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Capítulo VIII.

Los primeros días en Godric para Lily fueron un infierno. No permaneció menos de tres días dentro del calabozo más oscuro y húmedo del castillo; olía mal, había ratas por todos lados y por las piedras se filtraba agua del pequeño lago natural que rodeaba al fuerte. Lily pensó que no podría comer por el desagradable aroma, pero la primera vez que le entregaron una hogaza de pan la devoró sin chistar. Lo único que la mantenía tibia era su propio cuerpo, pero si hubiera tenido alguna vela o madera la habría encendido con su hema para iluminar un poco.

Durante las largas horas creyó que podría hacer algo para vengarse por lo que James estaba haciendo, pero vamos, incluso si lograra escapar eran pocas las probabilidades de encontrárselo de nuevo a solas, debido al gran número de caballeros y guardias del castillo, así que se limitó a tratar de sobrevivir. Había pasado por peores cosas, además estaba segura que Benjy avisaría a Albus lo que había pasado y él acudiría a su rescate.

Sin embargo, James era mezquino, cuando el tercer día llegó sabía que La orden del fénix ya habría zarpado y las probabilidades de que alguna vez saliera de esa cueva eran mínimas. Empezó a barajar las maneras de escapar cuando fue sorprendida por unos caballeros posicionándose frente a su calabozo.

—¿Qué quieren? —les preguntó al observar como ninguno de ellos se movía.

—Sigues con ese temperamento, sabandija —dijo una voz conocida detrás de ellos.

Los caballeros abrieron paso mostrando a Sirius, su primer mentor y a quien le debía sus inicios como lectora de cartas náuticas. No debía emocionarse, pero no lo pudo evitar, se levantó y sujetó los barrotes con ambas manos.

—Canuto, por favor, sácame de aquí —suplicó al hombre de vestiduras elegantes—. Es la única forma en la que te perdonaré haberme dejado en Tilliam. Te juro que siempre estaré agradecida, no te atacaré ni apuntaré con una espada solo si me dejas salir de aquí.

Sirius permaneció serio, pareciendo dudar de su juramento. Finalmente, señaló la cerradura con la cabeza y uno de los guardias tomó las llaves para abrirla.

Lily se precipitó hacia afuera arrojándose a los brazos de su antiguo amigo. Tenía un aroma limpio y sus ropas le hicieron cosquillas en el rostro. Habría llorado un poco por el alivio si no hubiera sentido como el pecho vibraba conteniendo una risa.

—¿Qué es lo que sucede? —preguntó.

—Anda, vamos arriba. Me da gusto verte —agregó dándole unas palmadas en la espalda mientras la guiaba por el camino.

Para su sorpresa, los caballeros se desviaron en otra dirección y ella caminaba al lado de Sirius sin saber muy bien a dónde se dirigían.

—¿A dónde vamos?

Sirius no respondió sino que se limitó a guiar el camino por varios pisos, hasta que llegaron a un pasillo con banderines. Lily no entendía lo que estaba pasando, pensó que la ayudaría a escapar, por lo visto ya no era una prisionera.

El hombre abrió las puertas de madera mostrando una habitación amplia con una cama adoselada y, para su sorpresa, una sirvienta vaciaba cubos con agua en una bañera de madera colocada junto a la chimenea.

—Ella es Jane, te ayudará a asearte —espetó señalando a la sirvienta que hizo una inclinación con la cabeza.

Lily se quedó con la boca abierta, alcanzando a tomar la manga de Sirius antes de que se alejara preguntó una vez más, incrédula.

—¿Qué es lo que está pasando?

—Su gracia quiere reunirse contigo más tarde. Es necesario que estés presentable —dijo mirándola de los pies a la cabeza.

La pelirroja se sintió incómoda. Era cierto que no estaba precisamente limpia, sobre todo después de haber estado tres días durmiendo en el fango.

—¿Le gusta el agua tibia o caliente, señorita? —preguntó Jane cuando Sirius abandonó la cámara.

No sabía qué sentido tenía asearse si terminaría poniéndose de nuevo la ropa sucia, había perdido su morral en medio de la persecución, o eso creyó, hasta que lo encontró sobre el baúl. Eso era muy raro, no entendía qué estaba pasando. Sin embargo, tenía literalmente años que no usaba una bañera y no desaprovecharía la oportunidad.

—Caliente —respondió.

El baño fue placentero, el agua estaba en el punto perfecto e incluso Jane le había proporcionado una pastilla de baño. Abandonó la bañera sintiéndose más limpia que nunca, la piel tenía una tonalidad rosada por el desprendimiento de las capas de mugre, su cabello estaba brillante y las uñas no tenían partículas de tierra bajo ellas. Parecía otra persona.

—Es muy hermosa, señorita —dijo Jane mientras le ayudaba a ajustar el cos en su cintura.

Habían pasado años desde la última vez que tuvo toda la indumentaria femenina, algunas prendas estaban en el armario y Jane le dijo tener indicaciones de que las usara. Lily aceptó por la experiencia, quería revivir viejos recuerdos cuando se esmeraba en lucir bella y coquetear con los vasallos.

Por fin estuvo lista con el largo cabello pelirrojo sobre su espalda, se suponía que debía estar escondido bajo un tocado, pero habían sido tantos años con la melena al viento que sentía que se ahogaba en algo tan estrecho. Jane aceptó a regañadientes, aunque le advirtió que su gracia no lo encontraría adecuado.

La sirvienta la guió por el castillo hasta llegar a uno de los salones, Jane le dijo que era el lugar dónde Lord Potter llevaba a cabo reuniones. Lily se encontró en ese momento con el corazón palpitando fuerte al sentir la gran energía traspasar las paredes, era imposible que estuviera equivocada, sin lugar a dudas James estaba dentro de esa habitación.

Abrió la puerta con lentitud encontrándose con una mesa larga de madera en la que James estaba sentado a la cabeza, este ya la miraba cuando ingresó, Lily pudo sentir las llamas aparecer en sus pupilas. Bajó la mirada incómoda, no podía ser conveniente que él supiera el efecto que todavía causaba en ella.

—Pase, señorita Lilianne —dijo con voz formal indicando con un gesto que se acercara.

Hasta que no caminó hacia una de las sillas que le indicaba, Lily no fue consciente que Sirius se encontraba en el otro lado del salón, observando la escena. Eso la hacía sentir todavía más nerviosa.

—¿Qué es lo que quieres? —espetó sentándose pesadamente.

A menos de dos metros de distancia pudo percibir que sus ojos tenían llamas más pequeñas de lo que lo recordaba y desaparecieron de inmediato cuando él notó su mirada insistente.

—Vamos a almorzar —dijo con simpleza, desviando su atención a los sirvientes que se acercaron con diversos platos de comida.

Lily sintió la boca salivar con la presencia de todos los manjares, hacía mucho tiempo que no probaba ninguno de esos platillos. Su tiempo en tierra había sido limitado, por lo que cualquier cosa derivada de la res o el cerdo no era un alimento común por las complicaciones de mantenerlo. A pesar de ello, pudo controlarse, desviando su atención al hombre que la miraba con curiosidad.

—No tengo hambre. Quiero saber por qué me estás invitando a almorzar, James, si hace solamente unas horas me tenías dentro de un agujero lleno de alimañas.

Sirius se acercó con pasos fuertes y le puso una mano en el hombro.

