Como siempre, flashback en cursiva.
Capítulo 10: El comienzo de una rebelión:
Después de marcharse Sayu y Matsuda, Misa y L se dirigieron hacia la sala de los ordenadores para que la rubia pudiera entregar sus dulces a Near. Por su parte, Yuko había salido corriendo y los había abandonado, así que se habían quedado ellos dos solos.
-Pues yo creo que Matsu y Sayu hacen buena pareja, ¿no te parece? – comentó Misa mientras iban caminando.
-Si tú lo dices… – contestó L encogiéndose de hombros.
El moreno no tenía mucha idea sobre quién hacía buena pareja con quién, pero Matsuda acababa de decirles que la rubia y él habían tenido una "charla de amigos". Esa era la forma que Misa había usado con el detective también para decirle que no tenía ningún interés amoroso en él.
"Supongo que lo ha rechazado" pensó L sintiendo cierto alivio y, a la vez, algo de lástima por el chico.
El detective entonces sacó uno de los chocolates que Misa acababa de darle y empezó a comérselo allí mismo.
-Estoy segura de que Sayu quería que fuera él quien la acompañara a casa – siguió opinando Misa entonces.
-Bueno… Ella se lo ha pedido, literalmente – comentó él mientras masticaba.
-Qué envidia… Poder estar con la persona que quieres… – murmuró con tristeza y al momento vio frente a sus ojos un dulce.
Miró hacia el lado y vio a L ofreciéndole uno de los chocolates que llevaba. Para él, los dulces eran una de las cosas que más le alegraban la vida, así que se le ocurrió que tal vez podría animarla un poco de esa manera.
-¿Quieres? – habló el chico al ver que Misa no contestaba.
-No, gracias – negó ella inmediatamente.
-¿Estás segura? – insistió – Al fin y al cabo, son tuyos.
-De acuerdo. Pero solo un bocadito, no quiero engordar – contestó infantilmente y dio un bocado directamente de la mano de él – Mmm… Realmente ha salido muy bueno – se sorprendió.
-¿No lo habías probado de verdad? – preguntó extrañado.
-No – negó ella.
-¿Hacer dulces para los demás y no probarlos siquiera? – se preguntó pensativo – De verdad, no entiendo esta fiesta – comentó negando con la cabeza mientras le daba al botón para que la puerta se abriera.
Allí en la sala de control por un lado estaban Aizawa y Mogi revisando unos papeles en una de las mesas, y Near jugando en el suelo por otro.
-Ahí lo tienes – le dijo L a Misa señalándole al chico de pelo blanco de un cabeceo, y entonces ambos fueron hasta donde él estaba.
-Hola, Near – le saludó Misa.
-Buenas tardes, Amane – contestó él retorciéndose un mechón de pelo.
-¿A qué juegas? – le preguntó la chica con curiosidad.
-Construyo una ciudad con bloques – le explicó el chico mientras unía un par de piezas.
-Parece divertido – opinó la rubia.
Entonces tanto ella como L se quedaron observando con cierto interés cómo Near terminaba de montar el tejado a un edificio. Misa movió un poco un pie y le dio una patada a algo sin querer.
-¿Y esto? – preguntó la chica agachándose un momento para ver mejor lo que había golpeado.
-Son muñecos de plástico – contestó L.
-Eso ya lo sé, no soy tan tonta – respondió un poco ofendida – Me refiero a que… se parecen a todos nosotros. Mira, este es como tú – dijo sorprendida tendiéndole uno con el pelo negro y alborotado, y él lo aceptó – ¿Y esta soy yo? – añadió cogiendo otro que se parecía bastante a ella, con el pelo rubio y dos coletillas.
-Así es – respondió Near con tranquilidad – Si queréis podéis quedaros a vuestros yo de juguete. No me importa, tengo más.
-¿Que tienes más? – repitió la chica sorprendida.
