Notas de autora: Hola a todos! Aquí estoy. Como prometí. Jajajaja. De nuevo les agradezco su super, gran, mega apoyo. De verdad. Estoy super contenta con el recibimiento de esta historia. Pero no me extiendo. ¡Ah! ¡Sí, una cosita! Esto va dirigido a PAOPAO, que cumplió años y me pidió que subiera el capítulo el día 3. Lo siento, mi amor. Jajajajaja. Publico los viernes. Pero quise enviarte un adelanto como regalo, lo que no tenías login… lo siento mucho. Pero aprovecho la ocasión para felicitarte y te dedico este capítulo. ¡Feliz cumpleaños! (aunque ya pasó… jajaja) ¡Un super mega beso y arigatoooooooooo!
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Capitulo décimo
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Sakura dedicó la siguiente hora a intentar calmarse. Había estado al borde de un ataque de nervios casi toda la velada y ahora que el fin estaba cerca, sentía una opresión en el pecho. Tenía el presentimiento de que la peor parte estaba por llegar y ver cómo la emperatriz entraba ostentosamente al gran salón no la había ayudado mucho. Gracias a los cielos, Eriol se dedicó a ella con devoción. La cuidaba como el mismísimo Touya lo habría hecho en su lugar. Y se lo agradecía profundamente. Ambos se pasaron todo el baile escondidos en un rincón, evitando encontrarse con cualquier miembro de la familia imperial. Lo que reducía a cero sus posibilidades de socializar y promocionarse. Pero era por una buena causa. Lo que más temía Sakura, era que cierto príncipe apareciera de un momento a otro y le pidiera un baile. No porqué quisiera hacerlo, sino por orden del emperador. Ese maldito hombre tenía un sentido del humor cruel y lo veía capaz de eso y mucho más.
Cuando la muchacha estaba ya al borde del colapso nervioso, la música llegó a su fin y se elevó entre la multitud una exclamación de júbilo. Sakura dio gracias a los cielos en cuanto vio a la orquestra empezar a recoger. ¡No más bailes!
- Oh, dios… que alivio…
- No tocaban tan mal… - Sakura golpeó el hombro del muchacho, con una mueca molesta – ¡Oye! Agredir a un miembro de la realeza se penaliza con la muerte.
- Ahora no me parecería tan mala idea… ¿Decapitación?
- Puede. Aunque yo prefiero métodos menos piadosos… - Sakura puso los ojos en blanco – La horca es una buena opción. Aunque si se parte el cuello deja de ser divertido…
- Tienes un lado oscuro y macabro.
- Y otro indecente y descarado – Sakura soltó una risa alegre y miró a los anfitriones desde lejos.
- Se dirigen a los jardines. Los fuegos artificiales están por comenzar. – Eriol se incorporó de las incomodas sillas en las que se habían sentado y le tendió su mano.
- Es un espectáculo digno de ver. Merece el riesgo de ser avasallados por mis amados parientes. ¿No cree, señorita Kinomoto? – la castaña le miró desde abajo sin poder ocultar su desconfianza. - Vamos… ¿qué puede pasar?
- Oh, por todos los dioses, Eriol… ahora sí has invocado a los demonios. ¡Jamás te hagas esa pregunta en voz alta! – el moreno la obligó a levantarse y rodeó su cintura de forma automática. Sakura se sonrojó bajo la luz de la luna, pero gracias a los cielos, nadie quedaba ya para observarles. Todos habían tomado posiciones en el jardín y aguardaban el gran espectáculo.
- Mi adorada cuñada, nunca pensé que fueras supersticiosa…
- Eso es porqué no te has criado con un pie dentro de los frondosos bosques de Lua. No todo está en los libros, mi príncipe. Hay cierta magia en el mundo para aquel que la busca – En ese instante justo, Eriol sintió una molestia en la nuca y supo que cierto hermanito los había encontrado y le estaba enviando dagas con los ojos.
- Eso sin duda. De lo contrario no comprendo cómo lo hace para causarme escalofríos a más de cien metros de distancia - Sakura levantó una ceja confusa, pero él negó con la cabeza eludiendo el tema. – Vamos, o todos pensaran que estamos pecando bajo las sombras.
- Creo que ya lo piensan… si yo fuera Meiling Li, usaría toda mi artillería para avivar el fuego de esa llama.
- No lo hará. Puede que sienta aversión por ti, pero jamás usaría nada que pudiera enemistarnos a Xiao y a mí.
- Le tienes mucha más fe que yo.
- La conozco desde que nació.
- Mmm… en ese caso, confiaré en ti. Pero no en ella.
- No te pido que lo hagas, seria un gran error – caminaron hasta los jardines y vieron con desgana que todos los lugares habían sido ocupados. A penas sí podían ver algo más allá de sus cabezas.
- Parece que la multitud se ha arremolinado alrededor de algo… no logro ver que es. ¿Hay algún evento más a parte de los fuegos artificiales?
- Puede que estén sirviendo otra vez el licor del alma… Vamos, buscaremos un lugar mejor - Eriol tomó su mano y empezó a caminar entre la multitud. Todos le se inclinaban en cuanto le reconocían y le cedían paso sin objetar.
- Vaya… sin duda ser un príncipe tiene sus ventajas… - Eriol le sonrío de vuelta y al fin divisó la causa de tanto revuelo. Sakura se puso a su lado y abrió la boca hasta que prácticamente tocó el suelo. - ¿Y esa monstruosidad de lona? ¿Qué hay debajo? ¿El balé de Aristia? ¿Una carpa circense?
- No lo sé. No tenía constancia de ningún acontecimiento más… - el segundo príncipe buscó entre la multitud el rostro de su madre y supo que algo no iba bien – Mierda…
- ¡Su majestad! Pero que vulgaridad la suya…
- No, Sakura. No estoy de broma. Mira el rostro de mi madre – Sakura dejó de sonreír y miró a la reina Anna. Estaba pálida como la misma muerte y se apretujaba las manos sin cesar. Hablaba a toda velocidad con la tercera esposa, mientras dirigían miradas de puro pánico a la princesa Li.
- Parece alterada…
- Todos los pormenores de la gala debían pasar por la aprobación de la reina. Pero es obvio que desconoce lo que hay debajo de esa lona. Mei se ha sacado un as de debajo de la manga y no creo que sea algo bueno...
Sakura volvió la vista de nuevo a la monstruosa lona. Fuera lo que fuera lo que ocultaba, debía medir al menos cinco metros de ancho y tres de altura. ¿Una escultura grotesca? ¿Un carruaje? Concentró su mirada y pudo ver como la tela ondeaba ligeramente en algunos puntos. No era un movimiento suave que causara la brisa primaveral de una noche cálida. Era más bien un aleteo brusco y seco. Cómo si algo o alguien estuviera dando pequeños golpes desde dentro. Agudizó sus sentidos y el sonido de un ligero lamento le llegó al oído derecho. Su corazón se aceleró y supo lo que era. Todo su cuerpo empezó a temblar, pero no sabía si era por miedo o cólera.
- Tiene que ser una caja de madera. Es cuadrado… pero no adivino que puede haber dentro. Nada bueno, si se lo ha ocultado expresamente a la reina.
- Creo que no es una caja, Eriol… - el segundo príncipe notó la tensión en la voz de la castaña y tragó grueso. No le gustaba oír ese tono urgente viniendo de ella. - Es una jaula…
Los ojos de Eriol se abrieron con sorpresa y miró esa lona sintiéndose traicionado. Aunque no era a él a quién estaban a punto de utilizar de una forma tan despreciable. Sintió un leve mareo y miró a su prima desde lejos. Se abrazaba a Xiao Lang con una sonrisa coqueta, disfrutando de su gran momento. Pero el rostro de su hermano era estoico y para aquellos que lo conocían bien, se apreciaba el enojo contenido entre sus cejas. Él tampoco sabía de aquel espectáculo y quería estrangular a su prima con sus propias manos por atreverse a faltarle al respeto de ese modo. Pero eso pasaba desapercibido para todos los invitados, que estaban ansiosos por descubrir que había tras la tela que tan celosamente guardaban los anfitriones.