—Dirígete a su gracia con más respeto, él no es la misma persona que conociste en altamar —expresó molesto.

Casi se quedó con la boca abierta cuando la voz de James rompió la tensión:

—Tranquilo, Sirius, puede llamarme por mi nombre. Odio los títulos.

Y con esto le dio un sorbo a la copa de vino que descansaba a su lado. Con tranquilidad aparente, comenzó a servir comida en su plato ignorando la batalla de miradas entre los otros dos.

—Responde —exigió.

—Primero come y después te explicaré lo que quieras saber. Una cosa que odio más que los títulos es que la comida se enfríe.

—¿Y sabes que es lo que odio más que nada? A ti.

Sus palabras fueron duras y James se limitó a hacer levitar algunas sillas antes de regresarlas a su lugar. Sirius algo incómodo tomó asiento en la mesa y comenzó a comer, Lily viéndose acorralada, no tuvo otra opción que comer también. No iba a mentir, la comida era deliciosa, la carne estaba en su punto y el pan recién sacado del horno. Comió más de lo que debería, por lo que muy pronto se sintió inflamada y tuvo que apartar los restos de su alcance.

—Hace unos días recibí una visita de Albus Dumbledore —explicó James cuando la servidumbre se llevó los platos—, me explicó el motivo por el que viniste a Godric. Aparentemente él no tenía conocimiento del fallecimiento de mi padre, por lo que me pidió encarecidamente que perdonara tu agresión y aceptara educarte en las artes hemásticas.

—¿Tú eres la persona que me enseñará? —preguntó indignada— Por supuesto que no. Me niego a pasar más de un minuto al día contigo. No quiero nada tuyo, ya encontraré otra manera de aprender.

—Señorita Lilianne…

—Lily —corrigió de inmediato. Odiaba su nombre completo sobre todo cuando iba acompañado de un «señorita». Tal vez ella y James tenían eso en común.

—Lily, el señor Dumbledore zarpó hace dos días y te dejó bajo mi cuidado. Por lo que, solo tienes dos opciones: una, aceptas la educación que te puedo dar que es el motivo por el cual viniste; o dos, te vas de aquí con lo que llegaste y no quiero volver a ver tu sucio rostro.

La pelirroja se sintió indignada, la mirada de James le hizo saber que hablaba en serio. Él no era un individuo que se anduviera con bromas, lo había aprendido seis años atrás ahora solo le quedaba barajar las opciones que tenía, ni siquiera había que tener una gran mente para saber cuál era la más conveniente.

Albus había ido, Benjy pudo avisarle lo que había pasado y él había intercedido por ella. James había aceptado y por eso ahora se encontraba con ropa limpia sentada frente al salón más inmenso que alguna vez vio en su vida.

—Si Albus vino hace días ¿entonces por qué recién salgo del calabozo?

James esbozó una sonrisa ladeada, otorgándole un brillo a su cara que podría dejarla sin aliento, si no fue por las siguientes palabras:

—Debías tener un castigo. Si voy a ser tu maestro necesito disciplina en mi único estudiante.

Casi gruñó, pero imaginó que desde los ojos de James se lo merecía. Ella lo había atacado en su propio castillo, pero él la abandonó en una isla. Había que ver quién era más cruel.

Esa tarde Sirius le dio un recorrido por el pueblo, además de la plaza una parte del castillo era lo único que había visto, así que pudo recorrer las calles llenas de personas alegres haciendo sus actividades. El pozo era el lugar donde se reunían mujeres para lavar sus ropas mientras conversaban, mientras que en la plaza los niños jugaban. Lily alcanzó a distinguir un número de comercios superior a lo que se esperaba. Pero sin lugar a dudas, la mayor fuerza económica del lugar era la militar, ya que gran parte de la ciudadela estaba compuesta por forjas que confeccionaban armaduras y armas para los caballeros. El olor del metal quemado era muy distintivo en el lugar, solo se perdía un poco al llegar a la panadería donde un grupo hombres conversaban entre risas.

Observar la alegría de la gente ajena a todo lo que pasaba fuera de las murallas provocó en Lily un sentimiento de añoranza. La energía que desprendía el lugar era muy parecida a Teva antes del ataque, los niños podían correr de un lado para otro y los animales domésticos paseaban con tranquilidad. La gente se veía saludable, bien alimentada y feliz.

—¿Estás bien? —preguntó Sirius a su lado rodeando el castillo.

Se limpió la formación de lágrimas y asintió con la cabeza era difícil explicar con palabras el sentimiento.

—Sí. Estoy bien. ¿A dónde vamos?

—Quiero mostrarte el campo de entrenamiento.

A grandes zancadas rodearon el castillo hasta llegar a la parte trasera, desde donde se observaba un gran campo en el cual por lo menos cuarenta jóvenes entrenaban. Los de menor edad golpeaban soldados de madera con palos, mientras que los mayores utilizaban armas reales. Algunos andaban a caballo y cargaban armaduras de hierro, contrario a los que cargaban pesas de un lado a otro.

Entre los chicos curiosos, Sirius la guió hasta llegar a un campo más pequeño que estaba del otro lado de la bodega de armas. Ahí se reunía un grupo de hombres mayores que parecían sumamente divertidos. En el centro se encontraban dos de ellos con armadura de los pies a la cabeza en una batalla individual, por la energía del lugar Lily advirtió que uno de ellos era James.

Pararon a observar la pelea en donde se podía ver claramente que el más fornido de los dos llevaba ventaja; la espada estaba firmemente agarrada en su mano y las estocadas parecían letales. El oponente cada vez daba más pasos hacia atrás recibiendo todo el impacto con el escudo de madera.

Lily casi soltó un chillido cuando la espada pasó muy cerca del hombro del más débil.

—¡Tiempo! —anunció uno de los caballeros que estaba fuera del campo alzando un reloj de arena.

El vencedor dio unas palmadas en la espalda del otro antes de quitarse el yelmo. El cabello negro estaba alborotado y el rostro sonrojado por el esfuerzo, esbozó una sonrisa burlesca y dijo en voz alta:

—Caballeros, les presento a la señorita Lilianne Evans, la cual a partir del día de hoy comenzará a entrenarse en compañía de los escuderos.

Lily lo miró atónita.

—¿Qué? —preguntó acercándose al susodicho.

El hombre entregó el yelmo a un muchacho que rápidamente también tomó la espada y escudo.

—¿Entrenar con los escuderos? Creí que me enseñarías a volverme una hechicera.

—Escucha: las artes hemásticas no son así de simples. Para aspirar a ser una hechicera debes tener la formación completa y esa inicia con las artes marciales —espetó dándose la vuelta para recibir un paño húmedo.

Lily sintió la sangre hervir y junto a ella su hema maximizarse. Pudo notar como el cabello de la nuca de James se erizó antes de mirarla de frente.

—Tengo cinco años entrenándome con Albus. Estoy mucho más capacitada de lo que crees —espetó con labia.

James por el contrario esbozó una sonrisa burlesca y señaló con la cabeza en dirección al escudero que lo asistía.

—Phil, prepárala para una batalla —indicó antes de acercarse a ella—. Es tu momento de demostrarlo.

Con la frente en alto siguió al muchacho que la guió a la bodega de armas. Pudo distinguir en el camino a Sirius que negó con la cabeza, imaginó los motivos de su desacuerdo pero no por ello iba a desistir.

