—Te lo advertí ¿no? —el rubio frotaba sus nudillos contra su mano contraria pues el golpe le dolió hasta el— ¡Te dije que no te ibas a burlar de mí, que te partiría la cara si lo hacías!

Sasuke se levantó apoyándose en una de sus rodillas, a raíz del impacto terminó en el suelo y aun así se atrevió a acercarse nuevamente a él. No le importaba si Naruto lo volvía a golpear porque necesitaba explicarle, hacerle entender que estaba exagerando las cosas, malinterpretándolo todo.

—Entiende que no es lo que parece… lo que sea que hayas visto fue un accidente. Kabuto me mandó a acomodar unos malditos libros en la biblioteca con Sakura, entonces ella se resbaló y yo…

—Eso es lo peor —le interrumpió—. De todas las personas en el puto colegio te tenía que encontrar así con ella… ¡¿Por qué tenías que escoger precisamente a ella?! ¡¿POR QUÉ A SAKURA?! —reclamó con tono herido, no quería llorar y sin embargo las lágrimas no necesitaron de su autorización—. ¡MALDITA SEA SASUKE! ¡CONTESTA!

—Te estoy contestando, trato de explicarte cómo fueron las cosas en realidad. ¡Eres tú quien no me está escuchando! —se acercó hasta tomarlo por las mejillas con ambas manos—. Puedo imaginar lo que debes estar pensando, pero no pasó nada entre ella y yo, entiéndelo. Yo te amo, Naruto.

Sasuke lo obligaba a mirarlo, quería que viera en sus ojos que no le mentía, pero el rubio tenía la mente en otro lado o simplemente le estaba ignorando. Los ojos azules temblaban y brillaban a causa del llanto, ya no por la ilusión de una bonita relación o de su sola presencia. Era solo dolor y decepción mezclados.

Con brusquedad, Naruto se apartó de su agarre y salió corriendo, doblando a la derecha para seguir avanzando ahora por el pasillo principal. Sasuke lo siguió, claro que lo hizo, sin embargo el rubio era más rápido, era eso o la adrenalina del momento, por eso vio claramente como no se detuvo hasta cruzar la puerta principal, atravesar el portón y, por último, la calle de manera imprudente

Tal como aquel día que lo vio por primera vez.


—¡¿Que hiciste qué?!

La cara de incredulidad del pelirrojo era de antología, ahora todo cobraba sentido para él y Sai.

Hacía aproximadamente una hora que Naruto salió de esa habitación para buscar Sasuke y hasta el momento ni sus luces, jamás se imaginaron que quien en realidad llegaría e interrumpiría su tarde de juegos, sería nada más y nada menos que Sakura Haruno.

La atención del resto dentro de esa habitación se dirigió hacia el trio que ahora discutía en la puerta, más aún al escuchar el nombre de su rubio amigo salir a colación.

—¡Eres una…

—Contrólate, Gaara —le frenó el pelinegro parado a su lado al predecir lo que el pelirrojo estuvo a punto de pronunciar. No era el momento para eso.

—Déjalo, Sai. Que me insulte todo lo que quiera si eso le hace sentir mejor, pero ahora necesito que vengan conmigo antes de que ese par termine golpeándose mutuamente.

Enseguida se echaron a correr siguiendo a la pelirosa, no había tiempo que perder tratándose de un Naruto colérico y ahora también desilusionado. Con un poco de suerte llegarían antes de que algún maestro o los mismos directivos pudieran encontrarlos riñendo, todos sabían perfectamente que para el rubio no habría una tercera oportunidad.

Ni siquiera se tomaron la molestia de voltear cuando Kiba se asomó para preguntarles que estaba pasando o a donde se dirigían. Solo siguieron corriendo hasta llegar a su destino, pero no los hallaron ahí, Sasuke y Naruto no estaban en esa sección del pasillo, lo único que se le ocurrió en el momento fue separarse para seguir buscando y detener esa posible pelea.

Ninguno se imaginaba que el rubio estaba ya muy lejos del colegio.


