Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Mr G and Me, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Mr G and Me, I just translate.


Thank you Mr G and Me for trusting me with your story!


Los Caídos

Capítulo 9

Rara vez duermo. Dos horas por semana es suficiente e incluso entonces no es absolutamente necesario. He pasado meses sin cerrar mis ojos por inconsciencia voluntaria. De hecho, cuando era niño mi madre me llevó con varios doctores del sueño preocupada de que mi falta de sueño obstaculizara mi desarrollo. ¿Su conclusión? Era tan inteligente que simplemente no necesitaba dormir tanto como un niño promedio.

En cierto sentido, tenían razón, y rara vez tenían razón tratándose de mí.

Bella, por otro lado, duerme como muerta por horas sin fin. Después de las primeras semanas en su compañía llegó a un promedio de siete horas por noche. Tengo que recordarme constantemente sobre su humanidad y su falta de madurez. Es joven, es ingenua y es impulsiva – increíblemente. Su humor puede cambiar con tanta facilidad de tranquila y contemplativa a inquieta y temperamental en cuestión de segundos que se me ocurre que todavía no ha madurado emocionalmente.

Sin embargo, para alguien tan joven, tiene una mente muy sana. Es perceptiva, ingeniosa y muchas veces inclinada al sarcasmo – sin mencionar su amor por la lectura. Es muy evidente que su inteligencia excede los parámetros del promedio, y si tuviera que adivinar diría que tiene un IQ de 125. Otro dato sobre ella que rápidamente comprendí es que no ha retenido la habilidad de ver o comunicarse con ángeles. Aunque yo tampoco fui bendecido con la visión para verlos, todavía puedo sentir su presencia desde la misma distancia que puedo sentir a las bestias. A cada hora hay varias docenas en el convento, y Bella no está consciente de ellos.

Todavía no he determinado el razonamiento detrás de eso, pero hay una cosa segura; es por completo la adolescente que parece ser y se está convirtiendo en el meollo de la situación.

Durante seis meses permanezco con ella en el convento. Le ha dado santuario por casi veinte años antes de mi llegada, y el que Miguel la haya dejado aquí personalmente tiene más peso que el que yo tenga su espada en mi posesión. No muchos demonios estarían dispuestos a arriesgarse a la incorporeidad por el beneficio de fuerza extra, y hay millones de humanos condenados en todo el planeta para que los hagan sus objetivos. Aunque, a pesar de la seguridad que le proporciona, Bella se ha sentido increíblemente frustrada con lo que ella ve como su "encierro". Me ha pedido en numerosas ocasiones que me la lleve lejos, luego se pone malhumorada y temperamental cuando le explico las razones por las que está más segura aquí conmigo. A veces se siente como si fuera mi hija, y no estoy exactamente cómodo con tener que estarla regañando constantemente. De hecho, nuestra relación se ha hecho más similar a una de un captor y su prisionero que la de una humana y su guardián.

La está volviendo muy rebelde contra mí mientras causa que los sentimientos que crecen en mí de forma constante hacia ella, tanto físicos como emocionales, parezcan perversos por decir lo menos.

Durante las primeras semanas con ella, Bella me contemplaba con una mirada muy llena de fascinación. Constantemente se mostraba tímida y cohibida, hasta que lentamente cambió la mecánica dentro de ella. Comenzó a coquetear conmigo – coquetear abiertamente conmigo. Y aunque técnicamente soy un virgen de cuatro mil años, no soy tan inexperto para llegar al punto de no ser consciente de las fantasías femeninas.

Irónicamente es algo con lo que estoy muy familiarizado, incluso sin necesitar leer las mentes de las mujeres obsesionadas.

Al principio era sutil. Me tocaba seguido, mis manos, mi cara, rodeando con sus brazos mis hombros, o pasando sus dedos por mi cabello. Luego comenzó a preguntar todo tipo de preguntas inapropiadas; por ejemplo, si es que era anatómicamente correcto.

—Nací humano, Bella, ¿qué clase de pregunta es esa? —respondí, inquieto por la insinuación implicada tras su curiosidad.