- No nos precipitemos. Mei no sería capaz de usar a ese animal indefenso en su beneficio. A lo mejor es un regalo para Xiao…
Pero Eriol tuvo que tragarse sus palabras por primera vez en su corta vida. Meiling Li se había alejado de su pareja y había callado a todos los invitados con sus manos en alto. Parecía una niña caprichosa en busca de sus minutos de gloria. Y todos le seguían el juego con sonrisas complacidas. ¡La princesa Li! La hija del único hermano varón del emperador. La prometida del futuro sol del imperio desde que nació. Nadie en ese jardín se atrevía a contradecirla. No porqué se lo hubiera ganado. Ni siquiera por su belleza exótica. Era por puro miedo. Nadie se atrevía a ir en contra de los caprichos de un Li. Ni siquiera sus parientes y amigos mas allegados.
Pero Eriol era uno de los pocos que podían observarla sin miedo alguno. Y sólo vio malicia en esos ojos color rubí. Los celos de Mei habían ganado la partida esa noche y estaba a punto de cometer una estupidez. Escuchó su voz entre la multitud y cerró los puños con fuerza. Esos labios que tantas sonrisas le habían sacado en su niñez empezaron a pronunciar un discurso ensayado para complacer al oyente más exigente. Habló de tierras lejanas con voz melosa y les guio por sendas de arena blanca y oasis de palmeras y aguas cristalinas. Todos parecían emocionados con sus ademanes y miraban la lona con ojos de expectación.
- No me lo puedo creer… Maldita niña egoísta…
- Eriol, hay que parar esto…
Meiling se situó al lado de la lona mientras hablaba de criaturas que serpenteaban y ojos que salían de las profundidades de los ríos en busca de sangre de antílopes. Les habló de fieros leones e hipopótamos con mandíbulas crueles. Pero ningún animal de la selva era tan grande, tan robusto y valioso como el que había escondido tras esa tela. La princesa disfrutó del silencio que se había formado a su alrededor y sonrío satisfecha.
- Mis queridos amigos, familiares y parientes… traído de las mismísimas dunas de Nanda, como muestra de afecto del duque Akoto a la realeza de Aristía… les presento a una de las maravillas de su exótica fauna. Pero por favor, no se asusten… verán que su belleza aún está oculta bajo la corta edad de un infante.
- ¡Eriol! ¡Ayúdame a parar esto!
- Sak… no puedo hacer nada. Es demasiado tarde. Hablaré con Mei después de la gala y… - Sakura agarró sus brazos sin notar las miradas que despertó a su alrededor y le acercó hasta que sólo pudo mirarla a ella.
- Tú no lo entiendes… sólo es un bebé asustado… si… si esa mujer lo deja ahí con los fuegos artificiales…
- Oh, ya comprendo. Pero seguro que la jaula es fuerte. Aunque se asuste no podrá romperla. Los invitados no corren ningún peligro.
- ¡A la mierda los invitados! – algunas personas a su alrededor la oyeron, pero alejaron la vista fingiendo que prestaban atención a la anfitriona de la gala, que empezaba a tirar de la cuerda que liberaría la lona – Troné se puede hacer daño. Y se morirá de miedo… es sólo una cría…
Eriol miró esos preciosos ojos suplicantes y pensó en lo que ella decía. Sin duda el pequeño bebé estaría asustado por el fuerte ruido de los fuegos. Habían cerrado a los caballos en los establos y acomodado a los perros de caza en sus zonas aisladas para que no pudieran oír el estruendo. Pero nadie había pensado en el pequeño Troné. Se moría por complacer a la muchacha y en verdad quería parar esa absurda situación, pero por desgracia no podía ayudarla sin causar daños irreparables.
- Sakura… lo comprendo. Y yo también quiero hacer que todo esto pare. Pero no puedo irrumpir ahora y dejar mal a mi hermano o a su pareja. Son mi familia, pero también es el futuro emperador y una candidata a emperatriz. No puedo ir en su contra, mucho menos públicamente. Y tú tampoco. Será solo un momento y luego te ayudaré a sacar a Troné de esa jaula. Te lo prometo.
- ¡No! Yo… - Eriol tomó sus brazos y la zarandeó suavemente.
- ¡Sakura! Basta… no podemos hacer nada. Cualquier intento por pararlo te perjudicaría a ti… ¿no lo entiendes? Lo siento por Troné, pero mi misión es protegerte a ti por encima de todo.
- Pero…
- Con todos ustedes y para gozo de sus ojos, les dejo contemplar a la bestia de carne gris. ¡El elefante Neumaní de Nanda!
La lona cayó al fin y Sakura dejó que sus brazos de desplomaran. Ya no se podía hacer nada. Era demasiado tarde. Todos ahogaron un grito en sus gargantas y aplaudieron asombrados ante la visión del enorme bebé de elefante. El sonido alteró a Troné, que se echó para atrás, acurrucando su cuerpo contra los barrotes. Sakura estaba aún muy lejos, pero podía notar el miedo que sentía la cría al verse rodeada por semejante multitud. Apretó la mandíbula y cerro los puños con fuerza para no gritar. ¡Esa mujer era una inconsciente! Pero no estaba sólo furiosa con esa arpía de ojos color sangre. No… ¿Cómo podía el príncipe hacer algo como eso? ¿Cómo permitía que su prima usara a ese pequeño animal en su beneficio? ¡Ni siquiera se lo habían regalado a él! ¡Era su pequeño bebé! ¡Suyo!
- Sakura… - Tomoyo llegó a la carrera y tomó su mano – Tranquila… no le pasará nada al pequeño. Y lo sacaremos en cuanto la gente vuelva al salón.
- Pero los fuegos… no aguantará tanto. ¿No lo ves? Está muy asustado.
Justo en ese momento los fuegos artificiales dieron inicio, llamando la atención de todos los asistentes. Gritos de júbilo se oían por doquier y ya nadie prestaba atención a Troné, que temblaba de miedo en su jaula. Empezó a sacudirse y a intentar huir. Llamó la atención de algunos invitados, pero solo se apartaron para que no les molestara mientras disfrutaban de los fuegos. Nadie se preocupaba por él ahora. Como si fuera un jarrón o un cuadro expuesto que ya habían visto muchas veces. No un ser vivo que amaba y sentía. Sakura observó como todos se reían a su alrededor, ajenos al sufrimiento del pobre animal y ya no pudo reprimir su furia.
Se alejó de su prima y del segundo príncipe antes de que pudieran atraparla y se abrió paso a empujones entre la multitud. Algunas damas la miraron con desprecio y muchos hombres la siguieron con interés, pero de nuevo devolvieron sus ojos al espectáculo. El camino hasta el pequeño animal se le hizo eterno. Todos los invitados se habían arremolinado frente a ella y parecía nadar en un mar sin fin, con el viento de cara y el oleaje en su contra. Pero al fin divisó los barrotes entre tanto vestido de etiqueta. Y parecía que alcanzaría la jaula, cuando una mano la cogió del brazo y paró sus pasos en seco. Fue a soltarse de un tirón, pero el agarre era más fuerte que ella. Su instinto le pidió a gritos que le diera un puñetazo a cualquiera que se atreviera a interponerse entre ella y el pobre elefante, pero al alzar la vista dos ojos llameantes le devolvieron la mirada.
- No, Sakura. No. – La castaña no sabía qué debía molestarle más. Que se atreviera a tutearla en esa condenada situación o la arrogancia que mostraba al ordenarle que se quedara quieta como si fuera su maldito perro.
- Suélteme, su majestad.
- No lo haré. Muchos ojos te miran. No puedes perder la compostura y anular todos tus esfuerzos y los del emperador. Te han puesto a prueba. Sé lista y no dejes que te ganen tan fácilmente. Recuerda lo que te dije. Lo importante es saber que batallas puedes ganar y cuales no – esos preciosos ojos esmeralda se abrieron de la impresión. ¡Maldito idiota engreído!
