvo el impulso de girarse, volver sobre sus pasos y volver a Shikamaru, pero al verlo, a través de los autos que hacían que su silueta pareciera parpadear, comprendió que no sabía cómo hacerlo.
Su corazón se destrozaba con cada paso y le dolía tanto el pecho que no le sorprendería escupir sangre en algún momento. Un charquillo la hizo resbalar y no detuvo el grito que escapó de sus labios, ni la caída, menos el impacto.
No esperes algo de un hombre que viene de un mundo distinto al tuyo.
Recostada en la acera miró al cielo, había pequeños espacios azules entre las nubes y sus labios temblaron, remontándose al día que Tayuya le había dicho aquello, años atrás, pero refiriéndose a Sasuke. Se sentó y se cubrió el rostro, llorando toda su frustración y desencanto. Ese era el golpe del que sus amigos le habían hablado siempre; se tragó con amargura todas sus palabras en ese momento, a pesar del dolor que la ahogaba.
Dejó caer sus manos y observó sus piernas, frustrada, gruñó al levantarse, su pierna lastimada le reclamaba por el esfuerzo, pero la ignoró.
… mil veces estúpida, pensó.
Las lágrimas escurrieron por su rostro y rodeada de una energía distraída viajó en el metro y caminó por las callejuelas serpenteantes de la ciudad, hasta detenerse ante la casa de Juugo.
La luz del día había comenzado a morir cuando abandonara a Shikamaru en aquella intersección y en esos momentos la rodeaba ya una oscuridad que sería apabullante de no ser por los arbotantes y las lucecillas encendidas en las casas. Se regañó por permitirse enamorarse, una vez más, de alguien que no estaba emocionalmente disponible… de alguien que no la conocía más allá de sus peores errores y aun así haber preferido quedarse.
Observó la entrada a la casa de Juugo en silencio. Miró su teléfono unos momentos… llamó al contacto marcado como Nara, pero no recibió contestación alguna. No le sorprendía si Shikamaru la había bloqueado.
Con los ojos inundados en lágrimas, cerró la reja con cuidado y al girarse le sorprendió encontrarse a Suigetsu, que se quedó congelado al verla y había comenzado a decir que Juugo no estaba, pero se quedó callado pronto. Lo miró unos momentos, luego asintió, y caminó al interior de la casa.
—¿Qué tienes?
La miró entrar a la casa, pero antes de que pudiera decirle otra cosa, ella decidió hablar.
—… tenías razón.
—¿En serio? —una sonrisa juguetona se dibujó en sus labios y fue detrás de ella. —¿Sobre qué?
—Shikamaru —murmuró, empujando la puerta para cerrarla tras ella.
La sonrisa se le congeló en el rostro y estampó su mano en la madera, impidiendo que a puerta se cerrara en su rostro y se abrió paso.
—Así está mejor, ¿no? Ustedes no pegaban ni con cola…
Lo miró incrédula, pero se soltó a llorar al notar que no sonreía, que no había ni un solo dejo de burla en aquel rostro.
El gesto de Suigetsu se contrajo con incomodidad y aunque no la abrazó, si la tomó por los hombros y la guio a una silla, obligándola a sentarse para limpiarle aquella raspadura que llevaba en la pierna.
—… de seguro le gustan los bigotes —murmuró.
Karin hipó, pero no pudo ni sonreír, solo lo miró trabajar en silencio.
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No le extrañó que Ino volviera temprano a casa, lo que le extrañó fue la manera en que estacionó el auto, le había dado la impresión de que se llevaría el muro. Las dudas le duraron pocos segundos, con la mirada clavada en la pantalla que mostraba las vistas de las cámaras de seguridad, observó a Ino bajarse del auto y azotar la portezuela con fuerza, para después caminar agresivamente al interior de la casa.
Exhaló, imaginando que aquello tendría que ver con Naruto o Kiba… quizá Sakura, y un poco cansado subió la temperatura en la estufa y apagó la pantalla que mantenían sobre la barra; esperó tranquilamente a que el agua hirviera, acomodando dos tazas a lado de la estufa, y a que Ino llegara… ya podía escuchar las pulseras agitarse y los tacones resonar al golpear con fuerza el suelo.
Apagaba la pantalla de su teléfono, luego de confirmar que no había recibido alerta alguna sobre lo que tenía de malhumor a Ino, cuando los pasos se detuvieron.
—"Estoy cansado, ve tu sola si quieres" —arremedó Ino, con voz nasal.
