Draco le había lanzado a Harry un hechizo de castidad, una lección para aquella semana.

Había descubierto que suplicar avergonzaba sobremanera a Harry, pero no era un límite, era solo orgullo, se veía en sus ojos.

No se lo iba a conceder, iba a jugar con ese ego suyo, iba a tenerlo sin poder eyacular toda la semana.

Aquello no iba de mamadas y folladas, iba de control, y Draco era paciente.

No sabía cuánto podía serlo Harry, quería averiguarlo.

Pero su chimenea no fue encendida ninguno de esos días, ni el auror fue a buscarlo a su despacho desesperado. Eran situaciones que se habían dado en el pasado con otros sumiso, que llamaban a su amo suplicando que los dejara satisfacerse, para que les quitara el hechizo.

Pero Harry no lo hizo, por un lado se sintió orgulloso, Harry tenía una voluntad férrea, por otro, su trabajo sería más duro.

Incluso pensó que no aparecería en su cita semanal, pero no era tan estúpido como para no querer que Draco le removiera aquel hechizo.

Desnudo, y con la mirada desafiante. Harry era un jodido reto.

—¿Qué tal ha ido tu semana, Harry?—le preguntó bebiendo un whisky, la mirada enfadada no le importó.

—Dura.

—Me imagino, ¿has reconsiderado tus límites?

—Sí. No añado ninguno más, pero no voy a suplicar.

Draco sonrió, como había imaginado.

—¿Por qué quieres hacerlo así? Solo tienes que decirme que te da pánico suplicar.

—No me da pánico.

—Entonces, hazlo.

Draco estaba sentado, con su vaso, con sus pantalones negros ajustados y masajeó su entrepierna con una sonrisa en sus labios.

Draco le miró, lo deseaba, pero no dijo nada.

—Solo es tu ego, Harry, y aquí el ego lo vamos a pisar, lo destrozaré para que luego lo lamas de las suelas de mis zapatos.

Desnudo, Harry no podía ocultarle su estado, su pene brincó un poco.

—Sé que quieres que te domine, que te haga tan mío que se te olvide quién eres, pero tienes que darme las riendas.

Draco se levantó, mostrándole que él mismo estaba duro.

—Quiero tenerte, pero quiero que tú lo desees tanto como yo, no quiero que vuelvas a hacer las cosas por inercia.

Pasó una de sus manos por sus pectorales, pellizcando uno de sus pezones. Harry solo lo miraba todo verde, todo rabia y deseo.

—Sé mío, Harry.

Harry dudaba, era fácil verlo, quería ceder y sin embargo se agarraba a algo dentro de sí. Draco apretó su erección, tan dura y orgullosa como lo era su dueño.

—Sé mío.

Las caricias sobre su miembro se tornaron en un duro apretón, y sin embargo Harry se humedeció por completo.

—¿Quieres ser mío?

Draco estaba muy cerca, en su espalda, rozando sus nalgas con su propia entrepierna.

—Sí—gimió Harry bajito.

—Dilo más alto.

—Sí.—Lo estaba haciendo enojar de nuevo, y Draco casi podía saborearlo en sus labios.

—Suplica—sonrió contra su oído.

—Por favor.—Parecía que mascaba cristales, pero también escuchaba la necesidad, Draco lo seguía teniendo fuertemente sujeto por su miembro.

—Sabes decirlo bien, yo lo sé—mordió el lóbulo de su oído.

—Por favor—su voz tembló un poco—, quiero ser tuyo.

Draco le recompensó con suaves caricias, y notó como el fuerte cuerpo del auror se inclinaba hacía atrás, casi sobre él. Para alguien como Harry eso era un paso más.

—Ponte de rodillas.

Harry obedeció, y Draco le contempló. Los músculos de sus piernas apretados eran una maravillosa visión.

Le rodeó, sin dejar de tocarle. Los ojos verdes le miraban, esperando, deseando.

—Ahora vamos a seguir por donde lo dejamos la semana pasada.

Harry apretó su mandíbula, y las fibras de su cuello se tensaron.

Draco las acarició.

—Lo estás haciendo muy bien, estoy contento contigo.

En sus ojos no había más rabia sino llana sorpresa, Draco dudaba de que Harry hubiera sido felicitado por ninguno de los anteriores amos.

—Vas a ser un gran sumiso, y serás mío.

Por primera vez, y ante sus ojos, Harry hizo algo que estremeció a Draco.

Inclinó su mejilla sobre la mano de Draco, dejó su peso en ella, se dejó sostener y mostrar su confianza en él.

No era que no hubieran realizado ese gesto con Draco antes, era muy común, pero Harry era lo opuesto a común.

—El mejor sumiso que nadie habrá tenido nunca.

