Saludos
AJ
Disclamer: Todo el mundo de HP pertenece a JK R. Yo solamente me entretengo con sus personajes.
…
XIX
De patronus y apariciones
Harry estaba en la biblioteca intentando encontrar algo entre la multitud de libros y pergaminos que tenía extendidos sobre la mesa. Se llevó la mano a la cicatriz y suspiró, se quitó las gafas, se pasó las manos por la cara y revolvió su pelo con frustración.
Esto era algo que Hermione hacía a diario pero Harry sentía que en aquella sala, con aquellos libros, estaba más cerca de su amiga y ahora, con la culpabilidad carcomiéndole por dentro al no haber podido mantenerla a salvo, necesitaba estar allí.
Ron se fue a dormir en cuanto Remus y Tonks se marcharon, pero él ni siquiera lo intentó, demasiada tensión acumulada, demasiada preocupación, demasiada angustia, demasiado todo.
Llevaba tres horas leyendo, intentando encontrar algo para destruir el horrocrux, porque sabía que si Hermione estuviera con ellos haría precisamente eso. Pero era incapaz de encontrar nada.
Se echó la mano al cuello, palpando sobre la camiseta el guardapelo y suspiró una vez más.
—¿Qué haces? —Ron entró bostezando y se acercó, dejándose caer sobre la silla de al lado de Harry.
—Intento encontrar algo, lo que sea, que nos ayude a destruir los horrocruxes.
—¿Y hay algo?
—Nada —se recostó sobre el respaldo levantando las manos con impotencia.
—Ojalá Hermione estuviera aquí —Ron miró los libros con una mueca de disgusto —es como volver a Hogwarts a buscar información en la biblioteca sobre cómo encontrar la Camara Secreta mientras ella estaba petrificada—dijo frunciendo la nariz — completamente inútil.
Harry no pudo evitar una sonrisa recordando que su amigo tenía razón. Hermione era la que encontraba respuestas entre los libros, la que conseguía interpretar una frase o una palabra en medio de todas aquellas hojas de papel y tinta. Y cuando fue petrificada en segundo año, Ron y él estuvieron completamente perdidos hasta que encontraron la respuesta que ella les dejó.
Cerró los ojos con fuerza. Si le había pasado algo… no podría soportar la culpa de saber que lea había arrastrado en aquella misión suicida.
—Todo es culpa mía —dijo en un doloroso susurro.
—¿Culpa tuya? —Le miró desorientado, como si no supiera de qué estaba hablando —¿Qué dices Harry? ¿Por qué iba a ser culpa tuya?
—¡Por esto Ron! —Se sacó de un tirón el guardapelo y se lo mostró, levantándose de la silla —Esto es MI responsabilidad, MI misión.
—¿Estás loco? —Ron se levantó también y le miró sacudiendo la cabeza — Esto no se trata de ti y los demás, Harry, sabes que somos un equipo, te guste o no. No tienes la culpa de que se cayera del dragón.
—Si no hubiera estado ahí…
—¡Eso es una tontería Harry! Es Hermione, ella está bien. Seguro que está bien. Lo único que no me hace gracia es que esté con Malfoy —su rostro reflejó malestar.
—Mejor con él que sola, Ron
Él gruñó aunque parecía estar de acuerdo con Harry.
—Deberíamos seguir con….
Ron se calló y se giró cuando las llamas de la chimenea comenzaron a crepitar con fuerza y oyeron la voz de Remus
—¡Harry! ¡Ron!
Ambos chicos corrieron hacia las brasas en las que se materializó la cara de Lupin.
—¿Remus? —Harry se arrodilló en el suelo — ¿Qué ocurre?
—¿Habéis encontrado a Hermione?
—No —dijo Ron agachándose junto al moreno
—Vaya, esperaba que estuviera ya allí. Tenemos problemas
—¿Mis padres están bien?