"No sé si que nos coleccione como cromos es adorable o siniestro" pensó la rubia mientras apretaba la cara de la muñequita y veía cómo el plástico se deformaba un poco con la presión.
-Claro. Me vienen bien para planificar mis estrategias – explicó Near.
-Ya veo… – murmuró ella sin terminar de entenderlo – Pues muchas gracias por el regalo. ¿Sabes? Yo también tengo algo para ti – añadió tendiéndole la bolsa con su chocolate – Toma, gracias por cuidar de mí este tiempo.
-¡Vaya! ¿Chocolate? – se sorprendió el del pelo blanco – Debería hacerle una foto y darle envidia a Mello – añadió tentado a llevarlo a cabo de verdad para hacer de rabiar al otro.
-¿Mello? ¿Quién es ese? – preguntó la chica con interés.
-Un buen amigo al que le encanta el chocolate – le explicó Near – Ahora mismo está en el hospital recuperándose de un accidente.
-Oh, vaya. Cuánto lo siento – dijo ella poniendo cara triste – Cuando hables con él, deséale de parte de Misa-Misa que se recupere pronto, ¿vale? – añadió poniendo una V de victoria con los dedos.
-Yo se lo diré – respondió Near – No te preocupes.
-De acuerdo – asintió la chica – Bueno, me voy ya. He pensado que voy a tener una cita especial con Light por San Valentín, así que hasta luego Near y Ryuzaki – se despidió de ellos agitando la mano.
-¿Una cita especial? – repitió L.
-Cenaré junto a la foto de Light, claro – le explicó – Será tan romántico…
L se quedó mirándola marcharse mientras se acordaba de lo que Matsuda le había revelado un rato antes, que Misa en algún momento había dudado de su relación con Light. Incluso L sin tener demasiada idea de amor se había dado cuenta de que esa pareja se veía bastante forzada porque algo no funcionaba como debía ser.
"¿Y si intento que abra los ojos?" se preguntó el detective con curiosidad.
-Misa – la llamó el moreno entonces.
-¿Sí? – respondió ella deteniendo su avance y girándose para mirarlo.
-Siento fastidiarte los planes, pero voy a necesitar que me ayudes con una cosa – le comunicó dando algunos pasos en su dirección hasta ponerse justo enfrente.
-¿Qué cosa? – preguntó la chica poniendo cara de no estar demasiado conforme con el plan.
-Necesito que me revises un discurso – le explicó él.
-¿Un discurso? – repitió – Y… ¿por qué tengo que ser yo?
-Verás. El discurso que estoy redactando es para calmar a los seguidores de Kira – contestó L – Necesito tu opinión, ya que tú has sido una gran seguidora suya durante varios años.
-Sabes que yo ya no soy su seguidora – se quejó Misa.
-Lo sé, y precisamente por eso puedo pedirte ese favor. Si aún lo fueras me dirías que no directamente, ¿verdad? – le preguntó el moreno.
-Supongo…
-Bien. Al haber sido seguidora de Kira, para ti no debería ser difícil imaginarte las reacciones de ese colectivo al escuchar el discurso que estoy preparando. Por eso creo que eres perfecta para ayudarme – siguió explicando L – Te sentías mal por tu pasado, ¿no es así? Puedes aprovecharlo como una oportunidad para redimirte – añadió en un intento por convencerla.
-Sí, ¿pero tiene que ser ahora mismo? – preguntó la rubia poco receptiva a la idea de tener que abandonar su cena con Light – Es decir, ¿no puede ser mañana por la mañana?
-Preferiría tenerlo listo cuanto antes – respondió él – Ya escuchaste lo que le pasó a la hermana de Light… No es más que una señal de que la gente está empezando a impacientarse.
-Comprendo que tengas algo de prisa, pero yo también tengo cosas que hacer, así que mi respuesta es no.