—La Madre Superiora siempre me ha dicho que los ángeles no tienen género —explicó su razonamiento mientras intentaba esconder su sonrisita.

Tomé una corta respiración antes de responder.

—Cuando son luz sus energías pueden ser hembra o macho, pero cuando toman forma humana se convierten físicamente en hembra o macho. Sí tienen género. —Es entonces cuando comprendo que estaba jugando conmigo. Su curiosidad era fingida para poder entrar al tema—. Bella, detente por favor.

¿Qué? —me hace un puchero, abre mucho los ojos con una inocencia completamente fingida.

—Ya no hablaremos de esto. —Estoy firme en ello, pero eso no la detiene. De hecho, en varias ocasiones fue capaz de ser más astuta que yo y me engañó para darle más información que comencé a sospechar que podría ser mucho más inteligente de lo que había pensado al principio. Rápidamente aprendí que tenía que andar con cuidado alrededor de esta astuta humana y no debía bajar la guardia.

Y aun así siguió aumentando el contacto físico conmigo hasta que empezó a besarme. Al comienzo era en mis mejillas, hasta que pasó a mis labios. Fue algo breve, pero lo suficiente para que las implicaciones detrás de ello fueran evidentes. Luego comenzó a insistir en que durmiera en la cama con ella. Durante dos noches intenté complacerla sentándome junto a ella mientras dormía, pero era capaz de seducirme bajo las cobijas, y al instante fui consciente de lo perjudicial que era para ambos. Estar acostado parcialmente debajo de ella, cubierto en su esencia con sus miembros sobre mí era enloquecedor hasta que lo único en lo que podía pensar era el nivel de frustración sexual que dominaba mis pensamientos.

Honestamente no estoy seguro de qué quiere de mí, pero estoy dispuesto a apostar que va directamente en contra de todas las advertencias que le he hecho. Advertencias que evidentemente no ha considerado mucho.

Las chicas de su edad son seres sexuales, gobernadas por un incesante ciclo de hormonas. He olvidado qué tanto; al menos, por mi propia cordura. Bella no es la excepción. Se está volviendo una situación difícil con ella, y aunque he podido soportar sus avances, estoy batallando. Ella también se da cuenta de eso y me está agotando deliberadamente. Seguido se pasea cerca de mí semi desnuda, y no está malinterpretando exactamente el tipo de respuesta física que está sacando de mí.

Después de todo, sigo siendo en parte humano, y muchas veces mi cuerpo funciona sólo por instinto. A veces apenas tengo control sobre él; incluso después de cientos de años de forzarlo a estar en letargo por pura necesidad. Más bien, sólo ha hecho que la bestia primitiva que siempre acecha dentro de mí se inquiete más.

Durante las últimas noches la he estado vigilando desde mi lugar sobre el techo de la ventana de su habitación. El frío aire nocturno inglés es un alivio bienvenido a la constante seducción que es su presencia.

La primera noche se enfurruño tanto que recurrió a castigarme soltando una blasfemia tan obscena que casi me hace que me caiga por el costado del edificio cuando mis alas salieron violentamente de mi cuerpo. Forzándolas a liberarse por completo antes de doblarlas de nuevo, entro a su habitación de golpe lleno de furia.

—¿Qué te pasa, Bella? —le grito, causando que se aleje de mí inmediatamente—. Si insistes en actuar como una niña, entonces no tendré otra opción más que apartarme de ti. ¿Es eso lo que quieres?

Durante un momento, se ve llena de remordimiento, pero luego se endereza y me fulmina con la mirada llena de desafío.

—¡Pues vete entonces, Edward! —se burla de mí—. ¡He sobrevivido veinte años sin ti!

—Has sobrevivido por la gracia de mi hermano que te puso fuera del camino del peligro, jovencita. ¡No lo olvides! —Santísimo cielo, sueno como su padre, lo que sólo refuerza lo poco ortodoxa que es nuestra relación. Algo que ella tampoco pasa por alto.

—¡Sólo porque tú eres un ángel que lo cagó todo y me dejó sin protección! —grita en respuesta, y sus palabras duelen. Luego, agarra el objeto más cercano a ella y me lo avienta.

