Tareas del hogar

Sev dio la sesión por concluida.

-Bueno, ya va siendo hora de que nos vayamos a la cama, los peques deben descansar.

-¿Y tú, Sev? – le preguntó Violet - ¿Te has relajado lo suficiente o vas a tomar poción de sueño?

-Ahora mismo podría dormir, pero en cuanto apague la luz y me quede solo van a asaltarme mil preguntas y cavilaciones, así que esta noche prefiero tomar.

-¿Para cuántas horas vas a tomar?

-Nueve, para que Hipólita duerma lo suficiente, pues dice que quiere despertarse antes que yo para que no esté solo.

-Perfecto, entonces ya os levantareis, nosotros estaremos en casa por si nos necesitáis. Ya sabes dónde está todo, la habitación de invitados, los cuartos de baño para que os duchéis, la cocina y cómo funciona para desayunar… así que vosotros mismos, estáis en vuestra casa. Ariel, cariño, ¿nos das un beso de buenas noches?

-Claro – dijo Ariel.

El chico se levantó a darles besos a Peter, Petunia y Violet.

-Yo soy Violet, mi amor. Si mañana te despiertas antes que tu hermano te levantas y bajas, yo estaré por aquí para prepararte el desayuno, ¿vale? Y decirte dónde puedes ducharte.

-Me lo sé hacer solo, ¿eh? – dijo Ariel - Y ya me he duchado en casa.

-Muy bien, entonces lo haremos juntos. Anda, id a la cama. Sev, en la cama sólo hay puestas las sábanas y la colcha. Si tenéis frío, coged una manta del altillo del armario.

-De acuerdo, Violet, muchas gracias – dijo Sev.

Se despidieron con besos y abrazos de todos, incluso de Lily, y se fueron a dormir, pero no vieron marcharse a nadie. "Quizá todavía se queden un rato hablando del tema. Bueno, no me importa en absoluto, ahora sólo me importa dormir con mis peques."

Subieron al piso alto y se turnaron para lavarse los dientes y cambiarse de ropa a pijama, después Sev se sirvió la dosis de poción para nueve horas y se metió en la cama boca arriba, al centro. Hipólita puso su despertador para las diez y media, algo menos de nueve horas más tarde, y le dijo a Ariel como despedida:

-Que sepas que no porque vaya a dormir en la misma cama que tú tienes nada que hacer conmigo. Yo sólo quiero a Prince y sólo voy a quererlo a él en toda mi vida, si duermo con vosotros es porque eres su hermano. Y tu novia ya sabe de sobra que no quiero nada contigo, así que no te hagas ilusiones, y puedes contárselo tranquilamente, buenas noches.

Sev se carcajeó, ella se recostó en él abrazándolo. El chico también lo hizo, del otro lado. Sev se incorporó para tomar su dosis de poción y a los dos minutos dormía plácidamente.

. . . . . . . . .

El despertador de Hipólita no despertó a Sev, lo hizo a las once menos veinte, exactamente nueve horas después. Sus dos peques lo abrazaban ya despiertos.

-Buenos días… Prince… - dijo Hipólita.

-Buenos días, Sev… - dijo Ariel.

-Qué alegría, mis pequeños… - dijo Sev - Quiero muchos mimos.

Se los dieron, pasaron un cuarto de hora dándole mimos y él a ellos. Por fin les dijo:

-Debéis tener un montón de hambre, desde ayer a las ocho que no coméis nada.

-Ya te digo que tengo, Prince, me muero de hambre – dijo Hipólita.

-Yo comí algo antes de venir, Sev, yo no tengo tanta – dijo Ariel.

-Pues yo sí que tengo, no merendé y luego vomité la cena cuando me dieron la noticia. Así que directos a desayunar, ya haremos la cama y nos ducharemos luego.

-¿Vomitaste la cena, Sev? – le preguntó Ariel.

-Sí, cariño, me llevé un susto muy gordo.

-Vaya…

-Pero no pasa nada, me encuentro perfectamente.

-Yo no tengo que ducharme, Prince – dijo Hipólita.

-Yo tampoco, Sev – dijo Ariel.

-Yo sí, ayer no me duché, así que desayunamos y luego hacéis la cama vosotros mientras me ducho. ¿Sabréis?

