Pues llevan ya un buen rato, Natacha. En fin, me ha encantado retomar el fic, y finalmente... aquí tenéis el capítulo final.
Regina Mills
Ya era de noche cuando llegué a casa. Había sido una jornada bastante larga, la próxima colección exigía toda mi atención, y aunque había tratado de apurar para llegar pronto a casa, no me había sido posible llegar al anochecer. Cuando entré por la puerta, me encontré a Emma y a Zelena en la cocina.
No pude evitar sonreír al ver a mi hermana. Hacía mucho que no nos veíamos. Me extrañaba que hubiera sido capaz de dejar a los dos Robins a solas con lo protectora que era. Me olía que algo tramaba si realmente había decidido venir. Le di un abrazo, estrechándola entre mis brazos. Antes de conocer a Emma, ella era la única persona en la que confiaba.
_ No sé qué estáis preparando, pero huele delicioso. _ Comenté, observando a Emma, que estaba ocupada rayando queso.
_ Hoy es noche de pizza, hermanita. _ Me dijo Zelena, guiñándome un ojo. _ No tengo que ser responsable por mi encantadora hija hoy.
_ ¿Debo asumir que has venido aquí a comer pizza? _ Bromeé, sonriéndole.
La camaradería que compartía con Zelena me daba la vida. Y no era lo mismo por teléfono que cuando podía ver esa expresión suya. Mi hermana era muy expresiva.
_ Oh… he venido aquí para hacer un trabajo muy importante, hermanita. _ Extendió su sonrisa, sabía que estaba tramando algo. _ Madre quiere verte, está en el apartamento de al lado.
Asentí, decidida. En cualquier caso, iba a querer verla. Es cierto que mi relación con mi madre no era tan estrecha, pero la quería y me preguntaba cómo estaba. Así que entré, abriendo la puerta en silencio, o al menos eso intenté, puesto que la puerta estaba mal engrasada y produjo un chirrido.
Me encontré a mi madre en el salón, ante la mesa llena de papeles y tenía una gran sonrisa de satisfacción en los labios. Sabía lo que eso significaba, alegría por mi parte y que Blanchard y Jones bien podrían ir preparándose para lo que se les venía encima.
_ Te esperaba, cielo. Necesito que me hagas un favor. _ Extendió un papel en blanco. _ Firma, por favor.
Con mi madre siempre era así. El trabajo era lo primero, y más adelante, llegarían el resto de cosas. Así que me incliné, tomé un boli y tracé mi estilizada firma sobre el papel. Mi madre tomó un documento y lo colocó junto al papel que acababa de firmar.
_ A la derecha, una copia de la venta de acciones a Jones, y a la izquierda, una muestra de tu firma… _ Sonrió. No tuvo que decir nada más.
Podía ver a simple vista que los trazos no coincidían. Y se me escapó la risa. ¡La firma de Emma no se parecía en nada a la mía! ¿Cómo no me había parado a pensar en ello antes?
_ No sé si te emborracharon… o si te drogaron, cielo… pero de lo que sí que estoy segura, es de que tú no has firmado este documento y, por tanto, no es válido. _ Se encogió de hombros. _ No es difícil levantar un caso contra los responsables y destruirlos, como querías.
_ Sí, sí que me gustaría. Siempre puedo contar contigo, madre. _ Me devolvió la sonrisa. Mi madre no solía sonreír, me gustaba cuando lo hacía.
_ ¿Aún siendo tu ayudante la hija de una de las implicadas? _ Alcé una ceja ante la pregunta.
_ Especialmente por eso. Mary Margaret le arruinó la vida a Emma, le ha arrebatado a su hijo. Y quiero que pague por eso.
_ ¿Quieres que me encargue del asunto de la custodia cuando todo este acabe? _ Me preguntó, directa.
_ Te lo agradecería mucho. _ Dije, sincera.
_ Parece que esa chica te gusta mucho, Regina. _ Me miró fijamente.