En un impulso Sasuke también abandonó las instalaciones, siguiendo las calles por donde pudo ver a su novio escapar.

Desgraciadamente ahora no tenía idea de a donde dirigirse, desconocía la dirección de la casa de los Namikaze (porque algo le decía que solo ahí podría dirigirse), es más, ni siquiera conocía la ciudad. Se sentía patético, seis meses viviendo ahí y no podía siquiera ubicarse.

Lo único que se le ocurrió fue recargarse en la pared de un local, sacar su celular y marcar a la única persona que le ayudaría en el momento.

—¿Qué pasa Otouto? —la voz de Itachi sonaba lejana al otro lado del teléfono.

—¿Dónde estás?

Tío Obito me invito a almorzar, voy de regreso al colegio —habló calmadamente— ¿Pasa algo?

—Si, tuve una discusión con el dobe, se salió del colegio, lo seguí y ahora estoy parado en la esquina de una calle.

Mándame la ubicación ya mismo.

La llamada se cortó y el inmediatamente hizo lo solicitado. Quedaría como un estúpido, pero en ese momento no pensaba con claridad, solo deseaba arreglar las cosas con Naruto.

No pasaron ni cinco minutos cuando el auto de su hermano aparcó delante de él, una vez adentro, Itachi dio marcha de regreso al colegio y esto solo irritó todavía más al menor. De haber sabido que lo llevaría de vuelta a la jaula, no le habría llamado.

—¡¿Qué crees que haces?! —increpó escandalizado removiéndose en el asiento del copiloto— ¡Tenemos que ir a buscarlo!

—Lo siento Sasuke, pero Naruto es un alumno que abandonó del colegio sin autorización y debemos dar aviso.

—Con mayor razón debemos ir tras él, con que le llames a tío Obito es suficiente.

—Si Naruto se fue así, es porque no quiere verte de momento. Entiende eso y déjame hacer las cosas de manera prudente, además tu tampoco tienes permiso de salir y apuesto que ni siquiera habías pensado en eso… ¿Qué tal si pasa algo? —cuestionó mirándolo de reojo—. No conoces la ciudad, en cambio tu novio sí. Ahora que lleguemos informaré y luego te prometo que te avisaré si Naruto ha llegado a su casa.

—Jòdete, Itachi —espetó entre dientes dirigiendo toda su atención a la ventana del auto.

—No empieces a comportarte de forma inmadura ahora que has llegado tan lejos, mejor tranquilízate y cuéntame lo que sucedió. Encontraremos la manera de solucionarlo entre los dos.

Al no tener opción, Sasuke se encogió de hombros y comenzó a relatarle los hechos al mayor, pronto estuvieron de regreso en la institución.

Luego, en la dirección tuvo que volver a repetir la historia, aunque ahora de una manera más breve y concisa para aquellas tres personas que lo miraban atentamente. Kakashi rodó los ojos y dejó escapar el aire en sus pulmones, Rin se pasó una mano por todo el rostro en señal de frustración.

—Jiraiya y Minato-sensei van a cortarnos la cabeza, no sin que antes… Kushina nos arranque la piel con sus propias uñas —manifestó Obito preocupado en extremo.


Solo unos minutos después, el teléfono en aquella casa sonaba de manera incesante.

Completamente solo, Jiraiya maldijo antes de levantarse a contestar, llevaba todo día prendado de una serie y en buena hora vino a sonar el bendito aparato. Tropezó a medias con algunas botellas de sake que durante el día se permitió dejar esparcidas por el suelo, aprovechando que no había nadie que le reprendiera por ello.

Instantes después ya estaba tomando la llamada.

Reconoció a la perfección tanto el numero como la voz al otro lado de la línea, sin inmutarse escuchó las primeras palabras de aquel, pero todo cambió en cuanto le dieron la noticia. Su adorado nieto preferido, el renacuajo, escapó de forma imprudente del colegio.

Continuó hablando con el Hatake exigiéndole todos los pormenores.

