Capitulo Once
El resto del fin de semana no había podido dejar de pensar en Edward. Rememoraba una y otra vez nuestros encuentros y no podía evitar imaginarme ciertas escenas un poco más subidas de tono de lo que me hubiera gustado reconocer.
Quise pensar que parte del problema es que hacía muchos meses que ningún hombre me tocaba y que en realidad lo que me pasaba es que estaba extremadamente cachonda.
Así que el domingo por la tarde decidí ponerle remedio y saqué de fondo del cajón de mi mesita de noche mi pequeño vibrador.
Era una mujer con una misión. Cuando lo encendí y lo puse debajo de mis braguitas intenté imaginarme que era un desconocido el que me estaba tocando, pero era imposible. Pronto en mi cabeza aparecieron los ojos de Edward, su sonrisa. Fantaseé con que eran sus manos las que pellizcaban uno de mis pezones y me sorprendí al ver que hacía mucho tiempo que no me había puesto tan cachonda.
Aumenté la intensidad mientras me imaginaba como se sentirían los labios de Edward en mi cuerpo, sus dedos y su polla. Iba a tardar muy poco en correrme. Pero en ese momento mi teléfono móvil comenzó a sonar a mi lado.
Frustrada y casi sin aliento me giré para cortar la llamada, necesitaba poder terminar pero vi que el que me estaba llamando era mi padre. Si no le contestaba seguro que se preocuparía.
Descolgué mientras apagaba el vibrador "Hola papá"
"Bella, ¿estás bien? Suenas rara"
"Sí, solo es que estaba limpiando" me llevé una mano a la frente, no podía decirle a mi padre que había interrumpido lo que creía que iba a ser un orgasmo que me iba a hacer ver las estrellas "¿Cómo estás?"
"Bien, como siempre, esperando a que venga Billy para ver el partido" hizo una pausa de unos segundos "Espero que no hayas tenido que usar el spray de pimienta que te di en navidades"
Me reí porque en todas las llamadas me preguntaba lo mismo y era su manera de decirme que se preocupaba por mí "No papá, sigue intacto. Pero te prometo que lo llevo siempre conmigo"
"Así me gusta" hizo una pausa, Charlie nunca había sido un hombre de muchas palabras "Escucha, ¿sigues pensando en venir aquí de vacaciones en agosto?"
Asentí "Sí, como todos los años, ¿hay algún problema?"
"Verás, ¿te acuerdas de Sue?" claro que me acordaba de ella, Sue era la dueña de un pequeña tienda de antigüedades y lo que se podría llamar la única tienda de recuerdos de Forks "Ella y yo hemos comenzado a vernos y habíamos planeado hacer un pequeño viaje por la Costa Este en agosto"
Sinceramente no podía alegrarme más por mi padre. Desde que se divorció de mi madre nunca había estado con ninguna mujer, aunque aún era joven y se conservaba bien, pero parecía que a él le había afectado mucho más la separación que a mi madre.
"Eso es genial papá"
Pude notar su sonrisa a través del teléfono "Había pensado que podríamos hacerte nosotros una pequeña visita allí. A Sue le encantaría conocer Nueva York"
"Claro, papá no hay problema. Este piso no es muy grande, pero para unos días supongo que podremos apañar algo"
"¿Seguro que no resultará un problema? Podemos buscar un hotel"
"No digas tonterías. Os quedaréis aquí conmigo. Solo avísame con tiempo que días vendréis para organizarlo todo"
"De acuerdo. ¿Cómo está Alice?"
Seguimos hablando durante unos minutos más y para cuando hube colgado y vi el vibrador sobre mi cama ya no me encontraba de humor, así que lo lavé y lo devolví a su sitio en el cajón.
A decir verdad me encontraba un poco avergonzada por haber estado masturbándome pensando en mi jefe. Pero no podía dejar de pensar en él. Tenía un problema y no sabía como solucionarlo.
El lunes por la mañana me descubrí escogiendo la ropa del día siguiente con más cuidado y dedicándole más tiempo a mi pelo y maquillaje. Aunque intentara negarlo sabía cual era el motivo. Edward Cullen.
Pero ese día Edward no apareció por la oficina, ni al día siguiente y no pude evitar decepcionarme. Cuando le llamé tampoco me había cogido el teléfono y tan solo me había mandado un mensaje en el que me decía que no estaría disponible para nadie. Y eso me incluía a mí.
El miércoles ya había llegado cuando entré en la oficina, me acerqué a saludarlo pero parecía que había vuelto el Edward frío y distante. No sabía por qué pero eso me provocaban ganas de llorar.