Era una estatuilla de Miguel y por una fracción de segundo considero la idea de atraparlo, antes de decidir dejar que se haga pedazos contra la pared; a dos pulgadas de mi cabeza.

—¿Quieres que me vaya? —pregunto en voz baja después de darle un momento para calmarse.

—Sí, ¡vete! —está furiosa, luego me da la espalda, agarra su libro y se lanza a la cama sobre su estómago.

Soltando un suspiro de exasperación, salgo por su ventana y me posiciono de nuevo sobre el techo. Profeta o no, estaba comenzando a entender exactamente porque siempre tuve cero interés hacia las adolescentes.

Ella no me ha dirigido la palabra desde entonces.

A pesar de eso, la sigo vigilando de cerca; no podría dejar de hacerlo, aunque quisiera. Durante el día la sigo a través de las mentes y ojos de las hermanas y los otros humanos con los que interactúa. Y cuando sale a sus caminatas diarias, la acompaño. Todavía no es seguro que salga del convento sola, incluso con su amuleto; como descubrí mucho antes de llegar a la ciudad.

Hay cuatro demonios que todavía la desean y anticipo que tarde o temprano uno, o todos, vendrán por ella. Han derramado su sangre demasiadas veces a lo largo de los siglos; los lleva a ella, de forma casi involuntaria. Su muerte junto con el poder que eso les brinda es una tentación muy grande.

Sé que en algún momento cercano tendré que llevármela de aquí y esconderla, pero hasta que haya establecido dónde y cuándo he decidido mantenérselo en secreto. Mi plan inicial era quedarnos todo el tiempo necesario para atraer a los demonios, pero en casi seis meses ni siquiera un demonio se ha acercado. Esto me preocupa y no soy tan ingenuo para creer que han renunciado voluntariamente a ella para dejármela.

Sin duda alguna, están planeando algo, no quiero alertar a Bella de ninguna manera y preocuparla. Aunque mientras me ignora ella se los está poniendo mucho más fácil.

-ooo-

Bella se sienta en la banca del parque y abre su libro: Cumbres Borrascosas. Es su favorito, me confesó previamente, y lo ha leído varias veces.

Me siento diligentemente a su lado, ella se comporta como si no estuviera consciente de mi presencia. Estamos en el cuarto día de silencio y ya es exasperante. Su terquedad es infantil, pero mi frustración debido a ello es infinitamente peor, y el que no pueda leer su mente sólo lo agranda.

—Isabella —hablo de forma suave, apelando a ella—. Por favor. Esto se está volviendo ridículo.

Encoge un hombro en un movimiento brusco e irritado, pero sigue ignorándome.

—¡B'Shem Yeshua! [En nombre de Jesús] —blasfemo, murmurándolo parcialmente bajo mi aliento antes de exhalar pesadamente. Juro en el nombre de Dios que si su mente no estuviera tan cerrada a mí, comenzaría a cuestionar si de verdad ella era Isobel.

—¿Por qué hablaría abiertamente con mi ángel guardián? —habla un momento más tarde sin levantar la vista de las páginas de su novela; su tono casual es completamente fingido—. No veo a nadie más haciéndolo. La gente pensará que estoy loca.

¿Loca? —exclamó, más allá de la razón mientras lucho por mantener mi voz baja—. ¡Eres completamente enloquecedora! —Levantándome de golpe de la banca, le doy la espalda y avanzo con pisadas tensas y enojadas hacia el otro lado del parque; termino recargado en el tronco de un viejo fresno. Ella me pone tan inquieto y enojado que necesito poner mucha distancia entre nosotros antes de hacer algo de lo que inevitablemente me arrepentiré.

Estoy furioso, con los brazos cruzados de forma tensa sobre el pecho mientras, una vez más, me preguntó si en realidad está más cerca de los veinte años que de los doce, y qué es lo que alguna vez vi en ella más allá de su silenciosa mente que me hizo arriesgar y renunciar a mi cuerpo celestial de luz por esta miserable existencia humana. Estoy seguro que Miguel sabía de su temperamento mucho antes de guiarme a ella, y justo ahora se está riendo a mis espaldas.