—No, no hace falta que les comuniquen nada por ahora. Yo me encargaré de esto personalmente y te avisaré en cuanto Naruto llegue aquí, de lo contrario saldré a buscarlo —informó al peliplateado con voz autoritaria, como pocas veces se atrevía a hablar—. Ah y antes de que cuelgues… ¡más vale que me soluciones esa falta de vigilancia en la entrada! —demandó—. No me hagan pensar que sus puestos les han quedado demasiado grandes.

Colgó al terminar de decir lo anterior.

¿Cómo era posible que su nieto se saliera de su prestigiada institución así como así?

¿Dónde estaban ellos entonces?

Volvió a la sala y trató de volver a concentrarse en la serie que veía antes de tan funesta llamada, sin embargo, su atención ya no estaba en eso.

Novio.

Naruto tenía un novio y tal como lo predijo hace tiempo, era nada más y nada menos que Sasuke Uchiha. Lo que nunca esperó es que un simple pleito de pareja fuera suficiente para que su nietecito se atreviera a semejante barbaridad.

Una hora se le fue metido en sus meditaciones, Jiraiya miró el reloj en la pared marcar las 8 pm y todavía ni rastro del rubio. Aún más impaciente llegó a considerar ser el quien les llamara a Minato y Kushina y que explotara la bomba de una buena vez, antes de que ocurriera algo peor.

Se decidió por salir el mismo a buscarlo por los alrededores y si no lo encontraba entonces no le quedaría opción. Tomó sus llaves y su billetera y se dirigió a la puerta cuando esta fue abierta de golpe mostrando a un rubio empapado.

Ni siquiera se había dado cuenta de que afuera llovía.

—¡Chamaco del demonio! —pronunció— ¿Se puede saber dónde estabas? ¿por qué llegas a esta hora? ¿Qué fue lo que paso?…

Formulaba una pregunta tras otra sin dar oportunidad a que el menor hablara, de todas maneras, este no tenía ni la más mínima intención de hacerlo.

Naruto solo pasó de largo, subió las escaleras a paso rápido y fue directo a encerrarse en su cuarto. Esta acción solo encrespó más al hombre de avanzada edad, que apretó los puños y subió para exigirle que saliera y diera la cara.

—¡NARUTO TE ESTOY HABLANDO! —indicaba al tiempo que tocaba la puerta de manera insistente—. Abre si no quieres que llame a tu madre ahora mismo.

En el interior de ese cuarto, el rubio se dedicaba a quitarse la playera mojada, la dejó sobre el suelo y abrió la puerta. Lo último que necesitaba en ese momento era que Kushina Uzumaki tomara un vuelo sobre para reprenderlo.

—¿Qué quieres viejo pervertido? —vociferó de mala gana y con el ceño ligeramente fruncido.

El mayor ignoró el gesto y simplemente ingresó para poder sentarse sobre la cama, palmeo suavemente la superficie al lado de él, invitándole así a tomar asiento.

—Estoy mojado ¿Qué no ves?

—Muy bien renacuajo. Ignoremos entonces el hecho de que te has fugado de la escuela, golpeaste nuevamente a un compañero, llegaste dos horas después de haber salido de allá y que me estas contestando como si yo fuera tu hermano —el peliblanco relajó sus facciones y continuó—. Cuéntame qué fue lo que te pasó.

—Pasa que no soy pendejo de nadie. Nunca más van a volver a verme la cara de estúpido ni a burlarse de mí.

—¿Lo dices por tu novio… Sasuke?

—Así que ya te vinieron con el chisme.

—A ver mocoso… dejemos de lado eso por un momento —comentó mirando apacible—. Lo que me gustaría saber es qué fue lo te hizo para que reaccionaras así.

—Si te lo digo… ¿me dejarás en paz?

Jiraiya levantó su mano en señal de promesa. Entonces Naruto le contó su versión de los hechos, de cómo encontró a su flamante noviecito con su "mejor amiga" encima a punto de darse un beso y otras exageraciones que no eran más que mera imaginación suya, aun cuando no lo sabía a ciencia cierta.

