Jugando con las cartas Clow

-¿Así que Tao Chien es pariente de la familia Li? –preguntó Syao resumiendo la historia donde Tomoyo la había dejado.

La amatista negó con la cabeza –no necesita ser de la familia Li para poder estar apto para tomar o no el trono del Reino, bueno al menos no antes cuando tu abuelo vivía – Syao vio a la mujer aun confuso –verás, antes el rey se escogía con las familias reales más pudientes del reino, en este caso, el trono siempre solía quedar o en la familia Li o en los Chien. Excepto que como los Chien formaron parte del consejo de magos, y la fama que tienen este consejo no es muy buena; el consejo debería ayudar a regular la magia en los reinos, pero en su lugar les gusta dejar magias ocultas en personas con las que ellos pueden salir beneficiados –hizo una pausa, como para que Syao asimilara todo lo que le había dicho –entonces, con esa fama, decidieron entregar mejor el derecho a trono a los Li, además de que habían sido mejores los gobiernos cuando un Li estaba al mando. Según las leyes, cuando tú abuelo subió al trono, un rey solo podía ser rey si estaba casado; y allí fue también en el punto en que Hien Li le ganó a Tao Chien. Porque tú abuela ya estaba embarazada de la mayor de tus tías cuando Hien fue elegido como gobernador.

-De manera que Chien solo dejó pasar los años y cuando estuvo listo planeo su venganza contra los Li –añadió Syao.

Tomoyo sonrió y asintió –ahora, con eso claro, sigamos la historia…

SAKURA

Estaba en la habitación que compartía con Syaoran, descansando un rato después del almuerzo. Después de todo lo que me contó Eriol y de tanto pensar me sentía un tanto fatigada, todavía no había visto a Syaoran, pero Eriol me aseguró que se encontraba bien. Estaba a punto de quedarme dormida, cuando el castaño entró a la habitación de golpe haciendo saltar del susto. Puso el cerrojo a la puerta y arrojo unas ropas a la cama.

-Cámbiate rápido, saldrás conmigo –me ordenó, se dio la vuelta y entró al baño de la habitación. Diría por su estado que había estado cabalgando toda la mañana.

Obediente pero talvez no tan a prisa como Syaoran me lo había pedido, me removí en la cama, y me arrastré hasta donde había tirado la ropa Syaoran. Me di cuenta que era ropa de cabalgar, pero de mujer, es más era mi ropa de cabalgar, si de esas que me hacia Tomoyo para cuando la ocasión surgiera. Tomé la ropa y me cambié tras el vestidor como siempre, me vi frente a el espejo y mientras me hacia una media cola en el pelo. Le sonreí a la imagen de Syaoran a tras mió, pero él no me sonrió de regreso, solo se quedó observando fijamente. Me miré en el espejo una última vez antes de girarme hacia él, estaba más que segura que le había pedido a Tomoyo que le diera algo de esta ropa para traérmela. ¿Quién más me ofrecería una ropa tan provocativa si tuviera la idea de que iba a salir con Syaoran? Llevaba un corsé azul celeste, que hacia que mi busto se elevara de una forma provocativa, pantalón negro ajustado para rematar con un par de botas largas. Solo a Tomoyo se le ocurriría tal cosa, y para ser sincera esperaba que la idea de mi amiga funcionara a la perfección…

Al fin me giré hacia Syaoran, esperando a que él no se molestara por hacerlo esperar. Él se acercó a mí, tomó mi mano y en la palma colocó mis cartas Clow. Yo lo vi confusa, pero él no me respondió, entrelazó sus dedos con los míos y comenzó a jalarme fuera de la habitación.

-No hay tiempo, te diré en el camino –me dijo en voz baja.

Yo lo seguí obediente, mi corazón estaba acelerado por caminar tan a prisa, no me di ni cuenta cuando ya estábamos en el establo del castillo y los criados le estaban entregando el caballo a Syaoran. Él, con poco esfuerzo, me tomó de la cintura y me alzó hasta sentarme en el caballo, con agilidad se subió el atrás de mi. Dándole la orden al animal, salimos cabalgando del castillo con rapidez.

No lo negaré, iba nerviosa, en especial porque solo íbamos Syaoran y yo. Aunque no supiera donde no me importaba si él me llevaba consigo de esa manera. Dejamos el reino atrás y comenzamos a cruzar un valle verde, miré por el hombro de Syaoran, eran muy pocas las ocasiones en las que había salido de mi hogar - ¿A dónde vamos? –le pregunté al fin, ya estábamos bastante lejos, no creería que alguien nos escucharía.