Ella sigue leyendo como si nada hubiera pasado, y cuando se para para realizar el resto de su caminata de regreso al convento, la sigo ciegamente. Permanezco al menos veinte pies detrás de ella, esperando a que compre su café antes de seguirla una vez más. Sólo que esta vez, luego de avanzar varios pasos desde la tienda de la esquina, ella se detiene y se gira para verme sobre su hombro. Me está esperando, y cuando mi mirada se encuentra con la suya, me sonríe; toda su cara se llena de calidez con una disculpa.

—Lo siento —musita lentamente, algo que dice en voz alta cuando llego a su lado.

Asiento, cediendo; a pesar de todo, sonrío ligeramente para mí.

—¿Una oferta de paz? —me pide, alzando un segundo vaso de café y poniéndolo en mi mano.

Libero un suspiro con alivio tanto como con exasperación. Abro la boca para rogarle que entienda mis acciones, antes de detenerme de golpe.

Me llega una repentina revelación.

Al bajar la vista a su imposiblemente hermosa, pero no menos joven e inocente cara, me doy cuenta de que la he estado juzgando con un estándar inalcanzable; con los estándares que tengo para mí mismo. Ella es humana, siempre ha sido humana, sin embargo, esperaba que excediera los límites de su propia humanidad; que compartiera mi conocimiento y percepción del mundo. He sido increíblemente arrogante, y la he estado viendo a través de unos lentes sesgados con el desdén que tengo hacia la humanidad.

Mientras yo he tenido cuatro mil años de experiencia en vida, ella no. Es joven, pero no es para nada una niña, y sin embargo ha estado actuando como una porque así es exactamente como la he estado tratando. Mi propia falta de entendimiento básico de la psique humana es la causa de esto. Siempre he considerado a la raza humana como deficientes y rudimentarios, y los he tratado como tal. Bella incluida.

La brutal realidad es que es una huérfana de diecinueve años que ha vivido toda su vida deliberadamente protegida del mundo exterior. La han encerrado en los inminentes confines del convento por razones que nunca le explicaron antes de mi llegada. Tiene toda la razón de sentirse frustrada con su vida. Y tiene todo el derecho de tratarme tan desdeñosamente como yo – aunque no por voluntad propia – la he estado tratando.

Esa noche me invita de nuevo a su habitación donde me siento junto a ella en la cama mientras ella lee y ve sus programas favoritos. A veces está contenta con sólo hablar conmigo y la complazco lo más que puedo sin revelar demasiada información. Me agarra la mano y apoya la cabeza en mi hombro, y esta vez no la desanimo. En lugar de eso, me deleito del toque y la sensación de su cálida y suave piel en la mía, y la forma en que encaja tan perfectamente en mi costado.

Varias veces durante el transcurso de la noche reviso el perímetro de la ciudad como siempre lo hago. No hay nada. No detecto la mente de ningún demonio, ni hay susurros de ellos de los pocos humanos que siguen despiertos. Satisfecho, regreso hacia Bella. Faltan un par de horas para el amanecer y está profundamente dormida.

Tomo asiento junto a su ventana y me relajo mientras escucho su gentil y rítmica respiración. Pasa una hora, el sol todavía no es visible sobre el horizonte, pero las hermanas ya están despiertas y comenzando su día. Abrigan una silenciosa aceptación hacia mí, y aunque todavía hago todo esfuerzo para evitarlas, no han intentado buscarme todavía. El alusivo Miguel, mi hermano – el mismo que ellas veneran como un santo – les ha asegurado que no soy un peligro para Bella, sino una especie de ángel terrenal enviado a protegerla.

Me encuentro momentáneamente distraído por la Liturgia de las Horas previa al amanecer cuando una sensación muy familiar barre sobre mi cuerpo de piel. En el siguiente instante me congelo por completo antes de lanzarme sobre mis pies y estirar la mano hacia la empuñadura de la espada de Miguel.

Hay seis de ellos, y está a menos de una milla del convento.