Entró a la cocina y arrojó su bolso sobre la barra, casi golpeando la pantalla que le había alertado a Sasuke su estado de ánimo. Se detuvo a unos cuantos pasos de él, se cruzó de brazos y lo miró. Los ojos negros le devolvieron un gesto aparentemente tranquilo e inocente.
—Si no querías ir…
—Sabías que iba a estar ahí, ¿¡verdad!?
—¿Qué? ¿Quién?
Un grito agudo y reprimido lo interrumpió. Juntó las cejas, la tetera que había puesto en la estufa comenzaba a emitir ese insufrible sonido agudo.
—No, no te acerques —espetó, dando un par de pasos atrás.
Parpadeó y la miró, confundido, deteniéndose. —¿Qué demonios pasó?
Ino negó y desvió la mirada, apretando aún más los brazos sobre su pecho. Las lágrimas, sorprendentemente, no le habían atacado en ningún momento, ni siquiera cuando manejaba con aquella furia tan nueva.
—Muévete —murmuró, precipitándose al fregadero, sintiendo que estaba a punto de vomitar.
Sasuke la siguió con la mirada, girando su cuerpo un poco, y posó con cuidado su mano sobre la espalda de Ino, preocupado por ella, pero el cuerpo se sacudió, no precisamente por el malestar que la aquejaba.
—¡No me toques!
Alejó la mano y la usó para apagar la estufa. Se entretuvo sirviendo una sola taza de té, con un parsimonia que no debería de tener en esos momentos y que hacía que Ino apretara los dientes… pero no gritaba esta vez, solo había lágrimas en sus ojos, aferrándose con desesperación a sus pupilas. Observó el infusor unos momentos y luego caminó hacia la nevera, sacando un poco de agua mineral y sirviéndola en un vaso, que acercó silenciosamente al fregadero; las manos de Ino estaban crispadas en el borde y ella seguía inclinada, respirando con dificultad.
—Comiste algo…
—No —interrumpió de nuevo, sin mirarlo.
Giró el grifo y se enjuagó la boca a pesar de no haber vomitado. Sintió el agua correr entre sus dedos unos momentos y cerró el grifo, clavando la mirada en el exterior, a través de la ventana que había frente a ella. Respiró profundo un par de veces, intentando poder recuperar un poco de la calma… pero ni las piernas dejaban de temblarle, ni el estómago de darle vueltas.
—¿Qué carajo está pasando, Ino? —preguntó, esperando una verdadera explicación. —Tienes días actuando extraño y esto-
—Estoy harta.
Se recargó en la barra y tomó la taza de té, mirando fijamente a la rubia. Había tenido suficiente tiempo para airear sus ideas, que no estaban demasiado revueltas, y con cada segundo que pasaba se iba convenciendo más y más de que las ideas que Ino tenía en la cabeza estaban más alejadas de la realidad de lo que él había imaginado… o que había algo que él no sabía.
Acercó su mano a una de las mejillas y aunque esta vez no hubo palabras cortantes, Ino se alejó de él.
—¿Harta de qué? —inquirió. —¿De qué estás hablando?
No había nada en su cabeza que le diera sentido a la actitud de Ino, pero si se paraba a pensar, realmente nunca había habido razón para los desplantes.
—Karin —masticó. —Karin… la que se te cuelga del cuello cada que puede…
—Hace tiempo de eso.
Ino apretó los puños con fuerza. Sasuke se distrajo unos momentos, observando el fondo de su taza y se apretó el puente de la nariz, fastidiado.
—No entiendo por qué estamos así… —se sinceró, malhumorado.
Esperó a que empezara a gritar como acostumbraba, sin intenciones de fabricar explicaciones que no eran necesarias, porque no había pasado nada… pero Ino se mantuvo en silencio, con la mirada clavada al frente y el rostro tenso. Sin dejar de mirarla, se llevó la taza a los labios y apretó el semblante al quemarse con el té, bajó la taza y desvió la mirada, apretando los labios.
Los ojos de Ino se desviaron hacia él, ante el movimiento brusco, y lo observaron en silencio, sin relajar el semblante.
—Voy a hacerte una pregunta —agregó, en un hilillo de voz —y quiero que seas sincero.
Se ahorró la grosería de echarle en cara su sinceridad. —¿Está relacionado a Karin? ¿Otra vez?
—Sí, Sasuke-kun… vamos a hablar de tu puta, otra vez.
