Los personajes de Inuyasha pertenecen a Takahashi Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.


La Maldición de Shikon

11. Naraku.

Aquella mañana, luego de terminar de acomodar el cuarto extra para su padre y madre que llegarían al día siguiente. Kagome se puso a buscar una película o serie para ver, pero luego de 20 minutos no encontraba algo bueno, estaba aburrida, Sango no iría a verla hasta la tarde en su hora de comida, vio el jardín trasero y deseo salir, jugar con Yoko en ese día tan agradable.

—No debes salir— le recordó Yasha.

—Lo sé, estoy aburrida.

—Aunque en el jardín también mantengo esa energía lejos, es mejor no arriesgarnos.

—Lo entiendo, y prometo que no saldré.

—¿Quieres te muestre el cofre del que Inuyasha te habló?

—¡Me encantaría!— dijo emocionada.

—Está allá arriba, lo cubrió con una tela y la llave es la que estaba en la caja rompecabezas.

Kagome sonrió y subió de inmediato, no le fue difícil ver el cofre, le quitó la manta que lo cubría, insertó la llave y lo abrió, lo primero que llamó su atención fue una katana, Inuyasha ya le había hablado de ella, esperaba fuese esa.

—¿Por esta katana es que Inuyasha recordó su otra vida?

—Sí.

—Desearía yo haber visto algo con la horquilla, nos hubiésemos ahorrado muchos problemas.

—Lo qué pasó no es tu culpa, Kikyou te engañó, se aprovechó que no puedes recordar nada.

—Debí darme cuenta, hubo muchas señales y yo…— se sentía tan frustrada—. Las pasé por alto.

—¿Hay algo que quieras ver?, yo puedo mostrártelo— tal vez si le mostraba recuerdos reales, la animaría un poco.

—Hay tantas cosas, el problema es que no sé por dónde comenzar, ¿Cómo se conocieron?, ¿cómo te diste cuenta de que sentía lo mismo que tú o tal vez sería mejor un recuerdo lindo que tengas de ella?

—Te gusta la katana— había notado que Kagome no dejaba de verla.

—Ahora entiendo un poco por qué a Inuyasha se le da de maravilla el kendo, un día que lo vi entrenando fue tan hechizante, sentí que ya lo había visto antes, pero era imposible.

—Te contaré la historia de esa katana— Kagome se sentó recargándose en el cofre—. Me la dio mi padre como símbolo y promesa de protección, con esa espada debía proteger a mi familia, era algo importante para nosotros, una tradición que venía antes de la era Sengoku, cuando Kikyou se enteró la menosprecio, pero Kag estaba tan fascinada.

Kikyou estaba de visita en la casa Takahashi y justo ese día, Yasha limpiaba su katana en el patio, luego de haber estado entrenando con ella gran parte de la mañana.

Una katana.

Hola Kikyou, es un regalo de mi padre.

Un regalo interesante, pero poco útil, vivimos aquí en paz.

Es un símbolo, con ella debo proteger a la persona que ame, de ser necesario.

Aquí vivos en paz— repitió—. Si la vas a conservar, deberías mandar quitarle filo y ponerla de adorno.

No haré eso.

Mi padre ya se va, piensa en lo que te dije.

...

Yasha estaba a mitad de su entrenamiento de kendo, practicaba con la katana que le obsequió su padre, cuando fue interrumpido por una hermosa voz que hizo a su corazón acelerarse.

Podría verte entrenar todo el día.

¿Cuánto llevas aquí?— tomó una tela de algodón y se secó el sudor.

No mucho, lo suficiente para ver que ya eres un estupendo espadachín.

Debo serlo, después de todo, me va a ayudar a protegerte— dijo viendo con orgullo su katana.

Espero que jamás debas usarla.

¿No quieres que lo haga?— le vio sorprendido, ese comentario le había recordado la conversación que tuvo con Kikyou tiempo atrás.

Confió en ti, sé que lo harás— se acercó a él—. Solo espero que jamás debas usarla para lastimar a alguien— le tomó la mano que aún sostenía la katana—. Espero que podamos vivir una vida en paz, lejos de las guerras, no quiero perderte.

Yo también deseo lo mismo— le tomó el rostro y le dio un beso en la frente.

