Código Galaxy
Capítulo 10
En cuanto llegaron Jeremy y los clones, colocaron las camas de tal forma que estaban en el centro del cuarto, dejaron la ropa en los armarios, y se dispusieron a ayudarles en el montaje de las literas en las que dormirían, así como en la acomodación en general de los 6 nuevos miembros del grupo, que parecían bastante emocionados con la idea. No tardaron demasiado en sacar todo lo necesario de sus sacos para tal tarea, que era la ropa de cama, y es que harían las literas en forma de hamacas de un lado a otro de la estancia. Al parecer tenían que poder improvisar en cualquier situación, teniendo que estar habituados a poder dormir y descansar sean cuales sean las condiciones climáticas, y eso implicaba momentos como ese, en el que no tenían ningún sitio en el que poder apoyar el cuerpo para dormir. A modo de enganche, Ventura usó una pieza de lo que suponían era metal y que sacaron de las ruedas de las camas de los muchachos, colocando unas cuantas a diversas alturas, un par por cada dos clones, que compartirían hamaca en parejas.
-¿No deberían hacer con nosotros algo así? No es que quiera, pero asumo que estaremos en el frente todos, o eso me han dado a entender- explicó Jeremy.
Fan asintió- Sí jefe, pero eso os lo harán más adelante, ahora sólo os formaran teóricamente. Ya luego os divertiréis pegando tiros, escalando piedras y esas cosas- lo dijo casi como si fuera un planazo de fin de semana.
Estaba haciendo los nudos de las sábanas con habilidad, como si lo llevara haciendo toda la vida. En puridad, probablemente así fuera.
-¿Y no te gustaría dormir en un sitio más… cómodo?- le preguntó Odd, sonriendo, y ella negó, inocentemente, colocando los agujeros hechos en los metales que servían de alcayatas.
-Hemos entrenado para poder estar en las situaciones más adversas, podríamos hasta dormir tumbados en unos pinchos- afirmaba Ventura, mientras se remangaba, dejando que Fan y Compás colocaran las telas.
Señaló entonces una pequeña cicatriz en su brazo izquierdo- ¡Esta me la hice luchando contra un robot de combate, y esta otra…!- se levantó entonces un poco el pantalón.
Dinamo rodó los ojos, y Muralla, que estaba a su lado, le dio un golpe en la nuca para que callara. Odd se rio con ganas, le recordaba a él, y los demás llegaron a esa misma conclusión.
-Disculpadle, es algo…- el hombre no supo muy bien qué decir.
-Es un fantasma, sí- comentó divertido Ulrich, y los clones le miraron con sorpresa.
-¿Qué es un fantasma?- preguntó Ritmo entonces. Justo en ese momento habían acabado de extender las hamacas y se disponía a probar una de ellas.
-Es… bueno, en este contexto, alguien muy…- pero el chico no se supo explicar muy bien.
-Es alguien que exagera mucho con algo que no fue para tanto- intervino Yumi, ayudando a Ritmo a bajar de la hamaca en la que se había recostado para comprobar su resistencia.
Los clones asintieron, con interés- Es una expresión muy típica en la Tierra, de donde venimos- añadió la chica.
Habiendo terminado con la preparación se pudieron sentar todos en un círculo para hablar mejor.
-¿Y cómo es?- preguntó interesada Compás. Sería Aelita la primera en responder.
-Es… precioso. Hay bosques, montañas, grandes mares y desiertos…- notaron un pequeño deje de tristeza en la voz de ella.
-Habla como si no pudiera volver, jefa- comentó Ventura, y los chicos de la Tierra asintieron.
-Es que no podemos, fue invadido hace poco, nosotros… somos los únicos que quedamos de toda una ciudad- por primera vez, Jeremy se veía capaz de hablar de aquella situación sin peligro a acabar llorando.
Ya habían soltado todas las lágrimas posibles, sólo quedaba aceptar la situación, y es lo que harían.
-Se podría decir que no nos queda nada, así que mucho sentido tampoco tiene que vayamos, al menos por ahora- añadió el rubio, tomando suavemente la mano de Aelita, que parecía algo triste aún.
-Bueno, nosotros no tenemos un mundo realmente. Hemos nacido en un laboratorio, lo más cercano sería eso para nosotros, pero hay algo que sí consideramos como nuestro hogar- Ritmo sonrió en ese momento.
Los demás clones, junto a ella, les mostraron la cara interna de sus brazos. En ellos vieron un pequeño tatuaje, consistente en lo que identificaron como un animal que les recordaba a un dragón. Tenía el cuerpo alargado y formando una S, con una cabeza ornamentada con plumas y dos grandes dientes, con grandes alas y garras, y que al parecer era símbolo de unidad y fraternidad. Estaba en posición rampante, y casi parecía moverse.
-Los clones formamos nuestra propia familia, nuestro mundo… No necesitamos un trozo de roca a años luz de distancia y que puede que nunca volvamos a ver en nuestras vidas, aunque eso no quita que el laboratorio que nos vio crecer no sea importante para nosotros- explicó Muralla.
-Es muy bonita, esa forma de pensar… a nosotros nos llegó a pasar algo parecido- explicó Yumi, tomando suavemente la mano de Aelita, que estaba a su lado.
-¿Sois hermanos también? No os parecéis demasiado- comentó Compás, y los chicos se rieron.
-No, no somos hermanos, no como lo sois vosotros, es… algo más relacionado con la amistad- les dijo Ulrich.
-Cuando te unes mucho a tus amigos, se convierten para ti en una segunda familia. Eso es lo que nos pasó a nosotros- añadió Odd.
-Para nosotros nuestros hermanos son los otros clones, pero estamos más unidos entre nosotros que con los demás- reflexionó Muralla.
