21. Vergüenza Colectiva *Roxas pov's*
Siempre he sabido que Ventus es... bueno, imposiblemente amable y atento. Salta a la vista que adora a sus amigos, él termina por ser cariñoso casi involuntariamente. Sin embargo, su comportamiento hoy con Xion es ridículo, la está persiguiendo por todos lados como un satélite; cuando fui a buscarla a su salón para ir juntos a la cafetería durante el almuerzo me encontré de frente con ambos en el pasillo, Ven le iba cargando la mochila y unos libros —mientras ella, ansiosa como es, sentía que las manos le estorbaban, no sabía dónde ponerlas o como usarlas. Pero tampoco quería ser descortés con el rubio, así que disimulaba su incomodidad lo mejor que podía—. Cualquiera con dos ojos funcionales se hubiera dado cuenta de que él estaba muy contento de poder ayudar.
Fue lo mismo en la cafetería, cargó con la bandeja de Xion y le compró la comida, incluso nos invitó helado a los dos. Mi amiga se estaba desquiciando lentamente, decía "Gracias" cada cinco segundos ya que no sabía qué otra cosa podía hacer ante tanta atención. Por vergas que suene, en este momento estaba algo celoso de Ventus. Toda la paciencia que ella le estaba teniendo demostraba cuanto le apreciaba. Si hubiese sido yo quien le carga el bolso, mínimo me pega un tiro e incendia mi cadáver. En esa mochila tiene que haber un secreto federal o material radioactivo. Algo así.
Como sea, la situación se prolongó hasta la hora en la que teníamos que ir a presentarnos en el club de radio. Entonces Riku, que no estaba enterado de nada, compartió conmigo el desconcierto total ante la sumisión absoluta. Quizás se sorprendió más que yo, pues Ventus era su mejor amigo y mira por dónde, ahora estaban enamorados de la misma chica. Y no había nada sutil en él, era como si tuviese un cartel con fuegos artificiales en la frente.
—Ven, ¿qué estás haciendo? —le preguntó Riku.
El rubio acababa de sacar una libreta del bolso radioactivo de Xion y ahora escribía algo allí.
—Hago la tarea de Aritmética de Xion —respondió levantando la mirada—, ¿quieres que te haga también la tuya?
—Uhm... no, creo que no.
—Yo sí Ven, haz la mía, te pago —supliqué—, hago lo que sea, mi profesor enloqueció y quiere que derive ¡imagínate! ¡que derive! ¡como si yo supiese siquiera dividir de tres cifras! ¿Qué querrán luego? ¿que integre?
—Oh, bueno.
Cuidadosamente dirigí mis ojos a la chica dentro de la cabina. Ella estaba tranquila leyendo un cómic de los X-men, mientras bebía una lata de Coca-cola cherry. El volumen estaba desactivado. Aquello parecía su primer momento de paz en el día. Sin embargo, se iba a cabrear como llegase a su casa y se diera cuenta de que la tarea de aritmética se había hecho sola. Bueno, mentira, "Cabrear" es un eufemismo.
Riku presionó un botón en el tablero externo. Se activó el sonido
—¿Xion?
—¿Ajá? —pasó una página del cómic, sin levantar la mirada.
—¿Quieres salir mañana conmigo?
Eso sí es un hombre de acción carajo, "si me siento celoso en extremo pues hago algo al respecto y ejecuto mi jugada para seducir a la chica" lo admiro, nada de quedarse cruzado de brazos esperando un milagro de diosito y la virgen María, no señor, pura iniciativa masculina y testosterona, todo un pionero de las buenas ideas.
Mayor cagada imposible.
—Deja que yo te avise cuando tenga un rato para salir ¿bien? —suspiró Xion y se apartó el fleco del rostro—, sé que te lo debo, pero por favor, no vayas a insistir —agregó al ver que él iba a replicarle. Wow ella está manejando la situación con mucha desenvoltura.
Maldito idiota, ¿no está viendo que se siente presionada? ¿cómo le va a lanzar una invitación, así como así? "Oh, Xion, sé que he tratado de mantenerme a raya estos días, pero estoy desesperado, le gustas a tu mejor amigo y a mi mejor amigo ¿y yo dónde quedo? Por favor sal conmigo, para mantener a raya mis inseguridades".
