Hola chicos, aquí otro capítulo, si les gusta por favor déjenme un comentario para saber que les gusta, así me apurare para traerles más y más capítulos más seguido.

Drama Queen

Tan pronto como estuvimos fuera de la vista de mi familia, saqué mi mano de la de Sesshomaru y me dirigí al cuarto piso. Luego me fui directamente hacia los paneles de la sala de estar en lugar de mi dormitorio.

- Si hay alguna posibilidad de salvar las cosas entre nosotros, y debo estar loca por considerar siquiera la posibilidad necesitas empezar con una disculpa enorme - declaré sin más preámbulos.

Cruzó los brazos sobre el pecho. Un escudo con joyas incrustadas se añadía a su ya impresionante presencia, me sentí como si de alguna manera hubiera reducido varios metros, pero me negué a dejarme intimidar. Me erguí y comencé a dar golpecitos con mi pie. Él miró hacia abajo.

- ¿Se supone que eso me intimidará? - preguntó, su voz como el acero.

- Se supone que demuestra que estoy hablando en serio - repliqué. Antes, cuando entramos en la habitación, la chimenea no estaba encendida. Ahora las llamas se habían disparado en su interior como si una bomba hubiera detonado.

- ¿Ahora quien está tratando de intimidar? - Eché un vistazo hacia Sesshomaru, y crucé mis brazos.

- Debido a mis acciones, tu familia está a salvo de Naraku. – El fuego cercano ardió más alto.

- Sin embargo, das ultimátum y ¿demandas que te pida perdón? - Durante muchos años, había sido una experta en mantener mi temperamento bajo control. Menos de dos semanas después de conocer a Sesshomaru, y me sentía tan volátil como las corrientes que atravesaban mi cuerpo.

- Entiendo que vengas de un tiempo donde usar a la familia de una persona como chantaje era probablemente lo más top pero ¿ahora? ¡En pleno siglo XXI no es bueno hacerlo! En serio, ¿cómo es que es tan sorprendente para ti? – repliqué.

- No éramos amantes cuando puse a tu familia bajo vigilancia. - Su frente se arqueó.

- ¿Estás tratando de evadirte por un tecnicismo? - Mi voz se levantó de la incredulidad en la última palabra.

- ¿Sabes la última vez que dejé que alguien tomara represalias contra mí? – me cuestiono.

- Estás cambiando de tema - murmuré, pero la vergüenza me atravesó. La violencia, por cualquier razón, no tenía cabida en una relación. No tenía ninguna excusa para lo que había hecho y lo sabía. Me acechó de cerca.

- Aparte de anoche, no ha habido un solo caso. Has visto las cicatrices en mi cuerpo, pero no todas son de batallas. Muchas de ellas son de cuando estuve preso cuando era niño y me golpearon repetidamente. En los siglos transcurridos desde entonces, he dejado que pocas personas me tocaran como amigos, menos aún como amantes, pero nadie me ha tocado con ira sin arriesgarse a mi venganza... sin embargo, tú me has herido, y yo no hice nada. - Su voz se profundizó.

- Si no encuentras disculpa suficiente en eso, entonces no me conoces en absoluto. - La confusión se añadió a otras emociones turbulentas dentro de mí.

Los ojos de Sesshomaru se iluminaron como escarlatas, las llamas de la chimenea crecieron como una indicación de su carácter, pero cuando él tomó mi cara, su tacto fue infinitamente delicado. Me apoyé en su mano sin pensar, sintiendo una extraña mezcla de desesperación y euforia. La lógica me decía que debía salir corriendo de esta relación, pero la verdad es que no quería.

- Júrame por lo más sagrado para ti que nunca harás daño a nadie que me importe. Si no puedes hacer eso, entonces esto tiene que terminar, Sesshomaru. - No deseaba dejarlo ir, pero tampoco estaba dispuesta a tomar cualquier otra persona bajo mi protección en esta potencial arena movediza...

- A menos que intenten hacer daño a mí o los míos, te lo juro. - Un voto con condiciones, pero todo tenía condiciones con él.

Cerré los ojos mientras él movía mi cuello, deslizando sus labios por él con fuerza, las cicatrices todavía cubrían mi rostro. El toque de su lengua envió escalofríos deliciosos a través de mí y me acerqué, agarrando su cuello. Hizo un sonido bajo, gutural y tiró de mí con más fuerza contra él, la otra mano acariciaba mi espalda mientras su boca seguía besando mi cuello sensualmente.

