Aquella mañana Castiel me preparó un desayuno de reina. Zumo de naranja con un café caliente y tostadas con queso y mermelada de fresa. Todo en una bandeja y servido en la cama.
"Castiel, eres increíble." Reí mientras me incorporaba y me cubría con su camiseta. "¿Me acompañas?" Pregunté inclinándome hacia la bandeja mientras cogía la tostada. "¡Esto está de muerte!" Exclamé al darle un primer bocado a la tostada.
"No sabía si te iba a gustar así que tenía preparado un plan B." Contestó Castiel mientras se lanzaba en la cama a mi lado, sujetando un bol de cereales entre sus manos. Sonreí como no lo había echo en todo este tiempo.
"Castiel, me gustaría hablar contigo." Dije tras recapacitarlo largo y tendido. Castiel me miraba mientras masticaba. "Este tiempo que hemos pasado mal..." Suspiré mientras intentaba aclarar mis ideas. "Me has hecho mucho daño." Castiel hizo el gesto de interrumpirme pero no le dejé. "Primero escúchame. Me sentí muy humillada y pensé que para ti no era nada más que un pasatiempo, igual que la chica de los pasadores. He conocido a gente así Castiel y no tenía fuerzas para volver a pasar por eso." Cerré los ojos un instante intentando retener un par de lágrimas. "A pesar de todo Castiel, me he enamorado de ti. Me he enamorado hasta las trancas. No puedo pasar ni cinco minutos sin pensar en ti."
"Didi...lo siento. Perdóname." Castiel soltó el bol de cereales y cogió mis manos entre las suyas, besándolas suavemente. "He sido un orgulloso. En vez de intentar reconquistarte cuando oí que estabas con Nathaniel." Ví como le costaba decir aquellas palabras. "En lugar de eso me dediqué a pavonearme delante de todos con distintas chicas..." Parecía como si Castiel no estuviera hablando conmigo sino consigo mismo. "No me merezco a alguien como tu. No te merezco." Agarré la cara de Castiel entre mis manos y lo bese.
"Salgamos a dar un paseo." Dije con una sonrisa mientras le empujaba para que se incorporara de la cama.
"Creo que voy a ir a darme una ducha. ¿Porqué no vienes conmigo? Así podemos hacer algo bueno por el medio ambiente y ahorrar agua." Río Castiel con picardía mientras tiraba de mi mano hacia arriba y me hacía seguirle hasta su baño. Creo que no ahorramos todo el agua que deberíamos haber hecho, pero estar tan cerca de él y en intimidad era algo que merecía la pena.
Salimos de su casa una hora después. Decidimos ir antes a la mía para poder ponerme otra ropa y así poder pasar todo el día en el parque jugando con Demonio y otros perros. Caminábamos los dos a la misma altura y en un momento dado, Castiel deslizó su dedo meñique alrededor del mío, dandome la mano cuando vio que aceptaba el gesto. Su mano era bastante grande en comparación con la mía y envolvía mi mano por completo.
Llegamos a la puerta de mi edificio riendo y bromeando acerca de cosas absurdas. Yo me metía con el tiempo que le dedicaba a prepararse para salir, mientras que él preveía que yo tardaría el doble. Estábamos tan absortos el uno con el otro que no nos percatamos de la figura que estaba sentada en los escalones de mi edificio. Mi corazón se paralizó por una fracción de segundo al ver como Nathaniel se incorporaba lentamente. En un acto reflejo tiré de la mano de Castiel hacia atrás.
"¿Qué sucede?" Preguntó girándose hacia mí. Demonio comenzó a ponerse nervioso y también tiraba de Castiel. Yo me quedé paralizada. "¿Didi, estás bien?" No podía artícular palabra alguna. Castiel cogió mi cara entre sus manos y siguió mi mirada. "Joder." Murmuró mientras se ponía delante mía y sujetaba con fuerza a Demonio.
"Alejate de ella." Nathaniel tenía un aspecto horrible y desaliñado. No llegaba a entender qué hacía ahí en mi casa. Se suponía que estaría de viaje hasta el lunes. Aún faltaban dos días para eso
"Esta bien Nathaniel." Castiel mantuvo la compostura. "Esto ha llegado al límite ya."
"No te metas entre nosotros. No te atrevas a hacerlo." Contestó Nathaniel en un tono frío mientras se acercaba lentamente a Castiel. "¿No tuviste suficiente la otra vez?"
"Nathaniel." Aunque no lo podía ver, sabía que Castiel estaba haciendo un gran esfuerzo por controlarse.
