Disclaimer: Todo reconocible de Harry Potter es propiedad de J.K Rowling.
Por obligación, serán un dragón y una víbora
11. ¿Cuántas malas, por una buena?
Los Muggles dicen que solamente hay dos cosas mejores que el chocolate... Un Vera Wang para casarse y París. El lugar ideal para enamorarse locamente del amor. Porque no se tiene que amar a nadie en especial, no se tiene que poner un nombre o un rostro a esos sentimientos de plenitud y cálida euforia. Porque era cielo en la tierra, porque ni siquiera la magia podía llegar a opacar aquello. Y si a todo aquello se le añadía el hecho de que ella siempre había soñado con estar allí.
¿Qué más le podía pedir a la vida? Quizás le pudo pedir que la dejaran escoger a su marido libremente y que la dejaran estudiar en Beauxbatons, pero en esos momentos, aquello era irrelevante. Era algo que estaba de más, que no importaba. Lo único que realmente era importante para la chica, era recorrer cada milímetro de aquella tierra que siempre idolatro.
Sus padres no escatimaron en nada para hacerla feliz. Recorrió felizmente cada rincón de aquel lugar, a veces con su madre, a veces con invisibles elfos domésticos y otras sola. Ni siquiera cumplía los 12 ¿Pero que mal terrenal podía afectar a una bruja Greengrass? La chica estaba tan feliz y contenta que era imposible que algo la hiciera provocar un desastre, así que podía llevar su varita para protección y sin necesidad de usar la gargantilla de diamante, así que la guardo, de paso evitaba que sus padres la vieran. Prefería mantenerlo como un secreto entre ella y Narcisa por ahora.
Recorrió desde la bella avenida Sena, hasta perderse en "La Isla de la Cité". Sus ojos no daban abasto con tanta belleza. Nunca tuvo problemas, así que no fue necesario usar magia, lo que era lo mejor, considerando la tonta regla de "no magia fuera de la escuela" hasta los 17. Pero con ayuda de la varita de su madre se dio el privilegio de bailar los Campos Elíseos. Con eso podía morir en paz.
Mientras giraba y giraba vino a su mente el sonriente rostro de un castaño de ojos marrones, con esa sonrisa sincera y su nariz de botón. Amor de juventud, tan sincero, tan sin malicia... tan diferente a lo que representaba Draco.
—¡J'ai l'amour, il! —gritó sin pensar mientras daba vueltas sobre su punta, si, para el final del día tendría otro par de zapatillas arruinadas, pero valía la pena por primera vez.
—¿Tú qué Astoria? —preguntó su madre sonriendo. Había entendido solo algo que amaba, pero no le quedaba claro que.
—¡Rien, mère! —contestó ruborizada. Había perdido la noción del tiempo y todos sus pensamientos, solo se dedicaba a adorar aquella tierra de verdes paisajes, pero ahora que se acordaba de aquel Gryffindor, decidió que quería unas cuantas cosas para compartir con las personas que quería.
—Mère —se acercó a su madre y aclaró su garganta — ¿Vamos de compras?
—¿A esta hora? —cuestiono Lucina a su hija, sin embargo, los ojos verdes tan persuasivos de su niña la convencieron sin decir más.
O-O-O
—¡Je suis fatigué! —declaró con voz chillona y mimada la castaña con mechones platinados, que se dejaba caer en un amplio sofá de cuero negro adornos de plata, traía consigo un montón de bolsas llenas de cosas nuevas. Tenía 12 años y adoraba el arte y las buenas coas y tenía el dinero para darse esos lujos.
Una vez al año que despilfarrara su fortuna no le haría daño, además su madre se encargó de "administrar" sus compras, o en otras palabras se encargó de que no comprara cosas innecesarias como tres pianos de abeto, que tenían unas pinturas maravillosas sobre la tapa de la cola. Pero fuera de eso la había dejado adquirir de casi todo, ropa, joyas, libros, regalos para sus amigos... Está bien, eso último en realidad solo habían sido unas cosas para Iván, pero no quiso entrar en detalles con su madre.
—¿Y cómo les fue a mis hermosas flores? —preguntó el señor Greengrass viendo como llegaban madre e hija llenas de bolsas.
