Los personajes de este fic no me pertenecen (lamentablemente), y no escribo con fines lucrativos sólo es un hobbie.

Este fic es un AU y hay en él un personaje de mi creación…

Sin más que decir, los dejo con el fic.

I'll Take Care of You

Capítulo anterior:

Yukina volvió a hablar.

-Sé que Mio no quiere que le tengan lástima. Ella misma así lo expresó – hizo saber con tristeza - pero es lo único que siento en este momento por ella –

-Yo no sé qué sentir ni qué pensar – agregó el azabache. Se mordió el labio inferior y soltó un suspiro profundo y triste.

-¿Qué hacemos ahora? – Yusuke se dirigió a Hiei con la mirada afligida. Todos habían quedado algo traumados luego del episodio con la chica. Algunos más que otros.

Él volteó a ver al Mazoku. Pasó su mano izquierda por su rostro y contestó indeciso.

-No tengo idea, Yusuke – se sentó en el suelo, flexionó sus piernas y apoyó los antebrazos sobre sus rodillas erguidas – No tengo idea – repitió en un quedo susurro.

La reciente experiencia que había tenido con la onna le había afectado, lo confundió y se frustró por ello. No sabía qué hacer a partir de aquel punto. ¿Y qué si le había prometido a Mio que le ayudaría a superar sus demonios, pero no lograba cumplir con aquella promesa? Lo tenía muy difícil esta vez.

-Fumma le ha hecho mucho daño – dijo más para sí mismo que para el resto. Se puso de pie y sin mediar más palabra entró en el templo. No podía defraudar a la onna… y no lo haría.

Capítulo IX: Instinto de supervivencia

Los demás entraron en el living tras él. Fueron sentándose de a uno en los sillones de la sala de estar para mirarse unos a otros. Yusuke se frotó las manos y se dispuso a hablar.

-Bien, Hiei ¿cuál crees que es su diagnóstico? ¿Crees poder ayudarla aún?

Él le miró inexpresivo.

- ¿Tienes idea de lo que significa odiarse a uno mismo con la intensidad con que ella lo hace?

El Mazoku sonrió amargamente, suspiró y negó con la cabeza.

-No, Hiei. No tengo idea, por eso te pregunto. ¿Crees que puedas ayudarla?

El medio koorime se recostó en el sillón.

-Sí, creo que puedo hacer algo por la onna.

-Perfecto, entonces. Dinos cómo podemos ayudar. Dame algo para hacer o me volveré loco – pronunció el Mazoku entusiasmado.

-Bien, yo iré a ver a Mukuro – volvió a sentarse – Creo que ella me puede ser útil en algunas cosas. Yukina, necesito que mientras no estoy aquí, tú y Genkai cuiden de ella. No quiero que salgan del templo y esta vez haz lo que te digo – ella asintió sin vacilar – Quiero que tú más que nada estés todo el tiempo con ella. Hagan cosas juntas, hazte su amiga. Genkai, – dijo a la anciana – mantenlas aquí y si surge algún improvisto avísanos a todos, aquel que esté más cerca y con mayores posibilidades de llegar cuanto antes, acudirá. Yusuke, ve a ver a Koenma para que nos provea más comunicadores espirituales. Todos y cada uno de nosotros debemos tener uno. Kurama, necesito que le hagas otra visita a Yomi – el pelirrojo lo miró incrédulo – Intenta coaccionarlo para que se sume a nosotros, si no lo hace patéale el trasero para que sepa que, está de nuestro lado o se mantiene al margen. Kuwabara – pero el peli naranja ni lo miró, se mantuvo con la vista fija en un punto de la sala, sin prestarle atención. A Hiei esto le sorprendió, pero continuó hablando – Como tú eres el más humano de todos, quiero que interactúes con ella, quiero que estudies sus reacciones y que seas lo más sentimental que puedas. Necesitamos información sobre su estado emocional y creo que solo tú puedes conseguirla, sé que se llevan bien. Por hoy permanece aquí en caso de que algo suceda. Todo el mundo en marcha – Yusuke, Kurama y Hiei se pusieron de pie dispuestos a cumplir con sus asignaciones, entonces Kuwabara habló.

-Yo no cuidaré de esa onna – Era la primera vez que él se refería a Mio utilizando ese término que sólo Hiei usaba de modo despectivo. Todos voltearon a ver a Kazuma, sorprendidos. ¿Qué había dicho?

- ¿Qué cosa, Kuwabara? – Quiso saber Yusuke dubitativo.

El peli naranja levantó la vista y lo miró fijamente sin una pizca de inseguridad o duda.

-Lo que oíste – reiteró – Esa mujer es sumamente peligrosa. Yo no voy a estar presente cuando vuelva a su estado de psicópata y eso no tiene que ver con cobardía ni nada semejante.

-Kazuma – dijo Yukina por lo bajo.

-No, Yukina, deberíamos dejarla y que se arregle sola. ¿Qué pasará si vuelve a su forma mística? ¿Alguien pensó en eso?

-Eso no sucederá otra vez, Kuwabara – contestó Hiei.

- ¿Y tú qué sabes? En este momento, su cordura y su estado emocional penden de un hilo. Hiei, no sabes qué sucederá la próxima vez que recuerde algo. Hoy nos hemos salvado por los pelos porque el destino ha sido muy considerado y aun así, tu hermana estuvo a punto de quedar permanentemente sin un brazo. ¿Realmente estás pensando en lo que haces? Lo más sensato es apartarnos de ella y es lo que yo haré y me llevaré a Yukina conmigo-

-En este momento está descansando y para cuando despierte ya estará tranquila y estabilizada-

-No, Hiei, no estoy hablando de ahora. Me refiero a ella a largo plazo. ¿Qué sucederá si en algún momento vuelve a perder el control? ¿Irás tú a detenerla? Piensa en lo que le hizo hoy a tu hermana ¡Estamos en desventaja!

El Jaganshi guardó silencio por un momento.

-Hoy me tomó con la guardia baja, pero era necesario, necesitábamos saber qué es, quién es y qué es capaz de hacer – le respondió tranquilo.

-Me estás pidiendo que proteja al monstruo que hizo daño a la mujer que amo. No haré eso, Hiei.

-Kuwabara – intervino Kurama – somos todos completamente conscientes de lo que Mio es capaz, pero estamos aquí justamente para evitar que lo de hoy vuelva a suceder. No podemos abandonarla ahora, principalmente porque fuimos testigos de lo que puede hacer. ¿Prefieres dejarla sola y que dentro de una semana o menos te veas inmerso en la destrucción del mundo? Si eso sucede, perderás a Yukina de todos modos y será en ese momento cuando comenzarás a arrepentirte por no haber intentado hacer algo cuando tuviste la oportunidad. Yo daré mi mejor esfuerzo para impedir eso.

-Yo no estoy insinuando que protejas a la chica, sólo dije que estuvieras con ella. Esta vez ninguno puede estar desprevenido. Quedarte cerca es sólo una precaución y para sacar provecho, si la onna siquiera esbozara un intento de volver a su forma mística, tomas a Yukina y Genkai y sales de aquí a toda velocidad. No, Kuwabara, después de lo que ha sucedido hoy hay que mantenerla vigilada. La única razón por la que protegeré a la onna es porque pienso igual que Kurama – aunque interiormente sabía que no era el único motivo – Yo haré todo lo que pueda, pero si vuelve a tocar a Yukina, será su fin – se sinceró Hiei – Al margen de que siento algo de compasión por ella y lo que le pasó. Honestamente, creo que hay que tener mucha fuerza de voluntad para hacer lo que ella hace. Creo que estoy dispuesto a soportar que me patee el trasero unas cuantas veces si con eso puedo evitar que vuelva a lastimar gente inocente en su forma mística – se dio media vuelta – Vamos – les dijo a sus compañeros.

-Hemos aceptado esta misión sin conocer a fondo la situación y ahora que la conocemos no podemos ni salirnos ni controlarla… Es una misión suicida por donde se la mire – declaró Kuwabara. Yusuke volteó.

-Kuwabara… es cierto que en su forma mística es mucho más poderosa que nosotros, aun así, ella intentó controlarse. Hace un momento podría habernos destruido sin inconvenientes, nos advirtió de esto muchas veces. Está intentándolo, está haciendo un esfuerzo inmenso. Nosotros la presionamos para seguir con esto, no lo olvides. Se negó cuántas veces a que nos involucrásemos. Ella sabía lo que era y siempre quiso protegernos de eso, pero nosotros insistimos. Mio no tiene la culpa de lo que sucedió hoy.

-Yusuke – interrumpió Yukina muy seria – vayan, ya no pierdan más tiempo.

El Mazoku volteó una vez más y salieron del templo. La koorime se dirigió a Kuwabara.

-Kazuma, no puedes odiarla por lo que pasó. No fue su culpa. Trata, por un momento, de ponerte en sus zapatos. Como dijo Yusuke, ella nos advirtió que era peligroso, que no sabíamos en qué nos metíamos y que no era seguro para nosotros ni para quienes nos rodean. Y a pesar del infortunio de hoy ella ha venido a mí y ha remendado todas mis heridas y las de mi hermano. Si hubiera lastimado a alguien más, también se habría hecho cargo de reparar el daño. Si hasta me ha pedido perdón.

-Me da igual lo que haya hecho después, Yukina – repuso él – lo menos que debería haber hecho es curar las heridas que ella misma causó y pedirte perdón.

Yukina se puso de pie para abrazarlo.

-Trata de entenderla. Su condición no es su culpa y lo que hace cuando pierde el control tampoco. No es ella misma y por eso no podemos adjudicarle la culpabilidad – susurró muy cerca de su oídio. Kazuma no dijo nada – Y ¿me ha parecido a mi o has dicho que soy la mujer que amas?

-Lo dije, Yukina – Kuwabara la miró a los ojos sin soltar el abrazo. Ella lo besó. Genkai se sintió fuera de lugar y se dispuso a salir de la habitación para no incordiar.

-No te vayas, Genkai – pidió la koorime interrumpiendo el beso.

-No quiero incomodar – dijo la anciana restándole importancia.

-No incomodas – agregó Kuwabara.

-Cierto, quédate. Yo iré a ver cómo está Mio – habló la koorime.

De pronto sintieron un poderoso youki provenir del cuarto de Mio. En ese momento la puerta de la habitación se abrió de un golpe. Los tres se giraron a ver qué pasaba.

