CAPÍTULO XXII
El día del estreno ante la familia real llegó y la mansión de los Grandchester era un completo caos y nerviosismo.
Terry había salido desde muy temprano dejando a Candy el cuidado de dejar listos a los gemelos. El resto de la semana había pasado tan rápidamente que la pareja apenas y había tenido tiempo de convivir.
Por su parte, la rubia había decidido comentar posteriormente a su esposo lo ocurrido con su hija en su última visita al psicólogo, para evitarle problemas en su rendimiento actoral. A ella más que a nadie le constaba lo ilusionado y contento que estaba su esposo al regresar, después de tanto tiempo, a los escenarios. Más aún, que su regreso estuviese marcado por una representación oficial frente a los miembros del Palacio de Buckingham. Debido a todas estas situaciones, ni siquiera habían tocado el tema de Nicole a profundidad, desde que ella insistía en que todo iba mejor.
Las últimas noches, el inglés llegaba tan cansado, que después de saludar a sus hijos, se dirigía directamente hacia su recámara para acostarse y quedarse profundamente dormido. Ella se esmeraba en procurarle cuidados y apoyo para que siguiese ensayando tan profesionalmente como acostumbraba hacerlo, al verle en esa situación.
- ¿Cómo me veo? – la hija de Candy dio una graciosa vuelta, mientras que el borde de su vestido verde oscuro ondeaba, resaltando los cintos de color banco entrelazados delicadamente. Su cabello estaba recogido en una graciosa coleta dejando unos traviesos rizos castaños sobre el infantil rostro.
- ¡Te ves bellísima, cariño! – su madre la observó embelesada, al momento de tomarla entre sus brazos, aunque ella se alejó de inmediato, evitando estar cerca de su madre. Candy reprimió las lágrimas.
El doctor Jaffrey había solicitado el ingreso de la niña en el hospital por unos días y ella le había prometido que en cuanto pasara lo de la obra, podría platicar con Terry sobre aquella petición médica. Había recibido indicaciones para que sedara a su hija en caso de que volviera a repetirse el mismo evento pero al ver qué pasaba casi todo el tiempo dormida, decidió suspender su uso. Le partía el corazón verla en ese estado somnoliento. Para su fortuna, los perturbables eventos no habían vuelto a producirse.
Dada la premura de tener todo listo para el momento del estreno, la semana se le había ido entre los preparativos para que todos tuvieran a tiempo sus atuendos así como el extremo cuidado que había puesto en Nicole. Nuevamente, no se habían dado los siniestros episodios de histeria desde el extraño evento ocurrido en el consultorio, sin embargo, había regresado a su estado hermético, evitando en la medida de lo posible, el contacto con ella.
Eso le dolía en el alma.
- ¡Tía, creo que el vestido me queda un poco suelto! – Anisha se acercó a ella tratando de que le ayudara y Candy volteó a verla asombrada, disimulando la enorme tristeza por la actitud de su hija.
- ¡Ese atuendo está bastante atrevido! Tu mamá no estaría de acuerdo en que salieras así a la calle, jovencita – la chica la observó, confundida. El vestido se entallaba perfectamente a su figura.
- Yo lo veo perfecto. Pienso usarlo con el abrigo que me regaló papá en mi cumpleaños. No veo nada de malo en eso, tía - la muchacha hizo un mohín de disgusto y Candy fue inflexible en su decisión.
- Tendrás que cambiarlo por un modelo más conservador. Recuerda que estará presente la familia real y considero fuera de lugar esa forma de vestir. Por favor, An – su tía le reprimió de la forma más dulcemente posible, y ella no tuvo más remedio que consentir en cambiar nuevamente su vestimenta.
- Por fin podré ver a papá actuar – la voz de Nicholas le desconcentró de lo que estaba sucediendo con su sobrina. Se veía encantador en su oscuro traje.
Candy se acercó a él y le dio un tierno beso en la frente. Llamó a Nicole y les habló con suavidad:
- Su padre estará feliz de vernos todos juntos en este momento tan importante para él. Ahora más que nunca debemos apoyarlo. Quiero que se sientan orgullosos de él y prométanme que serán los niños más buenos de todo el lugar – sus hijos la observaron en silencio.
- ¡Por supuesto que nos portaremos bien mami, no tienes de qué preocuparte! – le garantizó Nicole con evidente sarcasmo. Su madre reprimió un vuelco en el estómago esbozando una sonrisa fingida.
Jerome llegó en ese instante a notificarles que el auto se encontraba listo. Anisha les alcanzó unos minutos después.
La amorosa madre se preocupó de los últimos detalles de su apariencia y salió presurosa junto a sus hijos y su sobrina detrás de ella. Abordaron el vehículo y enfilaron hacia el lugar del estreno.
Al llegar, se percataron del enorme cerco de seguridad apostado alrededor del teatro. Seguramente la familia real no tardaría en arribar y Candy dio indicaciones a su chofer de que entraran por la parte posterior del recinto artístico. Terry le había asegurado que les estarían esperando en esa parte.
