Nota: Me da mucha tristeza pero este es el último capítulo. Un millón de gracias a todos los que habéis seguido la historia, vuestros comentarios me han alegrado la vida. Espero que os haya gustado y ojalá os guste el final. ¡Un abrazote gigante!


Cuando Canuto despertó, le costó recordar dónde estaba. Hasta que notó que lo envolvía el olor dulce y salvaje de Bellatrix y el de su casa. Había dormido más de diez horas, un record que no batía desde la otra vez que estuvo en aquel refugio. Sospechaba que lo mismo le sucedía a su prima. Como ella aún dormía abrazada a él, no se movió. Observó por la ventana que la primavera había dotado al bosque de verdor y frondosidad y todo estaba cuajado de flores blancas. Los pájaros trinaban y reinaba una calma absoluta.

Más relajado que la noche anterior, se preguntó cómo habría acabado la batalla. Sin duda Voldemort habría huido y Dumbledore habría llevado a Harry de vuelta al colegio. ¿Pero aceptaría por fin Fudge que el Señor Oscuro había regresado? "Dado el negro panorama al que me enfrento, creo que eso es lo de menos" pensó él. Observó a Bellatrix respirar suavemente contra su cuello con el brazo alrededor de su lomo. ¿Qué iba a hacer con ella? Tras darle varias vueltas, decidió que sin saber lo que pensaba su prima no podía tomar ninguna decisión.

-Mm… -murmuró la mortífaga empezando a desperezarse.

Se frotó los ojos y recordó dónde estaba. Y con quién. Sirius volvió a su forma humana y la observó también incómodo. Sosegado el acaloramiento de la batalla y por fin siendo realmente el uno frente al otro, sin disfraces ni mentiras, no sabían qué decir. Se levantaron y Bellatrix murmuró que cuanto antes hablaran, mejor. Él aceptó pero no pudo evitar sugerir:

-¿Podrías hacer antes el desayuno? Lo he echado de menos.

La mortífaga sonrió sorprendida y asintió. Preparó el zumo de arándanos y sacó la botella de whisky para mezclarlo. Después cogió un vaso y un cuenco y se dio cuenta del error. "La costumbre, te lo iba a servir en un bol" murmuró sacando otro vaso. Él soltó una sonora carcajada. Los llenó mitad y mitad de cada bebida y desayunaron. Sirius apuró hasta la última gota y finalmente no les quedó otra que sentarse en el sofá.

-¿Cómo lo hacemos? –inquirió ella- ¿Empezamos por lo de qué vamos a hacer con nuestras miserables vidas o aclaramos antes nuestra convivencia previa en la que ambos fingimos no conocernos?

-Mejor vamos por orden, como mi madre cuando se trajinó a todos nuestros jardineros.

-¡Es verdad! Lo hizo cronológicamente teniendo en cuenta sus edades. Eso dice mucho de Walburga: ordenada, concienzuda y comprometida con la satisfacción del personal.

Ambos Black rieron con ganas. Compartían el humor negro y las carcajadas ruidosas. Pero no podían postergar más la conversación, así que empezó él:

-Desde el principio supiste que era yo, ¿verdad?

-Sí, detecté tu aura mágica y te tendí la trampa para matarte. Apareciste en forma de perro, pero distinguiría tus ojos entre un millón. ¿Por qué no funcionó el hechizo de reversión?

-Una poción que diseñó Remus por error. Si lo hubieses intentado un día después, habría funcionado, los efectos solo duran unas horas. Pero no lo necesitabas… ¿Por qué no me mataste entonces?

-No lo sé. Me dio curiosidad eso, que pudieras mantener el estado animal. Y me hacía gracia ver hasta dónde llegabas con tu engaño. Todo el rato fui pensando: "Ahora por el camino lo mato, ahora en casa lo mato, ahora cuando se duerma lo mato, mañana por la mañana lo mato…". Al final lo fui dejando.

-Me pasó lo mismo. Mi intención fue hacerlo mientras dormías, pero casi no duermes… Y luego poco a poco las ganas de matarte fueron sustituidas por la curiosidad de saber más…

Conversaban en voz más baja de lo habitual, con vergüenza porque no estaban acostumbrados a hablar sobre ellos mismos y revelar su intimidad. Evitaban encontrarse con los ojos del otro: ella se miraba las uñas como si jamás se las hubiese visto y él dejaba que su vista vagara por las paredes de la cabaña. Aún así, como su vida dependía de ello, continuaron.

