Naruto Y Hinata en:

EL LENGUAJE DE LAS FLORES


JACINTO Y COLUMBINE
Es un juego y ganaré


Hinata se fue de Konohagakure Hall apenas veinte minutos después de dejar a Naruto en la antika. Él no intentó verla antes de que se marchara, pensó que lo mejor sería esperar unos días antes de seguirla a Chiswick. Así los dos tendrían tiempo para pensar en su situación y podrían resolverla con más calma. Él sabía que no había sido muy romántico el modo en que se había declarado. Si quería convencer a Hinata, tendría que mejorar en ese aspecto. Seguro que en Enderby sería fácil hablar con ella a solas, pero cuando llegó allí, su hermana le cambió todos los planes.

Encontró a Ino haciendo las maletas, rodeada de un montón de baúles abiertos y camareras revoloteando por la habitación.

─¿Que se ha ido? ─le preguntó a su hermana─. ¿Qué quieres decir con que se ha ido?

Ino negó con la cabeza sin dirigirse a él.

─No, no, Celeste, el vestido verde de seda no, quiero el verde de lana. Entonces se volvió y centró toda su atención en su hermano, al que le indicó que se sentara.

─Nuestra querida Hinata se ha ido a Londres. Dadas las circunstancias, lady Kurenai ha sido tan amable de invitarla y de aceptar presentarla en sociedad.

Naruto frunció el entrecejo y se sentó en una silla sin preocuparse de los vestidos que aplastó al hacerlo.

─¿Qué circunstancias? ─Miró a su alrededor─. ¿Tú no vas a la ciudad? ─No, voy a Northumberland. Hidan ha tenido una especie de accidente y debo ir de inmediato. Anoche recibí una carta del doctor.

─¿Qué tipo de accidente?

─Le han disparado.

─¿Un accidente de caza?

─No. ─Ino se mordió el labio y apartó la vista. Al cabo de un momento volvió a mirar a Naruto directamente a los ojos─. Participó en un duelo. Por una mujer.

─¡Será cretino! ─Naruto golpeó con fuerza la silla─. Juro que voy a matarle por esto. ¿Cuántas humillaciones más vas a tener que soportar? Su hermana parecía dolida y él soltó violentamente el aire que no sabía que estaba conteniendo. Hidan trataba a su hermana miserablemente, y ese duelo era la gota que colmaba el vaso. A Naruto no le daban ninguna pena las heridas que hubiera sufrido su cuñado.

─Lo siento, Ino, pero Hidan es el peor canalla que conozco.

─Ahora ya no importa. ─Ella se encogió de hombros y continuó─. ¡Me alegró tanto ver a Hinata durante unos días! Nos lo pasamos muy bien juntas, ella lamentó mucho que yo no pudiera acompañarla a Londres, después de todo. Pasará la temporada con los Sarutobi.

Si Hinata se quedaba en casa de los Sarutobi él iba a tenerlo todo mucho más complicado. No podría estar a solas con ella y tendría que intentar convencerla a la vista de toda la sociedad. Las habladurías y los chismorreos serían ingentes.

─¡Maldita sea! Él se dio cuenta de lo sorprendida que lo miraba su hermana.

─Pareces muy disgustado por estas noticias, Naruto. ¿Qué te pasa? Tú ya sabías que iba a irse a la ciudad. ─ Ino empezó a sonreír─. ¿Acaso esperabas convencerla para que volviera a reparar mosaicos y vasijas contigo?

Naruto la miró amenazante. ─¿Compartiste confidencias con la señorita Hyuga?

─¿Confidencias? No sé a qué te refieres. ¿Qué confidencias debería haber compartido ella conmigo? ¿Ha pasado algo?.

A la gran mayoría de mujeres les habría faltado tiempo para presumir de que un duque se les había declarado, especialmente frente a la hermana de éste, pero era evidente que Hinata no le había dicho nada a Ino. Al ser él mismo un hombre muy reservado, le agradó el comportamiento discreto de ella, pero Ino tenía que saberlo tarde o temprano, así que lo mejor sería que se lo dijera él mismo. Antes de que lo leyera en una nota de sociedad.