Entonces el roce de los dientes me hizo jadear. Los colmillos presionados contra mi garganta, extendidos, añadiendo una fricción que era a la vez amenazante y abiertamente carnal. La presión de su boca aumentó, la lengua, los labios y los colmillos manipularon mis puntos más sensibles hasta que mi corazón latió con fuerza y me froté contra él con una necesidad que no podía articular. Otro ruido sordo vino de él, de modo primordial mis pezones se alzaron dolorosamente contra mi sujetador y yo estaba mojada y con un deseo que dolía.

- Rin. - Apretó los brazos alrededor de mí, su voz era más oscura. Predadora.

- Es el momento. - Pensé que hablaba de sexo, yo estaba al borde.

Pero entonces los colmillos se inclinaron, sus puntas presionando contra mi cuello en toda su longitud. Mi piel se rompió con la presión y un largo y fuerte grito se me escapó, cuando ellos penetraron profundamente. Ese grito se convirtió en un gemido con las sensaciones que se derramaron sobre mí. El calor parecía brotar de su boca, pasando por mis venas para envolver todo mi cuerpo. Me sentía febril, mareada, mientras que el aumento más inesperado de placer hizo que echara mi cabeza hacia atrás y se debilitaran mis rodillas. Sabía que la mordedura de yokai transmitía una sustancia, pero no tenía ni idea de que se sentía más fuerte que la morfina y que era muy erótico en los juegos previos.

Mi pulso latía en su boca, y cuando Sesshomaru succionó el primer trago, el éxtasis paso de mi cuello hasta mi cintura con tal intensidad que mis músculos internos se contrajo y casi me corro. Algo parecido a un gruñido sonó contra mi garganta. Entonces, su mano se deslizó por mi cabello y tiró de mi cabeza más hacia atrás, mientras que otra succión envió más placer a través de mí. Todo a mí alrededor desapareció, pero no era nada comparado con la sensación indescriptible de mi sangre fluyendo hacia Sesshomaru. Las fuerzas me abandonaron y me habría caído si no me hubiera tenido apretada contra él en un agarre de acero.

Otra succión hizo que mi jadeo rompiera en un grito y le clavé las uñas en la espalda, aferrándome a él con una necesidad cada vez mayor. Yo lo quería dentro de mí, y movía mis caderas contra él en una invitación silenciosa, explícita. La boca de Sesshomaru se había ido de repente, dejando el lugar donde me había mordido helado y ardiente al mismo tiempo.

- ¿Quieres que te mate? - Me dijo. Parpadeé con confusión, pero luego oí la voz de Maximus al otro lado de la puerta.

- Me habrías matado si yo no te hubiera interrumpido con esta información. - Yo ni siquiera había oído los golpes de Maximus, pero él debió haberlo hecho. Sesshomaru todavía me abrazaba con fuerza. Entre el escarlata que ardía en su mirada y la carne dura y gruesa contra mi vientre, él estuvo a punto de decirle a Maximus que desapareciera o lo desangraría. Pero luego dejó escapar un suspiro áspero.

- Espera aquí. - La decepción mezclada con el deseo palpitó en mí. Sesshomaru se alisó el pelo hacia atrás, su boca descendiendo para darle a mi cuello, una final y persistente lamida.

- Debe ser importante o no se atrevería a molestarme ahora - murmuró. Luego se apartó para mirarme.

- Si no es así, lo mataré y volveré a ti directamente. - Me hubiera reído, excepto que no estaba segura de sí estaba bromeando.

- Entiendo. - Mi cuerpo no lo hizo. Me dolía de necesidad negada, mientras que mi cuello seguía pulsando con heladas vibraciones calientes. Lo toqué, sintiendo los agujeros gemelos. Los ojos de Sesshomaru siguieron el movimiento y la escarlata apareció en su mirada de nuevo.

- Me encanta ver mis marcas en tu piel. - Si hubiera parecido con aire satisfecho, mientras que lo decía, me habría molestado, pero en vez de eso su expresión mostraba posesividad. Debía ser una cosa de yokais. Sonrió enseñando los dientes.

- Es una cosa de yokais. - Me dio un fuerte beso que me quitó el aliento justo cuando había comenzado a recuperar el control. Culpé a la pérdida de sangre el hecho de que tuve que sentarme cuando por fin me dejó ir.