-Lo sois, pero vuestra familia es este grupo que habéis formado, y bueno… al parecer, ahora nuestros dos grupos formarán una… familia más grande- Jeremy sonrió.
-Para nosotros será un honor, jefe- le dijo Fan, y se estiró un poco.
-¿Todos tenéis el mismo tatuaje? No se lo vi a Naipe- preguntó Ulrich, y Dinamo negó.
-Cada grupo tiene su propia marca, la nuestra es este lizardias, un animal que se consideraba sagrado antiguamente en Alfa Lionis 1(Asmara)- explicó.
Siguieron hablaron un largo rato más, comentando sobre gustos, aficiones… y los clones asistían a aquella clase particular sobre la cultura de la Tierra con interés, parándoles constantemente para preguntarles sobre todo aquello que les llamaba la atención, como era el fútbol, o el pop, o aquello que llamaron "juegos de ordenador". Les resultaba fascinante.
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Starlight recorría como un torbellino los pasillos de la nave principal del Imperio en el sistema Gamma Sagitari 12 – La Tierra – hecha una furia. Acababa de rescatar a una joven de los tumultos de la superficie, que eran poco menos que comparables a una gran guerra civil. No entendía por qué los soldados imperiales no intervenían, y la culpa de esa falta de acción venía directamente por orden de Zormu. Este seguramente estaría en su despacho, así que fue directa hacia allí, sin apenas detenerse en los controles internos, pues en cuanto los soldados a cargo de la seguridad la veían llegar simplemente abrían la puerta sin cuestionarle su presencia, por experiencia sabían que era mejor no decirle nada cuando estaba en esa estado. Simplemente la dejaban pasar y avisaban de su presencia a los altos mandos, para que estuvieran prevenidos.
Así, apenas tardó diez minutos en llegar a las puertas del despacho del político, que pateó y abrió de par en par, sin siquiera preocuparse porque estuviera reunido o simplemente tomando algo. Era grande, bien decorado con madera y oro, armarios llenos de la última moda, grandes alfombras bellamente ornamentadas con toda clase de símbolos y motivos de su mundo, cortinas de tela, y una gran mesa central con una pantalla infinita desde la que se podía trabajar perfectamente, usando una pequeña caja que servía como contenedor físico de un súper ordenador mucho mejor que el que, horas antes, había destruido en la fábrica abandonada.
-Señorita Starlight, le rogaría que cerrara la puerta tras pasar- comentó él, mientras se recostaba.
Hasta ese momento parecía estar trabajando, aunque eso no le impedía estar tomando un líquido desde una copa con algunos hielos. Debía ser uno de sus licores, le encantaba tomarse cerca de media botella cada vez que tenía la oportunidad.
-¡¿Se puede saber a qué juegas, Zromu?!- exclamó ella, yendo directa a la mesa.
El político no se inmutó por su vehemencia- ¡Ahí abajo es un desastre, y no veo a las tropas desplazarse a poner orden!-
-Verá, todas esas revueltas empezaron mientras usted estaba fuera, y antes de poder hacer nada, quería que volviera. Imagínese que bombardeamos toda la superficie mientras aún estaba allí, no me perdonaría matarla por accidente- explicó.
Pero a ella eso no le era suficiente- Estaba en una región muy concreta, y lo sabes. Pero ya da igual, pienso bajar a poner orden, con o sin tu permiso- él la miró directamente a los ojos.
-Le recuerdo, general, que ahora yo soy el que decide qué se hace en este sistema. Usted ya no está al mando- se levantó suavemente.
Físicamente no era nadie impresionante. De hecho ella podría matarle de muchas maneras ahí mismo. Pero su voz… era como el trueno que retumbaba en una gran tormenta. Y sus ojos, del color de la tierra mojada, demostraban una determinación peligrosa, ocultando perfectamente los pensamientos de su dueño. Era impresionante hasta para ella.
-He dado orden de esperar hasta que amanezca en la zona que hemos visitado hoy. A partir de ese momento, comenzarán purgas de la disidencia, y devolveremos los ánimos a su cauce. He pensado en acabar con las grandes capitales, ¿qué le parece, general? Nos han ahorrado meses de trabajo, hay que agradecérselo con… un poco de indulgencia- ella frunció el ceño.
No tenía problemas en acabar con poblaciones enteras, pero prefería hacerlo ella misma. Hacerlo con un botón, desde la seguridad de una nave… era de cobardes. La única excepción era para dar un aviso, o cuando no se podía hacer de otra forma.
-Como sabiamente ha dicho, ahora usted es el Gobierno del sistema. Puede hacer lo que le plazca, pero… yo esperaría un poco a realizar esa acción. No queremos acabar demasiado deprisa con un porcentaje tan alto de la población, perderíamos a una mano de obra demasiado valiosa- ella comenzó a andar despacio, ante la atenta mirada de su interlocutor.
-Ya hemos mandando al exilio esclavo a un tercio, yo… haría ejecuciones aleatorias en cada núcleo de población- Zormu la miró con interés, y le pidió que siguiera.
-Tomaría un grupo de soldados y, zona a zona, me llevaría a… puede que un cinco por ciento de sus habitantes de forma aleatoria, y los fusilaría-
-Es mucho más rápido mi método, ¿qué ganamos con el suyo?- le preguntó Zormu.
-Para demostrar poder, sus vidas nos pertenecen y deben obedecer. Si no ha sido suficiente con la destrucción inmediata de toda una ciudad y con detener una revolución a escala planetaria, tomaremos las medidas necesarias- el hombre asintió entonces.
-Daré la orden, me gusta su forma de pensar- extendió su mano entonces.
Ella la tomó, se acercaron, e hicieron que sus hombros chocaran un poco, así como sus cabezas, a modo de despedida.