─¿Que le pediste a Hinata que se casara contigo? ─Una enorme sonrisa le iluminó el rostro, y se levantó de la silla en que estaba sentada para darle un beso en cada mejilla─. ¡Es maravilloso!

─No, no tanto ─contestó él mientras Ino volvía a sentarse─. Me ha rechazado.

─¿En serio? No puedo entender por qué, ella está... ─Ino se calló lo que iba a decir y, suspicaz, miró a su hermano─. Tú no se lo pediste, ¿a que no? Seguro que simplemente se lo comunicaste. No lo niegues. ─Antes de que él pudiera responder, ella continuó ─. Te conozco demasiado bien, Naruto. Te debiste poner mandón y autoritario y ella te mandó a paseo. ─ Ino empezó a reírse de él a carcajadas ─. Oh, ya sabía yo que esa mujer me gustaba.

─Me alegra que te lo estés pasando tan bien con esto, pero ¿no se supone que deberías estar a mi favor?.

─No ─contestó ella sonriendo de oreja a oreja─. Estoy totalmente del lado de Hinata. Las mujeres debemos apoyarnos en situaciones como ésta. ─No dejó que Naruto contestara y continuó─: Hay una cosa que me intriga, si ella te rechazó, ¿qué haces aquí?

A él empezaba a irritarle que su hermana encontrara tan divertidas sus desventuras. ─Si crees que yo aceptaré un no por respuesta es que no me conoces en absoluto, hermanita.

─Tienes razón, pero Hinata tiene todo el derecho a que la cortejes, ¿sabes? No puedes ir por el mundo ordenando a la gente que se case contigo. Una boda no es una excavación. Oh, cómo me gustaría poder quedarme para ver el espectáculo.

─Sí, seguro que sí ─contestó él sin verle la gracia al asunto─. No te preocupes, seguro que las notas de sociedad te lo contarán con todo lujo de detalles. Antes de que se me olvide, tengo que preguntarte una cosa. ¿Te mencionó Hinata alguna vez el nombre de su abuelo? Voy a tener que buscar al barón para poder fijar los términos de nuestro acuerdo.

─Lord Hyuga. Sus propiedades están en Durham, creo, pero he descubierto que él ahora está en la ciudad. Le sugerí a Hinata que fuera a visitarle, pero me dijo que no quería hacerlo. Me contó que Hyuga se negó a reconocerla. Después de la muerte de su padre ella le envió una carta, y recibió respuesta de unos abogados diciéndole que ni era ni sería nunca la nieta del barón. Sus padres se fugaron, así que es evidente que su abuelo no aceptó ese matrimonio. ¿Puedes creértelo? Casi lloré cuando me lo contó. Allí estaba ella, sola en Tánger, o donde fuera, sin nada ni nadie, y ese hombre horrible le escribió para decirle que no esperara nada de él.

Naruto se levantó. La ira le inundaba todo el cuerpo, pero cuando habló su voz sonó firme, serena, perfectamente controlada.

─No sé por qué ─le dijo a Ino ─, pero creo que Hyuga no se negará a reconocerla después de hablar conmigo.

─Sí ─convino Ino mirándolo satisfecha─, estoy convencida de que así será. Pero Naruto─añadió con tacto─, no creo que Hyuga sea tu mayor problema. Aún tienes que convencer a Hinata de que te acepte.

Naruto se juró que eso tampoco sería un problema. Abandonó Enderby y se dirigió hacia Londres. Se juró que Hinata se convertiría en su duquesa, aunque, tuviera que cortejarla delante de toda la alta sociedad británica.

─¡Por todos los santos! La exclamación hizo que Hinata dejara de dibujar a Mirai y a Moegi, que estaban posando sentadas frente a ella en uno de los salones de la casa que los Sarutobi tenían en Londres. Se volvió y vio cómo lady Kurenai, que estaba sentada en una butaca a su lado, miraba la tarjeta que acababa de entregarle la doncella. Se puso la otra mano encima de su descontrolado corazón y se reclinó en su asiento.