- Estaré de vuelta tan pronto como me sea posible - dijo. Luego abrió la puerta.

- Maximus - saludó al yokai rubio con cara de piedra al otro lado.

- Más vale que sea bueno. - La puerta se cerró detrás de ellos y yo cerré los ojos, tomando varias respiraciones profundas. Menos de un minuto más tarde, se abrió la puerta.

- Rin. - El tono de augurio de Sesshomaru hizo que mi deseo restante se desvaneció, y yo me levanté tan rápido que casi tropecé.

- ¿Qué pasa? – pregunte preocupada.

- Tienes que venir conmigo. - Se acercó y me tomó del brazo.

Caminé entre Sesshomaru y Maximus por la estrecha escalera de piedra. Cada cincuenta metros más o menos, llegábamos a un rellano en el que se pasaba a través de un metal, una puerta de vigilancia que llevaba a otras series de medidas. Esta parte de la casa no tenía calefacción, por lo qu e mi respiración salía como plumas blancas. A pesar de que Sesshomaru me dio su abrigo, no podía dejar de temblar. Tampoco contaba con energía eléctrica, por lo que si no fuera por las antorchas que ardían, me hubiera quedado a ciegas en la oscuridad. Sabía que era mi imaginación, pero las paredes del túnel parecían brillar con esencias desesperadas, aumentando mi sensación de temor.

El calabozo era el último lugar donde quería ir, pero hacia allí era a dónde nos dirigíamos. La última puerta custodiada se abrió hacia una zona cavernosa que estaba completamente oscura hasta que Sesshomaru encendió antorchas con su poder. Lo primero que vi fue varios juegos de esposas incrustadas en un pilar de piedra enorme en el centro del área. Cuando nos acercamos, vi que estas esposas eran inusualmente gruesas, con clavos de plata que recubrían su interior. Eran de distintas longitud y grosor, me imaginé su propósito. Al lado unas que eran para las muñecas. Una barra entre ellas, para el cuello. Más abajo, una barra ancha para la cintura, dos por debajo, para los muslos, y una más cercana al piso, para los tobillos.

El pilar estaba frente "afortunadamente" a celdas vacías excavadas en la roca delante de nosotros. Conociendo a Sesshomaru, la posición del pilar era para que los presos pudieran ver lo que se hacía a la persona desafortunada aprisionada ahí. Entre la columna y las celdas había tres agujeros profundos, y manchas oscuras los bordeaban, supuse que eran ocupados normalmente por gruesos postes de madera. El área al aire libre no debía ser el único lugar donde Sesshomaru llevaba a cabo los empalamientos.

- Lamento que esto sea necesario - dijo Sesshomaru, agarrando las esposas para las muñecas.

Sus palabras hicieron eco en el medio del subterráneo, regresando ominosas y misteriosas. Quería que no fuera necesario, también, pero no dije nada cuando me quité los guantes, metiéndolos en su abrigo. Entonces me acerqué, inclinándome hacia atrás contra la pared de roca cercana, y sentí el peso de metal helado e implacable cuando Sesshomaru fijó las esposas sobre mi mano.

No tengo idea de cuánto tiempo grité, pero mi garganta ardía en el momento en que recuperé el control suficiente como para distinguir la realidad de los recuerdos de otras personas. Tenía la cara mojada de lágrimas también, y me estremecía tan violentamente que el dolor en mis piernas no se debía al dolor fantasmal, sino de estar tan perdida en horribles recuerdos que me las había arreglado para hacerme daño a mi reacción… algo que nunca había sucedido antes.

Por supuesto, en todos los recuerdos que había revivido, nunca había experimentado nada como esto. Cuando me di cuenta de que me hundía en los brazos de Sesshomaru, mi primera reacción fue un rechazo muy profundo que arrancó un grito de mi garganta herida.

- ¡Aléjate, no me toques! - Él me soltó tan bruscamente que me caí al suelo.

El instinto me hizo llevar mi mano derecha a mí costado en vez de usarlo para aminorar la caída. Me tendí sobre el suelo, pero la acción no me aportó ningún recuerdo nuevo del suelo de piedra manchado, que era lo más importante.

- ¿Puedo ayudarte? - Preguntó Maximus en un tono cuidadosamente neutral. Dudaba de la pregunta estuviera dirigida a mí, pero contesté de todos modos.