Harry cerró los ojos disfrutando de las caricias de Draco, tanto las físicas como aquellas que le estaban reblandeciendo una parte de sí mismo endurecida por años de levantar muros contra todos.

Draco rompió ese momento, porque no podía recompensarlo como a él le hubiera gustado. Besando sus labios.

Lo que sí hizo fue llevar a Harry hacia él, hacia su entrepierna.

Un paso más, Harry. Pensó alentándolo.

—Suplica por chupármela.—Le miró, sin maldad, sino imponiendo unas reglas que Harry debía cumplir siempre.

Le acarició animándole.

Y Harry abrió la boca con las palabras al borde de sus labios. Draco quería que lo hiciera, ¿podía vivir sin eso? Por supuesto, pero era una barrera que tenía que romper.

Draco metió un dedo dentro de su boca, tentándolo.

Harry lo chupó pero sabía lo que debía hacer.

—Por favor, déjame chupártela.

Draco sintió un cosquilleo por la espalda al oírle, dudaba que el auror hubiera suplicado alguna vez en su vida.

—¿Realmente la quieres?

—Sí.—Harry se estaba dejando, se estaba soltando como una puerta que estaba abriéndose poco a poco.

—¿Cuánto?

El bulto en el pantalón de Draco era evidente y era para Harry, lo tocó, lo apretó y vio el deseo en los ojos verdes.

—Llevo deseándola toda la semana.

Draco sonrió masajeándose y viendo cómo Harry esta completamente duro.

—Por favor—pidió Harry.

Aquello le complació a Draco y también a Harry, y Draco apartó sus manos de su propia ropa.

—Disfrútalo.

Harry movió sus manos con presteza, desabrochando la cremallera de los pantalones de Draco, maniobrando expertamente con el cierre y la ropa interior.

Sintió sus manos contra la piel, calientes ambas, y como Harry finalmente la sacaba.

La miraba, y le miraba a él.

Draco asintió y Harry la metió completamente en su boca.

Sin duda, era algo por lo que habían estado esperando los dos. Y la espera había merecido la pena. Harry se la estaba chupando francamente bien.

Aprovechando una se sus bajadas, Draco subió sus caderas lo que provocó que Harry tragara de más y su garganta se moviera en protesta. Pero en ningún momento se la sacó y Draco no se lo hubiera permitido.

Aceleró el ritmo y lo bajó, dándole a Draco un placer exquisito.

—Lo haces muy bien—le felicitó, Harry le miró, sus ojos brillaron. No entendía a esos amos que solo disfrutaban penalizando donde el sumiso fallaba. Siempre había que felicitarlos, alentarlos y demostrarles que ellos reconocían las cosas.

De nuevo eso no iba de mamadas y folladas, aunque más de uno pudiera confundirlo.

—Y como premio voy a dejar que lo tragues directamente sobre tu garganta, quiero que tragues y no salga nada—Harry le miraba sin dejar de chupar—¿te ha quedado claro?

Harry gimió al decir un sí con la boca llena, llenando de placer a Draco.

Lo animó a seguir haciéndolo, con fuerza, y Harry supo hacerlo. Cuando Draco sintió que estaba a punto tomó su varita y cuando el primer chorro impactó contra la campanilla de Harry, Draco deshizo el hechizo haciendo que Harry se corriera mientras tragaba con fuerza a Draco.

Fue un éxtasis delicioso.

Y las marcas del de Harry estaban en su propio abdomen y en el suelo.

Draco le acarició el rostro y salió de su boca.

Acarició con uno de sus dedos los labios que hubiera besado con sumo agrado.

—Lo has hecho muy bien.—Pero Harry había cerrado la puerta mental, se apartó de Draco aún de rodillas, distanciándose más psicológica que físicamente.

—¿Hemos terminado? ¿Puedo levantarme?

—Sí, puedes levantarte, pero no, no hemos acabado. Quiero que hablemos.

—Yo no quiero hablar más.

Draco seguía sentado, y Harry de pie y desnudo, pero el moreno no era alguien que se sintiera intimidado por su propia desnudez.

Draco lo observó, para Harry la sesión había terminado y Draco tampoco quería forzar algo que podría distanciarles.

—¿Qué es lo que quieres hacer?

—Irme a mi casa.

Draco lo pensó y se levantó.

—Muy bien, hasta la semana que viene.

Harry debía pensar que Draco le haría quedarse contra su voluntad, pero aquel pequeño gesto de suplica que para otro sería nimio. Para Harry no lo era.

Harry se fue, sin decir adiós, desnudo y orgulloso. Y aunque no lo dijera, satisfecho.


Continuará


Un paso para adelante, medio hacia atrás.

Siento el hype por este momento, pero de esto va la historia.

Buen fin de semana.

Hasta el lunes.

Besos.

Shimi.