Capítulo 9

Jasper eligió el restaurante Tetsuya's, listado entre los cincuenta mejores del mundo, para su última noche con Alice. Habla tenido que esperar dos meses para conseguir una mesa e incluso había tenido que retrasar sus planes para poder disfrutar de aquella cena especial antes de destrozar a su padre.

Jasper miró el reloj mientras esperaba a que Alice llegara, consciente de que no quería perder ni un minuto de aquella última cita. Ni siquiera eran las siete en punto. Sabía que echaría de menos el placer de su compañía, y más aún el fantástico sexo que habían compartido, pero sabía que era ridículo tratar de alargar el tiempo que podían pasar juntos.

Había sido estupendo. Pero ella era la hija de Cullen y una vez que él se vengara, Cullen no podría contener su rencor y también lo pagaría con ella. Acabaría echando a Alice de su casa si no se ponía de su lado. Y aunque ella decidiera no hacerlo y se marchara a casa de su hermano... No, no haría tal cosa. Se quedaría junto a su madre para ahorrarle todo el sufrimiento posible.

Esa noche sería el final de su relación.

No tenía sentido darle más vueltas.

Además, una vez que consiguiera su objetivo querría continuar con su vida y buscar el tipo de relación que habían tenido su madre y su padrastro, formar una familia y compartir buenos momentos con su esposa y sus hijos. Por muy atraído que se sintiera por Alice Cullen, no conseguía encajarla en ese tipo de relación.

Por muy apasionada que fuera en la cama, estaba decidida a continuar con su propia vida sin implicarse en una relación con él. Para Jasper eso era la confirmación de que el matrimonio no le resultaba atractivo, algo comprensible si se tenía en cuenta su pasado familiar. Tener una relación de amantes era lo único que un hombre podría conseguir con Alice. Saber que ella no le daba demasiada importancia a la relación hacía que terminar la aventura amorosa que compartían resultara más fácil. Él le había ofrecido placer. Esperaba que el recuerdo de todo aquello no se viera demasiado manchado por el dolor que sus actos provocarían en el hogar de la familia Cullen.

La semana anterior se había planteado si contarle o no lo que iba a suceder y explicarle el motivo. De algún modo le parecía que sería justificarse demasiado y no tenía por qué, no cuando lo que iba a hacer era buscar justicia, y tarde o temprano sería evidente para todo el mundo. Además, desde un principio le había dicho a Alice que no quería desearla.

Todo saldría a la luz muy pronto. Lo mejor para ambos era que disfrutaran de la última noche juntos.

Alice entró al restaurante con una amplia sonrisa. Llegaba diez minutos tarde por culpa del transporte público que había tenido que tomar para llegar a Kent Street, donde estaba el restaurante, pero por fin había llegado para pasar otra noche con Jasper. Y allí estaba él, levantándose de la mesa en la que estaba esperándola.

Alice sintió que se le aceleraba el corazón. Cada vez que lo veía le pasaba lo mismo. Y su manera de sonreír al verla, provocaba que la invadiera la alegría. Quería a aquel hombre y le encantaba estar con él. Deseaba de todo corazón poder compartir con él algo más que una noche a la semana.

Aunque sabía que no sería sensato implicarse demasiado, y menos cuando todavía tenía que sacarse el título universitario. Estaba a mitad de curso. Algunos meses después... ¿Estaría Jasper esperando a que finalizara sus estudios para pedirle que tuvieran una relación más seria? Se llevaban bastantes años de diferencia. Quizá él también fuera consciente de eso. Fueran cuales fueran sus motivos para mantener una relación tan limitada, ella confiaba en que, tarde o temprano, eso cambiaría. Juntos lo pasaban de maravilla, demasiado bien como para que aquella relación terminara algún día.

Alice no pudo evitar besarlo en la mejilla antes de sentarse.

-Siento llegar un poco tarde. El autobús ha tardado mucho. No paraba de subir y bajar gente.

-No hay problema -le aseguró él-. Ya estás aquí. He estado mirando el menú y esta cena promete ser una experiencia fantástica.

-¡Vaya! Estaba deseando que llegara este momento.

Él se rió al verla tan emocionada. A Alice le encantaba su manera de reír, y cómo se le iluminaba el rostro al hacerlo.

-Me gustaría que pidiéramos el menú de degustación. Consta de ocho platos. ¿Estás dispuesta? -preguntó él.

-¡Ocho platos!

-No serán muy grandes. Pero ofrecerán una maravillosa variedad de sabores.

-Déjame ver -estiró la mano para que le pasara el menú. La lista de platos que Jasper sugería era irresistible-. Me parece muy bien -dijo con decisión.

Una vez más, Jasper tendría que pagar una fortuna por la cena pero, como a él no le importaba, Alice se negaba a sentirse culpable. Era su elección. Él sonrió, consciente de que ella estaba encantada de ceder a la tentación.

-Me estás convirtiendo en una niña mimada con todo esto, Jasper.

-Tú me has dado más de lo que el dinero puede comprar, Alice. Debería darte las gracias por ser como eres.