"Cancela la reunión con Jane y el almuerzo con Matthew. Reserva una mesa para dos en el Nobu de Broadway el jueves por la noche a mi nombre" me ordenó sin levantar la vista de su móvil "Y te acabo de enviar el archivo con la presentación para la reunión del jueves, necesito que lo arregles con imágenes corporativas y demás" Tomé nota de todo lo que me decía y asentí. "¿Crees que podrás hacerlo?"
Odiaba cuando me trataba como a una niña pequeña. Quise responderle con alguna bordería, pero parecía que Edward no estaba ese día de humor.
"Sí" dirigí mi vista a la pantalla del ordenador. Si él quería volver a comportarse como un cretino no iba a permitir que eso me afectara. Tomé la decisión de que por mi salud mental lo mejor era alejarme de él, tanto física como emocionalmente.
Pero esa tarde cuando recibí un email en el que prácticamente me llamaba estúpida por no haber incluido en sus gastos mensuales una comida de trabajo (de la que yo por cierto no tenía ni idea porque no aparecía en su agenda) decidí que iba a consumar mi venganza por el asunto del ratón.
El jueves tenía lugar la reunión mensual de la editorial encabezada por Edward, en la que explicaba la situación de la empresa y los jefes de sección discutían algunas propuestas. Yo también debía acudir para realizar el acta de la reunión.
Le entregué el pen drive donde se encontraba el power point de su presentación con una sonrisa triunfante y me dispuse a tomar asiento lo más alejada que pude de donde se encontraba Edward.
Todos tomaron asiento en la gran mesa de la sala con sus portátiles lo que me hizo sentir un poco fuera de lugar porque yo solo me había llevado mi bloc de notas. Edward conectó su portátil a la gran pantalla para que todos pudiéramos ver la presentación y comenzó a hablar.
Era la primera vez que lo veía hacer algo como aquello y me dejó un poco impresionada. El hombre que tenía delante de mí no era el Edward malhumorado de los dos días anteriores. Mientras continuaba con sus explicaciones me di cuenta de la confianza que tenía en sí mismo y el encanto que desprendía no me afectaba solo a mí sino a todos los que estaban en aquella sala. Todos le reían los chistes sinceramente y no por obligación y asentían cuando razonaba una de sus explicaciones. No había otra palabra para describirlo, pero ese hombre exudaba magnetismo por todas partes.
Me había quedado mirándolo fijamente y en un par de ocasiones Edward fijó sus ojos en los míos durante más tiempo del que yo consideraba apropiado y estaba segura de que él sabía lo que esa mirada provocaba en mí. Decidí que lo mejor sería no levantar la vista de mi bloc de notas.
A medida que avanzaba la presentación me fui poniendo más y más nerviosa porque sabía lo que iba a ocurrir y comenzaba a dudar de que realmente aquella broma que había preparado fuera apropiada.
Unos momentos después toda la sala estalló en carcajadas y Edward desconcertado se giró hacía la pantalla donde aparecían dos pequeños gatitos lamiéndose sus hocicos, pulsó el botón para pasar a la siguiente diapositiva de la presentación y esta vez apareció otro gato jugando con ovillo de lana, lo que intensificó aún más las risas en la sala
"Vaya Cullen, no sabía que te iban ese tipo de cosas" Aro prácticamente tuvo que gritar para hacerse oír.
Durante unos segundos temí haber ido demasiado lejos, no era la mismo que me avergonzara delante del chico de IT que delante de otros miembros de la dirección de la editorial. Pero en ese momento Edward soltó la primera carcajada sincera que le había visto desde el sábado por la noche y yo volví a sentir mariposas en el estómago.
La reunión continuó sin más sobresaltos y cuando terminé de recoger mis cosas de la mesa Edward ya se había ido.
El viernes tampoco apareció por la oficina y me dije a mi misma que era lo mejor. Cuanto menos lo viera menos podría afectarme. Y a pesar de sus cambios de humor tenía que reconocer que lo echaba de menos.
"Buenos días, ¿podrías pasarme con Edward?" me preguntó una voz de mujer.
