Fic

Café con Aroma Candy

Por Mayra Exitosa

Capítulo IX

La semana se fue como agua en un río, Candy ya estaba recibiendo sus equipos y todos los estantes donde archivaba bajo revisión cuidadosa sus documentos, el personal contratado ya estaba poniéndose en marcha y sabían cómo manejarse, el buen supervisor de su abuelo los ayudaba de mil formas y se fascinaba en el crecimiento de la cafetalera Andrew, comprendía por que tenían dificultades administrativas y las comentaba con Candy para que estuviera enterada. Así su abuelo era quien tomaba las riendas de esa administración mientras los demás empleados se repartían el trabajo con las otras administraciones.

Para Albert era soñar diariamente, tener a su mujer y un hijo era increíble, su niño no lo había rechazado, era agradable y adoraba a su bisabuelo, al parecer se identificaba mucho con él, ya que se quedaba muy tranquilo cuando estaba cerca, los dejaba trabajar y se entretenía sin llamar la atención siendo muy dócil su comportamiento. Candy comentaba sobre la visita a la hacienda Andrew donde se encontraba la abuela de su marido y había una sección de café gourmet que su padre había dejado en la sección alta de la hacienda, unida ahora a la de los Andrew, el abuelo curioso aceptaba ir, ya que sería un fin de semana, la boda de Archie y Annie era lo mas novedoso en la familia y el cumpleaños de la abuela era el festejo general de los cafetaleros.

La llegada de clientes a las oficinas comenzaba desde la mañana y era atender personal de una y otra administración que llevaba una variedad de negocios, Candy acomodaba sus agendas para liberar espacio y ahora contrataba una recepcionista para hacerse cargo de los negocios. Albert que la observaba a la distancia se sentía muy orgulloso, ella quería ser mejor para estar a su nivel y el solo deseaba recuperarla para que formara parte de su familia, era una luchadora incansable y desde que la había conocido se había robado su corazón, tener un hijo con ella lo había sorprendido y tener a su suegra pegada a su hijito era una bendición, ahora no lo dejaba ni a sol ni a sombra, por la noche llegaban a su departamento, donde aún se encontraban durmiendo, sin embrago, la casa ya estaba lista, con un decorador extra que el había llevado ara acomodar la hermosa casa que habían adquirido y como lo habían agregado al poner una cama enorme en la habitación que tenían para Candy, la de su hijo era igual de amplia y todo estaba muy bien planeado, como si su llegada no fuera incomoda, eso lo hacía sentir formar parte de su nueva familia.

- Candy, Amor, ¿ya tienes todo para pasar un fin de semana en la hacienda?

- Si Albert, ya todo se encuentra listo, mamá esta muy contenta con el decorador que le has mandado, en serio, es genial, le ha puesto una decoración precios a Peter.

- ¿Le comentaste a tu madre que también cambiamos el nombre de nuestro hijo?

- Si, William Peter Andrew White, le comenté que era para tomar en cuenta a los dos abuelos del niño. Y lo tomo a bien.

- Espero que cuando lo vena mis primos y mi abuela, no nos haga picadillo.

- ¿Me estabas animando a ir a la hacienda? ¿o tal vez a quedarme?

Albert la tomaba de su cintura, la abrazaba y bajaba su cabeza hasta tomar sus labios, dejando espacio para que ella se acomodara a él, estaba tan feliz que no cabía de la alegría de saberla suya y que ese tiempo separados, solo sea para ser más su mujer, tenía un hijo, una esposa, una suegra lindísima y un abuelo que le gustaba leer libros a su nieto, para dormirlo, era algo que no se había imaginado ni en sus mas locos sueños, una familia increíble, aun en las circunstancias en que la habían formado.

El viaje a la hacienda fue recordar detalles para ambos, al igual Maggie, quien emocionada mientras su yerno manejaba la camioneta y su hija iba al frente con él, sentía recordar como su vida le daba una oportunidad de nuevo de volver, donde Peter puso todos sus sueños, ahí estaba ella otra vez, su hija la había dejado más enlazada aun en la familia vecina de aquellos terrenos que tanto amor le di su marido y en el que había volcado todos sus sueños, pero ahora estaban ahí esta vez desde otra perspectiva, con nuevos bríos, con una nueva imagen, ya no estaba su madre, pero tenía a su padre a su lado y el estaba contento de formar parte de la familia.

- Candy, ¿le avisaron a la familia que venimos nosotros hija?

- Si mamá, William separo varias habitaciones en la mansión, también llegan familiares, por el cumpleaños de nuestra señora Elroy.

- Que gusto eso significa que estarán en cosecha pronto, en estas fechas veníamos de camino para enlistarnos a la pisca. Albert sonreía recordando que ella siempre traía a su hija a los cafetales, en recuerdo de su marido. Y el abuelo, continuaba recostado al igual que su hijo, dormidos en el trayecto.