Kagome sintió un nudo en el estómago, Tama se había mantenido lejos de las guerras y de no ser por la tragedia que los rodeó, Yasha y Kago hubiesen podido vivir esa vida que querían.

—Me muestras todo esto aun cuando te duele.

—No te preocupes por eso, tal vez si conoces más de la vida de Kago, puedas acceder a tus memorias pasadas.

—¿Qué va a pasar contigo cuando logremos arreglar todo?, ¿seguirás siendo un espíritu?

—Si te soy honesto, no lo sé.


Kagome se había levantado temprano para preparar el desayuno a Inuyasha, él ya volvía del trabajo y sabía que llegaría con mucha hambre. Freía las salchichas cuando escuchó a Yoko ir a la puerta, esa era la señal de que ya había llegado, escuchó a su esposo saludar al perro y poco después estaba en la cocina.

—Eso huele muy bien— se acercó para ver lo que ella cocinaba.

—Ya casi está listo, ve a cambiarte.

—¿Cómo has estado?— le dio un beso en la mejilla que por alguna razón, tenía mezcla de los hotcakes—. Sabes dulce.

—¿Me ensucié?— Inuyasha asintió y tomó una servilleta para limpiarse—. He estado bien, no te preocupes.

—Me alegro, iré a ducharme rápido y regreso.

Quince minutos después, Inuyasha volvía e iba hablando por celular, lo último que Kagome escuchó fue un "no se preocupen, nos vemos".

—¿Quién era?— preguntó la chica, mientras terminaba de servir jugo.

—Tus padres y los míos venían para acá pero no podrán llegar hoy— tomó asiento y agarró un pan para ponerle mantequilla.

—¿Por qué?— está desilusionada, en verdad esperaba verlos ese día, se sentó junto a su esposo y esperó por la explicación.

—Un derrumbe en la carretera, van a esperar que la liberen.

—Entiendo— dijo cabizbaja.

—Vendrán pronto, no creo que el bloqueo dure más de un día, podían esperar a pasar, pero era esperar en la fila de coches por probablemente horas, así que decidieron volver al pueblo anterior. ¿Qué tienes?— la notaba decaída.

—Me aburro, quiero salir y disfrutar del aire fresco.

—Sabes que…

—Ya lo sé— le interrumpió—. Por ahora no puedo salir.

—Puedes ver las cosas del cofre.

—Es lo que he estado haciendo.

—¿Y qué te parecen?, ¿algo te es conocido?

—Todo es muy interesante, pero hasta ahora, nada me resulta familiar— dijo decaída.

—No te preocupes, tal vez no recuerdes por algo que Kikyou y Kagewaki te hicieron o simplemente es porque no hemos encontrado el objeto correcto.

—En tu caso fue la katana, ¿conmigo qué será?, tal vez es algo que está en manos de Kagewaki o ya no existe.

—Kag— le tomó de la mano—. Todo estará bien.

—¿Quieres más hotcakes?, quedan tres más.

—Claro, sabes que los de arándanos son mis favoritos.

Inuyasha vio preocupado a su esposa, hace tiempo que no la veía sonreír y aunque ella intentaba fingir normalidad, sabía que seguía con miedo. El celular de él vibró, era un mensaje de Rin, abrió el mensaje y luego de leerlo sonrió, en verdad no se esperaba aquello.

—Rin, Airi y Sesshoumaru llegan en la tarde, tal vez antes de que me vaya— dijo al ver la cara de intriga de Kagome.

—Creí que no podían pasar.

—Yo creí que vendrían hasta el fin de semana, vienen de otro lado y entrarán por el otro acceso.

—Eso es genial, así ya no estarás tan preocupado.

—Y tú ya no te sentirás sola aquí— le sonrió.

—¿Qué les has dicho?— dudaba que supieran de los fantasmas y las reencarnaciones, no era algo que se creyese tan fácilmente.

—Ellos creen que Kawegaki te acosa, solo nuestros padres saben de los fantasmas.

—En algún momento se van a enterar, espero no piensen que estamos locos, tal vez Rin no lo haga, pero Sesshoumaru seguro que sí.

—No pienses en eso— se levantó y abrazó a su esposa por la espalda.

—Deberías ir a dormir un rato, yo recojo aquí.

—Tenemos la mañana libre, ¿qué quieres hacer?— preguntó al besarle el cuello.