-Lejos, lo más lejos posible –me contestó sin dejar de ver el camino, yo fruncí el ceño, esa no era una buena explicación y a pesar de que me gustaba ir con él, al menos me tendría que decir si es que me estaba raptando o no. Vi como él me miraba por el rabillo del ojo –tienes que usar esas cartas, lastimosamente Chien tiene razón, si no usas esa magia Yue y Kerveros no podrán mantenerse y eso no nos sirve de nada.

Me encogí en sus brazos, solo disfrutando de la vista, una vez que dejamos atrás el valle, nos adentramos en un bosque. Syaoran zigzagueaba con el caballo entre los árboles, hasta que al fin encontró un pequeño claro en medio del bosque. Que incluso si a mi me preguntaba no sabría decirles como llegar –Haz buscado este lugar toda la mañana ¿Verdad?

Syaoran se bajó del caballo y colocó sus manos en mi cintura –tenía que estar seguro –me contestó. Cualquiera que hubiera estado en su lugar por lo menos me hubiera sonreído, pero Syaoran solo me bajó al suelo sin emoción alguna reflejada en su rostro –diría yo que tiene una hora Sakura, antes de que el sol comience a ocultarse, partiremos a esa hora.

Asentí a esa orden, conjuré mi báculo mágico y comencé a jugar con mis cartas.

Viento, vuelo, salto…con la atenta mirada de Syaoran a mi espalda. Una vez que percibimos los destellos anaranjados del los rayos del sol, me detuve y Syaoran sin esperar más me ayudó a subir al caballo y emprendió la marcha. Solo que ya no llevaba la misma rapidez de antes, creo que el animal estaba cansado por haber hecho el viaje dos veces, en especial porque la segunda vez tuvo que cargar con un peso más.

-¿Le ha dicho Eriol lo que hable con él esta mañana? –le pregunté a Syaoran una vez que toda la plática del dibujo de Kee vino a mi mente. Vi como Syaoran fruncía un poco el entrecejo, había olvidado que él había hablado con Eriol para que no me dijera las cosas tan simplemente, y se lo hubiera reclamado por ser tan grosero de su parte…pero ya habíamos pasado una tarde tranquila, y pelear no era una de las mayores cosas que quería hacer en ese momento. Y mucho menos cuando estaba a solas con él –tuvo que decimelo –le dije defendiendo un poco a Eriol, luego le expliqué lo del dibujo de Kee. Él se quedó pensativo, pero no me dijo nada. Yo estaba demasiado cansada por haber usado tanta magia, me comenzó a dar sueño, apoyé mi cabeza sobre el hombro de Syaoran, enrollé uno de mis brazos en su cintura, solo por la precaución de no caerme. Y en cuanto menos lo pensé ya estaba dormida.

Cuando me desperté ya no estaba en los brazos de Syaoran, sino acostada en nuestra cama. Me restregué los ojos y con la pequeña luz que se mezclaba en la orilla de la puerta me di cuenta que había dormido de más. Me revisé en el espejo y al ver que todo estaba bien, decidí salir de la habitación para no pasar de haragana. Me di cuenta que ya todos deberían de estar tomando la cena, así que me apresuré hacia el comedor, para mi suerte apenas y acababan de comenzar a servir el primer plato.

¡Que bueno porque realmente tenía mucha hambre!

-¡Me alegra que nos acompañes hija! –Exclamó mi padre cuando me vio entrar en el salón –estaba a punto de mandar a alguien a buscarte –le sonreí a mi padre y caminé directo hacia el lugar que siempre ocupaba con Syaoran, él se levantó de su puesto y como era de costumbre me ayudó a sentarme a su lado.

-Li nos ha dicho que te has cansado en el viaje –dijo mi hermano dándole una mirada seria a Syaoran.

-Espero no le hayas arruinado los planes por ello –añadió mi padre con tranquilidad, como para quitar la nota de desagrado que tenía mi hermano. Y es que fuera o no fuera Syaoran, era alguien del sexo opuesto que tenía que estar relacionado conmigo, eso mi hermano no se lo pasaba a nadie.

-No señor fue antes de llegar a palacio –dijo al fin Syaoran antes de que yo pudiera contestar, pero le sonreí y asentí apoyándolo.

La plática disminuyó hasta que todos tuvieron un plato frente a ellos, solo unos cuantos comentarios equivalentes pero sin importancia. Hasta que mi padre volvió a hablar, ya casi cuando toda la cena estaba terminada y la mayoría solo estaba sentada allí por los últimos minutos de conversación. Yo sentí la tensión y curiosidad de Syaoran avivarse de una sola vez –Tao querido ¿Tu hijo ya se encuentra mejor?