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Mio estaba sentada en el borde de la cama. Había escuchado las conversaciones. Se sentía peor que nunca, Kuwabara lo había expresado bien, mejor que nadie… era un monstruo. Era el ser más peligroso que existía porque no podía controlarse, ya no quería seguir haciendo más daño a nadie.

Quizás si hablara con Koenma podría descubrir algún método para quitarle su horrorosa parte mística de forma segura y de ese modo darle la oportunidad de alejarse de toda esta situación para poder volver a su vida rutinaria, quizás volver a ver a sus padres y vivir tranquila y en paz el resto de sus días. Sonrió amargamente, sabía que aquello nunca sucedería. Aunque la idea la había animado, su semblante volvió a lucir resignado y sus ojos reflejaron la tristeza de su corazón.

Se levantó de la cama para salir del cuarto y prometer a Yukina, Kuwabara y Genkai que haría su mejor esfuerzo. Pero cuando estaba llegando a la puerta sintió una energía muy fuerte que se cernía a sus espaldas y en torno a toda la habitación. La reconoció al instante. Agradecía haberse acordado de tomar el comunicador espiritual antes de levantarse. Presionó todos los botones con premura y sin dudarlo al tiempo que se giraba sobre sus talones para ver cómo, en medio de la habitación, se abría un portal y una figura comenzaba a emerger de él. Se angustió apenas ver su rostro, dio media vuelta y corrió hacia la puerta y la abrió de un golpe.

Vio a Genkai cerca de la cocina, a Kuwabara sentado en un sillón y a Yukina delante de él. Todos habían girado sus rostros para verla. Pero Mio no llegó a cruzar el umbral ya que Yomi había corrido tras ella para alcanzarla, y lo hizo. Cerró el codo derecho alrededor de su garganta y Mio se detuvo en seco.

Kuwabara apartó a Yukina de un empujón y se puso de pie al tiempo que desenvainaba su espada espíritu y avanzaba rápidamente hacia el Hada.

-Buenas noches – les profirió el rey de Gándara con sarcasmo – vengo por la onna, permiso – corrió con Mio hacia el portal que comenzaba a cerrarse y sonrió sardónicamente a Kazuma.

Él no llegó al portal a tiempo, se había cerrado en sus narices. Volteó a ver a Yukina y a Genkai. Todo había sucedido tan rápido.

-Hiei va a matarme – dijo preocupado.

El templo quedó en completo silencio. Yusuke entró corriendo en la estancia y los vio a los tres en la habitación que ocupada Mio con la puerta abierta y en silencio. Se acercó despacio y cuando estuvo dentro del cuarto habló.

- ¿Qué pasó? – Kuwabara respiró profundo sabiendo que estaban en problemas.

-Yomi se ha llevado a Mio.

- ¡¿Qué?! ¡¿qué?! – profirió Kurama desde el living al que acababa de llegar. Yusuke abrió los ojos con preocupación.

Hiei apareció por la ventana mientras Kurama entraba por la puerta. El medio koorime era el único que aún no sabía qué había sucedido. Todos lo miraron a él. Kuwabara se dejó caer pesadamente sobre el colchón y se restregó el rostro con ambas manos, lo miró, pero no dijo nada.

- ¿Alguien va a decirme qué sucedió? – quiso saber el Jaganshi con el ceño fruncido.

-Estábamos los tres en el living – comenzó Kazuma – y de pronto sentimos una energía rara que apareció de la nada y provenía de esta habitación. La puerta se abrió de golpe y vimos a Mio intentando salir con cara de terror y a Yomi tras ella. Vine hacia aquí inmediatamente, pero él se la llevó por medio de un portal abierto directamente en el medio del cuarto – finalizó frustrado.

- ¿No pudiste llegar a tiempo o no quisiste hacerlo? – preguntó el koorime inexpresivo.

-No llegué – aseguró el peli naranja - ¿Cómo es que están todos ustedes aquí?

Yusuke extrajo el comunicador espiritual de su bolsillo.

-Me llamaron – dijo al ver la cara de confusión de su amigo.

-Pues, no fuimos nosotros – pronunció Genkai.

-Entonces debe haber sido Mio – contribuyó el youko.

- ¿Qué hacemos ahora, Yusuke? – continuó el zorro.

-Encontrarla… le pediremos ayuda a Koenma – contestó el Mazoku – Hay que encontrarla antes de que Yomi le haga daño, si no es que ya se lo hizo.

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Habían pasado ya dos semanas desde la desaparición de Mio y por mucho que se habían esforzado, no habían logrado encontrarla. Habían efectuado una exhaustiva búsqueda por casi todo el Makai y el Ninggenkai, y nada. Koenma había participado en la búsqueda y habían incluido a Mukuro también, quién aceptó inmediatamente y les proveyó centinelas de exploración y rastreo.

La conquistadora del Makai les había dicho una y otra vez que, si Yomi la había raptado, lo más probable fuera que Mio estuviese en los dominios del Youkai encerrada e imposibilitada. Pero Koenma había insistido, en todas las ocasiones, en seguir buscando en todo sitio. Mukuro estaba ahora en su propio despacho haciendo revisión de los informes de exploración. No importaba qué hicieran, no había rastros de la chica. Estaban buscando mal. Debía estar en los dominios de Yomi, lo sentía en lo más hondo de sus entrañas.

Abandonó su sillón y salió al aire libre. Fue directamente hacia la entrada de su ciudad para seguir buscando a aquella Hada desaparecida. Y en la misma entrada, a las afueras, se lo encontró a Yomi, que venía caminando hacia ella con una tranquilidad que la hizo enfurecer. Y parecía que arrastraba algo a su paso con una de sus manos…. Y supo qué era cuando lo tuvo más cerca. Él arrojó a la onna a los pies de Mukuro.

-Me tiene tanto terror que casi no se resistió a nada – le dijo dando media vuelta para retirarse.

Ella miró el cuerpo inerte de la chica y le clavó una mirada envenenada en la espalda.

-Yomi – el aludido se detuvo y giró sólo su rostro para que ella le viera por sobre el hombro – Sabes que te harán pagar por esto ¿cierto? – escupió resentida.

-Diles que los estaré esperando – siguió su camino como si no tuviera ninguna preocupación por lo que pudiera hacer Mukuro y desapareció de su vista.

Mukuro estudió a la chica arrojada en el frío suelo, tenía cortes y heridas por todo el cuerpo. Se notaba que la había lastimado varias veces en los mismos sitios. Algunas heridas empezando a cicatrizar y vueltas a abrir. ¿Durante cuánto tiempo la había torturado de ese modo? Nadie que ella hubiera conocido podía hacer en dos semanas lo que veía en la onna. Su rostro, con el que ella misma se había topado una vez, estaba completamente irreconocible, cubierto de cortes, golpes y magulladuras. Y la había arrojado al suelo como si de un saco de patatas se tratase. ¿La había arrastrado todo del camino desde Gándara? Era un maldito bestia. Tenía que hacer algo por ella, pensó en llevarla dentro e intentar comenzar a curar sus heridas, pero desistió. No, la llevaría al Ninggenkai para que los detectives vieran lo que Yomi había hecho. Eso sería el mejor incentivo para que desearan hacerlo pedazos.

La tomó en brazos y corrió hacia el primer portal, el que le quedaba más cerca. Llegó al mundo humano mucho más rápido que otras veces. Sin saber exactamente por qué, ella se sentía tan molesta y enojada como sabía que se sentirían los detectives cuando la vieran. Corría como impulsada por una fuerza que no entendía, quería llegar al templo rápido.

Hiei había dicho que estarían en el templo de Genkai preparando una estrategia para adentrarse en Gándara sin ser detectados para buscar a la chica e irse antes que Yomi siquiera lo notase. Se dirigió hacía allí a toda velocidad. Llegó a la base de las escaleras y las subió en unos cuantos saltos. Una vez frente a la entrada, apoyó un pie en la puerta y la corrió con fuerza.

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Alrededor de la mesa del living estaban los cuatro detectives, Yukina, Genkai, Botán, Keiko y Koenma.

Con un mapa de Gándara sobre la diminuta mesa, discutían una estrategia de espionaje y rescate.

-Quizás, debieran entrar por el ala norte. Probablemente Yomi esté esperando que vayan a buscar a Mio, pero lo sorprenderían entrando por allí. Deberían ser más cuidadosos de lo normal, pero estoy segura que no se lo espera – propuso Botán muy concentrada.

-Sí, creo que es la mejor opción – arguyó Yusuke - ¿Tú qué opinas, Kurama? Después de todo, eres el que mejor conoce Gándara de todos nosotros.

-Estoy de acuerdo con Botán, esa es nuestra única posibilidad teniendo en cuenta que tenemos que buscarla y mientras menos tarden en detectarnos, mejor y más fácil la encontraremos – sentenció el youko.

Hiei se enderezó y giró hacia la puerta. Había sentido a Mukuro y venía a toda velocidad. El resto lo imitó, ya todos la habían sentido. La puerta se abrió con un golpe fuerte y vieron a la conquistadora en el umbral con alguien en brazos. Botán ahogó un grito de horror al dirigir su mirada a la mujer que estaba en brazos de Mukuro. Todos reconocieron a Mio a pesar de su estado deplorable y por unos eternos segundos reinó el silencio. Hiei se movió atropelladamente hacia la conquistadora.

- ¡Kurama! – llamó tomando a Mio en brazos. Se tomó un momento para estudiarla, analizar sus heridas. El Youko reaccionó al oír su nombre y se acercó a su amigo para evaluar el estado del Hada.

El Jaganshi la llevó hasta uno de los sillones y la recostó con suavidad para luego apartarse y dejar hacer al Youko. Yusuke se dirigió a Mukuro, que aún estaba de pie en el umbral.

-Por favor, siéntate – ella obedeció - ¿Dónde la encontraste?

La mirada de la mujer androide encontró la del Mazoku y Hiei pudo reconocer en ella irritación y, quizá en el fondo, también un poco de… ira. ¿Por qué? No era común que la conquistadora estuviese irascible.

-No la encontré – respondió ella con la voz helada – Yomi la trajo a mí.

- ¿Cómo es eso? – habló el medio koorime frunciendo en ceño con enfado. Mukuro se volvió hacia él.

-Estaba saliendo de mis dominios para hacer otra ronda de búsqueda cuando, en la entrada de la ciudad vislumbré a Yomi acercándose – comenzó ella – Cuál fue mi sorpresa al percatarme de que lo que llevaba a rastras era esta desvalida mujer. Y lo creas o no, Hiei, me afectó ver cómo la arrojaba a mis pies como si fuese un simple y ordinario saco de patatas – respiró con fuerza antes de seguir hablando – Pensé en patearle el trasero, pero consideré primero el estado de la chica – Kurama la interrumpió.