-Yo sí, Prince – dijo Hipólita – Aprendí ayer.

-Yo no, Sev, nunca he hecho una cama tan grande – dijo Ariel.

-Yo te enseño, Ariel - dijo Hipólita.

-Sin pelearos, ¿eh? – dijo Sev.

-Claro que no – dijo Hipólita.

Se levantaron, se pusieron sus batas y pantuflas, fueron por turnos al baño y después bajaron juntos a la planta baja. Se asomaron a la sala, la familia al completo estaba allí, escuchando música.

-¡Buenos días! – los recibió Violet - ¿Qué tal habéis dormido?

-Muy bien, muy bien – dijo Ariel.

-Yo también – dijo Hipólita.

-Yo no me he enterado de nada, ni siquiera he oído el despertador – dijo Sev – Hemos dejado la cama sin hacer, Violet, no la hagáis, vamos a desayunar primero porque tenemos mucha hambre, después la hacen estos dos renacuajos mientras yo me ducho.

-Estupendo. Tenéis té hecho en la cocina, sólo os falta calentarlo, también la leche, y hacer las tostadas en el tostador. Hay mermelada de naranja amarga para ti, Sev.

-Vaya… muchas gracias…

-Si no os aclaráis con algo me pedís ayuda. Y si tenéis ropa para lavar metedla en la lavadora, está en la cocina, del revés y con los bolsillos vacíos, luego ya la selecciono. ¡Ah, por cierto! Quedamos con Cecile en llamarla cuando estéis listos para hacer música, ése era plan de la mañana para Hipólita y para ti, ¿no, Sev?

-Sí.

-Y yo te acompaño a ver a tu mamá, Ariel, en cuanto estés listo y te apetezca – le dijo Lily.

-Vale, entonces cuanto antes, porque debe tener muchas ganas de verme – dijo Ariel.

-Claro, entonces desayuna, vístete y nos vamos.

-¿Cómo quedasteis anoche con Jack, Lily? – le preguntó Sev.

-Que le explicaría todo a Deborah cuando lo llamara por la mañana para que sea ella quien me espere y que tu madre sepa que Ariel va a ir a visitarla en cuanto se despierte.

-Genial. ¿Y cuál es el plan para después?

-Depende de cómo nos vaya la charla, cómo esté de ánimo y las ganas que tengan de estar juntos. En todo caso, nos quedaremos los dos allí a almorzar o que se quede sólo Ariel, lo que quieran, y ya harán la sesión por la tarde. Avisaremos a Jack igualmente, hemos quedado en una señal telefónica para que sepa que somos nosotros y llamarnos él por Red Flu, porque su casa es enorme y quizá no oiga la chimenea.

-Estupendo.

-También voy a llevar comida de aquí para hacer el almuerzo yo misma mientras ellos charlan.

-Bueno, eso ya no es necesario…

-Sí, Sev, que tu madre esté relajada y no haga gasto de más, contaba sólo con vosotros dos para comer hasta el domingo.

-Cierto. Muchas gracias, Lily.

-Ayer te prohibí que me dieras las gracias.

-Pues te fastidias, no puedo evitarlo – un tanto duro.

-Pues intenta hacerlo o me obligarás a mí a pasarme la vida entera dándote las gracias por todo lo que has hecho por mí – ella también.

-Chicos… haya paz… - dijo Peter, paciente.

-De acuerdo, lo intentaré – dijo Sev, volviendo a la suavidad.

-Así me gusta – ella también.

-A almorzar contamos contigo, Sev – le dijo Violet.

-Sí, en principio sí – dijo Sev - Si no os importa, por el momento voy a tener vuestra casa como base de operaciones. Podría ir a casa de Jack, pero no conozco a sus padres y nunca he estado allí, me sentiría extraño en un sitio nuevo con gente nueva y prefiero primero tomarme algo de tiempo para recuperarme del golpe.

-Desde luego, ya contábamos con ello, y vas a tenernos a tu disposición todo el fin de semana, hasta que tengamos que volver el lunes a trabajar, incluso podríamos pedir más días de permiso si es necesario. O en todo caso, estarías con Petunia, que ahora es libre como un pájaro, y por ella encantada.

-Estupendo.