-Pero…
-¡Que hoy no! ¡Mañana! – lo cortó – Además ya tengo toda mi cita pensada. Pondré un mantel precioso, y con velas, flores y cosas así – añadió juntando las manos y poniendo una mirada brillante en sus ojos – Y, ¿me dejas contratar a un violinista? Me encantaría tener música en directo también…
-Eso último ni de broma – contestó él inmediatamente.
-¿Por qué? – se quejó infantilmente.
-No pienso dejar que entren desconocidos en este lugar – respondió serio.
-¡Qué poco romántico eres! – se quejó Misa rodando los ojos – Pues con esa actitud no esperes que te ayude. Ya me fastidiaste bastantes citas en su momento, no dejándonos a solas a mí y a Light ni por un instante.
L se cruzó de brazos. ¿En qué momento se le ocurrió pensar que tal vez podría ganarle a Light en la mente de Misa?
-¿Cuántas veces te tengo que decir que no iba por diversión? – preguntó el chico entonces visiblemente molesto.
-¿Y cuántas veces te tengo que decir yo que eras un incordio y que hubiera estado mucho mejor si no hubieras venido? – contraatacó ella en el mismo tono.
Se miraron intensamente, casi se podían notar las chispas saltando entre ellos. Aizawa, Mogi y Near los observaban con curiosidad desde sus sitios, aunque por otra parte se sintieron completamente ignorados por los dos que discutían.
-¡Me voy! – dijo Misa enfadada, dándole la espalda a L – ¡Y ni se te ocurra aparecer para molestarme con ese estúpido discurso tuyo!
-Sí, mejor lárgate. Tengo cosas mejores que hacer que desperdiciar mi tiempo contigo – contestó él con tranquilidad.
"Será idiota" pensaron los dos a la vez molestos mientras empezaban a andar en dirección opuesta al otro.
OoOoO
Yuko se comía una bolsa de palomitas en su sala de trabajo mientras veía con interés la pelea de su hermano y Misa, aunque su objetivo principal era tener bien vigilado a Near. Desde allí tenía acceso a todas las cámaras de seguridad del edificio, así que cuando el chico del pelo blanco se cansó de jugar en la sala de control, pudo seguirlo con la mirada hasta que vio que llegaba a su habitación. Una vez allí, él se agachó junto un puzle gigante que tenía a medio hacer. Le encantaban esa clase de juegos, así que la morena pensó que Near seguramente estaría allí entretenido durante un buen rato.
Tomó aire. Yuko sabía que había llegado ese temido y a la vez esperado momento, así que soltó la bolsa de palomitas sobre la mesa y salió de aquel lugar para dirigirse hacia la habitación del detective de pelo blanco. Una vez enfrente de la puerta levantó la mano para dar un par de golpes, pero en ese momento sintió deseos de darse la vuelta y dejarlo para otra ocasión.
Dio un paso atrás y se pasó un mechón de pelo por detrás de la oreja con nerviosismo. No, no podía estarlo posponiendo para siempre.
"Venga, es tu amigo desde hace muchos años. Tal vez no sienta lo mismo, pero podrá entenderlo al menos" se animó mentalmente y ahora sí dio un par de golpes en la puerta.
-¡Adelante! – escuchó la voz del chico.
OoOoO
Después de las clases, Yuko se paseaba con aburrimiento por los pasillos del orfanato buscando algo entretenido que hacer. Su hermano estaba de viaje por su trabajo, y ella no había socializado prácticamente con nadie más. La mayoría de los niños de aquel lugar eran muy cerrados y desconfiados, muchas veces debido a sus pasados trágicos.
Sin embargo, justo en ese momento vio a Near y fue corriendo hasta él.
-¡Hola! – lo saludó la chica con entusiasmo.
-Hola – contestó él – ¿Qué tal estás, Yuko?
-Bien, ¿estás ocupado, Near? – le preguntó y el niño negó – Entonces vayamos a jugar fuera – añadió tirando de su brazo y el niño la siguió sin rechistar.