—Karin no es mi puta —pronunció, suavemente.
—¡No seas descarado!
—Es la verdad, Ino.
—Siempre la misma cantaleta, estoy harta. ¿No tienes una mentira más convincente?
La miró entonces. —Es enserio.
—¿Cómo tienes cara para negarlo? —exclamó, dando un par de pasos hacia él, pero sin acercarse por completo. —¡Todas esas noches que desaparecías o te escondías en tu apartamento estuviste con ella!
—También pasé muchas de esas noches en compañía de Naruto o Sakura, ¿eso los hace mis putas?
La nariz de Ino pareció sufrir un espasmo por unos momentos y sus labios se apretaron tanto que a Sasuke le dio la impresión de que no sería capaz de abrirlos de nuevo, pero el aire escapó lentamente entre ellos, escurriéndose por los dientes.
—… no desvíes mi atención.
Inspiró y acercó la taza a sus labios, pero esta vez tuvo la precaución de sentir la temperatura de la cerámica antes de tomar un trago; miró a Ino, cansado. Esos ojos verdes casi lo atravesaban con la fuerza de dos balas proferida por una furia que había estado contenida demasiado tiempo. Dio un sorbo, casi podía escuchar los dientes de Ino rechinar.
—Y no me ignores.
—No te estoy ignorando —aseguró. —¿Qué quieres qué te diga?
—¡La verdad! —estalló, girando el cuerpo para quedar de frente a él, mirándolo de lleno.
Había esperado que empequeñeciera con aquella pregunta, pero sus ojos chispearon con coraje. Esta vez no se contentaría sola.
—¿¡Cuántas veces te has revolcado con ella!?
Asintió una sola vez y dejó la taza, para enfrentarse a su prometida y obsequiarle su atención por completo.
—Solo he tenido sexo con Karin dos veces antes de salir contigo —hizo una pausa, no buscaba las palabras, solo no se atrevía a robarle a Ino lo que fuera que comenzaba a crecer dentro de ella y modificar su semblante —… tres veces, si contamos una noche, este año.
El sonido seco de la bofetada, que resonó en la habitación y dentro de sus cabezas con fuerza, les llegó después del impacto.
La palma, caliente y palpitante, le recriminaba con furia, pero ignoró el malestar por el asco que sentía de todo eso. Las lágrimas no tardaron en escurrir por sus mejillas, a pesar de lo mucho que se esforzaba por contenerlas, y se llevó a los labios la misma mano con la que había abofeteado a Sasuke. No estaba sorprendida por su atrevimiento, estaba aterrada por lo que la había orillado a cometer la imprudencia.
Los sollozos amargos escaparon de sus labios sin que pudiera contenerlos y se alejó de él, dándole la espalda, no tenía el valor para mirarlo… mucho menos luego de aquello.
Sasuke se limitó a volver a mirar al frente, al sitio donde Ino había estado de pie antes, luego de que el impacto lo obligara a girar el cuello unos centímetros. No se esforzó por disimular, ni la sorpresa, ni que la mejilla aún le dolía y dolería por unos cuantos minutos más. Se frotó suavemente la piel enrojecida y lastimada y miró fijamente la espalda de Ino, que se convulsionaba gracias al llanto silencio que ahora la atacaba.
—¿Qué más quieres que te diga? —exhaló, aunque no pudo deshacerse por completo de su enojo.
Ella no iba a disculparse por la bofetada, a pesar de saber que estaba mal, y él no iba a sentirse ofendido por todo eso, a pesar de sentirse furioso.
—¿Por qué? —balbuceó, sin poder dejar de llorar… la pregunta no iba dirigida a él. Sus manos se deslizaron hacia su cabello, despeinándola, en una desesperación que iba volviéndose más y más insoportable conforme la verdad se fundía en su cerebro, permeando sus memorias.
Sasuke hizo una pausa entonces, incluso se atrevió a desviar la mirada unos momentos, buscando la respuesta, pero no la tenía… ni siquiera él estaba seguro de saberlo.
—No lo sé…
—No me toques —rogó al sentir que se acercaba.
—En ningún momento tuve intención de humillarte —explicó, recurriendo a aquel recurso… que le sabía a excusa — y no entiendo por qué, si creíste todo ese tiempo que te estaba engañando, lo toleraste y te quedaste conmigo.
—… ¡cállate!