- Hay un hombre en la entrada, señora Grandchester – señaló el conductor hacia la puerta metálica.
- Gracias, Jerome. Creo reconocer a Charles. Le veré después – antes de salir fue interrumpida de nuevo por su chofer.
- Había hablado con su esposo sobre el permiso para ausentarnos durante une semana y aceptó, pero veo que no se lo notificó. Dijo que él se encargaría del trasladarles a su residencia después de la obra. Lydia y Diana ya han hecho compromisos por su parte y yo debo ir a ver a mi madre – el joven estaba un poco nervioso, sin embargo, la rubia no lo percibió.
- Lo he olvidado. Discúlpame, Jerome. Les deseo un buen descanso. Se lo tienen muy merecido después de todo lo que ha pasado. Saludos a su familia - la ojiverde le dedicó una rápida sonrisa y salió corriendo hacia el socio de Terry, quien ya les esperaba.
Anisha miró por última vez a Jerome, quien había esperado a que se introdujeran en el teatro, camino a la entrada. Se disculpó con su tía y regresó de nueva cuenta al auto. El chofer estaba llorando e intentó limpiarse los ojos inútilmente, puesto que la muchacha ya le había visto:
- ¿Tú también lo has sentido verdad?, ¡No somos los únicos que hemos visto cosas en esa casa!, ¡Estás llorando y te noté nervioso desde que salimos! – le reprochó la hija de Annie.
- ¡Ya no queremos estar en ese lugar, señorita Britter!, ¡No sé cómo decirle a su familia que esa mansión esconde algo! Mis compañeras también lo han visto: los golpes, las tuberías, más aún, la repentina salida de Theresa de la ciudad de quien no hemos vuelto a saber nada. Pero, hay algo más – el chofer habló con voz entrecortada. Su frente estaba completamente mojada en sudor.
- ¿Pasa algo grave? – Anisha intentó tomar su mano para calmarlo pero notó lo helada que estaba y la soltó al instante. Jerome observaba aún hacia la entrada posterior del teatro.
- Esa niña, señorita Britter, nos da miedo – el hombre observaba aún hacia el mismo lugar. Anisha siguió la trayectoria de su mirada hasta toparse con la de Nicole.
Les observaba, sin expresión alguna en el rostro. Su madre y su hermano seguían aún en la entrada platicando animadamente, sin prestarle atención. La gemela esbozó una sonrisa de lado y entonces, Jerome habló:
- La hemos hallado continuamente desde que llegaron ustedes, en la fuente, frente a la barda de la mansión contigua. Nunca despega la mirada de ahí. En algunas ocasiones, hemos visto que ha trepado al árbol y se ha metido en ese lugar – Anisha se llevó las manos al pecho, presa del miedo al oír aquello – además, suceden cosas inexplicables cada vez que está cerca de nosotros. Quizá sonará demasiado loco lo que le diga a continuación: las cosas se mueven por sí solas y es como si el ambiente se transformara en algo... maligno..., inclusive, hace preguntas poco convenientes y usuales para una niña de su edad. No hemos caído en su juego por lo que la hemos ignorado, aunque sabemos que ella se divierte alterándonos con todo esto - la voz de Candy llamándole, obligó a la chica a despedirse rápidamente del chofer, interrumpiéndole.
- Hablaremos después – la chica salió corriendo.
El hombre les vio entrar al lugar y sin saber por qué, pidió a Dios por todos ellos.
Justo en el instante en que Nicole volteaba a verlo por última vez.
Charles había estado bastante efusivo durante todo el trayecto hacia el palco reservado a ellos.
Había narrado a Candy todos y cada uno de los pormenores que habían tenido justo días antes del estreno. Igor les había saludado desde lejos, mientras daba indicaciones a los tramoyistas. Le había comentado que su esposo se encontraba en plena concentración y la rubia había decidido esperar a verlo hasta el final de la obra.
Los gemelos y su prima iban observando atentamente todo lo que una obra teatral implicaba. Veían pasar, con fascinación, a la gente corriendo con tablas, trajes y herramientas, para perderse después entre los interminables pasillos del lugar. Nicholas y Anisha iban tomados de la mano y un poco alejados de la niña.
Candy recordó, por un breve instante, aquel momento en que se había colado a un teatro, para ver actuar a Terry, en esa representación acontecida mucho tiempo atrás, cuando éste la había invitado especialmente, a pesar de que Elisa había roto su boleto.
- ¿Cómo ha seguido su hija? – la pregunta del hombre la distrajo de sus recuerdos.
- Está mucho mejor, gracias – respondió sin mucho convencimiento. Charles lo comprendió y no volvió a hacer cuestionamientos sobre el tema.
- Creo que hemos llegado.
Se pararon frente a la estrecha puerta y el hombre la abrió.