Sentí la garganta seca. No esperaba esa respuesta. Yo misma trataba aún de analizar mis sentimientos, así que esa afirmación me pilló totalmente por sorpresa, y no supe qué contestar. Me quedé allí, notando aquella mirada clavada en la mía, sin retirarla, pero sin responder.
_ ¿Confías en ella, Regina?
_ Totalmente. _ Esa pregunta sí pude responderla.
Mi anciana madre finalmente apartó la mirada y miró al suelo un segundo. Cuando elevó la mirada, me descolocó lo vulnerable que parecía.
_ ¿Estás segura? ¿Conoces bien a esa mujer?
_ Sí. _ Insistí, sintiéndome un poco dolida por sus dudas.
_ Yo no volví a confiar en nadie después de que muriera tu padre, Regina. _ Se puso en pie y me puso las manos en los hombros. _ Si es digna de confianza… no te eches atrás. No lo desperdicies.
Noté cómo mis ojos se abrían de asombro, cómo mi boca formaba una perfecta O. Aquellas palabras no parecían dichas por mi madre.
_ Cierra la boca. _ Me reprendió, y yo le hice caso. _ Bueno, parece que es hora de cenar.
Cuando me senté a la mesa, mis ojos se cruzaron con los de Emma. Y luego me quedé observando la imagen de aquella mesa llena de gente. Sonreí inconscientemente.
El día siguiente no pude concentrarme en el trabajo. Sabía que mi madre ya había puesto en marcha sus contactos. No tenía caso preocuparme por ella, o por Emma. Estaba consiguiendo recuperar un poco la concentración cuando me llegó un mensaje de Zelena, quería quedar para comer. Acepté y me encontré con ella en una cafetería frente a la oficina.
_ Buenas tardes, ¿De qué querías hablar? _ Pregunté, después de pedir mi café.
_ ¿No puede querer charlar amigablemente con mi hermana?
_ No cuela, Zelena. Te conozco bien. Sé que algo te pasa por la cabeza. _ Le dije, acusadora.
_ Sí, así es. Pero antes dime… ¿Qué te dijo anoche madre? Te quedaste atontada toda la noche después de eso.
Noté cómo me ruborizaba.
_ Me dijo que había encontrado la forma de resolver el caso con mi fir…
_ No, eso no, lo otro.
_ ¿Cómo que, "lo otro"? _ Zelena alzó una ceja, inquisitiva.
_ Sabes perfectamente de lo que hablo. _ Dijo, poniendo los brazos en jarras. _ No te hagas la dura.
_ Ella… me dijo que… si confiaba en Emma… y si me gustaba… debía ir a por ella.
Bajé la mirada, sintiéndome como una cría, sabiendo que tenía las mejillas completamente enrojecidas. Zelena se echó a reír.
_ ¿Me estás diciendo que Cora Mills, la mujer que me expulsó de casa al negarme a dejar a Robin, te ha dicho que salgas con esa mujer? Es que me tengo que reír, Regina.
_ Sí… ¿Verdad? Yo… me quedé congelada en el sitio. Nunca pensé que me diría algo así.
_ Quizá ver mi vida con Robin le ha enseñado un par de cosas. _ Negó con la cabeza. _ Bueno… yo creo que ya deberías tenerlo claro, ¿No? El universo te está diciendo que tienes que salir con esa chica. O más bien… te lo grita.
Suspiré y di un largo trago al café.
_ ¿Y si sale mal? _ Le pregunté.
Finalmente expresé ese miedo. Tenía fuertes sentimientos hacia Emma. Pero temía que si dejaba que sucediera… todo terminase echo papilla. Zelena me cogió la mano y me miró fijamente.
_ ¿Y si sale bien?
Me mordí el labio. Pensé en todas esas cosas que me habían pasado por la cabeza. Esos momentos en los que me había quedado simplemente mirándome con Henry… o cuando me había quedado simplemente feliz ante la idea de que Emma viviera conmigo. Pensé en esos momentos en los que me abrazaba… en lo mucho que había confiado en mí… en cómo me había agradecido lo que había hecho por ella.
O mismamente cómo había cambiado su vida. Y ella había cambiado la mía, quizá no de forma tan llamativa, pero sí que había hecho que fuese más abierta.