-Necesito ayuda. Tiene demasiadas heridas y no estoy pudiendo parar las hemorragias – todos voltearon hacia el youko. Koenma intervino inmediatamente.

-Yukina, ¿puedes hacer algo? Yo ayudaré también. Kuwabara, llévala al baño. Hay que limpiarla primero – siguiendo las órdenes de la deidad, Kazuma la tomó en brazos con mucho cuidado y la llevó al cuarto de baño. Kurama, Yukina y Koenma lo siguieron por detrás.

Hiei volvió su mirada a Mukuro una vez más.

-Ya se me han ocurrido al menos 50 formas muy dolorosas de asesinarlo.

- ¿Sólo 50? Yomi dijo que le tuvo tanto terror que casi no se resistió a nada de lo que le hizo, sea lo que fuere que eso signifique – miró a Yusuke – Le expresé que probablemente, ustedes le harían pagar por esto. Él respondió que los estará esperando. Ahora te pregunto ¿Qué piensas hacer?

El Mazoku se desplomó en el sillón y cerró los ojos, pensativo. Luego de un momento volvió a mirarla.

-En este momento tengo ganas de aniquilarlo, pero si permitimos que nuestras percepciones personales se interpongan en lo que realmente queremos lograr, no servirá de nada porque perderemos de vista el objetivo. Al margen de la base de la misión, tengo mis motivos personales para llevarla a cabo, pero meter en el medio esta clase de sentimientos, nos hará perder el norte. Cuando esto quede solucionado, seguramente le haré una visita a Yomi que no olvidará, pero por el momento no podemos dejarnos llevar por el malestar que esto nos está provocando. ¿Tú qué harías?

-No deberías preguntarme eso.

- ¿Por qué no?

-Porque yo tengo mis razones para patearle el trasero, lo que significa que yo se lo patearía.

- ¿Se puede saber el motivo?

-Bueno, aparte de que Yomi nunca me ha caído particularmente bien, porque es un maldito desgraciado y siempre quise encontrar una buena excusa para partirle la cara por ególatra, manipulador, enfermo y mala persona; y he de decirte que he encontrado esta situación muy oportuna porque lo que le sucede a esa muchacha nos compete a todos. Se ha aprovechado de que le tiene miedo sólo para torturarla. Ella no representa una amenaza para él, por lo que yo considero que lo que le hizo es innecesario y excesivo. Como dijo el bastardo, probablemente ella ni siquiera debe haber intentado pelear con él. Ahora yo digo, ¿no podría haberse contenido un poco? Maldita sea, no lo peleó. Lo que le hizo ha herido un poco mi propio orgullo de mujer. Eso no es algo que cualquiera pueda hacer y Hiei lo sabe de sobra. Por eso yo iría a Gándara y le daría una buena paliza – finalizó cabreada.

Hiei arqueó una ceja extrañado. ¿Tanto le había afectado lo que le hizo a la onna? Bueno, él no era quién para juzgarla, ahora mismo sentía una rabia prácticamente incontrolable por lo que ella acababa de contar. Quería despedazar al maldito.

Recordó el ahora irreconocible rostro de Mio y deseó patear algo. ¿Qué mierda le pasaba? ¿Por qué estaba tan afectado? No quería ni pensar en todas las atrocidades que le había hecho para dejarla en ese estado de total invalidad. De pronto una espeluznante idea cruzó por su mente y deseó arrancar de su cabeza. "¿Y si la…?".

-Yusuke – interrumpió Keiko.

Los tres se voltearon a verla. Con la conversación se habían olvidado de Keiko, Botán y Genkai aún estaban en el living. La mujer del Mazoku continuó hablando ahora que tenía la atención de todos.

- ¿Crees que además de lastimarla haya… tú sabes… abusado de ella… sexualmente? Ya todos nos dimos cuenta que el tipo es un animal y a estas alturas no me sorprendería que lo hubiera al menos intentado – Yusuke se quedó paralizado ante la interrogante de su esposa. No se había puesto a pensar en esa posibilidad. Sería todo mucho más complicado si la respuesta a esa pregunta llegase a ser afirmativa.

Hiei abrió grandes los ojos. ¡Dios! Keiko había expresado en palabras audibles aquella idea que recientemente había acribillado sus pensamientos. Esa idea tomó más fuerza en su mente ahora que había sido dicha, y deseó que Keiko se hubiese mordido la lengua antes de preguntar aquello tan abiertamente.

-No lo creo – respondió Mukuro ganándose miradas interrogantes al instante – La ropa de la chica estaba rasgada, rota, hecha girones… pero no noté indicios de que alguien hubiese removido su vestimenta. Y si lo hizo, más le vale a él que yo nunca me entere.

Luego de aquel último comentario el living quedó sumido en un profundo e incómodo silencio que ninguno de los presentes se atrevió a romper. Cada quién estaba sumido en sus propios pensamientos, evaluando posibilidades, midiendo resultados. Pero Hiei estaba cada vez más intranquilo. Había visto cómo la había dejado, pero si se había atrevido a tocarla de aquel modo aún más despreciable, le desgarraría la garganta con una hoja de lechuga y disfrutaría verlo desangrarse.

En ese momento comenzaron a aparecer por el pasillo todos los que habían atendido a la chica. Kurama los miró consternado.

-Logramos detener las hemorragias, Yukina y Koenma han hecho muchísimo y se han encargado de las heridas más graves. Hay algunas heridas que por mucho que hagamos, no se cierran, ni se ponen mejor, creo que con lo que hicimos es suficiente para asegurar su estabilidad. El problema es que Mio está muy grave aún, quizás tarde días o semanas en recuperar el conocimiento. Y… todavía no sabemos de qué modo la torturó, así que, no sé con qué faceta de ella nos encontraremos cuando por fin despierte – dijo para luego tomar asiento.

Kuwabara se adelantó un poco.

-Lo siento, Hiei – el Jaganshi le miró confundido al igual que el resto – Fue mi culpa. Te pido perdón porque tú fuiste el que más se preocupó por ella y el que más alterado, preocupado e irritado debe estar en este momento por todo este asunto. Y sé que eres tú el que más tiempo ha pasado con ella hasta ahora, probablemente te has encariñado más que el resto de nosotros también. Si tan solo hubiese estado más atento, entonces Yomi no… - el koorime lo cortó secamente.

-Déjalo, Kuwabara. Para empezar, no puedes volver el tiempo atrás disculpándote, es tarde para arrepentirse y en todo caso, no es a mí a quién deberías pedir disculpas – le dijo fríamente – No sé de dónde has sacado la sarta de estupideces que acabas de decir. No estoy encariñado, ni nada más que el resto con la onna, simplemente estoy molesto por tu incompetencia. Te había pedido sólo una cosa y ni eso fuiste capaz de cumplir. Lo hecho, hecho está. Esto nos retrasa en un montón de cosas y ahora hay que ver si la onna no se ha vuelto loca. Habría estado bueno que pensaras en las consecuencias antes – tomó aire con cansancio – Mira, en realidad, nadie está culpando a nadie. Y esta situación nos altera un poco a todos porque lo que hizo Yomi no era esperable y además la ha dejado en un estado lamentable, ni yo tengo la suficiente sangre fría para ignorar eso. Hay que enfocarnos en cuidar que algo como esto no vuelva a suceder. Como dijo Kurama, no sabemos cuándo va a despertar y hay que estar pendientes, sólo eso.

Sin poder evitarlo, Hiei le dedicó una mirada helada. Sí lo hacía responsable de lo que había sucedido, especialmente porque Kuwabara había dejado claro 2 semanas atrás que no pretendía ni cuidar ni vigilar a la onna. Internamente creía que el imbécil no había llegado a la chica antes que Yomi porque no se había esforzado para hacerlo. Y ese pensamiento le dio rabia también porque estaba dudando de su compañero sólo porque verla en aquel estado le había afectado más de lo que estaba dispuesto a reconocer para sí mismo. Necesitaba despejar su cabeza porque no podría pensar claramente si no lo hacía y la onna lo necesitaba ahora con una mente certera.

Yusuke se puso de pie y se acercó al oído de Kurama para formularle una pregunta que el koorime intuyó, sería la misma que había expresado Keiko pero que por pudor no se atrevió a volver a pronunciar en voz alta. El youko lo miró comprensivo.

-Aparentemente no, Yusuke – le contestó intentando alentarlo – pero hay que ver qué dice ella cuando despierte – el Mazoku asintió un poco más tranquilo y Hiei sintió deshacerse de un peso inmenso.

La impaciencia se hizo fuertemente presente en la habitación y aunque no podían hacer nada más que esperar cada uno por su parte sentía que perdían el tiempo. Hiei comenzó a pasearse de un lado a otro sumido en sus pensamientos. Eso sólo aumentó el nerviosismo de los demás.

-Creo que lo mejor es que me vaya ya. Kurama dijo, muy acertadamente, que es poco probable que la chica despierte hoy y yo tengo otras cosas de las que ocuparme. De todos modos, volveré en unos días para ver a la muchacha. Esperemos que despierte pronto – Mukuro se levantó de su asiento y se dispuso a salir del templo – Sólo un consejo, harían bien en ir todos a casa. Quedarse aquí maquinando y preocupándose no va a hacerle bien a nadie. Que quede uno o dos y vayan turnándose todos los días para poder descansar también. Tengo entendido que la chica es un tanque, es fuerte y con una voluntad férrea, se recuperará probablemente más pronto de lo que esperamos – lo último lo dijo mirando a Hiei. Lo conocía bien y se había percatado de cómo había hablado a Kuwabara y la mirada helada que le había dedicado.

Yusuke se puso de pie.

-Bueno, está claro que Genkai y Yukina tienen que quedarse aquí, ¿alguien más quiere quedarse? – señaló el Mazoku – Lo ideal es que no haya más de tres personas aquí para que podamos turnarnos porque Genkai y Yukina tampoco pueden estar al pendiente las veinticuatro horas del día. Si no hay ningún voluntario yo me quedaré hoy y ya veremos mañana – mencionó Yusuke mirando a Hiei en la última frase.

El koorime lo pensó un momento y negó con la cabeza. Acto seguido, se dispuso a salir del recinto. Kurama lo siguió rápidamente. Lo alcanzó al principio de las escaleras.

-Hiei.

Él se detuvo sin voltear.

-No lo hagas.