-He oído que trajo a una humana a la nave, ¿es eso cierto?- le susurró al oído, y ella asintió.
-¿Algún problema, gobernador?- el aludido simplemente se separó y se recolocó la ropa.
-Me sorprende que una de las mujeres más poderosas del Imperio, y a la que le debemos en buena medida estar aquí, se apiade de una lugareña paleta- ella frunció algo el ceño, pero se contuvo.
-No tengo obligación de darle explicaciones de ningún tipo, como ya debería saber. Pero, si le complace… lo hice porque quise, y porque podía- dicho eso, se dio la vuelta, y sin más, abandonó la estancia.
Zormu, por su parte, se sentó nuevamente en su sitio pesadamente, pensando. Tenía que lograr controlarla, sin que ella lo supiera, para tenerla bajo control. Un individuo tan poderoso, ya no sólo por su condición de Xanium sino por su influencia en el ejército, debía tener algún tipo de dique de contención para evitar… problemas en el futuro.
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Por su parte, el grupo de Laura descansaba en su cuarto del centro de formación principal del Imperio, en Delta Pisci 4. No habían visto casi nada del exterior salvo por unas ventanas en el cuarto donde dormían y en el baño, por las que pudieron echar un corto vistazo durante la breve visita que les habían hecho a las instalaciones en las que vivirían. Pero lo que habían sido capaces de entrever les impresionó, pues estaban en lo más alto de un gran edificio que formaba parte de un enorme complejo de instalaciones a juzgar por lo que podían ver en los laterales, ya que había mínimo dos torres más del estilo en los que ellos estaban, pero algo más bajas.
Donde ellos vivirían, además de las literas, tenían un baño unisex en uno de los laterales – separado de la zona de descanso por una pared – y, ya en el pasillo, un gran gimnasio en el que podrían entrenar todo lo que necesitaran, tanto entrenamiento físico como con armas. Ya en días anteriores habían hecho pequeñas demostraciones para comprobar su nivel, pero ahora lo harían en condiciones, siguiendo el mismo plan de avance que Starlight y ella siguieron durante su formación. Haría de ellos los mejores soldados, para que así su maestra se sintiera orgullosa de su mejor aprendiz.
Dormían plácidamente hasta que la bocina, puntual y como cada mañana, comenzó a sonar a las 6 de la mañana, hora local del planeta. La estrella blanca que iluminaba el planeta, y que en apariencia era algo más grande que el Sol, ni siquiera había salido por el horizonte pero ellos ya tenían que estar en pie, y de mala gana, fueron saliendo de la cama todo el grupo.
-¡Con energía, hoy será un gran día!- Laura encendió las luces con su mando, que llevaba a modo de pulsera permanentemente.
-¡Señora, sí señora!- los clones respondieron de inmediato, haciendo las camas en las que habían descansado a toda prisa, y, según terminaban, se ponían a formar delante de las mismas.
William y Patrick, aún adormilados, les intentaron imitar como pudieron pero con torpeza. Jim, algo más acostumbrado, lo hizo más deprisa y les echó una mano, tras lo cual hizo lo propio con Hertz, que fue directa a formar ya que no era capaz de colocar las sábanas tan deprisa por apenas haber descansado. Entre eso y los nervios no lograba atinar y se estaba agobiando, sobre todo ante la perspectiva de un plausible castigo físico, entrando en una rueda de causa – efecto.
-Habéis tardado exactamente… siete minutos y medio en terminar y tenerlo todo listo para salir- suspiró, tras mirar el cronómetro de la pulsera, y encaró a Hertz.
-La próxima vez, vas a ser tú la que haga todas las camas. No te creas que no te he visto- se giró sobre sí misma, y siguió andando a lo largo de la línea.
La aludida bajó la cabeza, pero Jim, a su lado, le dio un suave pellizco en la tripa para que la alzara de nuevo, no debían tener comportamientos de ese estilo en presencia de un superior.
-Bien, hoy vamos a entrenar físicamente todos juntitos en carrera continua, y luego a vosotros, Dumbar y Belpois, os entrenaré en el uso de la energía. Los clones irán a prácticas de tiro junto a Albóndiga, y Suzanne irá a sus clases prácticas- suspiró entonces.
-A cambiarse. En cinco minutos os quiero en la puerta listos para salir a correr- salió de allí, dejándoles solos.
Los clones, sin más, comenzaron a quitarse el pijama, consistente en una camisa corta y unos pantalones que llegaban hasta medio muslo. Estos se sorprendieron de ver como sus compañeros se tapaban la cara, sin entender las razones.
-¿Os pasa algo?- preguntó Estrella, sin entender. Prácticamente había quedado en ropa interior, como sus compañeros.
-Bueno, eh… Es que…- Jin no sabía muy bien ni por dónde empezar, y Suzanne entonces agarró a la chica, así como a Floresta, Blancas y Negras, y se las llevó directas al cuarto de baño, y sólo salió para tomar la ropa que necesitarían.
-¡Eh! ¿A dónde van?- preguntó Vientos.
-Tío, ¿en serio? ¿No tenéis pudor?- le preguntó William.
-No le veo lo malo, a estar desnudo ante los demás- comentó Hielo, cruzándose de brazos.
-Puede que a vosotros os parezca bien, pero de dónde venimos, los chicos se cambian en un lado, y las chicas en el otro- comenzó Jim.
-Y aunque no estuvo mal ver así a Estrella, no es correcto ver a una chica que no conoces desnudarse, y menos así. Así que a partir de ahora, nosotros nos cambiamos aquí, y ellas en el baño- miró a Hielo directamente a los ojos.