La esposa de Terry se introdujo, maravillada, en el lujoso palco, cuya vista privilegiada mostraba un ángulo perfecto de todo el escenario. Los niños aplaudieron de alegría y Candy tuvo que intervenir para calmarlos un poco. Anisha se acercó al borde del pequeño balcón y buscó con la mirada entre la gente que ya estaba acomodándose en sus asientos, en la parte baja del teatro. Nicole se le unió con la sorpresa expresada en el rostro:
- ¡Esto es increíble, An! ¡Se ve todo el teatro! – la chiquilla volteó a mirarla y la joven sonrió tímidamente. No cesaba de pensar en las palabras del chofer.
- Sí, Nicky. Te veo muy contenta y me da mucho gusto que estés aquí, apoyando a tu papá – la sobrina de Candy se alejó un poco para irse a sentar al lado de Nicolás.
Realmente la estaba evitando, al igual que su hermano, quien sólo la observaba en silencio. Sus comentarios fueron compartidos con su prima, no así con ella y eso no pasó desapercibido por Candy.
- Ven mi amor. Siéntate a mi lado, para que podamos apreciar juntas la obra. Te ves tan hermosa que es justo que tu padre pueda observarte mejor desde aquí – ante su negativa, la rubia la sentó casi a rastras, en medio de ella y Anisha.
- Tiene que observarme, mamá – las palabras resultaron bastante incómodas y todos prefirieron callar hasta que la obra empezara.
La concurrencia era contada, tomando en cuenta la particularidad del evento. Muchos policías flanqueaban las entradas principales en espera de la llegada de los miembros de la realeza.
Habían dispuesto las butacas principales para Su Majestad y el resto de su familia, así como las de alrededor, seguramente para el personal de seguridad. Poco después, arribaron a tiempo, al lugar.
Candy pidió silencio a sus hijos, cuando iban observando las reverencias al paso de los distinguidos personajes.
Finalmente las luces se apagaron y el telón subió para dar inicio a la obra teatral.
La escenografía había sido majestuosamente creada y los primeros actores sobre el escenario proyectaban el resultado de horas y horas de agotadores ensayos. No había señas de cansancio en sus rostros. Candy estaba emocionada y esperó a que apareciese Romeo en escena.
Por su parte, Nicholas y Anisha, intercambiaban escasas palabras al oído sobre lo que estaba sucediendo en la obra. El gemelo estaba completamente extasiado al saber que su padre estaba actuando frente a gente muy importante y más aún, que su actuación la dedicaba a ellos, su familia. Recordó todas esas tardes en las que les leía cuentos y emocionado, apretó la mano de Anisha, quien le felicitaba por tener un papá tan talentoso.
Nicole observaba reiteradamente tanto a su madre como al fondo del escenario. Con el transcurrir de los minutos, sus manos comenzaron a sudar y los nervios se apoderaron de ella sin saber exactamente el por qué de aquella sensación.
Una gallarda figura, cuya voz reconoció, alivianó un poco su malestar.
Era su padre.
Se acercó al borde del palco y apoyó su barbilla sobre el mismo, para apreciar mejor su actuación. Estaba hipnotizada por la intervención del famoso actor inglés. Le llamó la atención el hecho de que su padre besara a la actriz que personificaba a Julieta y un ligero enojo le ocasionó un vuelco en el estómago pero lo disimuló.
Posteriormente, mientras todos observaban con atención el desarrollo de la representación, la imagen de Sue en aquella casa abandonada llegó a su mente de forma repentina. "Estuve a punto de morir por salvar su vida", recordó las crueles palabras en su mente. Su mirada se dirigió, instintivamente hacia los altos reflectores que pendían sobre el escenario.
Varias imágenes pasaron en su mente, sin que pudiera comprenderlas.
Eran estremecedoras: un accidente, una mujer malherida y su padre sosteniéndola entre sus brazos. La mano de su madre sobre su cabeza la distrajo de sus pensamientos y le sonrió forzadamente. Siguió la obra con atención.
Un par de ojos le observaba atentamente desde una esquina ubicada en la parte baja del teatro. Nicole nunca se percató de ello.
La obra transcurrió sin contratiempos hasta el final. Las ovaciones fueron contundentes y atronadoras. Los productores se habían reunido al centro del escenario con los actores flanqueando los lados, mientras una lluvia de flores caía sobre el escenario.
El principal protagonista habló en nombre de todos ellos, agradeciendo la oportunidad que le había sido otorgada para actuar en esa obra, así como la importancia de la presencia de su familia en la misma, a la que dedicó su actuación. Charles secundó sus palabras y después, se habló de una recepción en un lujoso hotel de la ciudad, donde estaría presente Su Majestad, para felicitarlos personalmente. Aparentemente, conocía la trayectoria del afamado histrión de origen británico.