Dio un paso hacia ella, pero se detuvo. —No estoy aprovechándome de todas esas veces, pero puedo asegurarte que no he vuelto a buscarla y no volveré a hacerlo, y no tendrás que preocuparte, si es que puedes perdonarme.
—¡Cállate! —espetó, descubriéndose el rostro para mirarlo.
Exhaló y se llevó una mano al estómago, lo tenía revuelto, al igual que la cabeza. Negó y se alejó aún más de él… la verdad la superaba, cada vez era menos capaz de soportar el peso que la realidad tenía sobre ella. Se cubrió los labios, no supo si para dejar de llorar o para no vomitar, y apretó los ojos con fuerza.
—Ino…
Sintió la mano sobre su hombro y tembló, aterrada. Alejó las manos de su rostro y tragó saliva con dificultad, si Sasuke descubría la verdad, no podía ni imaginarse el alcance de su rencor, pero sabía que no sobreviviría el golpe.
—No me toques —repitió, pero Sasuke no la soltó.
Sin palabras, se quedó de pie junto a ella, esperando que pidiera más explicaciones, que de alguna manera estirara aquel embrollo que de pronto tenía en la cabeza. Juntó un poco las cejas, esforzándose por encontrar palabras que fueran sinceras y al mismo tiempo suaves, pues todo lo que le venía a la cabeza era demasiado directo y no quería verse enredado en nuevos malos entendidos.
Los ojos verdes se asomaron cuando las manos se deslizaron hacia los labios y miraron fijamente al frente.
—… no voy a casarme contigo.
Un sonido lejano los interrumpió. Sasuke miró más allá de la puerta de la cocina, Ino lo miró a él, aturdida, temerosa de que aquellas palabras no hubieran llegado salvas a los oídos de Sasuke. Sus ojos observaron fijamente cada detalle del rostro y una sensación helada le bajó por la espalda cuando los ojos negros le miraron, sin una sola nota de confusión o alarma en ellos.
—Yo atiendo —aseguró, estrechándole el hombro, en un gesto con el que intentó reconfortarla. —Ve al baño, si no quieres que te vean así.
Ino solo se asqueó aún más, pero corrió a refugiarse al baño, sin dejar de temblar.
Los golpes insistentes lo acompañaron todo lo que tardó en llegar a la puerta principal y al abrirla le sorprendió encontrarse con Shikamaru. Imaginando que aquella visita tendría que ver con el tema que Ino y él trataban en esos momentos, no fue capaz de sacar una plática de cortesía para el invitado… no le extrañaba que Shikamaru estuviera al tanto de sus problemas, después de todo Ino y él eran mejores amigos y suponía que con Sakura no se sentía tan libre al hablar… pero le molestaba que sus problemas escurrieran lejos de casa.
—¿Qué quieres, Shikamaru?
Apretó los puños, lo que menos quería era verle la cara a él. Su garganta estaba tan tensa, que tuvo que pensar muy bien cómo darse a entender, pues sabía que no podría hablar demasiado.
—Ino.
—No está…
—No la escondas —interrumpió.
Miró en silencio el rostro de Sasuke, los ojos que lo miraban fijamente estaban dejando entrever algo de incertidumbre. Agradecía que se ahorrara sus protocolos sociales, pero la manera en que pronunció el nombre de Ino al llamarla le retumbó en la cabeza y le provocó una pequeña jaqueca, que lo fastidió aún más. No pudo quitarle la mirada de encima, recordaba todas las noches en que había escuchado a Ino llorar, pero eran las escasas menciones que había hecho Karin sobre él las que se le estaban clavando como un puñal en el costado.
Ino apareció luego de unos momentos, con claras señales de llanto interrumpido en el rostro y no ocultó la sorpresa de verlo ahí.
—Shikamaru, ¿qué…? —tartamudeó, aterrada. Carraspeó y volvió a buscar su voz. —¿Qué haces aquí?
—Sabes bien qué hago aquí —aseguró, caminando hacia ella. —Dame mi teléfono.
Se había hecho un poco pequeña ante la determinación de Shikamaru y había dado un paso atrás, instintivamente; el miedo que sentía a todo en esos momentos no le permitió entender de inmediato lo que había dicho. Observó el rostro, molesto, unos segundos.
—Chouji me dijo que tú lo tomaste.
—… yo no lo tengo.
—Ino, no tengo tiempo para esto…
—¡Yo no lo tengo! —interrumpió, ansiosa.
—¿Estás segura?