"Disculpa, está reunido. Si quiere puedo dejarle un mensaje de que ha llamado"
"Dile que soy Tanya" insistió "Necesito hablar con él y no me coge el teléfono"
Suspiré exasperada, ¿por qué todo el mundo pensaba que mentía cuando les decía que estaba en una reunión? "Lo siento mucho, pero como le digo, no puedo pasarle. Estaré encantada de dejarle una nota con su mensaje"
La chica bufó al otro lado del teléfono "De acuerdo. Dile que ha llamado Tanya, ya sabe quién soy, y que se ha dejado su reloj en mi casa, que venga a buscarlo lo antes posible porque esta noche me voy a Milán" colgó el teléfono sin despedirse.
Pensaba que la mesa que le había reservado para la noche anterior era por algo relacionado con los negocios, pero era para algo más personal. Me dolió saber que había pasado la noche con otra mujer, cuando yo prácticamente todos los días fantaseaba con él en la intimidad de mi habitación.
Te ha llamado Tanya. Tu reloj está en su casa. – B
No me contestó. Había estado equivocada al pensar que Edward podría sentirse atraído por mí como yo lo hacía. Tenía que borrar a Edward Cullen de mi cabeza. ¿Pero como iba a poder hacerlo cuando tenía que verlo prácticamente todos los días?
Así fue como el viernes por la tarde decidí mandarle un mensaje a Riley, el chico que había conocido en la discoteca para preguntarle si le apetecía tomar una copa el fin de semana. Quizá moralmente no estuviera muy bien utilizarle para olvidarme de otro hombre, pero me había quedado sin ideas. Me contestó que estaría ese fin de semana en Washington atendiendo una convención de periodistas, pero que estaría encantado de salir conmigo el fin de semana siguiente. Acordamos escribirnos unos días después para fijar una fecha.
El fin de semana pasó sin que apenas me diera cuenta. Había salido a comer con las chicas y cuando terminamos me encontraba un poco más deprimida. Alice no dejaba de hablar de lo fantástica que era su relación con Jasper y tenía la impresión de que Rosalie se estaba colgando más de lo que nos quería hacer creer por el bombero.
Esa noche Rose había quedado para tomar unas copas con unas antiguas compañeras del instituto y a Jasper lo habían invitado a una fiesta a la que quería llevar a Alice para que conociera a sus amigos. Alice había insistido en que fuera con ellos pero yo me había negado porque sabía que había muchas posibilidades de que terminara encontrándome con Edward. Por supuesto eso no fue lo que le dije a mi amiga, si no que no me encontraba muy bien.
Había comenzado a ver El apartamento cuando mi teléfono móvil sonó con un mensaje.
¿Seguro que no quieres venir? – A
No, Alice, no me encuentro muy bien. Además ya me he puesto el pijama - B
Si necesitas que vaya me lo dices – A
No me gustaba mentirle a Alice, sobre todo porque sabía que se preocuparía. Pero no me atrevía a contarles la verdad a mis amigas, porque tenía la impresión de que si lo decía en voz alta se haría más real.
No te preocupes, pásalo bien y deslúmbralos a todos - B
Una hora después recibí otro mensaje
Edward está aquí. Ha preguntado por ti – A
Era triste que mi primer impulso hubiera sido vestirme e ir a la fiesta. Pero sabía lo que ocurriría si iba allí, Edward y yo tendríamos otra de esas conversaciones que tanto disfrutaba y acabaría más confundida de lo que ya lo estaba.
Apagué el móvil y decidí que era hora de acostarme.
Cuando al día siguiente me desperté vi que tenía una llamada de Edward. Me dije a mí misma que nada podría ser tan importante un domingo a las 10:00 que no pudiera esperar. Así que me duché, me vestí con tranquilidad y me dirigí al pequeño café que había más abajo en mi calle.
Después de pedir el tamaño más grande que tenían de café y una pasta me senté en una pequeña mesita al fondo del local. Después de dar un par de sorbos saqué mi móvil.
¿Algún problema? – B
A pesar de que me había llamado yo había preferido escribirle un mensaje. Tenía un toque más impersonal.
Unos segundos después mi móvil me avisó de que había respondido.
Ya está solucionado - E
Saqué el libro que llevaba en el bolso dando la conversación por finalizada, pero unos minutos después volvió a sonar la notificación de un nuevo mensaje.
¿Todo bien? – E
¿Qué quería ese hombre de mí? Iba a acabar volviéndome loca si es que no lo estaba ya.
Sí - B
En ese momento la pantalla de mi móvil me informó que Edward me estaba llamando. ¿Qué quería? ¿Charlar? Le di a la tecla roja.
