Señorita Constructora

Esta historia es una adaptación.

La historia original es Miss Fix-It de Emma Hart

Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer

Capítulo 22

Epílogo

Un año después.

Miré fijamente a la fiesta que se extendía frente a mí, después hacia mi estómago.

Me veía gorda.

Ni siquiera gorda embarazada, solo gorda. El horrible, incómodo momento en que la gente te miraría en la tienda mientras lo descubrían.

Demasiado embarazada para esconderlo, demasiado pequeño para confirmarlo, seguía diciendo mi mamá.

Aunque, si tocaba mi bulto una vez más, le iba a quitar la cabeza de sus malditos hombros con un golpe de karate.

Las manos se deslizaron sobre mi cintura, sobre lo rechoncho. —Mira eso —murmuró Edward, acercando mi cuerpo al suyo—. Finalmente pasaste la etapa gorda.

Bajé la mirada otra vez. Incluso ladeé la cabeza hacia los lados.

—¿Esto significa que tu mamá dejará de cuestionar su existencia si puede ver el bulto?

—Sí. Probablemente te tocará un par de veces.

—Nop. —Aparté sus manos de mí y le apunté con el dedo—. ¡No soy una exposición interactiva en un museo! ¡Me voy a cambiar!

—¡Bella! —Se echó a reír—. ¡Estoy bromeando!

—¡Nop! ¡Entre mi mamá y la tuya, no! —Lancé las manos al aire—. No haré esto. —Me arranqué la camisa por la cabeza y la arrojé a la cama—. Es suficientemente malo que apenas pueda trabajar debido a las regulaciones de seguridad en un montón de mierda —continué—. Ahora, ¿ni siquiera puedo organizar una fiesta de cumpleaños sin que mi gordura sea acariciada? Nop. De ninguna manera. Hoy pasé tres horas en la cocina. Tres. ¡Horas! ¿Sabes cuándo fue la última vez que pasé tres horas en la cocina?

—Estas tratando de ocultar el hecho que te atiborrabas de yogurt y galletas. Juntos.

—No puedes juzgarme. —Golpeé el aire con mi dedo—. ¡Tenía hambre! —Levantó las cejas y sonrió—. No pasé tres horas en esa maldita cocina para que la gente me pinche la grasa.

—Esa grasa es nuestra hija.

—¡Sigue siendo grasa! —Pinché mi bulto desnudo para probar mi punto, y me dio una patada más fuerte que alguna vez tuve por mis molestias—. ¡Oye! —le dije a mi estómago—. ¿Qué fue eso?

—¿Te pateó?

—Me pateó. Intenta escapar. La misma diferencia.

Se acercó y apoyó su mano en mi estómago.

—Hazlo otra vez —dijo en voz baja—. Pínchala. Suavemente.

Empujé el frente de mi estómago y ella pateó. Justo ahí donde se encontraba la punta de nuestros dedos. Una sonrisa se extendió por su rostro. —Te dice que te alejes. Solo golpéala cada vez que una madre te toque.

Me hallaba dividida entre sonreír porque él la sintió o mirarlo con furia ante su sugerencia. En su lugar decidí ponerme la camiseta por la cabeza.

La compré especialmente para esta reunión de nuestros padres.

Edward caminó a mi alrededor y leyó la camiseta. —"Manos fuera del bulto" —leyó.

—Quería una que dijera "Tócame y te cortaré como un pez" pero no tenían eso en la tienda.

Se frotó el rostro con la mano. —Menos mal. ¿Todo está listo? Deberían regresar en cualquier momento.

—Todo menos mi paciencia.

—Estás irritable hoy. ¿Eli se comió todo el yogurt otra vez?

Lo miré fijamente.

»Aun así muy, muy hermosa —intentó.

Lo miré fijamente.

Se echó a reír, acercándome más. »Vamos, gordita. Sé de hecho que hay galletas en la cocina. Las escondí en lo alto donde los niños no pudieran alcanzarlas.

—Y me acabo de enamorar de ti otra vez.

Me besó, luchando contra una sonrisa.

Abajo, la puerta se abrió de golpe.

—¡Mamiiiii! —gritó Eli.

Suspiré.

—Ahí van mis galletas.

Edward ahuecó mi rostro. —Rápido, distráelos en el jardín de atrás y las conseguiré para ti.