—Tú debes dormir.

—En ese caso, vamos los dos a la cama— se separó de ella y le ofreció su mano.

—Yo ya no tengo sueño.

—No importa, hazme compañía un rato.

—De acuerdo— en cuanto se levantó, su esposo la tomó de la cintura, pegándola a su cuerpo.

—Pronto quedarás tan cansada que tendrás sueño de nuevo.

—Eres un tonto— río divertida, aquello hizo a Inuyasha feliz, su primera risa real en varios días.

...

Quince minutos antes de que Inuyasha se fuese al trabajo, Sesshoumaru había llegado con su familia, les mostraron la habitación que ocuparían y mientras Sesshoumaru y Rin desempacaban, Inuyasha veía con atención e ilusión como Kagome jugaba con Airi en la sala.

—¿Él es tu hermano?— preguntó Yasha al aparecer y sacar de su ensueño a Inuyasha.

—Sí, ¿qué pasa?— Inuyasha notó que algo raro pasaba.

—Nada malo, es curioso cómo se dan las cosas.

—¿Ya lo conocías?

—Es el capitán Ginmaru, debía estar encabezando el pelotón para mi fusilamiento, pero se rehusó.

—¿Qué?

—Tu hermano, es la reencarnación del capitán Ginmaru, quien debía fusilarme— explicó Yasha con más calma.

—Si lo entendí, fue la parte en que se rehusó a matarte la que no entendí.

—Debes hacer mejor tus preguntas, el capitán Ginmaru investigó el caso de Kikyou, fue quien encontró el veneno en mis cosas, pero por alguna razón, me creyó cuando dije que era inocente, no pudo comprobarlo y cuando dieron la orden para fusilarme, él debía estar encabezando mi ejecución, cuando se rehusó, pusieron a Akitoki.

—Vaya, espero que antes no tuviese esa cara de culo que…

—¿Cómo es que tienes ese pésimo lenguaje?— le vio con severidad.

—Lo siento, me refiero a que, es tan inexpresivo que me cuesta creer que pueda hacer otra expresión, me pregunto si alguna vez le sonríe a su hija o a Rin.

—Ya entiendo a qué te refieres, y no, Ginmaru tenía su actitud seria en el trabajo, pero fuera de servicio, era completamente diferente, solo lo vi en un par de ocasiones con su hija e hijo, ellos eran su adoración.

—¿Y su esposa?

—Murió, decían que su segundo embarazo la dejó tan débil que luego de dos años, su cuerpo cedió, si te preguntas si tu cuñada podría ser ella, no lo sé, nunca la conocí, Ginmaru llegó a Tama cuando sus hijos tenía años.

—Inuyasha, ¿ya te vas?— preguntó Rin al verle con su mochila.

—Sí— aunque estaba más tranquilo no podía evitar seguir preocupado por Kagome.

—No te preocupes por ella, si ese tipo viene, Sesshoumaru se encargará.

—Seguro que sí.

—¿Ya llevas tu comida?— preguntó Kagome luego de entregarle a Rin a Airi.

—Llevó todo, nos vemos mañana— se acercó a besar a su esposa.

—Ven con cuidado.

—Tranquila, vengo mañana.


Luego de desayunar, Kagome ayudaba a vestir a Airi, mientras Rin se arreglaba, ella y Sesshoumaru irían por despensa que hacía falta.

—Ya quiere ir contigo— dijo Kagome al ver a su sobrina emociona por ver a su madre.

—Le gusta salir de compras, ¿segura no quieres venir?, si nos encontramos a Kagewaki, Sesshoumaru se encargará de él.

—Segura, cree que estoy enferma y es mejor que lo siga creyendo.

—Rin, hora de irnos.

—Ya volvemos, no tardamos.

Kagome los vio marcharse, se acostó en el sofá y Yoko se fue a echar a su lado. Tomó su celular y volvió a leer el mensaje de su madre, finalmente luego de dos días, llegarían a Tama antes del anochecer. Suspiró decaída al ver que Inuyasha le confirmaba que ese día no volvería, debía quedarse más tiempo en el trabajo, según él, en una semana más terminarían la carretera, volvería a la ampliación del hospital y tendría un horario más normal. Se giró para acomodarse en el sofá y cuando estaba por quedarse dormida, su celular sonó.