—Ya veo —dijo el abuelo—, pero… ¿no te parece que, probablemente tu estas malinterpretando todo y tu Sasuke merecía que lo dejaras, al menos, tratar de explicarte?

El rubio le dedicó una mirada de reprobación e incredulidad.

¿Cómo podía estarle diciendo eso después de todo lo que acababa de contar?

Claro, solo entre infieles se pueden defender…

—No me sorprende que te pongas de su lado, después de todo tu engañabas a mi abuela cada que tenías oportunidad —Naruto sonrió con ironía— ¿o es que ya se te olvidó?

Fue un argumento bastante valido de parte del menor y él estaba consciente de ello. El hombre de cabellos blancos no hizo más que negar y sonreír con amargura, porque claro que no lo olvidaría jamás, pero hasta un hombre como él había sido capaz de reconocer sus errores y pedirle perdón a Tsunade antes de que la muerte se la arrebatara.

Quien diría que aun cuando Naruto era un niño, podía recordar ese tipo de sucesos a la perfección.

—Admito que yo cometí muchos errores mocoso, pero no eres nadie para juzgarme por ellos. Te recuerdo que tu apenas vas para arriba, empiezas a vivir e inevitablemente te vas a equivocar porque nadie es perfecto. Ni siquiera tu —se levantó solo para revolverle los cabellos húmedos con cariño—. Yo me arrepiento de no haber valorado a tu abuela, ¿tú de qué vas a arrepentirte en unos años?

El menor no supo que responder, solo vio a su abuelo salir de la habitación y cerrar la puerta con total calma.


Regresando a cómo se desarrollaban las cosas dentro del Konohagakure, Sasuke caminaba como león enjaulado. Itachi de ninguna manera le permitiría ir en busca del rubio a esas horas, sobre todo ahora que ya habían recibido noticias de su paradero.

Que se tranquilizara y esperara a mañana para que Naruto pudiera despejar su mente y reducir su enojo, entonces el mismo lo llevaría no sin antes pedir permiso. Eso es lo que su hermano mayor le aconsejó antes de asegurarse que volviera a su dormitorio.

No hubo necesidad de que el contara nada, a estas alturas todo el grupo de amigos estaba al tanto de los acontecimientos ocurridos esa misma tarde entorno a ellos. Lo último que quería es que sus problemas fueran la comidilla del resto, afortunadamente no era ese el caso.

Según Suigetsu, el mismo Gaara se encargó de poner en su lugar la chica Haruno, aunque no de mala manera. Simplemente alguien tenia que decirle un par de verdades a esa mujercita desubicada, que de nuevo había arruinado toda posibilidad de restablecer su amistad con el Namikaze.

También Deidara la interceptó, pero fue detenido por Karin, quien aseguraba que no valía la pena ponerse a discutir con ella. Por ahora lo único importante debía ser Naruto.

Con dificultad, Sasuke se acomodó sobre su cama, esperando con ansias el siguiente día para poder ir a explicarle todo y hacerlo regresar. Pensó en intentar llamarle de nuevo, desgraciadamente seguía mandándole al buzón.

Solo le quedaba dormir y aguantar un poco.

Nunca se imaginó que, con el paso del tiempo, las cosas con el rubio solo incrementarían su nivel de dificultad.


Al día siguiente todo intento fue en vano.

Itachi habló con Jiraiya mientras Sasuke subió para llamar a la puerta de la habitación del rubio, tocó un par de veces sin recibir respuesta. Fue entonces que optó por hablar.

—Naruto, estoy aquí. Ábreme por favor, necesitamos hablar —pidió con tono amable, tratando de ocultar la ansiedad que le invadía.

—¡LARGATE! —fue todo lo que la voz del interior le respondió fría y severamente.

Ese no era el Naruto alegre, ese que casi nunca guardaba silencio. Tampoco había rastro de madurez y disposición para aclarar ese asunto en él, solo permanecía en esa burbuja de negación, orgullo e infantilidad desbordante que no le dejaba ver más allá de sí mismo. Es como si el rubio solo hubiese estado esperando un pretexto para lanzar todo por la borda y poder huir cobardemente en su papel de víctima.