-¿Entendido? Hay que ser correctos- su tono no admitía contestación. El clon sonrió de medio lado, y se cuadró ante el hombre.
-¡Entendido, señor! ¡Ya habéis oído, soldados, cada grupo por separado para cambiarse!- encaró a los demás, que asintieron, y sin más, siguieron cambiándose.
Una conversación similar pasaba entre las chicas, que le pidieron explicaciones a Suzanne.
-¿Es que no os han enseñado nada de biología?- les echó en cara la mayor, mientras las cuatro clones se miraban sin comprender.
-Claro. Pero no vamos a hacer nada con ellos, si se refiere a la reproducción sexual en animales con gametos masculinos y femeninos, señora- le dijo Floresta, guiñándole un ojo.
-Somos familia, señora. Somos hermanos, y dentro de poco seguramente también lo seamos con ustedes- Estrella sonrió entonces.
La mayor entonces simplemente les tendió la ropa para que se cambiaran, y ellas así hicieron rápidamente.
Dos minutos después salieron todos juntos hacia el pasillo, donde esperarían a su superiora. Todos tenían la misma ropa: camiseta de manga corta negra, con pantalón deportivo del mismo color, y con el símbolo del imperio estampado en el pecho. No tardó en aparecer por allí Laura, también preparada, y se les acercó.
-Muy bien, ¡al trote! ¡Seguidme!- comenzó entonces a moverse.
Fue directa hasta el final del pasillo, donde esperaba el ascensor. Les bajó en grupos de cuatro hasta el nivel del suelo, donde podrían correr al aire libre, bajando ella en el último turno junto a Suzanne, Hielo y Jim. Cuando estuvieron todos, ella comenzó a correr hasta unos campos, y extendió los brazos.
-¡Venga, a calentar todos!- comenzó a dar saltos, y todos la imitaron, y, tras un minuto así, empezó a estirar todos los músculos de su cuerpo, uno por uno, cosa que les tomó unos diez minutos.
Estaban rodeados por naves y edificios de un suave color marfil, con el suelo formado por grandes placas de cemento, estando la primera señal de naturaleza al frente de donde estaban. Tendrían que seguir unos caminos de tierra que llevaban a grandes prados, iluminados únicamente por un sistema de luces que hacían parecer que allí fuera de día, pues iluminaba de tal forma que permitía ver nítidamente en todas direcciones y en un área de varios cientos de metros. Laura encabezó la comitiva, dando grandes zancadas a través de los caminos, seguida por los clones y que formaban un grupo compacto; y detrás estaban los demás, que apenas podían seguir semejante ritmo de carrera. El viento y la aparente falta de aire tampoco ayudaba, pues les comenzó a faltar el aire tras apenas empezar, llegaban a marearse incluso.
-¡¿Pero… cómo… puede…?!- Patrick apenas podía formular la pregunta, pues comenzó a toser con fuerza.
Notaba el sabor de la sangre en la boca, y no era el único, pues los demás estaban en exactamente la misma situación, teniendo que sentarse para recuperar el aire. Apenas dos minutos después, y con la respiración aún desbocada, llegaron Laura y los clones. Esta parecía algo decepcionada, pero no comentó nada.
-¿Vais a poder seguir?- preguntó, simplemente. Estaba claro que una cosa era la teoría, y otra muy diferente la práctica.
Les ayudó a levantarse, e indicó a Jim que se colocara a su lado- Tú llevarás el ritmo, quiero ver cual podéis llevar- este asintió.
Ella en cierta medida no se lo esperaba. Al ver los resultados de las pruebas físicas de los miembros del grupo, creyó que sería buena idea ver cuanto podrían aguantar yendo a ese ritmo, pensando incluso que podrían llevarlo sin demasiados problemas. Claramente no era así, los resultados estaban a la vista, y cayó entonces que ellos no tenían aún acceso a la energía para poder potenciar y reforzar su resistencia, clave para poder moverse tan deprisa. Además, en aquel mundo la presión atmosférica era algo mayor que en el planeta de origen de aquella gente, y estaban a dos kilómetros de altura – aproximadamente – sobre el nivel más bajo de tierra firme. Eso llevaba a que cualquier ejercicio fuera bastante más duro, y aunque más o menos lo había tenido en cuenta, claramente aún tenía que aprender sobre aquello.
-Trote suave, a ver cómo lo llevan- ordenó la chica, y él así hizo.
Esta vez sí pudieron ir todos en formación más o menos estable, aunque a Suzanne se le hizo duro y acabó retrasándose unos cien metros, estando Patrick y William en el siguiente grupo, estando en cabeza doscientos metros adelante los clones, Laura y Jim. Todo aquello lo apuntaría ella en sus notas, y haría informes con la evolución de todos y cada uno de ellos con el nivel de inicio, el nivel esperado una vez terminado el entrenamiento, y el real. Tendría que realizar de nuevo tanto la planificación de los entrenamientos, así como las predicciones y estimaciones, pues claramente no iban a poder seguir el plan que ella tenía intención de hacer, que era excesivamente optimista.
En ello pensaba mientras seguían corriendo, podía oír de fondo las respiraciones aceleradas de todos, así como su trote y los cuchicheos que de vez en cuando tenían. Tuvo la tentación de hacerles callar, pero, ¿de qué serviría? Su maestra nunca les recriminaba a los clones con los que trabajaba nada de esos asuntos, es más, era de las más permisivas incluso estando ya en el Imperio. Alguna razón tendría para ello aunque no la supiera aún, se lo preguntaría en cuanto tuvieran la oportunidad.
-¡Atención, tropa!- a los pocos minutos ella gritó, y aceleró un poco para situarse a unos metros, donde se paró y se quedó corriendo en el sitio, tras lo cual se dio la vuelta.