—Diga.

—Con Higurashi Kagome por favor— dijo una mujer al otro lado de la línea.

—Soy ella.

—Le llamamos del hospital regional de Tama, está su nombre como contacto de Taisho Inuyasha.

—Sí, es mi esposo— se incorporó y apretó su celular con fuerza, deseaba que nada malo le hubiese pasado a Inuyasha.

—Tuvo un accidente en la construcción y tiene que venir para firmar unas solicitudes.

—¿Qué él que?, ¿qué clase de accidente?

—No tengo todos los detalles del accidente, se encuentra estable, pero los médicos necesitan verla para poder darle una mejor explicación.

—Claro, yo… iré— colgó y de inmediato le llamó a Inuyasha, debían estar confundiéndose, su esposo estaba bien y pronto lo iba a comprobar, la llamada entró al buzón y volvió a marcar, ¿por qué no le contestaba?

—¿Qué pasó?— preguntó Yasha.

—¿Puedes saber si Inuyasha está bien? Me dijeron que tuvo un accidente.

—Debe estar bien— dijo no muy convencido.

—Algo pasa, dímelo, por favor— suplicó.

—No siento nuestra conexión.

—Entonces si le pasó algo malo— el celular volvió a sonar y Kagome atendió de inmediato—. Hola.

—Del hospital de nuevo, necesitamos saber si llegará pronto, su esposo tuvo un ataque y…

—Voy para allá— colgó de inmediato, no podía estar perdiendo el tiempo, tomó su bolso, las llaves de la casa y aunque no debía, buscó las llaves del coche de su cuñado en el bolso de Rin, sabía que ella tenía un repuesto y era como un golpe de suerte que no se lo hubiesen llevado.

—Deberías esperar que llegue tu cuñado— dijo Yasha.

—No puedo hacer eso, mientras más tiempo pierda, Inuyasha podría correr más peligro. Tú mismo lo dijiste, no sientes su conexión.

—Espera a que llegue alguien y vaya contigo.

—No puedo hacer eso.

—Si alguien llega, no puedo decirles a dónde fuiste, deja una nota— estaba desesperado por ganar tiempo y que alguien llegase.

—Le llamaré a Sango.

Yasha suspiró frustrado, nada de esto le gustaba, se concentró de nuevo en sentir a su reencarnación, pero nada, vio con impotencia como Kagome salía de la casa.

—Sango, tengo que ir al hospital— metió la llave en el coche para abrirlo—. Me dijeron que Inuyasha tuvo un accidente.

—Cálmate, le llamaré a Miroku, no salgas de la casa.

—Pero Sango…

—Regresa, ya voy para allá contigo… ¿Kagome?— preguntó al no recibir una respuesta—. ¿Kagome?, dime algo— la llamada se cortó.

...

Miroku llegó corriendo a la recepción del hospital, la llamada de Sango lo había preocupado y de inmediato fue a buscar a su amigo, le parecía extraño que nadie le avisara, él también estaba como contacto de emergencia.

—Busco a Taisho Inuyasha— dijo a la mujer de recepción.

—Un momento— estaba en una llamada y eso hizo a Miroku desesperar.

—¿Taisho?— preguntó un camillero que estaba fir

—Sí.

—No está aquí, está en urgencias, yo lo traje.

—Gracias— salió corriendo de nuevo, una vez en urgencias, lo encontró rápido gracias a una enfermera que le dijo en que cama estaba, corrió la cortina y lo vio parado junto a un hombre al que le vendaban el brazo—. Aquí estas.

—Miroku.

—¿Qué pasó?, estás bien— su amigo no parecía herido.

—Claro que estoy bien, fueron ellos los que se lastimaron con unas vigas— se refería a sus tres compañeros, en ese momento, Miroku reparó en que había otros dos hombres siendo atendidos.

—¿Fueron ellos los que se lastimaron?

—Sí, yo los traje aquí, ¿qué pasa?

—Le llamaron a Kagome y le dijeron que supuestamente estabas grave porque tuviste un accidente.

—Mierda, ¿ella cómo está?, ¡Miroku!— le gritó para que reaccionara, haciendo que sus compañeros y personal del hospital volteasen a verlos.

