NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO AL ESCRIBIR

¡Hola a todos! Ahhh quería subirles este capítulo ayer pero me tardé editándolo más de lo que tenía pensado. Sé que el capítulo anterior les gustó pero ahora regresamos a Naboo, porque hay cosas muy importantes pasando ahí, ya lo verán.

GRACIAS a ichigo urahara Shihoin y a AP por sus comentarios ¡me animan siempre!

AP: Si, a su manera Padmé se salió con la suya jaja pero la reacción de Vader saldrá hasta el próximo capítulo c;

¡disfruten!


Capítulo 11

El plan de Ruwee

No hay nadie que cause tal admiración

De todos eres el campeón

Eres el líder y la inspiración

Y es muy fácil saber la razón

Hubo un tiempo en que los Jedi fueron héroes.

Hubo un tiempo en que, al decir Orden Jedi, las personas inmediatamente sentirían una holeada de respeto, imaginándose a caballeros honorables que usaban con maestría espadas de luz. Eran los protectores de la paz, embajadores de la buena voluntad del Senado que ayudaban a quien necesitara ayuda sin distinguir entre especies o clases sociales.

Pero luego llegó la Crisis de la República, y los Jedi desaparecieron. Jamás en toda la historia de la galaxia hubo tantos sistemas sufriendo por el aislamiento que generó el bloqueo, y los Jedi, supuestos protectores de todos los indefensos, brillaron por su ausencia. La opinión popular asumió que los Jedi estaban atrapados en Coruscant, tan indefensos y débiles ante los clones como todos los demás. La escultura de oro en la que estaba grabada la imagen colectiva del Jedi se convirtió en cobre con la acumulación de los años en crisis.

Jobal Naberrie servía el té, intentando soportar lo mejor posible el pesado ambiente en su hogar. Estaban en la sala de su casa, Sola y Darren sentados en un lado de la mesa, Ruwee de pie al lado de su hija mayor, y al otro extremo de la mesa, sentado y disfrutando de su té, estaba el dichoso Maestro Jedi, Obi-Wan Kenobi.

Afortunadamente sus nietas ya estaban dormidas, no quería en absoluto que ellas recordaran a este hombre.

—¿Y bien?—espetó Sola—¿Ya nos explicarás de qué va esto, papá?

Sola miró a Ruwee con el ceño fruncido, aunque no le gustaba el tono que su hija estaba usando contra él, Ruwee Naberrie comprendía el recelo y el enfado de Sola, lo cierto es que lo estaba tomando bien, si Padmé estuviera aquí ella ya habría soltado uno que otro insulto ingenioso… al pensar en su hijita, Ruwee dejó caer sus hombros por la pesadez de su tristeza, y miró a Obi-Wan de reojo.

—Es una historia larga—admitió Ruwee.

—Entonces empieza.

Ah, las mujeres Naberrie siempre tenían carácter.

Antes de que Ruwee pudiera decir algo, fue el propio Obi-Wan quien tomó la palabra, dejando la taza de té frente a él con un cuidado exquisito.

—No tiene que enfadarse con su padre, señorita—dijo Obi-Wan, con ese tono de voz conciliador que solo el Negociador poseía—Si él ha mantenido mi presencia en este planeta como un secreto, es porque se lo pedí como un favor hace ya mucho tiempo.

—Usted no me dirá si debo enfadarme o no—Sola frunció el ceño.

—Sola…

—No papá, ¡quiero explicaciones!—gritó—Así que más vale que empiece a hablar, Jedi.

Obi-Wan sonrió, parecía divertido con la situación.

—Es evidente que tiene carácter, señorita.

—Agradece que mi hermana no está aquí—replicó Sola—Recapitulemos ¿quieres, Maestro Jedi? Hace semanas mi hermana y mi hija menor de alguna forma burlaron el bloqueo con esa nave que encontraron cerca del País de los Lagos, y si eso no es lo suficientemente sospechoso, mi hija regresó, pero mi hermana no, ahora tenemos a un pelotón de Clones investigando en todos los rincones de Naboo que te puedas imaginar, y la misteriosa aparición de un Jedi, cuando nadie ha visto Jedis desde que empezó esta maldita crisis… no soy estúpida, sé que hay una conexión entre tú y la desaparición de mi hermana, ¡así que empieza a hablar!