Near era una de las pocas personas en las que Yuko podía confiar. Su hermano le había presentado a ese chiquillo un tiempo atrás, y le había dicho que fuera buena con él y que le echase una mano siempre que le hiciera falta.
Los dos salieron al patio y se dirigieron hacia la zona de juegos, y una vez allí se pusieron a construir un castillo de arena en una zona que estaba libre en el arenero.
-Te está quedando muy bien esa torre – lo felicitó Yuko.
-Gracias. La tuya también está muy bien – contestó Near – ¿Qué te parece si las unimos con un muro?
-¡Estupendo! – exclamó contenta – Oye, ¿crees que habrá un castillo igual en alguna parte del mundo? – preguntó ella.
-Seguro – asintió el del pelo blanco – El mundo es muy grande.
-Pues yo quiero verlo – respondió la chica y entonces ambos rieron.
-Si existe, iremos a verlo juntos – propuso.
-Vale – asintió Yuko y entonces se quedó mirándolo con una sonrisa – ¿Sabes, Near? Eres mi primer amigo – le dijo – Hasta ahora solo había jugado con mi hermano. Y él, bueno, ya sabes, casi siempre está ocupado…
-Tú también eres mi primera amiga – contestó él.
-¿En serio? ¡Pues entonces tenemos que llevarnos muy bien siempre!
-Claro – asintió con una sonrisa – Por cierto, se está poniendo muy oscuro – añadió mirando hacia arriba – ¿Crees que va a llover?
-Acaba de caerme una gota en la mano – respondió ella poniéndose en pie – Me lo estaba pasando muy bien, pero será mejor que nos vayamos.
Ambos se pusieron en marcha, pero se puso a llover a cántaros antes de que pudieran llegar al interior del edificio.
-¿Por qué no nos refugiamos ahí? – propuso Near señalando el hueco de una escalera de emergencia y ella lo siguió.
Los dos corrieron hasta allí. Pero ya había alguien más escondido en aquel hueco…
-Este es mi lugar secreto. ¡Largaos, me gusta estar solo! – exclamó Mello al verlos entrar.
-No nos das miedo – contestó Yuko – Además, está lloviendo a mares.
-¿Y a mí qué? – refunfuñó el rubio cruzándose de brazos.
-¿Crees que esta es forma de hablarle a una señorita? – le preguntó ella poniendo los brazos en jarra.
-Te crees una princesa, ¿eh? – le respondió Mello de mala gana.
-¿Y tú qué te crees? ¿El rey del mundo? – le preguntó Yuko en el mismo tono que él.
-¡Pues a lo mejor lo soy! – exclamó el rubio.
-Sí, ya. Cuando las ranas críen pelo – contestó ella rodando los ojos.
-Dicen que los que se pelean se desean – dijo entonces Near con absoluta tranquilidad.
-¿Qué? ¡Ni en broma! – exclamaron los otros dos a la vez enfadados.
Mello y Yuko se dieron la espalda, aunque el rubio se giró un breve momento para mirarla de reojo. Parecía que realmente no le daba miedo a la muchacha. Le recordó un poco a aquel chico pelirrojo que siempre lo perseguía y que, por algún motivo, quería ser su amigo.
-Parece que incluso ahora llueve más… – comentó Near entonces. Aquello parecía que iba a ser bastante largo e incómodo para los tres…
Sin embargo, en ese momento, un rayo cruzó el cielo y al instante sonó un gran estruendo por todo el lugar.
-¿E… eso ha sido un trueno? – preguntó Yuko asustada.
-Sí, ¿es que te dan miedo? – se burló el rubio al ver la cara que había puesto la otra.
-¡Cállate! ¡Por supuesto que no! – mintió ella.
-Si estás temblando… – continuó el chico con su burla.
-Oye, Mello. ¡No te rías de mi amiga! – le regañó Near al otro – No pasa nada, ¿vale, Yuko? Aquí no nos alcanzarán los rayos.