- No. Dame un minuto. - Mi voz todavía estaba ronca.

Me senté, tratando de pegar mis emociones fracturadas mientras me abrazaba para darme calor. Eso fue un error que no habría cometido si hubiera estado pensando con claridad. Tan pronto como mi mano derecha se puso en contacto con el abrigo de Sesshomaru, me asaltó otro recuerdo.

Me quedé desnudo frente a un armario, al otro lado de mi dormitorio. Con sólo pulsar un botón, hilera tras hilera de ropa aparecían, algunas ocasionales, otras formales, y algunas tan recargadas que estaban destinados sólo para ceremonias. Me acaricié la mandíbula considerando mis opciones. No podía conocer a su familia usando cualquier cosa. Ella se merecía algo mejor que eso. Por último, seleccioné un abrigo largo con incrustaciones de zafiros negros en los cuellos y puños. Esto sería suficiente. Tal vez los guantes también ayudaran a calmar su ira.

Esa imagen se desvaneció, reemplazada por una de Sesshomaru cerniéndose sobre mí en esta mazmorra opresiva en lugar de estar gloriosamente desnudo en su dormitorio. Lo miré fijamente, el recuerdo de sus acciones me impactaron pero por una razón diferente esta vez.

- ¿Te vestiste de gala para conocer a mi familia? - El inesperado gesto reflexivo me hizo atragantarme con una sonrisa.

- ¿Cómo puedes ser la misma persona que hizo todas esas otras cosas? No eres solo versátil y complejo… ¡eres como un esquizofrénico! - Sesshomaru se arrodilló a mi lado, el brillo escarlata abarcaba sus ojos como un gato cuando la luz dio sobre ellos.

- Todos somos más en la suma de nuestros pecados. Lo sabes mejor que la mayoría de la gente, Rin. - dijo.

Luego me tendió la mano. Lo miré, lo que había experimentado a través de las esencias contenidas en las múltiples esposas me provocaron terror. Luego otras imágenes cubrieron aquellas, mis recuerdos de Sesshomaru, tan diferente en comparación. Muy lentamente, puse la mano en la suya y dejé que me levantara. Me acerqué de nuevo a las esposas, reprimiendo un estremecimiento. La segunda vez siempre era más fácil, me recordé. Sesshomaru había ordenado a mi familia retirarse, pero Maximus no había podido llegar a Jaken.

Él podría estar bien o podía ser que necesitara ayuda, y la única manera de saberlo era seguir el rastro de la esencia que Jaken había dejado en estas restricciones el día que Sesshomaru le había interrogado. Antes de ponerme de nuevo las esposas en la muñeca, toqué el borde de la capa de Sesshomaru y le di una leve sonrisa.

- Una buena elección. Te veías muy bien con esto. - Su ceja se arqueó.

- Por supuesto - Su incansable arrogancia me hizo sacudir la cabeza, pero también me dio la última gota de fuerza que necesitaba para agarrar las esposas de metal de nuevo.

Pulularon las mismas imágenes horrendas bombardeando mi mente, pero como esperaba, eran más débiles, lo que me permitía luchar a través de ellos y encontrar el hilo de la esencia que estaba buscando. Una vez que lo hice, me concentré hasta que todo lo demás se desvaneció. Para mi espanto, el nuevo entorno en que me encontré no parecía mucho mejor que en el que yo en realidad me encontraba. En lugar de las paredes de piedra oscura, el hormigón estaba a mí alrededor, había algunas salpicaduras de color junto a puerta de madera en la esquina y la sangre que manchaba el frente de la camisa de Jaken. Mihaly Naraku se paró frente a él, con otro traje indescriptible y con un cuchillo bañado en rojo. El yokai de cabello plateado que me había roto las piernas y dejado para que muriera estaba allí también, aprisionando a Jaken mientras masticaba aburrido un cigarrillo apagado.

Me paseaba por delante de la chimenea. A pesar de lo que parecía un infierno contenido apenas por la rejilla dorada, todavía me sentía helada hasta los huesos.

- Encontré a Jaken. Naraku lo tiene. - Lancé un gruñido que provenía de una parte de mí que no sabía que existía.

- No - dijo Sesshomaru otra vez.

- Tengo derecho a hablar con el hijo de puta que secuestró a mi amigo - le espeté.