—¡Nous achetons tout! —gritó emocionada la pequeña que ya pronto cumpliría 12 años.
—Amor, ya habla en Ingles —le reprendió sonriente su madre que se quitaba las zapatillas a media sala.
Cuando uno se está divirtiendo tanto y parece no existir nada más ¿Qué importan los modales? Dejar las zapatillas por ahí y andar caminado descalza.
—Lo siento —sonrió sin perder la alegría — Decía que estamos cansadas y que compramos muchas cosas —se levantó, llevando una bolsa para dársela a su padre.
—¿Y esto, Tory? —pregunto mientras le daba su copa Anís Paloma a un elfo doméstico.
—Es un regalo para ir esta noche a cenar... a —Lucina no estaba segura de cómo decirlo. Habían aceptado pasear por París como "gente normal", quedarse en hoteles no mágicos y eso ya era mucho. Pero ahora Astoria insistía en que fueran a un restaurante francés que estaría lleno de Muggle.
—Le Pré Catelan —declaró alegremente la niña. Desde que habían llegado su padre no salía de piso de hotel que prácticamente tenía convertido en... em, digamos que esas cosas que flotaban por ahí... si algún Muggle entrara podría sufrir un ataque al corazón.
—¿A dónde? —insistió el señor sin entender.
—Un restaurante Muggle, cariño —dijo finalmente la mujer de ojos azules.
—Astoria, ya hablamos de esto antes —le contestó su padre con algo de seriedad. Había complacido a su hija en todo, porque desde lo que había pasado con lo de prohibirle ir a Beauxbatons, era la primera vez en mucho tiempo que veía a su niña actuar como antes, con alegría e ilusión.
—Pero papá... —le replicó haciendo una mueca lastimera.
—Astoria. Princesa, pídeme lo que sea, pero no que este en una misma habitación rodeado de Muggles —contestó con serenidad.
—Pero no será con Muggles —soltó de golpe y con una sonrisa y es que esa tarde mientras compraba unas botellas de Armagñac, se topó con unas estudiantes de Beauxbatons: Fleur Delacour y su hermana Gabrielle Delacour.
Se llevó muy bien con la pequeña que tenía un año menor que ella y este sería su primer año en la academia para señoritas. También congenió con Fleur que tenía 17, y las invitaron a comer a Le Pré Catelan donde se haría una celebración en honor a que habían sido escogidas para participar en el Torneo de los Tres Magos, que se llevaría a cabo ese año en Hogwarts. La pequeña no cabía de la felicidad, por eso después de aquello fueron directo al hotel para decirle a su padre. Más felicidad no podía tener.
—Astoria... no intentes... —empezó a hablar su padre, pero de la chimenea salió volando una lechuza que traía un vociferador que se abrió en el aire, demostrando la urgencia del asunto.
—"Señor y Señora Greengrass, se solicita su inmediata parecencia en el ministerio de magia. Pues ayer a las 22 horas en Inglaterra, durante La 422º edición de la Copa Mundial de Quidditch un grupo de Mortífagos irrumpieron en el campamento conjuraron la Marca Tenebrosa. Respondan a esto lo más pronto posible. Mis mejores deseos y disculpas por interrumpir sus vacaciones por segunda vez, Cornelius Fudge. Ministro de magia" —el aviso se incendió en el aire sin dejar evidencia.
—¿Qué? —gritó la niña, ignorando la gravedad del asunto y enfocando su atención a lo que aquello significaba para sus planes.
—Nos vamos ahora.
Así fue como terminaron sus vacaciones, y como regresó a casa para quedarse sola, bueno en compañía de los elfos, durante su doceavo cumpleaños. El tiempo pasó lentamente, sus padres le escribían a diario, pero no era igual. Y estando en la casa y sin nada que hacer, su mente no dejaba de trabajar, no dejaba de pensar en todo lo que había pasado el año anterior y en todo lo que le esperaba ese segundo año que estaba por venir.
Todos en su casa de Slytherin le odiaban, su propia hermana no le quería ver, tendría que seguir topándose con Malfoy, había dejado una mala impresión en Harry Potter cuando se lo había topado en el exprés. Lo único que sería bueno volver a ver, sería a Iván Osborne. ¿Por qué demonios no quedó en Gryffindor? Las serpientes de su casa se la iban a comer viva cuando regresara.