- Damas y caballeros, en este instante, solicitamos su atención – un elegante hombre se dirigió hacia el escenario. Era el representante de Su Majestad – dado el enorme despliegue de talento y la maravillosa representación que la compañía nos acaba de brindar, en nombre de la Familia Real, os hacemos una invitación a la recepción especial que se ha preparado en nombre de todos los integrantes de la obra, con el fin de reconocer su grandioso talento. Para tal efecto, hemos dispuesto un sencillo banquete en el salón principal del Hotel Queen Victoria. ¡Felicidades al elenco! – Los aplausos y vítores no se hicieron esperar.
Los asistentes estaban eufóricos al haberse enterado sobre la fiesta que se ofrecería después. Terry, Charles e Igor fueron presentándose ante la realeza, de manera individual, dando tiempo suficiente a que su familia le alcanzara en el escenario.
Los actores secundarios saludaron con una reverencia al séquito real y después, se fueron retirando uno a uno hacia sus camerinos, con el objetivo de cambiar sus atuendos y dirigirse hacia el banquete que les esperaba.
- ¡Ha sido todo un éxito, Terry! – Charles le dio un efusivo abrazo, seguido por Igor.
- ¡Jamás creí que compartiría un momento al lado de Su Majestad! ¡Mariah estará feliz! ¡Todo salió perfecto, excelso! – el ruso estaba bastante emocionado.
- ¡Felicidades a todos por habernos dado la oportunidad de participar en esta obra! – se acercó Clarissa, la co-estrella, a felicitar a cada uno de los hombres. Su rostro irradiaba una alegría incontenible.
- ¡Creo que valieron la pena todas esas horas de esfuerzo en los ensayos! ¡Ya decía yo que tenían un gran potencial, chicos! – exclamó Charles.
- ¡Pues entonces, preparémonos para la fiesta! – Terry se disculpó con ellos y fue en busca de su familia quien no se hallaba cerca del lugar donde habían convenido.
Extrañado, se dirigió hacia la entrada del recinto, siendo interrumpido por varias personalidades del mundo periodístico y no tuvo más remedio que acceder a responder algunas preguntas.
En tanto, Candy había permanecido emocionada, y lloraba de la alegría al ver el reconocimiento especial que le brindaban a su marido. Las lágrimas corrían libremente por su mejilla y con su fino pañuelo, las enjugó. Había buscado con la vista al reverendo Folsom, sin embargo, nunca le halló. Tal vez había tenido algún contratiempo.
Sus hijos aplaudían fervientemente, mientras gritaban contentos que adoraban a su padre, al igual que Anisha. Se acercó a ellos y festejó por igual.
- Mami, ¿eso significa que vamos a ir a la fiesta? – preguntó Nicholas.
- Sí mi amor, por supuesto que estaremos ahí, presentes. Esta noche es de tu papá y debemos estar con él, apoyándolo – la rubia les instó a reunirse lo más pronto posible, puesto que ya les estaba esperando en la parte baja.
- ¿Podría ir al baño, mami? – el tono de Nicole la dejó preocupada.
- ¿Te sientes mal, hija? – se acercó a ella y la observó cuidadosamente.
- En absoluto. Sólo quiero lavarme las manos – le enseñó las palmas llenas de polvo.
- Te acompañaré, Nicky. ¿Podrían esperarnos un poco, fuera del tocador? – les hizo una seña a Anisha y Nicholas de que la siguieran.
- Ya va a empezar con sus problemas – dijo en un acto reflejo su hermano.
- ¿Por qué lo dices? – Anisha acarició su cabeza.
- Porque todo el rato que permaneció observando a papá, movía los labios pasando sus manos desesperadamente a lo largo del barandal. Yo creo que estaba nerviosa. Su cara estaba muy seria y después, la vi molesta – la miró con un poco de temor.
- Esperemos que esta vez no sea algo parecido. Tal vez estaba muy emocionada, ¿no crees? – el gemelo emitió un resoplido al escuchar a su prima.
Candy y Nicole se habían introducido en el baño y se dirigieron hacia los lavabos.
El contacto del agua tibia en sus manos le relajó un poco. Tomó un poco de jabón y se concentró en lo que estaba haciendo. Su madre había decidido esperar a que le hablara, pero nunca lo hizo.
Al terminar, la chiquilla estaba secando sus manos con el papel, cuando vio entrar a una mujer. Su semblante se descompuso en una mueca de contrariedad, al ver que la desconocida saludaba a su mamá:
- Buenas noches, señora. ¡Es una sorpresa encontrarla aquí! – era la misma persona con la que había tropezado aquella tarde en que salía del consultorio, con su hija inconsciente. La esposa de Terry estaba confundida.
- ¿Nos hemos visto en otro lugar? – se acercó a saludarla.
- Hace unos días coincidí con usted en la calle. Iba caminando hacia su auto, me llamo Jaya Saltzman ¿usted es?...
- Candice Grandchester – respondió un poco seria la rubia. La había recordado, así como las enigmáticas palabras que le había dirigido.
- ¡Vaya!, ¡Qué emoción!, ¡Es la esposa de mi actor favorito!, ¡Déjeme felicitarla por tener un marido tan talentoso!, ¡Ha sido la mejor actuación que he visto en mucho tiempo! – la mujer sonrió cálidamente, haciendo que Candy suavizara un poco la actitud defensiva que había adoptado para con ella.