─El duque de Konohagakure ha venido a hacernos una visita.

─¿Qué? ─gritaron sus dos hijas a la vez.

─Bueno, no ha tardado mucho ─murmuró Hinata.

─¡Seguro que viene a verte a ti, Hinata! ─dijo Mirai─. Nosotras llevamos viviendo toda la vida en Hampshire y nunca ha venido a visitarnos.

─Tiene que ser eso ─añadió su madre golpeando la tarjeta con los dedos─. Yo apenas he hablado una docena de veces con el duque en todos estos años, y nunca nos había hecho este honor. ─Se guardó la tarjeta en el bolsillo y se enderezó en la butaca─. Hazlo pasar, Mary. A un duque no se le hace esperar.

Hinata se dio cuenta de que, tan pronto como la doncella abandonó la habitación, lady Kurenai, su hija y sobrina, comprobaron sus peinados y se arreglaron los vestidos para recibir a tan ilustre invitado. Ella no hizo nada de eso, al contrario, pensó que era una pena que ese día no llevara el pelo recogido en aquel moño que él tanto odiaba.

Cuando vio que Mirai le hacía gestos para que se quitara las gafas, ella la ignoró y se las dejó puestas. Cuando Naruto entró en la habitación, ella se levantó y le hizo una reverencia, igual que todas, luego se refugió tras su cuaderno de dibujo mientras lady Kurenai le presentaba a su hija y sobrina y lo invitaba a sentarse.

Por encima del cuaderno, Hinata observó las caras de Moegi y Mirai, embobadas mirándolo, mientras Naruto se sentaba a su lado. Mirar a aquellas chicas era como verse reflejada en un espejo. Seguro que ella había puesto esa misma cara el día que lo conoció. Era una mezcla de nerviosismo, vergüenza y tontería. Él estaba guapísimo, iba muy elegante y parecía el gran duque que era.

Llevaba una chaqueta azul con unos pantalones de un azul más oscuro, encima, una capa con pequeñas rayas doradas, y, como siempre, una inmaculada e impecable camisa blanca.

Apostaría a que Moegi y Mirai se preguntaban si estaban soñando. «Seguro que está más que acostumbrado a causar este tipo de reacciones femeninas por donde quiera que vaya», pensó Hinata, y entonces se dio cuenta de que había apretado tan fuerte el lápiz contra el papel que había estropeado el retrato de Mirai.

─Toca la campanilla para que nos traigan un poco de té, Moegi─ordenó lady Kurenai a su sobrina, que parecía incapaz de moverse.

─No, por favor, no se preocupe por mí ─dijo Naruto. No puedo quedarme mucho rato. Visité a mi hermana justo antes de que ella se fuera a Northumberland y me contó que la señorita Hyuga estaba con ustedes en la ciudad. Sólo deseaba presentarles mis respetos.

─Es muy amable de su parte ─dijo su anfitriona, intentando no parecer sorprendida de que el duque hubiera decidido visitarlas.

─He venido a la ciudad para supervisar la apertura de mi museo, sólo faltan unas semanas para el gran evento ─dijo él, mirándola─. Espero que puedan asistir.

─Por supuesto. Será todo un honor.

Hinata se removió en su butaca. Deseaba que se fuera de una vez antes de que dijera que no había ido allí a charlar. Temía que dejara al descubierto sus intenciones y les pidiera a lady Kurenai y a su hija y sobrina quedarse a solas con ella. Eso sería muy humillante, especialmente para él, porque si lo hacía, volvería a rechazarlo. Pero pronto se dio cuenta de que él no tenía intenciones de hacer nada de eso.