-No sabes qué es lo que voy a hacer así que, ¿por qué me detienes?

-Te conozco. No vayas por él ahora. Tenemos que enfriarnos. Salir a buscar pelea ahora solo nos acarreará un mal momento – se acercó a él – No entiendo cómo te sientes, pero lo puedo imaginar ¿sabes? Y no es fácil para ninguno. Sé que te da rabia igual que a mí, pero piensa en ella un momento. ¿Realmente la dejarás sola otra vez?

- ¿No has escuchado a Yusuke?

-Sí lo he escuchado, pero creo que te sentirías más tranquilo si te quedaras tú.

-No voy a quedarme porque estaría aquí sin hacer nada y eso me impacienta. Necesito hacer algo útil – se restregó el rostro con ambas manos.

-Estás preocupado, ¿cierto?

-Claro que lo estoy, igual que tú, igual que cualquiera de los demás.

-Ve a despejar tu cabeza, pero no te quedes lejos. Creo que, si despierta, verte a ti la tranquilizará más que ver a cualquiera de los demás.

Hiei asintió y volvió a dirigirse hacia las escaleras. Kurama lo vio desaparecer y se quedó preocupado. Miró hacia el cielo, era tarde, muy tarde. Lo mejor que podía hacer era buscar a su mujer y tratar de descansar.

Una hora después, ya todos se habían retirado, sólo quedaba Yusuke en el templo junto con las dos mujeres que custodiaban a la chica.

-Genkai, me quedaré en la habitación más cercana a ella y si no hay una contigua, dormiré en el piso justo aquí en la puerta. Quiero estar lo más cerca posible, pero no quiero invadirla. Tal vez pueda sentirme y eso puede alterarla, así que, sólo me quedaré cerca.

Como había pedido, tenía un futón en la entrada del cuarto de Mio, para estar lo más cerca posible y a pesar de ser tarde, se dio cuenta que no podía dormir. Mirando hacia la puerta de la habitación se perdió en sus pensamientos. Sabía que Yomi no se la había llevado para nada, tal vez sólo se la había llevado porque quería desestabilizarla porque, honestamente, si hubiera querido matarla y robarle los poderes, podría haberlo hecho sin devolverla. Frunció el ceño con asco, sí, Yomi le daba asco. ¿Por qué había decidido unirse a esos imbéciles? Sintió un mínimo movimiento fuera y en seguida se puso alerta, lo sintió desde la ventana dentro de la habitación. Corrió apenas la puerta corrediza sin hacer ruido y miró dentro preparado para atacar. Vio una sombra de pie en el umbral de la ventana y lo reconoció al instante.

La silueta obscura se deslizó hasta la cama donde reposaba Mio, se la quedó mirando. Estiró un brazo hacia ella y se detuvo a centímetros de su rostro, permaneció así por al menos dos o tres minutos para finalmente posar el dorso de sus dedos suavemente en la mejilla de la chica. Se acuclilló frente a ella sin separar su mano de su rostro y la miró, un largo rato. Apoyó la frente sobre el mullido colchón. Yusuke aprovechó la oportunidad para volver a cerrar la puerta y darle a su amigo algo de privacidad.

Con sus dedos acariciando el rostro de Mio sintió su corazón agitado. ¿Qué demonios le pasaba? ¿Qué había hecho que deseara verla abrir los ojos con tanta desesperación? ¿Por qué esta mujer y todo lo que tuviera que ver con ella lo alteraba tanto? ¿Por qué no podía deshacerse del sentimiento de posesión ni apartarse de ella por mucho rato? ¿Qué pasaba con su autocontrol, del que siempre hacía tanta gala?

Levantó el rostro para poder verla. La vio magullada, con moratones, partes de la cara inflamada. Iba a matarlo, lentamente, lo haría sufrir muchísimo por lo que le había hecho. Se sentó sobre la cama con la vista clavada en la ventana. No permitiría que volvieran a llevársela, ni que volvieran a hacerle daño, se volvería su escudo y su único lugar seguro. Giró el rostro para volver a mirarla. Sentía que necesitaba alejarse de ella o se perdería a sí mismo. Quería quedarse allí mismo hasta que la onna abriera los ojos, y a la vez, no soportaba el hecho de necesitarla tanto. Tal vez, lo mejor sería quedarse cerca del templo por si algo surgía, pero mantenerse alejado de ella para enfriar su alma. Se puso de pie y salió por la ventana igual de silencioso que como había llegado.

Yusuke lo sintió irse y la tristeza se apoderó de sus pensamientos, Kuwabara había tenido razón en lo que había dicho, Hiei estaba realmente afectado por todo esto y, haciendo memoria, recordó cómo había estado su amigo las últimas dos semanas, frenético totalmente. Y la peor parte era que no sabía qué hacer o qué decirle para que supiera que él estaba para lo que el koorime necesitara. El único que podría hablarle del tema sin problemas era Kurama y tal vez ni siquiera quería tocar el tema porque tampoco sabría cómo abordarlo.

Qué difícil era querer a alguien y no saber qué hacer con el sentimiento. Su amigo debía estar pasándolo realmente mal. Estuvo la mayor parte de la noche en vela, meditando, pensando, hasta que la noche por fin lo alcanzó y quedó profundamente dormido.

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Lo despertó Yukina con movimientos bruscos, no entendía mucho, pero se preparó para partirle la cara a quién fuera. Lo primero que vio fue el rostro preocupado de la dama de hielo y a su lado, Genkai volviendo a la habitación con una compresa de agua fría, la siguió con la mirada y vio a Mio semi convertida en hada, con una peligrosa aura rodeándola. Se levantó a trompicones y entró en el cuarto.

-Genkai, ¿qué sucede?

-Hemos venido a verla y así la hemos encontrado, la he tocado y hierve de fiebre, sus heridas se han abierto y no deja de sangrar, está casi convertida pero no despierta. Estamos tratando de ayudar, pero Yukina no ha podido parar ningún sangrado ni cerrar ninguna herida. No sabemos bien qué hacer.

El Mazoku se acercó y sostuvo su mano suavemente. Le habló despacio y pausado.

-Mio… si me escuchas, presta atención. Me recuerdas, ¿cierto? Soy Yusuke, y estás aquí a salvo en el templo de Genkai con Yukina también – miró de reojo a su maestra y ella negó efusivamente – Mio, tienes que calmarte – apoyó la otra mano sobre su frente. Genkai no había mentido, volaba de fiebre – Mio… tranquila, estás a salvo y ya nadie puede hacerte daño, preciosa. Cálmate, por favor.

No había forma, los grilletes se hicieron visibles y eso le preocupó. Si despertaba en ese momento, se convertiría en un caos.

-Yukina, Genkai, salgan de aquí… Ahora.

Ellas se miraron dubitativas.

-Yusuke, tengo que tratar de cerrar sus heridas o morirá desangrada – habló Yukina con la voz temblorosa.

-Si se despierta en este estado, es capaz de aniquilarnos a los tres – necesitaba pensar. Estaba un poco desesperado, necesitaban ayuda rápido – Llama a Hiei, ¿dónde está tu comunicador, Genkai?

La maestra salió pitando de la habitación en busca del aparato. ¿Por qué tenían que llamar al koorime?

-¡Hiei! – El Mazoku gritó el nombre de su amigo tres o cuatro veces hasta que lo vio en el umbral de la ventana – Ayuda – le dijo desesperado.

Hiei se acercó rápido y estudió un momento la situación para ver qué hacer. Destapó su Jagan, tocó la frente de Mio y se metió en su mente. La chica estaba reviviendo parte de los horrores que Yomi le había hecho experimentar. Lo vio deleitarse a la par que la electrocutaba con unas pinzas. Luego pantallazos de lo que ella recordaba. La vio dentro de un tanque de agua electrificada gritando de dolor, y Yomi pidiendo que la sacaran del agua porque no la quería muerta. El koorime salió inmediatamente de su mente. No quería ver. Se apartó de ella un momento.

- ¿Qué pasa, Hiei? – Quiso saber su amigo.

La cara del koorime se había desfigurado de rabia. No quería ver lo que le había hecho porque estaba seguro de que no lo soportaría, pero Mio estaba en problemas y tenía que ayudarla. Volvió a acercarse y tocó su frente, alejó de ella aquel espantoso recuerdo y trató de transmitirle algo de paz, la llevó a un sitio rodeado de luz y naturaleza y allí la dejó descansar.

Ella estaba más tranquila pero no había perdido del todo su forma mística, así que, Hiei se acercó a su oído para susurrar.

-Mio – y automáticamente, su cuerpo empezó a volver a la normalidad. Él se sorprendió. ¿Habría reconocido su voz? ¿Sabía que era él quién la había llamado? La vio volver a su forma original y se horrorizó al ver la cantidad de sangre que sus heridas habían expulsado. Su hermana se acercó corriendo a tratarla.

Yusuke suspiró con alivio y se apartó, quedando sentado en el suelo.

-Mierda, eso ha sido peligroso. Menos mal que siempre estás cerca – dijo soltando una sonrisa.

Hiei se apartó también y al soltarla, su cabello comenzó a rizarse otra vez.

-Hiei, Hiei, Hiei – dijo su hermana.

Él volteó a verla y la sostuvo desde la muñeca. La vio volver a la normalidad una vez más. Al parecer, ella sí sabía que era él. A Yukina se le aguaron los ojos mientras usaba sus habilidades.

-Sabe que eres tú – le susurró a su hermano con una débil sonrisa.

No sabía si sentirse aliviado o culpable.

-Vale, me quedaré aquí con ella. Yusuke, vete a casa.

- ¿Estás seguro? Entiendo que te reconoce, pero la idea era turnarnos para poder descansar.

- ¿Se ha calmado contigo? – Quiso saber Hiei. El Mazoku negó con la cabeza – Entonces yo me quedaré aquí. Ve.

Yusuke miró a Genkai que estaba en la puerta y ella asintió.

-Hiei, sabes que, si necesitas cualquier cosa, un solo llamado y estaré aquí más rápido que el viento.

-Hn – fue su única respuesta.

El Mazoku juntó sus cosas y salió del templo.

La anciana se acercó a la cama cuando Yukina terminó de hacer su trabajo con las heridas.

-Hazme un favor – le pidió a la muchacha – ayúdame a moverla más hacia el borde de la cama para dejar un espacio a Hiei.

Él la miró extrañado.

-No necesito un espacio, no dormiré aquí con ella.