-Enseguida me di cuenta de que no iba a hacerlo, no soy un asesino a sangre fría. Pensé en entregarte, pero nunca bajas la guardia y además no quería que volvieras a Azkaban. Supongo que… que te… que te cogí cariño porque nos parecemos más de lo que siempre he querido reconocer –masculló él contemplando la alfombra.

-Yo también. Pensé que como no iba a matarte, podía engañarte para desviar la atención hacia Hogwarts y que no vigilarais el Departamento de Misterios, por eso dejé los mapas. Me convencí de que te cuidaba solo para mantenerte engañado. Obviamente mi idea era contárselo a mi… al señor… a…

-Bella, puedes decir su nombre. ¿Recuerdas lo que decía tu padre? "Los Black no tememos el peligro…"

-"…nosotros somos el peligro" –completó la morena con un atisbo de sonrisa-. Mi idea era contárselo a Vol… a Voldemort, él habría sabido qué hacer y me hubiese felicitado por atraparte. Pero… fui incapaz, no quería que te hiciera daño.

-Nah, seguro que Voldy también se hubiese encariñado conmigo: soy mucho más adorable que Nagini y se me pueden hacer crestas.

La slytherin rió y añadió:

-Me hacías mucha gracia y, por mucha rabia que me dé, siempre nos hemos parecido. Además, me encantaba volverte loco e imaginar cómo te explotaba el cerebro al ver lo bien que te cuidaba. En cuanto salía de casa me reía sola al imaginar al arrogante Sirius Black contándole a la Orden que su prima le había bañado, peinado y rascado la tripita para que durmiera bien. Pasé años intentando humillarte en el colegio como tú nos humillaste a nosotros por estar en Gryffindor… y jamás conseguí nada comparable a obligarte a bañar –comentó casi llorando de risa-, ¿podrías detallarme cómo fue esa experiencia, perrito?

-Qué cabrona eres... –masculló el gryffindor dándole un puñetazo sin poder evitar sonreír- No te mentiré: eres una gran bañadora de perros, podrías ganarte la vida con eso. La verdad es que nadie me ha cuidado nunca tan bien. Es evidente que soy perfecto e irresistible, se te veía muy feliz jugando a lanzarme el palito.

La morena sonrió y le confesó que fue tan cariñosa con el zorrito únicamente para ponerle celoso. "¿Lo conseguí?" preguntó con interés. "Por supuesto que no" respondió Sirius apartando la mirada en lo que evidentemente fue un sí. Bellatrix rió de nuevo.

-No, no podía matarte… -murmuró casi para sí misma- Por mucho que te odie, va contra mis principios matar a un Black. Mi apellido es lo más importante.

-Hablando de eso… Encontré las cartas de Regulus…

-Supuse que lo harías. Tenías derecho a saber qué le pasó a tu hermano, él lo hubiese querido así.

-¿Y qué le pasó? –preguntó él al instante mirándola con angustia.

La bruja debatió internamente si confesar, si revelarle la forma de derrotar a su señor.

-Él también guardó las tuyas, las encontré en su habitación –añadió Sirius-. Y varios recortes de prensa donde sales tú. Fuiste su hermana más de lo que lo fui yo.

La morena cerró los ojos, respiró profundamente y le miró de nuevo.

-¿Sabes lo que es un horrocrux?

-Sé que una noche que estaba nervioso (porque había descubierto lo de Reg) me leíste un libro sobre eso para que me durmiera. Pero funcionó demasiado bien y me dormí enseguida, así que no recuerdo casi nada.

Bellatrix asintió y le explicó cómo su maestro había dividido su alma en siete partes. Voldemort nunca se lo contó a nadie, pero Regulus lo averiguó cuando le prestó a Kreacher para acceder a la cueva donde escondió el guardapelo. Como venganza por maltratar a su elfo y porque ya no creía en él, decidió robarlo. Volvió a la cueva con Kreacher y…

-Los inferi… acabaron con él –relató Bellatrix con pesar-. Si yo hubiese ido con él no habría sucedido, aunque probablemente lo habría matado el Señor Oscuro.