─En estos últimos meses he estado tan ocupado trabajando ─dijo él─ que no he tenido tiempo de cumplir con mis compromisos sociales, pero ahora que el museo está casi acabado, espero tener la oportunidad de disfrutar de la temporada. De hecho, estoy libre para aceptar cualquier invitación.

Sus palabras, expresadas con tanto énfasis, hicieron que Hinata levantara la vista justo a tiempo para ver cómo lady Kurenai picaba el anzuelo. Antes de que ella tuviera tiempo de interrumpir la conversación, lady Kurenai estaba diciendo:─¿De verdad, señor? Yo tengo previsto celebrar una pequeña fiesta de juegos de cartas muy pronto, sólo media docena de nuestros amigos. Me temo que sea demasiado modesto para usted, pero nos encantaría contar con su presencia.

─Será todo un honor asistir ─dijo él, sonriendo tan satisfecho que Hinata tuvo ganas de arrojarle el lápiz.

Lady Kurenai estaba sorprendida, no sólo había tenido el valor de invitar al duque, sino que él había aceptado. ─Le mandaré la invitación ─murmuró.

─Estaré encantado de recibirla. ─ Miró un momento a Hinata y luego volvió a centrarse en su anfitriona─. La señorita Hyuga ha trabajado muy duro para que yo pudiera abrir el museo. Lamento que haya tenido tan poco tiempo para divertirse, me alegro de que ahora tenga la oportunidad de conocer la ciudad.

─Nosotras vamos a intentar que se lo pase muy bien, señor ─dijo Mirai riéndose entre dientes.

─Estamos encantados de tener a la señorita Hyuga con nosotros. ─Lady Kurenai respondió y miró crítica a su hija.

─Ésta es su primera visita a la ciudad, ¿no es así, señorita Hyuga? ─Naruto centró ahora toda su atención en Hinata.

─Sí ─contestó ella, y dejó de fingir que estaba dibujando─. Después de tanto tiempo encerrada en el campo, me muero de ganas de entrar en sociedad.

─Ah, sus palabras me han recordado uno de los motivos de mi visita. ─Él buscó en el bolsillo de su chaqueta y sacó un pequeño paquete marrón atado con un discreto cordón beige. Se inclinó hacia ella y se lo ofreció─. Creo que esto es suyo.

Ella lo aceptó, mirándolo confundida. Por la forma y el peso del paquete vio que se trataba de un libro. ─No sabía que me hubiese olvidado un libro cuando me fui.

─Tal vez no lo hizo ─contestó él, confundiéndola aún más. Ella levantó la mirada y vio que él tenía aquella medía sonrisa que significaba que le estaba tomando el pelo. ─No lo entiendo.

Él no le dijo nada más. En vez de eso, se volvió hacia Moegi y Mirai. ─Aún no ha empezado la temporada, pero espero que ustedes dos, señoritas, puedan acudir a algunas fiestas mientras están en la ciudad.

─Oh, sí ─contestó Moegi nerviosa ─ De hecho, dentro de tres días asistiremos a una fiesta en Haydon Rooms.

─Me alegra oírlo. Ahora, señoras, discúlpenme, pero debo irme. Me temo que ya les he robado demasiado tiempo.

─Ha sido un honor, señor ─ contestó lady Kurenai. Se levantó y su hija y sobrina al igual que Hinata hicieron lo mismo─. Por favor, venga cuando quiera. Cualquier día que le apetezca.

─Le aseguro que intentaré hacerlo. Intentaré venir tantas veces como pueda, lady Kurenai ─dijo él mientras se ponía de pie─. Dígale, por favor, a su marido que le espero en el museo cuando a él le sea conveniente. Ah, y espero ansioso recibir su invitación. No se olvide de mí, por favor.

Hinata vio cómo las otras tres mujeres se derretían con sus modales, pero ella se aguantó las ganas de suspirar enfadada. Así que ése era el modo en que había pensado salirse con la suya. Iba a agasajar a sus amigos, iba a ser tan amable y tan condescendiente que los aturdiría con sus atenciones. Iba a portarse bien. Qué horror.