- ¿Y qué harás? Al parecer, sólo se calma si eres tú quién está al lado. SI vuelve a desequilibrarse, estarás aquí para tranquilizarla. ¿Dormirás así? ¿Parado como gallina o sentado? – replicó ella con obviedad.

-Lleva algo de razón, Hiei – agregó su hermana – Si vas a quedarte en la habitación, también necesitas dormir lo más cómodo que se pueda.

Él las miró a las dos dubitativo. No se le había ocurrido dormir a su lado. De hecho, había pensado dormir sentado. Se sonrió mentalmente. Claro que tenía que dormir, no era una maldita esfinge.

-Vale, de todos modos, no creo dormir tanto, pero sí serviría algo más de comodidad.

-Creo que habrá que cambiar todo esto primero porque es un desastre – dijo Genkai – Hiei, sostenla en brazos un momento, haremos esto rápido.

Él la sostuvo con cuidado y ellas cambiaron el futón y la ropa de cama. La anciana le pidió que la llevase al baño para que pudieran lavarla y cambiarla y así lo hicieron. Volvieron a acomodarla en la cama ya limpia y lo dejaron sólo con Mio.

-Lamento no haber podido salvarte – le susurró dolido.

Pasaron tres días, él durmiendo a su lado, a veces sin necesidad de tocarla. Pareciera que sólo por el hecho de tenerlo al lado, ella estaba en calma. Eso era un alivio, pero él no podía dejar de estar preocupado, a veces despertaba en la noche y la tomaba de la muñeca en un acto reflejo. "Menos mal que te ibas a mantener alejado, inútil Himiko". Eran pensamientos que había tenido en más de una ocasión. Pero de algún modo estaba aliviado de que la chica estuviera estable, no había vuelto a sangrar ni a convertirse. Tal vez ya fuera tiempo de empezar a despegarse. Iba a aprovechar que sus compañeros vendrían hoy al templo para empezar a alejarse de Mio.

Se puso de pie y fue hasta la ventana, la abrió y recibió con placer la brisa fresca. Volteó a verla una vez más y salió de la habitación. Se encontró con Yukina y la anciana en la sala y un efusivo Mazoku que reía como si no tuviera preocupaciones. "Aprovechador" pensó viendo a su amigo coger fruta de una canasta como si fuera su propia casa, mientras se le escapaba una casi imperceptible sonrisa.

Yusuke lo vislumbró y se acercó contento para darle un abrazo, que Hiei recibió con mala cara.

-Alégrate un poco, ¿quieres? Hace un lindo día para que tengas esa cara de pocos amigos – espetó el alegre moreno.

- ¿Por qué estás tan contento? ¿De dónde ha salido tanta alegría?

-No lo sé. Hoy he despertado así – le devolvió riendo – Cuéntame – le pidió un poco más serio - ¿Cómo está Mio? ¿Mejor? ¿Ha despertado o dado algún indicio de querer hacerlo?

El koorime negó con la cabeza – Nada – fue lo único que le salió responder. No podía negar que estaba preocupado. En esos tres días que habían pasado no había dado ninguna señal de despertar siquiera un momento y eso no le gustaba. La chica podría estar en coma y esa realidad lo golpeó terriblemente fuerte. ¿Qué harían si nunca despertaba? Nunca, era un poco exagerado, pero él estaba harto de esperar. Quería que cuando menos abriera los ojos.

En ese momento, Kurama apareció por la puerta junto con Kuwabara. Se alegró de verlo, aunque no se le notara.

Estuvieron una hora entera hablando de cómo habían estado y qué habían hecho, hasta que le tocó el turno a Hiei luego de que Kuwabara preguntara. Él exhaló aire con pesadumbre y se llevó una mano a la base de la frente y la deslizó por su cabello hasta la nuca.

Yusuke, que había presenciado hace 3 días el episodio de transformación de Mio, entendió que no era fácil para su amigo expresar cualquier cosa referente a ella. Lo había visto acercarse sigilosamente y acariciarla preocupado y con cariño, aunque Hiei no supiera que lo había visto.

-Bueno, - comenzó el Mazoku – ya les había comentado en estos días acerca del episodio el primer día que yo me quedé. Y no ha despertado desde entonces, pero asumo que al menos está estable, ¿cierto? – anunció mirando el koorime.

Hiei agradeció mentalmente que el moreno hubiera intervenido porque él tenía demasiado pensamientos confusos para decir nada.

-Al menos sus heridas ya están mucho mejor, Yukina y Genkai han hecho un trabajo excepcional – agregó él. Pero no sabía qué más decir. Durante los últimos tres días había vivido al lado de la onna, sí se había levantado y había salido de la habitación varias veces, el encierro no era su fuerte, pero de todos modos había pasado los tres días a su lado y ya no sabía si estaba pensando con claridad. No quería decir nada raro ni que los demás se dieran cuenta de cuánto había cambiado él en ese corto tiempo. Dudó un momento, pero se animó a decir un poco más – Ha estado teniendo sueños, creo que son más como recuerdos. Ha estado reviviendo a Yomi y sus torturas todo el tiempo que lleva inconsciente – pronunció con la vista clavada en el suelo.

Nadie dijo nada, pero el Mazoku comprendió que eso fue lo que el koorime vio cuando intentó volverla a la normalidad, por eso se había alejado con esa rabia contenida. En ese entonces, su amigo no había dicho nada y ahora comprendía por qué. Una tortura interminable para la chica y unos días espantosos para él.

- ¿Se ha vuelto a convertir? – Quiso saber Kurama.

-Lo ha intentado – le respondió. Suspiró confundido – Necesito un breve descanso. He tenido que ver muchas veces lo que Yomi le ha hecho y mi mente necesita un momento de aire fresco. No parece que vaya a despertar pronto, pero no podemos detenernos porque ella no pueda moverse. Deberíamos ir a por Fumma, eso pienso.

-Yo he hecho una pequeña investigación – intervino el youko – Y creo que lo que he descubierto es crucial para entender algunas cosas – Kurama, desde donde estaba, podía ver la entrada al living desde donde se veía la puerta de la habitación de Mio. Se puso de pie rápidamente, lo que ocasionó que los demás se alteraran. Mantuvo su vista al frente sin decir nada durante unos segundos.

- ¿Shuichi? – interrogó Yukina. Pero él no se movió ni apartó su vista del frente. Los demás siguieron su mirada y se congelaron en sus sitios.

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Se despertó con un susto ahogado. Instintivamente buscó con su mano al lado de la cama. ¿Qué buscaba? ¿A quién buscaba? Su corazón estaba agitado, su respiración acelerada. ¿Dónde estaba? Estaba segura de que conocía la habitación, pero no sabía de dónde la conocía. A su mente vinieron unos pantallazos, los barrotes de una celda y la cara de Yomi. Se llevó las manos a la cara. Necesitaba calmarse. ¿Dónde demonios estaba? "Respira, respira, respira…". Miró a su alrededor, no estaba en una jaula. ¿Acaso Yomi la había cambiado de sitio para jugar con su mente? No, ya había estado allí antes… el día que Yomi se la llevó. ¿Estaba en el templo? Tal vez estaba soñando. Tenía la impresión de que no había estado despierta por mucho tiempo. Imágenes espantosas se agolpaban detrás de sus retinas, iba a volverse loca. "Cálmate, cálmate".

Intentó salir de la cama, sus piernas no respondían bien, pero al menos obedecían. Se levantó con dificultad y caminó hasta la puerta, se escuchaba un murmullo al otro lado. No sabía qué o quiénes estaban detrás de aquella puerta. Giró sobre sus talones y ojeó la habitación para buscar algo con qué defenderse, dado que no tenía la fuerza para disponer de sus habilidades, necesitaba un arma porque no sabía con qué se encontraría si trataba de escapar. Abrió los ojos como platos, al costado de la cama había una katana. ¿Era la katana de Hiei? ¿Qué clase de broma le estaba jugando su mente? Se agachó y enterró la cabeza entre sus piernas, estaba hiperventilando. Respiró fuerte varias veces hasta que su respiración se regularizó. No se animó a ir por la katana. ¿Estaría realmente en el templo? Eso parecía, pero no quería creérselo. Volvió a enfrentar la puerta, la deslizó con mucho cuidado y miró del otro lado. Personas, había personas. Reconoció el cabello rojo y brillante de Kurama. No era su imaginación, realmente estaba en el templo, sintió el impulso de correr hacía él, pero había quedado congelada en su sitio. Su estómago rugió. Qué hambre tenía.

Kurama levantó la mirada y la vio, se puso de pie al instante sin apartar la vista de ella. El resto se giró a verla también. Nadie se movió, nadie dijo nada. Ella sintió que su cabello flotaba en el aire y comenzaba a rizarse, instintivamente llevó sus manos a su cabeza para mantener el pelo en su lugar, estaba perdiendo el control. Retrocedió un paso y su espalda chocó con la puerta. Cerró los ojos con fuerza. "Ayuda… ¡Ayudaaaaaa!". No quería perder el control ahora, no entendía nada. Sintió una mano posarse suavemente sobre su cabeza. Levantó la mirada confundida.

Sus ojos rojos no perdían detalle de todos los cambios en la mujer. "Ayuda" la escuchó susurrar débilmente.

-Mio – le dijo despacio.

-Tengo hambre – fue su única respuesta. Aquella contestación lo tomó por sorpresa y su rostro lo expresó. Hambre… Estaba despierta, sus turbulentos ojos azules le declaraban que estaba viva y despierta, y tenía hambre. El corazón de Hiei dio un vuelco. Tenía hambre.

-Mi pelo… se riza – volvió a decir.

El koorime le sonrió amable – Tócame – le ordenó.

Ella se abrazó desesperada al cuerpo de Hiei. Estaba tibio y su olor inundó todos sus pensamientos. Él le rodeó los hombros con sus fuertes brazos. Vio cómo su cabello volvía a su estado natural y se alegró de que su presencia fuera tan positiva para ella. La sintió tomar aire y exhalar fuertemente, menos mal que ella se tranquilizaba con él cerca. Él permaneció quieto así, sin cortar el abrazo y sin moverse. Sabía que cuando ella estuviera lista, sola se movería. Pasaron algunos momentos, todos quietos y en silencio. Mio deshizo el abrazo despacio y repitió.

-Tengo… hambre.

Él la tomó de la muñeca y la guió despacio hacia donde estaban los demás, la hizo sentar en el sillón con cuidado y le preguntó.

- ¿Cómo te sientes?

-Hambre – se limitó a decir ella.