-Pues venga, id a desayunar, hoy almorzaremos más tarde, sobre las dos, nosotros también nos hemos levantado hace poco.

-Yo tengo que irme a la una… – dijo Hipólita, apenada.

-No pasa nada, cariño, claro que has de irte, para estar con tu papá, que casi no has estado con él – le dijo Sev.

-Y por la tarde tengo que ir a visitar a mis abuelos y mi tío.

-Pues vas, claro que sí.

-Pero más tarde, ¿eh? Cuando mi tío salga de trabajar a las cinco, así que si me dejan puedo volver aquí después de almorzar, cuando mi padre vuelva a la librería.

-No es necesario, cariño, aprovecha para estar también con tu mamá, mañana ya vamos a pasar todo el día juntos.

-Pero ayer ya estuve todo el día con ella y yo quiero estar contigo, ellos me dijeron que pasara contigo todo el tiempo que pudiera.

-Entonces quizá lo que hagamos sea ir los dos a tu casa, si Ariel se queda con mi madre.

-O si vuelvo aquí vamos los tres – dijo el chico.

-Una idea estupenda, así también dejamos a Peter y Violet descansar un rato de nosotros.

-Me da que si viene la madre de Cecile no vamos a ir a ninguna parte – dijo Peter – Voy a retenerla aquí todo el tiempo que pueda.

-Es cierto… - dijo Hipólita – Entonces sí que voy a venir después de almorzar seguro…

-Pues que venga tu mamá también, Hipólita, que no se quede sola en casa – dijo Violet.

-Claro…

-Así te oye cantar y tocar la flauta – dijo Peter.

-Qué buen plan…

-¡Venga! ¡A desayunar! – les ordenó Violet.

-Vamos, vamos – dijo Sev.

Fueron a la cocina y Sev dejó que Hipólita calentara el té y la leche y lo sirviera, pues ya había aprendido el día anterior a usar la cocina de gas con su madre, mientras él preparaba las tostadas con Ariel. Cada uno tomó una mermelada distinta, Sev de naranja amarga, Hipólita de fresa y Ariel de frambuesa, pero Sev les dio a probar de la suya a los dos y a la chica le encantó.

-¿Por qué no tenemos de ésta en Hogwarts? – preguntó ella.

-No lo sé, ya le pedí al viejo que la traiga para el próximo año – respondió Sev.

-Sev, ¿te importaría si esta noche me quedo a dormir con mamá? – le preguntó Ariel.

-Claro que no, cariño, ella también te necesita.

-Es que nunca he dormido con ella.

-Entonces quédate, claro que sí. Pero te aviso de algo, ¿eh? Mañana seguramente tenga que trabajar y madrugar bastante.

-Jo… pobre… tiene que trabajar después del disgusto que se ha llevado.

-Pero le servirá para distraerse de las preocupaciones.

-Claro… ¿Y el domingo tiene que trabajar?

-No, el domingo no.

-Entonces le preguntaré qué prefiere, que me quede hoy o mañana, porque quiero estar una noche con cada uno hasta que estéis mejor.

-Me parece muy buena idea.

-Pues en cuanto sepas qué vas a hacer dímelo, Ariel - le dijo Hipólita, un tanto autoritaria – Para que yo sepa si tengo que venir a dormir, porque Prince no puede quedarse solo.

-Hipólita, para el carro – le dijo Sev, tajante – No te pongas así, claro que puedo quedarme solo. Si no puedo dormir tomo la poción de sueño y ya está.

-Pero te despiertas solo, y tú necesitas mimos.

-Cierto.

-Y yo lo mismo. ¿Para qué vamos a dormir separados pudiendo hacerlo juntos?

-Tienes toda la razón.

-También puedes dormir en mi casa, ¿eh?

-De acuerdo, lo tendré en cuenta, cariño. Por el momento prefiero quedarme aquí.

-Claro, claro…

Terminaban de desayunar.

-Hipólita, ¿serás capaz de hacer tú sola la cama grande? – le preguntó Sev.

-Claro que sí – respondió ella - Ayer hice sola la de mis padres con manta y todo, y ésta sólo tiene colcha.

-Muy bien, entonces deja que Ariel suba a vestirse y cuando baje subes a hacerla mientras yo friego lo que hemos ensuciado.

