Día 22: Droga.

6 horas después.

El sutil aroma de las sábanas es lo primero que Harry siente. Olían a lavanda y un poco a champú, eran suaves y parecía que controlaban la temperatura para que estuviese perfecta. Si fuese por él, se quedaría ahí todo el día. ¿Tenía razones para levantarse? Claro que no. Era sábado, así que no trabajaba y no tenía otras obligaciones.

Con ello en mente, se acurruca todavía más bajo las mantas. Eran tan cómodas, que se sorprende un poco de no haberlo notado antes. Incluso le parecen más suaves y delicadas, casi como si no fuesen suyas. Como si no fuesen… Frunce el ceño, confundido y parpadea poco a poco.

Lo primero que ve es una enorme ventana que abarca gran parte de la pared. Junto a ella un sofá de dos cuerpos y una pequeña mesita de centro con un par de libros sobre ella. Ni la vista, ni el sofá ni la mesita eran de él.

Esa definitivamente no era su casa,

Se incorpora rápido, pero en cuanto lo hace se arrepiente. La cabeza le martillea dolorosamente que tiene que cerrar los ojos con fuerza. Eso y la sequedad de su garganta le recuerda que anoche estuvo de fiesta.

Vuelve a abrir los ojos. El techo era altísimo y en medio de éste había un hermoso candelabro con piedras preciosas que caían en espiral.

¿Dónde rayos estaba?

Un repentino bostezo lo sobresalta. Mira hacia su izquierda, y en la enorme cama en la que se encontraba había un chico rubio con el torso desnudo dándole la espalda. Estaba despertando, pero a pesar de que ya había levantado la cabeza de la almohada aún no se giraba. A Harry el corazón comienza a bombearle con fuerzas. No sabe de quién se trata, pero todo se le hace tan familiar como imposible. La única persona que pasa por su mente era…

Finalmente, el chico se gira con la mirada somnolienta e igual de confundido que él, y cuando sus ojos se encuentran quedan congelados, petrificados.

Se miran lo que podría ser una eternidad. Ninguno se mueve porque si lo hacen, todo se volvía real y eso definitivamente no lo era. Era una locura.

Debía estar bajo los efectos de alguna droga. Si. Eso tenía que ser.

—¿Malfoy?

—¡Potter! -suelta el rubio, incorporándose de golpe, como si un dementor se le hubiese plantado en frente. Las sábanas se deslizan por su cuerpo, pero antes de que cayesen por completo, el antiguo Slytherin se percata de que no vestía nada. Palidece por completo antes de agregar —¿Q-qué haces en mi casa?

Harry se da cuenta de que, si el rubio estaba desnudo, entonces él también podría estarlo. Mira rápidamente bajo las sábanas y ahoga un grito de sorpresa.

—¿Qué hicimos? -pregunta tan perplejo como el otro.

—¿Qué te parece que hicimos, Potter? ¿Jugar ajedrez? -suelta, pasándose una mano por su cabello, despeinándolo.

—Pero ¿cómo? -pregunta Harry, sin saber realmente que decir.

Malfoy le dedica una mirada de exasperación, y lo que sea que fuese a replicar queda interrumpido por el picoteo de un ave en el cristal de la ventana que, a juzgar por su insistencia, parecía que llevaba bastante tiempo intentando entregar la correspondencia.

—¡Pig! -dice Harry, reconociéndola de inmediato.

El rubio le mira aturdido, pero antes de que él pudiese explicarse, Malfoy parece entender que se refiere a la lechuza. Harry se incorpora. Antes de que las sábanas revelaran demasiado recuerda que está desnudo porque al parecer, FOLLÓ CON MALFOY, por más sorprendente que eso le pareciera, así que conjura un accio sin varita para atraer hasta él sus pantalones.

Cuando se acerca finalmente a la ventana, la lechuza entra veloz hasta posarse en el cabecero de la cama del rubio y le estira la pata en la que tenía atado un pergamino mal enrollado.

—Es de Ron -le explica.

—Léela.

Harry chasquea la lengua y desenrolla el pergamino para leer:

"Harry, amigo. ¿Dónde estás? Por favor, contáctame inmediatamente cuando recibas esta carta. Estamos muy preocupados.

Y perdóname, no quería hacerlo. En serio.

Creía que te hacía un favor… Bien. Te lo explicaré cuando nos veamos.

Envía un patronus o lo que sea.

-Ron W."

10 horas antes.

Ron Weasley aun no terminaba su turno en la oficina de aurores, pero se dice que no había problemas con que desapareciera por un momento. De todas formas, ese día las cosas habían estado particularmente tranquilas, y no creía que ello cambiase mientras él bajaba al último piso del ministerio a darle una breve visita a su novio.