Ella había llegado a Godric para convertirse en hechicera y ayudar al reino, no para ser la sierva de un conde con un gran ego.

—Puede elegir un arma mientras preparo la armadura —dijo Phil señalando el sector lleno de armas de todo tipo.

Admiró la variedad pero no podía elegir algo que no fuera una espada. En La orden del fénix el maestre Alastor Moody era un gran espadachín y le había enseñado todos esos años como blandir una con dignidad. James era bueno, no lo podía negar, ya la había vencido la primera noche que pisó el castillo y luego lo había visto luchar antes junto a ese caballero, sin embargo seguía creyendo que tenía oportunidad de vencerlo. Pensó en la forma de pelear de James: sus estocadas letales de alguna forma parecían ejercer más fuerza de lo normal, los pies estaban firmes en el suelo y no tambaleaba con cada impacto a pesar del esfuerzo ejecutado. Sí, definitivamente era bueno, tenía suficiente confianza para admitirlo.

Cuando por fin eligió una espada liviana y delgada, se acercó al escudero que ya había montado sobre una mesa la armadura de un caballero.

—¿Eso para qué? —preguntó curiosa.

—Es la armadura reglamentaria.

Alzó una ceja.

—No la necesito, con espada y escudo es suficiente.

—Señorita, no puedo…

—Gracias, Phil, yo me encargo —dijo una voz desde la puerta.

Sirius la observaba con una mueca y se acercó a paso firme mientras el escudero salía del recinto.

—¿Para qué es esta estupidez? —cuestionó señalando las piezas sobre la mesa.

—No puedes luchar si no llevas la armadura.

—No la necesito.

El hombre suspiró.

—Escucha, sabandija: retaste a James en su campo frente a sus hombres, la única forma en la que él te perdonará lo que acabas de hacer es venciéndolo. Y no lo harás si su espada te atraviesa en la primera estocada.

—Me estás subestimando, Sirius. Todos ustedes lo están haciendo. Entrené por cinco años con uno de los mejores espadachines del reino, no hay manera en que pueda perder esto.

Sirius cruzó los brazos y un gesto divertido cruzó su rostro, eso la hizo enfurecer más si es que era posible.

—Ya te venció una vez.

—Estaba distraída —se excusó.

—Usa la armadura es por tu bien.

—¿Cómo voy a usarla? —exclamó harta— Es indumentaria masculina, llevo una saya por si no lo has notado.

El hombre no respondió, tomó la cota de malla y la alzó lo suficiente para que ella se colocara debajo sin darle otra opción. Lily obedeció a regañadientes —Sirius podía ser incluso más obstinado que ella—, cuando la pieza tocó sus hombros sintió ceder sus rodillas debido al peso, estaba sorprendida pero no se iba a quejar ni muerta.

Sirius se aseguró de colocar cada una de las piezas superiores antes de entregarle la espada y escudo. El yelmo era tan grande que casi no le permitía ver sus pasos, así que se dejó guiar por el caballero hasta el campo en el cual se había reunido un grupo más grande dispuestos a presenciar la batalla.

—Es la médium que entrenará aquí —escuchó una voz desconocida detrás del yelmo.

El resto de los caballeros y escuderos murmuraban entre ellos conforme se abrían paso al centro. James conversaba con una gran sonrisa, fingió sorpresa al verla y se acercó a la rendija a la altura de sus ojos. Lily distinguió las llamas doradas en ellos.

—¿Segura que puedes ver? —dijo lo suficientemente alto para que todos lo escucharan.

Las risas no se hicieron esperar. Con furia la chica dejó caer la espada para sacarse el yelmo y lanzarlo al suelo. Podía sentir su cabello apuntando en todas direcciones y sus ojos chispear.

James esbozó una media sonrisa recibiendo la espada y escudo de Phil.

—Tienes coraje, no lo voy a negar.

La pelirroja recuperó la espada y se puso en guardia. Notó el esfuerzo que hicieron sus músculos para elevar el arma, la cota que llegaba hasta las muñecas era muy grande para su torso.

La batalla dio inicio cuando ambos caminaron en círculos evaluando sus movimientos, Lily pudo sentir el hema de James haciéndole cosquillas en el rostro; él tampoco se había puesto el yelmo y la miraba con determinación.

El primer movimiento que hizo fue tratar de golpear su rostro que él esquivó con facilidad. Se preguntó cómo lograba ser tan ágil con esa pesada armadura, además la que James portaba estaba completa, de los pies a la cabeza, su espada era más ancha y el escudo cubría una gran parte de su torso. La rapidez con la que se movía no podía ser natural.

James respondió con una estocada al costado que Lily pudo librar con facilidad. Se sintió satisfecha, pese a la agilidad de James eso sería muy sencillo. Ella también era rápida y él no tenía idea de cuán rápido lograría herirlo, Moody le había dicho tiempo atrás el punto débil de las armaduras, ni siquiera vería venir la espada hasta que estuviera clavada firmemente en la carne. Se acercó con rapidez y antes de hincar la espada en sus piernas, notó como el escudo de madera se impactó contra ella lanzándola hacia atrás.

Quiso recuperar el equilibrio pero el peso extra la hizo precipitarse hasta el suelo. Trató de levantarse pero una energía inimaginable se lo impidió, obligándola a permanecer en una posición abierta con los brazos estirados. James, sonriente, se acercó hasta estar en su campo de visión.

—Entrenarás con los escuderos hasta que estés lista —dijo tajante antes de alejarse.

Lily suspiró humillada.

Podía escuchar las risas de algunos espectadores y la forma en que su pecho se agitaba con rabia. La energía que la presionaba en el suelo se alejó justo cuando Sirius se acercó a ayudarla.

—¿Estás bien? —preguntó.

—Te dije que no era buena idea usar armadura, el peso me hace mucho más lenta.

—Eso solo indica que no estás preparada para enfrentarlo. Cualquier caballero debe ser capaz de soportar su peso en batalla —explicó—. Debes entrenar tu cuerpo; no será fácil, pero mientras tanto aprenderás a utilizar las armas de manera correcta.

—Ya se hacerlo, Canuto, gracias.

—Ni siquiera utilizaste el escudo.

—Me entorpecía.

Sirius negó con la cabeza antes de esbozar una sonrisa, se estaba divirtiendo a costa suya, el detalle no le molestó.

Para su buena suerte el entrenador de los escuderos se trataba nada más y nada menos que de su antiguo amigo. Lo que significaba que podría persuadirlo muy rápido de subir de nivel pronto. Sin embargo, las cosas no eran precisamente como ella imaginaba:

Durante la cena todos los escuderos y caballeros se reunían en el salón para consumir sus alimentos, aunque no le apetecía Lily entendió que debía asistir si quería hacerse de aliados y entender mejor la manera de operar del castillo. Agradeció haberlo hecho ya que en la primera cena se enteró de muchas cosas, primero: todos los chicos tenían años en ese lugar. Decían haber iniciado a los siete años su entrenamiento, en el cuál ascendían cada siete años si es que superaban las pruebas pertinentes.

Primero se iniciaban como pajes encargándose de labores de limpieza y entrenamientos sencillos sin armas, completaban esa etapa una vez que pudieran sostener armas sin que estas se les cayeran, para esto debían tener la fuerza suficiente; normalmente ocurría a los catorce años. Si eran aceptados, entonces se convertían en escuderos y aprenderían artes marciales, montar a caballo y muchos de ellos entrarían al campo de batalla si era necesario. Lily descubrió que esa fue la etapa en la que sus hermanos perdieron la vida, si los escuderos tenían un destino opuesto a ese y lograban sobrevivir, a los veintiún años podrían recibir el título de caballero otorgado por el Rey.