Xiao Lang Reed Li le aguantó la mirada, aún a sabiendas de que algunos invitados habían dejado a un lado los fuegos artificiales y ahora les prestaban toda su atención. Quería calmarla y poner algo de sentido común en esa loca cabeza. Pero no sabía cómo lograrlo. Mei llegó entonces, con el rostro bañado por una falsa indignación. Xiao Lang sintió que su corazón se oprimía. No por la ira, sino por la frustración de no haber predicho semejante venganza absurda.
- Le he dicho, que me suelte.
- ¿Cómo se atreve a hablarle así a su majestad? No olvide su posición, señorita Kinomoto. ¡Discúlpese ahora mismo! – Sakura sintió la ira crecer en su vientre al oír la voz de esa estúpida arpía. Iba a correr en su dirección para arrancarle todos los cabellos de su cabeza, cuando el tacto y la voz del príncipe la detuvieron de nuevo.
- Meiling, guarda silencio. No me hagas levantar la voz. Te pondría en evidencia y no te conviene ni a ti, ni a ella. Trágate tu orgullo y asume las consecuencias de tus actos. Este estúpido revuelo lo has causado tú y sólo me ha producido una tremenda decepción.
- Pero… su majestad dijo… - el castaño la miró con autoridad y Meiling Li se acobardó. Hizo una reverencia y permaneció callada. Los ojos dorados del futuro sol del imperio volvieron a la castaña y soltó un suspiro cansado, mientras sus dedos acariciaban sutilmente el hombro de la joven en un intento de apaciguarla. Pero su tacto logró el efecto contrario. Sakura parecía cada vez más rabiosa.
- Señorita Kinomoto, siento lo que ha ocurrido. Pero ahora solo podemos esperar. En cuanto los invitados se vayan, ordenaré que lleven al animal a los establos.
- No voy a esperar tanto. Está aterrado y puede lastimarse con esos barrotes.
- Señorita Kinomoto…
- Yo… sólo deje que entre con él en la jaula. Le acariciaré tras las orejas y lo calmaré con mi voz. Siempre funciona.
Eriol llegó a su lado resoplando. Lo habían retenido con esas estúpidas reverencias, pero al fin les había alcanzado y debía calmar la situación. Tomó la mano de su acompañante mientras sonreía abiertamente para que lo vieran todos esos ojos curiosos. La alejó un poco de su hermano y le rodeó la cintura, como había estado haciendo toda la noche. El ceño del príncipe heredero se profundizó aún más.
- Sakura… preciosa, todos miran. Sonríe y finge que todo va bien. – la castaña ni siquiera le oyó. Sólo siguió clavando sus ojos en el príncipe heredero y esperó su respuesta. - ¿Y bien? - Pero de nuevo ese monstruo arrogante la dejó perdida en la desesperanza.
- No, señorita Kinomoto. Por supuesto que no voy a consentir semejante comportamiento. Es mi futura esposa, no puedo dejar que se humille así.
- ¿Humillarme? ¡¿Qué hay de humillante en cuidar de un animal asustado?! – todos se giraron a mirarla a causa del grito y algunas de las damas empezaron a murmurar mientras la señalaban con indignación. Xiao Lang vio el rostro complacido de la emperatriz a lo lejos y supo que sus temores eran ciertos. Todo aquel absurdo plan era obra de su madre. Meiling solo era la mano ejecutora. Pero no iba a darle el gusto de salirse con la suya. Esa noche no. Cerró los puños y se mordió el labio. Tenía que parar esa locura de raíz, aunque hiriera a la castaña en el proceso.
- Basta, señorita Kinomoto. No entrará en esa jaula.
- Pero…
- Deje de avergonzarme – Sakura abrió la boca de par en par. ¿Avergonzarle? ¿A él? ¿Cómo se atrevía? - Ahora vaya de nuevo a disfrutar de los fuegos o al menos finja que lo hace. Ya le he dicho cómo procederé en esta situación. Y sabe que no me gusta decir las cosas dos veces.
Eriol notó como el cuerpo de la muchacha temblaba de pura ira y temió lo peor. No serviría de nada que el mismísimo emperador bailara con ella si luego montaba un espectáculo frente a todos los invitados de su majestad. Así que tiró de su cintura y le hizo una reverencia a su hermano. Gracias a los dioses la señorita Daidouji llegó en ese preciso momento acompañada de Kaho Mizuki y entre todos lograron calmar un poco a la joven. Pero cuando se giraban para alejarse, la castaña dio una vuelta sobre sí misma y miró por última vez al príncipe.
- Troné será enviado al ducado de mi familia mañana mismo. No dejaré que su horrible prima vuelva a utilizarlo cómo si fuera de su propiedad. No es un estúpido vestido ni un jarrón. Y si se niega, acudiré al mismísimo emperador. – Xiao Lang Reed Li se irguió sobre sí mismo y la miró, esta vez con resentimiento.
- Sus amenazas son una minucia para mí. Pero, aun así, sé que no lo hará. Es usted demasiado orgullosa para pedir ayuda, mucho menos a mi padre.
- Póngame a prueba y lo sabrá.
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Sakura acarició una vez más la trompa del pequeño animal. Ya llevaba un buen rato acurrucada a su lado. Troné había llegado alterado y nervioso. Djanko lo traía atado con unas cadenas que le herían la piel y hacían mucho ruido. Y ella se acercó aguantándose las lágrimas y abrazó al gran animal. Troné se resistió al principio, demasiado asustado y resentido para aceptar el cariño de la joven. Pero poco a poco, ella había ido calmando su desconfianza y con ayuda del joven sirviente, lo habían devuelto a los establos. Eriol insistió en quedarse a su lado, pero la muchacha se negó. Quería estar sola el resto de la noche. Y no le importaban los invitados ni la estúpida gala. Ya no. Echó a todos de malos modos y ahora simplemente intentaba calmarse al lado de su precioso bebé. Los dos habían sido traicionados esa noche y necesitaban sosegar sus sentidos. Pero en ese maldito palacio, nadie parecía respetar ni uno sólo de sus deseos. Mucho menos él.
- Una señorita de su clase debería ser mucho más cuidadosa. El establo no es un lugar muy adecuado para dormir. – Sakura alzó la vista y no ocultó su desagrado al ver al heredero al trono allí, de pie. La luz de las antorchas bailaba sobre su rostro y le hacían parecer un dios. Pero los dioses a veces eran déspotas y crueles. Ella lo sabía mejor que nadie.
- Si lo que le preocupa es mi vestido, no sufra. Estoy segura de que las doncellas de palacio sabrán lidiar con las manchas que mi mala educación dejen en él. – Sakura dijo esas palabras, consciente de que sería reprendida por ellas. Pero para su total asombro, el príncipe se acercó en silencio y tomó asiento a su lado. Sus ojos verdes cómo el jade, siguieron sus movimientos con cautela.
- En realidad, el vestido no me quita el sueño. Pero debería ser consciente de que Troné pesa más de una tonelada. Si se da la vuelta mientras duerme, la aplastará como si fuera una uva – Sakura miró al animal y se dio cuenta de que, efectivamente, Troné se había quedado dormido.
- No me pasará nada.
- Si usted lo dice…
El silencio se apoderó de ambos. Por un lado, Sakura no sabía cómo proceder en esa situación. Estaba muy molesta con ese hombre y quería gritarle todas sus frustraciones. Pero a su vez, desconocía los motivos que le habían llevado hasta allí. No era propio del futuro emperador estar sentado a las cuatro de la mañana entre la paja de los establos. Le miró de reojo. Lucía cansado, pero no por ello menos imponente. Su postura era relajada, pero aún así elegante. Y a pesar de que su cabello lucía despeinado, desprendía un aura apaciguadora que calmó sus nervios por primera vez en toda la noche. Suspiró y miró la valla de hierro que les separaba de los otros animales.
- ¿Qué hace aquí?
- Son mis establos – Sakura gruñó a modo de respuesta y el príncipe no pudo evitar reír sutilmente ante semejante gesto infantil – He venido a verla.