_ Es la única amiga que tengo desde hace años. _ Reconocí. Zelena me puso la mano sobre el hombro.
_ Entonces más razón para que la dejes entrar. _ Me dijo, sonriendo. _ Regina… no quiero que te pases la vida sola, trazando patrones en tu estudio hasta que llega la noche y te duermes.
_ Me gusta trazar patrones.
_ Sabes que no es eso lo que quiero decir. Quiero que vivas, Regina, que sonrías. Quiero que seas feliz. Y he visto cómo os miráis.
_ ¿Cómo nos miramos?
_ De la misma forma que Robin me mira a mí, Regina. Así os miráis.
Emma Swan
La madre de Regina me había informado de que iba a llevar el caso de la custodia de Henry, que no me preocupara, que en unas semanas volvería a ser su tutora legal. No me lo creía, pero decidí confiar. Siendo la madre de Regina, sabía que podía confiar en ella.
Confiaría mi vida a Regina, sin dudarlo, y ella confiaba en su madre, así que firmé los papeles que me fue entregando. Era una señora bastante seca, pero lo cierto es que, con todo, se estaba portando bien conmigo, así que no me sentía con derecho a criticar.
Aquella noche el plan era reunirnos las cuatro en un restaurante y tener una charla. No sabía si Cora querría comentarnos detalles del caso. Llegué bastante puntual. Regina estaba sentada a la mesa, mirando la carta. Ella había llegado temprano.
Normalmente me sentía muy fuera de lugar en sitios como aquel. Pero vestida con ese traje, con mi pelo de nuevo con un sano color rubio, y bien maquillada… me sentía muy distinta. Parecía una mujer de éxito. No sentía que era una vagabunda a la que fueran a echar por ser una pordiosera.
Así que me senté frente a Regina, y empezamos a hablar. Cora y Zelena se retrasaban. Pero no nos dimos cuenta de cuánto tiempo llevábamos allí hasta que el camarero apareció allí por segunda vez para indicarnos que llevábamos una hora sin pedir nada más que agua.
_ Disculpe un segundo, por favor. _ Le indicó Regina, con todo respeto, mientras cogía su móvil.
Trató de llamar un par de veces, tanto a Zelena como a Cora. No respondieron. Se echó a reír con ganas.
_ Bueno, Emma… está claro que esto es una encerrona. ¿Te apetece pasta? La que hacen aquí es maravillosa.
_ Una encerrona… _ Repetí. _ Sí, me gusta la pasta.
_ Ya lo ha oído. Tomaremos los tortellini. Y para tomar zumo de manzana. _ La miró con extrañeza por eso último. Yo, sin embargo, una vez sentía que hacía un gesto en deferencia a mí. _ Verás, mi madre y mi hermana están plenamente convencidas de que eres el amor de mi vida.
Estaba bebiendo agua en ese momento y me atraganté, haciendo un esfuerzo por no escupir sobre la mesa. Regina lo había dicho con total soltura, y me había pillado por sorpresa.
_ Y… ¿Tú qué tienes que decir a eso?
_ Bueno, Emma… quizá aventuro cosas… pero estoy convencida de que tú sientes algo por mí. _ Me miró a los ojos, y sonrió.
Su sonrisa provocó que me subiera la temperatura, y noté cómo se me encendían las mejillas. El efecto que esa mujer tenía sobre mí era potentísimo.
_ Supongo que sería absurdo negarlo a estas alturas. _ Bajé la cabeza y ella me tomó del mentón para que la mirara.
Era tan poderosa… apenas un gesto suyo, un movimiento, una mirada, y podría conseguir de mí lo que quisiera. Con esa sonrisa despejaba todo el sufrimiento que me había atormentado toda la vida.
_ Yo también siento algo muy fuerte por ti, Emma.
En ese momento sentí como me quitaba un enorme peso de encima, que llevaba días aplastándome. Escuchar esas palabras fue una liberación absoluta y total. Cogí su mano y se la besé. Había calor en su mirada, tanto como esperanza en la mía.