-No, no, tú ve a ducharte, ya friego yo mientras espero, así aprovechamos mejor el tiempo. Cuando suba a hacer la cama me visto también.

-¿Aprendiste a fregar anoche?

-Sí.

-Te rastreé y estabas en la cocina de tu casa.

-Wooow… me pillas de aquí al Valle de Godric.

-Desde luego que lo hago, a Sirius y Alice también los pillé. Tú has de probar también conmigo cuando estés en tu casa. Prueba cuando vayas a almorzar.

-¿Cómo se hacía?

-Pensando intensamente en mí.

-Lo haré, lo haré.

-¿Y a mí me pillas, Sev? – preguntó Ariel.

-Cariño, no probé… - respondió Sev - No se me ocurrió antes de que me lo contaran y después fue en lo último que pensé.

-Claro, no pasa nada, yo tampoco probé. Somos un poco bobos, podríamos habernos vinculado para charlar mientras desayunábamos.

-Cierto. Podemos seguir charlando vinculados mientras cada uno estamos a lo nuestro.

-Pues hagámoslo.

Se vincularon y cada uno fue a lo suyo, Ariel y Sev al dormitorio, el primero a vestirse y el segundo por la ropa para cambiarse una vez se duchara, Hipólita se quedó fregando en la cocina.

-Me encanta mirar por la ventana mientras friego, en mi casa también tenemos el fregadero bajo la ventana – dijo la chica.

-A mí también me encanta, y en la mía no está así – dijo Sev.

-Tenéis que enseñarme a fregar, ¿eh? – dijo el chico – Que eso no sé todavía, porque en casa de Jack lo hace la criada.

-¿Tenéis criada en casa de Jack? – sorprendido.

-Claro, y en casa de Deborah también tienen, ¿qué te pensabas? Son ricachones de verdad. Y nada de ir y venir, ¿eh? Viven allí con sus maridos, que se encargan del jardín y las reparaciones y hacen de chófer.

-Vaya tela…

-Y no veas qué cochazos tienen, los más caros.

-Qué calladito se lo tenían Jack y Deborah.

-Porque ellos en el fondo se avergüenzan, que los demás seamos de procedencia humilde y tengamos que ganarnos la vida y ellos no necesitarían trabajar nunca. A ellos les parece mal lo de los criados y todo eso.

-Claro… ¿Y los criados son brujos?

-Claro que son brujos, Sev, si no, no podrían hacer magia en casa.

-Claro, claro. Bueno, por lo menos les pagan, no tienen elfos esclavos.

-Pues sí, por lo menos eso, pero a mí me dan mucha pena igualmente. No tienen un solo día entero libre, sólo libran una tarde de diario, ni tienen su propia casa ni pueden tener hijos porque viven en la casa de sus señores.

-Claro…

-Por eso yo me hago mi cama y limpio mi cuarto, por respeto, para darle el mínimo de trabajo a la criada. Me enseñó también a hacerme el desayuno porque se lo pedí yo, para que no tenga que hacérmelo ella si me levanto a distinta hora que los demás. No sabes lo enorme que es la casa y lo mucho que tiene que limpiar, aunque lo haga con magia le lleva horas igualmente.

-Vaya…

-Y lavar la ropa, que se cambian todos los días, los padres en ocasiones varias veces, y cocinar, y fregar, y servir la mesa, ni siquiera se echan ellos la bebida en las copas.

-Vaya tela…

-Yo sí que lo hago, ¿eh?

-Claro, claro…

-Y Jack y Shelley también, pero sus padres no, dejan que se lo haga todo la criada.

-Pues tranquilo, cariño, entre mamá y yo te enseñaremos a hacer todo lo de la casa para que sepas valerte por ti mismo.

-Pues sí, porque a hacer una cama pequeña y a limpiar mi cuarto aprendí en el orfanato, pero no me enseñaron nada más. Hoy hago la comida con Lily para aprender.

-No, cariño, hoy quédate charlando con mamá, que te necesita más. Ya tendremos tiempo, no te preocupes.

-Vale, Sev. La mochila con los trastos de dormir la dejo aquí, ¿vale? Si luego me quedo en casa de mamá vuelvo por ella.