Cuando llega a su destino, empuja suavemente la puerta del departamento de misterios, y atraviesa la enorme habitación circular, ignorando las miradas poco amigables de los inefables que trabajaban en ese minuto.

Sin detenerse, llega hasta la puerta del laboratorio y toca un par de veces antes de que la voz de Blaise Zabini le indicase que podía entrar.

—Hola, cariño. -le saluda a penas lo ve, dedicándole una sonrisa a pesar de que parecía estar muy concentrado comparando el líquido de un par de viales.

—Hola, Blaise -responde —Hola, Cho ¿Cómo estás?

La chica desvía sus ojos de un par de frascos y le sonríe débilmente.

—Agotada. Pero finalmente hemos terminado con este horrible caso. -replica, alejando el par de frascos de su vista. —¿Y tú no deberías estar trabajando? -agrega, arreglándose el largo cabello negro mientras se incorpora.

Blaise asiente ante el comentario de su compañera, y le levanta una ceja.

—Es víspera de año nuevo, no sean amargados. De todas formas, mi turno ya está por terminar. -replica Ron.

—Los aurores, siempre evadiendo el trabajo duro -comenta la chica con sorna, dedicándole una sonrisa burlona. —En fin, voy a dejarle los resultados de esto -apunta hacia una pila de papeles —a Draco para que los compare con los suyos y luego me voy. Así que adiós, chicos.

Ron enreda los brazos tras la espalda de Blaise e inclina la cabeza hacia la antigua Ravenclaw.

—Adiós, Cho…. Oye ¿irás a la fiesta esta noche?

—Sí, ahí estaré. -asiente, y luego de una última despedida, atraviesa la salida cerrando la puerta tras ella.

Ron se la queda mirando hasta que siente un tirón en la túnica.

—Tierra llamando a Ro-ro -se burla el moreno. El pelirrojo rueda los ojos, deja de abrazarlo por detrás para rodearlo y besar sus labios. —¿Qué piensas? Digo… si me vienes a ver a mí ¿por qué te quedas mirando a mi compañera? -agrega, fingiendo que está ofendido antes de volver a besarlo.

—¿Te has dado cuenta de que últimamente Cho y Harry están muy unidos?

—Emmm… no.

—Almuerzan a diario. -le recuerda Ron, Blaise menea la cabeza.

—Desde que Potter se disculpó por haber sido un tonto cuando ella defendió a su amiga con lo de ese grupo que ustedes tenían en quinto, el Ejercito de Dumbledore o algo así, han estado más cercanos, claro -le da la razón —Pero no sé si de esa forma en la que tú crees.

—Han quedado para cenar.

—Hum, bueno, entonces sí puede ser como tú crees. -Blaise enreda sus brazos alrededor de él antes de robarle un beso cortito —¿Cuál es el punto, de todas formas?

—Mira, desde que Harry y mi hermana rompieron, Harry no ha estado con otra persona, no al menos de forma seria ¿sabes? Y que todavía siga siendo cercano a Ginny no ayuda…

—Ron, van tres años desde que cortó con tu hermana ¿No creerás que aun siente algo por ella?

—No, no lo creo, pero creo que ya no se anima a dar el paso para estar en una relación.

Blaise parece pensarlo, y luego de unos segundos resopla, negando con la cabeza.

—No creo que la relación de adolescentes con tu hermana lo haya dejado con una especie de trauma en la que no quiera volver a tener algo serio. -reflexiona otro instante —Está cómodo con su soltería que es distinto. Y como no, ¿lo has visto? Está buenísimo. -Ron levanta las cejas —No me mires así, no estoy ciego, el uniforme de los aurores fue diseñado para Potter.

—Es bueno saberlo cuando yo también uso ese uniforme.

—Sí, sí, tú te ves mejor, Ron. -le dice burlón. El pelirrojo rueda los ojos —El punto es que, citas debe tener de sobra. Yo, hasta hace un par de años, no había fin de semana en que no me encontrase un chico para follar, Potter debe estar igual.

—Mira, no sé si quería saber eso ¿sabes?

Blaise le sonríe acariciando su rostro.

—No quería nada serio, a eso es lo que voy. Cuando tú y yo empezamos a salir me di cuenta que sí quería estar contigo ¿entiendes? Potter todavía no encuentra a alguien con quien realmente quiera una relación.

—Yo creo que ese alguien es Chang. -dice Ron, como si no hubiese escuchado los argumentos de su novio —Almuerzan, Harry habla siempre de ella, quedan para cenar…

—Vale, vale. Chang es su "algo serio". Ahora, ¿Te parece si vamos a almorzar?