Jobal colocó una mano sobre el hombro de su hija, transmitiéndole apoyo. Ella nunca tuvo un carácter tan fuerte como el de sus pequeñas, y no podía expresar todo el enfado que realmente sentía, al menos no de esa manera, pero podía apoyar a su primogénita para que se expresara.

—Quizá debamos empezar por la manera en que llegué a Naboo, hace diez años—dijo Obi-Wan, intentando calmar el ambiente—Temo que la situación de su hermana menor se relaciona con un problema que empezó con la Crisis.

—Habla.

Sola sintió la mirada firme de su padre, pero lo ignoró, en vez de eso mantuvo su rostro con expresión desafiante, mirando a Obi-Wan a los ojos. Con cualquier otra persona, Ruwee estaría orgulloso de ella.

—Hija, entiendo tu desconfianza—empezó Ruwee—Pero Obi-Wan es una buena persona, y le debo la vida, por eso lo ayudé hace años.

—¿Cómo puedes deberle la vida, Ruwee?—preguntó Darren.

Era la primera vez que hablaba en esa tarde, pues había concentrado sus esfuerzos en analizar a las personas frente a él; siendo un arquitecto, estaba acostumbrado a prestarle mucha atención a los pequeños detalles y sabía que eso hacía la diferencia. Aquí había muchos pequeños detalles escondidos.

Las miradas de reojo que Ruwee le dedicaba a Obi-Wan; la sonrisa nerviosa, pretendiendo ser natural, del Jedi; la manera en que Jobal fruncía los labios, como queriendo contar algo, sin encontrar el valor de hacerlo. Los Naberrie habían estado involucrados en algo serio.

—¿Recuerdas cómo era la vida antes de la Crisis, Sola?—preguntó Ruwee con añoranza—En ese tiempo viajaba más. Incluso me acompañaste una vez a Alderaan, cuando eras muy niña, ¿recuerdas?

—Eran otros tiempos, papá—respondió Sola—Esa vida terminó hace diez años.

—Hay algo que no sabes, y en lo que tú madre jamás estuvo de acuerdo—Ruwee miró a su esposa, disculpándose con la expresión—Meses antes de la Crisis, el deterioro de la República era evidente. Había muchos políticos que tenían sospechas del Canciller Palpatine, y la Orden Jedi apoyaba a esos políticos bajo las sombras.

—Y tú sabes eso porque estabas involucrado, ¿no?—dijo Sola con tono audaz, cruzándose de brazos. Darren sonrió al ver de reojo a su esposa, siempre había amado esa inteligencia.

—No tanto como piensas, hija. Como era un profesor universitario, lo único que podía hacer era fingir que buscaba material didáctico en otras universidades o librerías, dejando mensajes a terceros. Nunca tuve conocimiento de los procesos internos.

—Oh, Ruwee—Jobal se sentó—¿No hiciste nada más, verdad?

—No, amor. Siempre te dije de cada entrega, y no hice nada más que eso para no exponerlas—Ruwee suspiró—En una ocasión, cuando tú tenías unos trece años Sola, la nave en la que iba fue interceptada por unos piratas. Yo no tenía nada de valor, y el mensaje que llevaba lo había entregado unas horas antes, los piratas bien pudieron matarme, pero el Jedi Obi-Wan Kenobi interceptó el mensaje de ayuda y me salvó a mí y a los demás tripulantes. Por eso le debo la vida.

—Y cobró ese favor, ¿no es así?—dijo Jobal con desdén, recordando el miedo que sintió en ese momento—Siempre supe que esto pasaría.

—Nunca fue mi intención, señora—respondió Obi-Wan con pena.

—Cuando la Crisis empezó, los Jedi fueron masacrados por los Clones…

—¿Masacrados?—Darren repitió la palabra con asombro.

Obi-Wan bajó los ojos, recordando escenas funestas de su pasado, y los demás sintieron un hueco en el estómago. Una cosa era asumir que los Jedi estaban atrapados en Coruscant, y otra que habían sido asesinados.