—Tu no le contestabas y salió para venir, cuando Sango llegó, encontró su celular tirado en la acera y las llaves de la casa.

—Tengo que volver— nada de eso era bueno, buscó su celular en su chamarra y no lo llevaba, ¿lo habría dejado en el coche o en su casillero?

—Yo te llevo, no creo que debas manejar en ese estado.

—Gracias.

...

Inuyasha no esperó a que Miroku estacionase bien el coche, en cuanto llegaron a su casa se bajó y se dio cuenta que Rin, su madre y la madre de Kagome le esperaban, las tres lucían preocupadas.

—Hijo, llegaste.

—¿Saben algo de ella?

—Nada, tu padre y el señor Higurashi fueron al bosque, Sango dijo qué hay un lugar a donde suelen ir.

—¿Fueron ya a la mansión?— ese debió ser el primer lugar a registrar.

—Sesshoumaru y Sango ya fueron y nada, llamaron hace unos minutos diciendo que irían a casa de Kagewaki.

Inuyasha vio a Yasha parado en el jardín viendo a la mansión, de inmediato fue hasta él, su expresión le indicaba que algo realmente malo estaba pasando, además, él pudo haber visto o escuchado algo.

—¿Dónde está?— habló, provocando el desconcierto de las tres mujeres al verle dirigirse a la nada.

—No lo sé, lo siento.

—¿Kagewaki se la llevó?

—Sí, no lo vi, pero lo escuché, intenté detenerla, pero no me hizo caso, yo no sentí nuestra conexión y eso la preocupó.

—Pero yo estoy bien, ¿qué pasó?, ¿por qué no pudiste?

—No lo sé— dijo frustrado, le había dado vueltas y vueltas al asunto, no encontraba una respuesta—. Hasta hoy no había pasado, debes ir a la mansión, algo no está bien allá.

—Miroku, vamos a la mansión— su amigo asintió y fue de nuevo al coche—. Madre, cuando vuelva mi padre díganle que fuimos a la mansión.

—Tengan cuidado.

...

El sol ya se había ocultado, la mansión se encontraba en completa penumbra, Miroku veía la mansión, no tenía ni la más mínima idea de por dónde comenzar, todo parecía estar en total calma, vio a Inuyasha que comenzaba a caminar lentamente al jardín trasero.

—¿Ahora a dónde?

—Por allá— señaló Inuyasha.

—Comienzo a sentir esa presencia— era una energía aplastante y pesada.

Los dos hombres corrieron rumbo a la sección donde se encontraba la habitación de Kikyou, en mitad del jardín, bajo el ciruelo, había una especie de tina de piedra y se lograba distinguir que había alguien adentro. En cuanto estuvieron lo bastante cerca, se dieron cuenta la persona en la tina era Kagome, Inuyasha fue el primero en llegar, la tina estaba llena de agua y hojas.

—Hay que sacarla— dijo Miroku.

—No puedo— dijo Inuyasha, no importaba cuanta fuerza ejerciera, no podía sacar a su esposa de esa agua.

—¿Cómo puede ser posible?— le había ayudado pero el cuerpo de su amiga no se movió ni un poco—. Intenta despertarla.

—Kagome despierta, pequeña— hablaba con desesperación—. Miroku, el agua— vio con miedo como en la piedra comenzaban a brillar extraños símbolos.

—Carajo, no se vacía— como un recurso desesperado intentó sacar el agua, pero el nivel seguía igual.

—¡Kagome, despierta!

—No lo hará— una silueta apareció detrás del ciruelo—. Está en un profundo sueño.

—Kagewaki, ¡¿qué le hiciste?!— gritó furioso Inuyasha.

—Ahora mismo, su cuerpo se prepara para recibir el alma de Kikyou en ella.

—¿Por qué haces esto?

—Para traer de nuevo a Kikyou, es obvio.

—¿Eres la reencarnación de Naraku o un descendiente de él?— preguntó Miroku.

—Ninguna de las dos, yo soy Naraku— respondió con una malvada y burlona sonrisa.

—Es imposible, ahora mismo deberías tener como 180 años.

—182 en realidad, mi supuesta abuela, realmente era una bruja llamada Urasue, servía a mi familia, gracias a ella mi familia siempre fue próspera y longeva, aunque ninguno tanto como yo.

...