Los clones y Jim hicieron lo mismo, y esperaron a que los otros tres llegaran, que fue a los cinco minutos. Estos sólo se quedaron quietos en el sitio, con la respiración entrecortada y costándoles mantenerse, cubiertos de sudor, con pinchazos en todo el cuerpo por el esfuerzo. Ella paró de correr, y se dirigió entonces al grupo, seria.
-Sé que no he sido la mejor líder estos días, pero pienso hacer de vosotros una tropa de élite, lo mejor de lo mejor- comenzó,
Cruzó las manos tras la espalda- Me gustaría… que si tenéis alguna queja, me la hagáis saber. No quiero que haya ningún problema entre mis filas- miró a Suzanne entonces, que estaba la última.
-A partir de mañana yo me encargaré personalmente de tu formación, Susy. ¿Entendido?- la aludida no supo muy bien qué decir.
-¿Sí o no?- le preguntó, y acabó asintiendo.
-Albóndiga, tú te vas a machacar en el gimnasio, con los clones- el aludido asintió, no mostró ningún tipo de molestia por el apodo.
Ella asintió satisfecha, y ordenó la rotura de filas, tras lo cual cada grupo se dirigió hacia lo que la teniente había indicado antes de salir. Indicó a William y Patrick que la acompañaran, y decidió buscar un área algo apartada, y tras andar unos cincuenta metros, Laura se colocó en la hierba dorada. Invitó a los otros dos a colocarse en frente, y pensó unos segundos antes de comenzar, acariciando el pasto con los dedos. No había flores, ni árboles, sólo césped y piedra.
-La energía es la fuerza de la vida, presente en todos los seres- comenzó.
-En términos técnicos supone la capacidad, gracias a la sinapsis neuronal. de poder alterar el campo cuántico que nos rodea, y que se manifiesta principalmente en movimiento- ellos la miraron sin entender nada.
Suponiéndolo, levantó la mano para indicar que callaran- De forma más simple, con ella podréis levantar y mover objetos animados e inanimados a través del movimiento de sus átomos, y, cuando tengáis un dominio superior, podréis hacer uso de los poderes especiales- ella tecleó en su pulsera.
Vieron ellos entonces varias imágenes holográficas, y que estaban en movimiento. Eran bastante evidentes lo que representaban, y ella lo confirmó.
-Se conocen hasta ahora siete tipos de habilidades: materialización, levitación, convicción, súper velocidad, transportación, creación de hojas cortantes con diversos materiales, y creación de protecciones de energía-
Uno a uno fue señalando cada uno de los hologramas que representaban esos poderes- En mi caso, mi capacidad especial es la creación de protecciones de energía, y es única para cada individuo. Ni siquiera mi maestra es capaz de usar más de uno, aunque el suyo sea el más poderoso-
Sonrió orgullosa- Su poder es la materialización, es capaz de crear, desde la nada, cosas usando los materiales de su entorno- ellos se miraron, debía ser espectacular.
-¿Y cómo se sabe el poder de cada uno? ¿O no hay forma de saberlo de primeras?- preguntó Patrick.
-Para eso usamos súper ordenadores cuánticos, que permiten saber cuál es el máximo que puede alcanzar un individuo en todos los sentidos, y eso incluye por supuesto esos poderes especiales. Ya he pedido cita para que podamos saber cuáles son los vuestros-
William entonces pareció muy sorprendido, quedándose algo blanco. Patrick lo notó, pero por cautela no dijo nada delante de la imperial, y que no parecía haberse dado cuenta de aquello, lo que agradeció.
-Pero aunque ya lo supierais de nada serviría, pues para poder usar esos poderes, como he dicho, tenéis que controlar los básicos. Hoy será la primera lección-
Les pidió que se colocaran en una posición cómoda, y con los ojos cerrados- Ahora, centraos. Sentid la materia a vuestro alrededor- ordenó, y ellos así hicieron.
-Notad como se mueve el aire, el agua, y las partículas de tierra, no os vayáis muy lejos, en nuestras cercanías- ellos comenzaron a notar un suave cosquilleo en las puntas de sus dedos.
-Id a lo más pequeño, y buscad el movimiento atómico. No os agobiéis si no podéis desde un principio, es normal- indicó.
Tal y como ella lo previó, no pudieron ir más allá. Laura le restó importancia, y entonces les hizo una pequeña demostración.
-Sois mayores, esto de pequeños os hubiera sido más fácil, pero es indiferente. En una semana deberíais poder hacer levantar una pequeña piedra, como esta- de donde estaban ellos dos, una pequeña roca, apenas más grande que una uña, se elevó en el aire.
Lentamente recorrió el aire y se colocó entre los dedos de ella, que la tomó suavemente- Con disciplina y mucho trabajo podréis hacer lo mismo con cosas cada vez más grandes y complejas, hasta lograr alcanzar ese poder especial que cada uno tiene-
Ellos asintieron, y la chica siguió explicando- En mi caso con las barreras de energía me puedo defender de casi cualquier cosa y utilizarlas para poder impulsarme y alcanzar posiciones elevadas, moverme por encima de los enemigos creando puentes improvisados… la cosa es usar ese poder especial con inteligencia- se levantó entonces.
Comenzaba a amanecer. El sol empezaba a salir entre los picos del fondo, que rodeaban la totalidad del complejo, ubicado en un valle en relación con los sistemas montañosos que los rodeaban. Los adolescentes se fijaron en que aquella estrella, además de ser más brillante de la que ellos conocían, eran también ligeramente más grande. Y a su lado, a unos cinco dedos de distancia, pudieron ver un par de lunas y que en relación al astro rey eran aproximadamente el doble de grandes que este.
-Habrá que volver al interior, a no ser que queráis acabar con una insolación- les dijo, y ellos la miraron.