—Así es, los clones tenían órdenes de tirar a matar con ellos—continuó hablando Ruwee, no queriendo que Obi-Wan dijera algo sobre esos tiempos—Antes de que el bloqueo se extendiera por el Borde Medio, Obi-Wan consiguió llegar a Naboo y se puso en contacto conmigo para que lo ayudara a esconderse. Le di dinero, una identidad falsa, y lo llevé a una de las villas en las montañas para que hiciera su vida otra vez.

—¿Y qué tiene todo esto que ver con mi hermana?—Sola interrumpió.

Ruwee iba a hablar, pero Obi-Wan se enderezó en su asiento para tomar la palabra con solemnidad.

—Señorita, como su padre bien dijo, los Jedi sospechábamos que el Canciller Palpatine se había aliado con un Sith.

—¿Qué es un Sith?

—Es una persona sensible a la Fuerza, pero que usa el Lado Oscuro.

—Espera, ¿hablas de Sith, como los que formaron el Imperio Sith hace milenios?—Sola alternó su mirada entre Obi-Wan y su padre—¿Ese tipo de Sith?

—Así es, hija.

—¡Entonces me estás diciendo que el Canciller de la República tenía nexos con algo peor que un terrorista!—gritó enfurecida.

—Perdonen, pero no entiendo muy bien—dijo Darren—¿Podrías explicarme un poco más sobre esos Sith?

—Son criaturas malvadas, que usan la ira, el miedo, la avaricia y otras emociones negativas para volverse más fuertes—explicó Obi-Wan—Son lo opuesto a un Jedi. Usan sus habilidades en la Fuerza para dominar, destruir y subyugar.

—¿Entonces era cierto ese rumor de que los Jedi se rebelaron contra el Canciller?—preguntó Jobal.

—Sí, señora, pero eso ocurrió después de que supimos por un informante que el Canciller Palpatine era un Sith.

Sola se quedó sin aliento, y Jobal miró a su esposo con nervios y enfado.

—Pero… Palpatine era de aquí—susurró Darren, procesando la información—Antes de ser Canciller, fue Senador de Naboo.

—Así es, por eso vine aquí cuando la Crisis empezó—dijo Obi-Wan—Pensaba encontrar información sobre Palpatine, alguna casa, guarida, nave… cualquier cosa que pudiera darme una pista de sus planes. Llevo diez años buscando eso, pero no he encontrado nada.

—¿Y de qué serviría eso?—replicó Jobal—Prácticamente no queda nada de la República ya, y si lo que dices es cierto, su último Canciller resultó ser un Sith.

—Así es, pero Palpatine fue asesinado por su aprendiz, lo cual dejó a los Clones sin ningún líder y por eso la Crisis prevalece. Si conseguimos información de los clones, o de otros secuaces de Palpatine ocultos gracias a esta crisis, entonces podríamos levantar el bloqueo.

—Espera, espera...—Sola miró a Obi-Wan de manera suspicaz, acomodando las palabras en su mente—Llevas diez años aquí en Naboo buscando información del difunto Palpatine, porque era el comandante de los clones, ¿verdad?

—Sí, los clones fueron diseñados para obedecerlo solo a él.

—Y como Palpatine convenientemente fue asesinado al inicio de la Crisis, los clones han mantenido el bloqueo, porque no reciben órdenes de nadie más.

—Así es.

Obi-Wan no pudo evitar sorprenderse por lo rápido que Sola Naberrie había hilado la situación, era una mujer muy inteligente.

—Crees que Padmé encontró el refugio de Palpatine—aseguró con enfado—¡Esa nave en la que ella y Pooja salieron de Naboo era de Palpatine! por eso los clones no la atacaron, ¡era la nave de su general!

—Y por eso los clones han venido a investigar—agregó Obi-Wan—Para saber si su general está aquí, o en su defecto alguno de sus secundarios.

—Pero lo que no entiendo es, si los clones no pudieron atacar esa nave porque es la de su general—dijo Darren—¿Entonces cómo explican que Padmé esté perdida?

Obi-Wan frunció los labios, su rostro mostrando consternación, y Ruwee se puso pálido.