—Si Ron, en la Madriguera todo está bien. Pero Grinmauld Place no es seguro ¿Me oís? Tenéis que salir de allí
—¿Cómo? —Harry miró a Ron y ambos tenían iguales rostros de estupefacción y horror —¿Por qué?
—No hay tiempo. Tengo que irme —dijo susurrando —salid de allí.
—¿Qué ocurre? —Dijo Ron aguantándose las ganas de gritar.
Pero Remus ya no estaba en la chimenea.
—Tenemos que irnos —dijo Harry con decisión poniéndose de pie.
—¿Irnos? ¿A dónde Harry?
—No lo sé —volvió a tocarse la cicatriz —lo pensaremos mientras recogemos —se acercó a la puerta —Coge tu mochila, meteremos todo lo que podamos allí.
—Necesitaremos muchas cosas si vamos a salir ahí fuera solo con las mochilas.
—Bien —se giró a mirarle —¿Recuerdas el bolso de Hermione?
—Claro —dijo con un resoplido.
—Un hechizo de extensión indetectable
—Eso es magia avanzada Harry. Ni siquiera sé cómo pudo hacerlo Hermione
—Por suerte —dijo regresando a la mesa y rebuscando entre los pergaminos que tenía allí — Hermione se dejó ciertas cosas aquí —puso sobre la mesa uno de los papeles y señaló con un dedo un párrafo escrito con la letra de su amiga —creo que si pude aprender a convocar un patronus, seré capaz de hacer este hechizo a mi mochila.
—Bien —Ron asintió confiando plenamente en él —empecemos entonces.
De pronto llegó hasta ellos el brillo inconfundible de un patronus en forma de nutria, plateada y hermosa
—Hermione —susurró Harry
Se escuchó la voz de la chica, clara y nítida.
— Harry ¿Estáis bien? Estamos en el Bosque de Dean tenemos que encontrarnos.
Ambos se miraron y dejaron escapar el aire a la vez, terriblemente aliviados.
— Será difícil llegar hasta allí sin el coche volador de mi padre —masculló Ron
—Pero tenemos escobas —dijo Harry con una enorme sonrisa
….
Draco dejó la pluma sobre la mesa y se frotó la dolorida muñeca antes de estirarse y bostezar.
Llevaban tanto rato leyendo y tomando apuntes que no sabía ni la hora que era, pero sí que su estómago empezaba a reclamar algo de comer.
Granger se había levantado un poco antes y había salido a tomar el aire porque, según había dicho, sus neuronas tenían que desconectar un rato.
Él también necesitaba darse un respiro, tenía la cabeza llena de hechizos, pociones, conjuros e ingredientes y ni así había conseguido encontrar algo que les fuera a ser útil.
Miró sus anotaciones revolviendo entre los pergaminos y se frotó la cara con ambas manos. Tenía alguna cosa que tal vez podrían intentar pero no estaba demasiado seguro.
Se levantó y salió de la tienda de campaña, entrecerrando los ojos cuando la claridad del día le saludó.
Miró a su alrededor buscando a Granger y la divisó casi al borde del claro, justo donde habían puesto las protecciones el día anterior. Todo su cuerpo se tensó al ver a Scabior a su lado y aferró la varita con fuerza.
Les habían encontrado.
Su naturaleza le impelía a correr al lado contrario, a huir de allí tan rápido como le dieran sus pies y poner tierra de por medio entre los carroñeros y su persona. Durante un par de segundos, quizás tres, se paralizó por el miedo y pensó en marcharse, pero cuando por fin se movió, lo hizo para correr hacia Granger, dándose patadas mentales por estar convirtiéndose en un condenado idiota que había perdido hasta su instinto de autoconservación. Vivir rodeado de leones le afectaba al cerebro, sin lugar a dudas.
Ella le escuchó llegar y le agarró del brazo un segundo antes de que atravesara las protecciones y se lanzara hacia los carroñeros en un acto suicida.
