Los personajes de Crepúsculo pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo los tomé prestados.
Capítulo 9
Edward recordó con escalofrío en el cuerpo, el momento exacto en que se despertó en medio de la nada, sin rastro alguno del paradero de Bella. Pensó que moriría en poco tiempo de lo mal que se sentía y por esa razón su corazón dio un vuelco de alivio al verla a unos pocos pasos de distancia.
Ahora en sus brazos de nuevo, le parecía tan increíble haber sobrevivido. Ninguno de los dos dejaba de tocarse, acariciarse y besarse hasta que comprobaron por sí mismos que aquel reencuentro no era uno más de sus sueños.
—Mira… —Edward la soltó lo suficiente para revolver en los bolsillos de su pantalón y sacar su cadenita perdida— encontré esto… lo encontré en el barro mientras te buscaba. Algo me decía que era una señal, pero tenía miedo de que fuese la señal equivocada. —Edward sollozó y Bella le tomó la mano que agarraba la cadenita— No quería aceptar que estuvieses muerta.
Bella tomó el collar, se lo colocó alrededor del cuello y luego lo miró con amor.
—Pero me encontraste. —le recordó, soltando una lágrima silenciosa. Sacudió su cabeza en un intento de alejar el nudo en su garganta— Tenía tanto miedo de no volverte a ver…
Edward percibió el tono débil de su voz, entonces le pasó los brazos por la espalda, la atrajo hacia él y la besó. La besó y la besó hasta el cansancio. Ella sujetó su cara hasta que las uñas se enterraron en sus acaloradas mejillas, buscando algo, asegurándose de que realmente estuviera bien.
Sin embargo, Edward se dio cuenta que ella no estaba del todo bien; su rostro pálido y un poco hinchado, hematomas de diferentes tamaños y colores, sangre bajo la barbilla y un tajo encima de la ceja.
Y de repente estaba muy agitada.
—Ven, déjame llevarte. —la sujetó y juntos caminaron hasta un granito para que se sentara— Bella —llamó con mucha preocupación—, mírame.
Bella dejó caer la cabeza en su hombro, pero antes de que pudiera hacer algo para calmarla, ella se había desmayado. Edward actuó rápidamente evitando que cayera al suelo, y cuando la cargó en sus brazos, vio a Emmett y a Rose doblar la esquina del pasillo. Vieron a una Bella inconsciente en los brazos de un hombre que no reconocieron de inmediato.
—¡Ed-ward! —exclamó Emmett al dar unos cuantos pasos, atónito.
—¡Santo cielo, estás vivo! —chilló Rose, tan impresionada como si hubiese visto un fantasma.
Ambos se acercaron todo lo rápido que pudieron y lo ayudaron para levantar a Bella. Subieron a la habitación y la recostaron mientras venían para examinarla. Cuando ella se despertó desorientada, pegó un salto y se agarró a las sábanas de la cama, tratando de apartar el zumbido del mar en sus oídos. Estaba nadando y de repente se estaba ahogando. En el sueño ella no podía gritar y todavía tenía la sensación de que se le iba a salir el corazón.
Al sentarse en la cama y parpadear, se encontró con la cara de Edward, sentado junto a ella.
En el sueño Edward estaba lejos de pie sobre una roca, pero desapareció luego de la primera ola. Ella quiso salvarlo, sin embargo, sus pies estaban sumergidos en las profundidades.
La emoción de verlo allí y no sobre la roca le embargó de tal manera que se abalanzó a sus brazos sin perder el tiempo.
—Que alivio, ¡qué alivio! —chillaba, a punto de echarse a llorar— Edward, no entres al mar nunca más, ¿me oíste? Ni siquiera en las rocas. Son peligrosas. Nunca sabes lo que pueda pasar y no voy a perderte otra vez. —dijo todo esto sin pausas y finalmente suspiró.
—Te prometo que no lo haré. —la abrazó de regreso y se separó unos centímetros para mirarla a los ojos— ¿Estás bien?
—¿Me… desmayé?
—Sí, estabas muy pálida. Pero no fue nada grave.
—Ya me siento mejor.
Él le sonrió con dulzura y Bella creyó con lágrimas que jamás volvería a ver su sonrisa.
—Me alegra mucho oír eso.
La envolvió con cuidado y repartió besos por su hombro, mejillas, tocó su cabeza y la meció como a un bebé, porque esas simples muestras de cariño ahora resultaban ser muy valiosas. Se recostó con ella en la camilla lo bastante cerca para no apartar las manos del otro y hablaron de todo lo que habían vivido separados, como si hubiese pasado meses desde entonces y no unos cuantos días.
Bella le contó su problema en el ojo, el desprendimiento de retina y la cirugía. Le habló de cómo la encontraron dentro de un bote y que su pierna se había atascado de tal manera que tuvieron que ponerle varios puntos de sutura.
Tenía pesadillas por las noches como él y vomitaba muy a menudo.
Él también le contó su experiencia, como el que gracias a los cuidados de Sue él se estaba recuperando bien, que la estuvo buscando desesperadamente por todas partes, el miedo de hallarse solo, la incertidumbre, la magnitud de la catástrofe. Bella lloró imaginándoselo, triste de que tuviera que vivir todo eso solo y desamparado.
Edward incluso estuvo a punto de mencionar aquella noticia que iba a destrozarla por completo cuando Seth se unió a ellos en la habitación.
