Muchas gracias por todo el apoyo que está recibiendo este triste intento de historia.

Cómo siempre los personajes no me pertenecen, yo simplemente los ocupo sin fines de lucro.

Capitulo XII. Lord Pt, I

¡Dios!

¡¿Puedes comportarte cinco minutos frente a ella!?

Hermione se encontraba en una situación que nunca había imaginado ser parte a su corta edad. Pues en la noche de Halloween ella había hecho algo impulsivo, había besado los labios de su mejor amiga; no un segundo después cayó en cuenta de lo que había hecho, cuando se separo de ella y vio sus labios entreabiertos dejando salir su suave respiración, anhelo no haberla despertado, pasaron los segundos que parecieron una eternidad para ella, y Harriet pareció no haberse dado cuenta de sus acciones, Hermione trató de dejarlo atrás, pero le fue imposible hacerlo, el simple hecho de mirarla al día siguiente había traído de nuevo la suavidad de su toque, el sentir su respiración en contra de sus labios, y apenas una clase después había descubierto que hubiera preferido que la hubiera atrapado besándola mientras que estaba dormida, pues de esa forma podría gritarle por haberle robado su primer beso, y no estaría sola tratando de entender por qué lo había hecho en primer lugar.

La pequeña castaña sabia que no estaba siendo exactamente discreta con toda la situación, por momentos había pensando escribirle a sus padres en busca de concejo, pero sería bastante tardado y era consciente que su confesión llevaría a preguntas que ni siquiera estaba segura de poder responder, y por vergonzoso que pudiera ser había llegado a la conclusión que debía confesárselo, sabía que podría perder a la primera amiga que había tenido en su vida, pero eso a seguir ocultándoselo, creía que valía la pena el riesgo.

El siguiente problema que tuvo fue que ni Ron ni Draco parecían querer dejarlas solas un solo segundo, y aunque eran sus amigos comenzaba a ser desesperante el tener que esperar para hablar con ella, sabia que podía hacerlo en sus habitaciones, pero el pensar en que terminara su amistad en el mismo lugar donde había comenzado era demasiado para ella.

Por eso el que ambos fueran al partido de quidditch sin ellas había sido una bendición como una maldición, estuvo a punto de comenzar a hablar cuando la voz del profesor Quirell vino de detrás de ellas.

- Buenos días profesor. - Escucho decir a su lado, y Hermione por primera vez estuvo decepcionada de ver a un maestro, pero pese a ello trato de sonreírle a su maestro.

- Supongo que tienen mejores planes que ver un partido de quidditch. - Les dijo acercándose a ellas.

Había dado un par de pasos, cuando ambas sintieron que había algo mal, no solo era la falta del tartamudeo del mayor, sino que la piel de sus manos parecía extrañamente gris, y fue un solo segundo después cuando Harriet logro verlo a los ojos, e instintivamente se lanzó sobre su amiga, tumbandose al suelo con la castaña debajo suyo.

Hermione grito por el golpe que recibió en la espalda cuando el frío piso la recibió con dureza, estuvo a punto de exigir una explicación, cuando vio un rayo verde impactar justo en donde había estado parada, su corazón se aceleró cuando volteo la mirada hacia su profesor y lo vio con la varita extendida hacia ellas, pero lo que más le sorprendió fue lo mismo que había alertado a la azabache que se encontraba encima suyo, los ojos del profesor parecían vacíos, como si de pronto toda su humanidad y vida le hubieran sido arrebatados, y aquellos orbes fríos la veían con una indiferencia que era espeluznante.

- Me hubiera encantado esperar más para encargarme de ti. - Se escuchó en el pasillo, Hermione vio con horror el turbante de su profesor caer al suelo, mientras que esté se daba vuelta mostrando un rostro donde debería estar la nuca del hombre, un par de ojos rojos la veían, mientras que una sonrisa espeluznante se formó mostrando sus dientes afilados. - Supongo que era mucho esperar que alguien como el pudiera resistir al gran Lord Voldemort.