—No puede vernos —susurró pegándose a él de forma inconsciente —no sabe que estamos aquí.
Draco tragó saliva y también se aceró a ella hasta que sus brazos se tocaron del hombro a la muñeca, como si buscaran consuelo el uno en el otro, temerosos de moverse, de huir incluso. El carroñero estaba tan cerca que casi podía acariciarles con su aliento.
—Ha olido mi perfume —dijo ella cuando el grupo empezó a moverse.
Scabior miró hacia atrás y clavó sus ojos en ella, como si supiera que estaba ahí, como si quisiera enviarle un mensaje lascivo y macabro.
Hermione tembló y Draco, sin saber muy bien por qué, pasó su brazo por encima de los hombros de la castaña en un gesto que les sorprendió a ambos más de lo que iban a admitir. La chica se tensó al principio pero poco a poco se relajó en el extraño abrazo dejándose consolar por él.
—Tenemos que movernos —dijo Malfoy — necesitamos encontrar otro lugar, un poco más lejos de Londres. No es seguro estar aquí con los carroñeros por la zona.
—Lo sé —dijo ella con un nudo en la garganta —Esperaremos a tener noticias de Harry y Ron durante la tarde. No creo que los carroñeros vuelvan por aquí en lo que queda de día. Nos iremos por la mañana.
Él asintió conforme y volvieron despacio hacia la tienda
—¿Has tenido suerte? —Le preguntó Malfoy —con los libros —añadió al ver que le miraba confundida.
Hermione chasqueó la lengua con frustración
—No demasiada ¿Qué hay de ti?
— No demasiada
Se miraron y ella no pudo evitar media sonrisa que él respondió con algo similar a una mueca de labios torcidos
—Estoy muerta de hambre —Hermione entró dirigiéndose a la zona que hacía las veces de despensa y cocina —¿y tú?
—Hablar del hambre es una falta de clase —dijo muy erguido, ella le miró y él sonrió, aquella vez de verdad —Estoy famélico.
—Bendita señora Weasley —dijo Hermione calentando dos botes de guiso de pollo con patatas.
Draco arrugó la nariz al ver la pinta de la comida, pero su estómago rugió de felicidad cuando comenzó a olisquear el plato.
Ella parecía leer su pensamiento porque mientras le tendía las cucharas y los vasos para que pusiera la mesa le dijo
—Solo es un guiso Malfoy. Parece que nunca has comido uno.
Se mordió la lengua antes de decir que los guisos eran comida de pobres como la comadreja, pero se lo pensó mejor porque estaba muerto de hambre y además la pinta era extraña pero el olor estupendo.
Se encogió de hombros.
—Nunca he comido esto —dijo sentándose frente a ella y metiendo la cuchara —pero tengo tanta hambre que me siente lo suficientemente valiente para probar cualquier cosa.
Hermione le dio un pedazo de pan y se llevó la cuchara a la boca en silencio agradeciendo que Molly Weasley cocinara tan estupendamente.
—No está mal
Draco comía de forma tranquila, pellizcando de vez en cuando el pan y parecía disfrutar en cada bocado. Hermione se sorprendió fijándose en él de vez en cuando, igual que había hecho durante el desayuno, agradeciendo los modales suaves y elegantes que tenía al comer o incluso al limpiarse los labios. Parpadeó incómoda, dándose cuenta de que aquella observación estaba fuera de lugar y se concentró en su comida, masticando mientras escuchaba la voz de Lee Jordan que emitía Pottervigilancia desde la radio que tenían entre ellos, dando una lista de gente huída o atrapada por los carroñeros.
—Es horrible —dijo cuando la emisión terminó —toda esa gente huyendo…
—Como lo hacemos nosotros —murmuró Draco pensando en la ironía de que él, un sangre pura, estuviera huyendo de los carroñeros, convertido ahora en un traidor a la sangre.
