Disclaimer: Slam Dunk pertenece a Takehiko Inoue y esta historia es solo por entretención, surgida de un momento de aburrimiento en cuarentena y sin grandes pretensiones.

Notas de la autora: Del capítulo 5 nació un nuevo ff, "El departamento de Kogure" sobre las aventuras de él, Akagi y Mitsui en la universidad.

Se recomienda ajustar los márgenes para una lectura cómoda.

Se agradecen los comentarios, sugerencias y correcciones.

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El primer amor

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Capítulo 11: Fragmentos
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La noche había sido larga. Todavía podía sentir el calor de la mano de Narumi sensei en su mejilla. Eso era lo único que tenía, pequeños fragmentos de momentos con ella. Todos insignificantes y cotidianos. No esperaba más.

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Shohoku no es solo balocesto, por muy famoso que Anzai sensei fuera en el ambiente. Si tuviéramos que elegir un grupo realmente destacado en la escuela, ese sería el Club de Teatro. Siempre lograban que toda actividad girara en torno a ellos. ¿Ingreso de nuevos estudiantes? Por supuesto. ¿Eventos deportivos? Claro que sí. ¿Culturales? Por favor, ellos inventaron los eventos culturales.

Tenían una reputación que mantener y ese mes transformarían la escuela en un templo para representar El cuento del cortador de bambú. En vez de tener los salones adornados, cada curso atendería un puesto a la entrada de la escuela imitando los negocios en los templos, guiando el camino hasta el gimnasio para terminar la jornada con la obra.

Otras escuelas, familias enteras, vecinos del barrio, todos veían las representaciones ridículas, pero increíblemente bien actuadas del club de teatro de Shohoku. Si no fueran estudiantes, todos creerían que realizaban bacanales para escribir los guiones. No era así... aunque Kato sensei definitivamente utilizaba algo natural.

Yohei resopló dejando la última caja en un pequeño cuarto junto al gimnasio. Como al resto de los estudiantes, le tocó ayudar al club de teatro, en este caso a llevar disfraces e implementos. Una parte del estudiantado los odiaba por hacerlos trabajar como nunca, otra parte agradecía sus locuras, él y sus amigos pertenecían a este grupo, especialmente porque les evitaba tener clases. Hacía mucho calor.

- ¿Cansado?

Reconoció la voz tras de sí y se giró rápidamente. Notó una gotita de sudor que bajaba por el cuello de su profesora mientras le acercaba una botella de agua helada.

- Parece que la necesitas.

La vio sentarse sobre unas cajas y abanicarse con unos papeles. Le ofreció el agua de vuelta, pero ella no aceptó y terminó su breve descanso. Eso fue todo, unos minutos con ella y ni siquiera pudo mantener una conversación.

- Por cierto, me gusta tu nuevo peinado, Superhero.

Horas antes habían tenido una pelea de agua y con todos los preparativos del festival, olvidó rehacer su cabello. Ese fue el fin definitivo del pompadour de Yohei Mito.

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Hanamichi había olvidado sus cuadernos en el salón y tras perder en janken, fue su turno de ir a buscarlos mientras seguía el entrenamiento. Estaba seguro de que Noma había hecho trampa.

Un pequeño grupo de estudiantes llamó su atención. Rodeaban a una muchacha en el suelo y al mirar también notó a la profesora de inglés moviéndole el tobillo suavemente.

- Creo que es un esguince.

La chica puso cara de espanto mirando a sus amigas.

- O quizás no es nada -agregó la profesora riendo. El grupo la miró con una mezcla de confusión y enojo.

- No me mires así, dejaste de pensar en el dolor por un segundo -era cierto- vamos, te llevaré a la enfermería.

La muchacha trató de apoyarse, pero no pudo. Yohei dio unos pasos para ayudarla, pero lo interrumpió un rápido "pido permiso para cargarte" de Narumi sensei.