Regina Mills
En cuanto lo dije, pude ver la absoluta felicidad en los ojos de Emma. Supe que esa mujer se aferraría a mí como si su vida dependiese de ello. Le acaricié lentamente el rostro cuando me besó la mano. Las palabras de Zelena resonaban en mi cabeza. "¿Y si sale bien?". No podría pasar toda mi vida sin responder a eso.
Me incliné sobre la mesa y mis labios besaron los de Emma. Pude sentir una chispa que me envolvía cuando lo hacía. En ese momento no lo identifiqué, pero más tarde supe que ese fue el primer instante de mi vida en el que fui completamente feliz.
Emma tenía una sonrisa tonta cuando nos separamos. Me gustaba esa expresión en ella. Estaba tan relajada y feliz que no se paraba a pensar en lo que transmitía su expresión.
_ Esto… ¿Significa que vamos a salir? _ Aún parecía tener dudas.
Yo sonreí y asentí. Emma parecía dispuesta a ser colgada de un árbol de navidad debido al color rosáceo de su cara.
1 mes después
_ Te lo pido por favor… Ten compasión.
Mary Margaret estaba de rodillas delante de mí, humillada y con lágrimas en los ojos. Alzaba sus manos en un gesto de súplica, pues llevaba largos minutos rogando. Despojada de su empresa, de la custodia de su nieto… y notando cómo las deudas habían empezado a acumularse, sabía que yo era su única posibilidad, su única esperanza. Me incliné y la miré a los ojos.
_ ¿Tú tendrías compasión, Mary Margaret? _ Le pregunté, mirándola fijamente. _ Quiero que seas sincera.
_ No… _ Reconoció, bajando las manos. _ Pero… no tengo a nadie más a quién acudir…
Estaba segura de que no quería acabar como Jones.
_ Por suerte para ti… tu nieto no te desprecia. _ Alzó la vista. _ Debería, pero es tan compasivo que aún después de todo lo que has hecho, aún te quiere. ¿Le echas de menos, Mary Margaret?
_ Sí… muchas veces… _ Me miró a los ojos.
_ Bien… te dejaré trabajar para mí, Mary Margaret. Pero si me entero de que tramas algo, por pequeño que sea… Sabes lo que va a ocurrir, ¿Verdad?
_ Sí, lo sé. Aprendí mi lección.
_ Eso espero. Si te portas bien, si me demuestras que puedo confiar en ti, hablaré con Emma la posibilidad de que veas a Henry para navidades.
_ Eso sería muy generoso por tu parte.
_ Lo sé. Esa es la diferencia entre tú y yo, Mary Margaret.
Abandoné mi despacho y me dirigí a la salida. Estaba contenta. Habíamos disparado los ingresos aquel trimestre. Me encaminé hacia el piso, y al entrar me encontré a Emma tirada en el sofá, viendo una película con Henry.
_ Llegas tarde, cielo. _ Me dijo, mientras hacía un sitio a mi lado. _ Empezaba a preocuparme.
_ Tan sólo era una reunión de negocios.
Me senté a su lado y la tomé de la cintura, atrayéndola hacia mí. Emma me besó instintivamente. Su pelo le tapaba parte del rostro y se lo aparté con la mano. Estaba creciendo brillante y lustroso, con ese hermoso color dorado que me gustaba tanto. Me quedé un instante mirándola.
_ ¿Qué pasa? ¿Tengo algo en la cara?
_ Es sólo que tu belleza me ha dejado muda. _ Le dije, provocando que se sonrojara. Me encantaba que lo hiciera.
_ Que tonta eres a veces. _ Le respondí.
_ Yo sólo quiero recordaros que sigo aquí. _ Intervino Henry.
_ Lo sabemos, Henry… lo sabemos. _ Dijo Emma, guiñándome un ojo.
Oh, vaya que si lo sabíamos. La mirada de Emma indicaba que si no estuviera estaría pensando en otras cosas. Sonreí, con ese pensamiento, agradeciendo la suerte que tenía de que se hubiera cumplido aquel extraño deseo de Emma.