—Como ya les dije, el Canciller fue asesinado por su aprendiz, otro Sith—explicó el Jedi—Los Sith habían secuestrado a un joven y lo mantenían a su lado, ese joven nos mandó un mensaje de auxilio, y evidencia de que Palpatine era un Sith llamado Darth Sidious. Yo acudí a Mustafar, dispuesto a rescatar al joven, pero llegué demasiado tarde… el aprendiz ya había matado a Sidious, y al pobre muchacho.

Hizo una pausa, controlando las emociones que despertaron en él los recuerdos.

—Peleé contra el aprendiz cuanto pude, y lo dejé muy malherido, pero también consiguió herirme a mí. Tuve que regresar a mi nave, por las heridas que le provoqué supuse que moriría en minutos, pero parece que no ha muerto… y sospecho que tiene a Padmé.

Jobal gimió horrorizada.

—¿Me estás diciendo que mi hija está en manos de un monstruo?—gritó con horror.

—Es mi sospecha, sí—Obi-Wan se veía cansado de repente—La nave de Palpatine debió llevar a Padmé y a Pooja a algún escondite de los Sith… no sé cómo se las ingenió Padmé para mandar a Pooja otra vez aquí, y por lo que pude sentir de tu hija menor, alguien usó la Fuerza para borrarle varios recuerdos. Los Sith nunca dudan en jugar con las mentes de las demás personas.

Sola se llevó ambas manos al rostro, conteniendo un sollozo…¡habían jugado con la mente de su hijita! Fuerza… ¿qué le haría ese monstruo a su hermana?

—Jobal, sé que desconfías de Obi-Wan—dijo Ruwee—Pero por favor, entiende que este problema no será fácil de solucionar. Nuestra pequeña está en algún lugar de la galaxia a la merced de un Sith, ocupamos toda la ayuda posible.

—¿Y qué propone el Maestro Jedi que hagamos?—preguntó Sola—¿Qué puedes hacer tú por mi hija, por mi hermana, por toda mi familia?

—No hay mucho que pueda hacer por tu hija, ella se ve bien, y no creo que sea prudente que recuerde las cosas que ya olvidó—explicó Obi-Wan—Y haré todo lo que esté en mis manos para ayudarlos a encontrar a Padmé, matar al Sith de una vez por todas.

—Pero no puedes hacer mucho con los clones aquí, ¿no es verdad?—preguntó Darren.

—Sé esconderme bien, por eso no deben preocuparse. Pero sí ocuparemos mucha ayuda del palacio para completar nuestros planes.

—Habla entonces—dijo Jobal con tono hosco—Dime entonces cómo pretendes salvar a mi hijita.

Obi-Wan tomó un sorbo más de té antes de continuar hablando, iba a ser un día muy largo.

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La Reina Kamila compuso la más neutral de sus expresiones mientras sus ministros sugerían, por tercera vez, que pidieran alguna asesoría a la retirada reina Apaillana. El gabinete estaba muy nervioso por la presencia de los clones, y era difícil calmarlos.

—Desde luego que considero que una asesoría es indispensable en momentos de crisis—respondió Kamila con el tono más neutral que pudo—Pero por el momento, no estamos en crisis, señores. Todo está bajo control.

Los ministros no se veían muy convencidos.

—No es que no dudemos de usted, majestad, solo creemos que ser prevenidos nunca está de más.

—Comprendo su preocupación y me conmueve que muestren tanto interés por la seguridad de Naboo—respondió—Meditaré sobre este asunto y les daré una respuesta mañana.

Dicho eso, hizo una señal para que la dejaran sola, y los ministros no escondieron sus muecas cuando salieron de la sala del trono.

La reina Kamila sabía que, si los ministros no estaban contentos, acudirían al parlamento, y no podía arriesgarse a eso. Necesitaba encontrar una salida rápida para mantener el control de la situación, si deseaba que Apaillana siguiera al margen.

—Majestad, el delegado Palo Andalerrie solicita una audiencia con usted, es en relación a la investigación.

—Hágalo pasar.

En los últimos días, Palo se había vuelto indispensable para Kamila. Era mucho más astuto y servicial de lo que le dio crédito, comprobando ser una persona de confianza en esta difícil situación.