Cada año se realizaba un festival en Godric donde se celebraban justas y batallas con los escuderos que estaban próximos a graduarse. Aquellos que pasaran las pruebas debían adquirir su armamento para viajar a Nodria y recibir su título nobiliario.

Al recibir esta información, Lily se sintió más humillada. Entrenaría con chicos de entre catorce y veintiún años, siendo que ella era considerablemente mayor que el resto. Al contrario de ellos que estaban sorprendidos de que ella podría librarse de los primeros siete años de agonía.

Lily miró a James que estaba en la mesa principal. Su hema era embriagador, podía sentirlo deslizándose por cada rincón de su cuerpo, se preguntó si él sería consciente de aquello. La respuesta llegó cuando sus ojos se encontraron e inmediatamente se formaron llamas doradas. Él inclinó la copa en su dirección antes de girarse a Sirius con el que mantenía una conversación.

—¿James suele sentarse en esa posición? —preguntó a Randall, uno de los escuderos de mayor edad.

El chico lanzó una mirada al susodicho y asintió.

—Lord James intenta compartir la mesa con nosotros, pero en ocasiones sus ocupaciones lo sobrepasan.

—¿Sus ocupaciones?

Se supone que James es el Conde de Godric y su responsabilidad es formar caballeros. O eso fue lo que entendió en alguna conversación con Albus.

—Sí. Suele reunirse con el equipo de defensa para tomar decisiones de la guerra, se encarga de solucionar los conflictos del pueblo, además entrena junto a los caballeros todos los días mientras que mantiene una relación muy cercana con el Rey y todos los temas de estado.

Lily alzó una ceja, aquellas eran muchas responsabilidades para un simple conde.

—Eres afortunada si él te entrena en persona. Es muy bueno, algún día aspiro a mover la espada de esa manera.

—No exageres —bufó.

Al parecer nadie en ese recinto conocía a profundidad la personalidad del hosco capitán. Lily podía notar como estaban especialmente cómodos y contentos de que esa noche se les hubiera unido el Conde, pero ella podía ver más allá. Sentía su hema fluctuando para molestarla, su simple presencia le provocaba un gorgoteo en los intestinos y la sensación no era precisamente agradable.

La mañana siguiente Lily se preparó para su primer entrenamiento real. Sirius le había dicho que debía consumir la misma dieta que los escuderos para ganar peso.

—Estás muy escuálida —espetó— para poder sostener una armadura deberás subir por lo menos diez kilos.

Lily ahora entendía porque todos parecían tan bien alimentados. Contrario a lo que se proponía, apenas pudo terminar la mitad de su desayuno ganándose una mirada reprobatoria del melenudo.

Después llegó el entrenamiento físico donde salieron a marchar varios kilómetros solo para regresar a realizar levantamientos de pesas, lanzar jabalinas, lanzas, tiro con arco, batallas cuerpo a cuerpo, etc. Al terminar el recorrido Lily estaba mareada, sedienta y agotada pero no se dejaría humillar por los jóvenes que ya estaban acostumbrados a ese entrenamiento diario.

Del otro lado del campo donde entrenaban los caballeros, Lily no percibió el hema de James, por lo que se sintió tranquila al dejarse caer más de una vez cuando ya no podía más. Sirius la animaba pero pese a ello, conforme pasaban las horas se dio cuenta que no tenía condición para ese tipo de ejercicios. Si bien había entrenado durante años con espada, no estaba ni cerca de soportar todo el esfuerzo físico que implicaba levantar una lanza y elevarla por encima de su cabeza. La puntería era otra cosa en la que tampoco había destacado, al poco tiempo ya se había ganado la reputación de tener el peor tino entre los escuderos.

Estaba furiosa consigo misma, pero no podía quejarse con Sirius que le brindaba por completo su atención y paciencia pese a que lo descubrió más de una vez poniendo los ojos en blanco cuando creía que no lo veía.

—¿Dónde está Lunático? —preguntó blandiendo su espada contra un soldado de madera.

Sirius detrás de ella evaluaba los avances.

—En Nodria, tiene más de un año en la corte. Es uno de los favoritos del Rey.

—¿También pertenece a la nobleza?

El hombre se acercó cuando el soldado se había quedado sin escudo, lo recogió del suelo colocándolo de nuevo.

—Es el Marqués Lupin. Un maestro en las estrategias de defensa, por lo que su participación en la guerra es de gran importancia.

—Cornamenta Conde, Lunático Marqués, y Canuto ¿caballero?

Sirius frunció el ceño y asintió con la cabeza, demostrando su incomodidad.

—Ahora lo soy, cuando me conociste era un simple siervo al servicio del condado de Godric.

—Oh. ¿Y cómo terminaron siendo amigos? Al parecer los tres están en diferentes posiciones.

Lily clavó su espada en el suelo, dispuesta a escuchar la historia de Canuto.

—Llegué a Godric con catorce años después de que mi padre me cambió por un pequeño barco. El fallecido Lord Potter me acogió y contrario a lo esperado, me educó como militar al lado de su único hijo. Esa fue la forma en que conocí a James, él y yo nos hicimos grandes amigos. Mientras que a Remus lo conocimos un poco después siendo escuderos y acompañando a nuestros señores al campo de batalla. Simpatizamos de inmediato y nos dimos cuenta que hacíamos un buen equipo.

Admiró la facilidad con la que se hicieron amigos, le hizo recordar a Benjy y Dorcas.

—¿Puedo seguirte llamando Canuto? —preguntó con una sonrisa.

—Es un mote reservado a mis amigos así que sí.

La declaración le hinchió un poco el corazón de felicidad aunque no se lo expresara con palabras. Sirius por el contrario la miró con burla, haciéndole notar que su atención estaba clavada en algún punto detrás de ella.

De inmediato sintió los vellos de su cuello erizarse y la sensación cálida volvió. James se encontraba por ahí, debido a la reacción de Sirius pudo adivinar que estaba a sus espaldas.

—Es hora de nuestra primera lección —le dijo con voz pausada.

Giró sobre sus talones para descubrir que él ya iba de vuelta al castillo. No llevaba armadura ni ropa de entrenamiento, tampoco la elegante con la que lo había visto la noche de su cumpleaños, sino una jaqueta con un cinturón en las caderas. Se justificó por escudriñarlo pensando que la indumentaria le diría qué tipo de entrenamiento harían. Le agradaba saber que no sería físico ya que estaba agotada.

Lo siguió con paso sigiloso hasta llegar a un área del castillo que todavía no conocía. James abrió una gran puerta y le indicó que pasara, Lily obedeció sorprendiéndose al notar que estaban en un recinto completamente vacío a excepción de algunas portavelas y una alfombra.

—¿Qué hacemos aquí? —preguntó a la defensiva.

—Siéntate en el suelo.

—¿Qué?

—Que te sientes en el suelo —indicó tajante.

La pelirroja lo observó con desconfianza asegurándose que James no portaba ningún arma, la posición no sería ventajosa en caso de un ataque.

Él comenzó a caminar a su alrededor justo como hacía Albus, la diferencia es que no la miraba con cada paso que daba y su hema la distraía considerablemente.