Ese día, Sasuke no consiguió nada, por más que insistió ya no logró nada, ni siquiera un insulto. Hasta parecía que llamaba a la puerta de una recamara vacía como si de un loco se tratase.

Y así, los días de esa semana continuaron su paso:

Consiguió que Itachi lo llevara una vez más la tarde del jueves, el mayor solo conducía en silencio buscando las palabras adecuadas para apoyar a su hermano, pero incluso el estaba decepcionado en cierta forma con la actitud de su rubio cuñado. Realmente esperaba que este problema no llegara a mayores, sin embargo, parecía ser solo el comienzo y, como buen hermano, el velaría por el bienestar de Sasuke por encima de todo, así tuviera que ser el mismo quien le prohibiera seguir insistiendo.

Solo deseaba que esto no llegara a perjudicar su relación con Deidara.

Porque hasta eso, todo este lio estaba afectando a todas las personas a su alrededor y todos querían ayudar, todos opinaban, todos pensaban en la manera de aportar algo. Pese a ello, este asunto solo concierne a dos individuos.

En su segundo intento, el resultado no varió:

En tanto el Uchiha menor insistía en su monólogo con aquella puerta, Itachi y Jiraiya conversaban.

—No quiere abrirme ni a mí, pensé que no sería más que un berrinchito pero esto se está haciendo más difícil —el mayor le extendió una taza de té y posteriormente volvió a tomar asiento—. Creo que tendré que llamar a sus padres, Naruto está perdiendo clases, no quiere comer y no tengo idea de qué tanto hace allá adentro.

—Sasuke tampoco está comiendo bien, no duerme lo suficiente y no he comentado nada con mis padres. Tendré que parar esto, aunque mi hermano me odie.

—Solo una vez mas Itachi, si no cambia nada la próxima vez que vengan. Entonces tomaremos decisiones por el bien de ambos —concluyó el hombre de blancos cabellos.

Por un lado, eso implicaría admitir cierta incompetencia de parte de ambos, pero tampoco deben seguir permitiendo tanta necedad por algo que es un malentendido a todas luces.


El fin de semana llegó.

Precisamente ese domingo, alrededor del mediodía, cierto rubio renuente despertaba después de no haber pegado ojo a buena hora durante la noche. Sus ojos ardían y hasta dolían por todo lo que se tomó el tiempo de reflexionar horas atrás.

Se desperezó y salió de la cama, pasó al baño y enjuagó su cara con abundante agua. Entonces se dio la oportunidad de mirarse al espejo y vaya que lucía terrible.

Se había negado rotundamente a volver al colegio, sabía de sobra que no se perdería de nada importante y sus notas no se verían afectadas en realidad. La verdad se aprovechaba de su posición como hijo del anterior director y nieto del dueño, una mala costumbre demasiado arraigada.

«Entiendo que estás dolido, pero no eres el único que sufre ¿sabes? Ese chico ha venido ya dos veces y pasa un buen rato insistiéndote para le escuches, es lo único que te pide y tú, sumido en tu egoísmo, solo lo ignoras»

Su abuelo se encargaba de darle lecciones y sermones aun al otro lado de la puerta, seguro pensaba que no le prestaba atención, pero no era así.

Claro que escuchaba todo lo que le decían, claro que ha oído a Sasuke clamar por el sin descanso. Por esa razón ahora espera a que el vuelva a ir a buscarle y que pase lo que tenga que pasar.


Cerca de las 3 pm ya iban con rumbo a la casa de los Namikaze.

¿Cómo aclararle a su otouto que esta será la última vez que accederá a su capricho de ir a rogarle al rubio?

El de cabellos largos meditaba en silencio sin despegar sus ojos del camino, mientras el menor miraba hacia afuera con la cabeza recargada en su mano. No tenía necesidad de preguntarle en que está pensando porque era demasiado evidente.