Imbécil.
—¿Estás saliendo con Ventus? —Riku dejó entrever con franqueza la anteriormente mencionada desesperación—. ¿Me perdí de algo?
Hoy no es el día de Riku, definitivamente no, Dios santo, como le odio, se nota a leguas que nunca se le ha ido de las manos una chica, aunque a veces parece listo emocionalmente, aún le falta autocontrol. Pero, a mi pesar, en esta ocasión resulta difícil mantenerme imparcial. Yo también quiero saber qué diablos es lo que está ocurriendo. ¿Por qué Ventus se ha pasado todo el día como la mascota de Xion? ¿Perdió una apuesta? ¿Son novios temporales? ¿Le está declarando guerra abierta a Riku?
La sonrisa de Xion vaciló. Subió la lata de Coca-cola cherry hasta sus labios y luego, todavía indecisa respondió:
—No lo sé, les juro que no lo sé, yo también tengo todo el día preguntándole. Amaneció así.
—Correcto, fue suficiente, estamos por enterarnos —dijo Riku girando la silla de Ventus como si no pesara nada de nada. Le plantó cara—. Justifícate, ¿qué sucede contigo?
—Y-yo... yo no estoy... es decir, no he hecho... so-solo quiero ser amable, d-de veras.
—Ya, mira, todos aquí sabemos que estás en la fundación de protección de animales, que eres delegado y que tienes síndrome de ambulancia porque te crees en el deber de andar ayudando gente de gratis y bla, bla, bla —intervine de mala gana—. Pero tu amabilidad excesiva no justifica esto.
—Ventus, no finjas demencia —le presionó Xion desde la cabina—, ni si quiera mi novio imaginario me trata tan bien.
—¿Tienes un novio imaginario? —pregunté.
—Veintisiete novios imaginarios y un harén femenino encabezado por tu hermana —Bebió de su lata roja—. Que te valga verga, estereotipo poco natural de rubio oxigenado y pueblerino.
ME VOY A TEÑIR EL CABELLO DE NEGRO, VA A VER.
—Vale, vale. Yo les diré qué sucede, pero tienen que prometer que Xion no se va a enterar —propuso Ventus, encogido de miedo y de espaldas a la cabina de vidrio.
A Riku no le tomó mucho tiempo decidir.
—Trato —Pulsó el botón del tablero y Xion quedó aislada, sin poder oír nuestras voces.
Ella enarcó una ceja y aunque no la pude escuchar, vi que sus labios decían algo así como "muy bonito".
*Xion Pov's*
A través del cristal puedo ver a los tres alcornoques conversando. Ventus está sufriendo el interrogatorio, pero está de espaldas a mí, de modo que no puedo saber qué dice. Mientras tanto, Riku se halla cruzado de brazos con una mirada impasible y Roxas, que tiene las manos metidas en los bolsillos, da a entender que está fastidiado.
Tienen un breve intercambio de palabras que no logro entender para nada. Malditos.
De pronto Ventus explicó una cosa que le arrancó una ruborización instantánea a Riku, incluso, este permaneció en completo silencio después de, lo que a mí me pareció, era una importante acusación proferida por el mismísimo Ven para ambos. Luego observo a Roxas, quien está rojo hasta las orejas y articula algo como "Eso es ridículo". Pero se ve igual de avergonzado que los otros dos. Me alarma que los tres se encuentren así al mismo tiempo.
—¡Hey! ¡Chicos! ¡Aún estoy aquí! ¡Díganme qué está pasando! —exclamo, pero claro, ellos no me escuchan. Sin embargo, mis gestos y movimientos sirven para llamar la atención de Roxas, que va mi rescate y activa desde el exterior el audio de mi cabina.
La silla giratoria de Ventus rotó y este volvió a darme la cara. Está más colorado que los otros dos y un poco lloroso, pero rehúye mi mirada.
—¿Y bien? —exijo.
—Nada que valga la pena contar —me asegura Riku.