Un crugido resonó cuando el brazo del profesor se alzo en un ángulo que debería de haber sido imposible, la varita del profesor volvió a brillar, y Hermione trató de mover a Harriet para apartarse de la dirección de la maldición, sin embargo el mago experimentado había sido más rápido atacándolas, vio el rayo verde precipitarse hacia ellas, y cuando está estuvo a punto de tocarlas, del suelo frente a ambas emergió una barrera, que detuvo al maleficio, pero al ser sumamente delgada pedazos de piedra volaron hacia ellas cuando la maldición explotó en ella, causándoles cortes cuando la metralla voló hacia ellas.

La castaña vio como la varita de su amiga se encontraba extendida, diciéndole quién era la que las habían salvado, pero también percatándose de su estado, viéndola temblar como una hoja ante un huracán, y se dio cuenta que había forzado la transfiguración con pura determinación.

- Espléndido. - Llego la voz de Voldemort caminando hacia ellas. - Una maravillosa transfiguración de verdad, cincuenta puntos a Ravenclaw. - Se burlo, dándoles una sonrisa. - McGonagall estaría encantada de verte, lástima.

Harriet sentía el corazón latir contra su pecho con tanta fuerza que creyó que en cualquier momento se le arrancaría del pecho, sus manos temblaban incontrolables, quiso gritarles que se detuvieran, que le obedecieran, pero su voz no parecía querer salir de sus labios, en su mente trato de recordar todas las lecciones de su madre que pudieran servirle en ese momento para defenderse a ella misma y a su amiga, pero era como si de pronto todo hubiera desaparecido de su mente, dejando un enjambre de pensamientos sin principio ni final.

- Descuida niña, pronto te reunirás con tus padres. - Lord Voldemort proclamó, cuando se había dado cuenta que a su contenedor no le quedaba mucho tiempo tuvo que aclarar sus prioridades, podía extender su vida con sangre de unicornio, pero parecía que ni siquiera para ello tenía fuerzas suficientes, la piedra filosofal seguía en poder de Dumbledore, y ello le dejo con un único objetivo, y ese era la niña que había destruido su cuerpo hacia una década antes, una vez ella estuviera muerta, no habría nadie que se levantara en su contra una vez más, y en ese momento anhelaba ver cómo la vida desaparecía de sus ojos, con varita en alto se acerco a su cuerpo tendido en el suelo, sus ojos verdes seguían cada uno de sus movimientos, y se deleitó del miedo que veía en ellos, le era casi orgásmico verla tratando desesperadamente de buscar una manera de sobrevivir, pero él sabía que ese era su fin.

La pequeña azabache apretó su varita con fuerza, sin detenerse a pensar un solo segundo, con lo último de sus fuerzas lazo un hechizo.

- Diffindo.

El hechizo fue tan débil que apenas había sido presenciado, Voldemort se burlo de la niña, y alzo su mano para sujetarla, pero apenas sus pieles se tocaron un terrible dolor se apoderó de él, sintiendo su carne arder, y vio como la mano de su huésped se caía a pedazos, calcinados.

La azabache no sabía que estaba sucediendo, pero en ese momento no le importaba comprenderlo, simplemente aprovecharía la oportunidad que tenía frente suyo, y de un salto se lanzó en contra del mago, sus gritos de agonía resonaron en los pasillos del milenario castillo, mientras que lo tocaba, mientras que pedazos completos del mago caían hechos cenizas al suelo.

Hermione vio una sombra desprenderse de los restos del mago, y antes de que pudiera siquiera hacer algo, está se precipitó en contra de su amiga, atravesándola antes de que saliera del castillo volando por una ventana. Tropezando con sus propios pies se lanzó hacia dónde estaba Harriet quien caía al suelo como un peso muerto, logrando atraparla antes de que tocara al suelo, sintió sus ojos arder cuando la vio con los ojos cerrados y su respiración apenas y estaba ahí.

- ¡Ayuda! - Gritó, esperanzada a ser escuchada. - ¡Por favor!, ¡ALGUIEN AYÚDEME! - imploró sintiendo quemar su garganta con su grito, las lágrimas seguían cayendo sin misericordia, sus mejillas ardían mientras acunaba el rostro de Harriet entre sus manos. - Por favor.

De pronto una mar de llamas carmesí nació de la nada frente a ellas, y un hermoso canto inundó el pasillo, mientras que el director aprecia gracias a su fénix. Pues uno de los retratos había presenciado el principio de la escena, y sintiéndose inútil en ese momento, hizo lo único que podía en aquellas circunstancias, y fue avisar a Dumbledore, este no perdió ni un segundo en llamar a su familiar y aparecer en el pasillo, sin embargo cuando llego todo había terminado, y solo encontró a una niña desconsolada con su amiga en brazos.

