CAP 21. MIENTRAS TANTO...

POV ASTRID

Aunque una parte de mí estaba incomoda con la idea de volar a solas tanto tiempo con Axe después de los últimos días, la otra gran parte de mí en realidad lo disfrutaba, desde que comencé con mi campaña de tratar de evitarlo... lo he extrañado, más de lo que quisiera admitir.

-¿Todo bien?- me preguntó sacándome por completo de mis propios pensamientos

-Todo perfecto...- respondí con una sonrisa -aunque sería más divertido si hubiera traído a Tormenta- me quejé haciéndolo resoplar divertido

-No es conveniente que la gente sepa que hay más de un jinete- me recordó sin dar más conversación que esa... muy bien Astrid, otro tema

-y... ¿Algún día me hablaras de tu tatuaje?- perfecto Hofferson... que sepa que lo miraste ese día... personalmente creo que deberías saltar de Chimuelo ahora mismo y morir con algo de dignidad, pensaba para mí sintiendo mis mejillas enrojecer.

-Ah... bueno- me respondió algo abochornado –me lo hice algunos años en la aldea de un amigo, es bueno... Chimuelo-

-¿Enserio? jamás lo hubiera imaginado- respondí con un sabor a sarcasmo y burla

-¿Y cuando me hablara de los suyos señorita?- me preguntó mirándome sobre su hombro y sonriéndome

-Ah... ¿los notaste?- le pregunté esta vez yo tímida mordiendo mi labio inevitablemente, no sabía que me había puesto tanta atención –bien el de mi muñeca es la runa Othilla- le conté mostrándosela

-¿Separación?- me cuestionó... al parecer conoce su significado

-Si bueno... la runa se utiliza cuando te separan de alguien muy cercano... Gothi decía que al tatuármelo me ayudaría a recordar que en algún momento en el tiempo... me encontraría de nuevo con esa persona... quien me esperaría desde el Valhala- le conté suspirando, no es un tema del que me encante hablar, no a profundidad... – el que tengo detrás de mi oreja es el símbolo de la Doncella del Escudo, me lo tatuaron el día que en oficialmente fui nombrada como tal... y bueno el tercero...- le decía acercándome a su oído –solo lo conocemos quien me lo hizo y yo- murmuré a su oído para justo después separarme de él, pude sentir como se alteraba su respiración, es que no quiero... pero no puedo evitar disfrutar ponerlo nervioso.

-¿Enserio planeas dejarme con la duda?- me reclamó

-Sufre- respondí riéndome de él

-Jajaja...- fingió una risa ofendido, respiró profundo y volvió su mirada al frente -Astrid- me dijo ahora en un tono más serio –cuando estemos allá, por favor no te despegues de mí un solo segundo, aunque confió que será seguro, no quiero correr ni el más mínimo riesgo... ¿está bien?-

-Puedo cuidarme sola- le recordé con los ojos en blanco

-Lo sé... pero igual hazme ese favor-

-Bien- me resigné.

El resto del viaje nos la pasamos hablando de tonterías, yo le contaba historias de Berk, él de sus aventuras, que no han sido pocas.

Unas horas después aterrizamos en una zona un tanto solitaria, llena de árboles y maleza y ausente completamente de puestos o gente.

-Vaya los mercados del norte son menos concurridos de lo que pensé- me burlé

-No me gusta llegar aterrizando ahí, algunos aún no están muy de acuerdo con la idea de Chimuelo, él vigila desde aquí, si necesito algo puede llegar rápido- me explicó, momentos después se colocó el casco y me ofreció una máscara un poco menos llamativa pero que cubría a la perfección media parte de mi rostro.

-Creí que era seguro, ¿por qué tengo que esconderme?- pregunté mientras me acomodaba la máscara.

-La mayoría de los herrantes son vikingos, y al final de cuentas también son hombres que pueden llevar meses en el mar alejados de cualquier mujer... y tu Astrid eres una tentación muy grande para cualquiera- me contó haciéndome sonrojar, más de lo que puedo explicar -solo... no quiero que te falten al respeto o alguno intente algo- dijo acercándose y asegurándose de que la máscara estuviera bien puesta.