Yukina salió disparada hacia la cocina para preparar algo para que la chica comiera y para que nadie la viera llorar.

Hiei la veía sin perderse nada, ni sus expresiones ni el movimiento de su boca al hablar ni sus agitados ojos azules tratando de encontrar algo que la ayudara a calmarse por completo. Lo ojos de Hiei casi bailaban de alegría, aunque solo Kurama lo notó. Y se le escapó una pequeña sonrisa, ver a su amigo tan contento por contemplar a la chica despierta le causó algo de ternura.

-Te vi – expresó Mio mirando fijamente a Hiei. Él le devolvió una mirada de confusión. Ella llevó su mano a su sien. – Aquí – le dijo.

- ¿Soñaste con Hiei? – Apuntó Kuwabara a modo de broma. Ella negó con la cabeza divertida.

-Te vi – repitió – En mi mente, me has salvado muchísimas veces – le hizo saber con lágrimas en sus ojos. Hiei supo a qué se refería, el recuerdo de la tortura en sueños, aunque él nunca creyó que ella tuviera ningún nivel de consciencia entonces como para recordarlo.

- ¿He sido de alguna ayuda? – le dijo él aguantándose las ganas de abrazarla.

Ella asintió con una sonrisa débil cuidando que sus lágrimas permanecieran dentro de sus ojos. Yusuke se abalanzó hacia ella para abrazarla muy muy fuerte. Mio se sobresaltó, pero se rió un poco por lo abrupto.

-Yo no voy a fingir nada – le dijo el Mazoku sin soltarla – me preocupé un montón y me alegro de que estés despierta y con hambre y te quiero mucho.

-Gracias – le devolvió ella abrazándolo a su vez.

Todos rieron ante el comentario tan sentimental y directo del detective.

Kurama se acercó a Hiei y lo instó a sentarse al lado de la chica y lo hizo tomarla por la muñeca. Ambos lo miraron confundidos.

-Créanme, es para asegurarme de que estés tranquila porque lo que va a pasar ahora podría alterarte – les hizo saber el youko. Miró hacia la entrada del templo y habló fuerte – ya puedes pasar.

Vieron aparecer a Yomi en la puerta, había ocultado su youki todo ese tiempo, puesto que había venido con Kurama y Kuwabara, pero el youko le había dicho que esperase quieto y oculto hasta que él se lo indicara y así lo hizo.

Nadie entendió por qué estaba allí. A Hiei se le transformó la cara ¿Qué demonios hacía ese inmundo allí? Atinó a ponerse de pie para partirle la cara a patadas, pero sintió la mano de Mio detenerlo en el acto, él volteó a verla y la percibió demasiado tranquila, la chica negó con la cabeza y tiró de su brazo para obligarlo a sentarse. Estaba espantosamente confundido y le cuestionó todo con la mirada. Ella le sonrió tranquila. Yusuke se puso de pie con el Reigun en su índice en la cara del demonio. Kurama se puso en medio.

-Yusuke, cálmate un momento, déjame explicar – pidió cubriendo por completo a su antiguo colega.

- ¡Qué demonios, Kurama! Voy a reventarlo en este instante. Apártate ya mismo – le ordenó.

-Yusuke – escuchó que lo llamaba el Hada. Él volteó a verla y la vio negar con la cabeza. ¡¿Qué coño pasaba?! Bajó su Reigun, pero se quedó donde estaba. El youko suspiró aliviado, eso había salido mucho mejor de lo que esperaba, pero eso sólo significaba que Mio sabía algo parecido a lo que lo había llevado a él a investigar.

-Explica – ordenó Yusuke completamente cabreado.

Yomi se adelantó.

-Creo que ella ya lo sabe, me alegro de que haya sido tan perspicaz a pesar de la situación en que se vio envuelta – Todos miraron a Mio esperando una explicación.

- ¿Hablas del hecho de que no has sido tú el que vino por mí hace semanas? – dijo ella sin mirarlo – Sí, sé que no fuiste tú. En un principio no ha sido tan obvio, la copia de tu youki era casi perfecta, pero yo me he dado cuenta al cabo de las primeras horas.

- ¿No fue Yomi? – preguntó Hiei atando cabos.

Yomi se acercó a la chica para tomarla de las manos, pero se vio interceptado cuando el koorime tomó su brazo antes de que lograra hacer contacto con su onna, y lo vio a Yusuke reaccionar a la misma velocidad. Tenía su brazo retenido por un furioso demonio de fuego que había comenzado a quemar el miembro que tenía sujeto y el Reigun del poderoso y poco vacilante Mazoku apuntando a su cabeza.

-No tienes permitido tocarla – ese susurro de Hiei era todavía más amenazante que el fuego que desprendía su mano sobre el brazo de Yomi. En ese momento, la habitación se vio sumida en un aire tan helado que en el rostro del demonio comenzó a sufrir pequeños cortes. Justo detrás del respaldo de Mio estaba la koorime con una expresión igual de helada que el ambiente.

- ¿No has oído a Hiei? – espetó la reina de hielo – No tienes permitido tocarla, apártate o lo haré yo por ti. El Youkai mostró las palmas de sus manos en signo de rendición.

-Vaya guardaespaldas te has buscado, niña – sonrió divertido.

-No son mis guardaespaldas, Yomi – tocó la túnica del medio koorime y tiró hacia abajo para que entendiera que tenía que soltarlo. Él lo hizo a regañadientes, pero no cambió su expresión ni su estado de alerta, y lo mismo hizo Yusuke.

- ¡Qué violentos nos hemos vuelto todos! – espetó Kuwabara dando unas palmaditas en el hombro de su mejor amigo para instarlo a sentarse. El moreno hizo caso a la tácita sugerencia y se sentó sin perder de vista al demonio.

-Siéntate, Yomi – indicó Mio. Él obedeció y aprovechó para hablar.

-Sé que todos ustedes me detestan, o al menos la mayoría de ustedes, pero jamás me rebajaría al nivel del humano ese que anda dando vueltas por todos lados buscando aliados. No soy aliado de tu persecutor – le confesó al hada – Aquella vez que fui a verte necesitaba comprobar qué tan fuerte y decidida eras para saber si arriesgarme con ustedes o intentarlo por mi cuenta. Resulta que este humano tonto ha conseguido de algún modo, hacerse con mi hijo y ha tratado de coaccionarme para que le haga trabajos sucios. Pero yo soy el rey de Gándara, a mi nadie me coacciona, he estado buscando el sitio donde tiene a Shura incauto y no ha logrado dar con él aún. Pensaba pedir ayuda a Kurama, pero él ha venido a mi primero. Hace menos de dos semanas, Fumma me ha interceptado y me ha dicho que yo te rapté y te torturé durante dos semanas, cosa que es imposible, dado que no tengo el interés ni el tiempo, ya que mi tiempo lo estoy utilizando en favor de mi hijo. Creí que iba a ser mucho más difícil venir a decirlo en persona, pero como he dicho antes, eres infinitamente más perspicaz de lo que te creía – suspiró vencido – Quiero recuperar a mi hijo y no te he hecho daño.

-Supongamos que Mio ha sentido que había algo distinto en el youki de quién se la había llevado, eso no es una garantía de que no has sido tú y desafortunadamente para ti, el único que confía tanto en ti es youko – alegó el Mazoku acusador.

-Joven Mazoku, piénsalo un momento. ¿En qué podría beneficiarme a mí hacerle daño a esta mujer? – cuestionó el rey de Gándara.

Mio alzó levemente la mano para indicar que tenía algo que decir.

-No se peleen, en este momento lo más importante para mí es que él no es mi agresor y yo necesito imperiosamente saber qué demonios está sucediendo – estaba cansada de las discusiones y de los enemigos, necesitaba tranquilidad por un momento – Yo estoy cien por ciento segura de que no ha sido Yomi y nadie puede hacerme cambiar de parecer. La última vez que me encontré con Yomi, aprendí mucho acerca de su persona y para mí es fácil identificar los distintos youki, inicialmente me costó un poco darme cuenta de la falsa identidad porque estaba aturdida y porque el tipo no me ha dado ni tiempo para pensarlo antes de empezar a lastimarme, pero yo me acomodo rápido a las situaciones y creo que él notó que yo sospechaba algo.

Mio se puedo de pie – creo que necesito algo de aire.

La mujer salió al jardín trasero y cuando notó la fresca brisa tocar su piel y mecer su cabello, sintió ganas de echarse a llorar. Casi no podía creer que estaba a salvo. Cerró los ojos y se dejó mecer por el viento. Había algo en toda esta situación que no la dejaba estar tranquila, había algo, no sabía exactamente qué, pero había algo que le hacía ruido. Necesitaba meditar, recordar, rememorar el encarcelamiento para darse cuenta qué era. Se sentó sobre el mullido césped y con la cara hacia el cielo comenzó a recordar. No le agradaba espacialmente tener que hacerlo, pero sentía que era necesario. Retrocedió hasta el día de su entrenamiento con Hiei, recordó las heridas sobre su piel, la aparición abrupta de su otro yo, el éxtasis de hacer daño, aunque ella jamás se había deleitado en darle una paliza a nadie. El leve abrazo de Hiei cuando se echó a llorar, las palabras de aliento, el olor del koorime y su elemental aroma a salvaje y limón. Aquel día, cuando recobró del todo su consciencia, sintió un vacío tan grande que todas esas emociones parecían no significar nada. No quería sentir lástima por ella misma, así que se sacudió el pensamiento y siguió adelante.

Adelantó la pequeña discusión que los detectives habían tenido en la sala y se concentró en lo que vino justo después. El agujero por el que había aparecido el falso Yomi, sabía que había visto esa habilidad antes, tal vez Fumma se la había robado a alguien, o siempre había sido suya… no, no estaba segura así que no podía maquinar con ello. Siguió más hacia delante, la aparición de Yomi por aquel portal. ¿Qué era lo que le molestaba tanto de aquella situación? ¿Qué había sentido que la había hecho dudar y la había puesto incómoda? Al principio no dudaba de que era Yomi, pero con el pasar de las horas pudo separar la copia del real, había algo raro en ese youki y aún más… Ese tipo la había tratado con familiaridad, no una familiaridad que usaría Fumma. Eso era lo que la tenía tan intranquila, porque no sabía quién era aquel hombre, y aun así sentía que lo conocía, pero ¿de dónde?

A su lado se sentó alguien y aunque ella no abrió los ojos, supo quién era. El perceptivo y suspicaz youko. Lo miró y él le sonrió. No estaba del todo segura de por qué estaba ahí pero entendía que tenía que ver con la sensación de estar pasando por alto ese algo importante que ella sentía en esos momentos.