O-O-O
Los dos días pasaron tan lentamente que se le hicieron una eternidad. Esa tarde del 31 de agosto llegó Daphne.
—¡Mamá! ¡Papá! —gritó entrando a la mansión, dejando que sus elfos domésticos llevaran sus cosas sus aposentes.
—Están en el Ministerio —contestó Astoria, dudosa de si ir a abrazarla o quedarse ahí parada en el portal.
—Me lo suponía. Malfoy le habló a Pansy sobre eso que paso en el torneo...
La rubia no reparó en nada más y subió a su cuarto, sin siquiera prestarle atención a su hermana. Aquello fue doloroso para la menor de las Greengrass, pero podía o al menos intentaba entender el coraje de la rubia en su contra.
Se quedó la tarde cerca de la chimenea, observando cómo se quemaba la leña de pino y el sutil aroma que soltaba. El fuego era verde y se movía en graciosas figuras, claro que lo segundo era porque la niña jugaba inocentemente con su varita, no la iban a expulsar de la escuela por eso ¿O sí?
La noche calló y le tocó cenar sola, apenas terminó su plato decidió que hablara con Daphne, aunque ella no quisiera. Decidida y sin tener la más mínima idea de que es lo que iba a decir, se encaminó hacía la habitación de su hermana, pero reparo en que la puerta de su cuarto estaba ligeramente abierta. Además de que un sutil aroma a hiervas flotaba en el ambiente.
¡Oh por Merlín! ¿Aquello no era cierto o sí?
Apenas empujo la puerta de su propio cuarto encontró a su rubia hermana sentada en su cama y tomando Armagñac. ¿Por qué había comprado aquella bebida? Para su próximo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. No sabía quién sería, pero si suponía que un buen añejado de hiervas francesas le ayudaría cuando tuviera que dar escusas del porque no podría realizar maldiciones en la clase. Claro que eso ahora ya no importaba porque su hermana se estaba empinando las botellas.
La bebida no era dañina en sí, pero en exceso producía un efecto muy parecido al alcohol, el cuerpo se iba relajando gradualmente, hasta el grado en el que la persona sentía que estaba dentro de algún sueño y no en la realidad.
—¿Por qué ella es tan bonita? —cuestiono la rubia que arrastraba las vocales por su estado de inconsciente ebriedad, ignorando por completo la presencia de su hermana menor.
—¡Daphne! ¿Por qué haces esto? —le gritó la menor, quitándole la botella, lo cual no fue nada difícil.
—¿Esto es para tu mestizo? —preguntó burlonamente mientras sostenía unas camisas para niño, una muy ridícula según Daphne, con los tres colores de la bandera francesa y otra más discreta de botones que tenía en un lado el escudo francés.
—¡Cállate! ¡Dame eso! ¿Quién te crees que eres para tocar mis cosas? —le reprendió furiosa, mientras cerraba la maleta con los obsequios que había comprado.
—Entré a buscar… mi bufanda azul —contestó lo mejor que pudo.
—¿Y para que quieres esa bufanda? —a su hermana no le gustaba el azul, esa bufanda se las regalaron en navidad y habían decidido cambiarlas, así que la rubia se había quedado con la verde y ella con la azul.
—¡Por qué si! ¿Qué te importa? —la mayor se levantó tambaleante y fue al armario de Astoria para revolver todo.
—¿Qué crees que haces? —le gritó y fue tras ella, pero su hermana se volteó seriamente, sosteniendo un vestido rosa pastel con holanes exagerados. Se lo habían regalado hace años, pero nunca le gustó, era pomposo y ridículo—. ¿Qué con eso? ¿También lo quieres?
—Pansy tiene uno igual —contestó como si fuera lo más interesante del mundo. Con eso la menor comprobaba que aquella bebida debería estar bajo la advertencia de "alcohol alucinógeno, no dar a los menores de edad."
—¿Y a mí que más me da lo que tenga o no tenga esa arpía? —le respondió a su hermana de mala gana.
—No le digas así, ella no es arpía —contestó volviendo a arrastrar las vocales — Es muy linda, inteligente... astuta... una buena Slytherin... ella es... —la rubia puso una cara de tristeza extrema —La princesa de Slytherin.