La hacienda tenía mucho terreno y estaba expandido, había trabajadores por todo el pueblo, por la pisca que ya iniciaba, su mujer y su nueva familia iban con él esta vez, sería como volver a vivir su amor, donde todo había comenzado.

Candy bajaba estirándose por el trayecto en el vehículo y el ayudaba a bajar a sus familiares, para luego un sequito de personas llegaban por maletas, para acomodarlos donde el ama de llaves estaba asignando, había música, sillas y mesas, manteles de la fiesta de esa noche en el cumpleaños de la abuela, entrar con ella en su costado y su hijo en sus brazos, fue una alegría enorme para la abuela, los primos Stear y Anthony ya habían visto a su esposa, pero que tuviera un hijo los dejaba en silencio, a lo que este era presentado primero con la abuela,

- El es William Peter Andrew. Tu bisnieto Abuela.

- Pero si es precioso, mira que radiante y fresco llega a visitar a la familia, Candy emocionada comentaba,

- Se vino dormido todo el camino, no tardara en pedir alimento y agua.

- Es hermoso, ven acá hija. Candy era abrazada por la abuela y saludaba a su familia después de ellos, felicitándola por su cumpleaños ese día.

La tarde fue bella, la abuelita Maggie, no se separaba de su nieto, caminaba rumbo a la que fue su casa muchos años atrás y conversaba con el viento " Amor mira a nuestro nieto, es hijo del vecino de las tierras, así que lo tendrás muy seguido por aquí, como si lo hubiéramos planeado, puedes creerlo, recuerdas cuando viste a nuestra hija, que deseabas que tuviera un marido bueno y que la amara, hizo muy bien en elegir a su pareja y ahora tiene un hijo precioso, lo traje para que lo conocieras mi vida" El viento era la respuesta y su nieto reía agitando las manos, para salir de aquellos lugares.

La fiesta comenzaba, era una típica fiesta en aquellos lugares, pero así la disfrutaba la abuela, desde que se había refugiado ahí, en el trabajo y con su familia, para salir adelante después del dolor de perder a sus hijos. Hoy por fin tenía casado a Albert y a Archie, ahora le quedaban dos, pero no llevaba prisa, ellos estaban bien, y eran unidos y les gustaba estar con ella ahí, se habían vuelto especialistas en el café, en los negocios y en su vida, ella no intervenía, como se lo había dicho su hija, cuando comentaba, " Tu no elegiste con quien casarte, no fue de tu agrado tal vez, pero sabes que eso no es una culpa que se tenga que cargar, ni un destino que le tengas que ensillar a todos tus descendientes, eres parte del cambio, de las cosas que vemos hoy para mejorar mañana, no olvides que yo elegí a un perdedor, porque tengo fe en que el me ama y eso es lo importante" Mi hija y sus hermanos se fueron juntos en ese avión con sus parejas, hoy mis nietos son independientes pero siguen aquí, sin ser retados, echando su vida raíces, sin tener que inmiscuirse en sus decisiones, hoy son felices y eso, es lo que importa.

Candy brindaba tomada de la cintura por su marido, vestida de rojo, en un elegante vestido, mientras todos cantaban y festejaban por el cumpleaños de la abuela, ellos se escapaban y caminaban por entre los cafetales, para besarse, escaparse y tomarse como ambos lo deseaban, ahí estaba volviendo después de unos meses, había regresado, y él ahora no se despegaba de su lado. Habría problemas, negocios y temas en los que ambos podían tocar, el mejor tema para ellos era el amor, y ese no necesitaba palabras, la noche los sorprendía y abrazados en su cama desnudos ante la pasión que habían cada que estaban a solas y juntos, ellos se juraban ser felices y poner todo de su parte para no separarse y ser una familia, aun con toda la familia que tenían, ellos conservarían su independencia sin ser objeto de discusión, el amor que ellos deseaban imperara en su nuevo matrimonio.

- William Albert Andrew, no estamos casados aun por la iglesia, pero te juro que haremos lo que me pides, que nuestro amor será lo primero antes que nada y que amarte desde que te conocí ha sido el mejor de los regalos.

- El mejor regalo eres tú, aquí, en mi cama, junto a mí, eres el mejor de los regalos, señora Andrew.

La madrugada no les daba tregua, su descanso por fin se daba y ambos unidos, disfrutarían de todo cuanto viniera, dándole cara al futuro.

FIN


Muchas gracias por sus comentarios, una Historias de Albert y Candy

tratando de avanzar en todas las historias que aun están en espera, mil gracias por su paciencia.

Un abrazo a al distancia

Mayra Exitosa