La chica no podía parar de temblar. Normalmente su hermano la tranquilizaba en esas situaciones, pero desde el extranjero poco podía hacer por ella en aquel instante…
"¡Vamos! No puedes depender siempre de él" se intentó animar mentalmente Yuko.
Sin embargo, justo en ese momento hubo otro trueno aún más cerca y la morena se le abrazó asustada al rubio por puro reflejo.
-¡¿Qué… qué narices haces?! – exclamó Mello alterado.
Nadie, absolutamente nadie, tenía permiso para acercársele tanto y menos aún abrazarlo.
-Me dan miedo los truenos, ¿qué pasa? – admitió la chica.
-Idiota… – murmuró el rubio – ¡Tú, enano! A ti no te dan miedo, ¿verdad?
-No – negó Near con tranquilidad.
-Pues vamos a llevar adentro a la gallinita.
OoOoO
Yuko entonces abrió la puerta de la habitación de Near y pasó dentro.
-Hola – lo saludó y él levantó la vista del suelo para mirarla.
-Bienvenida – la saludó también – ¿Quieres ayudarme con el puzle?
La chica no sabía muy bien cómo proceder con la confesión, así que optó por comportarse como siempre. Fue junto a él y se agachó a su lado.
-Por supuesto que te ayudaré – le contestó con una sonrisa – ¿De cuántas piezas es?
-Veinte mil – respondió Near como si fuera lo más normal del mundo hacer puzles tan grandes.
La chica observó la parte que ya estaba hecha. Parecía un paisaje montañoso con poca variación de colores. Mucho azul del cielo y mucho blanco y marrón de las montañas.
-Oye, ¿te has pintado las uñas? – preguntó Near entonces y ella se sonrojó un poco.
-Sí – asintió – Vaya, te has fijado.
-Es que destacan mucho – contestó el chico simplemente mientras se retorcía con el dedo un mechón de pelo.
-Y… ¿te gustan? – preguntó Yuko.
-Sí, te quedan bien porque las fresas son una de las cosas que más te gustan – contestó el detective.
-Gracias, Near. Por cierto, tengo… chocolate para ti – le dijo tendiéndoselo con la vista fija en el suelo – Feliz San Valentín.
-Muchas gracias – respondió.
-De… nada – murmuró sintiendo el corazón a mil por hora.
Yuko observó cómo las manos del muchacho desenvolvían el paquete, pero de repente se detuvieron.
-Tienes mala cara – le dijo Near – ¿Te encuentras mal?
Ella alzó la vista y se dio cuenta de que la observaba atentamente.
-No… Estoy bien – negó rápidamente, pero el chico le puso la mano en la frente sin previo aviso y Yuko se puso completamente roja.
-Pues yo diría que tienes algo de fiebre – opinó Near al notar la temperatura un poco más alta de lo normal.
-De… de verdad, estoy bien – contestó ella como pudo – Tú abre el chocolate, ¿vale?
-Eh… Vale – respondió sin entender muy bien a qué venía esa petición.
El chico abrió el paquete y sacó un chocolate.
-¿Amor? – leyó sorprendido – Oye, ¿por qué…? – empezó a preguntar cuando Yuko se le acercó y se atrevió a darle un breve beso en la boca. Ya le había dicho lo que sentía, así que ya qué más daba dar un paso más.
-Porque me gustas – le explicó completamente colorada tras separarse de él.
Near se quedó mirándola perplejo durante unos segundos.
-¿Ha… hablas en serio? – pudo preguntar al fin el chico.
-¿Crees que voy dándole besos a cualquiera? – preguntó Yuko algo ofendida.
-No, pero… me has dejado sorprendido – respondió el del pelo blanco – No sé muy bien qué debería contestarte…
-Es normal. Supongo que no sientes lo mismo… – contestó sintiéndose un poco idiota – Perdóname por hacerte perder el tiempo – añadió levantándose.