Hermione recogió la mesa porque necesitaba mantenerse ocupada, le aterraba pensar en lo que ocurría ahí fuera, en los amigos que tenía huyendo, escondiéndose del reino de terror que había implantado Voldemort al tomar el Ministerio. ¿A cuántos más perderían? ¿Quienes serían los siguientes?
—Estaré fuera un rato —dijo cuando acabó de recoger poniéndose el abrigo.
Draco se quedó mirando el hueco vacío que ella dejó y pensó en seguirla, pero se contuvo sabiendo que quizás necesitaba estar sola. Al fin y al cabo ellos no eran ni siquiera amigos, más bien se habían visto obligados a compartir el espacio y a soportarse el uno al otro.
Volvió a los libros y se volcó en ellos durante la siguiente media hora, pero no era capaz de centrarse. Una y otra vez, sin saber por qué, su mente se iba hacia Granger y hacia la tristeza que parecía emanar de ella desde que acabaron de comer.
Finalmente, diciéndose a sí mismo que era un completo estúpido, salió a buscarla.
En aquella ocasión no estaba lejos, estaba allí mismo, justo al lado de la puerta, sentada con las piernas cruzadas y arrebujada en su abrigo mientras leía.
Se sentó a su lado y miró de reojo el libro.
—¿Los cuentos de Beedle el bardo? —Ella asintió —¿El libro que te dejó Dumbledore? —preguntó de nuevo
—Sí —Ella le mostró la portada, un tanto ajada pero bien cuidada y la acarició con reverencia.
—Me gustaba La fuente de la buena fortuna —Añadió Malfoy recordando los cuentos de su infancia.
—Lo he leído —murmuró ella —Pero no es eso lo que no consigo entender —abrió la primera hoja y le enseñó el símbolo que estaba allí dibujado.
Draco vio un pequeño dibujo pintado con tinta en el que se podía ver un triángulo, dentro de este había un círculo y dentro una línea.
—Esto tiene que significar algo —dijo Hermione —además lo he visto antes… pero no recuerdo dónde.
—Yo no lo he visto nunca —Draco lo miraba intentando recordar —no, no creo haberlo visto antes.
Hermione cerró el libro y lo abrazó contra su pecho.
—Creo que necesitamos descansar un rato de los libros Granger —dijo Draco poniéndose de pie —tú ayudaste a Potter con el E.D ¿Verdad?
Ella frunció el ceño y le miró ladeando la cabeza, precavida.
—Sabes que sí.
—Bien, entonces me ayudarás —dijo sin más.
—¿Ayudarte a qué?
—Serás mi… profesora, por decirlo de algún modo
Hermione pensó que era típico de un Malfoy no pedir ayuda si no más bien exigirla, aunque en su defensa podía decir que su tono de voz no era dictatorial si no más bien amigable, o lo más cercano a amigable que podría asociar a Draco Malfoy.
—¿Qué quieres aprender exactamente?
—Quiero aprender a convocar un patronus… y quiero aprender a aparecerme.
—¿Estás loco? —Hermione se levantó de golpe y casi deja caer el libro de la impresión —¡No puedo ayudarte a aparecerte Malfoy! Para aprender tienes que inscribirte y realizar las clases con un Instructor de Aparición del Ministerio durante doce semanas.
—Aprendo rápido —dijo restándole importancia
—No creo ni que sea legal, Malfoy
—¿De verdad te preocupas por la legalidad ahora? ¿En este momento?
—Las leyes son leyes. Además yo no soy instructora, ni siquiera sé cómo serlo.
—Estoy seguro de que tienes apuntes y en ese cerebro privilegiado tuyo tienes todas y cada una de las palabras de ese instructor.
Hermione se sonrojó al escuchar el halago. Que precisamente él, que se había pasado media vida llamándola comelibros, hablara de su cerebro de esa forma, le hacía sentir aun mejor que si hubiera alabado su belleza.