—No para la humillación que nos va a hacer pasar a los tres —gruñó Roxas por lo bajo. Y tras pensarlo un segundo aclaró de muy mala gana:—. Mira, créeme, no te vas a morir por no enterarte de esto, te lo juro. No es información útil, ni necesaria, ni tranquilizadora.
Ven asintió con vehemencia a todas las palabras de mi mejor amigo.
—¿Qué ocurre con ustedes? ¿Me quieren ver la cara de estúpida? —Cruzo las piernas—, Ventus está a punto de llorar, Riku acaba de agarrar la postura en tensión de un soldado de plomo, y tú, rubio; estás del tono exacto rojo culpabilidad.
—Supéralo, Xion. Este no es del tipo de secreto que vaya a rejuvenecerte o darte dinero —dijo recostándose del teclado externo y recuperando su brío—. Te doy mi palabra de honor de que no ha pasado nada directamente malo.
Dio un golpecito en el hombro de Ventus.
—Lo que es más. Él te da su palabra de boy scout y Riku su alta promesa de caballero de que no hay nada, absolutamente nada, de lo que una doncella virtuosa y hermosa como tú tenga que preocuparse —con esas bellas frases concluye la apología de Roxas.
De la que yo no me tragué ni la mitad.
—¿Y ahora tú eres abogado o qué? —espeto.
—Doctor en leyes, correcto.
Miré a los tres de hito en hito; con desconfianza.
—Voy a llamar a la policía. No engañan a nadie.
—¡Xion! ¡Basta! ¿Sabes cuantas neuronas utilicé para armar ese discurso de quinta? ¡Casi me muero! No lo vayas a echar por tierra, acepta que tengo la razón y pasemos de página —propuso Roxas—. Una a diez que si te enteras, vas a haber preferido no saberlo.
Correcto, Roxas no dirá nada, hora del plan B.
—Riku, tú sí me dirás lo que ocurre, ¿cierto? —adopté una actitud más suave—, tú sí eres un caballero, ¿verdad? No me ocultarías algo que tiene que ver conmigo, menos aún si es información que me va a alarmar.
Todos fuimos testigos de la ardua batalla interna que sufría Riku ante la sugestión de mis palabras. Se removió en su puesto y gruñó una o dos maldiciones por lo bajo, pero finalmente apretó los puños y bajó la mirada para confesar lo que sea que me estuvieran ocultando. Roxas decidió interceder una última vez para salvarles el pellejo.
—Hagamos un trato, deja morir este asunto y yo te invito el almuerzo por una semana —Tiene madera de abogado, ya entramos en la faceta del soborno y empezó muy bien, pero no es comida lo que quiero, quiero respuestas. Cuando vio mis intenciones de declinar su oferta agregó:—. Es cierto, es cierto, ¿qué es una semana? ¡Por dos semanas! ¡O tres! ¡Un mes! ¡Lo que quieras!
¿Qué tan lejos pensaban llegar estos tres imbéciles?
—Correcto —bebí de mi soda—. Quiero tu reloj negro, el de los números romanos y también quiero la colección de Comics de Ventus y... —contemplé a Riku como si cada partícula de él me perteneciera. Solo por hacerlo sentir profundamente incómodo—, quiero el cabello blanco de Riku.
Le había crecido bastante los últimos meses.
—Sean listos, caballeros —sugerí—, ¿realmente vale la pena darme todos esos objetos a cambio de hacer callar mi curiosidad? ¿qué cosa puede ser tan importante para...?
Riku estaba agarrando unas tijeras y Roxas se desabrochaba el reloj de la muñeca. Ventus dio en automático por perdida su colección de los X-men.
—¿Qué demonios? Riku, ¿ni si quiera vas a preguntar para qué quiero tu cabello? ¿y si me vuelvo loca y te hago un amarre? ¿O fabrico un muñeco vudú con él?
—No te voy a cuestionar tus razones, si tú no me cuestionas las mías —Ah, mierda, ¡que práctico es!
—¡Creo en Dios padre creador del universo y en Cristo su hijo, nuestro único señor! —exclamé furiosa—. ¿Qué es lo que les ocurre a ustedes tres, panda de idiotas? ¿Qué están poniendo en juego? ¿Su frágil masculinidad? ¿Su honor? ¿Su virtud?