- Y ya que no tengo su número de teléfono, llegar a él a través de mis habilidades es la única opción. - Sesshomaru se acomodó en la silla roja de Luis XV, un codo apoyado en el brazo, la barbilla equilibrada en su mano. Parecía completamente relajado, excepto por sus ojos, que se centraron en mí con incesante intensidad.

- Vincúlate con Naraku, y su respuesta será torturar a tu amigo a un nivel que no aguantarás. Es por eso que tomó a Jaken. Él quiere que veas lo que le hace, pero si no lo ves, entonces se ahorrará el esfuerzo. - Me tiraba del cabello dando mis zancadas furiosas.

- ¡Jaken ya ha sido torturado, Naraku no está esperando a nadie! – chille.

- Eso solo fue para información, pero Jaken no puede revelar nada de verdadera importancia, por lo que su valor radica en tu afecto hacia él. Una vez que Naraku se dé cuenta de que no le puede utilizar para forzarte a entregarme, la utilidad de Jaken acaba, así que si quieres mantener a tu amigo con vida y en las mejores condiciones posibles, no te vincularás a Naraku. - fue su respuesta sin piedad —

- ¡¿Por qué no busca a otro psíquico?! No soy la única psíquica trabajando con la policía todo el tiempo. - Murmuré.

- Un psíquico común y corriente no es suficiente. Tú puedes hacer un seguimiento de personas en el presente y vislumbrar el futuro con precisión. Sólo he conocido a otras dos personas con esa capacidad. Una está muerta, y la otra tiene, lo que podríamos llamar problemas técnicos con su poder. - Apreté los puños, las corrientes pulsaban con tanta fuerza dentro de mí que yo casi esperaba que el enchufe más cercano hiciera corto circuito.

- No abandonarías a uno de tu gente a este destino, así que no esperes que responda de manera diferente, Sesshomaru. – me desquite.

- Estuviste en ese club menos de dos horas antes de que esos yokais atacaran. Cuando espiabas a Naraku, él estaba completamente vestido descansando bajo varias mantas. Él se aseguró de que no lo vieras en nada más que un cuarto de concreto indescriptible, y un cuarto de concreto indescriptible es donde tiene a Jaken. - afirmó.

- ¿Qué tiene esto que ver con nada? - Le exigí.

- Eso significa que él no está lejos - respondió, con un tono de voz que decía que era evidente.

- Naraku dio la orden al yokai de pelo plateado de que te matara o capturara después de ver imágenes de vigilancia de ustedes en el club, por lo que lo pone a menos de dos horas de distancia. Él no ha dejado Rumania o no estaría tan preocupado contigo viendo los detalles de dónde se está escondiendo, y dudo que sea una casa moderna o renovada, porque, aunque la mayoría de las personas tienen calor, él sin embargo, utiliza mantas porque para los yokais no es fácil sentir frío. - Él enumeró los elementos mientras hablaba. Que en conjunto, tenían sentido, y me maldije por no verlo, también.

- Tengo a mi gente por todo los edificios abandonados o rara vez utilizados en un radio de doscientos kilómetros. Es un área grande, pero pronto encontraremos a Naraku o lo obligaremos a correr. Una vez aparezca, entonces, mi hermosa psíquica, puedes enlazarte con él y ver dónde está exactamente. - continuó Sesshomaru.

Era un plan lógico eso de apretar la soga alrededor del cuello de Naraku, sin embargo, dejaba a Jaken a los caprichos del destino. Quizá Naraku lo mataría antes de que saliera huyendo. Tal vez no lo hiciera. El problema era que no tenía una idea mejor. Sin embargo, eso no quería decir que me quedaría a ver como se agotaban las probabilidades de mi amigo.

- Si se me ocurre una manera de pegarme a Naraku y salvar a Jaken, prométeme que me ayudará a salvarlo. - La mirada de Sesshomaru fue dura pero constante.

- No quiero que muera, eso te haría daño y además él estaba actuando bajo mis órdenes cuando fue capturado. Así que si encuentras una manera que no represente mayor peligro para mi gente, tienes mi palabra de que se hará. - Camine por el gran salón, vislumbrando a unos pocos yokais en sus discretas posiciones pero atentos mientras pasaba.