- ¿Es alguna invitada especial? – la ojiverde estaba intrigada por el casual encuentro.
- Mi marido trabaja en el teatro, señora Grandchester. Le han dado pases especiales y fue así como tuve la oportunidad de acudir al estreno especial de Romeo y Julieta – explicó efusivamente la mujer, quien se dirigió a Nicole - y esta bella damita ¿es su hija? – la observó profundamente.
- Así es. Es mi pequeña Nicole – volteó a verla y se espantó al darse cuenta de que su hija estaba pálida.
- ¡Me siento mal! – Nicole se acercó a uno de los baños, arqueando su cuerpo, en señal de vomitar y ambas mujeres fueron tras ella; la niña se hincó ante el inodoro y volvió el estómago.
- ¡Nicky!, ¡¿qué te pasa?! – Candy se había alarmado. La mujer no se movió.
- ¿Qué sientes? – Jaya intentó acercarse de nueva cuenta a la pequeña pero ésta se volteó repentinamente, con el semblante furioso.
- ¡No me toques! ¡Aléjate de mí! – le aventó una patada y Candy sintió por un instante que el piso se iba desvaneciendo bajo sus pies. Sacó fuerzas de donde más pudo y se acercó a abrazarla.
- ¡Mi amor, ya, por favor, cálmate!, ¡Te pondrás bien!, ¡Nadie te hará daño!, ¡Tranquila! – la estrechó fuertemente contra sí, pero Nicole nunca se relajó.
- ¿Le ayudo en algo? – Jaya estaba desconcertada ante la agresiva reacción.
- ¡Por favor, déjenos solas, se lo suplico! – la rubia fue implorante en su tono y la otra mujer no tuvo más remedio que alejarse de tan penosa escena no sin antes dirigirse a Candy.
- ¡Puedo ayudarla si así lo desea, señora Grandchester!, ¡Sé lo que tiene su hija!, Aquí tiene mis datos nuevamente. ¡No eche en saco roto mi ofrecimiento! – la mujer se retiró alterada por lo que estaba sucediendo.
- ¡No quiero estar aquí, me siento mal! – la gemela volvió a gritar con desesperación y su madre se dedicó a asistirle, dejando en el olvido a la otra persona.
Candy esperó a que Nicole se tranquilizara. La niña se había quedado misteriosamente en silencio después de que Jaya saliera por la puerta.
Ya no lloraba.
- ¿Te sientes mejor, cariño? – su madre la besó en la frente, y se dio cuenta que su hija ardía en fiebre. "¡Dios mío!, ¡Hace un minuto no estaba así!, ¿Qué te sucede? Resolvió que se quedaría con ella en casa. Ante todo, estaba la salud de su hija.
La niña no respondió.
Candy la sacó en brazos del lugar y al llegar hacia donde se hallaban su sobrina y su otro hijo, se dio cuenta de que Terry ya estaba con ellos. El actor se alarmó al ver su expresión:
- ¡Candy!, ¿Qué ha sucedido? – tomó a Nicole entre sus brazos y se dio cuenta de que estaba inconsciente.
- Regreso a la casa. Nicky se ha puesto mal. Tiene fiebre. Discúlpame con los demás – el tono de su esposa era de aflicción y preocupación.
- En este momento hablaré con Charles. Podrán disculparme… - antes de que terminara, Candy fue más rápida.
- Ve con ellos. Es sólo una fiebre. Podré tratarla. No es justo que la estrella principal los deje plantados, más en este compromiso ante la realeza. Te espero en casa. ¡Vámonos! – volteó a ver a los demás.
- En ese caso, estaré poco tiempo, pecosa. Quiero estar con mi hija. Finalmente, estuvieron presentes conmigo en este momento y eso fue lo principal. La recepción no es algo que me interese. Nos vemos en un rato mas – Terry regresó rápidamente al interior del teatro, después de darles un beso.
Anisha y Nicholas voltearon a verse, confirmando sus sospechas. No tenía la menor intención de ir pero al saber que Candy estaría sola con Nicole, era mejor que estuviese acompañada.
Jaya había visto toda la escena y decidió que esperaría a que la propia familia la contactase.
Las copas con el espumoso contenido sonaron al chocar entre sí, mientras los aplausos y las muestras de júbilo inundaban el lujo salón donde se llevaba a cabo la recepción.
Su Majestad había hablado unos instantes con el actor sobre su trayectoria y su actuación en la obra. Terry estaba muy nervioso aunque ante los demás, tuvo que fingir serenidad. Charles era el que más hablaba.
Clarissa estuvo casi todo el tiempo a su lado, en lo que iban caminando a través del salón saludando a la gente que encontraban a su paso. La chica estaba feliz y el inglés pudo percatarse de lo linda que lucía esa noche aunque dejó el pensamiento a un lado, al recordar a Candy y la situación en que se encontraba:
- Salimos airosos en esta representación. Ha sido todo un placer trabajar al lado de un gran personaje como tú, Terrence – le comentó con una discreta reverencia, la actriz.