El anciano se acerco con grandes zancadas a la niña, y con un gentil toque la apartó para ver a Harriet, el no era exactamente un maestro en el arte de curación, pero había visto lo suficiente como para tranquilizar a la pequeña.

- Tranquila, Harriet se encuentra bien. - Le dijo mientras hacía un movimiento de varita. - Solo se encuentra increíblemente agotada, pero para estar seguros la llevaremos a la enfermería, ¿te parece?

El director sonrío, viendo cómo Hermione parecía recibir un soplo de aire fresco con sus palabras, y asentía vigorosamente a su sugerencia. El brujo levanto con suavidad el cuerpo de tendido de Harriet, y con Hermione detrás suyo emprendió su camino hacia la enfermería.

Al ser el comienzo de la temporada de Quidditch, madame Pomfrey había estado esperando un par de ingresados, más cuando el primer partido era entre Gryffindor y Slytherin, sin embargo lo que no había estado esperando era la llegada del director junto con dos primerizas y que una de ellas estuviera en los brazos de este. La anciana no dejo que sus pensamientos nublaran su juicio y se acerco presurosa a ellos, arrancando a la niña de los brazos del mayor, ni siquiera había logrado poner a la joven sobre una de las camas cuando las letanías de hechizos fueron murmurados para saber su estado.

La varita de la matrona giro alrededor de la joven buscando cualquier problema que pudiera tener, pero suspiro de alivio cuando más allá de un par de cortes y un agotamiento mágico, la pequeña estaba en perfecto estado, decidió dejarla dormir y que se recuperará naturalmente.

- Ahora, Vamos contigo. - Le dijo la anciana a Hermione, ella le trató de decir que se encontraba bien, cuando sintió un dolor profundo en su costado, pues cuando logró tranquilizarse, la adrenalina bajo y los golpes que recibió volvieron con venganza.

La matrona desaprecio los cortes del rostro de la niña, y al igual que con Harriet, lanzó un par de hechizos para saber el estado de la pequeña, descubriendo un golpe en su espalda, suspirando lanzó un hechizo para aliviarle el dolor, había estado preparada para una situación parecida, por lo que ya tenía todas las pociones listas, y se las dio a Hermione para curar su golpe. - Tómate esto, te sentirás mejor en un par de minutos.

Hermione hizo lo que le dijeron sintiendo el sabor de la poción bajar por su esófago, haciendo una mueca por la horrible sensación.

- Ahora ¿quieres decirme qué sucedió? - Le preguntó, sin embargo el director se acerco a ellas antes de que pudiera responder.

- En realidad Poppy, me gustaría hablar con ellas antes. - le dijo tranquilamente, pero sin dejarle espacio para discutir, por lo que la matrona no tuvo otra opción que asentir a sus palabras, dejándolos solos.

Dumbledore se sentó a los pies de la cama de Harriet, viendo a Hermione a los ojos. - Señorita Granger, tiene mis más sinceras disculpas por lo que tuvo que pasar este día.

Los ojos de la niña se abrieron con la implicación de lo que decía el anciano. - Usted sabía. - Dijo en un susurro, sintiéndose increíblemente traicionada.

- Tenía mis sospechas, lamentablemente no conté con la desesperación del atacante por deshacerse de Harriet. - Le dijo con voz tenue, y aunque por fuera se vía tranquilo, por dentro la culpa lo carcomía en vida.

- El dijo que era Voldemort. - Confesó, sin percatarse del brillo en los ojos del anciano. - Pero los libros dicen que... - Volteo la mirada hacia la figura dormida de su amiga. - ¿Como...?

- Pese a todo, el mago conocido como Voldemort, era sumamente inteligente, y lamentablemente incursiono en magia tan antigua como prohibida, lo que presenciaron hoy fue un fantasma de lo que alguna vez fue, y desafortunadamente, creo que no será la última vez que lo veamos.