Sesshomaru me dijo que tenía algunas cosas que atender antes de cenar, pero creo que él sentía que quería estar sola. Mis emociones estaban revueltas y el día no había terminado todavía. Pronto, tendría que sentarme frente a mi familia y mantener la farsa de la protección de testigos. Si sus vidas no hubieran sido puestas patas para arriba tan abruptamente por mi culpa, me habría excusado con dolor de cabeza y quedado en mi habitación, pero no podía ser tan egoísta.

- Rin - susurró una voz familiar. Parpadeé, viendo a mi padre venir de la parte de atrás de las escaleras como si él se hubiera estado escondiendo detrás de ellas.

- ¿Qué estás haciendo? - pregunté. Él se acercó, su cojera más pronunciada con la prisa. Los efectos de una bomba de carretera precipitaron su jubilación.

- Te he estado buscando. Nadie me decía dónde estabas, tampoco. Simplemente dijeron que te vería en la cena. - afirmo mientras miraba alrededor.

Después de décadas de estar al mando, a mi padre le encantaría ese tipo de evasión. Se dirigió hacia la parte posterior de la escalera y gesticulo para que lo siguiera. Lo hice suspirando, haciendo una nota mental para decirle a Sesshomaru que su gente sea un poco más comunicativa que lo normal, menos evasivos.

- Lo siento por eso. El personal de Sesshomaru es usado para... - comencé.

- No tienes idea del peligro en el que te encuentras - mi padre me cortó, su voz seguía siendo apenas un susurro.

- Um, seguro, la Mafia Europea son personas temibles. – intente reírme.

- No ellos. - Él debió haber pensado que no me movía lo suficientemente rápido porque me jaló detrás de las escaleras. Mi abrigo prestado silenciando los efectos del contacto, pero una mueca de dolor todavía cruzó su cara.

- Es él - dijo, señalando la capa de Sesshomaru.

- Ese hombre no es quien dice ser. Sesshomaru Basarab es un alias, y uno retorcido. Yo sé que tienes que cuidar de él, pero cuando lo investigué con mis contactos, no vas a creer lo que encontré. - Golpeada por el mismo exhausto e irracional estrés que llevaba a algunas personas a carcajearse en los funerales, me reí. No podía evitarlo. Tal vez esta era la última gota de mi cordura.

- ¡Imagino tú cara cuando ellos te dijeron que era el verdadero Drácula! - solté un bufido, lagrimas se escapaban.

- Eso es lo que te pasa por husmear en lugar de quedarte al otro lado del mundo como si estuvieras supuestamente bajo protección de testigos. - Su expresión ahora era como una tormenta.

- Esto no es una broma, Rin. Sesshomaru Basarab está tan involucrado en el crimen organizado que mis contactos me aconsejaron que no lo investigara más a fondo o yo podría desaparecer ¿Eso suena divertido para ti? - El crimen organizado. Esa era una manera de describirlo, si no sabías que la jerarquía de los yokais era anterior a todas las leyes recientes.

- Papá Sesshomaru no es de quien tienes que preocuparte. Él no te hará daño, a Gretchen, o a mí, pero si necesito que dejes de investigarlo. Ninguno de tus contactos sería capaz de excavar algo cercano a la verdad, de todos modos.- le dije, tomando el control de mi misma.

- Entonces dime la ver... - Su voz se apagó, y su mirada se estrechó.

- ¿Por qué hay manchas de sangre en tu cuello? - Antes de que me diera cuenta de lo que intentaba, él tiro de mi cuello hacia abajo.

- ¿Qué es esto? - escupió, mirando los agujeros de mi cuello. No tuve oportunidad de responder. Shrapnel apareció, levantando a mi padre del suelo con un contundente abrazo.

- ¡¿Qué estás haciendo?! - pregunte, horrorizada.

- Él te agarró por la garganta - Shrapnel explicó, mi padre luchó furioso incluso si no lograba nada.

- ¡Rin, corre! - dijo mi padre con voz ronca.

- Oh Dios mío, ¿qué estás pasando? - Gretchen chilló, rodeando el final de la escalera.

- Bájalo. – Si un puente se materializara de la nada, habría saltado de él.

- Bien, pero si él se lanza a tú garganta otra vez.- le dije a Shrapnel, quien lanzó a mi padre murmurando.

- No lo hará. Gretchen, deja de gritar. - le dije secamente.

- Papá, no necesito correr. La gente de Sesshomaru es locamente protectora conmigo y tú tal vez no puedas verlo, pero confía en mí, ellos lo hacen. - Mi padre me miro como si yo fuera una extraña.