-Entonces, enmascarados... en un mar de gente, obviamente vamos a pasar desapercibidos-

-Te sorprenderás cuantos hay así... si el norte es famoso y receptivo, es porque aquí no juzgan tu origen o lo que hagas... si te pueden vender algo lo harán, así que normalmente fugitivos y personas que como nosotros no quieren responder preguntas solo usan una máscara... es como un código aquí- me explicaba mientras me ofrecía su brazo, admito que encantada lo acepté y comencé a caminar a su lado.

Los famosos mercados del norte, al fin los conozco, en todo mi tiempo en Berk, jamás puse pie aquí, es basto, más grande que los Centrales, decenas de puestos ofrecían su mercancía, "los mejores precios" que eran exactamente iguales a los de los otros puestos, y como Axe me dijo, nadie preguntó ni prestó atención a la máscara.

Durante un rato compramos todo, provisiones, algunas gallinas que nos ayudaran a crear un pequeño granero, medicinas, algo de ropa para todos, aunque a mí no me reconocían, él era al parecer conocido y querido por aquí, incluso la mayoría de los mercaderes, famosos por ser tacaños solían obsequiarle algún par de cosas extras, en retribución a simplemente ser él.

-Maestro Dragóoon- escuchamos la voz a lo lejos de una chica

-Dasha- saludó Axe mientras la chica se acercaba a nosotros.

La chica era bastante linda, ojos color avellana y cabello castaño, con completa confianza se acercó a él y lo abrazó, ni siquiera sé por qué en cuanto aquel abrazo terminó me aferré un poco más a su brazo...

-Hola- me saludó, muy efusiva para mi gusto

-Hola- respondí a su saludo

-¿Qué rumores hay de mí esta vez?- escuché a Axe preguntar mientras continuábamos nuestro camino

-Solo se habla de usted por estos rumbos últimamente, Maestro Dragón... los clanes no están contentos con usted-

-Nunca lo han estado- se burló él, por lo que veo la chica ni siquiera conoce el nombre de mi maestro dragón... jah

-Como sea, se dice en los mares que desde esa reunión los lazos de los clanes se han demeritado y comenzado a formar sus propias alianzas, comenzando por Berk y los Bersekers-

-Estoico, el jefe de Berk, no toleraba a Dagur líder de los Bersekers y viceversa, ¿ahora son amigos?- me involucré a la conversación

-No sé si amigos guapa, pero se dice que se están aliando para ir por el nido por su cuenta-

-Que tengan suerte- respondió Axe con una voz increíblemente fría –¿Olaf?-

-En el lugar de siempre- le respondió, el agradeció, yo me despedí con un gesto y sin soltar su brazo seguí a donde me guiaba.

Cuando llegamos a una vieja herrería por primera vez se quitó el casco dejando un rebelde peinado que enseguida solucionó pasando su mano por su cabello, Thor ¿Por qué me alteraba tanto ese movimiento?... bueno, solo fue peor cuando se acercó a mí y lentamente quitó mi máscara.

-Estas segura aquí- murmuró dejándola en la mesa de la entrada de aquel extraño lugar.

-¿Olaaf?- llamó caminando por los pasillos de la vieja casa

-Maestro Dragón por aquí- escuché a lo lejos a un anciano señor aparentemente apurado –gracias a Völundr está aquí... trozos de cristales medianos-

-Ah Olaf...-

-Pero que hermosa muchacha- dijo cuando al fin volteó a vernos –nunca he dudado de su buen gusto- los dos fingimos aclarar nuestra garganta

-Una amiga- respondió Axe –Olaf, detente y escúchame-

-No puedo detenerme, tengo 200 caleidoscopios que entregar a Johann antes de que zarpe- explicó el anciano –y voy 150-

-Quiere decir que zarpará pronto- afirmó Axe empezando a quebrar un poco de cristal amarillo

-Antes de caer el sol... asi que trozós medianos porfavor... iré a dejar la primera carga- nisiquiera le dio tiempo de refutar cuando tomó una caja y salió de ahí.