-Descansa, pero estará bien para mañana –respondió con sencillez Tao Chien.

Eriol y Syaoran intercambiaron una mirada, pero yo no tuve ni idea de lo que se dijeron o no entre ellos. Sentí el brazo de Syaoran correr por el respaldar de la silla para atraerme hacia él, cuando estuvo cerca se inclinó y como si estuviera dándome un beso me susurró -¿Tú viste a Takeru está mañana antes de irte conmigo?

Me incliné hacia él y dándole un beso en la mejilla le susurré –con Eriol, pero no parecía enfermo, si es lo que quieres saber. –él no me dijo nada más al respecto, pero tampoco quitó su brazo de mi cuello, quizás solo para aparentar mejor las cosas. Yo aproveché para tomar su mano y jugar con sus dedos entre los míos. Cuando levanté la mirada me sonrojé, noté que varios en la mesa nos observaban con ternura, otros con desgana como mi hermano.

Luego de levantarnos de la mesa me fui en dirección a mi habitación, quería cambiarme de ropa. El corsé estaba bien para la tarde, cuando no había ningún aire helado que me estremeciera tanto, pero no alcancé ni a llegar al umbral de la puerta cuando Tomoyo me encontró y me dijo que Syaoran me estaba esperando en los jardines. Con lo persuasiva que es Tomoyo, ya no pude ni siquiera darle la idea de que quería cambiarme pues el clima ya no era el adecuado. Ella simplemente me sonrió, si con una de sus sonrisas traviesas que hacen que me sonroje, para decirme con picardía –si el joven Syaoran está allí dudo mucho que sientas frío. -Así que a regañadientes caminé hasta el jardín junto con Tomoyo, hasta que encontré a Syaoran recostado sobre el troncó de un árbol. El castaño observaba de lejos como jugaba su sobrina con Eriol, Tomoyo se separó de mí y fue hasta donde estaba Kee jugando.

-¿Y bien? –dije cruzándome de brazos por el frió que empezaba sentir -¿Para que me has mandado a llamar?

Syaoran me observó por unos instantes, me respondió como si acabara de decir la mayor tontería del mundo –Takeru Chien es el único que está dentro de las habitaciones, ¿No soy tan idiota como él cree para dejarte allí sola? Ese no es mi trabajo.

-Como digas –le dije encogiéndome de hombros, me froté los brazos para lograr algo de calor, tenía que olvidarme de que tenía frió. Comencé a ver jugar a Kee, pero cuando mi mirada se puso en Eriol me acordé de inmediato de lo que tenía que preguntarle a Syaoran –Syaoran, ¿Me dirá entonces?

El se puso de pie correctamente, se quitó la chaqueta que llevaba puesta, quedando solo en esa camisa blanca maga larga, de tela delgada, con la que a mi me gustaba tanto verlo dormir. Aunque no me sonrió, me extendió un brazo para que yo tomara su mano. Yo la miré confusa, ¿Era mi imaginación o Syaoran estaba siendo lindo conmigo? Aun así, cualquiera que fuera la respuesta no iba a negarle nada a él, no quiero y no creo que querré. Tomé su mano y él me jaló hasta quedar muy cerca de él, coloqué sus manos en su pecho y una vez más lo miré confusa. Él corrió las manos por mis hombros, colocándome su chaqueta, yo corrí los brazos por ella, me quedaba enorme pero no importaba; olía a él y además me estaba dando el calor que necesitaba.

-Gracias –le dije mirándolo a los ojos, aun exigiendo una explicación con mi mirada.

Él se inclinó hasta chocar su nariz con la mía –nos están observando –me dijo Syaoran y entendí que la amabilidad solo se resumía a que él aun seguía fingiendo ser mi esposo -¿entonces porque cree usted que actuó a mi manera? –me preguntó Syaoran recordándome lo que le había pedido.

Sonreí, pudo ver por el rabillo del ojo a mi padre y a Tao Chien en una conversación, pero que aun así ambos nos observaban con detenimiento. Me atreví a darle a Syaoran un casto beso en los labios, me giré y me alejé un poco de él. Vi como él se volvió a recargar contra el tronco de un árbol –Eriol me habló de tú padre, realmente no le eh preguntado, pero creo que yo saqué mi propia conclusión.

-¿Entonces? –preguntó Syaoran alzando una ceja con perfección. ¿Por qué diablos tenía él que ser tan condenadamente sexy?