Kagome intentaba mantener la calma, aunque estaba aterrada por estar de nuevo en el jardín de rosas de Kikyou, ese era el último lugar en donde quería estar, vio a Kikyou que le invitaba a sentarse junto a ella en el pasto.

—Ven aquí, hoy es mi cumpleaños y quisiera festejarlo contigo.

—Kikyou, ya no haré más esto, quiero salir de aquí.

—Creí que me ayudarías a recordar.

—Me engañaste, me manipulaste— le reclamó.

—Ya lo sabes— su expresión cambió a una de enojo, se levantó y caminó hacía Kagome.

—Quiero irme de aquí— la azabache dio un paso atrás y vio como todo a su alrededor cambiaba, ahora estaba en su casa, aunque esta lucia antigua—. ¿Qué estás haciendo?

—Dándote lo que más anhelas.

—Kikyou, yo quiero salir de aquí.

—¿Por qué tú siempre obtenías todo lo que querías?

—¿De qué hablas?, tú fuiste muy talentosa, tenías una gran fila de pretendientes y…

—Yo quería a Yasha, pero tú no pudiste apartarte, por eso yo…

—¿Qué hiciste?

—Ya no importa.

—Me voy— salió por la puerta esperando que eso fuese su diente para despertar, pero ahora estaba en el dormitorio—. No es posible.

—No puedes salir de aquí, es imposible.

En ese momento, Kagome se percató que en ese dormitorio había una cuna y algo se movía dentro de ella.

—Es lo que has querido por mucho tiempo y te lo estoy dando— señaló la cuna—. Nunca sabrás del dolor y serás feliz por siempre.

—Esto no es real.

—Acércate— usando en control que tenía en ese momento del cuerpo de Kagome la obligó a acercarse a la cuna—. Ve lo que te estoy ofreciendo— sonrió triunfante cuando la chica estaba por tomar el pequeño bulto rosa.

¡Kagome, despierta!

—Inuyasha— retrocedió al escuchar la voz de su esposo, él había ido por ella.

—¡Él no está aquí!— tomó el bulto de la cuna y se lo dio—. Cárgalo, eso es— finalmente había logrado que Kagome se sumergiese por completo en ese sueño.

—No llores, mami está aquí— arrulló con amor a la bebé—. Papá pronto vendrá e iremos de paseo.

—Adiós, Kagome— dijo Kikyou al desaparecer.

...

Naraku veía con diversión como Inuyasha y Miroku intentaban despertar a Kagome, no estaba preocupado, aquel hechizo era infalible una vez iniciado, nadie podía pararlo con excepción de la persona que lo inició o la persona involucrada, obviamente él no haría eso y dudaba mucho que Kagome pudiese hacerlo.

—Es inútil que intenten sacarla o vaciar la tina, una vez que inicia no hay vuelta atrás, ahora mismo la dulce Kagome debe estar en un sueño.

—¡No es verdad!— gritó Inuyasha.

—¿Por qué haces esto?, ¿qué ganas?— Miroku fue quien encaró a Naraku.

—He esperado por largo tiempo y Kikyou no reencarnó, estuvo atrapada aquí, pero él y ella si— dijo refiriéndose a Inuyasha y Kagome—. Y no lo entiendo, se suponía que el alma de Yasha estaría atrapada en el pozo sin ninguna posibilidad para reencarnar, pero aquí está, con el nombre Inuyasha.

—¡No te saldrás con la tuya!— gritó Inuyasha.

—Pero si ya lo hice— Naraku se sentía victorioso.

—¡Kagome!, vamos, despierta— Inuyasha se sentía tan impotente, había prometido que la protegería y había fallado.

—Esto no me gusta— dijo Miroku al ver que el agua comenzaba a brillar.

Los dos hombres apenas tuvieron tiempo de sorprenderse cuando el brillo se intensificó y una onda de energía los aventó, aturdiéndolos. Ambos estaban mareados, su vista estaba borrosa y sus oídos zumbaban.

—Inuyasha, ¿estás bien?— preguntó Miroku al intentar ver dónde estaba su amigo.

—Lo estoy— sacudió su cabeza y buscó con la mirada la tina donde debía estar su esposa.