-Tú hiciste todo lo posible… Gracias, Bella–respondió él con sinceridad, ahora sabía lo que ocurrió, su hermano murió intentando reparar sus errores-. ¿Y qué fue del guardapelo?

De nuevo, la mortífaga dudó de si decir la verdad. Pero le miró y respondió:

-Le ordenó a Kreacher que si algo salía mal, volviera y me lo entregara a mí. Lo tengo yo.

Hizo una pausa para que sus palabras calaran y continuó:

-También visité la cueva, no quería dejarlo ahí. Recuperé su cuerpo y Kreacher y yo lo enterramos en el panteón familiar, en la Mansión Black. Sé que odias a nuestra familia, pero es lo que Reggie habría querido.

Hacía años que no visitaba la Mansión de sus tíos (ahora de su prima) y desde luego la odiaba. Aún así, no dio crédito. La miró a los ojos y preguntó:

-¿Fuiste a una cueva maldita que exige un sacrificio de sangre, arriesgándote a morir o a que Voldemort te matara y te enfrentaste a los inferi solo por no dejar ahí a mi hermano?

Ella asintió como si fuese el plan de acción más evidente. Sin ser capaz de decir nada e intentando contener sus emociones y mantener la fachada de dureza, Sirius la abrazó. Bellatrix se quedó rígida, en absoluto acostumbrada a abrazar a humanos. Pero no protestó. Al rato él se separó e intentó fingir que no había pasado nada. Por fin había zanjado el tema que toda su vida le persiguió.

-¿Respecto a tu marido…?

-¡Cierto! ¡Gracias por librarme de él, te debo una! –exclamó la slytherin sonriente.

El gryffindor sonrió también y sacudió la cabeza. Tras unos minutos de silencio, tuvieron que hacer frente al futuro. "Supongo que querrás volver con Voldemort" comentó Sirius intentando no sonar triste sino casual. Ella no respondió de inmediato. Tenía la vista gacha y jugaba nerviosa con sus anillos de serpientes y el sello de los Black. Finalmente, en un movimiento casi imperceptible, negó con la cabeza.

-¿No? –preguntó Sirius esperanzado- ¿Porque se ha burlado de ti y te ha culpado de todo? ¿O porque te va a castigar?

Ella negó de nuevo, avergonzada de renunciar así a la causa de su vida.

-No. Lleva horas llamándome y no me importa. Me ha torturado tanto que ya no siento dolor. Pero el problema es que… he… he dejado de creer en él. Mantuve la fe cuando descubrí lo de los horrocruxes, porque aunque me lo ocultó y detesto a la gente que no acepta la muerte, confió en mí para guardar uno, pero… Ayer Potter dijo que es mestizo y vi en su mente que es verdad.

-Ah… Esto es de nuevo un asunto sobre la pureza de sangre. Toujours Pur, ¿no?

-No solo eso. Es más bien una cuestión de lealtad y coherencia, es lo que yo más valoro. Nos ha obligado a dedicar nuestras vidas a una causa que le condena. Y encima nos lo ha ocultado. Ya no confío en él, si me ha mentido en lo más básico, ¿en qué no lo habrá hecho? Me niego a arrastrarme más por un mestizo que teme a la muerte y al que un crío derrota puntualmente cada año.

-Es que mi ahijado es muy buen mago –comentó él orgulloso-. Aunque le venció siendo un bebé… Tienes razón, suena un poco patético…

Ella asintió con una sonrisa triste. Era muy doloroso. Llevaría mucho tiempo asimilar algo así, perder la fe en la causa a la que había dedicado su vida. Además, sin él ya no le quedaba nada y lo sabía.

-Sabes, Reggie tenía razón: solo los cobardes temen a la muerte. Creo que Potter lo matará, su tiempo aquí ha terminado –sentenció Bellatrix-. Y el mío también. Ya no me queda nada por lo que luchar, así que…

-¡No! –la interrumpió Sirius con vehemencia- ¡No digas eso! ¡Quédate, sigue luchando! Pero esta vez en el bando correcto.