- ¿En qué te has metido? - pregunto, tan tranquilo que apenas podía oír sobre la letanía de Gretchen de "Oh Dios, oh Dios."

- Tú cuello, su alias, este castillo. ¿Este es el problema en el que estás? ¿Viste que algunos de los enfermos juegos de roles entre los ricos fue demasiado lejos? - El tono de mi padre se endureció.

- Y ahora me golpea un Dejá vu - dijo una irónica voz detrás de mí.

- Te puedes ir, Shrapnel. Yo me encargo de esto. - Shrapnel hizo una reverencia a Sesshomaru y se desvaneció. Yo ya estaba acostumbrada a la gente que desaparece a la velocidad yokai, pero mi hermana palideció y las cejas de mi papá se juntaron como si ellas hubieran sido arrancadas por una cadena.

- ¿Cómo mierda hizo eso? - demando con dureza.

Yo tenía dos opciones: decirle la verdad, o hacer que Sesshomaru hipnotice a mi papá y mi hermana creyendo mentiras. Nada menos que el control mental podría trabajar ahora que mi padre había visto los agujeros en mi cuello y los dos vieron desaparecer a un voluminoso guardia. Sesshomaru se movió a mi lado, su mano descansando en mi espalda.

- Voy a cumplir cualquier decisión que tomes, pero la verdad es siempre mejor que una mentira, incluso cuando sea el camino más difícil. - Mire hacia la expresión de granito de mi padre y el miedo de mi hermana, y suspire.

- Ellos van a decirle a la gente. - Sesshomaru le dedico una sonrisa encantadora a mi padre.

- Ellos no lo harán. Él es lo suficientemente inteligente para darse cuenta que repetir esa información es inútil. Las únicas personas que van a creerle son otros de mi clase, y ellos no sufren por informantes o tontos. En cuanto a ella… va a hacer lo que él dice. - un movimiento de su cabeza indico a Gretchen.

- ¡Tengo veintidós años! ¡Nadie me dice que hacer! - Mi hermana se erizo.

- Gretchen, cállate - gruño mi padre. Ella lo miro pero no dijo nada más. Mis labios temblaron ante la gravedad de la situación. Los instintos de Sesshomaru eran correctos… ella nunca iba contra una orden directa de nuestro padre. Hugh Dalton siempre la había intimidado.

- Dime la verdad sobre lo que está pasando - mi padre me ordeno. Yo, sin embargo, nunca había sido intimidada por él. Pero quería tratar de reparar mi relación con mi familia, y si la reconciliación no se construía con honestidad, entonces no sería real.

- Muéstrale, Sesshomaru - le dije. Su mirada cambio de dorado brillante, a brillante rojo, y su sonrisa descubrió los dientes que ahora tenían dos colmillos afilados.

- Lentes de contactos caros y dientes falsos no me impresionan. - Un músculo se marcó en la mandíbula de mi padre, pero su expresión no cambio.

- No pensé que lo harían - dijo Sesshomaru con voz sedosa.

- Pero eso pasa antes de hacer esto. - Levito en el aire, flotando a varios metros sobre el suelo.

Las llamas surgieron de sus manos, primero en misteriosos azules, entonces naranjas, amarillas, y rojas. Las llamas subieron sus brazos, lamiendo el borde de su largo cabello marrón, y mientras su calor era palpable, ni un solo punto de la tela o de su cabello se quemó.

- Soy Sesshomaru Basarab Dracul, nací en 1431 como mortal, pero renací en 1462 como un yokai. - Sesshomaru dijo, mirando fijamente los ojos de mi padre.

- Y soy uno más de los millones de yokais, ghouls, fantasmas, y demonios que viven en secreto entre ustedes. - Sesshomaru tu… reina del drama, se te paso la mano, ¿no crees? Pensé. Entonces un ruido sordo hizo que mi mirada se dirigiera a la derecha. Mi hermana se había desmayado.

Sesshomaru abrió el vino y vertió el líquido color rojo hasta el borde antes de entregarme la copa. Lo acepte como si eso fuera un salvavidas, tome un largo trago, sin gracia. En el lado positivo, mi padre ya no pensaría que estaba metida en un culto de juego de roles. En el lado negativo, él probablemente estaría al teléfono con el Pentágono ahora, ayudando a organizar un ataque a gran escala contra cualquier criatura que no tuviera pulso.