Durante un par de segundos, Dumbledore solo vio a la niña, y pudo percatarse de lo que pasaba por su mente, pues Hermione sentía lo que muchos otros sintieron antes que ella, un estado de culpa causado por sentir que no había hecho nada para ayudar a su amiga, el brujo se levanto de la cama y camino hacia ella. - A lo largo de mi vida he visto muchas cosas Hermione. - Comenzó a decir, tratando de ayudarla tan siquiera un poco. - Comprendo que te sientas responsable por lo que le sucedió a tu amiga, pero he visto a magos y brujas mucho más experimentados congelarse. - Dijo sabiendo de primera mano que él era uno de ellos. - Nadie te culpa por no actuar, no lo hagas tú misma, si le permites a este viejo darte un consejo, no dejes que esa culpa te carcoma, sé que ella te necesitara, no te alejes.

El director abandono la enfermería, esperando haber ayudado a una de sus alumnas.

Hermione dejó que las palabras del director se hundieran en su conciencia, mientras se acercaba a la cama en la que estaba postrada su amiga, suavemente tomo su mano entre las suyas, y espero a que despertara.

Fue un poco más tarde ese día cuando la conciencia le regresó a la azabache, Draco y Ron habían sido expulsados de la enfermería al tener una discusión a gritos causada por el marcador del partido al que habían ido, aunque en realidad se sentían culpables de haber abandonado a sus amigas por ir a ver un partido de Quidditch, por lo que la única manera de liberar su enojo fue con el contrario, Hermione solo se salvó del mismo destino al ser también una paciente en ese momento.

Los ojos verdes de Harriet revolotearon a lo largo de la habitación, estuvo a punto de tener un ataque de pánico descubriéndose en un ambiente extraño, pero logró tranquilizarse al ver a su amiga sentada a su lado.

- Hey. - Dijo sintiendo su garganta seca después de su siesta. - ¿Como estas?

La castaña sonrío ante la preocupación en la voz de su amiga. - Estoy bien, solo un par de golpes... yo... gracias por salvarme.

El rostro de Harriet se contrajo en confusión, sin saber a qué se refería, pero cuando logró hacerlo, se sintió como una mierda consigo misma. - Perdona por haberte puesto en la mira... - Hermione estuvo a punto de interrumpir, pero Harriet habló por sobre ella. - Lo escuchaste, iba tras de mí, yo solo... lo siento.

Harriet agacho la mirada y se hubiera perdido en sus pensamientos, pues según su punto de vista la causante de todo había sido ella, se imaginó que hubiera sucedido si hubiera sido más lenta, o si no hubiera tanta suerte como la tuvo, y su corazón se estrujo dolorosamente ante el pensamiento, sin embargo, todo se detuvo cuando Hermione se lanzó sobre de ella abrazándola, la sintió envolverla en sus brazos.

- No digas eso. - Le dijo cepillando su cabello negro con su mano, buscando tranquilizarla como tantas lo había hecho ella. - Siempre voy a estar a tu lado, no importa nada.

Durante unos segundos solo se limitaron a permanecer así, permitiéndose que la presencia de la otra la tranquilizara.

- Te bese cuando estabas dormida después de Halloween. - Dijo de pronto Hermione, tomando a su amiga con la guardia baja.

- ¿Que? - Le preguntó, sin saber si había escuchado realmente bien.

- Por favor no me hagas repetirlo. - Le dijo abrazándola más fuerte.

Pasaron tortuosos segundos en los que Hermione esperaba cayera la hacha que le cortaría la cabeza, sin embargo la respuesta de Harriet fue todo menos lo que esperaba.

- ¿Beso bien? - Preguntó en tono serio Harriet.

La castaña se separó de su amiga como si de pronto estuviera en llamas. - ¿Que? - Pregunto estúpidamente, viendo el rostro serio de su amiga.

- Ya sabes, ¿lo disfrutaste?. - Le pregunto moviendo las cejas.

- ¡Harriet! - Le regaño manoteando su brazo.

La sonora carcajada de ambas se escuchó en la enfermería, ganándose una advertencia de madame Pomfrey.

- ¿Por eso estabas tan extraña? - le pregunto Harriet cuando la enfermera volvió a su oficina.

Hermione no tuvo que responder con palabras pues su rostro tomo la tarea como propia sonrojando a la niña más allá de lo imaginable.