Ahora no puedo hablar. Nos vemos el lunes en la oficina - B
Ok - E
Cuando el lunes por la mañana me levanté me encontraba de muy mal humor. Tanto que no me aguantaba a mí misma. Y todo parecía empeorarlo, desde los platos que había dejado la noche anterior sin lavar, hasta la chica que había rozado sin querer mi pierna en el metro.
Fui directamente a la oficina sin pasar por el Groundhog Café, a mi no me disgustaba el que había en la oficina y si Edward prefería el de allí ya podía ir a buscárselo él.
Me senté en mi escritorio sin haber dirigido una mirada al despacho de Edward y comencé a trabajar. Ese estado de ánimo era perfecto para mi productividad. Evité a Edward como quien evita una plaga, si tenía que dejarle algo en su despacho lo hacía cuando estaba segura que no él estaba, me aseguré de salir a mi hora de comer antes de que lo hiciera y volver después que él hubiera regresado.
Intentaba mantener el tono de mis mensajes lo más seco posible y si Edward me llamaba por teléfono lo despachaba lo antes posible. Fui especialmente cuidadosa para que no tuviera ni usa sola queja sobre mi trabajo.
El martes por la mañana cuando pasó por delante de mi mesa vi que se quedó plantando allí unos segundos, pero seguí anotando cosas en la agenda de papel sin hacerle caso. Lo oí suspirar antes de desaparecer en su despacho.
Una hora después recibí un email suyo en el que me reenviaba una convocatoria de una reunión que tenía esa mañana acompañado de un mensaje.
Bella,
A las once te espero en la recepción del edificio. Necesito que me acompañes a la cita con Matthew.
Edward
Fruncí al leer aquello, Edward tenía cientos de reuniones y jamás me había pedido que le acompañara a ninguna. Me emocionaba acudir a alguna, y más si era con uno de los grandes agentes de escritores de la ciudad, pero pasar tiempo a solas con Edward no me hacía especialmente ilusión.
Cuando llegué a la entrada Edward ya estaba esperándome allí y me sonrió al verme, yo, en cambio solo asentí la cabeza. Cuando nos sentamos en la parte trasera del Audi negro que nos llevaría hasta el edificio donde tendría lugar la reunión yo intenté mantenerme lo más alejada posible de él. Saqué el teléfono móvil para mantenerme ocupada durante el trayecto, revisando mi correo.
Después de unos minutos Edward pareció cansarse del silencio "Bella…"
"Al señor Thomas le gustaría mover la comida que tenéis del miércoles al jueves de la semana que viene" le interrumpí "No tienes nada más en la agenda, así que le diré a Kristy que no hay ningún problema"
Me dispuse a redactar el email aunque notaba como Edward no dejaba de mirarme. Finalmente se dio por vencido y él también sacó su teléfono móvil.
El tráfico era muy lento a pesar de que no estábamos hora punta, el conductor informó a Edward que habían cortado una de las calles pero que igualmente llegaríamos a tiempo. Cada minuto que pasaba en ese coche lo sentía como una hora al notar su cuerpo a unos centímetros del mío y su olor que inundaba todo el aire.
Cuando al fin llegamos y salí del coche inspiré profundamente, hacía tiempo que no me encontraba tan tensa en su presencia. Edward colocó una mano en mi espalda para guiarme por el edificio y no pude evitar estremecerme, pero no me aparté.
Matthew Andrew pareció casi tan sorprendido como yo de que asistiera a esa reunión pero no tuvo mayor inconveniente. Edward se justificó diciendo que quería que aprendiera todos los entresijos de la profesión. Así que mientras los dos hablaban sobre el nuevo contrato que Martin Frank debía firmar, yo me quedé sentada preguntándome por qué demonios Edward me había llevado allí.
Después de una hora salimos, pero el Audi no estaba esperándonos.
"Había pensado que podríamos ir a comer algo"
"La verdad es que preferiría volver a la oficina"
Edward parecía casi tan cansado como me sentía yo "¿Hay algún problema?"
"No lo sé, Edward, dímelo tú"
"Vayamos a comer y lo hablamos. No podemos seguir así"
"Tú eres el que manda" parecía incapaz de contener mi mal humor. "Conozco un sitio aquí al lado, los mejores bocadillos de toda la ciudad" Intenté sonreír, pero estaba segura de que tan solo me había salido una mueca.
Edward y yo caminamos en silencio hasta el local. Por suerte parecía que había una mesa en la terraza, pero cuando fui a sentarme en una de las sillas de metal me encontré justo enfrente de Jacob que parecía levantarse para irse ya.