- ¿Por qué? – sus ojos se encontraron y Sakura se dio cuenta de que realmente estaba agotado. Tenía ojeras y el ceño más fruncido de lo habitual, como si estuviera luchando con una tremenda jaqueca. Se sintió algo culpable por haber sido tan brusca. Pero no lo admitiría en voz alta.
- Lamento el comportamiento de mi prima, señorita Kinomoto. Siempre ha sido de sangre caliente, pero lo cierto es que esta vez ha cruzado la línea. Aun no comprendo del todo cuál era su objetivo. Puede que esperara que usted perdiera los nervios. De ser así, me temo que se salió con la suya – la muchacha agachó la cabeza, aguantándose a duras penas las ganas de insultar a toda la maldita familia imperial – Le pido que perdone a Mei por los actos de esta noche. No son propios de su persona, doy fe de ello. Debe comprender, que su objetivo desde que nació ha sido convertirse en la emperatriz. Cree firmemente que es su derecho y luchará por ello con uñas y dientes.
- ¿La está excusando? – el príncipe la miró con esa intensidad que le caracterizaba y Sakura no pudo aguantarle la mirada. A pesar de la ira que sentía, ese hombre la confundía con sus ademanes. Nunca sabía de antemano con qué aspecto de su retorcida personalidad le tocaría lidiar.
- No, señorita Kinomoto. No lo hago. Sólo intento que comprenda el contexto. – una risa sarcástica salió involuntariamente de sus labios.
- ¡Ja! El contexto… no creo que eso le importe mucho a su majestad.
- ¿Disculpe?
- Hablo de lo que ha sucedido esta mañana en los pasillos de su palacio.
- Oh, ya veo… Su desacuerdo con la princesa Li… - Sakura se indignó con el tono aburrido de su voz.
- Sí, mi "desacuerdo". Habla de la importancia del contexto, pero ni siquiera se molestó en conocer los hechos. En cuanto vio una situación tensa entre su prima y mi persona, dedujo al instante que la causa debía ser yo. ¿Me equivoco? – Xiao Lang desvió la vista al techo.
- Es cierto. No pregunté. Puede que no quisiera saber la respuesta. Estaba… molesto.
- ¿Y eso es una excusa o de nuevo intenta ponerme en contexto? – notó como sus cejas se arrugaban y supo que la reprendería por su tono, pero esta vez no le dejaría rebajarla – Mire, su majestad. Sé el contexto en el que me encuentro. La pregunta que debe hacerse, con corona o sin ella, es si usted piensa algún día comprender el mío.
- Comprendo su situación, señorita Kinomoto.
- ¿De verdad? – el hombre asintió en silencio. – Disculpe mi atrevimiento, pero no lo parece.
- ¿No? ¿Y por qué cree que estoy aquí sentado en medio de la mugre?
- Yo…
- He venido a verla a usted, señorita Kinomoto. ¿Qué motivo me llevaría a pasar el resto de la noche en unos establos, al lado de un enorme animal que puede aplastarnos si decide darse la vuelta?
- ¡Oh, venga ya! Es un bebé, no un carruaje de mercancías – Xiao Lang soltó una pequeña carcajada y Sakura se dio cuenta de lo apacible que estaba siendo toda aquella discusión. Ella quería arrancarle los ojos hace sólo unos minutos, y ahora ahí estaba. Hablando informalmente con el que sería su carcelero.
- Empezaba a pensar que jamás lograría tener una conversación normal con usted, se lo reconozco.
- ¿Y es mi culpa? Creo que fue usted, "oh, gran alteza imperial" el que quiso que me mantuviera en mi lugar. – el príncipe rodó los ojos descaradamente y rogó al cielo por un poco de paciencia.
- Por todos los dioses, qué descarada es usted… - la castaña fue a protestar, pero los dedos de su majestad al posicionarse sobre su boca la dejaron literalmente muda – Mire, señorita Kinomoto. Quiero que sea correcta al tratar conmigo. Y también que controle esa lengua impertinente todo lo que su orgullo se lo permita. Pero no deseo que me trate con frialdad ni que me desprecie por mi título y los lazos que la atan a mí. – Sakura se apartó, con el rostro sonrojado por la vergüenza y la indignación.
- ¿Frialdad? Ha sido usted el que me ha tratado fríamente desde que llegué. – Xiao Lang alzó una ceja.
- No es cierto.
- Oh, sí que lo es. Ni siquiera se molestó en saber quién sería su dama consorte. Quedó asombrado en cuanto supo mi apellido
- Ya… en cuanto a eso. Me temó que le mentí. Sí que sabía de usted, aunque no conocía su rostro. Puede que mi recibimiento no fuera muy cortés. Pero usted tampoco se comportó dignamente – ambos se miraron con recelo y se dieron cuenta muy pronto de que ninguno daría su brazo a torcer - Está bien, pongamos los hechos sobre la mesa. Sea cosa mía, suya o de los dos, señorita Kinomoto, debe saber que no deseo seguir con esto. Me guste o no, usted se convertirá en mi esposa en menos de un año. Y no me imagino toda una vida discutiendo, peleando y recelando. Es agotador y…
- Eso no voy a discutirlo.
- ¿No puede estar callada y dejar de interrumpirme? Es muy irritante y de nuevo me dice que no sabe mantener las formas.
Su instinto gritó en protesta, pero se mordió la lengua. Giró la cabeza con un movimiento brusco y lució un puchero de inconformidad. Xiao Lang no quedó del todo satisfecho, pero al menos era un comienzo.
- Mire, señorita Kinomoto. De las tres candidatas, usted es la única con la que no siento afinidad ni familiaridad. Sé que es debido a que no sé nada de su persona, pero me gustaría remediarlo. Por el bien de nuestra relación y del futuro de nuestro imperio.
- ¿Está pidiendo un alto al fuego?
- Es un modo muy vulgar de decirlo… pero supongo que así es.
La castaña se alejó de él involuntariamente, demasiado sorprendida por esa declaración de intenciones. Es cierto que odiaba estar tan tensa y temerosa a todas horas… pero no confiaba en ese hombre. ¡Ni por asomo! Aún así, debía darle al menos el beneficio de la duda o estaría rebajándose a su mismo nivel. Se recostó en el cuerpo del animal, notando como el príncipe se tensaba por su inocente gesto. Eso la hizo sonreír en contra de su voluntad. ¿A caso tenía miedo de Troné?
- Así que desea que le dé una oportunidad.
- No. Le pido que sea justa y que no cargue sus prejuicios sobre mí.
- ¿Cree que he sido prejuiciosa? – esos orbes dorados la miraron con las cejas alzadas y no pudo evitar darse cuenta de que era cierto. Puso los ojos en blanco y se sentó con las piernas cruzadas para quedar justo frente a él. Sus pupilas se encontraron y pudo ver un poco de calidez en ellas. Aunque aún le inspiraban desconfianza - En ese caso, debo recibir lo mismo de vuelta. ¿No cree? – el príncipe imitó su gesto e intentó acomodarse, pero no se atrevía a poner su espalda en el enorme cuerpo de esa criatura. Así que hizo un gesto extraño que causó de nuevo la risa de la joven. - ¿Le da miedo Troné?
- Por supuesto que no, pero no creo que el animal sienta ningún aprecio por mí. No quiero alterarlo más, ya ha tenido suficiente por esta noche.
- Dudo que se dé cuenta, ahora parece muy tranquilo. Debe tener dulces sueños… Aunque, ahora que lo pienso… ¿Soñarán los elefantes? – el joven que la acompañaba soltó una carcajada y miró al enorme animal con algo parecido al cariño. Eso la dejó atónita.
- Es posible… los animales también son criaturas de dios y pude ver inteligencia en sus ojos cuando me miraba de reojo esta mañana.
- ¿Esta mañana?
- Oh, le di unos cuantos cacahuetes antes de mis entrenamientos. – Sakura le contempló en silencio, atenta a sus gestos y ademanes. El rostro del príncipe se había relajado y casi parecía humano.