—Majestad—Palo entró e hizo una reverencia—Temo que no le tengo las mejores noticias.

—Dígame su reporte por favor, delegado Andalerrie.

—Los clones han entrevistado a todos los miembros de la familia Naberrie, a sus vecinos, y a mi propia familia—dijo lo último con visible desagrado—Pero no han encontrado ninguna información que sea útil. Han cercado totalmente la casona al margen del País de los Lagos, no tienen sus códigos de acceso tampoco, pero investigan los alrededores.

—¿Y nuestros oficiales no han encontrado nada tampoco?—inquirió.

—No, majestad. No hay rastro alguno de Padmé Naberrie.

—Lo lamento mucho, sé que ella es una vieja amiga tuya—continuó Kamila—Debe ser especialmente difícil para ti, delegado Andalerrie.

—Lo es, majestad—Palo compuso una mueca de tristeza—Por eso no me detendré hasta saber qué ha pasado. Con suerte, podremos encontrar a Padmé, y si no… al menos el resto de Naboo podrá estar a salvo.

—Es una suerte que esta noticia siga sin llegar a los medios—suspiró la reina—Gracias a ti.

Desde que los clones aparecieron en Theed, Palo se las ingenió para que los medios lo manejaran como una nota de segundo plano, ningún noticiero o reportero había mencionado abiertamente la investigación de los clones ni tampoco su relación con la familia Naberrie. Aunque Kamila sospechaba que Palo había usado algún recurso ilegal, o inmoral, para conseguirlo, seguía estando agradecida.

—Solo intento servirle de la mejor manera, mi reina—respondió Palo, bajando el rostro para ocultar su sonrisa de satisfacción.

—¿Y cómo has visto a los clones?—preguntó, un poco de nerviosismo en su voz—¿Se ven amenazantes?

—Hasta ahora no majestad, pero no he bajado mi guardia.

—Y haces bien. Delegado Palo, usted se ha convertido en mis ojos y oídos en esa investigación.

—¿Qué hay del capitán Typho?

—Temo que él no comprende las magnitud del desgaste político que esta situación está causando. Por eso confío en ti, delegado Andalerrie, para que vigiles los mejores intereses de la Corona.

—Me honra con su confianza, mi reina—respondió Palo en tono solemne—No la defraudaré.

"Tengo su confianza" pensó Palo satisfecho consigo mismo "Si muevo bien mis hilos, tendré a la reina en la palma de mi mano"

—Que así sea—declaró Kamila.

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El Consular Lorrein estaba en su oficina pasando la punta de sus dedos sobre los últimos discursos que Padmé le había entregado, solo un día antes de su desaparición. Extrañaba a la muchacha más de lo que debería, era un aire fresco entre las caras viejas que rondaban el palacio y su enjundia le hacía olvidarse a veces de la creciente corrupción en Naboo. No sabía qué había pasado con ella, pero no era estúpido, la desaparición de la muchacha y la misteriosa llegada de clones solo dos días después no podía ser una coincidencia, aunque los medios parecían haber decidido ignorarlo.

Tocaron a su puerta, murmuró un quedo "pase" y cuando se abrió, pudo ver a Ruwee Naberrie asomarse desde el umbral.

—¿Me permite, señor Lorrein?

—Ah, claro que sí, pasa Ruwee.

El profesor universitario cerró la puerta detrás de él y caminó hasta el escritorio del señor Lorrein, sentándose frente a él con un gesto nervioso.

—¿Cómo va la investigación?—preguntó el anciano—¿Hay noticias de tu hija?

—Me temo que aún no, y lo que es peor, todo se ha complicado más.

—Te refieres a los clones—suspiró con pesadez—Lo sé, la gente empieza a murmurar…

—Olvida los clones… nuestro viejo amigo está involucrado.

Los ojos del anciano se abrieron desorbitadamente, miró hacia la puerta y después a la ventana, asegurándose de que estuvieran bien cerradas, luego miró a Ruwee a los ojos con enfado.

—Estamos en el palacio—siseó.