La chica asintió y cruzó los brazos en su cuello mientras la profesora la levantaba tras las rodillas, cuidando de que su falda la tapara por completo. Ordenó a las amigas que agarraran su bolso y el de la estudiante antes de seguirlas a la enfermería.

"Un príncipe" pensó Yohei con una gran sonrisa viendo cómo se alejaban y retomando su camino al salón.

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Narumi tenía una hora libre antes de la siguiente clase de inglés así que decidió pasear por el campus. Era agradable cuando todos los estudiantes se encontraban en sus salones y se respiraba tranquilidad. Notó que no era la única.

- ¿Faltando a clases, Yohei Mito? Not very superhero of you.

El muchacho se sobresaltó. Estaba acostado bajo la sombra de un árbol y había sido descubierto. Se sonrojó y le brindó una gran sonrisa despreocupada. Narumi lo examinó un momento, que ella supiera él no escapaba de clases. Para sorpresa de Yohei, se sentó a su lado.

- ¿Pasó algo?

No lo miraba, pero su voz sonaba preocupada. Pensaría que era un ridículo, pero decirle la verdad podría librarlo del castigo.

- Me estoy escondiendo... de unas kohai.

La profesora se puso a reír de buena gana. Estaba esperando que hablara de algún maestro, un examen o incluso de una pelea.

Su corazón dio un vuelco. Ya debería estar acostumbrado, pero no. Daría bastante si alguna de las chicas que lo perseguían y querían declarársele tuvieran el mismo efecto sobre él. No podía recibir otra carta más, esa semana fueron tres, todas rechazadas. Que una diera el primer paso fue suficiente para que otras la siguieran.

- Escuché algo al respecto... eres popular entre las chicas de primero, era de esperarse de un superhéroe.

Genial, ella también lo sabía.

- Jamás he tenido admiradores así que no sé cómo te sientes, pero... -lo meditó un momento- no deberías dejar que te afecte. No puedes cambiar tu rutina y esconderte. Además, ¿no crees que esas chicas son muy valientes?

Lo creía. Era extraño estar del otro lado. Tantos años riéndose de los rechazos de Hanamichi y ahora era el turno de él. Sus amigos se enojaban cada vez que lo hacía, una mezcla de "maldito suertudo", "no entiendo por qué las rechazas si son muy guapas" y "ESTA ES TU OPORTUNIDAD DE OLVIDARLA". ¿Acaso el karma?

- Lo sé.

Pero no podía salir con alguien solo para dejar de pensar en ella, no sería justo. Y era muy amable al rechazarlas, es probable que su popularidad también aumentara por eso, no podían enojarse con él y su sonrisa.

Sus amigos rodaban los ojos, pero también habían comenzado a apostar a cuántas rechazaría en total al salir de la preparatoria y si podría superar un equivalente al récord de Miyagi -superar a Hanamichi era imposible, tampoco es que Yohei fuera Rukawa o algo así, ese sí que era el más popular de la escuela-. Todo era una oportunidad para divertirse.

- No te preocupes tanto, ya te enamorarás. Eres muy afortunado de ser el recipiente de tanto afecto.

La profesora se levantó sonriéndole y le revolvió el cabello. Se sintió como un niño pequeño cuando lo hizo, no le gustó.

- ¡Sensei! - La mujer se giró.

Se contuvo, ¿qué pretendía? ¿decirle "ya estoy enamorado"? Por favor, era absurdo.

- Gracias...

- Hoy no te castigaré, pero que no se repita.

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Narumi estaba de buen humor. Sendoh le preparó el bento de ese día y cuando lo abrió se encontró con una pequeña nota cariñosa. Quedaba la última clase para volver a casa y dejar todo listo para preparar uno en agradecimiento la mañana siguiente. Supuso que si se levantaba el doble de temprano alcanzaría a llevárselo antes de entrar a clases durante su breve entrenamiento matutino.

Entró con una gran sonrisa y luego de saludar al curso notó que al fondo, junto a las ventanas, estaba la gundam de Sakuragi con raspones y golpes en la cara intentado esconderse tras sus cuadernos. Por supuesto que todo iba demasiado bien para ser verdad.