Ino guardó silencio. El recuerdo del sonido del tránsito y el viento entrando por su ventana abierta le ensordeció unos momentos, de nuevo sentía los golpes que su cabello le había dado en el rostro al agitarse… el nombre de Karin brillando en la pantalla, la furia contra el viento frío, su mano arrojando el aparato por la ventana. Asintió.
—Estoy segura.
La miró unos momentos, observando cada milímetro de su rostro, y asintió. Se alejó de ella y caminó hacia la puerta, pasando a Sasuke, que se había mantenido al margen, acostumbrado ya a las rencillas entre ellos, y le siguió, con la intención de acompañar al invitado a la puerta, aunque este le dejara detrás sin reparo alguno.
Shikamaru se detuvo, dándole a Sasuke tiempo de alcanzar la puerta, miró de nuevo a Ino, que seguía sin procesar lo que estaba sucediendo y lo que no había sucedido, luego miró a Sasuke.
—… voy a pedirte que no vuelvas a tocar a Karin, en tu vida.
Sasuke separó los labios para hablar, pero Shikamaru se alejó, dejándolo confundido ante la puerta. Era la primera vez que el muchacho cruzaba la raya y le prevenía. La mano que mantenía la puerta abierta se deslizó hasta la perilla y se aferró a ella, pero sus ojos se quedaron clavados en la espalda de Shikamaru. Lo observó bajar por la escalinata y subir al auto y tuvo que hacer un esfuerzo por no seguirlo con la mirada hasta que se perdiera al doblar en la esquina. Cuando cerró la puerta y volvió la mirada, le sorprendió el gesto mortificado que tenía Ino en el rostro.
—¿Qué…?
Gruñó, frustrada, y corrió, cruzando rápidamente a las escaleras y subiendo por ellas, perdiéndose en el pasillo de la planta alta.
Subió detrás de ella, luego de que Ino no volviera a aparecer y no contestara a sus llamados, encontrándose con la puerta de la habitación cerrada y con el pestillo echado. Inhaló y exhaló. Se pasó la mano por el cabello, obligándose a mantener la calma y llamó tantas veces como consideró necesarias, pero Ino jamás atendió. Su mano, relajada sobre la madera, se volvió un puño y golpeó suavemente, una última vez.
—¿No vas a abrir?
Silencio.
Recordó al común denominador.
Karin.
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Shikamaru observaba profundamente molesto el techo. Negó, sin saber por qué pensamiento había tenido esa reacción, y miró su apartamento, recordando a Karin recorrerlo en días menos caóticos… más felices.
Las palabras de Kiba, Ino y Karin se revolvían en su cabeza, atormentándolo con los dolores que había mantenido alejados todo ese tiempo y esa culpa de Chouji solo empeoraba el sazón de todo. Negó de nuevo y apretó los puños sobre sus ojos, las lágrimas se apretaron entre sus párpados y los sollozos subieron a su boca, saliendo ahogados en un principio. Quería golpear a alguien… y la persona que le venía a la mente quizá no tenía idea de lo que estaba pasando, realmente.
Gruñó, antes de dejar salir el llanto y entregarse a la aceptación: no podía hacer nada al respecto de todo lo que ya había pasado y aquella realización se extendía hasta la fecha de la muerte de su maestro. Y por más que intentara enderezar el enredo con Karin y Sasuke, no podía… y quería creer que se debía a que le faltaba información, pero no tenía manera de contactar a Karin ahora que su teléfono estaba perdido y cualquier llamada que hiciera a través de teléfonos públicos se encontrara con la pared del buzón. Negó de nuevo, pero esta vez tomó sus llaves y salió, dispuesto a buscar a Karin por todo Konoha de ser necesario, aunque, más allá de los lugares que habían visitado, del apartamento, la oficina y el bar donde se habían conocido, no tenía la más mínima idea de dónde buscarla.
Pasó por el apartamento, antes de dar vueltas en el centro de la ciudad como si estuviera perdido, volvió al apartamento luego de un par de horas y la esperó en el auto, sin permitirse dormir aunque fuera un segundo, jugando con la pulsera de colores que le había sido arrojada al rostro horas atrás.
A Karin le gustaban los viajes de color…
A Karin le gustan los viajes de color.