"¿Bella?" su sonrisa se ensanchó aún más "He estado a punto de no reconocerte"
Mierda, me había olvidado de que a Jacob también le encantaba ese pequeño restaurante. De hecho, había sido él el que me había llevado por primera vez allí.
"Es el vestido" me reí mientras nos abrazábamos unos segundos, aunque por el rabillo del ojo podía ver como una chica no me quitaba la vista de encima con cara de pocos amigos "A ti también se te ve bien"
Y era verdad, se había cortado el pelo y parecía que había cambiado un poco su forma de vestir, pero sobre todo parecía más feliz, al menos más que los dos últimos años que habíamos estado juntos.
"Gracias" Nos quedamos ahí unos segundos mirándonos con una sonrisa el uno al otro. Porque a pesar de todo por lo que habíamos pasado estaba realmente contenta de verle. "Te presento a Emily…" pareció dudar un momento "mi novia. Emily esta es Bella, ya te he hablado de ella"
"Encantada de conocerte" pero en sus ojos vi que estaba de muchas formas menos encantada. Vi como tiraba disimuladamente de la camiseta de Jacob y no pude evitar reírme.
"Nos tenemos que ir" se excusó Jake "Ha sido genial verte"
"Lo mismo digo" observé como se iban con las manos entrelazadas. Emily tenía casi el mismo tono de piel que Jacob y sin duda el mismo color azabache de pelo y casi era de su misma altura.
"¿Son pareja? Casi parecen hermanos" comentó Edward una vez que nos hubimos sentando, casi leyéndome el pensamiento. No pude evitar reírme, pero en seguida recordé que estaba enfadada con él. Aunque si en ese momento me hubiera preguntado por qué me hubiera quedado en blanco.
"¿Podemos hablar?" me preguntó después de que el camarero nos hubiera tomado nota.
Asentí.
"¿Sabes que han despedido a Laurent?"
La semana pasada había recibido un email de Angela contándome que Jane se había reunido con Laurent y diez minutos después había dejado la empresa. Nadie sabía los motivos y todos estaban sorprendidos porque Laurent era uno de los mejores editores de ficción, incluso había ganado algún que otro premio.
"Sí, me enteré la semana pasada cuando ocurrió"
"¿Y sabes el motivo?"
Negué con la cabeza aunque no entendía muy bien porque Edward quería hablar de los cotilleos en la empresa.
"Estaba manteniendo relaciones sexuales con Irina"
Irina era una de las ayudantes de su departamento. Me quedé un poco sorprendida no solo porque nunca hubiéramos sospechado nada, si no porque Laurent era como 15 años mayor que ella y además estaba casado.
"Pero era consentido, ¿verdad?"
"Sí"
"Entonces, ¿cuál es el problema?"
Edward dio un trago a su cerveza antes de responderme "Laurent era el jefe directo de Irina, ¿qué crees que hubiera pensado la gente de ella si se hubieran enterado de la relación que mantenían?"
"¿Y qué importa lo que los demás piensen? Debería bastar con el trabajo que hace." Empezaba a ver qué era lo que quería decirme Edward con toda aquella conversación.
"Estoy de acuerdo" sonrió "Pero si le hubieran dado más responsabilidades o la hubieran ascendido todo el mundo habría pensado que no era por sus méritos si no por tirarse al jefe, y no me refiero solo a la gente de la editorial"
A pesar de que entendía perfectamente lo que estaba diciendo Edward no pude evitar intentar discutirlo "Sigo sin entender por qué la empresa tiene que meterse en la decisión libre de dos personas adultas"
En ese momento el camarero nos trajo los bocadillos.
"Eso nos lleva al siguiente motivo" continuó Edward mientras echaba salsa picante a su bocadillo de carne mechada "¿Hasta qué punto podemos decir que la decisión de Irina ha sido libre cuando la relación que mantenía no era con un igual sino con una persona que de una manera u otra ejercía cierto poder sobre ella?"
"Comprendo" de repente se me había quitado el hambre.
"Las cosas incluso podrían haber salido peor, nos podríamos haber enfrentado a una demanda por mala praxis e incluso por acoso sexual"
Me sentía como si me hubieran tirado un gran jarro de agua fría y después me hubiera pasado un camión por encima.
Sus ojos verdes se volvieron a clavar en los míos. "¿Entiendes lo que quiero decir, Bella?"
Claro que lo entendía. No importaba si yo me sentía atraída por Edward o él por mí, era imposible que pudiera pasar algo entre nosotros dos. Y no sabía si sentirme decepcionada o aliviada.