— Es peligroso Malfoy —susurró
—¿Más peligroso que estar aquí? ¿Y si nos separamos por cualquier motivo Granger? ¿Y si ocurre cualquier cosa que te impida a ti aparecerte y estamos expuestos a los carroñeros? No es que quiera aprender, es que debo hacerlo por seguridad.
Ella empezó a dudar.
Visto de esa forma tenía lógica. Podía ser que lo necesitaran ¿Y si al caer del dragón ella no hubiera podido alcanzarle? Quizás en la situación en la que estaban, en la misión en la que se encontraban, cualquier ayuda era necesaria para sobrevivir.
Suspiró sabiéndose derrotada y Malfoy ocultó una sonrisa de victoria.
—Está bien —Levantó un dedo apuntando a la nariz del rubio — pero nada de tonterías, nada de estupideces ¿de acuerdo? Esto es algo serio
—Granger —dijo el con un deje de fastidio —yo no soy Wesley —se puso serio y la miró con intensidad —sé perfectamente lo que es una despartición y créeme, no quisiera repetir la experiencia.
Hermione quiso defender a Ron, pero no podía ser hipócrita. Quería mucho a su amigo aunque también admitía, al menos para sí misma, que había pensado en él al hacer la demanda a Malfoy. Estaba acostumbrada al pelirrojo, a su arrojo, a su falta de miedo y a la habilidad con la que se metía en líos por no hacerla caso o no escuchar antes de actuar. Pero sabía que Malfoy tenía razón. Él era frío y astuto como buena serpiente, no hacía las cosas a lo loco y era un alumno brillante por lo que seguramente sería capaz de aprender con relativa facilidad.
—Bueno. Lo primero que tienes que saber es que hay tres pasos para aprender a aparecerse. Se llaman las tres D —las enumeró con los dedos — Destino. Decisión y Desenvoltura.
Se metió dentro de la tienda mientras hablaba y dejó el libro sobre la mesa antes de volver a salir.
—El Destino, obviamente es el lugar al que quieres ir. Puedes llegar a un destino aunque nunca hayas estado en él, pero eso es más… difícil. Creo que deberíamos centrarnos en algo conocido, algo que puedas visualizar perfectamente, incluso algo que puedas ver ahora mismo —señaló la tienda —como la tienda.
—Vale, no puede ser muy complicado visualizar algo que estoy viendo ahora mismo.
—Esta bien —Hermione se frotó las manos con nerviosismo y continuó recitando las palabras que el Instructor del Ministerio le había dicho a ella ese mismo año — la Decisión es la voluntad de hacerlo. Tienes que desear llegar a ese lugar, un deseo que salga con fuerza, que impulse a tu cuerpo a moverse.
—Como lanzar una imperdonable —dijo en un murmullo ronco —tienes que desearlo realmente.
Hermione inspiró con fuerza y le miró reprobadora.
—Nunca he lanzado una imperdonable Malfoy. Pero sí, supongo que algo así. Y la Desenvoltura es básicamente dejarse llevar. La sensación no es agradable, tienes que dejar que suceda, no lugar contra ella. Es como entrar en un espacio terriblemente estrecho, como sentir esa opresión, esa claustrofobia y no ceder al pánico. Mantén la calma y sucederá sin más.
Las siguientes horas las dedicaron a que Malfoy intentara aparecerse. Hermione le vio luchar contra la frustración y probar una y otra vez. Pese a que siempre pensó que era dado a las pataletas infantiles y a gritar y escupir insultos si no se salía con la suya, se sorprendió al ver cómo mantuvo la calma una y otra y otra vez. Dejó que ella le guiara, le ayudara y le corrigiera sin una sola palabra fuera de lugar y justo cuando parecía que iba a rendirse, lo consiguió.
Malfoy se apareció delante de sus ojos y ella no pudo evitar aplaudir y dar un salto de alegría.