Parpadeó, sus ojos incómodos por los destellos multicolores de las luces cuando no lucían difusos gracias a las nubes de humo artificial y de exhalaciones que se elevaban por todo el lugar. La música retumbaba con tanta fuerza que le vibraba en los oídos y en el pecho, una sensación extraña en los oídos permanecía a pesar de comenzar a acostumbrarse a aquel volumen. Caminó, sintiendo los empujones habituales de las fiestas, entre personas que se divertían y bailaban y reían y bebían. Miró en silencio a las parejas que había ahí, incapaz de contagiarse con el ánimo colectivo o sentir la emoción que la música les daba a todos los demás.
Observó la mano que tiraba de ella, luego siguió el brazo, hasta toparse con la cabellera blanca. Se dejó arrastrar al otro lado de la pista, al rincón oscuro… a la butaca de donde nunca salía algo bueno.
—¿Pero qué tenemos aquí? —saludó un muchacho de cabellos rubios y ojos pesadamente delineados. —Hoy es mi día de suerte, hn… ¡tengo casa llena!
—¿Tienes lo que te pedí? —preguntó Suigetsu, soltando la mano de Karin para estrechar la de Deidara.
—Quizá —murmuró, como si intentara mantener un secreto, saludando a Karin con un cabeceo y recargándose de nuevo en el asiento.
Miró al rubio, en silencio.
Ni siquiera quería estar ahí, pero no sabía qué más hacer o a dónde ir. Se perdió en el abismo del vacío de su mente, en cualquier otro momento le habría aterrado esa incapacidad de pensar, pero al no poder sentir, no importaba realmente. Volvió a la realidad al sentir que Hidan le daba un empujón, mientras volvía a la mesa, y lo vio estrechar palmas con Suigetsu, que pronto se desentendió y volvió con ella, su colmillo asomándose entre sus labios, su cuerpo ligeramente encorvado al encontrarse junto a ella, ocultando lo mejor que podía la mercancía.
Observó el papel… y los cristales en las bolsas.
Sus ojos se elevaron hacia el rostro de Suigetsu, que tenía demasiado cerca de su rostro. Observó los ojos púrpura en silencio, luego la sonrisa juguetona que se extendía sobre los labios, hinchando las mejillas. Imitó el gesto, que quedó demasiado pequeño, y volvió la mirada a las bolsas.
—¿Cuál quieres?
Observó el cristal y su mano hizo ademán de tomarlo, pero sus ojos se desviaron de inmediato hacia el papel, observándolo fijamente.
—Bien, aquí tienes —murmuró Suigetsu, escondiéndole la bolsa en el bolsillo.
—¡N-No…! —frente a ella solo quedó su mano, Suigetsu se perdió entre la gente.
Respiró profundo, consciente de lo que llevaba en el bolsillo… quizá consumir aquello no era buena idea esa noche. Buscó a Suigetsu entre la gente, rindiéndose pronto, seguramente ya se encontraba refundido en el baño, preparando la dosis. Exhaló y se llevó las manos a los bolsillos, sintiendo en una de ellas el plástico; cerró los ojos y meditó.
Sacó una mano de su bolsillo y observó la única moneda que llevaba consigo… era estúpido dejarle aquello al azar, pero tiró la moneda al aire.
La memoria muscular no se perdía fácilmente y aunque los dedos se le atoraron unos momentos, pronto presionó la punta de su dedo contra su lengua, disimuladamente. Respiró profundo de nuevo y observó la música en silencio, vaciando su cabeza, obligándose a olvidar todo lo malo que había sucedido aquel día y durante su vida… por su bien. Sonrió luego de unos momentos, observando la nube de humo que había sobre las cabezas de todos, los girones que se unían, los colores que danzaban en el aire.
Caminó hacia la mesa, dónde fue bienvenida por Deidara, aceptó la bebida que le muchacho le preparó y observó en silencio los hielos, agitándolos con la pajilla cuando le parecía que comenzaban a quedarse quietos.
—¿Estás bien, Karin?
Miró a su lado, encontrándose con el rostro serio de Konan y asintió una sola vez, atreviéndose a recargarse en el hombro.
Konan dijo algo… pero no lo entendió.
Quizá pasaran horas, quizá minutos, supo que los efectos habían comenzado al estirar la mano para tomar el vaso y quedarse demasiado corta. En algún momento Suigetsu había vuelto, en algún otro desapareció de nuevo… rostros diferentes aparecían en la mesa de pronto y sin embargo los minutos se sentían lentos y pesados. Parpadeó y una sonrisa que se había extendido por sus labios murió, tuvo que pensar unos instantes si lo que veía era real o una simple alucinación. Sasuke se mantenía de pie frente a la mesa, a una distancia extraña… parecía una visión, rodeado de personas que se divertían, con su gesto serio, inmóvil entre los cuerpos que bailaban; sus ojos se desviaron hacia los movimientos de Deidara, que dejó escapar una carcajada y caminaba sobre la mesa, con una botella de vodka en la mano.