—Lo sé, pero debes saberlo—confesó Ruwee con un poco de culpa—Ven a mi casa esta noche, por favor. Debes saber un par de cosas.

El señor Lorrein asintió, Ruwee no perdió más el tiempo y salió de la oficina deseándole una buena tarde, caminó por el corredor externo del palacio en dirección al ala oeste, donde estaba el acceso al hangar, así como las instalaciones militares y de seguridad. No tardó mucho en llegar a donde se habían acomodado los clones.

—Buenas tardes, teniente—saludó Ruwee con el mayor respeto posible—Esta mañana el capitán Typho y yo compartimos la idea de que los sistemas de un Destructor Estelar podrían analizar mejor las transmisiones que realizó mi hija en el espacio. Como bien sabe, la tecnología que teníamos en Naboo se perdió hace diez años.

—¿Piensa que encontraremos algo de interés en esas transmisiones, señor Naberrie?—preguntó el teniente.

—No tenemos nada que perder, no hemos conseguido avanzar en días y apenas esta mañana se me ocurrió que una lectura más completa de la transmisión podría arrojarnos nueva luz sobre los eventos.

—¿Cómo qué?

—Quizá, si consiguiéramos saber en qué cuadrante de la galaxia estaba mi hija cuando hizo esa transmisión, podríamos trazar una ruta y adivinar una trayectoria ¿no lo cree?

—No es una mala idea—dijo otro clon—Lo peor que podría pasar es que no encontráramos información nueva, mi señor.

—Bien, lleven una copia de las transmisiones al Destructor Estelar—ordenó el Teniente a dos soldados—Y llévense la nave ejecutiva, para analizar su computadora. Quizá alguno de nuestros hombres consiga hackearla.

—Como ordene, teniente.

—Teniente, perdone la molestia—interrumpió Ruwee—Pero como comprenderá, soy un padre preocupado, ¿me permitiría acompañar a sus hombres al Destructor Estelar para ayudarlos a hacer los análisis?

—¿Tiene conocimiento de sistemas, señor Naberrie?

—Solo el básico, pero conozco a la perfección a mi hija—dijo con convicción—Si hay algo inusual, sabré detectarlo enseguida, se lo garantizo.

El teniente estaba a punto de decir "negativo", cuando miró de frente la expresión acongojada y desesperada de Ruwee. Él era un clon, no tenía padre o madre, había sido creado artificialmente y lo más parecido que tenía a un sentimiento de familia era la camaradería con sus hermanos clones. Hace diez años, no le hubieran importado los sentimientos de este hombre, pero estaba cansado y desmoralizado por una década de abandono en el espacio, y a pesar de las mutaciones genéticas, él seguía siendo humano.

—Concedido, señor Naberrie—dijo en tono serio—Pero obedecerá todas las órdenes que se le indiquen, ¿está claro?

—Sí, teniente. Se lo agradezco.

Ruwee salió de ahí rápido, murmurando que prepararía todas sus cosas para dejar Naboo apenas se lo indicaran. Una vez solos, un soldado se acercó al teniente con el ceño fruncido.

—Señor, no han subido civiles a nuestro destructor desde hace diez años—dijo—¿Cree que es una buena idea?

—Solo ocupa mantenerse ocupado, es un padre preocupado por su hija—respondió el teniente—Además, el señor Naberrie ha sido amable con nosotros.

El soldado bajó los ojos, todos los civiles los miraban siempre con odio, pero Ruwee Naberrie era cortés y considerado con ellos. Era mucho más agradable de lo que les gustaba admitir.

Ajeno al conflicto que estaban viviendo los clones, Ruwee se aseguró de llegar a su casa lo más rápido posible. Cuando cruzó el umbral, vio a su esposa fingiendo limpiar la sala solo para poder quedarse cerca de la puerta, no podía culparla, todos estaban estresados estos últimos días.

—Funcionó, Jobal—le dijo con alegría, besando sus labios con rapidez—Iré al destructor estelar, los clones me avisarán cuando abordaremos, tengo que empacar.

—¿Estás seguro de esto, Ruwee?—preguntó Jobal, siguiéndolo hasta la alcoba—¿Qué tal si algo sale mal? ¡Debe haber más de mil soldados en esa sola nave, y estarás tú solo!