En ese momento, Miroku e Inuyasha notaron que habían sido lanzados a unos cinco metros lejos de Kagome. Inuyasha fue el primero el levantarse y caminar en dirección a su esposa al ver que Naraku se acercaba a ella.

—¡No la toques!— gritó en el momento en que Naraku se hincaba junto a la tina de piedra.

—Estas de vuelta.

—Naraku— pronunció Kagome.

—Cumplí mi palabra— le ofreció la mano a la mujer para ayudarla a salir.

—Muchas gracias, sabía que podía contar contigo.

Inuyasha y Miroku estaban en shock, no tenían ni idea de lo que pasaba, la tina ya no tenía agua y Kagome había despertado. Fue entonces qué pasó, Inuyasha sintió su mundo derrumbarse, Kagome estaba besando a Naraku, apretó los puños y terminó con la distancia que le separaba de ella, la jaló del brazo, le obligaría a reaccionar, su Kagome debía poder expulsar a Kikyou y volver a tomar control de su cuerpo.

—Kagome— la vio a los ojos.

—No soy ella.

—No es verdad— se negaba a creerlo.

—Kagome ya no existe.

—¡Mientes!— la besó, esperaba que ese gesto la hiciera volver, pero solo logró que una nueva fuerza lo lanzase y se golpease contra el tronco del árbol.

Inuyasha sentía que había muchas imágenes en su mente, era como ver una presentación a máxima velocidad, era tan diferente a cuando vio los recuerdos de Yasha.

Kikyou entró a la habitación de Kago, su prima estaba acostada en su cama, ojerosa y demacrada, por un momento creyó que ya estaba muerta, pero se movió y al verla le sonrió, eso la enfadó.

Hola prima.

Kikyou— Kago se enderezó con gran dificultad, sus articulaciones le dolían.

¿Te duele mucho?

Algo— dijo con dificultad, tenía la garganta seca, se estiró a tomar el vaso de agua y no pudo sostenerlo.

No lo puedes sostener— dijo con un leve tono de burla—. ¿Por qué no aceptaste cancelar tu compromiso? Todo hubiese sido más fácil para todos.

¿Qué quieres decir?, ¿qué hiciste?— de pronto sintió que el aire le faltaba y el frío le invadía el cuerpo.

Jamás te resististe a los bollos dulces, mucho menos si creías que Yasha te los mandó.

Tú…— intentó levantarse, pero solo logró caer de la cama, su cuerpo estaba muy débil.

Eres tan patética y débil— Kikyou se hincó frente a su prima—. Escúchame bien— le tomó del mentón—. "Ni en esta vida, ni en otra podrás ser feliz, jamás podrás tener una familia".

Ki… ¿Qué fue…

Adiós querida prima.

Inuyasha se recobró, aunque le dolía el torso, logró levantarse y vio con furia a Kikyou, de alguna manera había logrado ver un recuerdo de ella.

—¡Tú la mataste!

—¿Cómo es que tú lo sabes?— la mujer estaba sorprendida—. No importa.

—¡Claro que importa!, ¿por qué lo hiciste?

—El plan no era matarla a ella, mataríamos a su padre y te secuestraríamos, le haríamos creer a todos que nos fugamos, la pobre de Kago no iba a tener más opción que aceptar la propuesta de matrimonio de Naraku, luego yo te haría creer que fui yo quien te rescató y te daría la noticia de que mi prima se había casado con alguien más— Inuyasha apretó los puños.

—Eso no explica el por qué la envenenaste.

—No dejaba de presumir todas las cosas que le dabas, olvidaste mi cumpleaños para ir por un tonto regalo para ella, por eso, si ella no estaba en el camino, vendrías a mí, ¡pero no!, seguiste sin verme. Incluso ahora, muchas veces estuve frente a ti y no me veías.

—Si Kago ya estaba muerta, ¿por qué incriminaron a Yasha?— preguntó Miroku, hasta ese momento había estado escuchando con atención.

—Venganza, me dijiste que te habías casado con ella antes de que muriese.

—Tú la ayudaste— Miroku vio a Naraku—. ¿Qué ganabas?

—Ella aceptaba casarse conmigo.

—Pero las cosas salieron mal, morí.

—¿Quién te mato?

—¡Ya no importa!, ahora estoy aquí y es lo único que importa.

