Emma todavía recordaba el día en que se reencontró con su familia. Como si fuese ayer.

Admite que fue realmente grato y consolador hallar lo que en el fondo le hacía falta. Lo que añoraba sin saber exactamente qué era; sin embargo, no todo podía ser dulce como miel sobre hojuelas.

Podía ella convivir con sus hermanos, pero, algunas veces notaba la tristeza en su mirar o el cómo se esforzaban en sonreírle y casi siempre decirle, que ella no había cambiado, que seguía siendo la misma Emma de siempre; y aunque casi siempre le dijeran eso, ella no podía recordar —posiblemente, nunca lo haría— quién era la Emma de la cual ellos, siempre buscaban en ella.

(Esa Emma no iba a regresar, pero ellos lo negaban. Se negaban a creerlo).

Y eso, comenzaba a atormentarla, torturarla y preguntarse a sí misma: ¿Por qué no podía ser la Emma que sus hermanos pedían? ¿Por qué buscaban lo que ya no volvería? ¿Por qué se esmeraban en fingir que todo estaba bien cuando nada lo estaba? ¿Era normal sentirse a sí de afligida? ¿Por qué?

Una mano en su cabeza la sacó de su ensimismamiento, y alzó su mirada, llena de lágrimas y lo observó. Era Ray, con su siempre impasible semblante; y que lo que más le gustaba, eran esas sonrisas sinceras que sólo él podía dar.

Así como apoyo, amistad y consuelo incondicional.

— Te sucede algo — afirmó, con tono preocupado, casi endulzado —. ¿Quieres contarme qué es esta vez?

Sus manos se dirigieron a la mano que todavía reposaba en su cabeza, en un ruego silencioso de confort, mientras dos, tres, cinco lágrimas bajaban por su rostro.

— Perdón... No puedo ser la Emma que todos quieren que sea — se disculpó, con voz trémula y notablemente culpable, mientras sorbía su nariz —. Todos me sonríen, me abrazan y siempre me dicen lo mucho que me han extrañado... Pero a veces, muchas veces... Puedo notar sus miradas y sonrisas de tristeza, añoranza y nostalgia por una persona que ya no sé encuentra aquí. Y no puedo evitar sentirme mal por — se cortó a sí misma, sintiendo que el nudo en su garganta le impedía decir aquello que le molestaba, le amargaba —... Por no ser lo que ustedes quieren. No ser esa Emma que aman y extrañan.

(Ella se fue).

(Ella no va a regresar).

— No sé qué hacer, Ray.

El azabache se agachó a su altura —ella estaba sentada en la banqueta de la calle, frente a su hogar, y el parado en la desierta calle—. Y como en antaño, acarició sus cabellos en consuelo y cariño, con una sonrisa culpable.

— No pidas perdón, Emma — inició —. No tienes la culpa... Sólo nosotros por, buscar a la persona que perdimos hace mucho tiempo — se disculpó, entristecido pero sincero—. Perdón por hacerte sentir responsable, cuando en verdad, no es así. No eres la responsable de que nosotros estemos así... Es verdad que, en algún momento deseé que ella, que esa Emma, regresara y me animara como antes — suspiró, con pesar, pero incluso así, le sonrió de la forma más sincera —, sin embargo, hoy comprendí que la persona que conocí y amé más que nada en mi vida, cambió. Que la Emma que conocí cambio y no va a volver, y yo tengo que aceptarlo.

— ¿Incluso si es doloroso?

— Incluso si es doloroso.

— ¿...Por qué?

— Porque si no lo hiciera, realmente no te estaría amando a ti, sino a la imagen que tenía de Emma — la estrechó entre sus brazos, acariciando su espalda con una mano y con la otra, sus cabellos pelirrojos —. Y yo, aun así, quiero construir un futuro del que me sienta orgulloso, a tu lado. Y caminar a tu lado, no atrás... Quiero seguir estando ahí en cualquiera que sea tu decisión, porque yo todavía sigo confiando en ti.

(Quiero cumplir las promesas que le hice a ella. Pero que ahora, te las dedico enteramente a ti).

— Emma... ¿Podríamos volver a empezar?

Y ella se abrazó por completo a él. Sentía su corazón rebosante de calidez y alegría, acelerado, por esas hermosas palabras que, sabía, eran promesas.

Ya no importaban si fueron dedicadas a su antigua yo. Porque, ahora eran suyas. Suyas y de nadie más.

Sentía que, todo lo malo, simplemente podía ser derribado. Y, que ella, no estaba sola.

Sonrió entre lágrimas de alegría.

— Sí... Volvamos a empezar.