- Creo que opino lo mismo, Clarissa. Tienes un potencial enorme que será reconocido más pronto de lo que te imaginas. Veo a todos ustedes y me parece recordar aquellos tiempos en los que yo apenas iniciaba en este medio. Cuando se tiene una buena disciplina y nunca se pierde de vista el objetivo por el que estamos aquí, la recompensa es grandiosa. Sabes que puedes contar conmigo, en caso de que necesites algún consejo – sonrió el actor, aguantando las ganas de dejar todo y salir corriendo.
- Gracias, Terrence, aunque nos estaremos viendo seguido este mes en el teatro. Todavía falta el estreno oficial – un joven se acercó en ese momento a felicitarlos, y el actor aprovechó el momento en que Clarissa conversaba para escabullirse hábilmente, aunque sus esfuerzos fueron en vano, conforme se iba abriendo paso entre los asistentes.
Le recibieron más conversaciones y reuniones en los pequeños grupos que se habían ido formando, por donde quiera que caminaba. Varias mujeres habían intentado ser seductoras a sus ojos, pero las ignoró olímpicamente.
- ¡Terry! – su socio lo rescató de una de ellas, que insistía en salir por un momento a la terraza.
- ¡Charles, necesito hablarte!, ¡Por fin te liberas! – el actor se lo llevó lejos de los demás, disculpándose finamente ante la coqueta mujer.
- ¡No he podido hablar contigo, ya que se han colado varios reporteros!, ¡No entiendo cómo fue que se enteraron! – estaba un poco molesto.
- Necesito irme pronto, Charly. Ha surgido una emergencia. Candy no pudo estar presente en la recepción, mi hija volvió a recaer y como comprenderás, no me siento a gusto aquí. ¿Podrías disculparme ante todos?, La Familia Real ya se retiró, y creo que no habrá más problemas. Me veré obligado a tomarme unos días – la ansiedad en su voz, hizo comprender a su socio la urgencia con la que debía salir.
- Cualquier cosa que necesites, por favor, ya sabes donde localizarme. Estaré al tanto de Nicky, Espero que no sea algo grave – le dio una afectuosa palmada en el hombro.
El empresario le devolvió una sonrisa y salió corriendo del salón. En su camino, topó a la mujer que había visto a Candy anteriormente. Ésta le reconoció:
- Señor Grandchester, estuvo usted increíble. ¡Mi más grande admiración! - Jaya salió a su paso y estrechó efusivamente su mano.
- Agradezco sus palabras. Si me disculpa, tengo una urgencia que atender – Terry la esquivó hábilmente, sin embargo, alcanzó a escuchar sus palabras y eso hizo que volteara a observarla seriamente.
- Sé lo que tiene su hija y no es algo de este mundo, señor Grandchester. Le he dado mis datos a su esposa en caso de que necesiten ayuda – dijo enigmáticamente.
Terry, reaccionó agresivamente:
- ¡Aléjese de mi familia! – gritó desesperado.
Ella no volvió a decir nada. Intuía que finalmente, acudirían en busca de su apoyo.
"Seguramente busca dinero", pensó y rezó porque su hija no estuviese grave. Un enorme relámpago surcó el negro firmamento y la lluvia arreció. El actor condujo de regreso a su hogar con una extraña sensación en el estomago, por las palabras que acababa de oír.
Nicole yacía en su cama, cubierta hasta la barbilla, mientras su madre hacía todo lo posible porque le bajara la fiebre. No se había despegado de ella en ningún momento y estaba esperando a que su marido regresase.
- ¿Está muy mal? – preguntó Nicholas, temeroso de acercarse a su hermana.
- Esperemos que no, mi amor. Seguramente ha sido consecuencia del resfrío que ha pescado por andar jugando mucho tiempo fuera. Tal vez, en la escuela no se ha cuidado y ha salido sin su abrigo, con este frío atroz – le respondió cariñosamente, su madre.
- De hecho, no sale. Se la pasa encerrada, en la biblioteca. No tiene amigas y no las culpo, con ese carácter… – Anisha le hizo una señal de que callara.
- ¿Hay algo que debo saber? – inquirió Candy con una ceja enarcada.
- No, mami. Fue solo un impulso. Me iré a mi recámara, ¿vienes, An? Ya que mi querida hermanita nos vuelve a sabotear un momento de diversión, quisiera tener al menos un rato de juegos con alguien – el chico la volteó a ver implorante. Se notaba a leguas que no quería estar solo.
- Vamos Nick. Tía, si necesitas apoyo, estamos en el cuarto de al lado – Anisha salió rápidamente de la habitación, seguida del chico.