No mencionó nada durante la clase, pero al finalizar dijo "ustedes se quedan" en voz alta. No precisó nombres, pero era obvio. Los cinco se acercaron esperando el castigo. Sakuragi comenzó a hablar con su cara de niño bueno.

- Sensei, sé lo que piensa, pero no se preocupe por nosotros, estamos bien. ¡Somos muy fuertes!

Eso no era lo que estaba pensando.

- Vamos, no nos castigue, nos atacaron.

- Ohkusu dice la verdad, somos las víctimas.

Las palabras de Takamiya eran ciertas. En la mañana una pandilla se burló del cabello de los amigos -específicamente de Hanamichi- y aunque los ignoraron, uno de los idiotas tuvo la mala idea de lanzar un golpe y, naturalmente, se defendieron. Los otros perdieron.

El grupo de alumnos siguió intentando convencerla y se molestó aún más. Siempre era así, ser la profesora más joven significaba que no tenía mucha autoridad y eso era mal visto por los otros maestros

- ¡Ya basta! No soy su amiga, soy su profesora, no pueden hablarme así y no pueden creer que dejaré pasar las peleas. Les he aguantado bastante: no entrar a clases, tareas claramente copiadas -Hanamichi se estremeció, era culpable y pensaba que nadie se daría cuenta-, respuestas poco serias en los exámenes -el grupo abrió los ojos y comenzó a hacerle pequeños gestos que no comprendió, intentaban que no revelara aquello que le ocultaban a Yohei-, y tanto más porque Anzai sensei no puede quedarse sin un jugador tan importante -la sonrisa boba del pelirrojo volvió a aparecer- pero ya...

- Castígueme a mí -la interrumpió Yohei con seguridad- si dice que Hanamichi estuvo en una pelea no lo dejarán jugar. Puede ser un castigo doble, no me importa.

Los ojos del pelirrojo se llenaron de lágrimas antes de volverse a sus otros amigos. "¿Y USTEDES POR QUÉ NO ME DEFIENDEN?", "Hanamichi, tú y tu cabello nos metieron en problemas". Se pasaron el día escondiéndose de los maestros y casi habían logrado escapar. La verdad es que los mayores les temían y preferían ignorar lo que sucedía con el grupo a pesar del deber que tenían de hacer cumplir el reglamento.

Su enojo se desvaneció. "Siempre un superhéroe", suspiró y le sonrió brevemente antes de darse cuenta de que lo estaba haciendo y de que en realidad debería mostrarse molesta. Yohei lo notó y le devolvió ampliamente el gesto. No podía enojarse con ellos.

- Está bien. Se encargarán de la limpieza del salón por un mes, partiendo hoy.

Hanamichi se alegró. La profesora tomó sus cosas y se marchó, había perdido las ganas de cocinar. Llevaba unos pasos alejada cuando su estudiante la llamó.

- Muchas gracias, Narumi sensei - le dijo Yohei Mito guiñándole un ojo y volviendo rápidamente al salón. Eso había sido valiente, pero estaba demasiado avergonzado para quedarse a ver su respuesta... o para quedarse y que ella notara sus orejas calientes y rojas.

"Son muy buenos amigos" pensó con ternura, la intención tras el gesto pasó desapercibida. Decidió seguir el ejemplo y hacer algo bueno por una persona importante. Sí le prepararía el almuerzo a Akira. Probablemente lo último que Yohei Mito habría querido lograr.

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Despertó dando un pequeño grito ahogado que llamó la atención de las pocas personas en el salón. Levantó la vista y se encontró con la mirada preocupada de sus amigos.

- Yohei ¿Estás bien? - Preguntó Chuichirou con una expresión extraña.

- Sí... -respondió confundido.

Las miradas de sus amigos cambiaron por completo y un escalofrío lo recorrió.

- Acabas de gritar.