"¿Qué pasa, que no lo sabe?" Nathaniel rió y se giró hacia mí. "No es la primera vez que le roba la novia a alguien." Mis ojos estaban clavados en Nathaniel, intentando procesar sus palabras. "No te sorprendas. Siempre hace lo mismo: Te hace creer que estás en peligo y problemas para poder atribuirse el papel de salvador." No quería creerme las palabras de Nathaniel. "¿No lo sabías? Te creía más inteligente, Didi."
"Nathaniel." El tono de Castiel era más alto. "Cállate." Se giró hacia mí. "Solo quiere hacernos daño. No le escuches."
"Merece saber la verdad." Nathaniel seguía encarándose a Castiel, aunque esta vez dio un paso hacia atrás. "Lo has visto estos meses. Cada día había una chica distinta detrás suya. Está acostumbrado a hacerlo." Mi cabeza comenzó a quejarse y solté la mano de Castiel. "Lo hizo con Ámber, y mira. También lo hizo con Deborah y tuvo que huir de la ciudad." Miré al suelo e intenté hacer lo que Castiel me pedía. "En el momento que consiga lo que quiere te dejará y actuará como si no existieras. Didi... Él no te quiere como yo."
"¡Ya está bien!" Gritó Castiel mientras soltaba la correa de Demonio y cogía a nuestro delegado por el cuello de la camisa. "¡Qué cojones pretendes!" Preguntó enfurecido. "¿No le has hecho ya suficiente daño? Déjala vivir de una vez por todas."
"Si no es mía, no será de nadie." Siseó Nathaniel. Castiel lo golpeó contra la pared de mi edificio y le dejó en el suelo.
"Lárgate antes de que me arrepienta." Dijo mientras le empujaba y caía al suelo. Cogió mi mano y la correa de Demonio y nos metió en el portal. Cerrando la puerta tras él rápidamente. Nathaniel no llegó a tiempo a pararla y comenzó a golpearla. Grité aterrorizada. Me sentía tan impotente al no poder hacer nada. Al no poder defenderme. "No lo escuches, cariño." Sus ojos buscaban mi mirada pero la mía estaba distraída en cada golpe que daba. "Didi, cariño, mírame a mí. No, no. Deja la puerta. A mí, cielo." Hice como me dijo y comencé a sentir como mi respiración se calmaba un poco. "Eso es. Ahora, vamos a tu casa."
Entré nerviosa y lo primero que hice fue asomarme disimuladamente a la ventana que daba a la calle.
"Sigue ahí." Gemí con un dolor en el pecho. Estaba sintiéndome atrapada y era algo que me empezaba a afectar a mi salud.
"Maldita sea, voy a llamar a la policía." Dijo Castiel mientras se acercaba a mí y sacaba su teléfono.
"¡No!" Grité mientras le obligaba a bajarlo. "Por favor Castiel. No quiero problemas. Solo quiero que me deje tranquila." Castiel se negó diciendome que las cosas se estaban yendo de madre y que necesitaban intervenir los profesionales. "Por favor, Castiel. Es mi decisión." Dije con lágrimas en los ojos. Castiel suspiró antes de guardar el teléfono móvil y sentarse en el sofá de mi salón. Demonio le siguió y se sentó frente a sus piernas.
"Vamos a dejar lo de salir para otro día." Su tono de voz mostraba decepción. Me quedé mirándole desde la ventana y me acerqué en silencio. Me senté sobre su regazo y rodeé su espalda con mis brazos, apoyando mi cabeza en su pecho. El palpitar de su corazón relajaba mis nervios Nos quedamos así en silencio por unos instantes hasta que decidí preguntarle algo que llevaba en mi cabeza desde hacía unos minutos.
"¿Es verdad lo que ha dicho Nathaniel?" Sentí como su espalda se tensaba. "¿Estuviste con Ámber?" Mi corazón me latía a mil, temiendo a la posible respuesta que tardó, a mi parecer, una eternidad en llegar.
"Sí." Contestó finalmente. No lo miré. Seguí abrazádolo mientras asimilaba toda la nueva información. "Deborah empezó a tontear con Nathaniel y... No estoy orgulloso. Me puse tan celoso que necesitaba que escarmentaran los dos, así que cogí a Ámber y esa tarde me la llevé en mi moto a mi casa. Delante de Deborah y Nathaniel. No me costó mucho convencerla y..." Castiel terminó su historia. "Pero no me siento para nada orgulloso. Fue hace mucho tiempo y he cambiado." Sentía la angustia en la voz de Castiel, pero no me salían palabras para intentar calmarlo. "Te lo prometo."
"Entonces, otras chicas han estado en tu casa, ¿verdad?" Pregunté al cabo de un rato. Esa situación me estaba causando una inseguridad que no podía mantener.
"Didi, no creo que debas seguir con ese tema."
"Solo dime sí o no." Intenté mantener mi voz en un tono neutral aunque sentía como las fuerzas me fallaban algunos instantes.