-Espera, no he dicho eso – le dijo Near mientras la sujetaba de un brazo – Se me ocurre una idea. ¿Por qué no tenemos una cita y averiguamos si algo podría funcionar entre nosotros?
-¿Una… cita? – preguntó la chica volviendo a sentir su corazón acelerado.
-Sí, una cita – repitió él.
-¡Po… por supuesto! ¡Cuando quieras! – exclamó emocionada.
-¿Te viene bien esta noche? Aunque sea San Valentín, seguro que puedo encontrar mesa libre en algún sitio.
-Cla… ¡claro que me viene bien! – exclamó temblando de emoción – Entonces… entonces, ¡iré a arreglarme!
-Vale – asintió el chico – Te buscaré a las ocho.
-Perfecto.
La chica salió de la habitación y dio un salto de alegría. No podía creer lo que acababa de pasar. ¡Había conseguido una cita con Near!
"Primero tengo que contárselo a mi hermano, y, y luego tengo que pedirle consejo a Misa, y si me da tiempo a Halle también, y después… tengo que ducharme y arreglarme. Pero, pero… aún tengo que llevarle el chocolate a Mello y a Matt al hospital. ¡No tengo tiempo para tantas cosas!" pensó atropelladamente mientras se llevaba las manos a la cabeza algo agobiada. "Bueno, no importa, iré mañana. Mello aceptará chocolate cualquier día del año y Matt no va a enterarse en su estado actual".
Iba a ponerse en marcha cuando escuchó su teléfono.
-¡Hermanito! – exclamó contenta nada más descolgar – Iba a ir a buscarte.
-Ven rápido a la sala de los ordenadores – la cortó L – Como nos temíamos, acaba de haber un intento de atentado.
-¿Qué? – le preguntó, pero la única respuesta que obtuvo fue el pitido de finalización de llamada – ¡Hermano! – se quejó, aunque obviamente no esperaba contestación.
Se quedó mirando al teléfono con preocupación, parecía que las cosas ahí fuera se estaban acelerando.
En ese momento, se abrió la puerta de la habitación de Near y el chico salió con prisas.
-Lo siento, la cita tendrá que esperar a otro día – le dijo el chico – Venga, vamos.
-Sí, parece que tendremos que posponer nuestros planes – respondió mientras lo seguía.
Ambos fueron deprisa hasta la sala de control. Allí L se estaba comiendo un buen cubo de helado de nata, fresa y frutas del bosque. ¡Qué más daba que fuera invierno! La negativa de Misa aún seguía molestándole de alguna manera, por lo que necesitaba comer de aquello en cantidad para despejarse, así que cargó bien la cuchara y se echó el contenido a la boca.
-¿Qué ha pasado exactamente? – le preguntó Yuko justo al llegar a su lado.
L soltó el cubo de helado sobre la mesa y giró la silla para hablar cara a cara con los recién llegados.
-Un grupo de personas pretendía poner una bomba en una cárcel – explicó el detective rascándose la cabeza con preocupación – Los están interrogando en este momento, pero cuando los han detenido el que parecía ser el jefe ha dicho que, si Kira no hacía su trabajo, otros tendrían que encargarse.
-¿En serio? Es espeluznante – opinó la chica.
-Sí – asintió L – Además, todos ellos llevaban puesto esto – continuó con su explicación mientras se volvía a girar un momento para poner una imagen en su pantalla.
-Una máscara, ¿eh? – contestó Near – Muy apropiado para que tu ídolo no conozca tu rostro y no pueda eliminarte.
-Sí, en el fondo saben que lo que están haciendo está mal. Pero aun así lo hacen… – respondió el moreno – Es escalofriante ver hasta dónde podemos llegar a veces las personas…
OoOoO
Misa terminó de decorar la mesa de la manera más romántica que pudo. No había encontrado velas de cera, así que se tuvo que conformar con una lámpara de lava que había encontrado por ahí escondida en algún cajón. Además, había intentado doblar las servilletas en forma de flor, pero parecía cualquier cosa menos eso…
"Bueno, la intención es lo que cuenta" pensó mientras observaba su "obra de arte".