- No gritar, Yuji, gemir - Nozomi dijo la última palabra muy lentamente, aguantando la risa.

Mito miró a su alrededor, agradeció que el salón estuviera ocupado solo por sus amigos y cinco personas más. Claro que podía creer que había gemido, el sueño aún estaba fresco en su mente.

- Tuve una pesadilla.

Hanamichi lo agarró por el cuello y empezó a revolverle el cabello mientras sus otros amigos le tiraban de las extremidades. "¿Qué pesadilla tuviste? ¿Acaso una mujer apareció en tu sueños?" Sí, exactamente eso había pasado. Por suerte era el segundo más fuerte del grupo y logró soltarse.

- Soñé que me perseguían unos zombies.

- ¿Un zombie sexy? Amigo, no comparto tus gustos, pero no te juzgo - le dijo Chuichirou con seriedad.

No podía decirles lo que había soñado. Primero, porque no había razón para gemir; segundo, porque la mujer del sueño entraba en ese momento al salón. Odiaba ser adolescente. El resto de los alumnos comenzaron a ingresar.

- ¡SENSEI! ¡YOHEI TUVO UN SUEÑO HÚM... EXTRAÑO CON ZOMBIES!

Mito quería mucho a sus amigos, pero en este minuto solo pensaba en formas de lanzarlos por la ventana. Y estaba seguro de poder lograrlo.

- Dormir en la escuela no es correcto, pero me encantan los zombies, ¿de qué se trataba?

Perfecto, la profesora sonaba entusiasmada y ahora tenía que inventar una pesadilla. Dijo algo sobre una persecución, que había caído y antes de despertar lo agarraron entre tres y el mordieron la pierna. Una escena cualquiera de una mala película.

"Oh sí, mordiscos de zombies en la pierna... pfff, obviamente lo que soñaste." Por supuesto que sus amigos seguían burlándose. La clase comenzó y Yohei Mito no pudo poner atención, mirar hacia el frente era imposible.

Unos minutos antes estaba viéndola jugar baloncesto en el gimnasio vacío. De pronto, ella notaba su presencia y se acercaba mucho para secarse el sudor con un pañuelo que había sacado del bolsillo de su uniforme (¿debería conseguir uno de tela y llevarlo siempre consigo?). Luego de eso lo dejaba en su hombro, se acercaba a su oído para agradecerle y acariciarle con la mano la parte posterior del cuello, ascendiendo hasta su cabello y dando un pequeño tirón... que logró hacerlo gemir.

La vergüenza lo consumía. Estuvo dos semanas sin poder mirarla, escondiéndose para no contestar ninguna pregunta. Realmente odiaba ser adolescente.

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Le habría gustado visitar el templo con Akira, pero Kato sensei la había invitado y no podía presentarse frente a tanta gente conocida con su novio de la edad de sus estudiantes. Hace mucho que no lo veía en un traje tradicional.

Pasearon largo rato hasta que la mayor de las profesoras se encontró con su marido y decidieron dejar la reunión hasta ahí. Se notaban muy enamorados. A Narumi le gustaban mucho las historias de amor que duraban años. Se sonrojó pensando en Akira otra vez, quería verlo.

Se alejó de la multitud hasta un rincón oscuro del templo para llamarlo, pero mientras buscaba el celular notó a alguien conocido agarrándose la cabeza en una banca.

- ¿Estás bien?

Yohei Mito se sorprendió. Lo último que necesitaba en ese momento era verla. Menos vestida en una yukata oscura con bonitas camelias rojas y el cabello suelto. Básicamente viéndose perfecta a sus ojos.

Había aceptado salir con Tsuru, una chica de tercero, compañera de Ayako y Miyagi. Era muy guapa -objetivamente mucho más que la profesora-, de cabello castaño en una melena perfecta. No solo eso, era inteligente y muy divertida. Conversaban hace un mes y la chica no había dado rastros de perseguirlo, pero sí de que le gustaba, se notaba una muchacha muy segura de sí misma.