- ¿Suele entrenar todas las mañanas? – se giró para mirarla y de nuevo rehusó el contacto. Le gustaría que fuera debido al estúpido protocolo, pero lo cierto es que se sentía intimidada.
- Siempre que mis deberes lo permiten. Sí. Es mi deber entrenarme y en realidad, me gusta hacerlo. Me ayuda a despejar la mente.
- Yo también lo hacía cuando vivía en el ducado. Era parte de mi rutina como segunda heredera de la casa.
- No me cabe la menor duda, señorita Kinomoto. Ser tenaz, es una de sus muchas cualidades. O defectos… depende de cómo se mire…
Una vez más hablaban con familiaridad sin ser apenas conscientes de ello. Sakura se sorprendió por ese hecho, pero no lo sacó a relucir. No quería que ese hombre ególatra pensara que se salía con la suya tan fácilmente. Vio como el príncipe acariciaba el lomo de Troné con suavidad y suspiró, derrotada. Ella no era Meiling Li. Tenía su orgullo, pero sabía cuando cometía un error. Y era correcto admitir que desde que había llegado a palacio, su corazón estuvo predispuesto a odiar a ese joven. Lo que resultaba curioso, ya que fue Hien Reed Li quien la condenó a su destino. ¡Y sin embargo ese maldito emperador le caía bien! Sí, sin duda eso había sido algo… injusto. Pero necesitaba saber mucho más de ese joven antes de ondear voluntariamente la bandera blanca. Agachó la cabeza y jugó con la paja que tenía a sus pies. Ahora que se había quitado los odiosos zapatos, le causaba cosquillas en la piel.
- ¿Lo sabía? – Xiao Lang Reed Li se giró para contemplarla. No lo vio directamente, pero sintió el sonido de sus movimientos y supo que había llamado su atención. Eso la puso tensa.
- ¿Disculpe?
- ¿Sabía que su prima utilizaría a Troné en la gala? – sus palabras fueron seguidas de una lánguida pausa. Pero finalmente oyó un suspiro y la voz sosegada del que ahora era su prometido.
- No, señorita Kinomoto. No lo sabía.
- Ya veo… eso me sirve de consuelo. – el príncipe se movió levemente y de nuevo se fijó en ella.
- Así que pensó que lo había permitido –el silencio fue su única respuesta – Es bueno saberlo. Dígame, señorita Kinomoto ¿Qué opina de mí? – Sakura se giró con sorpresa y vio sincera curiosidad en su rostro.
- ¿Necesita que le agrande aún más su ego? – Xiao Lang rodó los ojos y finalmente se atrevió a recostar su espalda en el cuerpo del animal. Troné ni siquiera se movió.
- Si quisiera que me halagaran, no acudiría a usted, se lo aseguro.
- ¿Qué pretende entonces?
- Saber a lo que me enfrento.
La menor de los Kinomoto analizó sus palabras. Por un lado, quería escupirle a la cara cuatro verdades. Pero su parte más sensata (sí, esa que últimamente la abandonaba en los momentos más inoportunos) le gritaba que no era su mejor opción. Era capaz de manipular a comerciantes, duques y plebeyos. Pero por alguna razón, su corazón se negaba a ser astuto con ese muchacho engreído.
- ¿A qué le tiene tanto miedo? ¿Creé que usaré esa información en su contra?
- Puede…
- Eso ya dice mucho de la opinión que merezco de usted.
- Es cierto…
- Le diré lo que haremos – Xiao Lang estiró las piernas y se relajó sobre el pajar. Sintió sus músculos destensarse y como el sueño empezaba a reclamarle. Se sentía a gusto por primera vez en presencia de la joven, y no pensaba desaprovechar la ocasión. – Yo le diré lo que opino de usted primero y luego decide si quiere devolverme el gesto. – Sakura le miró aún con la duda reflejada en su rostro y se estremeció al oírle reír abiertamente. ¿Era capaz de hacer eso? – Oh, vamos… ¡No soy el diablo!
- Es… esta bien…
- Gracias a los cielos. ¡Creí que la terquedad vencería la batalla!
- No soy terca…
- Discrepo en ese punto. Pero vamos al grano. A ver… mi opinión sincera. No voy a contener mi lengua, se lo advierto. – solo le respondió el silencio, así que miró de nuevo el fuego de las antorchas y cerró los ojos para buscar en sus recuerdos los detalles de esa extraña relación que habían mantenido hasta la fecha. – Cuando llegó a palacio y fingí no saber su apellido… le dije que había oído hablar de usted. ¿Recuerda?
- Sí, lo recuerdo.
- Lo cierto es que desconocía su apariencia, pero tenía en la memoria algunas anécdotas de la hermana de Sir Kinomoto. Historias curiosas y poco verosímiles. Pero que en boca de su propio hermano y de su padre… debían ser ciertas. O al menos, una parte.
- ¿Historias?
- Anécdotas, más bien. Sobre sus gustos peculiares y sus extraños dones.
- No sé si le sigo… - Xiao Lang sonrío de lado, pero no abrió sus ojos.
- Había oído que era usted alguien extravagante. No gustaba de asistir a fiestas ni tenía interés en vestidos o joyas. En vez de eso, pasaba su tiempo con los caballeros, entrenando hasta altas horas de la noche.
- Eso es una exageración… - ahora sí que la miró y supo que debía dejar de interrumpir o la reprendería de nuevo, esta vez, con razón – Yo… lo lamento. Siga.
- También oí de algunas amigas de la princesa Li, que era usted muy poco femenina y descarada. Que pasaba sus horas entre los plebeyos y realizaba tareas nada propias de una dama. Había muchos rumores absurdos causados por celos y envidia, así que decidí no hacer caso de ellos y centrarme en los comentarios que había escuchado de su familia.
- Supongo que eso le honra.
- Lo sé. – Sakura le mandó una mirada reprobatoria, pero no le molestó esta vez. En realidad, le hizo sonreír. - Supe por su padre que sentía afición por la política y la lectura. Pensé que serían libros románticos, pero me aseguró que era adicta a la historia y a los grandes filósofos de nuestro tiempo. Eso me dejó aturdido y levantó mis expectativas. Se lo admito. Soy de los que opina que una emperatriz debe ser mucho más que un rostro hermoso. Aunque nunca imaginé que pudiera existir alguien que ostentara ambas cosas con tanta naturalidad – las mejillas se le sonrojaron al instante y sintió como su corazón se aceleraba hasta causarle un pequeño acaloramiento. – No finja que se siente incomoda por mis palabras, sabe que es inteligente y hermosa. Lo utiliza descaradamente en su beneficio.
- Yo…
- Pero lo cierto es que no me advirtieron de que sería también orgullosa, terca y hostil. Una joven con un espíritu rebelde, incapaz de adaptarse a su nueva posición y comprender la importancia de nuestra jerarquía. No entiende que las formalidades no son un castigo ni un modo de sumisión.
- ¿No poder mirarle a los ojos y tener la cabeza agachada todo el día no es un acto de sumisión?
- No, señorita Kinomoto. Sólo es el modo que tenemos en nuestra sociedad para mostrar nuestro respeto y recompensar a los que ostentan la responsabilidad y el peso del poder sobre sus hombros.
- Eso es… es…
- ¿Va a decir que es injusto? ¿Humillante? Señorita Kinomoto, no es mentira que soy el futuro emperador de este imperio. He sido educado para ello desde que nací. No he tenido tiempo de jugar en los jardines ni de holgazanear por las librerías leyendo historias de aventuras y barcos mercantes.
- ¿Y se cree que yo sí? – Xiao Lang ignoró voluntariamente su interrupción y alzó la voz para que notara que estaba molesto.
- No he recibido constantemente el calor y el amor de mis padres, ni he pasado unas navidades bajo la chimenea mientras sentía el ardor de las llamas en mi piel. Nunca me he ensuciado las manos con la tierra de mis granjas ni he visto salir el sol desde un gallinero. En vez de eso, me he lavado los callos y la sangre de mis manos tras horas de duro entrenamiento y he visto anochecer desde la mesa de mi biblioteca personal, perdido entre libros de guerras e informes de antiguos pactos con los países vecinos.