-Claro, déjala aquí, no vayas cargado caminando. Y no la llames casa de mamá, también es tu casa. Vas a llevarte un chasco, acostumbrado a casa de Jack, es una casa muy pequeña y humilde.

-Eso no me importa lo más mínimo, Sev, no olvides que yo nunca he olvidado de dónde provengo, ya veía cómo vestía mamá cuando iba a visitarme, por algo no me gusta nada lo de los criados y todo eso. Por cierto, ¿de qué trabaja mamá?

-Pues precisamente de eso, cariño, de criada, pero para familias en las que trabajan el padre y la madre y necesitan ayuda con el trabajo de la casa, unas pocas horas cada semana. Es un trabajo muy digno, pues ayuda a otras personas trabajadoras como ella y no es esclava de nadie, tiene su propia casa y su tiempo libre.

-Claro, entonces me alegro de que sea así, es pobre pero libre.

-Por cierto, tengo una mala noticia para ti, me enteré anoche mismo, te has quedado sin beca del Ministerio.

-¿Y eso?

-El viejo borró tus datos al tiempo que los míos para que Voldemort, que tiene espías allí, no sepa dónde vivimos ninguno de ambos.

-Vaya…

-Claro, cariño, porque mucha gente se ha dado cuenta durante todo este tiempo de que somos hermanos y es peligroso que te relacionen conmigo. Tú también necesitas escolta para ir a Diagon, el único bobo que no me percataba era yo.

-Jo… yo había pensado darle ese dinero a mamá.

-No te preocupes, nos va sobrar el dinero en cuanto venda las joyas que he convocado. Si tenéis un rato pídele que te las enseñe.

-No, Sev, eso prefiero que lo hagas tú.

-Vale, gracias, cariño.

-Ya estoy listo. Hipólita, puedes subir cuando quieras.

-Voy enseguida, me está costando fregar el cazo de la leche, se ha pegado al fondo – dijo Hipólita.

-Vaya… porque has dejado que se calentara demasiado – le dijo Sev – Si no puedes déjalo lleno de agua para que se ablande y ya lo hago yo cuando acabe, que tengo más fuerza que tú.

-Ni hablar, ni hablar, puedo yo sola, no podrá conmigo una leche pegada.

Los chicos rieron.

-Sev, ¿te falta mucho? – le preguntó Ariel - ¿Quieres que espere a que salgas para despedirme de ti?

-No me falta mucho, ya me estoy aclarando, hoy no me he lavado el pelo, pero todavía he de secarme y vestirme. Así que vete ya si quieres, no hagas esperar a mamá, os queda casi media hora de camino si vais por el río - respondió Sev.

-Vale, Sev, entonces nos vemos por la tarde, me quede o no a dormir allí.

-Claro, y también puedes llamar por Red Flu o por teléfono en cualquier momento, de nuestra casa aquí es muy barato porque se trata de la misma ciudad.

-De acuerdo, Sev.

-Dile de mi parte a Deborah que me llame cuando quiera.

-Se lo diré. Se me ocurre que sí que puedo llevarme la mochila vacía para traerte cosas de casa que necesites cuando vuelva por la tarde.

-Cierto, muy buena idea. Gracias, cariño.

-Te llamo desde allí y te pregunto, para darte tiempo a pensar en lo que te hace falta, ¿vale?

-Estupendo.

-Lo que tengo en la mochila estoy dejándolo en el armario, que está vacío.

-Perfecto, ya deben haber dejado sitio para nosotros.

-Yo también tendré que ir por cosas a casa de Jack si voy a quedarme por aquí los próximos días, pero me llega con ir mañana, cuando mamá esté trabajando y tú de compras en Londres.

-Genial.

-Y así también estoy con Shelley, que debe estar echándome de menos, aburrida.

-Claro, porque además Jack piensa pasar la tarde con mamá.

-Lo siento por ella, pero va a tener que acostumbrarse a verme poco, porque voy a pasar el verano con vosotros.

-Pero cuando mamá esté trabajando y yo en San Mungo puedes ir a estar con ella, tienes tiempo para todo.

-Claro, claro… Bueno, me marcho ya, me desvinculo. Hasta la tarde, Sev, Hipólita.

-Hasta la tarde, cariño.