—Es que estaba pensado, ya que hoy en la noche es la fiesta en tu casa… ¿No crees que sería buena idea si los ayudamos un poco?

—No. Quiero pasarlo bien, beber y luego que nos encerremos en mi cuarto ¿te parece?

El pelirrojo asiente, con las mejillas ligeramente carmín.

—Blaise, pero ésta podría ser la oportunidad que ambos están buscando.

—No sé si Cho esté así de interesada en Potter… -comenta Blaise, pensativo.

—No lo sabremos si no los ayudamos. Tengo un plan.

El moreno rueda los ojos y suspira, acomodándose en su silla, resignado a escuchar el plan.

—Yo le digo a Harry que tú le has pedido si se puede ocupar de un boggart en el armario de tu habitación, tú le dices a Chang que… em…, sí se puede ocupar de un boggart en el armario de tu habitación. Cuando ambos entren, les cerramos la puerta y no los dejamos salir hasta que hayan hablado.

—Ponerse de acuerdo en quien conjura un alohomora es justo lo que necesitan para dar el paso… -se burla.

—Sabes que se pueden hacer otros conjuros de cierre, pesado.

Blaise suspira.

—No me gusta el plan. En primer lugar, quedaré como un idiota que teme enfrentarse a un boggart, en segundo, en caso de que funcione este estúpido plan, no quiero que follen en mi cama. Y en tercer lugar ¿Cómo sabremos si eso está funcionando? ¿Quieres que a cada hora vayamos a preguntar si están de novios?

—Pues ¿Se te ocurre algo a ti?

—No hacer esto.

Ron le dedica una mirada divertida.

—Vamos, sé que en parte la idea te divierte.

—Prefiero mi fiesta, sinceramente. Pero, mientras me contabas tu ridículo e infantil plan, se me ha ocurrido algo mejor.

Blaise se levanta de la silla y camina hasta un armario con muchas divisiones dentro. Lo mira un instante, como buscando algo en particular, y cuando da con ello, se acerca y comienza a leer las etiquetas de los muchos frascos que había ahí.

—Esto que tengo aquí es veritaserum, y si lo mezclamos con un par de cosas que tengo por allá, pierde gran parte de su efecto.

—¿Y qué hace entonces?

—Oh, solo lo hará ser sincero con sus sentimientos. Eso es lo que quieres ¿no? No intentará negar si siente algo por Cho, por el contrario, puede que intente declararse ¿entiendes?

—Diría que esto puede salir mal, pero que también me lo agradecerá.

—Como no estoy cansado ni quiero llegar a casa a darme una ducha y almorzar, lo prepararé -dice sarcástico. Ron le sonríe y deja un beso juguetón sobre sus labios.

3 horas antes.

—Unas cuantas gotitas bastarán ¿sí? -le indica Blaise en la cocina de su casa. Los invitados ya estaban llegando, la música se oía por todos los rincones y un montón de bandejas con bocadillos y bebidas hacían una ronda cada cierto tiempo —Voy a recibir a los invitados.

Ron asiente. Se escabulle entre las bandejas flotantes, hasta los elfos quienes las llenaban, y toma dos vasos de whisky de fuego de las manos de una elfina.

A cada uno le agrega diez gotitas, y luego sale sonriente al salón, en busca de sus objetivos.

No tarda demasiado en dar con ellos.

Entre la multitud los ubica a ambos en el salón principal, muy cerca de la chimenea, como si acabasen de llegar. Se apresura por caminar, pero cuando aun le faltaba una decena de pasos, Draco Malfoy se acerca al antiguo Gryffindor y a la antigua Ravenclaw.

—…Y dijo que no le dejaste la copia de los resultados en su oficina. -Malfoy le hablaba a la chica, y cuando finaliza, sus ojos se posan sobre Harry, como si acabase de percatarse de su presencia. —Ah, hola, Potter.

—Ugh, sí, lo olvidé. Supongo que mañana tendré que enviárselos.

—Hola, chicos -saluda Ron a nadie en particular, cuando está lo suficientemente cerca. Los tres le devuelven el saludo, unos más amigables que otros —Que bueno que han venido.

—Blaise te ha confundido con los elfos ¿No es así, Weasley? -suelta el rubio, mirando con una ceja en alto los vasos que llevaba en cada mano y con esa sonrisa burlona que a veces le daban ganas de borrar con un puñetazo. Solo por Blaise se limita a intercambiar una miradita de exasperación con Harry.

—Se llama hospitalidad, Malfoy. -dice Harry, cruzándose de brazo y Malfoy esconde su réplica en una sonrisa socarrona.