- No veo lo que tiene que ver eso con…
- No lo ve. Es cierto. Pero le diré algo, señorita Kinomoto. Cuando un duque mucho mayor que yo se inclina ante mí, no se rebaja. No es así. Muestra su respeto y su aprobación. No por mi derecho de nacimiento, Eriol y Takashi también serían unos buenos candidatos. No. Es un gesto que dice que me aceptan como su futuro gobernante. Es mi recompensa por todo aquello de lo que se me ha privado y el único modo de demostrar públicamente que mi esfuerzo vale la pena. Y espero que llegue el día, señorita Kinomoto, en que agradezca de corazón que alguien a quien respeta, se incline ante usted. Ese día entenderá lo que significa en verdad ese gesto. Y no es humillación ni una obligación. Es respeto. Es el resultado de una sociedad que funciona.
- No es respeto si se ven obligados a ello… - esperaba que su reacción fuera de desesperación, pero en vez de eso, la miró con resignación.
- Obligación… ¿Cree que los miembros del consejo se inclinarían ante mí de igual forma si no me apoyaran?
- Es su deber…
- Su deber es apoyar a uno de los príncipes herederos. Si no creyeran en mí, destinarían sus reverencias y halagos a uno de mis hermanos. Por eso hay un orden de saludo, señorita Kinomoto. Por eso, cuando alguien entra en una sala en la que estamos presentes todos los miembros de la familia real, saludan primero al emperador y luego a mi persona. Es el modo que tiene la sociedad de seguir en pie. Un sistema de jerarquías que ordena y tranquiliza al pueblo. Cuando hay un problema en sus territorios, saben a quién deben acudir. El orden, el respeto… ¿no son los pilares de cualquier sociedad que se precie? ¿No son también la base de cualquier empresa mercante?
- Puede que así sea. Pero también es importante la libertad de expresión y el derecho para decidir tu propio destino.
- Habla egoístamente.
- ¿Disculpe?
- Tiene una obligación de nacimiento. Si la rechaza, es por puro egoísmo.
- ¡Eso es un disparate!
- ¿Lo es? ¿Por qué no quiere ser mi esposa, señorita Kinomoto?
- ¡Por que no le amo! – Xiao Lang la miró en silencio, demasiado afectado por la crueldad y sinceridad de sus palabras. Era la respuesta obvia, pero por algún motivo, le dolía igual.
- Ni yo a usted. El amor, no es algo a lo que debamos aspirar.
- Eso es… es…
- No me diga que es algo triste. No estaré de acuerdo. Las personas tienen sus prioridades y la mía es mantener este imperio unido y en paz. Velaré por su prosperidad y la satisfacción de las personas que viven en él. Ese es mi objetivo y mi mayor deseo. Y quiero que la mujer que este a mi lado, quiera lo mismo. Por eso elegí a Naoko. No por mis sentimientos ni el aprecio que le tengo. Sino por sus aptitudes, su inteligencia y su generoso espíritu. – Sakura abrió la boca de par en par y luchó con su corazón. Comprendía el mensaje que ese hombre quería transmitirle, pero no podía estar de acuerdo con él.
- Un reino que permite que sus gobernantes no puedan ser felices, no es un reino que merezca mi aprobación ni mi orgullo. ¿Cómo puede un emperador entender el amor de su pueblo si no sabe lo que es?
- Olvida que existen otras clases de amor mucho más fuertes y duraderas que un enamoramiento adolescente.
- ¡Oh, por todos los dioses! ¿Va a soltarme el discurso del amor a los hijos y a la familia? Son amores distintos, pero no excluyentes.
- No se lo discuto. El amor de pareja puede ser superfluo y poco duradero. El amor por un hijo debe ser mayor. – Xiao Lang vio la desesperación en esas esmeraldas y soltó un suspiro de resignación - Sólo intento explicarle cómo entiendo yo mi posición, mi misión y mi vida. No le pido que esté de acuerdo. Pero sí que viva sus días intentando comprender cual es mi parecer. Yo haré lo mismo con usted, aunque la considere una mujer egoísta y soñadora.
- ¿Esa es la opinión que merezco?
- Por el momento, sí. Esa es. Sólo esa razón explica cómo alguien con sus dones se niega a ayudar a su país. ¡Sería una emperatriz maravillosa si quisiera dedicarse en verdad a ello! Es astuta, inteligente y fuerte. No se achica ante la adversidad y es empática con los menos afortunados. Lo que me sorprende, ciertamente. No duda en ensuciarse las manos por su pueblo. Apoya causas benéficas y busca que los derechos de los hombres y mujeres sean defendidos, pero reniega del cargo que le daría todo el poder para hacerlo. ¿Por qué lo hace? ¿Por orgullo? ¿Por cinismo? O porqué, al igual que todas esas damas de alta cuna que tanto desprecia ¿aspira a enamorarse de un joven caballero que le aporte dinero y amor a partes iguales? La vida no es una novela de amor, señorita Kinomoto. Y usted, que ha sido criada como el heredero de su casa, debería tenerlo más claro que la mayoría.
- ¿Y por qué debo casarme para gobernar? ¿Por qué usted tiene más derecho que cualquier otro? ¿Por ser de sangre azul? ¿O me dirá que es por la gracia de dios?
- Por mis esfuerzos y educación.
- Educación que tiene gracias a sus derechos de nacimiento y a la fortuna de su casa. Eso cuarta las posibilidades de la gente sin recursos y nos lleva a una sociedad desigual e injusta.
- No se lo negaré. Nuestra sociedad no avanza tan rápido como a usted le gustaría. Pero el mundo no se construyó en un día. Todo proceso necesita su tiempo de aceptación, señorita Kinomoto. Y por ahora, el matrimonio conmigo es el único modo que tiene de aspirar al gobierno.
- ¡Es que yo no quiero formar parte del gobierno! - ambos se miraron intensamente, sintiendo en sus corazones que habían llegado a un punto muerto de la discusión. – Mire, majestad. No puedo estar de acuerdo con usted ni con su padre. Es su decisión y no la mía que tenga que renunciar a todo aquello por lo que he luchado. Y puede decirme que es por un bien mayor, pero seguiré sin estar de acuerdo.
- No espero que lo esté. – Xiao Lang dejó que el cansancio se apoderara al fin de su persona y recostó su espalda aún más en el gran animal. Troné se movió levemente, pero luego se volvió a dormir. Ambos miraron al bebé con aprecio. Al menos su vida era sencilla… - Debo pedirle disculpas, señorita Kinomoto. No quería convertir esto en un debate político. Sólo pretendía ser franco. Y creo que lo he sido.
- Sin duda. La franqueza no es su punto débil, eso seguro
Un silencio incómodo se generó entre ellos. Sakura intentaba buscar algo a lo que agarrarse en ese discurso retrograda, pero no veía cómo. Ella había crecido bajo la libertad de su casa. Decidió sus aficiones, sus estudios e imaginó como debería ser el mundo. Y en ninguna de esas posibles vidas, se incluía un matrimonio sin amor. Llegó a contemplar una vida de soltería, pero jamás un matrimonio por contrato. Mucho menos con el futuro emperador. Suspiró y bajó la vista.
- ¿Y bien?
- ¿Disculpe?
- Le he contado mi opinión. ¿Me devolverá el favor?
- Yo… no sé si debo…
- Por favor – Era la primera vez que esas palabras salían de esos labios. ¿Verdad? Nunca había oído una súplica procedente del futuro sol del imperio.
- ¿Sin consecuencias?
- ¿Tan mala es la opinión que le merezco?
- Yo… no es muy buena… - debería sentirse ofendido, pero en vez de eso le sonrío.
- No tendré en cuenta su opinión ni la sancionaré por ella. Lo prometo. – Sakura levantó su dedo meñique de forma inconsciente. Luego se sonrojó al ver el asombro en esos ojos color miel.