-¿Por qué iba a hacer eso? –inquirió ella entre sorprendida y burlona.

-Tienes tres grandes razones –aseguró él-. La primera es que en el fondo te encanta matar gente y te da igual a quién.

-Acepto eso –reconoció la mortífaga con una media sonrisa.

-La segunda es que eres una persona terriblemente vengativa: un estúpido mestizo hijo de un simple muggle te ha utilizado durante décadas, ¿no deseas aniquilarle?

Bellatrix no respondió. Le dolía la sinceridad que escondía aquella sentencia. Era verdad: sentía una rabia y una frustración que jamás había experimentado. Contra Voldemort, contra la Orden, contra su familia… y contra sí misma por haber sido tan estúpida. Le llevaría años aceptarlo y perdonarse, sin duda, pero de momento, necesitaba una catarsis. Y pagarlo todo con el hombre que la torturó y humilló casi a diario parecía una buena opción en su trastornada mente. Además, por mucho que lo venerase, nunca le perdonó a Voldemort que causara la muerte de Regulus.

Por supuesto no podía reconocer nada de eso ante su primo. Así que ignoró la pregunta y le pidió que le expusiera el tercer motivo por el que según él, debía cambiar de bando.

-Por mí –respondió Sirius cogiéndola de la mano-, por tu Black favorito. Para estar segura de que a tu perrito no le pasa nada malo.

Ella sonrió con desánimo y negó con la cabeza. Él le levantó el mentón y la obligó a contemplar sus ojos grises. Bellatrix vio por primera vez que alguien se preocupaba por ella de forma absoluta; más incluso que su hermana, que siempre ponía por delante a Draco y Lucius. Por muy desalmada que fuese, algo en su interior se removió. Quizá encontrar por fin el afecto que siempre había mendigado o tal vez su espíritu de guerrera la animó a seguir luchando. Pero aún así…

-Soy una asesina, Sirius, nadie se pondrá de mi parte, me condenarán al beso y…

-Los convenceremos. Diremos que eras una espía, como Snivellius.

-¡Nadie se creerá eso! –rió ella- ¡Me condenaron a perpetua! ¡Grité en mi juicio que Voldemort volvería y que merecía la pena ir a Azkaban por él!

-No, querida prima. Lo que hiciste fue intentar avisarles (de forma velada para no desmontar tu coartada) de que el Señor Oscuro volvería y debían estar preparados. Si no supieron descifrarlo es culpa suya.

-Torturé a los Longbottom.

-No. Los Lestrange y Crouch los torturaron. Como solo confiabas en mí porque en la Orden también había espías, me mandaste una carta intentando avisarme. Pero como ya estaba en Azkaban no pude hacer nada. Así que te preocupaste de poner a salvo a su hijo y de que al menos mantuvieran a sus padres con vida, no pudiste hacer nada sola contra tres mortífagos enfurecidos… Te sentías tan culpable por lo que les había pasado que aceptaste ir a Azkaban para aliviar tu alma.

Bellatrix le miraba sin saber si partirse de risa o ingresarlo en San Mungo. Era un plan del todo descabellado, al parecer ella era la más cuerda de los dos.

-Eres muy buena legilimente, puedes modificar tus recuerdos y que no se note, ¿verdad?

-Sí, me enseñó muy bien. Pero Dumbledore sí se dará cuenta.

-¡Ja! –se burló Sirius- ¡Él será nuestro mayor aliado! Ese viejo es un estratega manipulador. Eres la persona más capaz después de Voldemort, estará tan encantado de tenerte de nuestra parte que cerrará su bocaza y hará la vista gorda. Ya sabes… "Por el bien mayor". Podemos convencerle para que diga que sabía que eras una espía, su palabra es sagrada. Creerán que solo lo sabía él. Bueno, y yo, porque me amas.

Bellatrix soltó una carcajada y lo meditó. Al principio le había parecido ridículo y le había seguido el cuento por diversión. Seguía sin estar en absoluto convencida, pero su primo tenía el don de hacer que todo sonara mucho más fácil de lo que era. Y ella aunaba tantos trastornos que no era difícil convencerla de sumar nuevas locuras.

-¿Y por qué lo revelamos justo ahora?