─Lady Kurenai ─la saludó─, señorita Moegi, señorita Sarutobi, señorita Hyuga. ─Sus ojos se clavaron en los de ella por un instante y Hinata intentó que se diera cuenta de que no le gustaba su plan, pero él ni se inmutó─. Señoras ─dijo inclinando la cabeza─, ha sido un placer.

Cuando se hubo ido, nadie habló durante unos segundos. Por supuesto, Mirai fue la primera en hacerlo.

─¿Qué te ha dado, Hinata?─ preguntó─. ¿Te olvidaste un libro en Hampshire?

─ Mirai ─la riñó su madre─. No es asunto nuestro.

Hinata apenas tenía una docena de libros, los había vendido casi todos tras la muerte de su padre. Y los apreciaba tanto que estaba segura de no haberse olvidado ninguno. Deshizo el lazo y desenvolvió el paquete; cuando vio la cubierta se confirmaron todas sus sospechas.

─No es mío ─dijo preocupada─, nunca lo había visto. Miró el nombre estampado en letras doradas. ─Le langage des fleurs, leyó en voz alta, y notó cómo le daba un vuelco el corazón─, de Charlotte de la Tour.

Observó el dibujo de la flor de lis que había bajo el título y entonces leyó la dedicatoria que él le había escrito.

Señorita Hyuga:

Es sabido en el mundo entero que el inglés es una de las peores lenguas en las que uno puede expresar sus sentimientos. Ciertamente, a mi me ha fallado, así que me he visto obligado a recurrir a otro lenguaje para hablar con usted, y por eso le doy este libro. En caso de que desease responderme, ¿puedo sugerirle DeCharteres? Son los mejores floristas de la ciudad.

Su servidor,

Uzumaki

Hinata se mordió el labio. Aquella noche en el invernadero. Él se había acordado. Notó que empezaba a perdonarle, que veía un pequeño rayo de luz entre las nubes y cerró el libro de golpe. Tenía que serenarse, no quería que él volviera a herirla.

─Si este libro no es tuyo, ¡tiene que ser un regalo! ─dictaminó Mirai.─ Oh, Hinata, un regalo del duque. ¡Eres tan discreta! No nos habías dicho ni una palabra.

Hinata levantó la vista del libro y vio cómo las tres la estaban observando. ─No sé de qué hablas.

─¿Ah no? ─le preguntó lady Kurenai en voz baja, y la miró comprendiendo todo lo que pasaba. Hinata tenía ganas de gritar─. Es un regalo muy romántico, ¿no te parece?

─Sí que lo es ─dijo Moegi suspirando─. Recibir las atenciones de un duque. ¡Qué poético!

─¿Es romántico y poético? ─ preguntó Mirai.

─Claro que sí, tonta ─exclamó Moegi riendo─. ¡Es Le langage des fleurs!

─Sí, sí, pero yo no soy tonta, ¿qué significa?

El lenguaje de las flores─le explicó su madre─. Y tú, Mirai, sabrías traducirlo si te hubieras aplicado más en tus clases de francés.

Es un libro que explica lo que simbolizan las plantas. ─Los enamorados acostumbran a mandarse mensajes secretos con ellas ─ dijo Moegi encantada─. Está muy de moda. ¿Así qué, Hinata, estan ya prometidos?

─¡Moegi! ─le riñó lady Kurenia─. No tienes por qué contárnoslo, querida. No es asunto nuestro, y nosotros respetamos tu privacidad.

─No estoy prometida con él y nunca lo estaré. ─Ella supo por sus caras que no la creían─. ¡No hay nada entre nosotros! ¡Nada en absoluto! Estaba tan enfadada que se le cayó el libro y, al hacerlo, de entre sus páginas apareció un pequeño ramillete de flores envueltas en unas finas hojas de papel. Las flores se esparcieron alrededor del libro en el suelo.

─¿Lo ves, Hinata? ─dijo Moegi─. Ya le manda el primer mensaje.