—Exacto. -afirma el pelirrojo, desviando la vista del antiguo Slytherin para enfocarla en sus objetivos —Les traje esto, chicos.

Ron les tiende un vaso de whisky a ambos, pero solo Harry recibe el suyo. Cho no hace ademán de cogerlo y le dedica una mirada de disculpa.

—Gracias, Ron, pero no bebo.

—Es año nuevo, Cho. -insiste, pero la chica niega con la cabeza.

—No bebo en ninguna época del año.

Ron va a replicar, pero Malfoy es más rápido.

—Si Cho no lo quiere, yo me lo quedo. -le dice, quitándosela de sus manos.

Ron le mira molesto, dispuesto a recuperar el vaso, cuando recuerda la poción, y bueno, podía ser divertido ver si Malfoy estaba enamorado de alguno los inefables o aurores que estaban invitados en ese minuto.

—Bien. Disfrútalo.

—Si, si.

1 hora antes.

Harry no entendía que ocurría, y eso que ni siquiera estaba ebrio.

Se había bebido el whisky de fuego que le había dado Ron y un par de cervezas muggles. Nada más.

Y es que estar ebrio habría sido lo más lógico para explicarse el por qué de su actuar. El por qué, de pronto, Malfoy le pareció tan guapo -mucho más de lo normal– que no podía quitarle la vista de encima. Cada vez que intentaba centrarse en como sus amigos conversaban o en como salían a bailar, sus ojos se volvían al rubio. Y lo peor era que, a dónde sea que voltease, el Slytherin estaba ahí. No importaba si le decía a Hermione y a Ron que se cambiaran de salón porque en ese "hacía mucho calor", porque cuando llegaban a otro, Malfoy aparecía dentro de un rato.

Si no lo conociese de ningún lado, si no hubiesen sido rivales en el colegio y "asentimientos corteses a modo de saludo" ahora de grandes, diría que Malfoy lo hacía intencionalmente. Diría que también parecía estar buscándolo con la mirada y que también parecía batallar con él mismo para evitar correr hasta él.

20 minutos antes.

Hermione miraba con el ceño fruncido a Harry, preocupada, y cuando fijaba la mirada sobre él, ésta se tornaba suspicaz. Como si sospechase algo.

A Ron lo ponía nervioso, porque de alguna forma, Hermione siempre se enteraba de todo, y parecía que esa no sería la excepción.

Harry llevaba la última hora tan desconcentrado, que todo había que repetírselo. Su mirada no estaba perdida, buscaba a alguien a cada segundo y ese alguien definitivamente no era Cho, porque la chica se había retirado temprano.

Parecía ansioso. Parecía que en cualquier momento saldría corriendo y no lo verían más.

—Harry, en serio. ¿Te sientes bien? -le pregunta Hermione, con cierta insistencia ya que era la tercera vez que su amigo le pedía que por favor le repitiera la pregunta.

—Si, Hermione, estoy bien. ¿Por qué?

—Parece que buscas a alguien -se apresura por responder él.

—Más parece que estás en cualquier otra parte. -le dice Hermione. Harry, quien ya había desviado su atención de ellos, sacude la cabeza y vuelve a mirarlos.

—No ocurre nada. Voy al baño. -se limita a responder. Acto seguido, agita su varita para que la cerveza que tenía desapareciese y así poder perderse entre la multitud.

—No sé si me preocupa más qué Harry parezca tan distraído, o que tú te veas tan nervioso, Ronald. -comenta Hermione, cruzándose de brazos y poniendo esa mirada que a veces le recordaba a su madre.

Vamos, el tenía ya veintisiete años. No debería intimidarse cuando su mejor amiga se lo quedase viendo así.

—Voy y vuelvo, Herms, debo ir con Blaise. -dice, ignorando su pregunta, y al igual que Harry, apurando el paso para perderse entre el gentío.

Blaise estaba en el corredor, no muy lejos del salón donde estaba.

Lo encuentra con Draco en un rincón, como si lo hubiese sacado a parte. El rubio tenía un vaso con agua y ambos estaban inclinados ligeramente hacia el otro, hablando como si no quisiese que los escucharan. Ron se acerca y alcanza a oír una parte de la conversación sin querer.

—… no me importa, Blaise. He aguantado por años y ya no puedo más. Iré y le diré. Necesito hacerlo.

—No puedes, Potter te… -Ron llega junto a ellos y Blaise se queda en silencio al instante. Malfoy se endereza un poco, y dedicándole una mirada de pocos amigos se alisa la túnica que llevaba. —Draco, espérame un segundo y no te muevas de aquí.