—Kikyou, ella no es Kago— Inuyasha quería hacerla entrar en razón—. Es Kagome y…

—Tiene su alma, es lo que importa.

—¡Escucha, ella es Kagome!

Kikyou sintió que perdía el control de su cuerpo recipiente, se tambaleó y creyó que iba a caer al suelo, pero Naraku la sostuvo justo a tiempo.

—¿Qué pasa?— preguntó Naraku.

—Se está resistiendo.

—¡Kagome, sigue mi voz!— si su esposa luchaba por volver a tomar el control, él le ayudaría a volver, esperaba que pudiese escuchar su voz—. ¡Tú puedes salir, solo tienes que…!

—¡No la dejaré!

—¡Kagome!, sé que sigues allí, escúchame ¡Kagome!

—Es débil, siempre lo ha sido.

—Por favor, haré lo quieras, solo regrésala— tomó a la mujer de los hombros y la vio a los ojos con súplica.

—Demasiado tarde— colocó una mano en el brazo izquierdo de Inuyasha y la otra en su torso—. Muévete— corrientes de energía fluyeron por ella y aturdieron a Inuyasha, quien luego de resistirse, cayó al suelo—. Hay algo que me gusta de esta época y es el hecho de que me puedo divorciar— le dejó caer el anillo que él le había dado a Kagome—. Te mandaré los papeles para que los firmes.

—No puedes hacer eso.

—¿A no?, ¿por qué no?, ¿les vas a decir que un fantasma poseyó el cuerpo de tu esposa?— se mofó Naraku.

—Nos vemos Inu-Yasha.

Miroku fue hasta su amigo y se percató que tenía quemaduras en su cuerpo, donde Kikyou lo había tocado. Los dos amigos vieron con impotencia como "Kagome" se iba con Naraku, poco después, vieron a Sango acercarse con otros dos hombres. Miroku le llamaba a Inuyasha para que reaccionara y se levantara, pero parecía que están perdido, no dejaba de ver la dirección en que su esposa se había ido.

...

Kagome estaba feliz, creyó que jamás podría tener un bebé con Inuyasha, pero ahí estaba, esa pequeña niña que dormía en sus brazos era suya.

¡Escucha, ella es Kagome!

La chica apartó la mirada de la bebé y recorrió la habitación con la mirada, por un momento creyó escuchar a su esposo, volvió a concentrarse en su bebé.

¡Kagome!, sé que sigues allí, escúchame ¡Kagome!

—Inuyasha… esto… no es real.

En cuanto se dio cuenta que todo era ilusión, la bebé desapareció, corrió a la puerta principal y no se abría, golpeó las ventanas intentando romperlas, pero el golpe se le regresaba. A lo lejos seguía escuchando la voz de Inuyasha, él la estaba esperando.

—¡Kikyou!— ¿Dónde estaba?—. ¡Inuyasha!

Golpeó la puerta con el puño, comenzaba a perder fuerza y la voz de Inuyasha se alejaba poco a poco. Debajo de la puerta se deslizó una carta, la tomó y la leyó, era de Kikyou.

Ahora este es tu hogar, no hay manera de salir, es mejor que lo aceptes y será más fácil para ti, puedes vivir en el sueño que tu elijas, tener ese bebé que no has podido tener, solo debes dejarte llevar y olvidaras todo.

Kagome arrugó la hoja y la lanzó lo más lejos que pudo, todo comenzaba a ponerse en completa penumbra.

—Inuyasha— murmuró.

Ya no lo escuchaba, no quería estar allí, quería despertar y darse cuenta de que todo había sido una pesadilla, despertar y que Inuyasha la consolara, que le dijese que todo estaba bien. Había sido una tonta, debió darse cuenta de que fue una trampa para que saliera de la casa, Kagewaki ya la esperaba afuera y en cuanto pudo, se la había llevado.

La obscuridad terminó por rodearla y se dejó caer al piso, comenzó a llorar, tenía miedo, estaba aterrada.


30/01/2021

Lamento mucho la tardanza, pero aquí estoy con esta actualización.

Guest, mi nickname no tiene nada que ver con eso, es solo la combinación de Rinne e Inuyasha, fue mera casualidad que se asocie con un nombre hindi, pero es interesante tu dato, no lo sabía.

Gracias por sus mensajes, nos leemos pronto.