Pasearon, conversaron, comieron y rieron. Cuando era la hora de despedirse, ella lo llevó a un lugar apartado. Unas pocas luces iluminaban su rostro, cuyas mejillas sonrojadas combinaban perfectamente con la yukata adornada de cerezos.

Pasó lo que él creía que pasaría. De hecho, lo estaba esperando. Le gustaba, aceptaría. Incluso ya tenía planeada una cita al parque de diversiones porque sabía que a los dos les gustaban las montañas rusas. Pero no pudo, su cerebro quería decir que sí y su boca lo traicionó. No solo eso, confesó algo que no le había dicho a ninguna otra. Ella le agradaba y quiso ser completamente honesto.

"Me gusta alguien más... que jamás se fijará en mí."

Lo dijo con una sonrisa triste y resignada. La muchacha bajó la cara, quería preguntarle quién era y a qué salón pertenecía. La primera chica que vino a su mente fue Haruko Akagi, con quien siempre lo veía conversar, pero él le había contado que Sakuragi estaba loco por ella. No la quitaba de las posibilidades, por el contrario, ya que Yohei Mito era un buen amigo. Decidió no preguntar y desearle buenas noches. El chico le agradeció la velada.

- Nada, quiero estar solo - le contestó secamente a la profesora.

Ella acercó la mano para revolverle el cabello, pero él se alejó. No le gustaba ese gesto, lo odiaba. Especialmente hoy. Narumi lo notó y se despidió.

No quería herir a Tsuru. Supuso que podría perseguirla pues conocía la dirección de su casa, la había encaminado antes, pero no tenía sentido hacer algo así después de confesarle que había otra persona. Podrían intentar salir igual, seguramente sería fácil enamorarse de ella. Miró el cielo estrellado mientras comenzaban los fuegos artificiales. Con el ruido no notó que su profesora había regresado hasta que se sentó a su lado.

Narumi intentó dejarlo, pero no pudo, se veía angustiado, algo totalmente contrario a la personalidad alegre de su alumno. Jamás había sido cortante con ella o con nadie. Terminó comprando dos manzanas acarameladas y le ofreció una en silencio. Él aceptó.

Hablar estaba descartado, el ruido no los dejaría escucharse a menos que gritaran. No quería molestar su soledad, quería asegurarse de que tuviera algún apoyo, por mínimo que fuera, por si necesitaba hablar un momento, aunque sabía que no era el caso... pero estaba preocupada, sin saber bien porqué, incluso temía que hiciera algo tonto (no que ese fuera el estilo de su alumno). La profesora miraba al cielo mientras se comía la manzana.

"No todo se soluciona con comida" pensó Yohei, pero igual dio un mordisco. No le gustaba el caramelo. Podía oler su perfume. Eso era: es amable, muy amable, considerada. Había algo maternal en ella que lo calmaba. Y algo que lo despertaba con su risa de niña. Se mantenía en una expectante cuerda floja y ahora estaba aquí, en un mal momento, a su lado.

Se quedó junto a él en silencio hasta que terminó el espectáculo pirotécnico. Le ofreció la mano para recoger el palillo de la manzana y le brindó una sonrisa. Yohei se fijó en su boca roja manchada con el caramelo. No estuvo segura, pero sentía que debía hacer algo más. Era probable que la rechazara como antes, de todos modos lo intentó.

Alargó la mano una vez más y la acercó al rostro de su estudiante. Él aceptó y apoyó la mejilla en su palma por un momento. El calor era reconfortante.

- Todo estará bien.

No dijo nada más. La miró alejarse hasta perderse entre la gente. No hablarían de aquello. Seguir a Tsuru jamás fue una posibilidad.

Lo peor es que se sentía mucho mejor, en paz, su simple compañía lo había calmado. Sí, esos fragmentos de momentos con ella eran lo único que tenía.

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Nota: siempre me pregunté porque los ff, a menos que se enfoquen en smut o algo así, no incluyen mucho el deseo por otros como parte del amor, así que aquí está.