—Solo me desmayé —dije, besándolo en la comisura de su boca y dirigiéndome hacia las escaleras.

—¡Mamá! ¿Dónde estás? —gritó Ellie.

—¡Ya voy! —grité—. ¡Dejen que la señora gorda camine!

La risa de Edward me persiguió escaleras abajo.

Ellie frunció el ceño cuando entré a la vista. —Te ves gorda hoy.

—¡Eso no es amable! —Eli la empujó—. Mamá luce bonita.

—No vamos a pelear. —Moví mis manos y me agaché hacia ellos en el pasillo—. ¿Dónde están la abuela y el abuelo?

—En el auto —dijo Ellie—. Realmente te ves gorda hoy. ¿Puedo tocarlo?

—Tú —dije—, estás autorizada.

Me puse de pie para que pudiera. Incluso recibió el atisbo de una patada por sus molestias.

Sus ojos se agrandaron.

—¿Qué fue eso?

—Tu hermana tiene tu actitud —respondí.

—Eso fue raro. —Ellie retrocedió—. ¡Papi! ¡El estómago de mamá me golpea! —Corrió escaleras arriba.

Eli tocó mi estómago, también, con una leve apariencia de leve curiosidad en su rostro. Que rápidamente cambió a tristeza. —¿Por qué no me golpea?

—Le gustas. —Sonreí, dejando mi mano sobre la suya—. ¿Y sabes cuál es la mejor parte de tener dos hermanas?

—No habrá nada bueno en tener dos hermanas —dijo sombríamente.

—No, la habrá. —Suavemente tomé su mano de la mía y me incliné—. Tienes garantizado que serás mi chico favorito. ¿Ellas? Quién sabe.

Sonrió, sus ojos brillaban centelleando.

—Eso suena divertido.

Le devolví esa sonrisa y le besé la nariz. —Feliz cumpleaños, amigo.

Abrazó mi cuello. —Gracias, mami. ¿Puedo ir a comer algo de esa comida?

—No toques el pastel —le advertí.

Una cosa para la que no habían crecido era su amor por superhéroes y princesas, y me las arreglé para incorporar eso en un solo pastel.

Muy bien.

Le pagué a alguien, pero básicamente era lo mismo.

¿No es así?

—Baja —dijo Edward desde las escaleras—. Y toma algo, entonces.

Me reí mientras Ellie se deslizaba hacia el refrigerador.

Me miró.

»Un día —dijo—. Un día, seremos libres de niños.

—Dieciocho años y cinco meses —respondí.

—Mierda —murmuró—. Debí pensar en eso.

—¿Antes o después de lanzarme sobre el sofá? —Envolví mis brazos alrededor de su cintura y lo miré.

Colocó sus manos sobre mis hombros y frunció sus labios. —No pensaba correctamente cuando me lancé sobre ti, así que…

Enterré mi rostro en su pecho y reí.

—¿Puedo tener mis galletas ahora?

Me besó la parte superior de mi cabeza, riendo también.

—Claro, cariño.

Me soltó, todavía riendo.

Un montón de cosas habían cambiado desde que conocí a los Cullen.

¿El anillo en mi dedo? Eso cambió. También estaba el hecho de que mi útero incubaba a un pequeño ser humano. También lo hizo mi nombre, ya no era Bewa, era mamá.

¿La única cosa que no cambió?

Edward seguía riendo.

Cada día.

A veces conmigo. Algunas veces de mí. Pero, siempre por mi causa.

Si hubiera sabido cómo todo cambiaría cuando entré por la puerta, probablemente nunca lo habría hecho. Mi familia se cuadriplicó de la noche a la mañana. Navidad se hizo más grande y casa, y la responsabilidad caía sobre mí.

Llegué a esta casa a arreglar habitaciones.

Lo que hice fue arreglar una familia.

Y, nunca había sido tan malditamente feliz.

Bueno… tal vez cuando consiguiera mis galletas.

FIN


¡Y llegamos al final!

Muchas gracias a cada una de ustedes por sus reviews y por aceptar la adaptación :)

Próximamente les traeré una nueva adaptación que espero les guste.

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¡Subí nueva reseña al blog! Les hablo sobre la trilogía Elementos Oscuros y como afectó mi corazón xd vayan a darle una miradita a la reseña y a lo mejor les da por leerla ;)

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Nos vemos.

Bye Sweeting!