—El hematismo se compone de tres partes esenciales: mente, cuerpo y hema —citó de memoria—. Si una de las partes no está en sintonía con el resto jamás podrás convertirte en un hechicero. La mente se entrena con la meditación y el cuerpo con las artes marciales, una vez que las dos etapas sean controladas serás capaz de dominar las artes hemásticas con un entrenamiento rudimentario.

»Para poder llegar a eso en una práctica convencional deberán pasar catorce años, sin embargo no tenemos el tiempo para eso, es oportuno que tengas conocimientos básicos al respecto pero, deberemos pulirlos y mejorarlos antes de pasar a etapas más avanzadas.

»Mientras Sirius te ayuda entrenar tu cuerpo, nos concentraremos en tu mente y posteriormente el hema de forma natural…

—¿Por qué es tan importante el cuerpo, gran señor? —interrumpió.

James detuvo su caminata para clavar los ojos marrones en ella. Sonrió para sus adentros satisfecha de hacerlo sentir cuestionado.

—Porque, señorita Lilianne, las artes hemásticas deben ser útiles. Su valor se le atribuye al uso militar.

Lily alzó una ceja.

—Albus dice que el hema es lo más parecido a la magia —señaló.

Notó la inquietud en el rostro del hombre contrariado por la información, pero muy pronto su rostro regresó a ese temple serio que lo caracterizaba.

—Es una forma romantizada de verlo. El hema se usa porque es útil, no porque es bonito. El reino de Uthor forma hechiceros porque son necesarios para la guerra contra Glador.

—¿Y de qué forma se usa para la guerra, mi señor? —cuestionó cruzada de brazos.

James suspiró y se puso en cuclillas para estar a su altura.

—El hema te protege de ataques, ayuda a soportar el peso de la armadura, te hace ser más ágil, ayuda a que tus estocadas sean más exactas y con mayor fuerza, puede dominar las armas a tu alrededor, derribar adversarios... las posibilidades son infinitas.

»Quiero pensar que el señor Dumbledore te explicó qué es el hema y sus limitaciones.

Sin abandonar la pose a la defensiva espetó:

—Dijo que el hema es un tipo de energía parecida a la magia y puede usarse como tal.

James negó con la cabeza.

—El señor Dumbledore no completó su entrenamiento como hechicero. Estuve buscando en los registros y desertó a los dieciséis… Con solo dos años entrenando como escudero no es suficiente para entender las artes hemásticas, por lo tanto la información que te brindó está incompleta.

—¿Incompleta? —Se quejó— ¿Cómo puedes decir que no es magia si yo misma la he provocado?

—Lily, hacer vibrar el suelo es una manifestación espontánea. El hematismo es consciente y a voluntad, las reacciones que emite tu cuerpo deben ser controladas por ti misma.

»En estos tiempos cualquier manifestación puede considerarse magia pero no lo es. El hema es un tipo de energía que emite cada uno de los cuerpos de seres vivos, las plantas, animales y personas; un hechicero hemástico es aquel que puede dominar a voluntad el hema residente en otros seres y en él mismo —agregó rascando su barbilla pensativo. El brillo en su mirada reflejaba la pasión por el tema, detalle que no pasó desapercibido para Lily—. Los descendientes de la casa Gryffindor tienen ese don, uno muy raro en Uthor. El hematismo debe tratarse con respeto. No puedes usar el hema de otras personas para tu comodidad, puedes usar el tuyo si eres capaz y es por eso que las artes hemásticas las usamos en el campo de batalla nada más.

—¿Tú eres un descendiente de la casa Gryffindor? —preguntó sin poder ocultar su molestia.

Odiaba cuando alguien le llevaba la contraria, sobre todo tratándose de James. Pero no podía negar que tenía razón, la información que le brindaba eran datos que ni en sueños Albus podría conocer; en definitiva James tenía mucha más experiencia.

—Lo soy —admitió con el rostro sereno.

El detalle le llamó la atención, el día anterior se había asegurado de demostrar sus habilidades contra ella, pero ahí en ese lugar con privacidad James no parecía alardear del hecho.

—Y tú eres una médium, un ser raro en nuestra sociedad. Los últimos diez años ha habido pocos descendientes de la casa Gryffindor. En el frente no debe haber más de cinco hechiceros en combate por Uthor, mientras que Glador nos supera en tres a uno. Quiero que seas parte de mi equipo, de mi fuerza militar. Eres una médium, que ha tenido entrenamiento previo. Con las habilidades que tienes podrías ser de mucha ayuda para el reino. ¿Qué dices? ¿Accederás a tomar el entrenamiento?

Lily lo miró de hito en hito, el metro de distancia que los separaba no era suficiente. Durante la conversación los ojos de ambos poco a poco iban formando llamas doradas difíciles de controlar y la pelirroja podía sentir el hema de James fluctuando fuera de su cuerpo.

—¿Por qué puedo sentir tu hema? —preguntó evadiendo la anterior pregunta.

El conde sonrió y Lily recordó ese movimiento de labios.

—Porque eres una médium —respondió con simpleza.

—¿Tú sientes el mío?

—Sí.

—Esta sensación de calidez que recorre mis dedos ¿es tu hema?

Esta vez James negó con la cabeza.

—Es el tuyo. De alguna forma cuando dos Gryffindor o médium están en cercanía el hema reacciona de forma natural, fluctúa fuera de nuestro cuerpo y busca al hema más poderoso.

—Es cierto. Cuando estoy con otras personas no siento nada.

—Eso es porque el hema se distribuye de forma natural dependiendo nuestra ascendencia, no todos poseemos la misma cantidad. Los seres con menor hema son las plantas, le siguen los animales, las personas normales del reino, los descendientes de las casas merlinianas, hechiceros y médiums, y por último los dragones legendarios. Tu hema buscará a alguien de tu mismo nivel o mayor.

—Es curioso —dijo—, cuando iba a casarme con Sir Diggory llamó mi atención el brillo en sus ojos pero no pude sentir nada.

James se llevó una mano a la barbilla.

—Conozco a Sir Amos. Él se formó en Godric como caballero pero su hema no es muy poderoso. Es decir, es superior al promedio común, sin embargo él no es capaz de dominarlo a voluntad por lo tanto no se puede convertir en un hechicero. Él no pudo sentir tu hema y seguramente tú no lo identificaste debido a que no tenías adiestramiento.

»Por eso el entrenamiento es importante, sin él no somos nada. Sin entrenar las artes hemásticas serías un caballero más descendiente de una casa merliniana.

Escuchó lo que James decía pero no tenía tanto sentido como le gustaría. Cuando lo conoció a él solo unas horas después de ver los ojos de Amos, se encontraba en las mismas condiciones, es decir, sin entrenamiento; pero con James fue capaz de percibirlo de inmediato, aunque en ese momento no sabía lo que era. La energía que le atraía tanto de él en altamar ahora sabía que era debido a su hema y no porque hubiera desarrollado sentimientos en ese corto periodo de tiempo.

La realización provocó un gran alivio. No podría odiarlo en paz sabiendo que un tiempo atrás todavía pensaba demasiado en él. Recordó la pelota que James le había entregado y ella mantuvo en su poder durante los últimos seis años como recuerdo de ese sentimiento que creyó tener. Aunque poco después le atribuyó una importancia diferente, perdió casi todo en Tilliam, incluso a Killian, pero no la pelota, así que de inmediato tomó valor por ser el único objeto que mantuvo.