—No te preocupes, los clones no son tan malos—dijo él, sacando ropa de los cajones—Si conseguimos información suficiente para crear una trayectoria, entonces podremos darnos una idea de dónde está Padmé.

—Sigo pensando que es un plan muy arriesgado.

—Tranquila, sabes que puedo cuidarme solo.

—Ruwee, ya perdimos a Padmé—sollozó Jobal—No quiero perderte….

Miró a su esposa impresionado por la dolorosa afirmación, Jobal no pudo más y se desmoronó en los brazos de su esposo, llorando el dolor y la desesperación que llevaba días soportando. Ruwee acarició sus cabellos con ternura, besándole la frente y limpiando las lágrimas de sus mejillas.

—Tranquila, amor mío—dijo con voz suave—Padmé sigue viva, y la traeré a casa.

—Pero…

—No hay pero que valga, mi amor—replicó él más serio—Nuestra hijita está bien, lo sabes, en el fondo de tu corazón lo sabes, ¿no es cierto?

Jobal se mordió el labio con remordimiento.

—Es demasiado terca para morir así….

—Exactamente—Ruwee sonrió por la afirmación de su esposa—Iré por ella, la traeré a casa, me cueste lo que me cueste.

Jobal abrazó a su marido y lo besó en los labios apasionadamente. Ruwee era idealista, apasionado, y nada lo detenía cuando estaba decido a hacer algo… Jobal no podía estar más orgullosa de que sus dos hijas hubieran heredado tanto del hombre al que amaba, pero en este momento, todo su corazón dolía por saber que esas mismas cualidades podrían ser su perdición.

—Te amo—susurró contra sus labios—Ten tanto cuidado… dile a Padmé que la amo.

—Y yo te amo a ti, Jobal—la besó de nuevo—Cuida a Sola y las niñas, volveremos antes de que lo sepas.

Ruwee terminó de empacar y regresó al palacio; desde el fondo de la calle, Palo Andalerrie vio a Ruwee caminar con una maleta en la mano, y decidió seguirlo.

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Era de noche cuando el Consular Lorrein llegó a la residencia Naberrie, lo suficientemente tarde para que hubiera pocos vecinos en la calle, pero no demasiado como para levantar sospechas.

—Hola—saludó Jobal desde el umbral—Pase, pase…

Jobal cerró la puerta, al interior de la casa el señor Lorrein vio que Sola jugaba con sus dos hijas en la sala, pero cuando lo miraron, las niñas se quedaron quietas, analizando al extraño.

—Buenas noches, niñas—saludó con su mejor sonrisa.

Ryoo y Pooja asintieron a modo de saludo, su madre las llamó para que se fueran a la alcoba, dejando a los adultos solos.

—Ruwee no está—dijo Jobal, haciéndole una seña para que la siguiera a la cocina.

—¿Llegará pronto?

—No lo creo, ¿desea un poco de té?

Jobal se puso tensa mientras preparaba el té, sin esperar la respuesta de su invitado. El señor Lorrein se sentó en la mesita de la cocina, inquieto, hasta que ocurrió lo inevitable.

—Buenas noches, viejo amigo—dijo Obi-Wan Kenobi, entrando a la cocina de repente—Lamento molestarte después de tanto tiempo.

Suspirando, el viejo consular miró de reojo a Jobal, quien servía el agua caliente en tres tazas de té y las colocaba en la mesita.

—¿Realmente esto es tan serio?—preguntó con voz cansada.

—Todo indica que sí—respondió Obi-Wan.

—Ruwee y Obi-Wan tienen un plan—explicó Jobal, sacando valor de donde nunca imaginó tenerlo—Y están contando con tu ayuda.

—Lo que necesiten, mientras ayude a Padmé cuenten conmigo.

Obi-Wan asintió complacido, tomando asiento frente al anciano para explicarle a detalle su plan. Jobal se cruzó de brazos, mirando la taza de té frente a ella, aceptando por primera vez que su vida jamás sería la misma.