Candy se quedó sola y pensativa. Se había dado cuenta del miedo que tenían esos dos. Observó en silencio a su hija, quien parecía dormir plácidamente. Puso su mano sobre la frente y sintió que la fiebre había bajado un poco.
Decidió irse a cambiar el vestido, ya que había entrado de forma tan intempestiva a la casa, olvidando el hecho de que venía ataviada elegantemente.
Salió al pasillo escasamente iluminado y se dirigió hacia su recámara.
Al encender la luz, se percató del sonido parecido al de pasos sobre el piso de madera lo que lo que ocasionaba un rítmico movimiento de los objetos que le rodeaban y eso le obligó a cambiarse lo más rápido posible y correr de nueva cuenta hacia la habitación de Nicole, topándose en el camino con su hijo y Anisha, quienes estaban asustados. El movimiento se calmó instantes después:
- ¡Ya no quiero estar aquí! – gritó Nicholas, aventándose a los brazos de su madre, llorando.
- ¿Qué pasa en este lugar, tía?, ya tenemos tiempo de estar oyendo tantos ruidos espantosos. Sinceramente… ya no aguanto esta situación – la hija de Annie temblaba al tomar su mano.
La rubia iba a tomar la palabra, cuando el ruido de una silla de ruedas emergió de la última habitación. Sus piernas flaquearon del susto aunque trató de sobreponerse, al saberse sola con sus hijos:
El ruido fue en aumento pero esta vez las luces de las lámparas comenzaron a parpadear de forma intermitente. Candy, armándose de valor, corrió hasta el misterioso cuarto y de un golpe lo abrió, encontrando todo en perfecta normalidad. Fue entonces cuando Anisha habló:
- Hace varias semanas, escuché un extraño ruido aquí, tía, y hallé un diario viejo, justo en la esquina de la pared y el piso. Alcance a meter algunos dedos y pude sentir un par de peldaños, tal vez alguna escalera. Sentí el aire que se colaba por ahí. No dije nada, porque Nicole ha estado enferma y es primordial su bienestar – las lágrimas corrían por su rostro.
- ¿Qué es lo que han vivido en esta casa? – y así fue como la ojiverde se enteró de todo lo que habían visto Nicholas y Anisha. En ese instante, como si de un fugaz recuerdo se tratase, la imagen fotográfica infantil llegó a su mente.
Se dirigieron rápidamente hacia la recámara de Candy, y el gemelo gritó al ver la fotografía que había sacado su madre:
- ¡Es ella! ¡Es ella! – caminó hacia atrás, confundido.
- ¿De qué hablas, Nicholas? – Candy se alarmó al verlo tan alterado.
- ¡Es la misma niña que he estado soñando todo este tiempo!
- ¡Dile todo lo que sabes, Nick!, después será mi turno, porque creo que todo comienza a tener sentido en este momento. Hay algo que debo precisar, tía, sobre el diario que hallé – interrumpió Anisha.
- ¡Mamá!, he estado viendo a esa niña en mis sueños. He sido testigo de lo mal que la trataba su mamá, una mujer mala y fea que no deja de pegarle. ¡Sufre mucho y no sé cómo ayudarle! – el tembloroso gemelo se abrazó a ella conforme iba narrándole todo lo que había estado padeciendo en las recurrentes pesadillas.
- Hallé un viejo diario en aquel agujero y lo he leído. Con todo esto, puedo asegurar que pertenece a esa niña. Lo que es peor, se menciona en su interior a una mujer llamada Susana Marlowe y su relación con… mi tío.
Candy se quedó estupefacta al oír en labios de Anisha aquel nombre, llorando amargamente al recordar todos los problemas que se habían suscitado por ella, así como las pesadillas que había tenido recientemente. Un aturdimiento se apoderó de su ser conforme iba escuchando las revelaciones de su hijo y su sobrina.
- ¡Esto lo tiene que saber Terry!
Una voz emergió a sus espaldas. Era su marido quien acababa de llegar.
- ¿De qué me tengo que enterar?
Candy intentó hablar pero su sobrina fue más rápida:
- De su relación con una actriz llamada Susana Marlowe – expresó su sobrina con semblante serio.
El actor observó a todos sin comprender lo que acababa de oír.
De manera atropellada, su hijo y Anisha le narraron todo lo que habían dicho a Candy. Se había quedado mudo al oír lo referente a esa desconocida niña y su antigua compañera de teatro. "¿Tuvo una hija?", pensó para sí, confundido.
Entonces, la serie de ruidos reinició, esta vez, en el pasillo.
Al asomarse, se dieron cuenta, con horror, que los cuadros de los muros se movían incesantemente mientras que las lámparas parpadeaban de nueva cuenta.
Un escalofrío recorrió a cada uno de los ahí presentes cuando la puerta de Nicole se abrió de golpe a la par que varios objetos, entre los que se encontraban frazadas, juguetes, muñecas y libros, salían volando del interior.
Todos corrieron, alarmados, para cerciorarse de que la niña se encontraba bien.
No la hallaron en su recámara, a pesar del increíble desorden que imperaba en el lugar.