—¡Bien hecho! Ha sido increíble —corrió hacia dentro de la tienda — ¡Asombroso! —le buscó y fue perdiendo la sonrisa cuando, tras mirar en todo el interior, no le vio por ningún lado — ¿Malfoy?
Salió de nuevo y lo primero que pensó fue que la había engañado ¿Habría hecho que le enseñara y confiara en él para marcharse? ¿Habría vuelto a su casa? ¿Habría vuelto con Voldermort?
El pánico la invadió en un crescendo.
—¡Granger!
Se giró y vio a Malfoy correr hacia ella. Tenía las mejillas sonrojadas del frío y una enorme sonrisa en la cara. Cuando llegó la levantó en el aire y dio varias vueltas con Hermione en brazos sin dejar de sonreír.
—¿Has visto eso? ¡Lo he conseguido!
Ella apoyó las manos en sus hombros y se unió a aquella sincera alegría mirándole a los ojos.
—¿Pero dónde fuiste?
Él pareció levemente abochornado
—Era incapaz de pensar en la tienda así que cómo aquel árbol estaba en mi campo de visión, fue mucho más fácil ir hasta allí.
Hermoine rió y Draco sintió mechones de su pelo acariciar su mejilla y su cálido aliento rozar sus propios labios. Ella tenía la cabeza agachada para mirarle y de pronto sintió que estaba cerca. Demasiado cerca.
La bajó lentamente con repentina incomodidad y cuando la chica apoyó los pies en el suelo puso distancia entre ellos.
—Ha sido genial Malfoy —dijo ella sin perder la sonrisa —Aunque aun tienes mucho que practicar.
Draco se encogió de hombros con resolución y aunque había recuperado la seriedad, sus ojos plateados seguían brillando de alegría.
—Lo haré —miró hacia el cielo que empezaba a cubrirse de estrellas y no pudo evitar un escalofrío — es tarde —dijo sorprendido.
—Deberíamos entrar y cenar algo —acordó Hermione —ademas tenemos que empezar a recoger. Mañana hay que salir de aquí a primera hora.
Mientras entraban, Hermione deseó que Harry apareciera antes de que llegara la mañana o que al menos le mandara un mensaje para decirle que todo estaba bien.
¿Por qué no lo había hecho? ¿Acaso les había ocurrido algo?
Como si sus pensamientos hubieran sido escuchados, un ciervo plateado entró tras ellos.
—Estamos en Tutshill. Es peligroso. Abandonad el Bosque. Ahora. Te mandaré un nuevo mensaje cuando sea seguro encontrarnos.
El ciervo desapareció y Hermione se volvió hacia Draco con presteza
—Tenemos que irnos. Ya
Él había escuchado el mensaje de Potter y ni siquiera dudó. Entre los dos recogieron todo lo más rápidamente que pudieron. Cuando terminaron, Hermione apuntó con su varita la tienda.
—Reducio
Ante sus ojos se encogió hasta parecer una caja de ranas de chocolate. La muchacha la metió en el bolso de cuentas y tendió a Draco su mano.
Él la tomó y en Bosque volvió a quedarse en silencio cuando ambos desaparecieron. Como si nunca hubieran estado allí.
…..
—Agáchate
Harry empujó a Ron tras el pequeño muro de ladrillo rojo en el que estaba agachado, justo en frente del colegio de educación primaria de Tutshill.
—Mira el patio, allí al lado de la mesa —murmuró cuando su amigo se arrodilló junto a él
Ron se asomó con cuidado en aquella ocasión.
—Carroñeros —dijo con asco —están en todas partes
Harry le golpeó en el brazo señalando la pradera en la que estaban. Terminaba en un muro de piedra medio derruido tras el que había una vivienda.
—Las luces Ron
El pelirrojo sacó su desiluminador y apagó varias de las farolas. Aquello distrajo a los carroñeros que se agruparon de nuevo y corrieron hacia el lado contrario al que ellos estaban dándoles tiempo suficiente para poder moverse y salir de allí.