- ¿Puedo preguntar por qué lo hiciste? - dijo recostada sobre su almohada, realmente no le importaba más allá de saber que su amiga tenía sentimientos por ella aunque por el momento decidió dejar ese pensamiento para después pues sabía que no sabía qué hacer con el, además que en ese momento era Hermione la que importaba, por lo que pensó que sería mejor que lo sacará de su sistema cuanto antes.

- No lo se. - Dijo copiando sus acciones, acostándose a su lado. - simplemente había tenido un sueño muy extraño, y tú estabas ahí, habías matado a ese troll, todo era confuso, yo solo... No lo sé.

- ¿Te gustan las niñas? - le pregunto.

- ¿Puedes saberlo a esta edad? - Le pregunto de vuelta tratando de desviar la atención.

- Bueno tu eres un año mayor, vieja. - Le dijo recibiendo un golpe en su costado. - Mi mamá dice que es normal sentirse confundida, pero que si, puedes saberlo a esta edad.

- No lo se, me gustas tu. - Le confesó, apoyando su cabeza en su hombro, agradeciendo que no pudiera ver lo sonrojada que se encontraba. - Me encanta pasar tiempo contigo, hablar contigo, pero no sé si como amiga o como algo más, eres mi primera amiga, no sé si lo que siento es siquiera eso.

- Tu también me gustas. - Le dijo sosteniendo su mano.

Ambas se quedaron así, y aunque en ese momento podrían no comprender lo que sentían una por la otra, ese sentimiento tan maravilloso como perfecto, les salvaría la vida mucho más adelante. Pero en ese momento solo se conformaban con saber que su mejor amiga las amaba.

OwO.

El expreso Hogwarts llegó a Londres, y ninguno de los cuatro niños se quedo en la escuela para las vacaciones, y era Hermione la única que no tenía pensado pasar tiempo junto a los demás durante el descanso.

Los cuatro bajaron del tren arrastrando sus baúles, el resto de los hermanos Weasley iban detrás de ellos, con Percy hablando entre dientes por haber sido obligado a regresar a casa cuando tenía deberes de prefecto, pero según sus padres valdría la pena, al principio había dudado de sus palabras, pero a él junto a sus hermanos les habían enviado varios cambios de ropa nuevos, y ello le hizo darles la oportunidad de demostrarlo.

Las cabellera roja de su padre fue inconfundible en la estación, y el grupo se acerco presuroso a ellos, viendo que además de la familia Malfoy, otras más se agruparon alrededor de él.

- Señor Weasley, está es mi esposa. - Dijo un hombre de mediana edad, con una mujer un poco más baja que el a lado suyo. - No sabe lo agradecidos que estamos con la oportunidad que nos brindó.

Las mejillas del hombre pelirrojo se colorearon de carmín mientras que el hombre estrechaba su mano con entusiasmo.

Lucius rodó los ojos desde que habían llegado a la estación había sido lo mismo, pero no dijo nada, pues el pequeño negocio que habían propuesto ni siquiera había comenzado como tal, y ya tenían varias docenas de pedidos por el ministerio del país y por varios del continente que no querían quedarse atrás, y ni siquiera lo habían presentado al resto de la gente, el hombre de negocios dentro suyo le decía que su inversión se saldaría en pocos meses, y si tenía que soportar a un par de "magos y brujas de primera generación" para ello era más que suficiente.

Los niños terminaron por recorrer el camino, cada uno saludando a sus padres, Hermione se sentía un poco fuera de lugar, pues sus padres la esperaban del otro lado, pero sus amigos no dejaron que lo hiciera por mucho tiempo presentándola a sus padres.

- Y ella es Hermione, Ron y Draco. - Dijo Harriet a su madre, mientras que estaba en sus brazos, nadie sabía a qué hora se había subido a ella, pero ninguno de sus amigos reaccionó más allá de un par de cejas alzadas. - Está es mi mamá.

- Mucho gus... - El rostro de Lyra se contrajo en confusión, mientras que su nariz se movía al tratar de respirar más.

Todos a su alrededor detuvieron sus conversaciones, cuando bajó a su hija de sus brazos y de un simple movimiento tenía su varita en mano, con pasos decididos se acerco a Ron, el pelirrojo veía con cierto pavor la varita frente a él, pero antes de que cualquiera pudiera hacer algo apartó a los niños poniéndolos detrás suyo, quedándose frente a sus baúles.