Blaise toma una de sus muñecas y lo jala suavemente un par de centímetros lejos del rubio.

—Ron, ¿qué hiciste con la poción? ¿Dónde la has dejado? ¿No la dejaste cerca del vino como para que algún elfo se haya confundido y la hubiese vaciado en las copas?

—No.

—¿Estás seguro?

—Sí. Pero no la tomó quién queríamos. -Su novio alza las cejas con preocupación, así que se apresura por explicarse —La bebió Malfoy y Harry.

Blaise no parecía sorprenderle que el rubio estuviese bajo los efectos de la poción, pero su expresión sí se vuelve ligeramente alarmada.

—¿Cuántas gotas les has puesto?

—Unas cuantas, eso has dicho.

—¿Cuántas, Ron?

—Diez. -Blaise se pone tan pálido que Ron cree que se va a desmayar, lleva su mano hacia la de él, pero el otro ya le estaba mirando desesperado.

—¡DIEZ! Cuando te dije unas cuantas me refería a un par, como mucho cuatro gotitas. -suelta, llevándose una mano a la cabeza. —Han estado bebiendo. Eso incrementa los efectos de la poción.

—¿Y me lo dices hasta ahora?

—No pensé que les darías todo el vial a cada uno. -suelta sarcástico. Se gira dándole la espalda, pero al instante vuelve a mirarlo —Draco no está.

Ron mira por sobre el hombro de su novio, y en efecto, no había rastros del Slytherin.

—Debe estar por ahí. ¿Por qué? ¿A quién se le declarará?

—Solo busquémoslo y a Potter también antes de que hagan una locura.

1 minuto antes.

Harry se lavaba la cara con agua fría cuando tocan la puerta del baño dos veces.

—Ocupado -grita, secándose con una toalla que había encontrado en un armario. —Hay otros diez baños en esta casa.

—Potter ¿Puedes abrir? -Harry se congela cuando se percata de que la voz que oye tras la puerta es de Malfoy.

—Que hay otros baños, Malfoy.

—Sólo abre, necesito decirte algo. Es todo.

Harry lleva la mano rápidamente al pomo, como si sus deseos actuaran primero que el sentido común, pero titubea antes de girarla.

Temía que, si tenía a Malfoy al frente, hiciera alguna estupidez, como decirle lo bien que se veía o si le invitaba una copa para hablar de sus recuerdos del colegio, como si tuviesen algo bueno que recordar.

La puerta vuelve a sonar y Harry finalmente abre.

Los dos se miran una eternidad antes de que Malfoy diese un par de pasos, se lanzara a su cuello y ambos se besasen como si hubiesen esperado toda una vida por ello.

El rubio cierra la puerta empujándola suavemente con un pie, y luego ambos se apegan contra ella. Harry lo atrae más hacia él y el rubio enreda sus largos dedos en su cabello.

Si Harry hubiese tenido espacio en su cabeza para pensar en algo más que no fueran los labios de Draco contra los suyos y lo bien que lo hacía, se hubiese percatado de que deseaba eso incluso antes de esa noche. Mucho antes.

8 horas después.

—…Y luego los buscamos por toda la casa pero no había rastros de ustedes -cuenta Ron. Harry piensa que al menos tenía la decencia de parecer avergonzado con lo que hizo.

Él y Malfoy lo oían perplejos, y parecía que en cualquier momento el rubio sacaba su varita y hechizaba a todos en la habitación.

—Beban esto -la voz de Blaise Zabini interrumpe otras tantas preguntas más que ambos tenían y que no habían sido resueltas esa última hora —Les hará recordar lo que ocurrió.

—No quiero recordar nada. -bufa Malfoy, incorporándose para salir de ahí. Sin embargo, Zabini lo sujeta de la muñeca para evitar que caminase.

—Potter beberá la poción y lo recordará todo. -le dice, con cierta mirada de advertencia que deja a Malfoy pálido —Y lo sabrá. -agrega.

Malfoy se sienta de mala gana y recibe el vaso.

Harry mira el líquido y no cree que eso le hará sentir menos molesto. Tampoco está seguro de querer recordar algo de la noche anterior, pero al ver a Malfoy beberse el contenido de una vez, lo motiva a hacerlo.

Poco a poco todos y cada uno de los recuerdos de la noche anterior van apareciendo lentamente en su memoria, como si hubiesen estado muy ocultos en alguna parte de su cerebro.

Cuando están todos, a penas es capaz de mirar al rubio sin sentir que el corazón se le acelera.

Era mucho para digerir, pero él y Malfoy tenían mucho de que hablar.