Naruto, Naruto y más Naruto.

Toda la semana fue así, Sasuke solo iba a clases y volvía para estar en la habitación. Dejó de almorzar con su grupo para evitar que le vieran con lastima o algo parecido.

Cuando al fin estuvieron ahí, quiso aprovechar para decirle algunas cosas, pero el chico salió a toda prisa del auto para ir directo a su meta.

Jiraiya le abrió, saludó y se hizo a un lado para permitirle el acceso. Subió las escaleras de dos en dos completamente desesperado, en segundos estuvo de nuevo delante de esa bendita puerta que le separaba de su querido rubio. Para su sorpresa esta se hallaba entreabierta y el no dudó en dar un par de golpes leves sobre ella.

—Adelante

Por primera vez en la semana, la voz de Naruto le permitió el acceso y entonces lo vio en cuanto entró, recargado de espaldas en el barandal del balcón de aquella recamara, parecía recién bañado y sonreía de manera extraña.

Caminó decidido hasta estrecharlo en un fuerte abrazo que le fue permitido pero no correspondido, aun así el azabache prefirió no reparar en ello y disfrutar de ese contacto tan necesitado para él. Una vez que hablaran todo quedaría claro y podrían volver a la normalidad.

—Te extrañé dobe… —declaró—. No tienes idea de cuánta falta me has hecho.

—Yo… —el rubio vaciló un momento— quiero escucharte Sasuke, dejaré que me expliques lo que pasó .

Esta oración hizo que al Uchiha le volviera el alma al cuerpo, seguro de que el sufrimiento acabaría para ambos. Así dio inicio a la narración de los hechos, no dejó que se le escapara ningún detalle, absolutamente nada que pudiese ser útil para recuperar la confianza de Naruto.

Y claro que este le prestaba atención, en su cara no mostraba ninguna emoción en particular, simplemente se dedicaba a escucharle, a confirmar lo que en el fondo de su corazón siempre supo. Aun así, el miedo fue tan grande que lo cegó.

Es demasiado para el lidiar con tantas cosas nuevas a la vez:

Una relación amorosa con el chico que consideró un rival, que además de eso es un imán de mujeres y posiblemente también de hombres, que es un ser asocial y, en parte, también algo amargado, tal como Kiba lo mencionó…

Toda una larga lista de características y hasta defectos que considerar.

Muchas razones por las que lo suyo no debería continuar…

—… Sé que la situación en si se presta para creer que…

—Te creo-ttebayo— le interrumpió—. Lamento haberme dejado llevar por el primer impulso…

—No te preocupes, solo…

—Déjame terminar de hablar, por favor —solicitó el de ojos azules sin apartar la vista—. Yo admito que cometí un error al haberte juzgado mal cuando fue Sakura la que inició todo eso… pero a raíz de eso descubrí que ese no fue mi primer error.

—No comprendo, dobe. Explícate —decía mientras deslizaba su pulgar en la mejilla del contrario con suma ternura.

Naruto se mordió el labio para agarrar valor, con mucha calma retiró la mano de Sasuke de su rostro y al fin apartó la mirada de él. De lo contrario se arrepentirá de lo que necesitaba soltarle.

—Mi primer error fue creer que lo nuestro podría funcionar, que podía terminar por corresponder tus sentimientos. Lo siento mucho Sasuke, pero creo que es mejor que busques a alguien más, yo no… —suspiró rodando los ojos para las lágrimas no le fueran a traicionar—. Yo no siento lo mismo por ti.

El azabache retrocedió unos pasos y comenzó a negar con incredulidad. Eso debía tratarse de una broma pesada por parte del menor y si tal vez quería desquitarse por lo ocurrido con Sakura lo estaba logrando, porque el sentía su corazón encogerse y su mirada nublarse. Pese a eso se mantuvo reacio a creer lo que la persona delante de él había dicho.

—¡No es cierto Naruto! Yo puedo entender que estas molesto pero no es necesario llegar a extremos, nosotros estábamos muy bien, todo se estaba dando de maravilla ¿Por qué me sales con esto ahora?