Yo me senté en la mesa de al lado y pude ver a Axe quebrar con un cuidado y delicadeza aquel material, como si la vida del archipiélago dependiera solo de que aquellos trozos fueran perfectos, era casi hipnotizante verlo trabajar.

-Es el viejo artesano de aquí- acabó con el silencio él –me solía dar refugio y buenos trabajos cuando era más joven-

-¿Provienes de aquí?- pude verlo sonreír de lado y negar

–Mi origen es igual de poco interesante que la mitad de mi vida- me dijo sin dejar de trabajar –pero aquí solía venir por muchos lapsos de tiempo, sobre todo a trabajar... As...- me llamó haciéndome mirarlo con más atención –discúlpame por no haberte presentado... no quiero dar explicaciones, algo tiene esta gente en común, y es que a pesar de su bondad y buenas intenciones no conocen el valor de un secreto-

-Está bien... no creo que tenga un trauma por eso- me burlé tranquila, él sonrió y asintió antes de volver a trabajar

-Dasha... creo que se llama, es una chica linda- admití jugando con mis manos

-Lo es ¿eh?...-

-Tú y ella...- ¿Por qué se ríe?

-Es una vieja amiga... esposa de Alik... hijo de Olaf- suspire aliviada... ¿pero por qué sentí alivio? –Tiene esa extraña habilidad de enterarse de todo lo que se dice por aquí, y tengo esa extraña manía de saber ahora de que tengo que cuidarme-

-¿Tener que cuidarte?-

-Bueno, con la fama de Maestro Dragón también llegan personas que amablemente me quieren matar para apoderarse de Chimuelo... parte del oficio- dejé escapar una sonrisa tímida

-En el centro, poco sabíamos de ti... en su mayoría solo eras un mito o parte de historias que los marineros se inventaban al navegar, no podíamos concebir que alguien domara a un dragón- le confesé

-Una costumbre vikinga muy normal, descartar categóricamente algo como real por el simple hecho de no verlo- yo asentí tomando un par de trozos y tratando de ayudarlo

-Te llaman Maestro Dragón... ni siquiera saben tu nombre-

-Te lo dije, en este lugar, no hacen preguntas que no te interese responder... Cuidado... está muy filoso- yo levanté la ceja y comencé a trozar cristal rojo con completa arrogancia, tomé el pedazo de cuero y acomodé el cristal para trozarlo...

-Mierda- me quejé, él negó divertido y se acercó a mí tomando mi dedo

-Te lo dije- se burló al ver la diminuta cortada que me había hecho en mi dedo índice derecho

-Sobreviviré- respondí con los ojos en blanco

-Oh, es un alivio saberlo- me respondió sarcástico

-Por supuesto, no podrías vivir sin mí, amigo mío- dije burlona

-No- murmuró él dejando la burla muy muy lejos –ya no podría- mi corazón se había acelerado de una manera inexplicable solo con esas palabras

Solté mi dedo de su agarré y lentamente lo llevé bajo su labio a una diminuta cicatriz, apenas ahora la noté, tiene aires tan familiares... ¿pero por qué?

-¿Con que te heriste?- le pregunté, el aclaró su garganta y se alejó de mí dejándome una completa sensación de abandono

-Como la mayoría de mis cicatrices... trabajo en la herrería- tenía sentido

-Bien Maestro, el cristal verde esta en la estantería- dijo Olaf entrando de repente

-Olaf... en realidad solo venía a verte, comprar un poco de álcali y avisarte que por ahora estoy fuera del negocio- lo interrumpió, Olaf lo miró curioso –mis prioridades cambiaron por ahora, ¿bien?-

El hombre asintió, claramente su mente estaba por completo en el entrenamiento, después de despedirnos y colocarnos nuestras mascaras continuamos con nuestras compras, ya casi finalizadas.

-Última parada M'Lady- me dijo caminando hacia el muelle cuando la tarde ya daba señales de caer.