-A partir del mediodía local hará demasiado calor para estar fuera, y eso será en unas cuatro horas. Si estuviéramos en uno de los valles del ecuador sería idílico, pero esta zona se puede defender mejor, no todo puede ser bueno-
Sin más, se dirigió hacia las instalaciones. Se dieron cuenta que llevaban cerca de dos horas y aún no habían desayunado, y sus estómagos rugieron con ganas por la falta de alimentos. Ella los escuchó, pero no comentó nada en un inicio.
-Id a la cantina y desayunad con los demás, seguiremos después de eso- indicó, y entonces guardó silencio, mientras les guiaba hacia el ascensor.
Ellos la miraron, desde atrás. No se atreverían a decirlo, pero era bastante guapa. Y daba miedo, bastante de hecho, les recordaba a una loba peligrosa que les devoraría si no cumplían con lo que ella mandaba. No habían vuelto a hablar con Jim desde la última vez que les había pedido que pasaran por el aro, al menos por ahora. No habían tenido tiempo, de todas formas, así que aunque hubieran querido, no hubieran podido. No tardaron demasiado en llegar a su destino, y la chica preparó su transporte, y les hizo el saludo militar para despedirse, acto que ellos imitaron. Al instante aparecieron en un pasillo, que, como todos, era blanco. Al final del mismo vieron una puerta de plasma, y tras la misma, se encontraba el comedor, donde ya estaban sus compañeros, así que se dirigieron hacia allí rápidamente.
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Una joven despertó en una cama bastante cómoda. Estaba cubierta por unas suaves sábanas, y seguía teniendo su ropa, consistente en pantalones negros con protecciones a lo largo de pantorrillas, rodillas y muslos. Contaba con una camisa de manga larga y encima protecciones que defendían su pecho, con hombreras y defensas en brazos y codos. Su pelo negro estaba recogido, y entonces se acordó de lo sucedido.
-Hijos de puta…- murmuró, casi acaba muerta en las revueltas. Pero algo había pasado, pues estaba en un sitio desconocido para ella.
Se retiró la ropa y se fue observando, suspiró aliviada al no notarse heridas. Revisó así mismo sus genitales, pues recordó que por poco no la forzaron, y comprobó que no había pasado a mayores la situación, lo que le permitió calmar su ritmo cardiaco. Pero volvió a acelerar al oír una voz, y se tapó el cuerpo a toda prisa
-Estas perfectamente, no te preocupes- oyó una voz, y ella se giró de pronto. Vio a una mujer unos años mayor que ella.
Debía tener unos 35 años, su pelo era rojo como el fuego y sus ojos eran de un poderoso color verde. La reconoció de inmediato, y gruñó.
-Te saqué de una buena mierda, espero que lo agradezcas- comentó la Imperial, y la aludida giró el rostro.
-¿Por qué? No tenías razón- le dijo, pero Asmae negó.
-Dime antes tu nombre. Tú sabes el mío, al menos el apellido, Starlight. Qué mínimo que sepa el tuyo-
-Magné. Beatrice Magné- se presentó, y la otra, despacio, se colocó a su lado.
-Encantada. Señorita Magné, me caíste bien. Te metiste tú sola en una base enemiga, y eso requiere valor. Sé ver a un buen soldado cuando lo veo- la aludida giró algo el rostro, nerviosa.
-Sólo hacía mi trabajo, defender a los civiles- se sentía incómoda con una mujer como aquella delante.
-Una cosa es el deber, y otra ir más allá. Tú fuiste esa vez más allá, luchando a solas y en clara inferioridad numérica contra un enemigo que te quiere claramente muerta- la otra escuchó como Starlight parecía hacer algo.
Cuando le devolvió la mirada, pudo ver como sostenía lo que parecía una tablet. Contaba también con una especie de mando de televisión, color negro y con unos lectores en el extremo superior. La mayor retiró entonces las sábanas con delicadeza, evitó que Beatrice se lo impidiera – pues no le importaba verla desnuda –, y pasó aquel objeto a lo largo de la pantorrilla de ella.
-Nos vamos a ver en más de una ocasión así como estás, mejor te vas acostumbrando- comentó, mientras comenzaba a teclear.
-¿Cómo?- ella no lo entendía.
-Te he rescatado para que seas mi sirvienta, eso será de forma oficial- la aludida no parecía nada contenta con aquello, pero la otra le pidió paciencia con un gesto.
-De forma oficial, no te necesitaría para eso. De hecho te quiero para otra cosa. Quiero que seas mis ojos y oídos allá donde yo te mande, que seas mi mercenaria, mi alter ego- Beatrice la miró con miedo.
-¿N-no habría alguien más capacitado?- le preguntó, pero la otra negó.
-Tú eres perfecta. No estás contaminada por la mierda republicana, ni eres una enajenada imperialista, tienes formación militar y un buen físico- la humana se sonrojó pero no comentó nada.
-Precisamente por eso, no confiarían en mí- le indicó, pero Starlight negó.
-Te enseñaré, serás la espía perfecta, y podrás colarte en cualquier lado, y no sólo eso- se colocó a su lado, y la miró con intensidad.
-Conmigo, jamás volverás a sentir miedo o dolor. Sé que verte derrotada por aquellos hijos de puta te jodió mucho, así que te volveré invencible- al ver que había bajado el rostro, se lo alzó delicadamente.
-Me estás prometiendo algo muy difícil de cumplir- le dijo Beatrice, y Starlight sonrió de medio lado.
La tomó de la mano- Para mí, la Xanium más poderosa, no hay nada que no pueda hacerte lograr con el entrenamiento adecuado…- le aseguró.