—Porque somos muy diferentes, tu no estas para perder el tiempo ni yo para desgastarme intentando adaptarme y lidiar con todo. Me cansé.

—¿Te cansaste? —preguntó cambiando por completo su semblante a uno más severo y dolido— ¡No me digas! —expresó sarcástico— ¡¿Te cansaste de qué? ¿de jugar conmigo? ¿de verme arrastrándome por ti todos estos días?!

—No digas eso Sasuke —agregó sin atreverse a mirarlo—. Quedamos en que lo intentaríamos, pero no funciona y no hay nada que yo pueda hacer —caminó hasta llegar a la puerta y la abrió—. Ya te escuché, ya hablamos y ahora que todo está dicho, te agradecería que me dejaras solo.

—¡Hicimos el amor, Naruto! ¡Eso no puedes negarlo! —increpó.

—¿Amor? No sé de qué hablas, para mí fue solo sexo…

Fue la gota que derramó el vaso, Sasuke sintió el impulso de devolverle de una vez por todas aquel puñetazo, sin embargo solo apretó los puños hasta hacerse daño y avanzó para salir de ahí.

—Tal vez… algún día podamos volver a ser amigos-ttebayo

—No te engañes, tú y yo nunca fuimos solo amigos —concluyó el Uchiha antes de abandonar de forma definitiva aquel cuarto.

En la planta baja los adultos esperaban con esperanzas a que bajaran, tal vez tomados de la mano para informarles que todo estaba arreglado entre ellos y que la pesadilla había llegado a su fin.

Lo único que alcanzaron a ver fue la figura de Sasuke bajar a la velocidad de un rayo y salir de ahí sin decir nada más.

Sí, todo terminó.


Durante el trayecto de regreso, el menor no dijo palabra alguna, no era necesario. En su cara se podía ver a simple vista lo que le pasaba.

Con el orgullo herido le pidió a Itachi que le permitiera pasar esa noche en su cuarto para profesores y el no pudo negarse. Era demasiado duro ver el rostro de su hermanito tratando de reprimir las ganas de llorar incontrolablemente. Le abrió la puerta y salió con la excusa de notificarle a su tío.

Ni bien terminó de cerrar cuando escuchó a Sasuke comenzar a lloriquear como nunca antes, quiso entrar, incluso giró un poco la manija de la puerta pero se detuvo. Si se atrevía a hacerlo seguramente su hermano se sentiría avergonzado y en ese instante, lo único que le haría bien seria justamente eso.

Llorar hasta quedarse seco.

—¿Qué has hecho, Naruto? —preguntó Itachi al aire avanzando por el pasillo.


La puerta de aquella habitación volvió a quedar cerrada.

Ni siquiera tuvo oportunidad de hablar nuevamente con su nieto y tampoco lo intentaría. Simplemente admitió su fracaso y tomó el teléfono, en poco tiempo tecleó el numero que ya sabía de memoria y solo tuvo que esperar un instante.

—¿Hijo?

—¿Cuál hijo? Soy yo, Kushina —«¡mierda!» pensó Jiraiya— ¡¿CUÁNDO DEMONIOS PENSABA DECIRNOS LO QUE ESTÁ PASANDO CON NARUTO?

—Veo que ya están enterados… —musitó apenado.

—No del todo, el nos acaba de llamar para decirnos que se quiere cambiar de colegio… ¡CAMBIARSE DE COLEGIO POR DIOS!

—En ese caso será mejor que vengan.

—¡Pero por supuesto que iremos-ttebane! Estaremos ahí en unos días y como que me llamo Kushina que Naruto no se cambia de colegio, ¡FALTABA MÁS!

Un par de pitidos le indicaron que la llamada terminó, dejó de nueva cuenta el teléfono en su lugar y se recostó en el sofá. Por mientras terminaría de ver esa bendita serie sin preocupaciones.

Tendría algunos días antes de que la Uzumaki llegue… y que dios los agarre confesados…