Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.
Capítulo 12 – Especial.
Sirius abrió los ojos y por unos segundos no supo donde estaba. Que a través de la ventana no viera ni un ápice de luz le confundió aún más. ¿Tanto había dormido? Se giró sobre si mismo y miró al techo. En ese instante recordó todo, todo lo que había ocurrido hacia tan solo unas horas. La misión, la muerte de los Prewett, el beso de Bellatrix, la increíble pasión que habían experimentado en ese dormitorio… En ese mismo dormitorio donde el techo estaba decorado con el emblema de los Lestrange. Rió, todo había dejado de tener importancia. Le daba igual Voldemort, la Orden, haber matado... No es que hubiera dejado de sentir, es que ahora lo hacía realmente.
–¿De que te estas riendo?
Giró la cabeza y se encontró cara a cara con Bellatrix. Esta le miraba entrecerrando los ojos y frunciendo los labios. Estaba enfadada. Le preocupó ¿estaría arrepentida? No podría soportar un rechazo.
–Yo… –Si es que se volvía un estúpido cuando tenía que hablar con una mujer, con "esa" mujer.
Bellatrix se incorporó tapándose con la fina sábana de seda pero dejando su espalda completamente desnuda. La escuchó murmurar, pero no fue capaz de entenderla, lo siguiente que supo fue que le estaba tirando toda la ropa que estaba desperdiga por la habitación.
–¡Fuera! –Le apuntó con la varita.
Bajo la atenta miraba de la bruja, se puso a duras penas su ropa interior. Sus peores miedos se hicieron realidad. Le estaba rechazando y no creía que pudiera continuar con el plan después de aquello. Bellatrix se envolvió en la sábana y fue detrás suya.
–Pero Bella…
–¿Piensas que puedes reírte de mí? –Le clavó la varita en la yugular. Si no le mataba de un hechizo lo haría perforándola. –Ya has conseguido que tu prima le sea infiel a su marido. Una nueva forma de elevar tu ego. –Las chispas de la varita le quemaban la piel.
Trago saliva con dificultad, pero se sintió aliviado. Bellatrix no estaba arrepentida, estaba enfadada porque creía que la había utilizado para satisfacerse. Aún con la varita clavada en su garganta y temiendo que una chispa acabase con su vida, se rió. Se reía porque todo el miedo que había sentido en los últimos minutos se había evaporado.
–¿¡Te vuelves a reír?! –Dejó de apuntarle y se apartó unos metros.
–Bella, me has malinterpretado.
Dudó. La bruja se ajustaba la sabana pero no movía ni un ápice. Le observaba y le analizaba. Ahora no solo es que necesitase justificarse para no morir, es que lo necesitaba para que esa mujer supiera que realmente la amaba. Puede que aún no lo confesase con palabras, pero era lo que sentía.
–Explicame como te he malinterpretado. Que una hombre se ria de forma socarrona tras un increíble encuentro sexual, me parece una burla.
Si le dijera quien se reía de forma más socarrona de los dos, habría una clara ganadora.
–¿Increíble? ¿Crees que soy increíble? –Preguntó con picardia. Había cosas y cosas, y primero era que le alabasen sus habilidades como amante.
–¿Quién dijo que "tú" fueras increíble? –Ahora la que reía de forma socarrona era ella. –El encuentro fue increíble, lo que significa que yo fui increíble. El noventa por ciento de todo fue gracias a mí. –Levantó la barbilla y le miró de forma altiva.
Aquello si que era una guerra.
–¡Oh claro! Por eso mi diez por ciento fue por el que más suplicabas. –Tenía arañazos en la espalda que lo corroboraban.
–Lo hacía para que no te durmieras porque apenas respondías.
Bueno, puede que fuera verdad, no la parte de dormirse, sino la de responder. Cuando Sirius Black se concentraba no había nada que pudiera distraerle, en aquellos momentos tenía un objetivo y cumpliría, y obvio que lo hizo.
–Pero no te quejabas…
–Tenía que conformarme con lo que tenia encima, literalmente. –La bruja se encogió de hombros.
Ahí ya estaba hiriendo su orgullo. Podrían decir muchas cosas de él pero decir que no era un bueno en la cama, era pasarse.