El rumbo de sus pensamientos le llevó a Killian, todavía dolía. Él era una de las razones por las que se encontraba haciendo eso, soportar a Lord James Potter y entrenarse bajo su tutela. Si no fuera por él pensaría que se había vuelto loca, sin embargo eso era lo que debía hacer, sin esta oportunidad ella jamás podría convertirse en una hechicera y combatir contra Lord Voldemort. Aunque James por lo visto tenía una idea muy diferente…

—Dices que el hema se utiliza para combatir a Glador.

El hombre asintió.

—¿Y qué hay de la guerra que Lord Voldemort ha declarado a Uthor?

—Lord Voldemort no ha declarado ninguna guerra, simplemente es otro alborotador de las islas del norte.

Lily abrió ligeramente la boca sorprendida por sus declaraciones.

—¿Cómo dices eso? Los escuderos dicen que te encargas de la defensa del reino, si eso es cierto, tú eres el responsable de los ataques en las Islas Colindantes.

—¡Yo no soy el responsable! ¡Estamos en guerra! —exclamó poniéndose de pie exaltado.

Indignada de un salto también irguió toda su altura.

—¡Lord Voldemort ha invadido cada una de las islas! Es solo cuestión de tiempo para que llegue a Tierra Firme…

—¡Eso ya lo sé! ¿Crees que no estoy enterado de qué pasa en el reino?

—Parece que no porque has dejado que ese hombre avance hasta este punto, y aun así, viendo lo inminente, consideras más importante disponer de tus recursos en una guerra que se ha librado por cien años. ¿Qué acaso a nadie le importan las Islas Colindantes? ¿No existen para el Rey? ¿O por qué infiernos no hay ejército combatiendo contra Voldemort?

—No hay un ejército porque Glador quiere hacerse con los dragones legendarios y son prioridad para Uthor.

—¿Prioridad? ¿Los dragones legendarios? ¿Y qué hay de todas las vidas que se han perdido? ¿Qué hay de los hombres valientes y honorables que han perdido la vida a causa de defender su hogar contra hombres como Voldemort?

—¡No soy indiferente! ¡Me importa más de lo que piensas! Pero debemos ser estratégicos si queremos salir bien librados, si perdemos a los dragones legendarios no tendremos ningún recurso para combatir contra Lord Voldemort. ¿Crees que no hemos perdido vidas contra Glador? ¡Miles! ¡Por cien años! ¿Acaso todas esas vidas serán en vano?

—¡Lo serán si no hay un reino que defender!

Con la respiración entrecortada fue consciente de lo que pasaba a su alrededor. Las velas levitaban a un metro de su ubicación de origen, el cabello de James apuntaba en todas direcciones y pudo notar sus ojos con las llamas más amplias que había visto hasta ahora. Estaba furioso.

Podía sentir sus hemas fluctuando por toda la habitación, el suelo estaba inestable pero ellos no parecían tener problema en mantenerse de pie.

—No voy a permitir que cuestiones las decisiones de la corona. El entrenamiento que llevarás a cabo es bajo mi tutela y tengo la autoridad para prescindir de los hechiceros de la forma que considere prudente.

Lily soltó una risa sarcástica que James captó de inmediato. De alguna forma esto causó que la energía que los rodeaba se volviera más cálida, Lily casi podía notar las gotas de sudor que se acumulaban en su frente mientras el cabello de James se movía en todas direcciones.

—¡No puedo creer que seas tan obtuso! La realidad está picándote los ojos y no eres capaz de verlo.

El hombre dio unos pasos hacia adelante invadiendo su espacio personal, su hema reaccionó de inmediato volviéndose más y más cálido.

—No importa lo que pienses —musitó disminuyendo varias octavas su voz—, estás bajo mi tutela y harás lo que yo diga. Lucharás la batalla que a mí se me dé la gana y no tendrás otra opción más que obedecer mis órdenes.

Sin ánimo de evitarlo sintió una energía concentrarse en su puño que se elevó impactando con fuerza en el pómulo de James. Sorprendido dio unos pasos hacia atrás llevándose la mano al área afectada.

Lily gruñó por última vez ocasionando que las portavelas se derribaran. Dio media vuelta y salió como alma que lleva el diablo.

La rabia que la llenaba era desbordante, estaba fuera de control y no quería herir a nadie más, pero no por eso dejaría que un hombre se aprovechara de su posición para hacerla librar sus propias batallas. No entendía por qué Albus consideró que la mejor opción era dejarla bajo el techo de James, tal vez no se conocían, tal vez el viejo no sabía realmente cómo era el hijo de su amigo de antaño.

No compartía su opinión, sin embargo no tenía opción que seguir en Godric hasta completar su entrenamiento; después encontraría la manera de regresar a La orden del fénix para luchar contra Voldemort. Por ahora tenía que aprender tanto cómo pudiera.

James decía que debía tener un entrenamiento intensivo, Lily seguía pensando que la subestimaban. Sí, fue derrotada en la lucha del día previo, pero eso fue por ignorancia, después de su primera lección ahora tenía conocimiento que el hema se utilizaba para luchar, por ese motivo fue vencida tan fácilmente. A su favor tenía que fue capaz de golpear a James unos minutos antes, eso quería decir que podría sobresalir entre los escuderos y tener un entrenamiento más avanzado. ¿Luchar con espadas de madera? ¡Por favor! Ella sabía muy bien cómo blandir una de metal afilado.

Así fue como al día siguiente después del largo recorrido por las praderas se encontró frente a Sirius suplicándole que la dejara pelear una vez más:

—¡No tengo doce años! —exclamó después de varios minutos de discusión señalando a los niños con los que entrenó el día anterior.

Sirius rodó los ojos.

—Por tu comportamiento estúpido diría que sí los tienes —dijo apartándose.

Sin darse por vencida Lily lo siguió a través del campo.

—Escucha: debes darme otra oportunidad, el otro día perdí porque luché con James. Él es un experimentado hechicero pero estoy segura que puedo entrenar con los escuderos mayores. Tengo mucha más experiencia que esos niños. ¡Por favor, Sirius!

—¡Está bien! ¡Está bien! Ni siquiera ellos joden tanto como tú —exclamó harto del parloteo. Se giró a verla con una sonrisa burlesca—. Te probaré, si pierdes esta batalla empezarás desde el principio como todos.

Segura de que era lo más que podría obtener asintió con la cabeza, suficientemente confiada para saber que la advertencia no tenía cabida.

—Será una batalla cuerpo a cuerpo, sin armas y yo elegiré a tu oponente.

—Por supuesto. Hazlo.

Sirius rodó los ojos de nuevo y recorrió el campo de entrenamiento en busca del oponente perfecto. Eligió a un chico de unos quince años con quien estuvo sentada la noche anterior, su nombre era Hal y compartían la misma estatura.

Los curiosos se reunieron alrededor del lugar donde se llevaría a cabo la lucha, Lily tuvo que admitir que no había tenido entrenamiento cuerpo a cuerpo, sino con espada; aun así no se sentía en desventaja, sabía que podría vencer al chico con facilidad.

—Es una mujer, Sir Sirius —se quejó Hal.

El caballero se acercó y le dijo unas palabras en voz baja que nadie más pudo escuchar; inmediatamente después Hal se puso en posición de ataque. Dudosa, Lily trató de imitar su posición con los puños en alto. Viéndolo mejor el muchacho podía ser delgado, pero los brazos parecían macizos y la expresión de seriedad demostraba que sabía lo que hacía.