La palabra VIRTUD quedó suspendida en el aire como una altísima sentencia de muerte. Fue como atinarle a la diana con los ojos vendados. Riku palideció hasta tal punto que pareció estar hecho de nieve pura. Ventus apartó la mirada y su rostro se prendió en rojo, es un semáforo viviente. Roxas, siempre más resignado a las desgracias, se dio por descubierto y por vencido en el acto. Sus mejillas coloreadas de un molesto tono rosa lo delataron tanto como al resto. Até cabos en un instante y ya no hizo falta mediar ninguna otra palabra. Lo había comprendido todo. Desde la culpabilidad que compartían los tres hasta el comportamiento sumiso de Ven durante el día entero. Ya no había reloj romano, ni comics, ni cabello blanco que los salvara de ese vergonzoso momento.
Ni a ellos, ni a mí.
—Oh, bueno, ya saben, es... ¿biológicamente normal? ¿no? —Era mi forma de disculparme—, Les juro que creí que Ven había roto algún videojuego que le presté y que ustedes lo querían cubrir... o lo que sea...
—¿No tienes nauseas? —preguntó Roxas, que era el encargado de decir en voz alta todas las cosas incomodas que los demás pensaban, pero no se atrevían a expresar.
—No más de la que tienen ustedes —aseguré con las puntas de los dedos índice y corazón sobre mi frente—, solo es impresionante y extraño, y muy muy muy incómodo. Pero pfff, no se preocupen. No es como que las chicas no sepamos que hasta nuestro mejor amigo nos écha un vistazo de vez en cuando. Como sea —revisé el reloj en mi muñeca—, estamos a minutos de salir al aire, solo vamos a, agh, no lo sé, dejarlo hasta aquí.
Riku sustituyó a Ventus en la silla frente al tablero externo y se hizo cargo de los últimos ajustes. Roxas se dejó caer en un puff azul en el rincón derecho del salón. El cartel rojo de "al aire" se prendió y yo forcé una sonrisa para hablar al micrófono.
Tener que dar un discurso acerca del desamor teniendo un nudo en la garganta no va a estar fácil.
—Buenas tardes a todo el público, esto es Cry Light y yo soy Xion Russell. ¿Están preparados para hablar hoy conmigo de despecho y corazones rotos? Es un acto heroico salir bien parado de un rechazo. O lo que es peor, de una relación donde tú eras el juguete, ¿no es cierto? —me revolví y crucé de piernas—. ¿Qué tienen para contarme? Hagamos un especial de San Valentín al estilo La Rosa de Guadalupe o Cartas de Mujer. No, ya sé que hoy no es San Valentín, pero he estado algo triste estos días, nada grave, porque rechacé a un amigo, ¿saben algo chicos? Lo crean o no, para nosotras desilusionar a alguien o romperle el corazón es muy duro. Nos quedamos de piedra, pensando unos minutos, buscando las palabras exactas para hacerles entender de una forma suave y amable que quizás no nos sintamos igual, pero los apreciamos mucho y no queremos perderlos. Echar por la borda una hermosa amistad es doloroso. Qué difícil es forjar una conexión de confianza con alguien —mi mirada y la de Roxas se encontraron, mi pulso se aceleró, yo estaba recitando sus palabras—, y que fácil es cagarla por completo. Claro, esto no quiere decir que no haya perras trabajando a turno completo dispuestas a destrozar los sentimientos de cualquier buen chico. O chicos que se diviertan rechazando a las chicas y jugando con ellas. Pero yo quiero ser la voz de aquellos que no disfrutamos del sufrimiento ajeno. A todos los que me escuchan, les digo; si se sienten heridos por un rechazo, por favor, no se lo tomen personal y tampoco se culpen a sí mismos por no ser correspondidos, por favor, no odien a ese alguien que los rechazó. No es culpa de nadie, no se frustren, no dejen de amar. No tiene caso cerrarse como un caparazón porque las cosas no salieron como esperaban. Estar triste y llorar es natural y está bien, el dolor merece ser sentido. Pero que eso no les arruine todas las perspectivas.
—Saldrán adelante. Estoy segura. Encontrarán a alguien que los ame tanto como ustedes se lo merecen.
Aurora