–Disculpa señora. –Se hizo el dolido. –No todo el mundo tiene la experiencia de haber pasado por cientos de camas.
Sí, se había pasado dos o tres paradas de Hogwarts, pero es que cuando discutía con ella no pensaba. Nunca lo hacía cuando era algo referido a ella.
–¡¿Me estas llamando puta?! –Volvió apuntarle con la varita. –¡¿Cómo te atreves?! –Estaba fuera de sí. –Le he sido infiel a mi marido contigo, he traicionado mis valores y la promesa que hice el día de mi boda. ¡Y lo hice por ti!
Definitivamente había metido la pata. Puñeteros miembros de la Orden que no hacían más que comerle la cabeza diciéndole que sus primas no eran más que las grupis de los mortifagos.
–Yo no…
–¡Callate! –Le temblaba el pulso. –Eres un idiota, machista y engreído. –Dejó de apuntarle y se dio media vuelta. –¿Bella que has hecho? –Hablaba para si misma. –Rodolphus te mata. Rodolphus le va hablar mal de ti al Señor Oscuro.
Ahora el que realmente se estaba angustiando era él. Joder Sirius, deja de ser un chulo y callate la boca de una vez. No haces más que fastidiar todas las cosas buenas que te pasan en la vida. No eres más tonto porque no puede haber una persona tan estúpida en el mundo. Tenía que dejar esa aptitud rancia que vendía al mundo y demostrarle a esa mujer que lo único que quería era estar con ella.
–Torturame.
¿Estaba loco? Puede que si, pero no le importaba, y si Bellatrix se calmaba y le perdonaba, no le importaba sufrir el cruciatus más potente del mundo.
La mujer se giró veloz.
–Lanzame todos los cruciatus que quieras. –Se abrió de brazos para que el hechizo impactase lo mejor posible. –Soy un idiota y no digo más que tonterías, porque sí, parezco que tengo quince años y no hago más que fastidiar a la chica que me gusta.
La bruja había dejado de fruncir el ceño. Eso era algo bueno, o solamente se estaba preparando para torturarle. Pero no, Bellatrix dejó la varita sobre una de las cómodas y se acercó a él.
–¿No te has acostado conmigo para añadir una conquista más a tu lista?
Negó con vehemencia.
–¿Ni piensas soy una puta?
Volvió hacer el mismo gesto.
–Solo un idiota podría pensar eso. –Y el había sido el mayor de todos.
–Fue Rodolphus… –La miró sin comprender. –El que comenzó los rumores con que yo me había acostado con medio slytherin. Le rechacé muchas veces antes de nuestro compromiso y no se lo tomó nada bien. Después intentó solucionarlo, pero ya era demasiado tarde.
Cada día que pasaba odiaba más a Lestrange.
–Lo siento Bella. Cuando me desperté me reí porque estaba feliz por lo que había pasado hoy, el éxito de la misión, el que me besaras y el que estuviéramos en aquella cama los dos. Simplemente estaba feliz y lo sigo estando.
Bellatrix suspiró pesadamente y aunque se resistía, una tímida sonrisa apareció en su cara.
–¿No estas arrepentido? –Aún parecía dudar.
–Jamás. –Nunca había sido tan sincero.
Se acercó a él.
–¿Repetirías?
–Todos los días de mi vida.
Bellatrix hizo que la separación entre ambos se terminase. Pero cuando estaba a punto de tirarse en sus brazos, la detuvo.
–Un momento… –Había algo que le asaltó. –¿Nunca le has sido infiel a tu marido? –Bellatrix negó con la cabeza. –Entonces… ¿Eso me hace especial?
La mujer puso los ojos en blanco.
–Especialmente idiota. –Iba a rechistar pero no le dejo. –Sí, eres especial o como quieras llamarlo. ¿Contento?
No espero más y la estrechó entre sus brazos.
–¡Mucho!
Se besaron, y a aquellos besos continuaron muchos otros, y no solo besos también largas jornadas de placeres que ninguno de los dos jamás había imaginado. El dormitorio principal fue testigo de muchas de las sesiones, pero no tardaron hasta que se unieron también el salón, el comedor, las cocinas, el baño… Solo se centraban en ellos y por primera vez en sus vidas, se habían olvidado del resto.
Voldemort y la Orden del Fénix.
¿Quiénes eran esos?