—Edward. —llamó el niño, mirando tentativamente entre él y Bella— Mi abuela ha venido a recogerme. ¿Vas a quedarte aquí?
Edward se inclinó más cerca solo para arreglarle la camiseta y pellizcarle la nariz.
—Sí, Seth, voy a quedarme.
—Entonces… —lo miró Bella, más repuesta ahora— te llamas Seth.
El chico asintió avergonzado y le ofreció su mano.
—Mucho gusto.
—Bella, Seth es quien me acompañó y me cuidó todo este tiempo. Gracias a él, tú y yo estamos juntos de nuevo.
Seth estaba nervioso y rojo mientras Edward lo dejaba como un héroe. Y entonces se puso todavía más rojo cuando Bella lo abrazó en agradecimiento. Sin duda se había quedado sin palabras, porque su única respuesta al abrazo fue darle una rosa de papel y salir corriendo de la habitación como un alma perdida.
Bella sonrió, pero la sonrisa le duró un instante antes que oyeran el bullicio de afuera. Una camioneta de rescatistas había llegado con nuevos fallecidos y heridos de gravedad. Cuando las camillas pasaron por fuera de la habitación dejaron un camino de sangre que era imposible que no se les revolviera el estómago.
Uno de los heridos comenzó a gritar como si estuviesen torturándolo hasta la muerte.
La habitación se llenó de tensión y miedo.
—Salgamos de aquí. —Emmett tomó a Rose de la mano y los cuatro salieron en medio de la noche.
El exterior estaba igual de tenso, pero más tranquilo que adentro, de modo que aprovecharon de despejar un poco la mente. Había fogata y la gente se reunía para impregnarse de calor. Dormían en carpas y cantaban para olvidar un poco la tristeza. Cada uno de ellos luchaba por sobrevivir a su manera, incluso aquellos que lo habían perdido todo.
Bella se preguntó en ese momento, si Alice estaría reunida en una fogata en alguna parte de la ciudad.
—No podemos irnos sin Alice y Jasper. —dijo entonces de la nada, mientras de fondo cantaban villancicos. Hubo una pequeña pausa entre ellos y la canción— Cuando nos vayamos a casa… no podemos irnos sin encontrarlos.
El villancico siguió su curso y Emmett se aclaró la garganta.
—Rose y yo iremos a echar un vistazo mañana a otro refugio cerca de aquí. —anunció, asintiendo hacia su esposa— Y si no están allí, entonces seguiremos al hospital. Hay uno intacto y en funcionamiento a unos cuantos kilómetros.
Bella asintió, pero Edward no.
Él sabía que ya no podía prolongar más el asunto, pero era tan difícil ser quien diera las malas noticias. Le temblaban las manos mientras se acercaba y la tomaba suavemente del brazo, buscando su atención, entonces la besó en la cabeza. Notó que el pecho de Bella subía y bajaba con irregularidad. Por supuesto, ella se dio cuenta de su angustia.
—¿Qué te pasa? —le preguntó, inclinando un poco la cabeza hacia él— ¿Estás bien?
La respuesta a ello, sin embargo, fue una suave caricia en la cabeza.
—Bella, lo siento mucho. —soltó el aire tenso de su cuerpo y le susurró—: Lo siento mucho.
Ella no movió un pelo, ni siquiera se apartó después de eso.
—¿Qué sientes?
No lo entendió.
La primera en darse cuenta de lo que trataba de decir, fue Rose, porque a pesar de la oscuridad, la fogata proyectaba suficiente luz para verla taparse la boca. Tropezó hacia atrás y fue atrapaba enseguida por Emmett.
Al verla reaccionar de esa forma, Bella regresó la atención a Edward.
—¿Qué es lo que sientes? —repitió.
Rose se puso a llorar descontrolada, aun con la boca tapada.
A estas alturas, incluso la voz de Bella había cambiado cuando repitió por tercera vez:
—¿Qué… sientes? —ella se apartó y lo miró a los ojos— ¿Por qué Rose está llorando?
Bella lo sabía, pero se lo estaba negando a sí misma. Nunca se estaba preparado para recibir malas noticias, no todo el mundo reaccionaba de la misma manera. Ella no era la excepción.
Edward era el único que podía terminar con esa tortura.
—Cuando estaba buscándote…yo… —comenzó muy nervioso, mirando a su impaciente esposa— encontré a Alice.
Lo siguiente que ocurrió fue que Bella se apartó de él, sin decir palabra y se tapó la cara con ambas manos.
La armonía del refugio desapareció con esas tristes palabras, el dolor se instaló como un intruso y todo lo que podía pensar en ese momento era que aceptar la muerte de Alice iba a ser una de las cosas más difíciles de su vida.
jejeeeeeeeeeeeee. Hola, ¿qué tal?
Bueno aquí estoy yo otra vez subiéndoles capítulos cada 4 meses. Lo siento mucho, sé que la tardanza hace que uno pierda el hilo de la historia, pero es que ya me di por vencida en ser más rápida. Y obvio no quería terminar el año sin subirles este que les debía desde agosto.
No me odien por favor y espero que les guste. Feliz término de año, que sean muy felices y pásenlo bien en la medida de lo posible. Ojalá el próximo año sea mucho mejor que este, de verdad que sí.
Saludos y besos :)