- Yo… así prometemos las cosas en casa… sé que es un poco infantil… - una carcajada sincera brotó de sus labios y la muchacha no pudo evitar perderse en el sonido. Luego sintió el tacto de su piel en sus dedos y su pulso enloqueció. Ese hombre la volvería loca. No entendía su cuerpo. ¿por qué reaccionaba por su propia cuenta sin tener en consideración sus pensamientos?
- Se lo prometo, señorita Kinomoto.
- Va… vale. – Sakura se alejó un poco, buscando serenarse y aprovechando el gesto para pensar cómo intentaría explicarse sin que la degollaran en el proceso. Pero cómo siempre le pasaba con el futuro sol del imperio, la boca se abrió y escupió todo lo que le pasaba por la cabeza sin filtros – Creo que es autoritario, frío y calculador.
- Bueno… es un comienzo.
- También opino, que no deja margen a la discusión y considera que sus opiniones son las únicas que cuentan. Finge que escucha a los demás, pero no es así. Sólo utiliza la discusión para informar de una decisión que ha tomado previamente – dejó una pequeña pausa para ver sus reacciones, pero el rostro del príncipe a penas sí se movió un ápice. – Yo… le veo como un joven arrogante al que le han dicho desde que nació que el mundo es su tablero de juego y los demás, meros peones que puede mover a su antojo.
- Vaya…
- Aunque…
- ¿Sí?
- También creo que es apasionado y firme. No duda en luchar por lo que quiere y defiende sus ideales, aunque no tenga que pedir permiso de nadie para lograr sus objetivos. A pesar de imponer su voluntad, busca siempre el camino más correcto, aunque le lleve más esfuerzo recorrerlo. Y…
- ¿Y?
- Yo… creo que es muy bueno leyendo el corazón de las personas. Lo sé porque…
- Por qué usted también sabe leerlo. – Sakura asintió, no muy convencida por admitir semejante arrogancia por su parte. – Lo sé. Tiene una habilidad innata. Como yo. No se avergüence por ello.
- No es muy digno aprovecharse de las debilidades de los demás en propio beneficio…
- ¿Cree que lo hace sólo por motivos egoístas? Vaya, vaya… señorita Kinomoto. Está dándome la razón – Sakura arrugó la nariz y le mandó una de sus miradas más enojadas, pero no consiguió asustarle, en vez de eso, le hizo reír.
- No soy egoísta.
- ¿No?
- No. No uso a las personas para satisfacer mi ego.
- Pero si para enriquecer su casa. Su padre afirma que es muy buena negociante. Siempre consigue el mayor beneficio.
- ¡Para ambas partes! Les pido el mejor precio porqué ofrezco el mejor producto.
- ¡Oh! Y yo soy el vanidoso y engreído.
- ¡Está torciendo mis palabras en su propio beneficio!
- ¿Eso hago? Creía que esa era su especialidad…
- Yo… yo… - su risa pausada la hizo sonrojar de nuevo.
- Me temo que ha encontrado a la horma de su zapato, señorita Kinomoto. Somos tal para cual. Dos cabezotas con muchos trucos bajo la manga. Siempre conseguimos lo que queremos. ¿No es así? – quiso negar sus palabras, pero algo se le trabó en la garganta. ¿Tenía razón? ¿Se parecían? – Y precisamente por eso es tan dura conmigo. Porqué esta vez, no logra salirse con la suya.
- Eso no es…
- Y dígame, señorita Kinomoto. ¿A que clase de acuerdo pueden llegar dos almas tan parecidas en espíritu, pero que discrepan en la base de sus más profundas creencias? ¿Qué solución encuentra en esta difícil situación? – Sakura pareció reflexionar en serio sobre el tema y finalmente le miró, con decisión.
- Le diría que, en ese caso, esas dos almas deberían centrarse en aquellas opiniones que pueden llegar a compartir y dejar a un lado todo lo demás hasta que ambos tengan la capacidad de lidiar de forma justa con ello. Por el bien de la relación y la cordura de ambas partes. – oyó como las manos de su majestad se unían para formar un aplauso lento y soltó todo el aire que había retenido a causa de la tensión.
- Bravo, señorita Kinomoto. Esa es una respuesta magnífica. Podría preguntar a más de cien mujeres instruidas y dudo que más de tres me contestaran con tanto acierto. Es usted genuina.
- Me sobreestima. Soy una dama tan común como todas las demás.
- Permítame que disienta en eso. Creo que sería una emperatriz maravillosa, si se lo propusiera.
- Es el segundo que me lo dice esta noche…
- ¿Disculpe?
- El emperador. Le pregunté a su padre porqué me había elegido como consorte – Xiao Lang se incorporó entonces, demasiado impactado cómo para ocultar sus emociones.
- ¿Le preguntó sus motivos? ¿Directamente?
- La tenacidad no es mi único defecto. Suelo ser estúpidamente directa.
- Otra característica que compartimos. Pero dígame, ¿le contestó? – la muchacha asintió con la cabeza.
- Me dijo que quería que fuera la emperatriz.
- Ya veo… ¿Le dijo por qué?
- No. Pero le confesé que no deseaba serlo.
- Oh, por todos los dioses, señorita Kinomoto. Veo que no olvida su posición sólo conmigo….
- Lo sé. Y me arrepentí por haber sido tan franca, pero… sólo me sonrío y me dijo que… que…
- ¿Qué, señorita Kinomoto?
- Dijo que precisamente por eso, debía serlo. – Sakura contempló con asombro la suavidad de las facciones del príncipe heredero. Puede que fuera por el cansancio o por lo absurdo de la situación en la que se encontraban. Pero por primera vez desde que le había conocido, le veía como un hombre más. Estúpidamente atractivo y arrogante, pero de carne y hueso. Con sus defectos y virtudes.
- Es algo típico de papá… - Sakura sintió que su corazón se estremecía. ¿Le había llamado "papá"? sin duda se le había escapado, pero… aún así, no imaginaba que pudiera tratarle con aprecio y cariño. Parecían distantes, incluso en privado.
- ¿Puedo preguntarle algo, su majestad?
- Adelante.
- ¿Por qué diría algo así? – Xiao Lang le dedicó una sonrisa ladeada que la confundió aún más.
- Desconozco los verdaderos motivos de mi padre tras su nombramiento, señorita Kinomoto. Al igual que mi hermano Eriol, tiende a ser muy misterioso e incluso desesperante. Pero admito que no se equivoca a menudo. Estoy seguro de que tampoco se equivoca con usted. No hay mejor gobernante que aquel que no ambiciona el poder, sino que asume el peso de su responsabilidad. Lo quiera o no. Y usted lo hará. Cuando sea coronada como emperatriz, reina o concubina… asumirá el peso del cargo igual que asume sus deberes en esta competición que tanto desprecia.
- En el fondo, me sobreestima.
- ¿En verdad lo hago? Podría estar tumbada en sus habitaciones, haciendo el mínimo esfuerzo y dejando las horas pasar. Asumir el resultado de ser mi concubina y vivir despreciándome por ello mientras goza de las comodidades de palacio.
- Pensé en ello, créame… - escuchó su risa por tercera vez esa noche y luchó contra sus instintos primitivos. ¿Por qué dios era tan cruel al otorgar un rostro tan estúpidamente hermoso al hombre que la esclavizaría el resto de su vida?
- Pero en vez de eso, ha decidido luchar con todo lo que tiene y conseguir el mejor resultado posible con las cartas que le han dado. Eso la honra. Y mi padre la admira por ello. Y yo también lo hago, a mi modo – Sakura sintió que las piernas le temblaban, pero no se dejó llevar por el asombro ni el halago implícito en su discurso. Eso sería admitir que su opinión podía influenciarla. Y aún no estaba preparada para ello.
- ¿Honor? ¿Darse por vencida es una cualidad honorable?
- ¿Así lo ve? ¿Se ha dado por vencida?
- Creo que he aceptado la idea de que jamás seré feliz… no del modo que yo quería…
- ¿Y puedo preguntar qué quería o es ir demasiado lejos?
- Si me lo permite, creo que es ir demasiado lejos, su majestad.