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El teniente estaba en el hangar, vigilando al grupo de cuatro soldados que irían con Ruwee al Destructor Estelar, el resto del pelotón permanecería en Naboo intentando hackear el sistema de seguridad en la casona cerca del País de los Lagos. Cuando Ruwee se acercó a la rampa, escucharon un eco de pasos acercarse por el corredor, y vieron al cortejo real entrar al hangar.

La Reina Kamila iba vestida con sus mejores galas, deseando verse regia, a un paso de ella estaba Palo con una sonrisa de satisfacción muy molesta.

—Majestad—saludó Ruwee prontamente—¿A qué debemos el honor de su presencia?

—Señor Naberrie, me sorprende que usted y los clones tengan la audacia de dejar el planeta sin siquiera avisar—respondió Kamila—Después de todo, soy la soberana de Naboo, me hacen pensar que no respetan en absoluto mi autoridad.

—Con todo respeto, majestad, mis órdenes vienen de mi comandante, no de usted—replicó el teniente, a quien no le agradaba en absoluto Kamila.

Ni siquiera el maquillaje ceremonial pudo ocultar el disgusto de Kamila, pero Ruwee se apresuró a hablar.

—Mil disculpas, mi reina, pero como solo viajaremos cinco hombres y el resto del pelotón se quedará aquí en Naboo, hicimos la torpe presunción de que no era necesario. Le pido una disculpa si la ofendí.

—Perdonaré el agravio en consideración al mal momento que está pasando, señor Naberrie—dijo Kamila—Pero espero que esto no se vuelva a repetir.

—No, majestad.

—Muy bien. Además de venir a despedirme, vine también a informarles que el señor Andalerrie los acompañará.

—Negativo, majestad—respondió el teniente—Un civil a bordo de una nave militar es más que suficiente.

—Comprendo muy bien sus inquietudes, teniente, pero el señor Naberrie a pesar de su buen conocimiento no es una persona imparcial. El señor Andalerrie conseguirá complementar sus carencias.

A Ruwee no le gustaba en absoluto la idea de que Palo husmeara en donde no le convenía, pero sabía que la reina solo quería reafirmar su autoridad, y lo mejor era seguirle el juego.

—Es muy considerada, majestad—dijo él—Agradezco su amabilidad.

—Dos civiles a bordo pueden ser un problema—insistió el teniente.

—Por favor, teniente—continuó Ruwee—Mientras más ayuda tengamos, es mejor. Además, contaremos con su protección y le garantizo que seguiremos todas sus órdenes, solo queremos ayudar.

El teniente miró a Ruwee, luego a la reina, y suspiró. Los clones no eran estúpidos, como mucha gente pensaba, y comprendió rápido que la opción más conveniente era que el inútil de Palo se uniera al viaje. Al menos, con Ruwee al lado, no debería meterse en problemas.

—Está bien, que suba.

—Tengan buen viaje, señores—les deseó la reina Kamila—Esperaré sus noticias, y si ocupan alguna ayuda no duden en pedirlo.

—Gracias majestad.

Palo subió a la rampa al lado de Ruwee, los dos hombres se miraron con gesto sereno, pero con fuego en los ojos.


Canción del capítulo: "Un gran tipo Gastón" de la película La Bella y la Bestia en su versión en Español Latino.

¡Y eso es todo por ahora! ufff, ¿qué les pareció? ya que sé que ocurrieron muchas cosas aquí, así que señalaré solo dos puntos:

1.-La conversación con Obi-Wan es sumamente importante, ahí hay muchos detalles que se retomarán más adelante.

2.-Palo es algo más astuto del crédito que le han dado, pero está siguiendo su propia agenda, sin importarle lo que Ruwee o Kamila puedan querer. De cualquier forma, eso se mostrará más a detalle en siguientes capítulos.

Ah, y no olviden a los clones, que ya comenzarán a tener más protagonismo, ¿qué les pareció el capítulo? ¿les gusta la manera en que se están comenzando a enredar las cosas por acá? recuerden que, debido al bloqueo, Naboo lleva diez años aislado y sin saber nada de Coruscant, por eso que los detalles de Obi-Wan son tan importantes.

En el próximo capítulo, regresamos al Executor... ¡muchas gracias por leer! saludos a todos