Hinata recogió las flores del suelo y vio que acababan de ser cortadas. Debía de haberlas recogido de camino hacia allí. El pequeño ramillete estaba compuesto de flores color rosa y había una única flor de un púrpura oscuro con tonos amarillos. Las movió entre sus dedos mientras las otras mujeres se acercaban a ella para poder verlas también.

─Las de color rosa son jacintos ─ le dijo Moegi─, y la púrpura es una columbine.

─El jacinto rosa significa que es un juego ─dijo Mirai leyendo el libro que tenía en sus manos─, y la columbine significa «Yo voy a ganar».

Tenía que reconocer que el juego de las flores era una idea ingeniosa, pero era tan propio de él proclamarse ganador antes de empezar.

─¡Esto es tan excitante! ─exclamó Mirai─. ¡El mismísimo duque de Konohagakure está cortejando a nuestra Hinata!

─Eso es correspondencia personal de Hinata ─le recordó lady Kurenai a su hija en un tono severo─, tan privado como si fuera una carta. Deberías avergonzarte de ello. Discúlpate con Hinata y devuélvele el libro ahora mismo.

─Lo siento, Hinata ─dijo Mirai contrita, y le devolvió el libro ─. Este asunto os pertenece sólo a ti y al duque.

─No por mucho tiempo, querida ─dijo Moegi─ Si de verdad el duque de Konohagakure está cortejando a nuestra Hinata, toda la ciudad lo sabrá en unos días. Todo el mundo está especulando sobre su boda desde que llevó a limpiar las esmeraldas ducales.

Oh, Hinata, si aún no se ha declarado, seguro que tiene intención de hacerlo, si no no te habría regalado esto. Oh, hablarán de ti todos los periódicos, y de nosotras también.

─Me temo que eso es cierto ─dijo resignada lady Kurenai, cuya actitud era totalmente opuesta a la de su hija y sobrina─. Será mejor que nos preparemos para el asalto.

─¿Asalto? ─preguntó Hinata preocupada.

─Moegi tiene razón, querida Hinata, si el duque te corteja, todos tus movimientos serán observados y comentados, al igual que los nuestros. Nos inundarán las visitas y hablarán de nosotros hasta la saciedad en las notas de sociedad.

─Qué bien ─dijo Mirai riéndose─. Ahora no nos faltarán parejas de baile. Hinata, ¿crees que el duque podría presentarnos a sus amigos?

─Me avergüenzo de ti, Mirai, de verdad ─dijo lady Kurenai sentándose al lado de Hinata y colocando afectuosamente la mano en su brazo─. Tienes que entender todo lo que esto significa, querida. Vas a ser estudiada, analizada y criticada. Tienes que estar preparada para asumir que muchas de esas notas no sean agradables. La envidia es un sentimiento horrible y aquí lo hay en abundancia.

Los duques son un bien escaso, y me temo que la gente es muy avariciosa. Hinata miró el libro que tenía en su regazo. Ella no quería eso. No quería que él la cortejara, no quería que fuera romántico, porque si lo era, ella sucumbiría sin remedio. Empezaba a pensar que quizá sí sentía algo por ella y que no todo había sido un recurso para satisfacer su sentido del honor. Él no la amaba, pero por el modo en que le latía el corazón, sabía que ella sí podría volver a amarle.

─Los chismes no me preocupan lo más mínimo ─dijo ella intentando endurecer su corazón─. ¡No hay nada de lo que puedan hablar! No existe ningún romance, no estamos prometidos y no voy a casarme con él. Cuanto antes lo entienda todo el mundo, mejor.

Golpeó el libro con la mano y, con un gesto airado, abandonó el salón dejando a sus amigas sorprendidas por su ataque de mal humor. Un juego requería, como mínimo, de dos jugadores, se dijo a sí misma mientras subía por la escalera hasta su habitación. Decidió que simplemente no jugaría. No volvería a enamorarse de él. A veces, incluso un duque tenía que aceptar un no por respuesta.

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Continuará...