—¡Tienes huevos para pararte aquí, Uchiha! —exclamó, dejándose caer, sentándose sobre la mesa.
—No vengo contigo.
—¡Ja! Sigues siendo tan desagradable… ¡como el puto de tu hermano! ¡Hn!
Karin miró a Sasuke, pero aquello no lo había ofendido como esperaba, aunque tenía un dejo de sonrisa amenazadora en el rostro.
—Karin —llamó, ignorando a Deidara y mirándola fijamente a ella.
—¿Quieres ir con él? —preguntó Konan.
Su mirada se desvió hacia el rostro serio de Konan, los ojos de ella no habían cambiado nada, no había preocupación en ellos, solo aquella tímida determinación sin motivo que se escondía detrás de su estoicismo. Miró de nuevo a Sasuke y se encogió de hombros, alejándose de la mujer, luego de unos segundos que en realidad fueron una eternidad, y se arrastró por la butaca, hasta quedar tambaleante de pie.
La mano de Sasuke se apretó en su brazo con fuerza.
—Hey, no me toques, cerdo —murmuró, tirando de su brazo, sin poder liberarse.
—Necesito hablar contigo.
Tiró de ella con fuerza, ignorando a Konan que se ponía en pie ante aquello, pero Karin pareció calmarla luego de mirar atrás y quizá hacer un gesto, la mujer volvió a sentarse, pero no dejó de mirarlos y aun después de que se perdieran entre la gente, aquella mirada dorada seguía al pendiente.
Karin trastabilló cuando se encontraron afuera y tuvo que tomarla de los brazos para que no cayera. Se inclinó, buscándole la mirada, los ojos estaban completamente perdidos. La sonrisa floja que adornó el rostro hacía juego con los movimientos sueltos del cuello.
—¿Qué te metiste?
—¿Qué te importa? —murmuró, luego de unos momentos, con voz monótona, sin poder dejar de empujar sus lentes, que se deslizaban sin parar por su rostro. —¿Qué quieres?
—¿Qué demonios dijiste y a quién?
La muchacha se quedó callada, mirándolo fijamente.
—Karin.
—¿Qué?
—Ino llegó molesta hoy —comenzó a explicar, consciente de que en esos momentos no le serviría de nada administrar las palabras.
Aquel nombre solo logró que su caída en aquel extraño espiral acelerara, golpeó el suelo de aquel agujero mental con fuerza y miró detrás de ella, demasiado consciente de pronto de las personas que la miraban. Se cubrió los oídos y agitó la cabeza, intentando ignorar las cosas que se le revolvían de pronto en la cabeza; el corazón le latía con fuerza en el pecho y el aliento escapó de sus pulmones. Apretó los dientes y se acuclilló, como si con eso pudiera protegerse de aquellas cosas que comenzaban a atacarla.
Las lágrimas se abrieron paso y sus manos temblaron sobre su cabeza.
—Ino, Ino, Ino… no quiero escuchar ese nombre… ¡ya no! —apretó las manos sobre sus oídos y sollozó, seguía escuchándolo. —¡Haz que pare!
—Hey… —la tomó del brazo, un poco preocupado por ella.
Las personas que se mantenían afuera de aquel establecimiento los miraban, disimuladamente. Pasó un brazo por los hombros de Karin y se giró, protegiéndose del escrutinio. Los ojos rojos le miraron, suplicantes, llenos de un dolor que solo había visto en contadas ocasiones… siempre después de la muerte. Afianzó el agarre sobre ella y la sintió estremecerse, susurrando algo de no querer ser vista.
—Ino me ha jodido por meses diciendo que eres mi amante y Shikamaru me amenazó hoy, ¿qué carajo está pasando?
La giró, obligándola a enfrentarlo, y se encontró con un gesto lleno de pánico que no parecía reaccionar a lo que tenía enfrente. Karin temblaba como una niña y lloraba con ese sentimentalismo que se obstinaba por ocultar, seguía balbuceando cosas que no tenían sentido, repitiendo demasiados nombres que él conocía y que no sabía cómo conocía ella, y no tuvo que pronunciarlo más veces para comprender que Ino era el catalizador del mal viaje.
