Capítulo 22


La muerte de Homura los había cogido tan por sorpresa que a ninguno le estaba resultando fácil asimilarla.

Tras dejar a Lexie con Ayame, Óbito, Temari y Sakura llegaron a la granja, donde los sollozos de Karin y el mutismo de Ko, que se abrazaba a Sasuke, les destrozaron el corazón.

Homura había muerto de un infarto fulminante mientras descansaba. Había pasado del sueño de los vivos al sueño eterno sin darse cuenta, y eso fue lo único que los reconfortó.

Las horas transcurrían lentamente y el agotamiento comenzó a hacer mella. Una de las veces que Sakura salió a fumar un cigarrillo al exterior, se encontró a Sasuke solo, ojeroso y pensativo. Sin dudarlo, se sentó junto a él, pero no pudo hablar. Únicamente lo abrazó y lo acunó como a un niño, mientras él lloraba y compartía sus sentimientos con ella.

Homura pasó su última noche en la granja acompañado por sus familiares y amigos. Sakura y Temari apenas conocían a nadie, pero aquellas personas las trataron con tanto cariño que se sintieron casi como de la familia.

A pesar de su tristeza y su dolor, cuando fue consciente del vendaje en la cabeza de Sakura, Ko rápidamente se preocupó por ella. En varias ocasiones Sasuke intentó que ambas descansaran, pero le resultó imposible. Ambas eran tan testarudas que sólo dieron su brazo a torcer cuando Temari sacó su genio español, cosa que Sasuke y Óbito le agradecieron con una sonrisa.

Acostadas las dos en la habitación de Sasuke, Sakura era incapaz de dormir. Le dolía horrores la cabeza, pero la pena por la pérdida de Homura no la dejaba descansar. Apenas si podía moverse, y quería que Ko durmiera. Le esperaba un día duro.

—¿Sabes, Sakura? —oyó que decía entonces ella con voz suave—. Cuando Homura y yo vinimos a esta casa, pasamos nuestra primera noche juntos en esta habitación. Recuerdo el miedo que le tenía a nuestra noche de bodas. Había oído hablar tanto a mi madre y a sus amigas de lo que ocurría, que estaba aterrada. Pero Homura fue tan atento, tan cariñoso y tan comprensivo conmigo que aquella primera noche no ocurrió nada entre nosotros. A la mañana siguiente, cuando se levantó para ir a dar de comer al ganado, me dejó una flor en la mesilla con una nota que decía: «Si sonríes, soy feliz».

—Qué bonito, Ko —susurró Sakura mientras las lágrimas corrían por sus mejillas.

—Sí, cariño —asintió la anciana volviéndose hacia ella—. Por aquel entonces, mi familia tenía dinero, a diferencia de la de Homura, que siempre había sido considerado un muchacho trabajador pero humilde. Alguien que no me convenía, vamos. Sin embargo, cuando todos se enteraron de nuestro amor, me dieron a elegir entre mi familia o mi corazón. Fue una época dura para los dos, pues yo estaba acostumbrada a ciertos lujos que, en cuanto me casara, no podríamos permitirnos. Pero Homura, una vez más, consiguió con su cariño y su amor que no echara en falta lo material y comenzara a disfrutar de cosas tan simples como una sonrisa, una caricia, un beso o una flor. Y, ¿sabes?, nunca en todos los años que hemos estado casados me he arrepentido de mi decisión. Si volviera a vivir mil veces, me casaría mil veces con Homura. Por eso quiero que aproveches tu vida —prosiguió con un hilo de voz—. No existe nada más bonito en el mundo que sentirte parte de alguien y que alguien se sienta parte de ti.

—Ko —sollozó Sakura—, ¿por qué me dices eso?

—Porque la vida es más corta de lo que parece, tesoro mío, y lo único que perdura en el tiempo es la familia, los amigos y en especial el amor —murmuró la anciana tomándole las manos—. No tengas miedo a enamorarte. Ese alguien especial puede aparecer cuando menos te lo esperas y ser quien menos imaginas.

—Te refieres a Sasuke, ¿no es así?

—Sí, cariño —asintió ella con una triste sonrisa—. El primer día que Homura te vio, me dijo: «Esa española es el alma gemela de Sasuke». —Ambas sonrieron—. Así lo creía él, y así lo creo yo también. He visto cómo os buscáis con la mirada cuando creéis que nadie os ve. He comprobado cómo vuestros cuerpos se hablan, y he sido testigo de cómo vuestros corazones latían al mismo ritmo aun estando a kilómetros de distancia.

—Qué cosas más bonitas dices, Ko —exclamó Sakura pasándole con dulzura la mano por la arrugada mejilla—. ¿Sabes? Al poco de conocerme, Sasuke me dijo que me había besado con la mirada. En aquel momento no lo entendí, pero ahora... ahora sí.

—Eso me confirma que mi nieto es como su abuelo —declaró la anciana—. Puede ser testarudo e incluso a veces un poco gruñón, pero tiene un corazón noble, y eso en los tiempos que corren no es fácil de encontrar, cariño. Cuando te mira, cuando te sonríe, incluso cuando discutís, lo hace con tal pasión que siento que es una pena que no os deis una oportunidad.

—No es fácil. Nos separan demasiadas cosas —se sinceró Sakura.

—Sólo quiero que sepas que tanto Sasuke como Óbito son buenos muchachos y nunca os defraudarán, a pesar de que en algún momento así lo creáis. Están hechos de la misma pasta que su abuelo, y esa pasta, cariño, no es fácil de encontrar.

—Lo tendré en cuenta, Ko, te lo prometo —asintió Sakura tragándose el nudo de emociones que tenía en la garganta.

A continuación abrazó a la anciana, que lloraba turbada por aquella difícil cosa llamada «AMOR».