- ¿Lyra que sucede? - Preguntó exasperada la señora Weasley sosteniendo contra suyo a tres de sus hijos, alertada por las acciones de la mujer.

Sin detenerse a responderle abrió el baúl de Ron, y comenzó sacar sus cosas, de pronto la rata mascota del niño escapo desde un costado, Lyra apuntó su varita y del suelo se alzo una mano sosteniendo a la rata.

- ¡Suelte a Scabbers! - Gritó Ron y trato de acercarse a la mujer, pero la respuesta que recibió lo congelo junto a todos a su alrededor.

- ¿Que hacías escondido en las cosas de un niño? - Preguntó, y su tono era tal que la mayoría sintió un escalofrío en la espalda, la rata chillo cuando la mano se apretó alrededor suyo. - Si no te muestras te aplastaré como la rata que eres. - Advirtió, ya había sido suficiente que su pequeña hubiera sido atacada en la escuela, ahora que alguien se escondiera en las cosas de uno de los amigos de su hija había superado toda su paciencia.

La mano que sostenía a la rata se abrió, lo suficiente como para que enfrente de todos, el roedor se transformará en un hombre encorvado con sus rasgos demacrados por el uso continuo de su forma animaga.

- ¿Quien eres? - Preguntó Lyra moviendo su varita sosteniendo al hombre del cuello.

- Es Peter Pettigrew. - Le respondió Narcissa, apresurándose a sostenerla del brazo para impedirle hacer algo precipitado, pues en los pocos segundos que vio al hombre supo que este era la perfecta forma de ayudar a su hermana, pues no por nada la rubia había sido clasificada en la casa de los astutos. - Se creía muerto desde hace diez años.

El mencionado trato de forzar su forma animaga para tratar de escapar, pues sabía que de no hacerlo su destino estaría marcado, pero apenas intento hacerlo sintió como espiga de roca atravesó su pierna y termino enredándose en ella, los gritos de su alrededor se confundieron con los suyos. - Ni siquiera lo intentes.

- Hay que alertar al ministerio. - Dijo Arthur, viéndolo con algo muy parecido al odio en sus ojos, pues el hombre no sólo se había aprovechado de su familia, sino que él mismo había dejado que este estuviera cerca de su familia durante años.

- Molly lleva a los niños del otro lado, y hazme favor de también llevar a Hermione con sus padres, por favor convéncelos de quedarse un tiempo, creo que vamos a necesitar hablar con ella. - Dijo Lyra, no le gustaba lo que implicaba que un hombre que dejaba que los demás creyeran que estaba muerto estuviera cerca de niños.

- Vamos, vamos. - Dijo la matriarca encaminada a la salida, y aunque no se lo hubieran pedido, no dejaría a ninguno de los niños solos en ese momento.

Después del arresto de Peter, y un par de declaraciones, Narcissa les pidió a los que se habían quedado hablar en privado, y de esa forma todos terminaron en el salón de la Malfoy Manor.

- Narcissa, perdona, pero ¿que sucede? - Dijo Arthur con su cabello revuelto, era claro que se había pasado la mano por el muchas veces, y estaba desesperado por llegar a su casa con su familia.

- Perdón Arthur, pero creo que esta es la perfecta forma de ayudar a mi familia. - Dijo la rubia sentándose pesadamente en un sillón, - Comprenderé que a ti no te interese.

- No quise... - Comenzó a explicarse pues en el poco tiempo que tenía de conocer a la familia Malfoy su vida y la de su familia había cambiado por completo, y lo que menos quería era a comenzar de nuevo con su disputa, pero antes de que pudiera continuar Lyra lo sostuvo del hombro.

- ¿Que es lo qué pasa? - Preguntó Lyra.

La rubia respiro un par de veces tratando de poner sus pensamientos en orden. - Mi primo Sirius Black, fue encarcelado por haber traicionado a los Potter, y matado a Peter junto a una docena de Muggles, pero si Peter está vivo dudo mucho que esta sea la historia completa.

- Bien, se libera a Black, que con eso. - Preguntó Lucius.

- Piénsalo, podemos argumentar que fue en contra de la casa de los Black, un par de argumentos bien dichos, un par de monedas a los bolsillos correctos y mi hermana...

- Detente un momento. - Dijo Arthur. - ¿Tu hermana?, ¿Bellatrix? ¡Ella jodidamente confeso haber torturado a los Longbottom!