—¡Arg! ¡Es una buscona, con aires de mujer adulta, cuando es una chiquilla!
—¡Respeta a tus mayores! —le gritó Daphne, al tiempo que lanzaba el vestido rosa al suelo.
—¡Es una arpía odiosa y tonta! ¿Por qué la defiendes? ¿Por qué la aguantas? —gritó desesperada la menor.
—¡Por Draco! —confesó, ya estaba fuera de sus casillas y de sus cinco sentidos, el Armagñac se le había subido y aunque lo que decía era cierto, no estaba muy consciente de lo que por su boca salía — ¡Me gusta Draco! ¡Y para si estar cerca de él tengo que aguantar a la cabeza hueca de Pansy, lo hare!
Astoria abrió los ojos y la boca a su máxima expresión. ¿De verdad acaba de escuchar aquello? ¿Por qué no mejor le caía un rayo encima? Ahora resultaba que su hermana estaba enamorada de Malfoy. ¿Podía haber algo peor?
—¿Qué le ven a ese estúpido rubio altanero? —gritó desesperada.
—¡No lo insultes! —la mayor se fue contra la menor, pero lo único que logró fue caer a la alfombra por lo mareada que estaba.
Astoria apenas y lo noto, pues se puso a meditar en su propia pregunta ¿Qué le veían a Draco? ¿Por qué lo llamaban el príncipe de Slytherin? No era muy inteligente que digamos, tampoco podía decir que tuviera mucho carácter... Era pedante y presumido, podía tener buenas razones para presumir, finalmente era descendiente de la familia Black y estaba forrado en dinero... pero llegaba a ser un poco patético. Está bien, llegaba a ser muy patético. Tan patético que no se lo imaginaba haciendo "esas cosas" con Pansy.
Admitía que era guapo... No era ciega, pero ¡Carajo! Eran niños y todas aquellas cosas sonaban ridículas. Draco tenía de príncipe lo que ella tenía de... ¿De qué? Está bien, lo dejaría así. Draco podía ser el príncipe de lo que se le antojara, siempre y cuando ella pudiera ser ella misma y mantenerlo lejos. ¡Por Merlín! Era demasiado joven para estar metida en esa telaraña de intrigas y amor.
Bien podría comprar aquello con esas cosas que veían los Muggles en unas cajas parlantes, esas donde había puro drama y cosas raras, donde todo estaba enredado... ¿Como se llamaban esas cosas? ¡Ah sí! Podía comparar su vida con una "Telenovela".
Su hermana aparentemente se había dormido en la alfombra, sobre una botella de Armagñac vacía. Se acercó y quitó la botella. El aroma era agradable, no imaginaba como había podido causarle aquello a Daphne, sin embargo, la dejó de lado y sacando su varita, utilizó un hechizo para llevar a su hermana a su cuarto y dejarla dormida en su cama.
Observó a la rubia que dormía plácidamente con las mejillas enrojecidas.
—Draco... —la escuchó murmurar antes de salir de la habitación.
Eso si la hacía sentir mal, romperle los sueños a Pansy podía llegar a ser divertido, pero ahora "esa verdad" también mataría las ilusiones de su hermana. ¿Por qué carajo le había tocado eso a ella? De tantas chicas de sangre pura... ¡Bien! No había muchas chicas de sangre pura, pero entre todas las que aún quedaban, ¿por qué le tuvo que tocar a ella ser la prometida de Malfoy?
O-O-O
Esa mañana fría y brillante del primero de septiembre, las Greengrass llegaron en un limusina a la estación del tren. Caminaron indiferente entre la gente, hasta llegar al andén entre las plataformas nueve y diez. Cruzaron prácticamente al mismo tiempo. Ambas traían su usual equipaje, una maleta, una bolsa de mano y sus mascotas. El reloj marcaba las 09:55 AM. Habían llegado demasiado temprano.
Las dos permanecieron en silencio esperando a que abrieran las puertas del tren para guardar el equipaje pesado y poder ir a escoger sus asientos.
El tiempo paso lentamente, hasta que la demás gente comenzó a llegar y el tren parecía comenzar a calentar motores. Sin embargo, las Greengrass seguían allí, sin moverse.