¿Eso sonaba como una despedida? Alice frunció el ceño al oír sus palabras. Sin duda, él sólo intentaba hacerla sentir bien.

-No me cuesta mucho ser yo misma -dijo ella.

Él negó con la cabeza.

-No imagino que pudiera disfrutar tanto cenando con otra persona.

Ella se relajó y sonrió.

-Entonces, debería agradecerte el hecho de que seas como eres, porque yo tampoco creo que disfrutara tanto cenando con otro hombre.

-Me alegro de que estemos de acuerdo en ese punto.

Ella se rió.

-Creo que estamos de acuerdo en muchas cosas.

-Cierto. ¿Pedimos la cena?

Él llamó al camarero mientras Alice se aseguró en silencio que todo iba bien entre ellos.

Una vez más, pasó una estupenda velada con Jasper. La cena fue sensacional. Fue divertido disfrutar de los diferentes sabores y compararlos con lo que habían comido en otros restaurantes. Alice se dirigió al baño antes de marcharse del local y, de regreso a la mesa, sintió otro instante de inseguridad.

Jasper no estaba mirando a ver si ella regresaba. Estaba pensativo, y con una expresión seria en el rostro. Era evidente que algo iba mal, algo acerca de su vida privada que nunca compartía con ella. ¿No era hora de que lo hiciera? Llevaban casi tres meses compartiendo una relación íntima. Sin duda, ya la conocía lo bastante como para poder confiar en ella y contarle lo que pasaba por su cabeza.

Cuando Alice llegó a la mesa, él sonrió.

-¿En qué estabas pensando, Jasper?

Él negó con la cabeza y esbozó una sonrisa mientras se ponía en pie.

-En el pasado. No tiene nada que ver contigo, Alice. He llamado a un taxi. Nos está esperando fuera.

Él la agarró del brazo y ella frunció el ceño al oír su evasiva.

-Quiero saberlo -dijo ella.

-Estaba pensando en mis padres. Y en cómo disfrutaban comiendo juntos.

-¡Oh! -Alice sintió que le daba un vuelco el corazón. Era evidente que Jasper se había entristecido por el recuerdo, pero tenía la sensación de que también tenía algo que ver con ella... Quizá lo relacionaba con lo de sus cenas en los restaurantes y con cómo había disfrutado con ella. Tenía la sensación de que su relación era más importante para él de lo que estaba dispuesto a admitir.

-He reservado una habitación en el Park Hotel -dijo él, mientras salían del restaurante.

Otro hotel. Ella sabía que estaba cerca de Hyde Park, en el centro de la ciudad, y que por la mañana sólo tendrían que recorrer un corto trayecto entre Paddington y Woollahra. Siempre se decepcionaba al ver que él no le pedía que fuera a su casa, pero Alice decidió no presionar.

El recorrido en taxi lo hicieron en silencio. Alice tenía la sensación de que él le apretaba la mano más fuerte de lo normal y ella estaba impaciente por meterse en la cama con él.

Era evidente que el deseo que sentía el uno por el otro no había desaparecido. En cuanto cerraron la puerta de la habitación del hotel se abrazaron, besándose como si no existiera el mañana, desnudándose lo más rápido posible para poder satisfacer el deseo que los invadía por dentro.

Hicieron el amor con más intensidad que nunca, y Alice sintió que Jasper le importaba de manera más personal, no sólo en el plano sexual. Tardaron mucho tiempo en quedarse dormidos y, por la mañana, ella despertó al notar que la estaban acariciando con ternura. Ella se volvió para abrazar a Jasper y él se encargó de excitarla rápidamente. Nunca hablan tenido relaciones sexuales por la mañana, pero ese dia si las tuvieron y Alice lo interpretó como que la relación estaba cambiando.

Después de un buen desayuno, se ducharon y se prepararon para marchar. Estaban en la puerta de la habitación cuando Jasper se volvió para besarla de nuevo de forma apasionada, provocando que Alice no pudiera olvidar la sensación del beso hasta llegar a la recepción. Tenia la esperanza de que él le pidiera que lo acompañara a casa en lugar de que cada uno continuara su camino.

Un taxi los esperaba en la puerta del hotel. Jasper abrió la puerta para que Alice entrara y ella se acomodó en el otro extremo para dejarle espacio a él. Sin embargo, Jasper no entró en el taxi, sino que se agachó para hablar con el conductor e indicarle la dirección de Edward y darle un billete de veinte dólares.

Sorprendida, Alice le preguntó:

-¿No vienes conmigo?

Él la miró a los ojos con una expresión sombría.

-No. Tengo que ir a otro sitio, Alice -dijo con decisión-. Ha estado muy bien-le acarició la mejilla-, Gracias.

Retiró la mano y cerró la puerta del taxi, indicándole al conductor que arrancara.

Alice estaba demasiado asombrada como para reaccionar. Permaneció callada, sintiendo cómo se estrellaban todos sus sueños y expectativas. ¡Habla sido un «adiós»! No un «volveremos a vernos». Jasper no habla mencionado nada acerca de una próxima vez.