De repente, un grupo de cansados vikingos bajó de una embarcación, por la insignia me di cuenta que eran marginados. Conforme iban pasando, uno que otro me miraba casi podría decir lascivamente, en verdad me sentí incomoda, por insistido me acerque mucho más a Axe, cuando él se dio cuenta, me paso del otro lado y entrelazo su mano a la mía, es extraño, pero no estaba ni un poco interesada en soltarla. Así llegamos a un enorme bote que yo conocía a la perfección.

-Maestro Dragón, pero que honor tenerlo de regreso- dijo Johann, lo conozco, ha sido el mercader de Berk desde hace años

-Johann- respondió él saludándole, sin soltar mi mano un segundo

-Y veo que viene bastante bien acompañado- resaltó al notarme dándome una reverencia en forma de saludo –señorita- yo solo asentí con la cabeza, sabía que si hablaba me reconocería

-¿Qué noticias me tienes?- preguntó Axe, mientras me permitía sentarme en unos bancos en la embarcación y él se sentaba a mi lado poniendo nuestras manos aún juntas sobre su rodilla. Admito que ese movimiento me quito por completo la respiración.

-Berk ha declarado que los chicos fueron comprados... pero nadie sabe por quién, así que aunque los vean, no podrán acercarse a ellos, seguro todos piensan que los compro alguno de los 10 clanes

-¿Qué hay con Astrid?- preguntó el Maestro Dragón

-La jovencita que tiene a su lado... esta por el momento segura- cuando dijo eso Johann solo abrí completamente los ojos y aparente con fuerza la mano de Axe –Hola señorita Astrid- me saludó de nuevo dirigiéndose a mi

-Lo siento Johann, necesitaba ocultarme- respondí sincera al sentirme descubierta

-Hizo bien- me contestó tranquilo –por el momento no se dice nada de ella. Pero... en los muelles del sur se murmura sobre que Estoico en realidad no está dispuesto a dejar las cosas así... por lo que dicen, quiere a la chica de regreso- sus palabras hicieron que mi cuerpo sintiera un golpe de terror

-¿Ha designado heredero?- le pregunté de la nada haciendo a Axe y Johann mirarme sorprendidos.

-Bueno según supe, tiene sus ojos puestos en un guerrero de la casa Odd- mi cuerpo se estremeció por completo

-Halvard- murmuré para mí.

Era el tipo más engreído, asqueroso, tramposo e idiota que había llegado a Berk, su familia era vieja en el pueblo, pero a él lo enviaron a que entrenara con los guerreros del Gran Clan del Oeste, cuando Hipo murió regreso exigiendo el trono, pero Estoico eligió a Patán

-¿Todo bien?- me preguntó Axe preocupado

-Todo perfecto- respondí con media sonrisa de lado

-Bien...- me dijo nada convencido –Johann, gracias por tus servicios- le agradeció dándole una bolsa de oro. Pospuesto, Johann jamás haría algo por buena voluntad, siempre un interés debía estar involucrado –y zarpa un par de horas más tarde... Olaf lo necesita-

-A sus órdenes Maestro- el asintió, es extraño pensar que incluso el mismo Johann está dispuesto a obedecer alguna orden de Axe, el respeto y devoción que le tienen en este lugar, es impresionante.

Poco nos tomó llegar al otro lado del bosque en donde Chimuelo nos estaría esperando.

Cuando llegamos el Furia Nocturna dormía, era un increíble vigilante definitivamente. Lo despertamos, lo cargamos de nuestras compras y comenzamos el largo camino a casa.

-¿Por qué te altero tanto el asunto del heredero?- me preguntó Axe después de volar un rato.

-Solo creí que pondría a alguien mejor para cuidar de la gente de Berk- mentí, pero sé que él se compró esa mentira -Llegara un punto... en el que las decisiones de Estoico terminaran por destruir Berk-

-¿Extrañas Berk?- me preguntó

-El Berk que amaba... si... pero lo perdí hace mucho tiempo... este Berk... ni siquiera era mi hogar-

-Astrid... tu hogar es conmigo... nosotros, en la orilla del dragón... ¿lo sabes verdad?- me dijo mirándome sobre su hombro, me recargué sobre su espalda, apreté mi agarre y cerré los ojos.

-Lo sé-