"Sí." Respondió Castiel a regañadientes. "Pero ninguna en mi habitación." Añadió rápidamente. "Ahí solo entran las chicas especiales para mí." Me acarició la nuca con suavidad. Tenía que hablar las cosas con Castiel de una vez por todas.
"Pero Debrah sí fue especial, ¿verdad?" Me incorporé y miré a Castiel por primera vez desde que empezamos la conversación. Su mirada estaba ausente. "Durante estos meses, oí historias acerca de Debrah y lo unidos que estabais." Castiel seguía sin articular palabra pero sus ojos se encontraron con los míos. "No tienes por qué preocuparte. Creo que necesitamos tener esta conversación." Dije mientras cogía su delgada cara entre mis pequeñas manos y lo besaba con ternura. "Todo va a ir bien." Castiel asintió y comenzó a contestar a todas mis preguntas sin esconder detalle alguno. Sentí como la presión de mi pecho iba desapareciendo a medida que habláblamos.
"¿Puedo preguntar yo ahora?" Asentí con sorpresa. No esperaba que Castiel quisiera indagar más en mis asuntos. "¿Pizza, hamburguesa o chino?" Preguntó Casitel divertido al ver mi cara de estupor. "Voy a llamar para pedir comida. Empiezo a tener hambre." Asentí mientras le pedía que llamase a un restaurante chino cerca de mi casa. El pedido no tardó más de veinte minutos en llegar y cuando fui a pagar, Castiel negó con la cabeza. "Quiero invitarte yo." Sonrió mientras me besaba la frente y soltaba el pedido en el salón. Yo había traído unos platos y cubiertos, además de bebidas para acompañar la comida. Estuvimos hablando de las distintas comidas que nos gustaban hasta que Castiel decidió reanudar nuestra conversación anterior.
"¿Alguna vez sentiste algo por él?" Su pregunta me dejó desconcertada, pero tenía que ser justa y responderle con total sinceridad. Necesitaba oírme a mí tanto como yo necesitaba oírlo a él.
"Jamás. Pensé que con el tiempo conseguiría sentir algo, pero nada. Creeme que intenté buscar en él lo mismo que me hacías sentir tu." Confesé y Castiel arqueó una ceja. "Cuando te tengo cerca no puedo evitar sentir una corriente en mi interior. Haces que mi respiración se acelere y mi corazón comienza a palpitar tan fuerte que creo que se me va a salir del pecho." Sonreí tímidamente. Nunca pensé que llegaría a contarle todo eso a Castiel. "Castiel, me gustas mucho."
"¿Y por qué te fuiste con Nathaniel? No consigo entenderlo."
"Porque en ese momento mi orgullo actuó por encima de mi razón. Te lo dije. Me sentí dolida al pensar que solo querías jugar conmigo. Y Nathaniel apareció de la nada. Supongo que si hubiera sido cualquier otro, habría pasado lo mismo." Suspiré mientras me daba cuenta de lo infantil que había sido durante ese tiempo con Castiel.
"¿Alguna vez él y tu estuvistéis..." Castiel gesticulaba con su tenedor sin llegar a entender qué quería decir con esa pregunta. "Como tu y yo anoche." Mi cara se tornó roja en cuestión de segundos.
"¿Qué?" Exclamé mientras miraba para otro lado. "Por supuesto que no. No suelo hacer ese tipo de cosas con cualquiera." Mi cara se volvió roja y Castiel no pudo evitar reírse de mi. Quería que la tierra me tragara. ¿Por qué me hacía ese tipo de comentarios? Castiel se tomó unos minutos hasta que decidió finalmente parar de reírse de mí cada vez que me miraba. Nos quedamos en silencio durante un rato. Temía que volviera a hacerme alguna pregunta como la anterior.
"Siento haber sido un capullo contigo, Didi." Dijo finalmente mientras se recostaba en su silla. Lo miré seria con una ceja alzada. "Siento no haberte escuchado y haberme comportado este tiempo de la manera que lo he hecho. Debí haber luchado por ti desde el principio, y no querer hacerte daño con indiferencia."
"No tienes que pedir perdón, Castiel." Respondí con una dulce y sincera sonrisa. "Los dos nos equivocamos. No podemos volver al pasado, así que lo importante es que hayamos aclarado todo." Cogí su mano entre la mía y acaricié su dorso.
"Podemos empezar de nuevo." Contestó mientras entrelazaba sus dedos entre los míos. "Hola, soy Castiel y estoy loco por ti." Dijo inclinándose hacia mí. No pude evitar sonreír y besarlo tiernamente. Me sentía aliviada. Por fin había conseguido aclarar las cosas con Castiel. Por fin iba a poder estar con el chico del que realmente estaba enamorada.