- Xiao Lang – la castaña casi se desnucó al girarse para mirarle. – No voy a permitir que me siga llamando "alteza" o "su majestad" mientras Eriol y Takashi gozan de su confianza. En privado puede mirarme a los ojos, levantar su cabeza y llamarme por mi nombre. Considere que es mi forma de sellar esta pequeña tregua.
- No sé si seré capaz, su majestad.
- Pero que incoherente es usted. Me tilda de arrogante y retrogrado. Pero luego declina mi proposición de igualar nuestras posiciones en la intimidad. ¿Se ha propuesto volverme loco?
- Yo no… - la mano del príncipe heredero apareció en su campo de visión y se dio cuenta de que se había levantado. ¿Cuándo había sido?
- Suficiente por hoy. Deje que la acompañe hasta sus aposentos, Sakura. La noche se ha vuelto fría y no lleva precisamente ropa de abrigo. No podrá cumplir con el plazo de la siguiente prueba si se resfría. – Tomó su mano a regañadientes y se alzó. Sintió como su cuerpo protestaba por el entumecimiento. ¿Cuánto tiempo llevaban ahí tirados los dos solos?
- Oh, por todos los dioses… la segunda prueba… ni siquiera entiendo aún el significado de la primera.
- Demostrar su posición y medir a sus aliados.
- ¿Con el salón más pequeño y sin influencias familiares?
- Nadie dijo que la competición fuera fácil. Y sabía que partía en desventaja. Aunque por suerte para usted, no ha quedado última esta vez – su mano se fue por instinto al hombro del que sería su marido y tiró de él con fuerza. Xiao Lang se sorprendió por la confianza del gesto, pero no le molestó. Esta vez no, al menos.
- ¿Se han publicado los resultados?
- Por supuesto. Se anuncian al final de la última gala. Si hubiera estado presente, como era su deber, lo sabría.
- ¿Y no he quedado en tercera posición? – Xiao Lang negó de nuevo - Es imposible que tenga mejor puntuación que la señorita Yanaguisawa y la princesa Li.
- Oh y no la tiene. Pero me temo que los votos de la princesa Li han sido anulados.
- ¿Qué? ¿Por qué? ¿Por lo de Troné? – Xiao Lang se apartó con suavidad y levantó el mentón con elegancia.
- No. Aunque no informar a la reina de sus intenciones fue una falta grave. Pero la emperatriz no lo consideró suficiente para anular los resultados.
- Entonces… ¿Cómo…?
- Repasé personalmente los presupuestos de las tres galas. Usted y la señorita Yanaguisawa fueron transparentes con los números y no tuve nada que objetar. Pero fue distinto en el caso de la princesa Li. Repasé los datos al menos tres veces y no me salieron las cuentas. Así que investigué. Al parecer, el duque Namida no fue tan generoso en su descuento como Mei había previsto y tuvo que añadir el dinero restante de sus propios fondos. Intentó ocultarlo recortando el importe real de algunos gastos, pero soy bueno con los números.
- Eso… eso es…
- Motivo de descalificación. Iba a guardarme esa información como baza y usarla en el momento indicado y de forma privada para no perjudicarla abiertamente. Pero Mei me ha obligado a actuar antes de tiempo y de forma…poco elegante, por así decirlo. No he disfrutado con ello, pero creí que sería mejor frustrar sus intenciones desde el comienzo o todo podría empezar a salirse de mi control. Y le adelanto algo sobre mí, Sakura. No soporto perder el control. – la castaña se había quedado literalmente sin habla. No esperaba que el príncipe fuera en contra de su prima abiertamente. Mucho menos beneficiándola a ella.
- ¿Por qué lo ha hecho?
- Ya se lo he dicho. Para que Mei aprenda la lección y se controle. No me gustaría que tuviera que renunciar a sus sueños por los malos consejos de terceras personas.
- ¿Su madre? – Xiao Lang guardó silencio y Sakura comprendió que ese era su límite. Una cosa era penalizar a su prima por saltarse las normas y otra era acusar a su propia madre de alterar las pruebas - Gracias… nunca imaginé algo como esto.
- Es mi deber sancionar a todo aquel que obre mal en palacio. Esté segura de que actuaré de igual forma con usted, si la ocasión llega. – Sakura se cruzó de brazos y soltó una sonrisa traviesa. Ese gesto le causó una sensación extraña al futuro emperador.
- ¿Y quién le castigará a usted cuando obre de forma incorrecta cumpliendo con su deber cómo nuestro emperador?
- ¿En el peor de los casos? La guillotina. – la carcajada sincera que nació en los labios de la joven le enterneció el alma. Y en las pocas veces que eso ocurría, Xiao Lang solía caer en su mayor defecto. La sinceridad. – Me cae bien, Sakura. No me da vergüenza admitirlo. Espero que, con el tiempo, encuentre el modo de perdonarme por ser la causa de su infelicidad.
- Bueno… como dijo, usted no decidió mi destino.
- Pero tampoco he hecho nada para impedirlo. ¿Verdad?
- Eso… es correcto. Supongo que podría persuadir a su padre para que nombrara a alguien más. A alguien que en verdad lo deseara…
- Como dije, espero que encuentra la forma de perdonarme por ello, porque a pesar de sus esfuerzos por frustrarme, estoy de acuerdo con mi padre. Creo que será una buena gobernante. Y no pienso prescindir de usted en el futuro. Si eso le molesta, me disculpo de antemano. Cómo verá, yo también tengo mi parte egoísta.
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Continuará…
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Notas de la Autora: Aquí termina nuestro capítulo. Les confieso que es mi preferido hasta la fecha y uno de los que más me ha costado escribir. Quería avanzar un poco en su relación, pero sin dejar de ser fiel a sus personalidades. Espero haberlo conseguido. Ya me dirán si les ha gustado. De nuevo les doy las gracias por su constante apoyo y les dejo un pequeño adelanto del siguiente (puede sufrir alguna modificación… aviso… jajajaja)
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"Encontró una puerta que daba acceso al exterior. Pero no halló los jardines que se veían en su balcón privado, sino un amplio terreno de arena y tierra, seguido de una explanada de césped recién cortado. A lo lejos podía divisar algunos caballos corriendo en un campo cercado y muchos mozos de cuadra. Una melena plateada le llamó la atención entre tanto tipo de tez morena. Era Yue Tsukishiro.
- ¿Se ha perdido, alteza? – Xiao Lang se giró entonces y a penas contuvo su sorpresa.
- Yukito Tsukishiro.
- Veo que me recuerda, su majestad.
- Sí… no es alguien fácil de olvidar. Mucho menos en la situación actual.
- ¿Situación actual?
- Sí. Ahora que estoy prometido con la hermana de su mejor amigo – esos ojos castaños le miraron de un modo extraño, pero prefirió no darle ningún significado oculto - ¿Es habitual su presencia en esta casa, señor Yukishiro?
- Es muy frecuente, sí. – el hombre de melena gris se agachó para coger una piedra entre sus dedos y se incorporó con una sonrisa, mientras jugaba con ella y la tiraba una vez tras otra en el aire. – Mi hermano y yo hemos crecido entre estas paredes. El duque Kinomoto nos ha cuidado y tratado como si fuéramos también sus hijos.
- Es muy cortés por su parte. Entonces, ¿debo considerarle también mi cuñado?
- Para nada. Ya no queda esperanza alguna de unir mi apellido a esta casa.
- ¿Disculpe? – la campana que anunciaba la hora de la cena resonó por doquier y ambos miraron como se encendían las antorchas de los muros de piedra. La noche estaba cayendo. Yukito lanzó a lo lejos el pedrusco con el que jugaba y le dedicó una falsa sonrisa de cortesía que le molestó sobre manera.
- Será mejor que vayamos a cenar. Touya y yo estamos famélicos. Hemos llegado hace sólo unos minutos de la frontera.
- Ya veo. Le sigo, sir Tsukishiro. Dado su historial, será mi mejor guía en esta casa.
- Como guste, su majestad."
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Aquí está, escueto pero con el gustirrinin… jajajaja. Un beso y nos leemos el 20 de Noviembre con el capítulo once. Arigatooooo