—Shh… tranquila —le susurró, aún recordaba los años de fiestas y rebeldía y la manera en que Juugo se encargaba de ellos en esos momentos.
—… ¿por qué?
—Karin, concéntrate un poco…
Inhaló y volvió a enderezarla, la giró un poco y caminaron, alejándose de las luces y los callejones, hasta encontrar un poco de cielo despejado. Le tomó el rostro y la obligó a mirar hacia arriba, aunque los ojos estuvieran perdidos. Extendió el brazo, asegurándose de que Karin se distrajera con él y lo siguiera, hasta que llegara a lo que su dedo apuntaba.
—¿Lo ves? —susurró, suavemente. —El cielo y las estrellas, ¿puedes verlo?
Karin asintió apenas, pegándose a él, como una niña pequeña. Su rostro no perdía el gesto asustado, pero poco a poco dejaba de balbucear y murmurar histérica.
—… es tranquilo.
Asintió, aclarando un poco su cabeza. —Sí…
—¿Pasó algo hoy? —volvió a intentar.
Karin mantuvo la mirada clavada en el cielo. —… mamá decía que cuando alguien muere nace una estrella.
—Karin, necesito que recuerdes si le has dicho a alguien lo que pasó entre nosotros... o si pasó algo hoy que yo debería saber...
El rostro se giró y lo miró y notó el desencanto que se dibujó en aquellas facciones, que durante tantos años le habían mirado con ensueño. La soltó al notar la manera en que le miraba las manos y la vio alejarse apenas un paso, estirando pronto la mano para aferrarse a él y pasando de su brazo, los dedos se aferraron pronto a la tela de su camiseta.
—¿Le dijiste a alguien que estuvimos juntos? —preguntó, suavemente.
Cubrió sus labios, pero no pudo deshacerse de la sonrisa. Miró el suelo, durante largo rato, un poco triste…
—Te odio —murmuró, soltándolo y dando otro paso atrás —… a ti y a tu novia… los odio a los dos. Déjenme en paz.
—Contesta mí pregunta —insistió, tomándola del codo.
—Nah.
—Karin.
—¡Estoy contestándote! —exclamó. —… no.
Los ojos rojos parpadearon y volvieron a clavarse en él, desinteresados. Una risa sardónica intentó escapar de sus labios, pero solo logró convulsionarle los hombros un par de veces, antes de morir en su garganta.
—¿Entonces por qué está tan enojada?
Se encogió de hombros, malhumorada. Su cabeza estaba demasiado concurrida y le costaba conectar sus pensamientos.
—Está loca esa maldita puta…
Sasuke inspiró y tomó a Karin del brazo, evitando que cayera al suelo. Por alguna razón no podía dejar ir aquella última palabra dicha y no era porque le ofendiera que llamara a Ino de ese modo, era por qué no sabía a qué se debía el apelativo. Miró a Karin, la mirada se había perdido de nuevo, el rostro lucía ligeramente estoico.
—No hables así de ella…
—¿Eh? —respingó, cubriéndose los labios con ambas manos y echándose a reír, nerviosa. —Oh… ¡Oh! ¿Lo dije en voz alta? Lo estaba pensando, ¿lo dije?… no debí decir eso…
El semblante y la postura le cambiaron, miró a Karin, confundido, ella no se refería a las personas de esa manera a menos que tuviera razones y a pesar de sus esfuerzos nunca antes había ofendido a Ino. Recordó de pronto todas esas veces que Ino se había alejado de él aquel día y las actitudes extrañas de las últimas dos semanas.
—¿De qué estás hablando?
Observó a Sasuke, recordó a Ino… las dos caras de la misma moneda asquerosa.
Se quitó el cabello de la cara con un poco de dificultades, en aquellos movimientos no había gracia, ni seducción… solo la torpeza de unos brazos que habían olvidado la distancia que había entre ellos y su cara. Elevó la barbilla, mirando a Sasuke a través de unos ojos fríos y llenos de rencor. No era una perra vengativa, pero en esos momentos quería ver a Ino arrastrándose en el suelo por perdón, como la había obligado a hacerlo a ella.
—Tu princesita virginal te ha estado viendo la cara, Sasuke-kun —murmuró, recargándose en su pecho —… por años.
Aclaración: Que alguien diga que a un hombre le gustan los bigotes es una manera un poco idiota de decir que es gay.
Viernes, 15 de enero de 2021