—¿Astoria? —le llamó la rubia, pero sin mirarle. Estaban una a un lado de la otra, hombro con hombro y mirando hacia el exprés.
—Dime, Daphne —contestó sin tampoco voltear a verla.
—Anoche... —comenzó a hablar.
—No le diré nada a nuestros padres —le cortó. No quería escuchar de nuevo cosas de Draco o nada que le recordara sobre esos asuntos.
—¿Sin resentimientos? —preguntó girándose para abrazarla — Perdóname pulguita.
—Sin resentimientos. Eres mi hermana y sabes que te quiero, aunque no te apoyo del todo —contestó abrazándola también. Eran hermanas al final de cuentas y la sangre era sangre al final de cuentas. Todo podía quedar en el pasado. Año nuevo, vida nueva. Tenía planes y en ninguno estaba incluido ningún Slytherin.
—Gracias, Tory. Pero no le digas de eso de… de él, a nadie.
—Vale, vale. Pero recuerda que estoy de tu lado y que tú eres mucho mejor que esa zorra.
—No la insultes, bien o mal aun es mi amiga.
—Lo siento, Daphne —hizo una pausa para procesar cierta información — ¿Y Zabini? —preguntó de golpe.
—Lo quiero, es lindo, me trata bien... es un príncipe de verdad... —tragó saliva y bajo la mirada para ver sus pies —... Y regrese con él.
—Oh... —no sabía que decir. ¿Por qué su hermana regresaba con Zabini si ya había admitido que le gustaba Draco? Aunque a lo mejor sería bueno que estuviera con Zabini y a lo mejor dejaba de pensar en el rubio ¿No? Aunque eso sería cruel para el moreno—. Estás loca —finalizó al no saber que más decir.
Las hermanas se sonrieron mutuamente y dejando el abrazó se subieron al tren para empezar el recorrido hacía Hogwarts. La rubia se fue al vagón que compartía con la "Realeza de Slytherin", mientras la castaña se sentó en un vagón solo y apartado, el mismo que había ocupado la última vez con Iván...
—¿Puedo sentarme, Mademoiselle? —hablando de las barbas de Merlín.
—Bien entendu —le contestó sonriendo. El chico tenía un buen francés, quizás le hacía falta practicar el acento, pero ya era mucho con que lo supiera hablar ¿No? Aquello le robó una sonrisa enorme.
—Jajaja. Gracias —el joven entró al compartimiento y acomodó su equipaje, para luego sentare a un lado de ella—. ¿Cómo te fue en tus vacaciones? —preguntó con una cálida sonrisa.
—Bien, muy bien —mintió — ¿Como supiste que fui a Francia? —preguntó extrañada y como respuesta el Gryffindor enarco las cejas.
—No sabía que habías ido Francia, pero como traías ese atuendo —rió débilmente — Te quería impresionar, aunque el impresionado fui yo con tu perfecto acento —confesó algo avergonzado.
—No hay problema, si me impresionaste —le aclaró sin dejar de sonreír.
Por alguna extraña casualidad del destino los dos se voltearon a ver y esos ojos morrones se conectaron con los ojos verdes de Greengrass, sin embargo, lo que pudo ser un tierno y primer beso... se convirtió en un golpe involuntario cuando los dos atolondrados se empinaron el uno contra el otro. Claro que la peor parte se la llevo Iván, que tuvo la dicha de sentir la frente de la joven sobre su nariz o en otras palabras, un cabezazo que lo noqueó con tal fuerza para desmayarlo y torcerle la nariz que comenzaba a sangrar.
—¡Ayuda! —salió a gritar Astoria apenas vio la sangre.
Aparentemente la felicidad nunca le duraría mucho tiempo ¿O si? Solo tenía que ver lo que le había pasado durante las vacaciones... París y Beauxbatons... hermosos hasta que llegaron... Los Mortifagos... y lo de su hermana... Y ahora Iván Osborne hasta que... ¡Oh Merlín, aunque sea déjalo vivo!
La niña de ahora doce años empezaba a pensar que estaba maldita o algo muy parecido. Solo esa explicación tenía para tanta desgracia junta.