- ¡Nicole!
Terry se desesperó al no tener respuesta.
Después, corrieron en su búsqueda por todas las habitaciones. Los angustiados padres sintieron que el alma se les iba a los pies al corroborar que su hija no se hallaba en la casa. Salieron al jardín y percibieron un débil gemido.
- ¡Papá!
- ¡Nicky! ¿Dónde estás?
- ¡Ayúdenme, por favor!
El grito provenía de la casa aledaña.
- ¡Esperen aquí!- en un segundo, la pareja saltó la barda, dejando a Anisha y Nicholas en el jardín.
Se introdujeron en el lugar y le llamaron durante varios minutos, hasta que un sollozo les indicó el lugar en el que se encontraba.
La hallaron acurrucada en una de las esquinas del enorme salón, con las manos cubriendo su rostro. Sobre uno de los muros, había una serie de frases pintadas con tintura roja. Terry pareció perder la razón al irlas reconociendo como uno de los diálogos de la obra Romeo y Julieta.
Aquello era simplemente, lunático:
¡Amor nacido del odio, muy pronto te he visto, sin conocerte!... ¿Me amas? ... Si me amas en verdad, Romeo, manifiéstalo con franqueza, y si piensas que soy fácil y me rindo a la primera súplica, dímelo también, para que me ponga huraña y enfadada, y así debas suplicarme.
- ¿Qué demonios está ocurriendo contigo, Nicole? ¿Por qué estás aquí?
El actor se abalanzó sobre su hija pero se detuvo al oír una escalofriante carcajada que emergía de algún oscuro rincón de la casa. Escudriñó en la oscuridad sin distinguir el origen de aquel sobrenatural sonido.
No obtuvo respuesta sin embargo, la inusual acción que el par de ojos de la pareja atestiguarían en los siguientes segundos les dejaron helados:
Su hija se había incorporado y colocado en medio del cuarto observándoles con expresión burlona.
- ¡Estúpidos!
Nicole dio una serie de vueltas sobre sí, como si fuese una demente y después danzó, balbuceando frases ininteligibles. Su mirada se perdió en el techo. Estuvo así por unos minutos hasta que cayó al suelo y comenzó a gatear en círculos.
Aterrorizado, el inglés caminó hacia atrás, sin quitar la vista de ella, en un inconsciente acto de proteger su esposa. Candy intentó ir a al lado de su hija, pero su marido la detuvo:
- ¡Ella no es Nicole! – expresó aterrado.
El actor no pudo continuar, ya que una vieja silla que yacía ahí cerca, dio una serie de vueltas sobre su propio eje como si fuese movida por manos invisibles y después fue arrojada directamente sobre Candy. Ésta alcanzó a esquivarla.
La niña dejó de moverse y volteó el rostro para observarlos detenidamente, con una sonrisa cínica. Se incorporó de manera grotesca, como si fuese un títere sin control. Lanzó una maldición en un idioma desconocido y después cayó inconsciente al suelo.
Fue cuando, aterrorizado, el inglés tomó por fin a su hija en brazos y emprendió la huida de aquel espantoso lugar.
- ¡Salgamos de aquí! – expresó aterrado.
Una serie de estruendosos pasos recorrieron todo el lugar, cimbrando los cimientos. Un agónico lamento femenino les dejó aturdidos por unos minutos. La casa parecía haber cobrado vida y los Grandchester apenas y tuvieron las fuerzas suficientes para poder salir huyendo de la misma.
Anisha y el gemelo les esperaban ya en el auto.
Conforme se iban alejando del lugar, todos, menos Nicole, voltearon hacia la vieja mansión, para ver el inédito espectáculo:
Las raídas cortinas se sacudían violentamente en todas y cada una de las habitaciones mientras las luces se encendían y apagaban intermitentemente. Gritos y alaridos inundaron todo el vecindario y la familia ni siquiera se detuvo a dar explicaciones ante los escasos vecinos que salían de sus casas para observar el impactante suceso.
La gemela permaneció inconsciente durante todo ese rato y al ver que no reaccionaba, acordaron llevarla nuevamente, al hospital.
Durante el trayecto, el actor fue puesto al tanto de lo que acontecía en la familia, y con pesar, comprobó lo narrado por su sobrina.
- ¿Leíste todo el diario? – preguntó, consternado.
- No. En ese instante tenía mucho miedo de todo esto – respondió con voz entrecortada Anisha.
- ¡Necesito verlo!
- ¡Lo he dejado en mi recámara!
Terry ya no respondió.
Algunas de las piezas del rompecabezas comenzaban a encajar en todo lo que estaba sucediendo: las pesadillas que todos habían tenido, los ruidos extraños, las actitudes de cada miembro de la familia, y aún así, seguía siendo un misterio para él, el hecho de que Susana tomaba una participación significativa en todo aquello y lo peor, la repercusión que estaba teniendo en Nicole, quien se comportaba de esa forma tan tétrica.