-A mí no sé si me verás, a las cinco tengo que irme – dijo Hipólita - A ver si para esa hora ya sabes si vienes a dormir aquí, ¿vale?

-Vale, Hipólita, llamaré antes de las cinco para decírtelo.

Ariel se desvinculó. Sev estaba secándose y le dijo a Hipólita:

-Nos hemos quedado solos, mi amor. ¿Qué me cuentas? ¿Has podido con el cazo?

-Justo ahora, estoy aclarándolo. ¿Tú cómo vas?

-Estoy secándome.

-Pues no te vistas, ponte sólo la ropa interior y la bata y sube al dormitorio, quiero verte.

-Buf, Hipólita… no…

-Que sí, Prince, venga… sólo un poquito, nadie va a molestarnos, ya has visto que no han subido a llamarnos para despertarnos ni nada. Déjame verte, anda…

-Ya me verás en la playa, Hipólita.

-Por favor… por favor… - suplicante.

-Me pones en aprietos, ¿eh?

-Jo, Prince… piensa que yo contaba con dormir contigo anoche en tu casa piel con piel, y ahora ya no sabemos cuándo podremos hacerlo. Déjame verte, sólo un poquito, anda…

-Vale…

-¡Bien!

("Cómo me manejan las mujeres. ¿Aprenderé algún día a resistirme?")

Terminó de secarse, se puso la ropa interior limpia, la bata y las pantuflas y subió al dormitorio, Hipólita ya lo esperaba allí. Cuando entró, ella se puso de espaldas contra la puerta cerrada.

-Por si intenta entrar alguien. Venga, quítate la bata.

Él se la quitó.

-Wow… Tienes que nadar mucho en la playa, ¿eh? – le dijo ella - Porque estos dos meses vas a dejar de luchar y perderás forma física, y más trabajando todos los días en el laboratorio, sin moverte. Cuando vayamos a la playa tienes que nadar un montón.

-Cierto, no lo había pensado.

-Pero no te hagas ilusiones, no pienso perderte de vista. Como alguna pelandusca se te acerque, me la meriendo.

-Eso es precisamente lo que quiero que hagas.

-Voy a ser la envidia de la playa – muy satisfecha – Pasearemos por la orilla, todas te verán conmigo y ninguna podrá ni siquiera hablar contigo porque no pienso dejarla.

-Así me gusta.

-Y como te vea a ti mirar a alguna te voy a dar pero bien – amenazante – Mira que muchas toman el sol en topless.

-¿Qué es eso?

-Sin lo de arriba del biquini.

-¿Qué dices? – asombrado.

-Claro que sí, un montón de ellas.

-Vaya… Sólo te miraré a ti.

-Ni a mi madre.

-Ni a tu madre, sólo a ti.

-Ya veremos. Como no te comportes bien, no vuelves con nosotras.

-Confía en mí, mi amor. Sólo iré a la playa a disfrutar contigo, a bañarnos, pasear, tomar el sol y estudiar.

-Así me gusta. Vamos a planear qué hacemos esta noche si vengo a dormir, algo para después de cenar. ¿Te apetece comenzar con las cartas astrales? Algo divertido para estar distraído.

-Pues sí, sí que me apetece, mucho, tengo mucha curiosidad.

-¿Le preguntaste a tu madre a qué hora naciste?

-No, no lo recordé, y eso que estuvimos hablando precisamente de aquel momento, del día que nací, que dice que fue el más feliz de su vida.

-Entonces debe acordarse. Le dices a Ariel que se lo pregunte cuando llame por teléfono y así comenzamos por la tuya.

-Prefiero comenzar por la tuya.

-No, comenzamos por la tuya, eres tú quien más lo necesita en este momento.

-Vale.

-Vístete ya, anda, mientras hago la cama. Así bajas y que vayan llamando a Cecile.

-De acuerdo.

-¿Ha sido para tanto?

-No, no.

-Eres duro de pelar, ¿eh? – desafiante - Pero me gustas mucho más así, que te hagas el difícil, un auténtico reto. Cuando por fin te tenga como quiero vamos a alucinar los dos, no imaginas todo lo que se me pasa por la cabeza.

-Wow, Hipólita… acabas de ponerme caliente.

-¡Toma ya! Pues te quedas con las ganas, yo también sé hacerme la difícil.