- Funcionarios de alto nivel de todo el mundo ya conocen de la existencia de nuestra especie, pero siempre y cuando no interfiramos en sus asuntos, ellos están felices de pretender que no existimos. - Sesshomaru me dio una mirada de sardónica diversión mientras vertía en su propia copa.

En verdad, yo estaba menos preocupada sobre mi padre diciéndole a alguien, que sobre él y Gretchen superando el horror de la existencia de los no muertos... y que yo estaba saliendo con uno de ellos. Ahora que estaba junto a mi familia, me di cuenta de lo mucho que los había echado de menos. Nosotros habíamos cometido errores, pero tal vez podríamos aprender a trabajar en ello como para tener algún tipo de relación. Si Gretchen alguna vez dejaba de gritar, claro.

- ¿Qué hay de tus otras novias? - murmure, tirándome sobre la cama.

- ¿Pudieron sus familias establecerse eventualmente? - Él se sentó a mi lado con una fluida, poderosa gracia que solo alguien con control sobre todos los músculos de su cuerpo podía exhibir. Si me hubiera movido así cuando tenía trece, hubiera conseguido una medalla de oro.

- Depende… Cinco de ellas eran yokais también. Fuera de los humanos, el último de la familia llego a aceptarlo, las dos anteriores no se lo dijeron a sus familias, la anterior a esa no tenía ningún familiar vivo, y la primera... su familia incito a otros en el pueblo a quemar mi casa mientras gritaban ¡Muerte al yokai! - él dijo, sorprendiéndome al responder lo que había sido mayormente una pregunta retórica.

- ¿Tienes casi seiscientos años de edad, pero solo has tenido diez novias antes que yo? - me eche a reír antes de que el profundo significado me cortara la respiración.

- Diez amantes, dos esposas, y unas cuantas docenas de anónimas cuando la soledad pudo más que mis estándares. - Wow. Sesshomaru dijo que era selectivo sobre con quien se acostaba, pero una parte de mí no lo había creído.

- La mujer del río. ¿Cuál de ellas era? - pregunte, sosteniendo su oscura mirada. Él puso su vino en el suelo.

- Mi primera esposa. Ella me dio un hijo, y unos años después mientras peleaba contra los turcos, conocí a Tenoch. Él me mostró lo que era, me convirtió, y luego se suicidó poco después de que él me viera en la locura de sangre inicial. Volví a casa con la intención de revelar a mi esposa en lo que me había convertido, pero mis acciones en el campo de batalla la habían alterado. Ella pensó que me había vuelto demasiado brutal. No parecía el momento oportuno para decirle que yo ya ni siquiera era humano. - Su boca se torció.

- Ya lo creo - dije suavemente.

- Tuve que evitarla para guardar mi secreto. - Otra sonrisa sin humor.

- Me fui a otra excursión militar y fuimos emboscados poco antes del amanecer. Los yokais no pueden morir con la luz del día, pero los yokais nuevos están exhaustos durante los primeros meses. Mientras estaba peleando, la luz del sol me derribo y mis hombres pensaron que yo estaba muerto… no era de extrañar puesto que ya no respiraba. Las palabras fueron enviadas a mi esposa, quien pensaba que los turcos estaban de camino para capturarla. Yo le había contado cómo me trataron bajo el Imperio Otomano mientras era un niño, y ella decidió que prefería morir que pasar por la misma brutalidad. Se arrojó al río desde el techo de nuestra casa, y ahí es donde la encontré después que desperté y volvía a decirle que estaba vivo. - Su voz era eso-sucedió, pero yo sabía la culpa que aun llevaba sobre su muerte.

- Lo siento. - Cubrí su mano con la mía.

- No lo hagas. Fue hace mucho tiempo. - Él tomo mi copa de vino, poniéndola en el suelo junto a la suya. Entonces quitó mis guantes. Una vez que mis manos estaban desnudas, él desabotonó su camisa, mirándome fijamente mientras el rojo de sus ojos aumentaba tragando ese rico tono dorado.

- Toda la pasada noche y hoy, he querido tus manos sobre mí. - Las palabras fueron ásperas por la lujuria mientras él se quitaba la camisa, revelando su musculoso pecho con su patrón de cicatrices y los abdominales hacían agua mi boca.

- No voy a esperar por más tiempo. - Lo miré y me lamí los labios. Sonaba bien para mí.

Continuara…