El primer movimiento la golpeó en el hombro, no pudo hacer nada para defenderse solo dar unos pasos hacia atrás tratando de soportar el dolor. No se dejaría vencer, eso era seguro. Volvió a la posición inicial tratando de darle un puñetazo en el rostro, con agilidad Hal tomó su puño entre las manos, y antes de darse cuenta una patada la hizo caer. Pudo escuchar los quejidos de los espectadores, al parecer todos coincidían en que la caída fue dolorosa, Lily lo constató en la sensación de su espalda.

Afortunadamente el chico dio unos pasos atrás esperando que se pusiera de pie, lo hizo con dificultad y apenas manteniendo una respiración superficial. ¿Qué infiernos estaba pensando cuando insistió en esa lucha? Su hema no la había protegido de ningún golpe, tampoco le había ayudado a atinar el puñetazo. Algo estaba mal.

Regresó a la posición tratando de propinar un golpe en las costillas, de nuevo fue sujetada antes de tocarlo. Soltó un chillido cuando el brazo de Hal rodeó su cuello impidiendo su respiración. Lily trató de soltarse pero estaba sujeta con firmeza. Trataba de no entrar en pánico mientras comenzaba a sentir la calidez alrededor de su cuerpo; James debía andar por el lugar y presenciaría la paliza que estaba recibiendo.

Pese a la falta de oxígeno se las arregló para soltar un gruñido que los hizo caer de espaldas. El brazo no la soltó así que clavó los dedos en su piel desnuda provocando un grito de boca del muchacho.

El aire volvió a sus pulmones provocando una sensación de alivio aunque el calor no abandonó su cuerpo.

—¿Qué infiernos está pasando aquí? —escuchó muy clara la voz del Conde.

Hal seguía soltando sollozos de dolor a sus espaldas mientras un grupo lo rodeaba.

—¿Qué fue lo que hiciste? —jadeó Hal todavía en el suelo.

Se giró para verlo, descubrió las marcas de sus dedos sobre la piel del muchacho.

—¿Cómo hiciste eso? —preguntó Sirius que se había acercado para determinar su estado.

—¡Me quemaste! —exclamó Hal lloriqueando un poco.

James con los ojos brillantes se abrió pasó entre los espectadores llegando al lugar donde los dos seguían en el suelo. Tenía cara de pocos amigos y un golpe llamativo en el rostro. Lily bajó la mirada sabiendo lo que vendría a continuación:

El hombre se agachó a la altura de Hal que inmediatamente dejó de sollozar mostrándose más valiente.

—¿Estás bien? —preguntó preocupado.

Lily lo observó evaluar la piel al rojo vivo del muchacho antes de dedicarle una mirada furiosa a Sirius que estaba a unos pasos.

—¿Tú permitiste esto? —cuestionó al caballero que se encogió un poco en su lugar. La expresión de diversión abandonó su rostro.

—La señorita Lily quería demostrar su valía.

James ni siquiera le prestó atención, siguió conversando con Hal en voz baja hasta que el muchacho se puso de pie y se dirigió a la bodega de armas.

—Escuchen bien: —expresó en voz alta. Todos a su alrededor guardaron silencio expectantes de sus palabras— la señorita Lilianne tendrá un tipo de entrenamiento diferente, si no quieren salir lastimados es importante que respeten el proceso de adiestramiento que yo mismo he dictado. Por ahora nadie puede batirse en duelo con ella, ¿está claro?

A su alrededor los escuderos y caballeros asintieron con la cabeza. De todos Sirius era el que parecía más incómodo, pero se las arregló para no mostrar sus emociones en ese momento. James le dedicó una mirada de advertencia antes de acercarse a Lily y con brusquedad ponerla de pie.

—Ven conmigo —dijo irritado.

Lily podía sentir arder en mil llamas el lugar en que la mano la sostenía del codo pero no dijo palabra. Había lastimado a un chico y se sentía tremendamente culpable.

—¿Qué es lo que estabas pensando? —preguntó James mientras se alejaban del campo.

—¡Solamente quería demostrar que me están subestimando!

El Conde frenó con brusquedad y se giró para verla de frente. Entonces Lily pudo apreciar mejor la mancha roja sobre su pómulo, no era un moretón como pensó en un inicio, sino se notaba claramente la apariencia de una quemadura. Sus ojos se desviaron a las llamas brillantes en sus pupilas, su expresión era atemorizante.

—¿Y estoy equivocado? ¿En algún momento te clasifiqué en una categoría errónea? Dime ¿venciste al chico?

Ni siquiera pudo sostenerle la mirada. No lo había hecho, no lo venció, en cambio lastimó a un chico inocente cuando de forma involuntaria su hema salió disparado para protegerla.

—¿Escuchaste algo de lo que te dije ayer? El hema debe entrenarse —repitió pausadamente arrastrando las palabras con enfado—, no puedes aprender a controlarlo sin el adiestramiento adecuado. Hoy lastimaste un niño, ayer me lastimaste a mí, ¿y mañana? ¿A quién dañarás? ¿Quién sabe? A lo mejor a un pequeño paje que te provoque.

—L-lo…

—Eres poderosa, Lily, te lo dije ayer pero no bastará con tu arrogancia para que lo domines. La falta de control del hema puede traer consecuencias graves, puedes destruir algo importante o arrebatarle la vida a un inocente. ¿Eso es lo que quieres? Si es así, puedes irte. Me niego a entrenar a una persona que no está dispuesta a escuchar y seguir indicaciones claras.

Se mordió el labio inferior. Sabía que tenía razón, ¡Infiernos, sí que la tenía!

—L-lo siento.

Sus palabras no parecieron calmar el temperamento de James, pero el logró controlar sus emociones, su cabello dejó de balancearse y los ojos volvieron a su color marrón.

—Lo siento —repitió—, no volveré a intentarlo, lo prometo. No quiero dañar a nadie.

James gruñó y se llevó una mano sobre los ojos con frustración.

—De acuerdo. Te daré otra oportunidad pero debes demostrar que sabes seguir indicaciones. Ya te lo dije, tu entrenamiento será intensivo pero debes seguir ciertos pasos para que tus habilidades evolucionen de manera natural.

Asintió con la cabeza, todavía arrepentida de lo que había pasado.

La sensación de calor no había abandonado su cuerpo y podía notar como en la frente del Conde se formaban perlas de sudor aunque el día no era cálido. Observó una vez más la herida rojiza en su rostro que parecía arder como el infierno, ¿ella lo provocó? ¿Cómo?

—Muéstrame tus manos —dijo James después de unos minutos de silencio.

Lily obedeció mostrando las palmas rojizas hacia arriba. Él las miró con atención antes de deslizar uno de sus dedos sobre la piel, su tacto era frío aún más de lo que el clima otorgaba.

—¿Qué sientes?

—Estás frío.

La miró a los ojos antes de que unas llamas doradas aparecieran. Su tacto esta vez se dirigió a su rostro, su dedo se deslizó debajo de la mandíbula provocándole cosquillas. La piel de su nuca se erizó y el cabello de James comenzó a balancearse en todas direcciones.

—¿Y esto?

—Me haces cosquillas.

Notó como el Conde hizo un esfuerzo por no poner los ojos en blanco.

—¿Frío o caliente?