La muchacha no parecía muy convencida, y no quería aceptar. No deseaba tener nada que ver con aquella gente que había hecho tanto daño en tan poco tiempo, y se lo iba a dejar muy claro.
- Aun así, no puedes obligarme a trabajar para ti- a eso, la otra negó.
-¿Ves las marcas en tus piernas? – Beatrice asintió.
-Te hemos hecho unos implantes, y que acabo de activar. Observa- le tendió entonces la tablet.
Ella comprobó que en la pantalla aparecía lo que se asemejaba a un escáner. Empezaron a aparecer datos, y comenzó a ver como se formaba la imagen de un cuerpo humano que ella reconoció como femenino, y se sorprendió de ver cómo aparecía de pronto su foto en pantalla, sus datos médicos, niveles de grasa, azúcar, hormonas, de oxígeno… y todo dato relevante.
-Ese análisis lo están haciendo en directo millones de nanobots que recorren tu torrente sanguíneo. Y con los cuales te puedo controlar- extendió la mano para recibir la tablet, y la otra se la dio.
-No soy libre, entonces. Ya decidiste por mí, en ningún momento tuve opción a nada- y Asmae asintió.
-Vas entendiendo- se volvió a sentar a su lado.
La miró de soslayo- No me gusta obligar, aunque te pueda sorprender- efectivamente, eso llamó la atención de la chica.
-Pero en ciertas ocasiones, por el bien común, es necesario. Para controlar y ayudar al débil, para derrotar a tiranos, o para recuperar la justicia… en esas ocasiones está justificada no sólo la violencia, es que es totalmente obligada- se giró a verla.
-La República, y lo verás, es corrupta. El Imperio no es mucho mejor, no ahora, pero cuando tome el poder…- apretó el puño.
-Juro que entonces sí… entonces las cosas serán mejores, y acabará la violencia. Pero hasta entonces, tenemos que usarla, para poder mantener y ganar nuevas posiciones. ¿Lo entiendes?- le preguntó.
Beatrice bajó la mirada, pero acabó asintiendo, aunque realmente no estuviera de acuerdo con los postulados de ella. Y sin embargo decidió que, ya que tenía que estar allí por obligación, iría adelante con una misión que acababa de crear en su mente. Vio un diminuto buen fondo en ella y que tendría que explotar adecuadamente si quería, de alguna manera, ir cambiando las tornas en ella. Lo dudaba muchísimo en realidad, pero nada perdía intentándolo. Además, algo tendría que hacer de ayuda, ya que tendría a una líder del Imperio tan cerca que casi compartirían vida, una posición extraordinariamente privilegiada y que ella tenía intención de aprovechar.
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En Asmara se había reunido el Congreso de la República en su gran sede. Un edificio enorme en forma ovalada con muros blancos que formaban líneas ascendentes y que giraban sobre sí mismas en algunos puntos, creando capas. A lo largo de algunos de ellos bellas cristaleras hechas de plasma permitían que entrara la luz a su interior, que estaba formado predominantemente por el propio Congreso. Este era un amplio hemiciclo, compuesto por los 10.000 representantes de cada sistema, elegidos en proporción a sus habitantes, y que ocupaban las diferentes secciones de la bancada. Presidiendo la sala se encontraba La Mesa del Congreso, dirigía las sesiones y reuniones, y eran los únicos que podían llamar y disolver las mismas. Precisamente en ese momento hablaba su presidenta, una criatura de aspecto humano de unos dos metros de altura, piel cambiante de color, ojos pardos, trenzas en el cráneo y bellas ornamentaciones a lo largo de sus brazos hechos de un material blanquecino. Su voz era suave pero firme.
-La situación es grave, señorías. Los secesionistas siguen tomando mundos, y las tropas de nuestro ejercito no pueden seguir en misiones humanitarias sin el peligro de comenzar a perder plazas, es necesario tomar una decisión al respecto- se lo pensó antes de seguir.
-Soy consciente de la gravedad de lo que voy a decir. Tenemos que tener claras las prioridades: o ayudamos a nuestros aliados, o luchamos en el frente. Ambas opciones a la vez es imposible, salvo que aprobemos un gasto excepcional para la creación de más clones-
Muchos de sus oyentes negaron con cierta indignación, algunos incluso alzaron la voz, pero la presidenta llamó a la calma con su mano.
-Dicho esto, le doy la palabra a la Congresista Arkytior Foreman, representante de Alfa – Gamma Capricorni 1- la aludida se levantó.
Su apariencia era enteramente humana, de pelo negro y ojos castaños, con mirada avispada y rostro joven. Pero era de las que más tiempo llevaba allí por la longevidad de su especie, y, de hecho, no tenían nada que ver por dentro a los humanos de Asmara o de la Tierra.
-La Presidenta Dala tiene toda la razón- se oyeron murmullos de sorpresa. Era la primera vez qu lo hacía.
-Hay que tomar una decisión, y tengo clara cual es. La guerra que asola nuestra República desde hace tres años debe parar inmediatamente. Pienso solicitar a la Mesa, y a nuestro Presidente de la República, la aprobación y ratificación de los acuerdos de paz que lamentablemente no llegaron a nada cuando se intentaron votar hace dos meses- según acababa de hablar, procedió a sentarse acompañada por la evidente desaprobación de sus compañeros.
Pero ella lo tenía claro. La guerra no sólo estaba costando la sangre y energías de los clones, también la de los caballeros y amazonas Xanium – entre las que estaban su hermana, Rictania – y, sobre todo, estaba costando millones en recursos de todo tipo y que se podrían estar destinado a cosas mejores que no luchar entre ellos. Entendía las razones de sus compañeros para detener al Imperio, era un ataque directo y frontal contra todo lo que ellos representaban, pero al mismo tiempo, aquel conflicto se estaba enquistando y no tenía pinta de ir a terminar rápido. Escuchó como varios Congresistas la acusaban de tibieza, al mismo tiempo que ensalzaban los valores republicanos y aseguraban tener total implicación en los asuntos militares. Ella también podría, era muy fácil luchar desde la comodidad y seguridad de sus despachos en la Capital, lejos del frente.