Sirius frunció los labios buscando una respuesta plausible.

-Por lo que me has contado, deduzco que Dumbledore sabe que hay siete horrocruxes, pero solo conoce un par. Y tú tienes el que te entregó Voldemort y el que consiguió Reg, ¿correcto?

Ella asintió.

-¿Sabes cuáles son los demás?

-Sí, Reggie, Kreacher y yo lo descubrimos. Los creó durante la época en la que yo era su discípula, así que seguía todos sus pasos. En aquel momento no entendí lo que eran aquellos objetos, pero unidos a las averiguaciones de tu hermano, lo dedujimos.

-Muy bien. En ese caso diremos que lo dedujiste durante tu estancia en Azkaban; sin duda tuviste tiempo para pensar… Estos meses has estado en contacto conmigo; se lo creerán, me han notado actitudes raras y jerséis que un perro no debería llevar… -comentó contemplándola con reproche y recibiendo una mirada juguetona- Ya estás harta de él, no le soportabas antes con que menos ahora que te has comido catorce años de cárcel. Quieres recuperar tu libertad y derrotarle finalmente. Y gracias a ti, podremos hacerlo.

Hubo unos minutos de silencio. Era todo tan absurdo que sonaba hasta plausible, igual incluso funcionaba. Poco tenían ya que perder… nada, en realidad. La mortífaga le miró y preguntó:

-¿Harías eso por mí? ¿Mentirías a todos tus amigos para salvarme?

Hubo unos minutos de reflexión silenciosa, pero finalmente, Sirius clavó sus pupilas grises en los ojos oscuros de su prima para que viera que era sincero:

-Sí. Los quiero mucho, pero tú eres mi familia. Y por mucho que me fastidie, reconozco que la sangre es más fuerte que cualquier otro vínculo. No estuve de tu parte cuando éramos jóvenes y quiero estarlo ahora.

Sin decir nada pero visiblemente emocionada, Bellatrix se acercó más a él y le besó. Fue un beso inocente, poco más que un roce de sus labios, pero ambos sintieron que ya no querían separarse nunca más. Sirius le apartó el pelo de la cara con cariño y le preguntó:

-¿Qué quieres que hagamos?

Con mirada infantil y poniendo morritos, su prima respondió:

-Bueno, yo te cuidé muy bien la última vez… Tienes que devolverme el favor.

El animago rió y mostró su total aquiescencia. Bellatrix se sentó en su regazo y volvió a besarle, esta vez con más detenimiento y pasión. Él le acarició la espalda mientras ella empezaba a desabrocharle la camisa. Sirius la cogió en brazos y la llevo al dormitorio. Siguieron besándose y acariciándose hasta que se quedaron sin ropa. Dedicaron el día entero a conocerse en profundidad.

A la mañana siguiente, por primera vez en décadas, Sirius fue capaz de producir un patronus corpóreo. Lo utilizaron para citarse en secreto con Dumbledore. Tras sus frases enigmáticas y rodeos habituales, el director aseguró que "En el fondo, aunque ni ella misma lo supiera, Bellatrix siempre estuvo de nuestra parte". Así se lo reveló a la Orden y, unos con más reservas que otros, lo aceptaron. Dumbledore también se encargó de neutralizar la marca tenebrosa de su muñeca para que su maestro no pudiera localizarla. E incluso de poner a salvo a los Malfoy para protegerlos. La mortífaga compartió la información que poseía y destruyeron el guardapelo y la copa de Hufflepuff. Los Black consideraron que ya habían hecho mucho por la causa y volvieron a su refugio.

Tras varios zumos con whisky, paseos al bosque a visitar al zorrito (que había crecido notablemente pero para envidia de Sirius seguía siendo precioso) y todo tipo de duelos y competiciones absurdas, se tumbaron en la alfombra contemplando la lluvia caer sobre los árboles. Bellatrix apoyó la cabeza sobre su pecho y Sirius la apretó más junto a él.

-¿Estamos seguros de esto, Bella? –preguntó con cariño.

-Estamos locos, que es aún mejor.

Rieron a carcajadas. Se besaron y decidieron que no existe nada tan fuerte como un vínculo de sangre y la fidelidad de un perrito.

-FIN-