2020 ha sido un año bastante... interesante. Muy bien, así que escribiré un pequeño fic de Ichihime hoy. Porque puedo.

Veamos, veamos. No sé.

Invierno

Era invierno, las ojas habían ya caído de los árboles dejándolos desnudos, era normal despertar a media noche tras descubrir que, una vez más, las cobijas estaban en el suelo y despierto, era común encontrarse con la piel reseca, como si sudar fuera un crimen cuando hace frío. En otras palabras, Ichigo detestaba el invierno.

Rukia, su amiga que a veces fungía de entrenadora en cuestiones de ser un segador, tenía una opinión completamente contraría. Para ella el frío era lo mejor y cada día vestía un nuevo suéter pese a que en sus propias palabras era "una con el hielo".

—Vamos, Ichigo. Tenemos que salir hoy.

—No — Ichigo contestó, un enorme edredón cubriendo de su cabello pelirrojo a sus pies descalzos. Estaba muy cómodo en el sillón. Además, el frío había conseguido traspasar las paredes de su hogar, salir afuera era desperdiciar los esfuerzos del ladrillo. Por supuesto, palabras tan ridículas, Ichigo mantuvo en su mente de escritor, por lo que Rukia esperó sin éxito por varios minutos sin conseguir que Ichigo elaborará su respuesta.

—Muy bien — ella cruzó sus brazos, pero la sonrisa danzante en sus labios prometía que aún tenía un arma secreta —. Es una lastima, Orihime dijo que iba a ir al parque el día de hoy.

—¿Por qué no comenzaste por ahí? — Ichigo preguntó ofendido y luego subió a toda velocidad a su cuarto para cambiarse. Rukia, satisfecha con su plan, dobló el edredón antes de enviar un mensaje a Renji.

Para sorpresa de Ichigo, cuando llegó al parque, Rukia detrás de él, encontró no solo a Orihime. Ahí, platicando con ella mientras caminaba a su lado y sacándole dos cabezas, Renji vestía solamente una horrible camiseta color aguacate, unos pantalones vaqueros y zapatos azules. Después del fiasco en la escuela, dónde Renji había hecho el ridículo, Ichigo estaba poco interesado en ser visto junto al otro pelirrojo. Y Renji, con su melena carmesí era el tipo de pelirrojo que simplemente llamaba demasiado la atención.

Rukia, inmune al mal sentido de la moda en otros, quizá por su propia aura natural de nobleza, sonrió al ver a Renji. Si Ichigo fuera otro, creería que Rukia estaba cegada por el amor, pero Ichigo tenía la correcta sospecha de que si él fuera a decir eso, Rukia y Renji volverían a formar un dúo para golpearlo.

Ichigo frunció el ceño.

Era una trampa. Los dos segadores, desde el principio, se habían puesto de acuerdo para jugarle una broma a Ichigo. Sería una anécdota graciosa en el futuro, algo que contar durante el festín navideño, pero en ese momento, solo causaba mortificación.

—¡Ichigo! ¡Rukia¡ ¡Aquí! — Orihime saludó con su brazo, sonrisa tan radiante como siempre, ojos cafés haciendo juego con su gabardina naranja y orejeras blancas. Una hada otoñal que recordaba que el invierno no era eterno ni podía cubrir todo.

Igual que siempre, guardó sus pensamientos dentro de él y saludo de vuelta.