Tras esas intervenciones pasaron a determinar el dinero que se iba a destinar para aumentar los recursos armamentísticos, y, más importante, de dónde se iba a sacar. No reducirían ninguna partida, había demasiados intereses en juego, cosa que no se decía abiertamente pero era palmario por los muchos intereses en juego que había, entre otros, de asociaciones civiles que tenían lo que se llamaba de forma peyorativa juguetería. En términos sencillos, recibían dinero por parte de la República y por tanto apoyaban todo lo que dijeran, lo pensaran o no, y había desde grupos pro guerra, hasta contrarios al conflicto y defensores de toda suerte de ideas que no tenían nada que ver con esas cuestiones pero de las que igualmente se hablaba largo y tendido.
Precisamente esa sesión no podía terminar sin aquellas cuestiones. Un representante de Épsilon Gemini 4 – Lothes – y que era conocido por sus preguntas poco frecuentes, cuestionó sobre la baja representatividad que había en los anuncios de los medios republicanos, y exigió cuotas mayores a las ya existentes, así como más recursos para esas cuestiones. Como no podía ser menos recibió el apoyo multitudinario y la promesa fehaciente de parte del Presidente de la República que en los próximos presupuestos, que tendrían que empezar a tramitar propio, se incorporarían cuantas partidas fueran necesarias. Antes de terminar la sesión, Arkytior salió indignada de la sala, abandonando su tribuna y andando a ritmo acelerado por los pasillos directa a su despacho, una planta por encima de donde estaba. Sintió un suave roce en su sien, y se giró inmediatamente, con una sonrisa.
-¡Rictania!- delante de ella, una joven delante de ella corrió hacia ella, y se fundieron en un abrazo.
La aludida, con un aspecto casi idéntico, sólo se diferenciaba de la otra por estar más delgada y atlética. Arkytior, por el contrario, tenía un poco de tripa y sin una musculatura tan definida.
-¿Cómo estas, cómo te ha ido?- preguntó la congresista, mientras tomaba a la otra del hombro y andaban hacia el ascensor.
-Ha sido una campaña difícil, tres semanas de lucha, pero finalmente pudimos tomar la base imperial en Zeta Acuari 8- explicó Rictania.
Su hermana sonrió- Me alegro de verte sana y salva- su tono de voz era algo triste, cosa que no pasó desapercibida para la otra, pero no comentó nada. Sabía de las ideas de ella.
-Tengo que presentarte a un par de jóvenes promesas, a una puede que ya la conozcas- Arkytior la miró con interés.
-Nos esperan a la entrada de tu despacho, espero que no te moleste- y la otra negó, sonriendo.
Ya colocadas en el ascensor, la congresista usó su tarjeta de identificación cuando apareció la pantalla para elegir el piso y sección al que ir, y pulsó la zona en la que se encontraba su área de trabajo. Les rodeó una luz, e inmediatamente aparecieron en la planta superior, desde donde pudieron ver a dos jóvenes algo más altas que ella. Una pelirroja, y la otra tenía una ornamentación en su cabeza hecha de cartílago.
-¿Son ellas?- preguntó Arkytior, y Rictania asintió.
-¡Hola, chicas!- saludó la segunda, y se acercaban. Las otras dos se giraron y se inclinaron respetuosamente.
-Maestra- saludaron al unísono, y la aludida les indicó que se levantaran, mientras su hermana abría la puerta del despacho usando su identificación.
Entraron, era un lugar algo grande pero poco decorado, con tan solo unas imágenes hechas con plasma que mostraban fotos de la congresista con diferentes personalidades, la bandera de la República al fondo, y una mesa blanca con su súper ordenador cuántico para trabajar, así como unas sillas, y una gran ventana desde la que se podía ver un jardín interior que servía para que pudieran descansar entre deliberación y deliberación, ya sea tomándose algo en la cafetería o dando una vuelta alrededor de los caminitos.
-Te presento a Asmeya Lykaris y a Dayamnelis Akidora, la primera Lakyos, y la segunda recién nombrada Xanium- esta las saludó apretando sus manos.
-Precisamente le estaba contando a Asmeya como aprobé, Representante Foreman- explicó Daya, y esta asintió.
-¿Fueron alumnas tuyas, verdad?- preguntó Arkytior, y la otra asintió.
-Les enseñé los primeros pasos de la energía antes de tener un maestro definitivo, sí-
-Me alegra conocer a dos valientes jóvenes. ¿Irás pronto al frente?- pero Daya negó.
-Por ahora no, señora. Dentro de poco iré a relevar al maestro Dimaru a una central de energía pero estaré sólo unos meses, al parecer me han asignado a una joven para enseñarla- explicó.
-Perfecto, me alegro. Me sonaba que usted, señorita Lykaris, ya se había postulado a ascender- la aludida asintió.
-Así es, pero no pude pasar las pruebas en el primer intento, tengo pendiente el segundo- Arkytior asintió, pensativa.
Ellas dos eran buena parte de la razón de querer acabar con la guerra. Demasiados jóvenes habían muerto, y nada decía que ellas no tuvieran un destino similar en el frente, junto a otros millones, tanto militares como civiles, daba igual el bando. Suspiró, dudaba lograr nada al corto plazo, pero tendría que dar la batalla por ello, aunque estuviera sola y delante de ella a demasiados grupos de interés.
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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.