—Ya te dije que tienes las manos frías.

Ante esto James bajó la mirada, pensativo comenzó a caminar en círculos. Sus ojos se fueron directo a él, dándose cuenta que usaba el mismo tipo de indumentaria del día anterior, haciendo evidente el contraste entre su piel más pálida que en altamar y los labios de un color saludable.

Se reprendió a sí misma por observarlo con ese detalle, pero no se podía negar que el hombre tenía su encanto.

—Quiero que me hables de las manifestaciones involuntarias de hema que has tenido previo a tu entrenamiento con el señor Dumbledore —pidió.

Lily alzó una ceja.

—¿Por qué es importante?

—Porque estás haciendo cosas muy extrañas.

—¿Extrañas?

El Conde dio unos pasos hacia uno de los bancos de piedra.

—Sí, extrañas, inexplicables, cosas que antes no había visto ni leído. Escucha: después que me lastimaste ayer fui a la biblioteca a investigar un poco y no encontré nada sobre esto —dijo señalando la marca en su pómulo.

Por lo que sabía, James era la persona con más información del hema en el reino y si él no encontraba una explicación no sabía quién sí.

—No sé cómo responder tu cuestionamiento. Yo no sabía que era una médium hasta que me encontré con Albus.

—No es necesario tener conocimientos, seguramente notaste que pasaban cosas extrañas a tu alrededor, cosas inexplicables que ahora puedes saber tú las provocabas.

Lily bufó.

—No. No pasaba nada extraño en mi vida hasta el día de mi matrimonio. Recuerdo haber sentido malestar cuando me sumergí en el baño de osage y después huí de casa para abordar La flecha plateada. Podía sentir una energía a tu alrededor que en ese momento no tenía explicación alguna, pero fuera del momento en que me mostraste que mis ojos brillaban yo no había notado nada extraño —señaló ruborizada por las memorias.

James también parecía incómodo a pesar del sosiego que lo caracterizaba.

Aclaró su garganta antes de hablar:

—¿Qué hay del día que hicimos un juicio? ¿Lo recuerdas? Uno de los marineros te acusó de provocar fuego.

El recuerdo llegó a su memoria, como ese, muchos los había omitido por salud. El rostro de Sully y el peso que ejerció sobre ella regresó en su mente, la vejación que había cometido contra ella era una de las cosas que más quería olvidar.

Sacudió la cabeza queriendo apartar los horribles recuerdos.

—Sí. Dijo que lo había quemado después que intentó atacarme.

—Creo que eso es lo mismo que hiciste hoy con Hal y conmigo ayer —reflexionó—. Pienso que puede estar relacionado con el último elemento.

—¿El último elemento? —preguntó confundida.

—¿Sabes la historia de la Orden de Merlín? Las cuatro casas fueron bendecidas con un elemento como don. Gryffindor hema, Hufflepuff…

—Tierra —continuó recitando de memoria—, Ravenclaw viento y Slytherin agua.

James asintió.

—El último elemento es el fuego. No hay registros de que alguien pudiera manipularlo ni siquiera Merlín lo hizo, es por eso que no fue entregado a ninguna casa. Los únicos capaces de hacerlo son Los dragones legendarios… Es muy poderoso —agregó pensativo.

Pudo sentir la incertidumbre en el ambiente. James no sabía lo que pasaba y ella mucho menos, estaban hablando de algo que podía hacer desde hace algunos años pero de lo cual nunca había tenido control. Ni siquiera se había percatado de ello, siempre pensó que era otra manifestación espontánea del hema.

—¿Pero con el hema no puedes provocar fuego? —dijo confundida.

La pregunta tomó por sorpresa a James que se había sumergido en sus pensamientos los últimos segundos.

—No. Es decir, puedes utilizarlo para manipular el agua, viento y tierra pero el fuego es poderoso e inestable. Lo máximo que he logrado es encender una vela y eso lo hice después de muchos años de entrenamiento. Tú, sin embargo, lo haces sin ningún tipo de esfuerzo, como cualquier otra manifestación. Tu hema es cálido, mucho, como si tu cuerpo expulsara una ola de calor y aumenta en ciertos momentos. Recuerdo haberlo notado en altamar, pero no estaba seguro de qué era.

Lily llevó una mano a su barbilla, mientras paseaba por el lugar sintió las pupilas de James siguiéndola pero no le tomó importancia. Se sentía abochornada, esos momentos en que el calor aumentaba había descubierto que sucedían cuando James rondaba por el lugar o cuando sus emociones se disparaban sin control, aunque esto último podía traer diferentes consecuencias como hacer vibrar la tierra. Pese a eso, lo que más le preocupaba era la manera en la que su hema era influenciado por James, él lo había dicho, buscaba el del conde de manera natural.

—Mi primer invierno en Tilliam sobreviví calentando mi propio cuerpo —dijo tratando de apartar los pensamientos—, no sé cómo lo hice, simplemente… sucedió y luego con Killian…

—¿Killian? —interrumpió confundido.

—Killian fue un hombre que conocí en Tilliam —dijo, no quería dar más explicaciones y James no se la merecía cuando él fue el causante de toda su desgracia—. Con Killian también pude calentar su cuerpo.

—Oh.

—¿Eso es todo? —preguntó después de un rato de silencio— Han sido todas tus manifestaciones del hema.

Asintió con la cabeza.

—Será necesario adaptar tu entrenamiento para que controles tu fuego, es volátil y podrías dañarnos a todos si no aprendes a controlarlo —suspiró—. No quiero que batalles con nadie, solo podrás luchar conmigo cuando llegue el momento.

Aceptó consciente de la lección que había aprendido ese día.

—¿Es todo? ¿Puedo volver a mi entrenamiento, mi señor?

James alzó una ceja sin entender la prisa por marcharse, pero ella podía sentir claramente cómo se asfixiaba con su simple presencia. Tendría que acostumbrarse pues dudaba que la sensación se fuera alguna vez.

—Sí, puedes marcharte.

Hizo una leve inclinación con la cabeza antes de echarse a andar de regreso al campo, sintiendo cómo poco a poco debido a la distancia el calor disminuía.


¡Holaaa!

¡Oficialmente este es el capítulo más largo que he publicado en fanfiction! Y lo disfrute muchísimoooo.

Ando un poco atrasada con las actualizaciones, les pido disculpas por esto, tampoco he podido publicar nada en Luz de Luna y es que he estado demasiado ocupadaaa... ¡Haré un mayor esfuerzo! ¡Lo prometo! Ya tengo medio escrito el siguiente cap, me falta terminarlo, revisarlo y lo subo, but... esto podría llevar un par de semanas más. Lo siento.

Sobre este capítulo tengo curiosidad por saber su opinión sobre varias cosas:

- ¿Qué piensas del reencuentro de Sirius y Lily?

- ¿Estás de acuerdo con la actitud de Lily?

- ¿Entiendes mucho mejor el sistema de magia después de la primer lección de James? Si no es así, ¿cuáles son tus dudas?

- ¿Te esperabas la habilidad con el fuego de Lily?

Si quieres comentar mucho más que esto, yo encantadaaaaaaa. Muchas gracias por todo el apoyo que le están dando a esta historia, me estoy esforzando mucho por hacer de este uno de mis mejores fanfics. Especiales agradecimientos a mi beta que me está salvando la vida revisándome esto, he crecido muchísimo *.*

Nos leeremos pronto,

Besos, S.