Me mordí el labio, y evitando todo pensamiento le morboso con él, le contesté –creo que usted quería mucho a su padre. Y pienso que cuando murió le afecto mucho su muerte, tanto que dejó o descuidó muchas cosas que para usted eran importantes. Entonces se le metió la idea de que si alguien siente algo por alguien es una persona débil, porque la persona a la que quiere lo debilita, puede salir dañado. Como usted seguro creo que está cuando se enteró de que la muerte de su padre no fue natural, en especial porque nunca supieron quien lo acecino –me sonrojé, por decir todo aquello abiertamente, él me miraba atento -¿Estoy en lo cierto? –pregunté tímidamente.

Una sonrisa burlona apareció en su rostro, si no lo conociera me daría algo de miedo -¿Y se le ha ocurrido todo eso a usted sola? –yo asentí sintiendo como el color en mis mejillas se hacia mas fuerte. La sonrisa desapareció y con simpleza me contestó –pues tiene razón princesa.

Quise saltar de alegría pero no era precisamente el momento adecuado –Syaoran, ¿Cómo puede decir eso? –Le pregunté desconcertada –es…es…no lo se. ¿Quiere que le diga lo que pienso?

-Me lo dirá de todos modos –me contestó Syaoran con molestia, si tan bien me conocía, aun así me sonrojé.

-Que sienta algo por alguien no lo hace débil, al contrario, lo hace un ser mucho más fuerte porque no está solo –le dije sin querer verlo en realidad –nadie salvaría a alguien si no se preocupara por los demás, ninguno de sus amigos estaría dispuesto a ayudarle en una pelea o en lo que fuera si no lo quisiera realmente.

-¿Qué le hace pensar que yo necesito que me ayuden? –me preguntó con ese tono y esa dures en su semblante.

Yo le sonreí débilmente y lo miré –no dudo que sea muy bueno defendiéndose, Syaoran. Pero usted sabe a lo que me refiero…

Syaoran hizo una mueca y con un tono burlón –entonces…según su teoría ¿Se sacrificaría por mí?

Me sonrojé muy fuerte esa vez, miré hacia mis pies –usted sabe que es lo que siento por usted –le dije en una voz muy quedita, pero estoy segura que me pudo escuchar. No se de donde salió el valor que ocupaba para verlo a los ojos, y detenerme a unos pasos de él, mientras hablaba había estado caminando de un lado a otro y él solo había estado escuchando –haría muchas cosas por usted Syaoran, créame. Me diga o no me diga que siente lo mismo, yo le vuelo a decir lo mismo que le dije la otra noche: yo lo amo Syaoran. Me enamoré de usted y lastimosamente eso no se borra tan rápido para su gusto –nos quedamos en silencio por varios minutos, tenía la mirada perdida en sus ojos chocolate, pues aunque su rostro era duro como la piedra creía que sus ojos eran como un espejo de su corazón. Y yo solo quería saber si ese órgano latía aunque fuera unos segundos por mí. Lo demás pasó tan rápido que casi no puedo recordarlo con exactitud. Se que recorté la distancia en un instante, aun no recuerdo porque. Se que me colgué del cuello de Syaoran y lo abracé con fuerza, como lo había hecho aquella noche para darle las gracias. Se que me alejé un poco de él, para ver su rostro de nuevo, y cuando encontré sus ojos con los míos, sentí un horrible dolor en mi espalda. Cerré los ojos por unos segundos y caí prácticamente en los brazos de Syaoran cuando sentía que el dolor me invadía. Abrí los ojos de nuevo, pero a penas y podía distinguir la silueta de Syaoran, que gruñía y a gritos daba mi nombre. Él dolor se hizo más intenso, y lo último que vi fue la silueta del rostro de Syaoran mientras él me cargaba en sus brazos.


En medio de la confusión que había en el castillo en ese momento. Tao Chien entró en la habitación de su hijo con un portazo, se acercó a la figura de Takeru Chien que miraba con detenimiento las llamas de una pequeña chimenea frente a él.

-¡Idiota, le has dado a la chica! –reprendió Tao en voz baja, pero se podía escuchar la rabia en el tono de su voz.

Sin embargo, con enorme calma, Takeru respondió a su padre –lo se, fue inevitable – suspiró con cansancio para luego seguir –ella se había alejado de el imbecil de Li, cuando ya había apuntado ella se arrojó a sus brazos –un poco de rabia entró en él en lo último que dijo, pero con un nuevo suspiró se volvió a relajar –ahora solo nos queda esperar.

Takeru se movió de su lugar, Tao miró con preocupación a su hijo, su plan se viene a bajo entero si la chica no se recupero. Curioso, miró el fuego de la chimenea que su hijo había estado contemplando hace unos minutos, un arco sin flechas se quemaba lentamente en medio de las llamas.