—Vayamos hacia allí.
Harry metió la escoba en la mochila y, aun agachado, caminó hacia la casa seguido de Ron. Escalaron las piedras y rodearon el chalet hasta que llegaron a la valla de madera que limitaba una vivienda de otra.
—Espero que estos muggles no nos vean, Harry
—Mantente callado y no nos oirán. Lo último que necesitamos es a la policía aquí.
—¿Politría?
Harry sacudió la cabeza con media sonrisa. A veces olvidaba que Ron apenas sabía algo del mundo muggle.
—Policía —corrigió —son como los aurores, más o menos.
Saltaron a la casa de al lado tan sigilosamente como pudieron y continuaron adentrándose entre los árboles, usando los matorrales para esconderse cada vez que oían un ruido.
Después de lo que a Harry le parecieron horas pero seguramente no fueron más de veinte minutos, llegaron a la última casa.
—Estamos cerca del río —dijo Ron
—Usaremos las escobas cuando lleguemos y nos iremos hacia aquel pequeño bosque—dijo Harry señalando un nudo boscoso — Necesitamos ocultarnos.
Cuando consiguieron llegar, Harry soltó la mochila y sacó la varita.
—Salvio Hexia —Invitó a Ron a ayudarle —Protego Totalum
— Suerte que haces caso a Hermione —dijo Ron imitándole
—Me gusta la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, Ron
Su amigo le ignoró y entre los dos protegieron apenas tres metros cuadrados de bosque. Harry pensaba que, cuanto menos terreno más fácil sería permanecer ocultos y escondidos.
—Es genial. Vamos a pasar la noche durmiendo en la calle —dijo Ron con claro disgusto —hace frío y más nos vale que no se ponga a llover.
—Hemos traído mantas
—Como he dicho, genial.
Ambos se miraron cuando escucharon una voz cerca de ellos.
—Es difícil saber qué creer en estos días —era una voz desconocida para ambos.
—Sé cómo es Harry Potter y creo que él es el Elegido
Harry agarró el brazo de Ron
—Es Dean —dijo acercándose a las ramas del seto tras el que parecía encontrarse su antiguo compañero de colegio —Dean Thomas
—Es bueno saber que está vivo —Ron sonrió con tristeza al ver a su amigo sentado junto a dos duendes y dos magos adultos.
—A mi también me gustaría creerlo hijo pero ¿Por qué se esconde? —fue el primero de los magos el que habló de nuevo.
—Yo creo que él está intentando hacer lo mismo que nosotros —dijo otra voz —estar libre.
—¿De verdad lo piensas Ted?
Harry se alejó hacia la mochila y sacó las mantas alejándose de las voces de los otros magos. No quería seguir escuchando.
—¿Qué ocurre Harry?
La culpabilidad era una losa sobre él, una que seguramente Ron no comprendiera pero que le ardía en la piel como a un mortífago le ardería la marca tenebrosa. Aquellos magos huían por él, por su culpa, porque no podía salir a enfrentar a Voldermort, no aún… Tenían que destruir los malditos horrocruxes, tenían que terminar aquello de una vez, antes de que más amigos tuvieran que huir o murieran en el camino.
—Es el padre de Tonks —dijo en un murmullo ronco —Ted Tonks. No nos dijo nada cuando vino a Grinmauld Place —añadió con tristeza —está embarazada y su padre ha tenido que huir, pero ella no nos dijo nada. ¡Todo es tan injusto! —dio un golpe al tronco del árbol que tenía a su derecha.
Ron se dejó caer a su lado en silencio, hombro con hombro, como siempre habían estado.
—Venga tío —cogió otra de las mantas y bostezó —mañana intentaremos buscar un lugar seguro y mandaremos un mensaje a Hermione —Seguro que ella tiene ya algún plan en mente.
Harry se pasó la mano por el pelo, revolviéndoselo más aún. Estaba cansado de esperar.