Después fue hasta la foto de Light, la cogió tapándole los ojos y después la llevó hasta la mesa.
-¡Tachán! – exclamó ella mientras le destapaba los ojos – ¿Creías que este año te ibas a librar de la cena romántica? – le preguntó guiñándole un ojo a la foto.
La rubia entonces puso justo delante de la imagen del chico el corazón de chocolate con la palabra "amor" escrita encima.
-¡Feliz San Valentín, Light! – exclamó.
Misa destapó entonces una pequeña cazuela donde había calentado un plato de ramen instantáneo.
-Perdóname. Sé que ni la comida ni la decoración es la más glamurosa del mundo, pero con todo lo que ha pasado entre ayer y hoy, no he tenido tiempo ni ganas para algo mejor – le explicó poniendo cara de disculpas.
Sirvió el ramen en dos platos, uno lo puso en su lado y el otro frente a la foto, y ella empezó a comer.
-¡Ay! Quema bastante – se quejó entonces – Eh, Light. No te me quedes mirando así sin comer, ¿o es que prefieres que te dé yo de mi plato? – le preguntó a la foto acercándole unos fideos, y quedándose en esa postura durante al menos medio minuto.
"Debo de parecer idiota" pensó entonces retirando la mano y comiéndose aquellos fideos ella misma.
-¿Sabes, Light? El pesado de Ryuzaki no quería más que fuera a ayudarle con no sé qué discurso… – le empezó a explicar – No es que no quiera echarle un cable, pero… definitivamente la noche de San Valentín no es el mejor momento. De verdad, no sé cómo puede estar pensando en trabajar hoy, debería salir por ahí un rato. ¿Quién sabe? Lo mismo tiene suerte y conoce al amor de su vida…
Después de decir eso, continuó comiendo en silencio mientras pensaba en lo rarito que era su amigo. En ese momento recordó cómo la tarde anterior L había secado una lágrima de su mejilla. Fue algo muy breve, pero nunca se hubiera imaginado que él pudiera hacer algo tan tierno…
"¿Quizás tiene un lado amable después de todo?" pensó Misa intrigada.
El ruido de unas sirenas fuera en la calle la sacó de sus pensamientos. Se levantó de su silla y se acercó a la ventana a mirar, aunque los demás rascacielos de la zona le impedían ver mucho más allá de donde estaba.
"¿Y si ha pasado algo con eso de los seguidores de Kira?" se preguntó sintiendo algo de preocupación y arrepentimiento por haber rechazado ayudar a L.
La cena podría hacerla otro día sin problemas, pero si la gente ahí fuera hacía alguna barbaridad tal vez cuando quisiera ayudar ya no se podría hacer nada. Miró hacia la foto de su novio.
-Discúlpame, Light – le dijo – Será mejor que dejemos la cena por hoy. Ryuzaki me ha pedido ayuda para algo importante. Supongo que lo entiendes, ¿verdad?
¿Quién ha dicho que el caso Kira estuviera acabado? Yo no desde luego... Esta vez en vez de poner a los chicos a resolver casos random, he preferido dejar abierta esa ventana y continuar por una línea que nos es más familiar.
Siento haber tardado un poco en publicar, pero he escrito y reescrito varias veces el capítulo hasta que lo he encontrado "natural", o a mí me lo ha parecido al menos... jaja. Además, quería publicar en las dos historias a la vez, aunque ha sido esta la que me ha retrasado más de la cuenta xD
Muchas gracias por todos los reviews/favoritos/seguidores nuevos, saber que a alguien realmente le interesa la historia me anima mucho a continuarla y a pensar en más y más tramas :D