-¿Qué te tiene tan preocupada?

-No estoy preocupada – le respondió con una débil sonrisa.

-Cierto, no estás preocupada estás entre confundida e incómoda – corrigió él. - ¿En qué has estado pensando?

-Tengo una maraña de recuerdos que se me mezclan con sensaciones que no puedo ordenar y no me gusta para nada esa sensación, ¿sabes? – meditó un momento lo que iba a preguntar a continuación - ¿Cómo lo supiste? Que no había sido él.

Kurama asintió comprensivo. Aunque muchos supieran que Yomi había sido su compañero antaño, no muchos comprendían la relación que realmente habían mantenido todos aquellos años.

-Lo conozco, Mio. Fue mi colega por mucho tiempo y aunque ha cambiado mucho, hay aspectos que son intrínsecos en él y esos no se cambian. Convertirse en uno de los reyes del Makai puede haberlo vuelto despiadado para algunas cosas, pero Yomi no es un mal tipo y me alegra saber que a pesar de la horrible experiencia que has vivido, hayas tenido la mente suficientemente enfocada para darte cuenta sola que no había sido él.

-He pensado un poco en el tiempo que me ha mantenido cautiva y creo que sé qué pretendía, aunque no entiendo del todo por qué intentarlo de ese modo.

-Di lo que piensas, todo lo que recuerdes o razones puede ser útil.

-Me ha parecido que estaba experimentando. Ha intentado obligarme a transformarme a base de dolor, pero yo no me transformo por dolor, lo hago sólo por enojo.

-Mmm… ahora que lo dices, creo que puedo tener una teoría acerca de eso – dijo pensativo – El hecho de que haya intentado forzar la transformación infligiendo dolor puede ser porque tal vez asumió que, al estar en medio del dolor, si te transformas no estarás en condiciones físicas ni anímicas para defenderte, aunque tengas el poder y la fuerza para ello, entonces puede intentar quitarte esa parte del poder sin mucho esfuerzo, – argumentó medio divagando – pero es sólo una teoría.

-Aunque sea una teoría, tiene lógica – dudó un momento antes de agregar – Tal vez haya otras cosas dándome vueltas en la cabeza, pero no quiero decir nada raro.

-Mio, cuando sea que estés lista, puedes hablar conmigo de lo que te preocupa o con Hiei inclusive.

-No lo creo – sonrió divertida – Hiei ya ha tenido suficiente de mí por un tiempo. Debe estar aburrido de todo lo que tenga que ver conmigo. No, creo que lo dejaré descansar de mí.

-No lo creas así, si de verdad Hiei estuviese tan aburrido, no se tomaría el tiempo ni las molestias para ayudarte.

-Gracias, ya veré qué hago.

-No te olvides de que todos nosotros estamos aquí para cuidarte y por la actitud de Yusuke, él ya te ha tomado mucho cariño y no es el único. Aprovecha eso – Se acomodó para darle un abrazo que la sorprendió – Todos te tenemos cariño, no lo dudes.

El youko se puso de pie y volvió al templo. Había algo más que Mio había notado, pero al parecer, aún no estaba segura de revelárselo. Tal vez a Yusuke, Hiei o Yukina se lo comentaría. Lo buscó al medio koorime con la mirada y le hizo señas. El aludido se acercó confundido y con alguna sospecha. Se lo llevó lejos del templo para que pudieran hablar con tranquilidad. Caminaron por los senderos del territorio del templo un rato hasta que Kurama por fin habló.

-Tenías razón en todo – soltó sin mirarlo – Mio me ha dicho que el tipo que se la llevó parecía querer obligar la transformación infligiendo dolor, pero no lo ha logrado. Ha dicho en el templo que quería saber qué demonios está sucediendo y ha estado meditando al respecto, retrocediendo en su memoria para atar cabos sueltos de la persona que se la llevó, creo que ha descubierto algo más pero no se ha animado a decírmelo, no sé si es falta de confianza hacia mí o si es que no está del todo segura de lo que ha descubierto. Hay que trabajarla para que diga lo que sabe. No creo que oculte información a propósito, pero si podemos sacarle siquiera algún indicio de alguna otra cosa que haya pasado durante esas dos semanas, sería de muchísima ayuda.

-No debe ser fácil para ella tampoco, hay que darle tiempo para que acomode sus pensamientos, ella misma lo ha dicho – agregó Hiei – al principio estaba aturdida y aunque ella crea que luego logró estabilizarse, créeme que no ha sido así. He visto mucho de lo que le han hecho, Kurama, sé que todavía pelea contra lo que le pasó, lo que sintió, el dolor, las ganas de abandonar todo y, por sobre todo, está tratando de despegar la parte emocional del episodio. Algo que le resultará en extremo difícil – buscó algún sitio donde sentarse, necesitaba quedarse quieto un momento para elaborar ideas – Con respecto a lo que hablamos cuando Mio aún estaba desaparecida, sigo pensando lo mismo, hay cosas inconclusas en su historia y honestamente, creo que vamos bien encaminados hacia donde estamos mirando. Sin embargo, una parte de mí no quiere terminar de descubrirlo porque entiendo lo que puede pasar.

-Eso es porque, muy a pesar de que quieras aceptarlo o no, le has cogido cariño y sabes que lo que sospechas le causará mucho daño, y te entiendo. La ha pasado suficientemente mal durante todo esto tiempo como para seguir sumándole cosas, pero ese pensamiento no puede nublar nuestra visión porque de hacerlo, la perjudicaremos aún más – apuntó el zorro.

-Ya hablaré con ella cuando vea que está mejor. No quiero apresurarla a que me diga nada porque no quiero advertirla en cuanto al asunto. No soy quién para decidirlo, pero creo que lo mejor es que nos ocupemos nosotros de este asunto y que ella se quede al margen, mientras menos sepa tanto mejor.

-Sería más rápido si pudiéramos contar con más cabezas y más manos, Hiei.

-No. No estoy a favor de ocultarle cosas al equipo peor filtrarlo podría traernos problemas. Yusuke mantendría el asunto puertas adentro, pero no estaría a favor de que no lo sepa todo el equipo. Y yo no confío en que Kuwabara pueda mantener la boca cerrada. Es útil al equipo, pero estoy pensando que tal vez se lo podría insinuar a Yukina y ella por compasión o empatía podría tratar de comunicárselo. Sé que siendo un asunto tan delicado confiar entre nosotros es lo más eficaz, pero no quiero correr riesgos y que se nos escape de las manos.

-Hiei, entiendo tu razonamiento, pero deberías confiar más en todos ellos. ¿Cuántos años hace que trabajamos juntos? – el youko quería convencerlo de que el hecho de que todos lo supieran les sería beneficioso – Si ellos entendieran a fondo la situación, estoy seguro de que guardarán silencio hasta que todo esto esté solucionado. No los hagamos a un lado, el secretismo es lo que provoca que los lazos y la confianza se rompan.

El koorime suspiró abatido entre la culpa y la duda. Vale, tal vez, su amigo tenía razón, pero sentía que estaba tan cerca de encontrar respuestas que no quería echarlo a perder por sentimentalismo hacia sus compañeros.

-Dame un día para pensarlo.

-No, Hiei. No estoy exigiendo nada – respondió Kurama – Estas sospechas siempre fueron tuyas y hemos llevado a cabo una pequeña investigación que está dando frutos. Esto fue por tu instinto, si crees que lo mejor es no decirlo, seguiremos con esa premisa. No te obligues a hacer ni decir nada que no te indique tu instinto. Yo apoyo tu decisión. Honestamente, yo lo haría de otra manera, pero yo no soy tú.

-Ya veremos. Por lo pronto, los reuniremos mañana en algún lugar y yo habré meditado qué hacer. Siempre has sido muy certero, kitsune. Tal vez sea una buena idea incluirlos, ya sabes…. Mi instinto siempre me ha dicho que tienes razón en casi todo. Esta no debería ser una excepción.

Volvieron al templo y se encontraron con que Yomi se había ido, pero había mantenido una charla con Yusuke y los demás y él había prometido ayudar con la onna si es que lo ayudaban a él a recuperar a su hijo. Mio había recordado a un Youkai que se parecía a la descripción que el rey de Gándara había dado y les dijo que estaba en el mismo sitio que había estado ella y lo había visto encadenado a una pared y que aparentemente, esos grilletes le drenaban el youki. El Youkai parecía estar inconsciente en cada ocasión que ella lo había visto.

Eso tal vez era útil, si encontraban el sitio era probable que también encontraran a Shura y al culpable y viceversa. A pesar de que Mio había aportado información y conversaba, estaba demasiado callada para ser ella misma y Hiei lo notó en seguida. Había algo que la incomodaba y la notaba enfadada por ello. Tal vez fuera buen momento para llevársela a algún sitio y sonsacarle algo de información extra. Kurama estaba en lo cierto, ella los miraba a todos como si no estuviera segura de en quién confiar porque ella desconfiaba de sí misma y de su estado anímico para pensar con claridad. Estaba atribulada, pero Hiei dudaba de que alguien más que él o el astuto zorro lo notara.

Afortunadamente, a las pocas horas, en el templo volvían a ser sólo cuatro personas. Habían acordado que se juntarían sólo los cuatro detectives al día siguiente en la casa de Kuwabara a discutir algún plan para recuperar al hijo de Yomi y Hiei tenía hasta entonces para decidir si les comunicaba a sus compañeros sus sospechas o no. Si iba a sonsacar a la onna tenía que ser cuanto antes. Se acercó a ella que escuchaba hablar a Yukina de cómo había conocido a Kazuma, carraspeó para hacerse notar. Ambas lo miraron y él se limitó a dirigirse al hada.

-Mio, ven conmigo un momento.

Ella alternó su mirada entre el demonio de fuego y su hermana y como esta se encogió de hombros, sólo se decidió a seguirlo fuera del templo. Estaba anocheciendo y hacía una tarde fresca, más de lo que se sentía dentro del templo. Yusuke había dejado instrucciones acerca de la seguridad del recinto, así que Genkai montaba guardia al otro lado del lugar. El koorime la llevó hasta la escalinata de la entrada, pero no bajaron la cuesta. Se sentó en el primer escalón y le dio unas palmaditas sobre el espacio a su lado para que Mio se sentara también, ella lo hizo dubitativa. Pero contrario a lo que ella esperaba, su acompañante se mantuvo en silencio y ella no estaba de humor para charlas, así que lo dejó estar.