- ¡Tu no la conoces! - Gritó Narcissa levantándose de un salto encarando al hombre. - ¡Ella no era así!

- ¿¡Entonces?!

-¡No lo sé! - La rubia se pasó las manos por el rostro. - Yo, no lo se, simplemente un día era mi hermana que nos protegía de todo, y al otro estaba hablado del señor tenebroso, y toda esa mierda, y ya no era la misma.

- Puede que haya sido maldecida. - Dijo de pronto Lyra llamando la atención de todos.

- ¿Que? - Preguntó Narcissa.

- Se de un par de rituales que pueden doblegar la voluntad y la mente de las personas. - Dijo sentándose mientras pensaba.

- ¿Como?

- Ya sabes cabello, un sacrifico, lo habitual, no son muy ocupados, pues la maldición imperiosa es mucho más sencilla, supongo que si se hizo era alguien cercano a tu hermana.

- ¿Se puede corregir? - Preguntó esperanzada.

- Si, pero la necesito aquí para hacerlo.

- Espera, no quiero ser el aguafiestas, pero dudo seriamente que Augusta Longbottom deje que la mujer que puso a su hijo y nuera en san Mungo salga de Azkaban. - Dijo Arthur, conociendo de primera mano el temperamento de la mujer.

- Sigues repitiendo eso, ¿Que hizo Bellatrix?

- Ella y otros usaron crucios en ellos durante mucho tiempo, destrozando sus mentes. - Dijo pesadamente Arthur, viendo de reojo a Narcissa.

- ¿Crucius?. - Lyra se tocó el mentón. - Creo que podemos hacer algo con eso, estoy segura que Augusta haría lo que fuera por recuperar a sus hijos, ¿No?

Todos vieron a la mujer con sorpresa sin entender a qué se refería.

OwO.

- ¿Como te atreves a venir a mi casa? - Preguntó duramente Augusta viendo con rencor a Narcissa Malfoy en la puerta de su mansión.

- Siento mucho la interrupción a su hogar, madame Longbottom. - Dijo Lyra con una gran sonrisa. - Mi nombre es Lyra Le Fay, sé que no me conoce, pero me gustaría mucho pudiera escuchar mi propuesta.

- ¿Que? - Preguntó genuinamente confundida la anciana.

- Verá, se que esto sonora insensible, pero creo poder ayudarla con el problema de su hijo.

Una varita se disparo al cuello de Lyra, mientras que Augusta la vía con ojos duros como el acero.

- ¿¡Como te atreves?! - Gruñó la mujer, escupiéndole en el rostro. - ¡Vienes a mi casa y me mientes...!

- No es mentira. - Dijo tranquilamente Lyra. - Verá, hace algún tiempo hice algunas pequeñas investigaciones privadas, una de ellas sobre cómo reacciona el cuerpo al dolor, desafortunadamente no fueron precisamente legales, y tuve que dejarlas, pero antes de abandonarlas, descubrí una forma de curar ciertas complicaciones cuando se trata de episodios de trauma severo, como lo es un ataque de legeremancia o...

- El uso de Crucios. - Dijo con los ojos abiertos la anciana, su mente paso por alto la parte de no legal, centrándose en lo que más le importaba, pero antes de hacerse ilusiones tenía que saber el precio. - Supongo que este milagro no es gratis.

- Lo sería en otras circunstancias, pero en este momento me veo en la necesidad de pedir su ayuda.

- ¿Que es?

- No se oponga a la liberación de Bellatrix.

- ¿¡Como te atreves?!

- ¿Que es más importante para usted? - Dijo de pronto Narcissa, sabiendo que todo dependía de la mujer frente suyo. - ¿La venganza o la recuperación de su hijo?

Los ojos de Augusta vieron a Lyra, examinando cada uno de sus rasgos. - Está noche, los quiero de vuelta esta noche. - Sentenció la mujer.

Lyra asintió comprendiéndola. - Por favor este lista con ellos en san mungo en una hora, yo los llevaré, solo necesito ir a ver a mi hija.

La anciana asintió, y el grupo estaba a punto de irse, cuando Lyra volvió a hablar. - Tengo entendido que la pareja tiene un hijo, si puede llevarlo sería mucho más pronta su recuperación.