Alice trató de comprender por qué. No habla motivos para abandonar algo que habla estado bien. Él la llamarla durante la semana. Aquello no podía terminar así. Sin embargo, cuanto más pensaba en ello, más sentía que él habla estado toda la noche despidiéndose. ¡La última cena, la última relación sexual, el último beso, la última caricia!

Pero quizá se equivocaba. Quizá, quizá...

El taxi se detuvo frente a la casa de Edward. Alice se despidió del taxista y se bajó del vehículo. Miró el reloj y vio que eran casi las once. Esperaba que Eddie estuviera tomando el brunch con sus amigos, porque no le apetecía tener que hablar con él. Y menos cuando experimentaba una gran mezcla de sentimientos negativos.

¡No tuvo suerte!

Él estaba sentado en la mesa del salón, leyendo el periódico con una taza de café en la mano. En cuanto ella entró en el apartamento, la miró y le preguntó:

-¡Hola! ¿Has pasado otra noche estupenda con el chico de oro de papá?

-Sí. Una noche estupenda -dijo ella, con apenas entusiasmo en la voz.

Él la miró extrañado.

-¿Tetsuya no ha cumplido tus expectativas?

-Sí, totalmente -dijo más animada.

-¿Estás enferma? ¿Te pasa algo?

-No.

-Entonces, ¿por qué tienes ese aspecto de moribunda?

Ella suspiró, aceptando que no podría ocultárselo a Edward.

-Creo que Jasper se ha despedido de mí esta mañana, y yo no estoy preparada para decirle adiós -dijo ella, encogiéndose de hombros.

Edward puso una mueca y se levantó de la silla.

-Ven a sentarte. Te prepararé un café. A lo mejor te anima un poco.

Ella se sentó en una silla, como si estuviera agotada.

-¿Por qué crees que ha sido una despedida? -preguntó Edward, mientras le servía el café.

Alice recordó la escena.

-Me ha metido en un taxi, me ha acariciado la mejilla y me ha dicho: «Ha sido estupendo, Gracias». Normalmente comparte el taxi conmigo y me dice dónde nos veremos la próxima vez, pero esta mañana ha cerrado la puerta sin más.

-Ha sido estupendo... -repitió Edward. Negó con la cabeza, y le llevó el café a la mesa, sentándose frente a ella-. Si dijo que había sido estupendo...

-No. Estoy segura de lo que hablo, Eddie.

-Parece que ha sido una manera muy tajante de decir adiós. ¿Tienes idea de porqué?

-No. Ninguna. Y por eso estoy tan descolocada.

-¿No eres consciente de ninguna cosa negativa que haya pasado entre ustedes? Por ejemplo, ¿que se estuviera aburriendo con la rutina que habían establecido?

-No soy estúpida, Eddie. Sabría que se estaba aburriendo.

-Está bien. No se estaba aburriendo pero se ha despedido de ti a pesar de los placeres que compartíais. Eso sólo deja una posibilidad, Alice -dijo Edward.

-¿Cuál?

-Que ya ha cumplido con su propósito.

Ella lo miró confusa.

-¿No comprendo? ¿Qué propósito?

-Te apuesto a que tiene algo que ver con papá.

-Pero hemos mantenido nuestra relación al margen de él -protestó ella.

-Tú sí, pero ¿cómo puedes saber que Jasper también?

-Él me prometió...

-Alice, Alice... Desde un principio te advertí que es un hombre que juega a todas las bandas. Por algo se ha convertido en la mano derecha de nuestro padre. Es evidente que se ha esforzado por ganarse la confianza de papá. También por ganarse la tuya. Pero permite que te recuerde que James Bond tiene su propio juego y creo que te ha utilizado según ese dicho de «ámalas y déjalas...».

James Bond. Alice había dejado de pensar en Jasper como ese personaje. Él era el hombre que ella quería, al que deseaba, y con el que soñaba compartir el resto de su vida. ¿Había sido tan idiota como para engancharse a él? ¿Y Jasper no sentía nada por ella aparte del deseo de llevarla a la cama? ¿Cómo podía ser que los intensos sentimientos que él había provocado en ella fueran unilaterales?

La manera en que habían hecho el amor aquella mañana le había hecho creer que él sentía algo más por ella. Eddie tenía que estar equivocado. A Alice no se le ocurría ningún motivo por el que él hubiese podido utilizarla. Lo más seguro era que tuviera algo importante que hacer aquella mañana, y que deseara haberse quedado con ella. Quizá la llamara durante la semana.

Edward negó con la cabeza.

-No quieres creerlo, ¿verdad?

-Supongo que el tiempo lo dirá, Eddie -contestó ella-. Vamos a dejarlo, ¿quieres?

-Está bien. Entretanto, quédate con lo positivo. Has disfrutado de varias cenas en restaurantes elegantes, te has alojado en hoteles de lujo, y has tenido una buena dosis de sexo estupendo. No han sido tres meses tan malos, Alice.

Ella puso una sonrisa tristona.

-No, nada malos.

«Pero quiero más. Quiero a Jasper Hale. Y espero conseguirlo».