Hiei, por su parte, sabía que no debía presionarla y el youko se lo había repetido más de una vez y aunque era tremendamente impaciente, debía esperar a por ella. Mirando hacia debajo de la escalera se limitó a saber lo básico.

-¿Cómo te sientes?

-Es una pregunta ambigua. ¿Física o anímicamente?

Él la inspeccionó por fin con una mirada amable, que era poco frecuente en el Youkai.

-Vale. Físicamente, estoy mucho mejor de lo que creí. Siento el cuerpo un poco pesado, pero asumo que es por no haberlo usado como siempre de forma constante y por el daño, está un poco entumecido, pero en términos generales estoy bien. Ya sabes, no me duele nada – él asintió sin decir nada – Anímicamente, es otra historia. No estoy preocupada por despertarme a mitad de la noche gritando y sufriendo, eso no sucederá, eso está completamente superado. Ustedes han sido muy buenos conmigo, amables, amorosos, comprensivos a pesar de todo. Lo único que temo es que sufran severas consecuencias por involucrarse en esto. Sé que es su misión y que les compete a todos, pero tengo el presentimiento de que esto no terminará bien y que enfrentarán un destino nefasto, lo siento desde lo más profundo de mis entrañas, y mis entrañas nunca se equivocan – rió sin humor – Si yo tuviera más claro todo este asunto, creo que sería de mucha ayuda, pero lo siento, soy una incompetente y aprovecho para pedir disculpas por adelantado para cuando enfrenten un obstáculo que los haga arrepentirse de estar en esta situación conmigo.

-Mio, entiendo que creas que estas cosas pasan por culpa tuya, pero no lo es. No es tu culpa haber nacido con el peso de tener que cargar con ese poder que te agobia tanto y lo creas o no, esa condición mística que posees te cazará por siempre, porque siempre aparece algún avaro que consigue información y descubre que quiere ese poder y eso… no es tu culpa. Así son las cosas y no puedes deshacerte de lo que eres, sin embargo, es tú responsabilidad cuidar de ese poder que has heredado y para ello tienes que ser fuerte aquí – le dijo posando la mano en el pecho de ella – y aquí – terminó tocando su sien. Y coordinar y combinar esas dos cosas nunca es fácil. Debes tener mucha determinación y un motivo claro. Eso es algo que te corresponde a ti definir y, honestamente, yo creo en ti, en tus capacidades, y en tu corazón, porque a diferencia de muchos, de primera mano ha visto lo buena que eres. Todos tenemos nuestras cosas, podemos considerarlas buenas o malas, pero sin importar si son positivas o negativas, de ambas se puede sacar provecho. Pensar en futuros nefastos no trae provecho a nadie y menos a ti. Enfoca toda esa energía en algo que te ayude a mejorar y no al contrario, nunca al contrario.

-Hablas como un viejo sabio – se rió divertida.

-Bueno, tengo 180 años.

Mio lo volteó a ver con clara sorpresa. Él imitó su risa, sabía que hablarle de su edad iba a provocar esa cara de astronauta. Todas sus reacciones eran un deleite a sus ojos. Ella lo codeó a modo de reproche y eso produjo que la risa se prolongara un poco más, hasta que la contagió y ella rió también.

- ¿Sabes qué creo, Hiei? – volvió su vista a las escaleras – Creo que estoy lista para continuar con mi entrenamiento, y no lo digo porque recién hayas insinuado que tengo que volverme fuerte, desde que desperté que he estado meditando en ello y hace rato quería decírtelo.

Al Youkai no le agradaba ni un poco la idea, aun así, comprendía por qué ella lo necesitaba, pero ella debía estar completamente segura o sería contraproducente.

- ¿Estás segura de que estás lista?

-No me preocupa sufrir un efecto secundario ni nada como eso.

-Pero algo te preocupa – aprovechó la oportunidad para ver si podía indagar – lo sé, te lo he visto en la cara desde que despertaste – ante la renuencia que vio en ella, agregó – No tiene que ser conmigo. No tienes que decírmelo a mí, si hay algo que te incomoda o te preocupa puedes buscar un cómplice en Yukina o en Genkai inclusive, esa anciana es mucho más sabia de lo que crees.

La chica suspiró audiblemente. Quería decirle todo lo que había descubierto, pero no sabía si era sensato hacerlo. Bueno, si no se lo podía decir a Hiei, en quien confiaba plenamente, no se lo podría decir a nadie y sentía que tenía que compartirlo.

-Lo que les contó Kuwabara del último día que me vieron… hay algo en ese evento que me inquieta – Esto era, esperaba no meter la pata con lo que iba a decir y necesitaba ser clara – Se abrió un portal en mi habitación – Hiei asintió – Hay pocas formas de trasladarse entre las dimensiones, no cualquiera puede hacerlo. Todos sabemos que hay portales naturales en zonas específicas que nos permiten viajar de un mundo a otro. Kuwabara posee una habilidad excepcional que le permite cortar las dimensiones y viajar a través de ellas. Hay otra forma, además de esas. Hay un clan que posee una línea de sangre hereditaria, no todas las personas de ese clan pueden heredar la habilidad de abrir portales, y que yo sepa, desde hace rato ese clan ya no tiene gente con la línea hereditaria directa. Había un chico de como diecisiete años que tenía la habilidad y su clan lo protegía a toda costa para no perder la línea sanguínea. Ese chico desapareció de un día para el otro hace como cinco años. Por ende, esa habilidad ya no la posee nadie, entonces, ¿cómo puede Fumma utilizarla?

- ¿Cómo sabes tanto del tema?

-Era el clan de Naoki.

Hiei aguzó la mirada.

-Buscaron al chico por todas partes, yo lo busqué también, tengo la capacidad de percibir todas las fuentes de energía de forma individual, los veo donde sea que estén. Este chico desapareció sin dejar rastro, dejé de sentirlo y jamás pude encontrarlo. En todo este tiempo que llevo de conocer a Fumma, jamás se lo había visto. De hecho, estoy segura de que él no posee la habilidad, para tenerla tiene que robarla matando al portador – Mio se tomó de la cabeza con ambas manos. ¿Estaba bien lo que había dicho? Se sentía confundida. Hiei puso una mano sobre su cabeza para tratar de calmarla.

-Eso que has dicho, vamos a investigarlo, ¿vale? Para que estés tranquila y de paso para ver si podemos arrojar algo de luz a todo este asunto. Tranquila, Mio – movió gentilmente las manos de la chica para obligarla a mirarlo – Quédate tranquila que veremos qué ha pasado. ¿Hay algo más que recuerdes o que hayas notado?

-El tipo que se hizo pasar por Yomi… - suspiró una vez más, pero esta vez para encontrar algo de calma – Noté rastros de un reiki que mi singularidad detecta como conocido. Pero no sé quién es. Durante el tiempo que estuve bajo su posesión hubo algo que me desconcertó. Este tipo me trataba, por momentos con familiaridad, no la misma familiaridad con que me trata Fumma. Con él hemos intercambiado espadas, batallas, cortas conversaciones y algunos insultos incluso, pero no fue esa clase de familiaridad. El trato de este tipo fue como más… - Hiei termino la frase por ella.

-Íntimo.

-Sí, íntimo. Me ha puesto los pelos de punta y yo no puedo ponerle cara. Estoy completamente frustrada y confundida.

Hiei giró todo su cuerpo en dirección a ella y la tomó del rostro con ambas manos para obligarla a mirarlo una vez más.

-Mio, quiero que prestes especial atención a esto. A partir de ahora, tus conversaciones con los demás deben ser superficiales, no hables de ti con nadie, no dejes que nadie te toque ni se acerque a ti lo suficiente como para hacerte daño. No confíes en nadie, nadie. Ni Yukina ni Genkai ni Yusuke, nadie. Actúa normal pero siempre alerta y desconfía de todos, en especial de mí. No sabemos si este tipo, además de las copias físicas y de youki, puede copiar habilidades. Yo puedo entrar en tu mente, Mio. Y este tipo podría tomar la forma de cualquiera de nosotros para hacerte daño, y si pudiera copiarme a mí junto con mis habilidades, podría meterse en tu mente para obligarte a que le des tu poder. No confíes en nadie. Trataré de acabar con el bastardo antes de que llegue a ti, pero tienes que ser precavida hasta que pueda lograrlo.

Eso significaba que no podría volver a estar con Hiei como estaba ahora, que él no volvería a tocarla y que ella no volvería a sentir su aroma porque debía mantenerse a distancia. ¿Qué demonios estaba pasando? Ella no había hecho nada malo para que su vida fuera tan nefasta. Sus ojos se empañaron.

-Vale. ¿Puedo pedir algo antes de dejar de confiar en ti?

-Pide.

- ¿Puedo abrazarte?

Hiei la acercó hacia su pecho y la abrazó con ganas, ella devolvió el abrazo como si se estuvieran despidiendo para siempre. Ahogó su llanto y aguantó las lágrimas. Sería más duro a partir de ahora. Estuvieron abrazados en silencio durante unos pocos minutos. Ella deshizo el abrazo de a poco, le sonrió y se puso de pie.

-Ha sido mucho por hoy. Iré a descansar. Gracias, Hiei… - sonrió triste – por todo.

Él sólo asintió y la siguió con la mirada hasta que la vio desaparecer tras la puerta. Volvió a mirar las escaleras y apoyó la cara en una de sus manos. Estaba completamente perdido. Ya sabía qué significaba el abrazo que él le había dado. Volvió a mirar las escaleras. Era la primera vez que quería tanto a una mujer y ya no sabía qué hacer con eso. Su corazón estaba agitado y sus mejillas ardían. Estaba en el punto de no retorno. Tendría que haberse alejado de ella cuando aún podía. Ahora ya de nada serviría, porque el sentimiento ya había florecido en su frío corazón que ahora experimentaba la calidez del querer recíproco. Se permitió un momento para sentirlo y recrearse en el sentimiento, en la sensación que embargaba todo su corazón y su mente también. ¿Sería esto lo que el youko sentía por Botan? Ambos tenían un modo distinto de querer y el concepto de Hiei no se acercaba al del zorro, pero sabía que, si su amigo lo viera ahora, reconocería el sentimiento.

Continuará…

Bueno… Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que actualicé y lamento haber demorado tanto. Lo bueno es que la cuarentena ayudó a que pueda seguir escribiendo. Voy a tratar de actualizar en las próximas semanas. No sé si todavía hay alguien que lee, pero si lo hay… Gracias por la constancia! :D